La primera impresión es la que cuenta
Esta inquietud indomable
de estar sin querer estar
y al pisar otro lugar
regresar inconsolable.
-Desasosiego, Elías Nandino
Para Bella
No quiero que caigas en pánico, en serio, no caigas en pánico, pero hay un vampiro suelto que quiere comerte y es necesario, OBLIGATORIAMENTE NECESARIO, que te mantengas alejada de él.
-La chica que usurpó tu cuerpo
La escuela preparatoria de Forks era exactamente como me imaginé que sería: pequeña y americana. Me costaba conjuntar su imagen con la de mi preparatoria, habían pasado ya más de seis años desde que había pisado las instalaciones. Dios, incluso mi carrera universitaria estaba concluida, ya había pasado todo el proceso de estudio de mi vida y no quería volver a hacerlo, aunque se tratará sólo de un episodio psicótico.
Charlie me había dejado en el estacionamiento de estudiantes tan temprano que incluso en el espacio de profesores y administrativos solo se encontraban tres autos, esperaba que la secretaría ya estuviera en turno porque estaba lloviendo levemente y no quería pasar la siguiente hora y media sentada en el asfalto hasta quedar empapada. Aunque aquello fuera una excusa perfecta para deshacerme de los pantalones con corte bajo. La blusa de algodón y la chamarra gruesa e impermeable de Bella eran lo mejor que su guardarropa tenía para ofrecerme, necesitaba violentamente un viaje al centro comercial más cercano. Sabía que Jessica podía ayudarme a resolver ese dilema y que el dinero que la dueña de este cuerpo había guardado para su auto nuevo iba a ser de mucha ayuda.
Lo siento Bella, pero es una emergencia. Algún día me perdonarás, si es que encuentro la manera de regresar a mi mundo y devolverte a ti de donde quiera que estés ahora.
La oficina estaba abierta, gracias al cielo, y dentro una mujer bajita de cabello rojizo y cara amable levantó la mirada sorprendida al verme.
―Hola, soy Isabella Swan―. Comenté en voz alta tratando de evitar que hablara sobre mi extrema puntualidad. Todo el lugar estaba repleto de plantas, un detalle lindo de querer traer la vegetación y el verde del exterior a un interior administrativo.
―Claro cariño, acércate, voy a buscar tus cosas― La mujer me dijo mientras maniobraba un montón de papales de su escritorio, cuando se acercó de nuevo al mostrador pude leer en su identificación pegada al pecho el nombre de Shelly Cope ―Aquí tienes tu horario y te voy a mostrar las rutas de clase, llegaste temprano así tienes tiempo de andar por los corredores si quieres familiarizarte―. Shelly fue cariñosamente amable al mostrarme con detalle cómo llegar a todos los salones en los que tenía clase, además de darme unos cuantos consejos sobre clases extracurriculares, la amé de inmediato y traté de contestar su entusiasmo servicial con mis mejores sonrisas.
Nos despedimos con un "te espero aquí al final de día con la nota firmada Isabella" y un "muchas gracias señora Cope, es un ángel" que la hizo soltar una carcajada contagiosa, me resultaba sorprendente cómo podía interactuar con las personas aquí como si fueran algo más que personajes secundarios, remotos, inservibles para la trama. Al menos así habían parecido desde la perspectiva de Bella, pero la señora Cope era simpática y linda: un ser humano, con sus ojeras, el cabello un poco desarreglado y un olor penetrante a jazmín que desprendía de su ropa. Parecía, bueno, parecía casi real y eso me aterraba. Más aún cuando al mirar por la ventana pude ver cómo seguía trabajando en otras cosas y no sentada esperando su siguiente interacción conmigo como un personaje no jugador.
Decidí usar el tiempo que tenía de sobra para hacer ese recorrido previo a la escuela, no tenía caso quedarme dentro de la oficina o afuera como tonta. Como ya sabía la escuela era pequeña, pero poseía características que nunca en mi vida había visto: casilleros. En las notas que la señora Cope me había entregado encontré el número del casillero que se me había asignado junto con un mapa para saber exactamente en que piso y pasillo lo podía encontrar. No fue difícil y me entretuve un poco jugando con la idea de poder dejar algunas cosas aquí e incluso decorarlo, podía escribirle una carta a la Bella real explicándole todo lo que estaba pasando y dejarla en su casillero donde ni Charlie, ni los Cullen se molestarían en buscar. Después de sopesar la idea me dediqué a explorar los salones, estaba claro que la dueña de este cuerpo era una chica lista, bueno yo también había sido lista en la escuela hasta que me había enfrentado a las decisiones de la vida real. En eso había reprobado por primera vez.
Al llegar al salón de biología sentí una mezcla entre pánico y expectación, un nuevo pensamiento pobló mi mente: no quería morir, bueno, no sabía si podía morir estando aquí, si es que eso era posible, pero intentaría todo lo que estuviera en mis manos para no enfadar de más al vampiro que en unas horas iba a querer matarme con una intensidad casi tan fuerte como mis ganas de autodestruirme en el pasado. Nop, muchas gracias, pero no había comenzado terapia, recuperación de adicciones y poner mi vida en orden para morir en medio de una alucinación o un viaje a una realidad alterna.
Al terminó de mi paseo quedaban todavía unos minutos así que decidí fijarme exactamente en donde se encontraban los baños de chicas, nunca está de más saber y saludar a la conserje, que al igual que Shelly, era un encanto. ¿Será que la edad nos hacía caer en cuenta de lo agradables que podían ser las personas y de lo agradables que podíamos ser con ellos? Era una pregunta a la que al parecer le iba a encontrar una respuesta.
La primera clase en el horario era Inglés, pan comido, mi título en lengua y literatura iba a salvarme de esa. El salón estaba abierto, aproveché para entrar y ocupar un espacio en el fondo del aula, no encendí la luz y maldije a mí misma por eso cuando al poco tiempo el profesor entró y se quedó un poco pasmado al verme ahí esperándolo.
―Hola profesor Mason― un punto extra a mi memoria por recordar su apellido y uno más a la señora Cope por dejarme saber no sólo el nombre de la materia sino el del profesor en mi ficha de horario. ―Soy Isabella Swan―. Técnicamente no era Isabella Swan, pero ya habría tiempo de lidiar con mi ansiedad.
―Claro, claro, la chica nueva―. Él solo alargó la mano esperando algo y me puse de pie de inmediato para entregarle la nota a firmar. Lo agradable del señor Mason era que estaba tan poco interesado en mi llegada como yo estaba de tener que escribir ensayos sobre los mismos autores y libros que había leído a fuerzas en mi época universitaria. Regresé a mi asiento mientras los demás chicos entraban, pensando en la posibilidad de pedirle al profesor una ventana más abierta de discusión en literatura. Honestamente, leer Hamlet sin Macbeth era un pecado.
La clase transcurrió sin contratiempos, ningún vampiro asesino intentó llevarme por la ventana para ponerle fin a mi vida ni el profesor me pidió presentarme frente a la clase, lo cual agradecía mucho, lo menos que tuviera que pensar en las claras diferencias entre ella y yo, mejor. Ya sabía que al sonar el timbre Eric iba a tomar su oportunidad para iniciar una conversación de la cual no quería ser participe, pobres chicos de Forks, pero por más que me atrajera la idea de tontear un poco sin consecuencias (cuerpo ajeno) no iba a entrometerme con chicos de preparatoria. A mi izquierda se sentaba una chica de ojos enormes y azules, aún me costaba trabajo ver cómo todos andaban sin cubrebocas así que pude apreciar su lindo piercing en el labio inferior. Temiendo mirarla demasiado sin decir palabra me giré a ella en cuanto sonó el primer timbrazo.
―Hola, soy nueva, Isa―. Le comenté, por el rabillo del ojo miré como Eric se dejaba caer en su pupitre decepcionado.
― ¿Qué hay? ― La chica sonrió como si aprobara mi acercamiento ―Soy Val, eres la chica que viene de Arizona ¿no? ―. Comencé a recoger mis cosas cuando la vi meter todo a su pequeña mochila.
―Así es, soy de tan al sur como el sur llega―. Ambas nos pusimos de pie y caminamos juntas hasta la puerta, se sentía raro moverse con alguien sin saber si íbamos a estar en la misma clase ahora, no recordaba la mención de alguien con un piercing en las novelas, aunque no me sorprendía, mi compañera de cuerpo no era la persona más sociable.
―Bueno, ahora estarás atrapada en Forks hasta que te ahogues―. Aunque su rostro era serio no pude evitar reírme, lo que pareció ganar más puntos a mi favor porque la chica se pegó a mí en el pasillo para preguntarme.
― ¿Cuál es tu siguiente clase? ―.
―Historia con Jefferson―. Esa me la sabia de memoria, Val asintió y me indico que la siguiera.
―Voy a dejarte en tu salón antes de que los buitres te saquen lo ojos―. Ambas nos giramos para mirar como Eric esperaba a unos metros de la puerta de inglés sin discreción a que Val me dejara sola.
―Por favor―. le pedí sonriendo.
― ¿Tienes tu horario? ―. Val preguntó, yo asentí y le pasé la nota que llevaba en el bolsillo de la chamarra. La examinó por varios segundos antes de entregármela, mientras caminábamos bajo la lluvia me aseguró que teníamos al menos tres clases juntas, incluyendo Biología, gracias al cielo, me daba un poco de consuelo el tener a alguien que nada tenía que ver con el drama de Bella en mis clases.
― ¿Ya escogiste extracurriculares? ―. Estábamos ya fuera del edificio 6 y me giré para poder mirarla entre la lluvia que nos caía encima con más fuerza que a mi puntal llegada mañanera.
― Taller de escritura y Lengua y Cultura Hispana―. Le dije, esas dos habían sido una elección sencilla, la primera porque me volvería loca con las materias avanzadas que llevaba y que claramente no podía cambiar y la segunda porque sería crédito fácil.
―Divertido, yo tomó artes: dibujo y música, estamos en el mismo edificio, si tienes ganas y tiempo en teatro siempre tenemos espacio para alguien más―. Le sonreí con ganas ahora, Val y yo íbamos a llevarnos muy bien y me iba a asegurar que Bella supiera lo cool que podría ser hablar con personas fuera de nuestra zona de confort.
―Acepto, ¿nos vemos en el almuerzo? ―.
―Claro, tengo que pasar a la biblioteca, pero te veo ahí antes de biología, hasta luego Isa―.
Me despedí con un saludo antes de entrar al edificio, ya iba un poco tarde, pero al profesor no pareció importarle, al final no pude evitar mi encuentro con Eric que esperaba a la salida del edificio para presentarse y ofrecer llevarme a mi siguiente clase. Con el mayor tacto que me era posible tener con un chico de preparatoria negué su ayuda, lo que no evitó que se pegara a mí de todos modos. Eric quería conversar sobre Phoenix, ciudad de la cual yo sabía tanto como él, así mejor moví la conversación hacia las diferencias entre la lluvia y el sofocante calor del sur, aunque el sur al que me refería poco tenía que ver con Arizona. Mi sur estaba más cerca del ecuador, era un sur de matices y de temporadas, uno que comenzaba a extrañar muchísimo. Eso fue suficiente para que el chico hablará solo hasta dejarme en la puerta, se despidió de mí con una sonrisa esperanzada de que este no fuera nuestro último encuentro y deseé tener a Val cerca para fortalecerme en sororidad. No me molesté en responder su último saludo, simplemente entré a clase como si nada.
Para cuando entré a trigonometría ya estaba mentalmente preparada para la presentación a la que el señor Varner me iba a someter. Sabía que vería a Jessica en esta clase y esperaba entusiasmada que pudiéramos congeniar, yo no tenía aversión a su chismorreo, me parecía que todos los malos comentarios sobre ella que había leído de Bella y de Edward no eran más que excusas para justificar sus personalidades pedantes. Las chicas como Jessica no eran malas, considerarlas tontas y banales era un patético análisis superficial de su carácter.
Así que sí, terminé esperando al frente de la clase a que el señor Varner firmara la nota que ahora leía con falso interés, esperando seguramente que todos sus alumnos tomaran sus lugares. Cuando el salón estuvo lleno terminó de analizar mi nota para regresármela, antes de que pudiera escurrirme me pidió en voz alta que me presentara.
Carraspeé un poco, evitando parecer nerviosa me planté con calma para mirar los casi niños en mi mente que ahora eran mis compañeros. Este momento me recordaba a mi primera junta en AA, presentarme, hablar de mí, de mis derrotas, de mis errores, de lo que me había traído a ese momento. No podía comentarle eso a un montón de chiquillos, no podía decirles lo que me pasaba verdaderamente por la mente "Hola, no soy Isabella Swan aunque en este momento estoy usurpando su cuerpo y su relación con su padre, soy un parásito en su vida porque la mía se ha estancado en un trabajo monótono y poca vida social, ah y además soy una adicta en recuperación, no tomen drogas chicos, no son ni la mitad de divertidas que todos te dicen que son al final del día", pero como no podía decir eso me limité a contar lo que ya sabía.
―Soy Isabella Swan, solo díganme Isa, vengo de Phoenix y nunca en mi vida había visto tanta lluvia―. Unos cuantos tuvieron la amabilidad de reírse, miré al señor Verner para saber si era suficiente y el hombre se recargo en sus codos para dirigirse al aula.
― ¿Alguien tiene alguna pregunta pertinente para su compañera? ― Dijo, haciendo énfasis en la palabra pertinente.
― ¿Tienes una afición Isa? ―. Preguntó un chico desde el fondo de la clase.
― Hablar al frente de una clase es una de ellas― Respondí más relajada ―La otra es coleccionar cuchillos ―.
Antes de que alguien más pudiera preguntar algo el señor Varner se puso de pie y me indico donde debía sentarme, bueno había sido su elección someter a la pobre Bella a un riguroso e innecesario ritual social, esta era mi venganza en su nombre.
En cuanto tomé asiento Jessica se acercó para susurrar ― Buena táctica la de los cuchillos, no va a molestarte más―. Le sonreí con picardía antes de fingir una cara inocente.
―Que mal, esperaba que tuviéramos algo en común―.
El inició de una amistad maravillosa seguramente, Jessica y yo no nos separamos desde ese momento, llevábamos español juntas, la clase que más ansiaba y temía cursar, apenas comenzó me dejé llevar por los recuerdos de mi vida real, la vida que yo sabía me esperaba al terminar con este absurdo intercambio. La profesora era bajita, de cabello castaño parecido a mi real tono y con unos profundos ojos oscuros, me agradó en seguida. Cuando llegó el momento de presentarme, en español por supuesto, no me tembló la voz.
―Soy Isabella Swan, vine de Phoenix para vivir con mi papá, el jefe de policía―. La señora Rosales, a la que todos llamaban Rose por error, me miro fascinada. Vi en sus ojos brillar con la esperanza de encontrar a su alumna favorita.
Jessica me miró con sorpresa también y solo me encogí de hombros ―Hay muchas clases particulares de español en Phoenix―.
Si fue suficiente para ella no lo sabría hasta conocerla mejor. La clase terminó demasiado rápido y en un parpadeo Jessica me empujaba por la fila de la cafetería, la observé con cuidado mientras hablaba sobre un show de televisión que nunca me había molestado en ver: "Gilmore girls", terminé por tomar una rebanada de pizza y dos manzanas. Era poco para saciar mi hambre mental, pero si este cuerpo seguía negándose a comer más de lo mínimo necesario de nuevo no quería quedarme con una bandeja repleta de comida.
Nos sentamos en una mesa del centro, Jessica presentándome a todos de un tirón, reconocí los nombres de casi todos, aunque tuviera pocas ganas de conocerlos a profundidad, excepto por Angela, definitivamente quería pasar el tiempo con la dulce Angela. Ya sabía lo terrible que lo pasaría por culpa de Tyler así que no me molesté en mirarlo, Mike iba a ser un reto porque habría que emparejarlo con Jessica, Ben me era indiferente con la única relevancia de que debía ser el interés romántico de Angela… ¿Estaban esos romances determinados a suceder o también podían alterarse? Dios, esperaba que hubiera una oportunidad de escaparse del determinismo novelesco de Stephenie Meyer.
Había mantenido deliberadamente mi atención lo más lejos posible de la mesa de la esquina, la que sabía que les pertenecía a los Cullen, apenas si podía registrarlos por el rabillo del ojo y su mera presencia parecía ahogar todo lo demás. Una nueva ola de pánico fresco me humedeció la frente de sudor frío. Jessica pareció notar mi incomodidad y las miradas de reojo que daba porque en seguida se acercó a mí para hablar en voz baja.
―Mira Isa, allá, en la mesa del fondo, ahí están los chicos de los que te hablaba antes―.
Suspiré dramáticamente, ya sabía que este momento vendría, esperaba pasar el resto del día hasta Biología pretendiendo que no estaba en la historia en la que estaba, a punto de vivir el momento más peligroso de mi vida por culpa de un vampiro lector de mentes y del rebuscado nudo literario que era "la tua cantante".
―Ya me lo imaginaba Jess―. Le respondí sin mirar hacía donde ella insistía, unos minutos más por favor.
―Ay Isa, pero si ni siquiera los has visto, vamos mira, discretamente―. La discreción no existe con los lectores de mente, quise responderle, pero de solo pensar en los problemas que aquello me metería sentí escalofríos, lo mejor era dejarme llevar por el momento, fingir que todo era normal, porque lo era, al menos para Jessica y el resto de los chicos en la mesa lo era. Podía fingir, sí eso podía hacer, sabía bien a lo que iba a enfrentarme, casi me sabía los diálogos de memoria, así me arme de valor y me gire para mirar a los Cullen con la mayor indiferencia posible y perdí.
No era posible, no, no era posible, estaba claramente sufriendo una alucinación, un rezago de la contusión que seguramente me había traído aquí en el primer lugar.
―Mierda―. Comenté en voz alta sin poder evitarlo. Los Cullen al otro lado de la cafetería actuaban como habían sido descritos en las novelas, mirando sin ver hacia todas las direcciones, con sus bandejas de comida sin probar, luciendo tan fuera de escena como un unicornio en el medio del tráfico. Estaba pasmada, boquiabierta, porque eran las creaturas más hermosas que había visto en toda mi vida. No solo atractivos, no solo hermosos, no, esos adjetivos les quedaban cortos. Emmett era enorme, tan alto y grande que parecía ocupar dos o tres asientos en lugar de uno, era aterradoramente hermoso. Rosalie superaba por mucho todas mis expectativas, diablos, Nikki Reed era, sin lugar a duda, una pueblerina en comparación a la diosa rubia que se sentaba a unos cuantos metros de mí. Jasper era tan intimidante como los libros bien decían, aunque en una hermosa manera, como que Jasper podría aplastar mi cerviz y aun así le rogaría que se quedara conmigo. Alice era una muñeca, un hada recién salida de un cuento, demasiado etérea para ser considerada humana o real.
Y bueno, sí, ahora entendía a Bella, la comprendía perfectamente, pobre chica, la juzgué demasiado, porque si un chico como Edward llegaba a escupirme en la cara yo también habría abierto la boca para tragármelo, digo, eso sonaba mal, pero no había mejor manera de explicarlo. Edward era hermosa, jodida y asquerosamente hermoso, y era pelirrojo, de un rojo violento y penetrante que de alguna manera lo hacía parecer aún más glorioso.
―Te dije que eran atractivos―. Me comentó Jessica, sacándome mi ensoñamiento, no me sorprendería descubrir que babeaba.
―No Jessica, atractivo es Jeff Goldblum en Jurasic Park, atractivo es alguien que no es eso ―le dije señalando a los Cullen con mi pulgar ―Eso es ridículamente hermoso―. Volví a mirarlos y me perdí de nuevo, cómo era posible que las personas lograrán hacer algo en Forks si ellos andaban por ahí como si nada.
―Me alegra que te gusten― Jessica me dio un empujón amistoso con el hombro, yo no podía dejar de verlos, era casi imposible hacer que mis pensamientos tuvieran coherencia. Jessica comenzó a parlotear sobre cada uno, un discurso que ya me sabía, traté de concentrarme en sus palabras, pero no podía, solo cuando Alice se puso de pie seguida de Jasper pude reconectar los puntos de lo que Jessica estaba diciendo. ―…así que no hay posibilidades, porque están todos juntos, juntos, como parejas―. Sí claro, debían estarlo, cualquier humano que les pusiera en frente era poca cosa.
―No me sorprende― le dije ―La gente hermosa siempre se queda con gente hermosa―. Jess hizo un puchero y rodó los ojos, yo trate de romper el hechizo de los inmortales para volver a mirarla a ella como si mi vida dependiera de ello. Alice esperaba en la puerta y me di cuenta que movía los labios rápidamente, seguro comunicándose con los otros, que extraño se sentía estar en medio de una conversación vampírica en plena cafetería.
―Como sea, todos viven juntos así que es extraño, no entiendo como los Cullen no piensan que lo es…―. Volví a mirar a Jess, ahora más consciente de que todas sus palabras eran escuchadas, al igual que sus pensamientos.
―Oh Jess, no es nada raro, en Phoenix pasa todo el tiempo―. Eso era claro una mentira, pero mi nueva amiga rizada nunca había salido de Forks así que poco sabía de lo que pasaba en las grandes ciudades. La pobre se quedó con la boca abierta, mirándome como si hubiera enloquecido de repente.
―Entonces, los rubios salen con los pelinegros ¿no? ― Ella asintió ― ¿Qué pasa con el pelirrojo gemelo de Henry Cavill? ―. Una comparación que había sonado brillante en mi cabeza, pero que fue terrible al mirar la cara de confusión de Jessica.
― ¿Quién es Henry Cavill? ―. Me preguntó, yo me encogí de hombros restándole importancia.
―Un actor inglés―.
―Ah, Edward, él es Edward Cullen y al parecer es demasiado para que alguna mortal ose ponerse en su camino―. Aquello tenía una gracia irónica que escapaba de Jess, pero que a mí me hizo sonreír ampliamente, volví a mirar a la mesa de los Cullen donde Edward sonreía también con la cabeza gacha, claramente estaba disfrutando esto. De un momento a otro su rostro se elevó rápidamente, más rápido que cualquier humano y clavó sus oscuros ojos en nosotros. Bueno si antes había tenido problemas para concentrarme, ahora definitivamente tenía problemas para respirar y pensar al mismo tiempo. No era posible que alguien así existiera.
Edward me miró por varios segundos, sus hermosas cejas uniéndose en frustración, ya sabía que intentaba penetrar el escudo mental que Bella llevaba encima. Yo aproveché para analizarlo, sin temor ante la presencia de sus hermanos, quienes podían detenerlo si las cosas se salían de control. Tenía mucho parecido con Cavill, aunque sus facciones eran aún más delicadas y finas, su nariz era más elegante, sus ojos eran más alargados, sensuales, como los de un felino. Su mandíbula fuertemente cerrada era de líneas claramente masculinas, parecía estúpido usar la frase "una mandíbula afilada" para describirlo porque eso le quedaba corto. Una parte remota en mi mente concluyó que Edward era el hombre perfecto, el tope de la evolución, la punta de lanza y que nadie iba a poder superarlo. La parte más consiente de mi cerebro me recordó que era justamente esa perfección la que lo hacía tan peligroso.
Cuando desvió su mirada volví a la tierra para escuchar como Jessica hablaba sobre el doctor y la señora Cullen, esta parte de la conversación no me interesaba en lo absoluto así que hablé, lo suficientemente alto para asegurarme que ella pudiera escucharme entre el palabrerío y a sabiendas que los vampiros estarían prestando atención.
―Entonces ¿el pobre tiene que ser mal tercio no sólo aquí, sino también en casa? ―. La risa de Emmett resonó por toda la cafetería haciendo saltar a algunos de sus asientos, sonriendo volví a mirar a su mesa y capté los ojos del grandulón mirándome con satisfacción, bueno al diablo la discreción, me dije, mientras les guiñaba el ojo.
―Edward puede tener a cualquier chica, creo que prefiere mantenernos alejadas―. Ah, Jessica se había incluido en el grupo, la desdichada.
―Jess, seguramente no tiene idea de cómo acercarse a alguien, imagínate lo mucho que lo han de presionar en su familia para que consiga novia, o quizá es gay, lo cual está bien, pero no es muy de la vibra de un pueblo pequeño― Le dije, acariciando su brazo para que su cara de sorpresa y rubor no la hiciera sentir mal, en el fondo pude escuchar de nuevo como Emmett reía.
―Pero dejemos de hablar de ellos Jess, necesito tu ayuda, estoy escasa de ropa linda de invierno y estoy segura que sólo tú sabes dónde puedo encontrar la mejor tienda de ropa de todo Washington―. Jessica cambió su mirada de horror por una de emoción.
― ¿Quieres que salgamos de compras? ―.
―Claro, entre más pronto, mejor―.
Al final las chicas de la mesa determinaron que el viernes por la tarde sería la mejor opción, tendríamos tiempo incluso de cenar después de las compras. Estuve de acuerdo en todo, cuidando la puerta en donde Alice y Jasper seguían esperando, para ver a Val, cuando por fin apareció apenas si la noté porque miraba a la hermosa chica de cabello corto que se recargaba en su novio con la mirada perdida. Oh, Alice estaba en el medio de una visión.
Me despedí de los todos en la mesa para poder ir hasta donde Val esperaba, estaba a punto de cruzar el marco de las puertas de cristal cuando me giré para mirar a Alice fijamente. Era una locura, sabía que era una locura, que me traería quizá más problemas que los que ya tenía, pero por el momento solo quería sobrevivir hasta el final del día y ya había insultado a Edward Cullen lo suficiente como para sentirme segura en su presencia. Alice ya se había recuperado, sus élficas facciones concentradas en la mesa de fondo, aunque sabía que ella consiente de que yo estaba mirándola y de que me acercaba.
―Hola― la saludé, Jasper a su lado se tensó, pero ella se giró para mirarme con una expresión entre divertida y curiosa ―Soy Isa, nueva, acabo de transferirme―.
―Hola Isa, nueva que acabas de transferirte, soy Alice y él es Jasper―. No sabía cómo era posible, pero su voz era aún más hermosa que sus facciones. A este punto a iba a terminar medio enamorada de todo el clan.
―Mucho gusto ― les dije, balanceando mi mochila con un hombre y abriendo la puerta de par en par con mi brazo libre, una ráfaga de viento lluvioso inundó la cafetería, llevando consigo mi aroma, pude ver como el rostro de Alice pasó de afable a preocupado en un instante ―Alice, es bueno hablar contigo, quizá puedas darme una mano, ya sabes, para lo que viene, tengo clase de Biología ¿hablamos luego? ―. Terminé tan rápido como pude, tropezando con mis pies como una tonta mientras me acercaba a Val.
― ¿Conoces a Alice Cullen? ―. Preguntó Val tan pronto como estuvimos en camino.
―No personalmente ¿y tú? ―.
―Estamos juntas en artes, es agradable―. Respondió Val encogiéndose de hombros.
Llegamos al salón a tiempo para poder entregarle al profesor Banner mi nota y para tomar mi asiento en la mesa que sabía compartía con Edward. La clase pasó lenta y tormentosamente, yo esperaba que en cualquier momento él responsable de mi incomodidad entrará furioso para atacarme, pero no pasó nada. Cuando el timbre sonó Val se acercó para recodarme que estábamos en el mismo horario de educación física, de nuevo me sorprendía que alguien como ella pudiera pasar desapercibida en el mundo de Bella.
Mike estaba fuera del salón, esperando quizá que yo estuviera sola, pero una mirada a Val lo dejó en su lugar. Casi me sentí mal por el chico, casi.
Educación física pasó sin pormenores, en México no había pasado por el trauma de tener que cambiarme de ropa frente a mis compañeras de clase, pero aquí, bueno, Bella no tenía el cuerpo de una modelo, sin embargo, mis viejos traumas hacían que el suyo fuera una pena menos. A pesar todo eso yo era bastante buena en los deportes, mi cuerpo era naturalmente diestro para todo lo que requiriera de coordinación, esperaba que alguien en Forks o cerca tuviera el sentido común de abrir un lugar de baile latino. Cuando todo terminó Val y yo caminamos juntas a la oficina administrativa donde Shelly me esperaba para recibir mi nota firmada y mi elección de extracurriculares.
― ¿Todo listo querida? ―.
―Shelly, tuve el día mas maravilloso de todos porque sabía que iba a verte al final―. La señora Cope recibió mi comentario con una sonrisa amplia y recibió mis papeles gustosa.
En el estacionamiento descubrí que mi nueva amiga manejaba un auto de modelo atrasado en un lindo tono canario y me ofreció llevarme al final de mi calle que le quedaba de camino a casa. Me negué por supuesto porque Charlie vendría por mí y no tenía la paciencia para ir a la oficina y llamarlo, eso sonaba como algo del siglo pasado, imposible de pensar en pleno 2022.
Al pasar los minutos me di cuenta que quizá, lo más acertado era esperar a Charlie por la avenida, así no tendría que perder el tiempo entrando y saliendo de un estacionamiento lleno de adolescentes. Caminé entre los autos, pero me quedé pasmada cuando me tope directamente con el volvo plateado, diablos, había sobrevivido todo el día para morir en medio del estacionamiento, en un punto perfecto donde nadie se daría cuenta si un vampiro guapísimo decidía dejarme vacía. Para mi sorpresa no fue Edward el que salió de detrás de una camioneta cercana, era Alice, venían siguiéndola los otros miembros del clan que me miraron fijamente; furia, desconfianza, curiosidad e intriga se veía claramente en sus rostros.
―Isa― Alice danzó para ponerse a mi lado, una nueva oleada de pánico me golpeó cuando ella me tomó suavemente del brazo, en seguida una oleada de tranquilidad me invadió, no lo suficiente para combatir con el terror que me consumía desde lo más profundo, pero sí para continuar caminando del lado contrario de donde los otros caminaban, como si el pedazo de metal fuera suficiente para protegerme. ― ¿Ya sabes que extracurriculares vas a cursar? ―. Estaba segura que ella ya sabía la respuesta a mi pregunta.
―Ah sigo pensándolo―. Una mentira blanca no cuenta ¿no?
―Bueno, si quieres una recomendación en el club de teatro siempre estamos buscando talento―.
Alice me dejó en mi caminar zombie, caminé arrepentida lo que quedaba del camino hasta la avenida principal, la nota en mi mochila, la que claramente describía mis materias extracurriculares: Taller de escritura, Lengua y cultura hispana y Teatro tan pesada como un montón de rocas o un ancla que me llevaban a mi destrucción. Ahí quedaba mi intento de permanecer en el lado indiferente de los Cullen.
