Verde que te quiero verde

En caso de encontrarte en una situación poco común,

trata de buscar la mayor cantidad de ventajas antes de decidir perder el control.

Nunca había tenido un padre, bueno tenía por supuesto, una especie de donante de esperma que había contribuido a mi concepción, pero no un padre.

Quizá por eso estaba tan emocionada de ver a Charlie, emocionada en el buen y en el mal sentido. No tenía la menor idea de cómo lidiar con un hombre, al que morbosamente conocía de una historia ficticia, que ahora debía ser el padre del cuerpo que habitaba. ¿Qué debía decirle? Por dios, estaba pérdida.

Seattle parecía lluvioso y deprimente desde el aeropuerto, me imagine que en Forks no encontraría nada más interesante, descontando a los vampiros, lobos y sabrá dios que tantas otras cosas surgen en una novela de ficción. Demonios, estaba en una novela, una novela de ficción. La media hora restante que tenía que esperar para subir a la avioneta que me llevaría a Port Angels me la pasé con la cabeza entre las piernas, el surgimiento de un ataque de pánico en mis narices. Me parecía curioso como al principio todas las reacciones emocionales me habían rehuido, como si aparecer en el cuerpo de otra persona después de un parpadeo no fuera lo más extraño que me había pasado.

Ahora, bueno, ahora sabía que estaba en el cuerpo de una chica que estaba a punto de tener su vida patas para arriba. De estar aquí ¿Podía hacer algo para evitar que los eventos inconvenientes no pasarán? o ¿Estaba todo escrito y dispuesto?

Bueno de algo estaba segura, Bella no había perdido el control de camino a Forks, había reservado su colapso para la noche cuando no la acorralaran los testigos. Pero yo no era Bella Swan, yo era alguien más y yo no podía esperar. Y ahí radicaba el problema ¿No? Yo no era Bella, no podía actuar al igual que Bella, aunque sabía de antemano todos los desafíos a los que ella se iba a enfrentar y por lo tanto yo, que estaba como una sanguijuela pegada a su cuerpo, sabía que no iba a reaccionar de la misma manera.

Por fortuna la media hora paso y tuve que moverme para abordar la avioneta donde sólo cuatro personas más viajaban, era la primera vez que subía a una avioneta y a pesar de mi creciente pánico no pude evitar mirar emocionada como nos elevábamos sobre la ciudad lluviosa. Fantástico, de haber llevado mi teléfono conmigo habría tomado todas las fotografías posibles, pero no, estaba en el 2005 y hacían falta dieciséis años para que el mío saliera a la venta. O tal vez nunca saldría a la venta, qué si todo el mundo terminaba cuando se cumpliera la fecha final de la historia, qué si de repente todo se volvía nada, un vacío oscuro en el que debía quedarme para siempre o si terminaba mi historia aquí volvería a caminar por la calle de mi ciudad en medio almuerzo o saltaría a una nueva historia o realidad alterna.

Diablos, no estaba ayudándome a evitar otra crisis.

Pasé lo que restaba del camino con los ojos cerrados, tratando de controlar mi respiración. Al bajar de la avioneta me aferré a mi equipaje, sabía que Bella llevaba solo dos maletas y que la gran mayoría de su guardarropa era poco adecuado para el frío y terriblemente aburrido, por dios, si iba a durar en está alucinación me iba a encargar de quemar personalmente la horrible falda caqui.

Charlie estaba afuera esperándome o más bien esperando a Bella, la incomodidad nunca iba a terminar. Personalmente no me molestaba que mi viaje a Forks fuera en una patrulla, hacía toda la experiencia más emocionante, pero de todos modos tuve que detenerme con shock, este Charlie no era el Charlie al cual estaba acostumbrada, es decir, el Charlie de la película y cuántas veces había dicho Charlie en mi mente en los últimos segundos.

Aquello no debía sorprenderme tanto, estaba claro que yo no habitaba el cuerpo de Kristen Stewart, para mi tortura o beneficio dependiendo de si estar físicamente atraída al reflejo que iba a ver en el espejo era malo o no, pero no, yo no era Bella de la película, era la Bella que coincidía con la descripción del libro así que no debía sorprenderme que el hombre de bigote, con una naciente barriga, ojos castaños como los de este cuerpo y un semblante serio, no se parecía a Billy Burke.

Cuando bajé por completo de la escalinata, sin ningún tropiezo tan característico de la dueña de este cuerpo, Charlie se abalanzó para darme un abrazo torpe con un solo brazo, como si fuéramos amigos en lugar de padre e hija y honestamente, gracias Charlie, nada mejor que una amistad para comenzar a cultivar una relación ¿no?

―Me alegro de verte, Bella― Ugh no, por favor, tenía que usar otro nombre que no fuera Bella ―Apenas has cambiado. ¿Cómo está Renée? ―.

―Hola papá, Renée está bien, sólo dime Isa―. Le respondí, sonriendo para evitar la gravedad de referirme a la madre de Bella con su nombre en lugar de simplemente mamá.

― ¿Isa? ¿Alguna razón para la nueva preferencia? ―. Charlie ya estaba colocando mis cosas en el maletero de la patrulla así que me apresure a acomodarme en el asiento del copiloto para pensar en alguna buena razón que lo convenciera. Cuando se colocó en su asiento me distraje poniéndome el cinturón para no verlo a los ojos. En los libros ni padre ni hija habían sido cercanos previo a la mudanza, esperaba que esa falta de relación me excusara de tener que mirarlo a los ojos cuando mentía.

―Bueno, nueva casa, nueva yo―.

Si él parecía incrédulo no lo demostró, solo encendió el auto y se encamino hacía el pueblito donde nacerían mis pesadillas de los siguientes meses. En un crucero mientras esperábamos el que el semáforo nos indicara el siga Charlie toqueteó el volante con los dedos nervioso, esto era raro, Bella nunca había hablado de esto, pero bueno, debía haber cientos de miles cosas sobre Charlie a las que Bella nunca les prestó atención.

― ¿Qué pasa papá? ―. ¿Estaba mal que me sintiera tan cómoda llamándolo papá?

―Nada, nada, solo pensaba en que encontré un coche perfecto para ti, y muy barato―.

¡Claro el coche! Había olvidado que esta era la parte importante de este momento, la introducción a la camioneta dinosaurio de Bella, prácticamente indestructible. Y también el momento en que la dueña del cuerpo habitado se resentía un poco con su padre por el gesto, definitivamente tomando a la ligera el privilegio de tener un padre que se interesara lo suficiente como para comprarte un auto.

―Lindo ¿Cuánto hay que pagar? ―. Ya sabía lo que se venía, Charlie iba a decirme que el auto ya era mío, aunque debía decepcionarlo con la nueva de que no tenía idea de cómo conducir, en eso Bella me llevaba ventaja. En mi vida real, la que me pertenecía en México, no había tenido la necesidad de conducir porque mi trabajo no estaba tan lejos de casa y raramente salía de mi zona de confort. Algo común cuando se vive en un país sumido en el narcotráfico.

― Ah bueno, se la compré a Billy Black, ¿lo recuerdas? ―.

―Claro―. Charlie sonrió satisfecho de saber que recordaba a su amigo de antaño, me hacía sentir un poco culpable, porque no recordaba a Billy por recuerdos de la infancia sino porque era el amistoso señor en silla de ruedas, padre de Jacob Black, que tendría tanto peso en la historia en el futuro.

― Ahora está en una silla de ruedas, le ha hecho arreglos al motor y el trasto se mueve de maravilla―.

―Wow, excelente papá gracias, sólo hay un problema― Lo miré directamente para evitar que el verde del camino me causara nauseas. Sentía el tener que confesar que no era lo que él esperaba, casi como sentía no ser lo suficiente en mi vida real, el fallar tantas veces, el nunca poder salir adelante. ―No sé conducir―.

―Bella, digo Isa, tienes una licencia de conducir hija―. Charlie me miró como si de repente me hubiera salido una cabeza extra. Casi correcto, pensé, solo que en lugar de cabeza me había entrometido en el cuerpo de su hija para usurparlo sin algún motivo o razón aparente.

―Ah bueno, pero no lo hice muy bien, creo que solo me dieron para que no regresara, pero no, no me siento con la confianza suficiente para conducir, lo siento―. Balbuceé tan rápido como podía en un solo aliento, sentía el calor subirme al cuello y las mejillas, debía estar tan roja como un tomate. Empezaba a comprender el malestar que Bella tenía al sonrojarse con facilidad.

―Está bien hija, no hay problema, puedo dejarte en la escuela de camino a la estación―. Había incomodidad en su tono, pero no estaba segura si era por la molestia de tener que llevarme a la escuela todos los días y seguro recogerme también o por mi abrupto discurso.

―Gracias papá, tal vez podamos tomar algunas lecciones, quizá los fines de semana de camino a pescar―. Porque si tenía un padre, aunque técnicamente no fuera mío, iba a disfrutar tiempo de calidad con él. Dios estaba verdaderamente enferma.

―Creí que no te gustaba pescar―. Charlie parecía genuinamente sorprendido y también feliz, caray, pobre hombre, estaba a punto de sobreexplotar la necesidad paternal de tener una relación cercana con su única hija.

―Nueva casa, nueva yo ¿Recuerdas? ―. Le dije sonriendo.

Aquel abrupto de felicidad y vinculación afectiva fue suficiente para él, lo que quedaba de camino lo pasamos en un agradable silencio. Trate de concentrarme en la belleza del paisaje que nos rodeaba, todo superficialmente porque aún podía sentir las olas de pánico ante todo lo que pasaba y ahora no quería sufrir una crisis. Al igual que Bella coincidía en que era un paisaje alienígena, una paleta de tonos verdosos, cada único en su propio matiz y textura. Pero yo nunca les había encontrado mucha belleza a los paisajes áridos, para mí la vida se encontraba en el verde, el mismo que bailaba en todas las cosas aquí en Forks.

No tardamos mucho más en llegar a mi nueva casa, estaba ubicada en una calle amplia con muy pocos vecinos alrededor, como una pequeña isla de civilización en el medio de un océano boscoso. Esta casa era igual a las muchas otras casas americanas que había visto en televisión, de dos pisos, con la pintura blanca desgastada, pequeña y con dos bonitos ventanales que debían dar directamente a la sala y a la que seria mi habitación. Aparcada en la entrada estaba la camioneta rojo brillante que destacaba con dolor ante los apagados tonos que la rodeaban, me gustaba, era una lástima no darle el uso que merecía. Lo que me llevaba a pensar ¿El accidente de la van ocurriría, aunque no manejara? Esperaba que no.

Charlie me ayudó a subir las maletas a la habitación, las paredes estaban recién pintadas y el olor era un poco abrumador, pero el detalle era lindo. Las cortinas amarillas casi transparentes que colgaban de las dos ventanas eran definitivamente no aptas para sobrevivir el acoso de un vampiro. Una cosa que agregar a la lista de acciones a tomar para cambiar esta realidad, tendría que usar el dinero de Bella para comprar un par de cortinas pesadas y gruesas. Me acerqué a una de ellas para revisar el seguro, estaba en buen estado, pero tendría que investigar un poco acerca de seguridad de ventanas para sentirme lo suficiente segura al estar desnuda o semidesnuda, tenía que recordar que ahora vivía con un hombre.

Como Charlie ya había desaparecido escaleras abajo me asome por la barandilla de las escaleras para gritar.

― ¡Gracias por la decoración papá! ―. Estaba actuando muy fuera de personaje, pero no podía evitarlo.

La ropa de Bella era tan horrible como lo había pensado. En mi cuerpo buscaba siempre los pantalones con corte a la cintura, en cambio, los pantalones con corte a la cintura típicos de esta época eran lo único que había en las maletas. Un montón de blusas de manga larga y en el fondo de la maleta con ruedas la terrible falda caqui, en serio Bella, no. Ni siquiera me molesté en guardarla en el ropero, la estrujé en mis manos y la llevé conmigo al baño junto con la bolsa de enseres y la tiré en el basurero. Si alguna vez conocía a los Cullen, no iba a hacerlo en un feo conjunto.

Seguir una rutina nocturna fue casi tan difícil como esperar la avioneta en Seattle sin sufrir un ataque de pánico, para empezar todo sobre Bella era diferente a mí, incluso las cosas que teníamos en común estaban tan distantes que me causaban una nauseas. Nadie había mencionado, en los sueños lúcidos, la dificultad de habitar un cuerpo que no era el tuyo, a lo largo del día me había dado cuenta como mi mente estaba acostumbrada a mi tamaño y peso, a sortear ciertos obstáculos, a evitar otros, cosas que parecían ridículas en un cuerpo como el de Bella.

Me apresuré para terminar todo y bajar a cenar, no había más que pizza fría y cereal, decidí que iba a poner un poco de ánimo en apetito de este cuerpo y me sorprendí al darme cuenta, después de una sola rebanada, que estaba satisfecha. Bueno, poco a poco. Charlie me deseó buenas noches, recordándome a qué hora tendríamos que estar listos y subió a su habitación. Ya en cama era difícil mantener las olas de ansiedad y pánico lejos de mí, extrañaba a mi madre, mis hermanas y mis sobrinas, extrañaba incluso la tranquilidad que sentía al final del día de trabajo, a mi perro maravilloso y su calor corporal que me adormecía. Ahora no tenía nada de eso, estaba sola, en una habitación extraña, en una cama desconocida, en un cuerpo chocante. Sentía que las paredes de mi autocontrol desmoronarse a mi alrededor, esperaba, no, rogaba que todo esto fuera un sueño, una especie de alucinación del día, que en realidad estaba dormida en mi cuarto, con un día tan común que había olvidado por completo lo que había pasado.

Para mi mala suerte desperté la mañana siguiente con la lluvia chispeando en las ventanas. Charlie estaba al otro lado de la puerta, tocando levemente y llamando al nombre nuevo de Isa para despertarme. Y bueno, si ese iba a ser el día que iba a morir a manos de un vampiro pelirrojo entonces más valía comenzar con el mejor ánimo posible, y tal vez, solo tal vez, al morir podía regresar a mi cuerpo, mi vida, mi rutina.

Muchas gracias por darle una oportunidad a esta historia, lxs quiero mil