Principios básicos de una crisis emocional
"Y nuevamente recordaba todo, como había sido primero Etálida, luego Euforbo, después Hermótimo, y finalmente Pirro. Y después de que Pirro murió se convirtió en Pitágoras, y recordaba todas las cosas mencionadas"
-Diógenes Laercio
Si estás en una situación atípica, la explicación será, en la misma medida, atípica.
Lo más extraño había sido mi falta de pánico.
No me malinterpreten seguía sintiendo miedo, un poco de nausea y estaba segura que la frase "ojos como platos" me quedaba corta en este momento. Pero no había pánico. Tenía un reconocimiento que me causaba escalofríos, sabía dónde estaba, quién era, que no me pertenecía el cuerpo que habitaba y sobre todo sabía que lo más seguro era que estaba muerta, en coma o completamente loca.
De todos modos, sin pánico.
Había leído suficiente para saber a qué me enfrentaba y mi deseo de poder racionalizar lo que pasaba evitaba que cayera presa de un ataque de pánico en pleno vuelo. O quizá ya estaba sufriendo un ataque de pánico y no lo sabía. ¿Cómo se sentía uno? Recordaba los que había tenido en el pasado, la sensación de ahogarme, las ganas incontrolables de llorar, el miedo que me aprisionaba el estómago, las nauseas y el insoportable deseo de salir corriendo para huir de lo que pasaba. Pues no, no sentía eso, un poco de miedo, pero suponía que era normal sentir miedo cuando un segundo caminabas en plena calle y el siguiente despertabas en un avión con otras manos, otro rostro, otro idioma, bueno, era normal sentir un poco de miedo. Las nauseas eran definitivamente culpa de la altura.
Así que no, todo bien, excepto por el hecho de que estaba en un cuerpo que no era el mío y en pleno vuelo rodeada de gente que a simple vista no era mexicana y hablando otro idioma, yo sabía inglés, era medianamente proficiente en él, pero esto salía de todo lo que era capaz de hacer en mi cuerpo.
Un viaje rápido al baño me comprobó mis suposiciones cuando había mirado mis manos y tocado mi claramente delgado y simple cuerpo, yo tenía curvas, no era delgada, claramente pasada de peso para los estándares de belleza modernos. No fue una sorpresa entrar al baño al fondo del avión para descubrir que eran otros ojos los que me miraban desde el espejo, éstos eran castaños, pero les faltaba la vivacidad de las sombras que los míos tenían. El rostro era bastante común, bonito claro, pero común. El típico rostro de una chica blanca, la nariz linda, pequeña definitivamente no la mía. Lo único que parecía mío eran los labios, bien parecidos, con una linda forma curva y un apetecible grosor y color, se parecían mucho a los míos, tanto que me habían hecho temblar de pies a cabeza. El cabello, también castaño (ugh en serio, de todas las posibilidades que podía tener al volverme loca mi cerebro había elegido la más aburrida), caía en ondas suaves sobre los hombros delgaduchos hasta las costillas. Mi cabello tenía el mismo largo porque trabajar en una oficina seria me había limitado en las posibilidades de color y forma que antes habían poblado mi mente.
Traté de reconocer el rostro que miraba, ese rostro que suponía era mío, pero nada, si había decidido de repente perder la locura o había muerto y mi alma había decidido robar algún cuerpo disponible era uno que no reconocía. Descartando la maravillosa posibilidad de despertar en el cuerpo de una celebridad o alguien asquerosamente rico.
Nop.
La ropa del cuerpo arrebatado era simple y gastada, a pesar de estar limpia. No llevaba un teléfono en los bolsillos, nada, ni siquiera una billetera.
Al regresar, con la mayor calma que podía, a mi asiento y escarbar en el bolso de este cuerpo encontré una linda billetera lila, también vieja, pero en buen estado, un bálsamo para labios sabor fresa, mentas y unos dulces. Bueno, definitivamente no era el cuerpo más divertido para robar, otro punto menos para mí. La billetera contenía unos cuantos dólares, un trozo de papel bien doblado con direcciones de correo, usuarios y contraseñas (gracias desconocida común por ser tan ordenada) y lo más importante, una credencial, no un INE, una licencia de conducir de estados unidos, las mismas que se ven en las películas. La foto definitivamente coincidía con el rostro de la extraña en el espejo, la fecha debía estar mal, quizá era una credencial falsa… Este pensamiento se comprobó cuando miré el nombre, sí, definitivamente una falsa, un chiste, esto era un chiste, seguro me había tropezado en plena calle y había sufrido una contusión, debía estar en el hospital inconsciente o un manicomio en pleno brote psicótico, nada de esto era real, nada de podía ser real.
O mis lecturas nocturnas me estaban ayudando a crear el sueño lúcido más extraño de mi vida ¿Había consumido de nuevo? Llevaba poco más de un año sobria, pero nada era seguro, no con las adicciones. Tal vez había consumido algo que no debía, me había cruzado de nuevo y ahora estaba en el piso de mi habitación en plena sobredosis.
Todo era mejor que la alternativa a la que me enfrentaba ahora, mucho mejor, en esas opciones podía despertar o podía ¿morir?, pero al menos podía hacer algo. Aquí, nop, no, no, no, no, no no no
La credencial parecía ser nueva, recién salida de la burocracia, la fecha de vencimiento mencionaba agosto del 2014, la fecha de expedición: noviembre del 2004, pero el nombre al lado de la fotografía fue el detonante para lo que efectivamente era un ataque de pánico.
Isabella Marie Swan.
Mierda.
