3. Instinto

No estaba alegre de verse en esa situación… Estaba molesto. Molesto con el destino, molesto con el que será su omega o sigma o lo que fuera, molesto consigo mismo por no haberse podido controlar y encontrarse en esa tesitura.

¿Pero que había sucedido para tenerle tan cabreado?

Pues que había tenido que marcharse presuroso de un bar donde estaba tomando algo con algunos de sus hombres por culpa del mocoso Uchiha que era su destinado. Y cuando digo marcharse presuroso es que casi se podría considerar que había huido… Por estarse excitando.

Maldito mocoso y malditos pensamientos calenturientos que siempre había evitado o controlado de forma elegante, y malditas hormonas y maldita sea su polla por traicionarlo de esa forma.

Y al llegar a su hogar, en la intimidad de su vivienda, en vez de darse un baño con agua fría y calmar dicha calentura, como había hecho otras veces… Había tenido que masturbarse… ¡Más de una jodida vez! ¡¿Masturbarse pensando en el mocoso?! Y en su… Soltó un rugido airado y miró su pene volviendo a hincharse por estar acumulándose la sangre en esa zona… ¡Otra vez! ¡Mierda ya! Volvió a los movimientos mecánicos algo rudos y bruscos para poder culminar cuanto antes… Después de tantas corridas tendría que haberse calmado de una maldita vez… Pero no.

¿Pero que había sucedido para que el gran Uchiha Madara se encontrara en esa situación?

Después del entrenamiento de esa tarde, sus hombres le habían invitado a tomar sake en un bar de Konoha. Como tampoco tenía nada que hacer y llevaba unos días muy estresados por culpa de cierto jovencito, aceptó.

Ya llevaban en el bar una media hora compartiendo unos tragos de sake y contándose anécdotas con esos otros shinobis, cuando entró su tormento… Obito Uchiha.

Su "omega" venía con sus compañeros y tras observarlo con intensidad y que el joven le observara de vuelto con su mirada altanera; apretó los dientes y le miró con mayor insistencia. El maldito crio no tendría que estar en ese lugar. Primero porque aun no era considerado un adulto, aunque no tardaría demasiado en serlo según las señales. Y segundo porque ese no era un sitio adecuado para un omega y menos para uno no enlazado, daba una mala imagen así. Y aunque le había mirado en advertencia, el joven le miró desafiante. Otra cosa que tampoco le gustaba eran las compañías… Esos dos alfas que le acompañaban y ese beta masculino. Menudo descaro. Era su futura hembra y se atrevía a estar allí, con compañías con las que no debería estar… Otros alfas que no eran el propio. Obito ya no era un niño como para salir de "fiesta" o tener compañías de otros alfas. Y menos sin estar marcado.

En un momento que le encontró solo fue a abordarlo para y decirle que se marchara.

–No.

Fue la descarada respuesta del jovencito.

–Este no es lugar para ti y las compañías con las que vas tampoco son las adecuadas, ya no eres un cachorro.

–No le veo problema y no creo que te tengas que meter; ni donde voy, ni con quien.

–¿Ah, no?– Por dios si era su destinado, su futura hembra y madre de los cachorros que tendrían. Eso sino lo terminaba matando antes porque lo sacaba de quicio.

–No. Y ahora déjame… Si tu estás en este sitio, yo también tengo el mismo derecho.

–Cuidado Obito… Soy tu líder y alfa.

–No por mucho tiempo, ya verás…

Le soltó un gruñido amenazador, que el otro replicó y se fue a su mesa.

Decidió que lo mejor era ignorarle, que ese puto mocoso hiciera lo que deseara. Él no iba a rebajarse y ser el blanco de todas las miradas en ese lugar. Además por hoy no tenía ganas de discutirse con ese malcriado. Su pantera rugió molesta y con ganas de llevarse al crío sujetado de la nuca hasta casa, donde le daría una lección… Le mostraría porque era el alfa y el macho de la relación a ese mocoso que no conocía su lugar.

Y Obito tras estas palabras volvió molesto a la mesa. ¿Que se creía ese idiota? O sea, él… Madara Uchiha, su alfa y, si podía estar allí en ese lugar… Ah, pero no era sitio adecuado para Obito. Si quería que se marchara que le hubiera acompañado, pero no… Madara iba, le ordenaba y esperaba que él ¿obedeciera? Él no era un omega sumiso. A él le gustaba pelear, le gustaba hacer misiones, le gustaba demostrar su fuerza y poder, su capacidad, demostrar que tenía el mismo nivel que alfas fuertes y grandes shinobis y, que estaba por encima de muchos de esos ninjas… Pero ese idiota de su destinado no veía eso. No veía que era diferente y se enorgullecía de eso, no le alababa como le había visto hacer con otros combatientes alfas a sus ordenes, no le miraba como a un igual… ¡No! El muy "gran líder" le menospreciaba, le trataba como alguien imprescindible, le veía molesto. Madara Uchiha tendría que estar presumiendo de que su destinado era fuerte, era digno y era capaz de pelear al mismo nivel que otros grandes combatientes alfa. Que su futuro destinado era capaz de estar a su lado como un igual y no alguien sumiso, delicado, débil… Él no era como esos otros omegas. Él era alguien que podría cubrirle las espaldas, alguien que era capaz de tener opinión propia porque no aceptaría lo que su alfa ordenara, alguien que sería capaz de decirle las verdades a la cara sin miedo, alguien que le retaría sin temor, que le plantaría cara si creía que el alfa no tenía razón… Pero no, Madara le menospreciaba, le tachaba de indisciplinado, de intratable, de torpe, de molesto, de inaguantable, de indomable… Bueno eso último si lo era. Pero otras malas palabras que le decía el alfa no eran ciertas. Si solo se tomara la molestia de querer conocerle sin juzgarle, sin verle como a un inferior, sin creer que no era nadie, ni adecuado. Con el ceño fruncido mira en dirección donde esta sentado el alfa y… Como siempre le ignora. Era un arrogante e imbécil y un capullo. Su ceño se acentúa, pero esta vez además de molestia es cierto dolor en su corazón, siempre ha sentido esa conexión con el irritable líder Uchiha. Y como este siempre le ha mirado con desdén y como si él fuera el más irritante y molesto de todas las crías. Joder tendría que estar haciéndole caso, igual que estaba haciendo caso a esos hombres que estaban sentados en esa mesa, sus compañeros de armas… La realidad es que tendría que estarle haciendo más caso a él, que para algo están sus vidas enlazadas. ¿Se creía ese idiota que no tenía sentimientos? ¿Que eso no le dolía? Su rechazo, sus ordenes masculladas con ese desprecio hacia él… Por eso no le daba la gana de reconocerle como a su alfa y tampoco le daba el placer de obedecerle. Nunca le daría ese placer.

Y ahí es cuando entró esa, una omega cerca de su celo, una omega que fue directa hacia la mesa del líder Uchiha… Una omega buscando a un posible macho para saciarla en tan inminente estro. Una buscona a sus ojos.

Ojo, no tenía nada en contra de que cada uno saciara su celo como deseara… Algunos optaban por pasarlos en solitario y otros buscaban la compañía de betas o alfas, en el caso de los omegas. Y en el caso de los alfas buscaban betas u omegas.

Pero si que era un buscona por acercarse a lo que le pertenecía por derecho o le pertenecería, aunque no le diera la gana de demostrar que eso era así, ni tenía intención de aceptar al alfa hasta que este no se comportara.

Pero si tenía problemas con esa omega por estarse acercando de forma directa al que era suyo, su futura y maldita pareja. Pero él tenía sus recursos, no por nada era un hábil ninja… Y lanzó un hilo fuerte, pero invisible de forma veloz y disimulada, tanto que ni sus compañeros de mesa lo notaron estando demasiado enfrascados en su discusión, o lo que era lo mismo Gai bebido (mala idea) retando a Kakashi a los juegos verbales más estúpidos.

Cuando la hembra se dio cuenta, la dirección de sus pasos era hacia su mesa y ya estando a medio metro de ellos, por culpa de la inercia. Parpadeó confundida sin saber que le había ocurrido, pero viendo que en esa mesa también había alfas y que uno la miraba fijamente levantó los hombros y caminó coqueta hacía él. Acercándose bastante y haciendo que Obito oliera el tufo a alcohol que salía de esa omega. Y a la vez su cuerpo sintiera rechazo hacía alguien que mostraba interés sexual en él, pues ya conocía al que estaba destinado como su futura pareja.

–Hola alf…– Se quedó parada y olfateó con mayor intensidad. Le miró extrañada.– Tu no eres adulto aun, y ni siquiera eres alfa…

La omega en pre celo notó que ese atractivo y fuerte joven olía parecido a un alfa, pero no era uno. Algo no le cuadraba allí, y no era sólo porque aun no hubiera presentado… Había algo más, algo extraño en ese joven, algo que le hacía diferente; ni alfa, ni omega…

– ¿Tu que eres? ¿Eres un bicho raro? ¿Una abominación?– Siente rechazo y cabreo por sentirse engañada por el espejismo de alfa que posee el joven.
Y ahí estaban esos ojos, esos ojos con los que solía ser mirado… Ese rechazo y el verlo menos, inadecuado… Esa mirada que no es la primera vez que ve. Y se molesta y mira a esa omega buscona con fiereza y hace algo que no acostumbra a usar pues le irrita un poco la garganta, pero le va a mostrar a esa omega todo lo alfa que puede llegar a ser, todo lo superior a ella que es.

Se levanta en toda su altura con fiereza, un gruñido en su garganta, molesto, cabreado… Por esa omega, por su supuesto alfa que le trata con ese desdén… Y Obito usa su voz de mando con esa omega. El bar queda en silencio al escuchar tan potente mandato del joven, la fuerza que ha impuesto a su VOZ.

Cállate y lárgate. Ves a saciar tu calentura en otro lugar –Y agachándose hacía esa miserable omega le susurra de forma gutural y peligrosa.– Pero no te acerques a lo que me pertenece… Ni a mi. Nunca.

Y la omega asustada le mira con ojos bien abiertos antes de correr hacía la salida. No se va a volver a cruzar nunca con ese Uchiha… Ni a ningún otro de ese clan. Cuando la puerta se cierra detrás de la hembra omega los comensales se miran a Obito que les devuelve una mirada afilada y fría, peligrosa, antes de sentarse y apurar su vaso. Sus compañeros de mesa le sonríen con suavidad, para calmar los ánimos del azabache, han oído las palabras empleadas por esa mujer… Kakashi le regala un leve asentimiento, su amigo ha hecho bien. Esa se merecía una lección. Poco a poco el bar vuelve a recuperar la calma, las conversaciones vuelven a oírse.

Madara ha escuchado esa voz y una sensación se le remueve por dentro. Se encuentra excitado, caliente… Esa voz le ha puesto a mil. ¿Que narices le pasa? Vale que el mocoso maleducado e irrespetuoso es su omega, pero excitarse por esa voz parecida a la de un alfa. Sus compañeros le miran algo asombrados, sabe que huelen su creciente estado excitado, pero le respetan demasiado y se abstienen de hacer cualquier comentario.
–Tengo que irme, es urgente.– Hace un sunshin no jutsu para no tener que moverse mucho y no demostrar la gran dureza que hay en su ingle tirando del tejido de sus pantalones.

Llega a su hogar jadeando, la respiración acelerada y sus pupilas dilatadas, y aunque normalmente suele darse un baño de agua fría para calmar esos estados de excitación, sabe que ahora no resultara… Esta demasiado lleno de lujuria. Se masturba durante varias horas seguidas. Llegando a varios orgasmos y volviéndose a excitar al rememorar esa magnética y hechizante voz varonil que le ha resultado tan adorablemente dominante, tan llena de magnetismo animal, tan agresiva, tan salvaje y tan caliente a sus oídos… Maldito sea el destino y maldito sea ese mocoso excitante, sensual e indómito. Como le gustaría ponerlo contra el suelo en las profundidades del bosque, tras una de esas discusiones que solían tener, y montarle, follarle, hacerle gritar de placer, conseguir su rendición y su sumisión.

¡Mierda! ¡Volvía a estar duro! Rugió molesto y volvió a empezar con los movimientos mecánicos de su mano.