2. Aroma

La cara de humor de su hermano y como se mordía los labios para contener la risa, le hizo arrufar el labio y soltar un gruñido, además el parloteo emocionado del omega Senju no ayudaba en nada. Y todo por culpa de lo sucedido hacía unos días atrás… Desde ese maldito día era la burla de su menor y estaba obligado a escuchar los "consejos de cómo ser menos él y así encandilar a su pareja", o quizás Izuna se burlaba al escuchar los consejos que le daba Hashirama para "enamorar" a su "agradable y dulce" destinado.

–Olvídate Hashirama, no voy a peinarme. Mi pelo es así… Además él también es Uchiha, sabe que mi pelo es así, el suyo también es así…

–Pero Mady, esas pintas de salvaje erizo no ayudan a que se te vea menos agresivo.

Gruñó por onceaba vez en menos de dos minutos. Y todo porque habían descubierto quien era su destinado y, según ellos, querían ayudarle.

¿Pero como habían llegado a eso?

Él ya le había dicho a Izuna que el molesto y indomable cachorro Uchiha era omega y su hermano tuvo la misma reacción que él. Levantarle la ceja, mirarle con escepticismo y preguntarle si le estaba vacilando. No pudo decirle nada pues a él mismo le costaba de creer tal cosa, aunque la expectativa de que Obito no fuera omega era aun peor dado el caso.

Por suerte Mito y Hashirama no tardaron mucho en reunirse con ellos y explicarles… Los Uchiha nunca habían oído ningún caso como el de Obito, Tobirama les había dicho que entre los Senju tampoco había oído nunca de un omega que se comportara tal como ellos describían al mocoso.

– ¿Estás segura de que Uchiha Obito es omega? Por que a mi me parecía alfa… Y según mi hermano no ha cambiado nada en estos años.

– Es un omega y a la vez no es un omega, pues para nada es… Bueno, como vosotros.– Abarcando a Izuna que estaba sentado en el suelo al lado de Hashirama el cual ya jugueteaba con una pequeña figura de madera que había realizado para el pequeño, moviéndola para entretenerle. –Os parecía alfa porque así son los sigmas. Belicosos y agresivos, siempre buscando retar a los alfas y vencerlos. No les gusta que les dominen físicamente y si alguien lo intenta responden peleando, ellos mismos son muy dominantes. No retroceden en una pelea, son desafiantes. Protectores y fuertes con los que aman.

–Cuéntales lo de la voz, Mito.– Le recordó Hashirama mientras ahora hacía rodar una pequeña bola de madera que al pequeño le hacía reír mientras éste tenía la figura entre manos y la sacudía emocionado.

–No se someten a la voz de mando de un alfa, no les afecta. Ellos mismo poseen una voz de mando parecida a un alfa, no la suelen usar mucho pues tienen que forzar bastante sus cuerdas vocales.

– O sea son alfas… Pero…

– El pero es que tienen útero y ovarios para concebir y parir cachorros. Aunque sus periodos de celo son como los de un alfa, cada seis meses en vez de cada tres y durante tres días en vez de cinco.– Explicó Hashirama, haciendo rodar la pelota de madera hacia Kagami que reía divertido.

–Que suerte…– Sufrir el celo cada tres meses y durante cinco días a veces era un tortura, aunque tenía que reconocer que lo disfrutaba muchísimo con Tobirama, aunque se sintiera tan incapacitado durante ese periodo.

–Que horrible, pobre de su alfa…– Musitó Tobirama. Tener que aguantar tal características y encima que su celo fuera tan corto… Cuando no había nada más delicioso que el dulce celo de un omega.

Madara soltó un bufido ronco y gutural.

–¿Qué?– Le achicó los ojos a su alfa, ignorando a su hermano mayor.– Te he oído.

–Y yo a ti, gatito.– Le guiñó un ojo a su pareja e Izuna sonrió travieso mientras levantaba ambas cejas.

–Cortaros un poco– Masculló Madara que estaba asimilando que su omega no era un omega realmente. Sino un compañero de batalla con el que tendría que pelear, y, que él era ese pobre alfa del que hablaba su cuñado que tendría que aguantar ese maldito tormento con tan poca recompensa. Se pasaría el día peleando por el dominio y encima solo disfrutaría del celo, del cual todos los alfas hablaban maravillas, durante tan poco periodo de tiempo que no valía la pena tanta guerra.

–Entonces, ¿Su pareja destinada es alfa? Como un omega "normal".

–Su pareja debe ser alguien a quien el destino debe odiar. Tener que aguantar a esa molestia… menudo dolor de bolas. – Un dolor de bolas que ese sigma no le ayudaría a solventar, encima que se lo causaría… No se haría responsable. Tres malditos días cada seis meses… Seguro que sólo durante esa época se dejaría montar el jodido mocoso.

–¡Mady! Obito es adorable.

–Déjalo Hashirama, Madara siempre ha tenido algo en contra de ese cachorro. Siempre se quejaba de lo molesto que era.

–Tengo curiosidad por conocerlo.– Le gustaba ver como su cuñado se cabreaba. Ahora mismo estaba haciendo rechinar sus dientes mientras debía estar pensando en algo, ese algo realmente le molestaba. Un momento… ¿Y si Madara estaba así de afectado por un cachorro bocazas y ruidoso porque ese era su destinado? Sonrió para si mientras clavaba su afilada mirada en el alfa azabache. Sería demasiado divertido que eso fuera así.

– Oh, va a venir en algún momento… Para el registro como ninja.

–Shinobi…– Antes de añadir nada sobre que era omega, su gatito le miró de forma seria. Decidió mejor probar por otro lado.– ¿Pero no decís que no sabe obedecer una orden?

–Obito es un buen guerrero, solo que tiene una fuerte mentalidad y unos ideales. Solo necesita que lo traten con respeto.

–Respeto mis pelotas, es incapaz de hacer caso a nadie.

–Porque tu solo sabes gruñir las ordenes, Mady.

Los demás asintieron, menos Mito que aun no les conocía, pero si podía apostar que Madara era alguien demasiado autoritario y rígido a la hora de ser líder. Estaba segura que era el típico que daba ordenes y esperaba que se cumplieran tal cual él deseaba.

–Si, te pasas el día gruñendo y rugiendo hermano… Tienes que relajarte… Necesitas encontrar ya a tu omega.

A ver si un buen omega conseguía apaciguar ese carácter áspero y lleno de púas de su hermano, de paso relajarlo con buenas sesiones de cópula. Tanto tiempo en celibato no era bueno para nadie.

–Paso de él.– Masculló en un gruñido.

Y se levantó para irse pues los dos omegas habían empezado a decirle los motivos del porque creían que necesitaba a su pareja. Y que los dos alfas restantes en la sala se mostraran de acuerdo a sus omegas no le ayudaba. Sobretodo porque sabía que ese cabrón de la rata albina lo hacía para joderle… Maldito el día en que le permitió aparearse y reclamar a su destinado. Si había corrompido a Izuna, ya ni le respetaba como el hermano mayor que era y todo por culpa del jodido albino. De Mito no podía decir nada, la pobre alfa solo asentía para que Hashirama no hiciera uno de sus dramas si le llevaba la contraria.

La alfa le dedicó una sonrisa de disculpa, que ignoró para seguir con sus pasos fuertes y rígidos hacía la puerta. Y ahí sucedió la catástrofe.

Obito había abierto, sin ningún respeto ni educación, el mocoso había abierto sin llamar ni esperar permiso y… Casi colisionan, sus cuerpos quedaron a menos de un palmo. Y a su nariz llegó la intensa fragancia que poseía el sigma. Fuerte, penetrante y tan vibrante como su profunda voz. Cerró los ojos y aspiró de nuevo, de forma sonora, intentando captar todos los matices de ese aroma. Olor salvaje, el de perderse en el bosque en un día de lluvia; mezclado con un aroma que le producía cierta agradable picazón a rescoldos aun ardientes después de que un fuego se apagase y el fresco aroma cítrico de un limón recién exprimido. ¿Podía alguien oler mejor? No eran esos aromas dulzones y cargantes que poseían los omegas, esos olores que le podían atraer durante apenas unos segundos pero que enseguida se hartaba de olfatearlos. Sin abrir los ojos había inclinado levemente su cuerpo hacía el del más joven, queriendo enterrar su nariz entre su pelo, para luego bajar hasta la glándula olfativa y oler durante todo el día ese aroma del "omega". Un momento… Si era capaz de olerlo con tanta nitidez es que Obito estaba muy cerca de su celo y, por lo tanto, de ser considerado adulto y apto para emparejarse y procrear. Su alfa rugió complacido… Su hembra estaba pronta a estar lista para acogerle, para aceptarle, para formar una manada a su lado.

–Parece que no me equivocaba…– Sonrió para si Tobirama. Estaba en lo cierto, su "adorado" cuñado el puercoespín estaba tan molesto durante la charla porque su destinado era el mocoso maleducado. Se reiría, pero en el fondo le compadeció.

La voz algo arrogante del alfa albino le hizo abrir los ojos de golpe y darse cuenta de lo que estaba haciendo. Inclinado hacía el joven Uchiha, que le miraba con la cabeza algo ladeada, parecía que eso también le había dejado asombrado a él mismo. Aunque enseguida parpadeo al igual que él y reaccionaron. Él frunciendo el ceño y el joven soltando un siseo.

–Aparta.

–Apártate tú, viejo.

Y ahí empezaba una de esas situaciones entre ellos, que para mala suerte de Madara no era la primera vez que le sucedía con ese mocoso. Y que las risitas desde dentro le llegaran de forma clara a sus oídos no ayudaban.

Le gruñó al joven y este ni corto ni perezoso le devolvió el gruñido y le miró altivo mientras se cruzaba de brazos.

–Puñetero mocoso que no conoce su lugar, ni sabe lo que es el respeto.

–Mi lugar esta siendo líder, cuando te derroque. Y no puedes exigir algo que no das.

–Justo en el blanco.– Soltó alguien en el cuarto entre risas.

–Lo he oído…– Masculló.

–Oh, ya basta Mady… Que tercos sois los dos. Y así pretendéis que las cosas funcionen entre vosotros.– Hashirama se había levantado y empujó a Madara, recibiendo un bufido que fue ignorado por el Senju, mientras tiraba del joven hacía dentro.– Ignora a Madara cielo, tiene siempre esa cara de haberse comido un limón y gruñe y ruge a todas horas, pero es un trozo de pan.

Y Madara tuvo que contener un rugido para no darle la razón a Hashirama, mientras el albino y su hermano se burlaban por lo de que era "un trozo de pan".

El destino le odiaba… Pero estaba satisfecho del buen aroma que poseía su pareja, aunque no de su carácter y su bocota.