4. Cuello

Y ahí iban de misión con su molesto, terco e irritante destinado y algunos compañeros más.

No entendía porque le habían puesto un equipo de refuerzo. Él había votado por no tener compañía, ¡Joder era el poderoso Madara, líder de los Uchiha!

Pero ahí estaban, justo cuando salía de la aldea… Encontró a un equipo de tres ninjas esperándole y uno de ellos era Obito. Maldijo entre dientes. Sabía quien había hecho eso. Seguro que Hashirama en sus ansias de "ayudarle" y Tobirama había estado de acuerdo "para joderle", podía también imaginarse la cara de su hermano sonriendo travieso mientras estaba en acuerdo con esos malditos Senju. Si es que Izuna se había vuelto un traidor desde que llevaba el mordisco del albino y se abría de piernas para esa rata.

Maldito el momento en que fue pillado que había estado masturbándose en su casa por culpa del mocoso y se le ocurrió sincerarse con su menor creyendo que el código de hermanos, si es que existía tal cosa, le haría guardarle la confesión. Evidentemente Izuna Uchiha no le guardó el secreto. Jodido traidor… Y tonto él por confiar en su hermanito y por contarle todo respecto a lo que sentía por ese muchacho rebelde al cual estaba atado.

Gruñó frustrado, desde que conoció al cachorro esa era la sensación que le recorría; luego, cuando volvió, se sumaron otras a medida que transcurrían los días. Y él tendría que empezar a lidiar con ellas y a pensar seriamente sobre ese lazo que compartían con ese bocazas indomable. Pero estaba en negación, nunca se le había dado bien lidiar con las emociones y los omegas, tampoco con el descontrol de cualquier tipo; incluido el hormonal y sexual. Él siempre había poseído un gran control sobre si mismo, un control que por culpa de ese se desmoronaba.

Por un lado el joven Uchiha siempre había tenido algo que le había atraído y hecho que se fijase en él y no solo por lo prometedor que era como guerrero (si aprendía a obedecer y comportarse), ahora entendía porqué… Es por ser su destinado. Y si, le atraía y le excitaba y sentía la imperiosa necesidad de estar cerca suyo y cortejarle, pero… Por otro lado era Uchiha Madara y le gustaba tener todo bajo control, ¡Siempre lo había tenido todo bajo control!… Hasta que llegó Obito Uchiha. Y si encima, su omega era lo que menos podía tener bajo su control, además de las nuevas reacciones de su cuerpo, y que el maldito muchacho fuera incapaz de obedecer una orden, de aprender cual era su lugar en esa "relación" (que ahora no tenían), y en cambio siempre estuviera desafiándole… Le molestaba, le molestaba mucho y le ponía (según parecía), y esto le cabreaba aun más porque le demostraba como estaba perdiendo el control de si mismo. Pero esto último no pensaba reconocerlo, quedaría como el hazmerreir ante los demás clanes y alfas que le respetaban si veían que no era capaz de tenerse bajo control a si mismo, y menos a su pareja. Si veían que éste le desafiaba y retaba impunemente y que él aunque le cabreaba, también le excitaba tal comportamiento. ¡No! tenía que demostrarle a ese jovencito que no podía salirse con la suya, que no le dominaría a él, a un alfa, que no estaría comiendo de su mano ni babeando por él. Y que aun era capaz de controlarse. Y empezaría en esa misión, le demostraría que no le afectaba que estuviera allí… Ni le miraría.

…..

Gruñó cabreadísimo… Consigo mismo.

Había dicho que ni miraría al joven y ahí estaba… Mirándole. ¿Se podía ser más patético? Y aunque se decía a si mismo que apartaría la mirada, no podía, su deseo por mirar ese inmaculado, apetecible y blanco cuello era superior a su control. Reviraría los ojos si eso no significara apartar durante unos segundos la mirada de esa excitante vista.

Obito estaba dormido, en silencio y sin moverse, algo que parecía imposible en él. Si, le había visto dormir en otras ocasiones y el cachorro hablaba en sueños y se removía enérgicamente, así que eso era toda una novedad. Y él estaba en una posición elevada, más concretamente un árbol a unos metros del campamento, haciendo la guardia para evitar que les emboscaran o atacaran por sorpresa. Pero en vez de otear en todas direcciones, solo estaban sus ojos enfocados en ese níveo cuello que se apreciaba gracias al amplio cuello en la ropa de los Uchiha. Pasó saliva al sentir como mucha de ella se acumulaba en su boca y sintió sus colmillos crecer, deseando morder esa piel y marcarla. Y no era lo único que le había crecido… Resopló hastiado, por las reacciones incontrolables de su cuerpo… Aunque en realidad ya se estuviera tocando por encima la ropa.

–¡Tch!– Que molesto era todo eso.

Intentó detenerse en vano, para al final meter sus manos por dentro del pantalón y empezar a masturbarse mientras con su sharingan activo grababa con detalle cada milímetro de piel que apreciaba de su molesta futura pareja.

Por suerte nadie les emboscó esa noche, ni las que pasaron fuera en lo que duraba esa misión. Tampoco hubo ningún tipo de contratiempo y se cumplió el encargo a plazo y de forma satisfactoria.

Al volver a su hogar recibió una visita de su hermano, que le miraba con una sonrisilla mientras esperaba que le contara los detalles "escabrosos" (si, esa misma palabra usó).

–No pienso abrir la boca, hermano traidor.

–¡Ja! Eso significa que si ha pasado algo pues quien calla otorga.

"¡Maldita sea!" Gruñó.

Izuna le conocía demasiado bien.