5. Autocontrol
Llevaba unos días más agresivo, más instintivo, más que incontrolable… Su celo estaba cerca y por culpa de conocer y tener cerca al que era su omega, era incapaz de tener autocontrol. Joder su lado más primitivo, su pantera, estaba en frenesí. Nunca le había sucedido tal cosa.
Si, como alfa podía ponerse más agresivo y dominante durante los celos, mostrarse más apasionado y necesitado de contacto. Pero nunca a ese nivel de falta de control de sí mismo. Siempre, siempre, siempre se había jactado de tener un gran dominio de él mismo y de sus pasiones.
Gruñó de nuevo molesto consigo mismo.
Con todo lo necesario fue hacía su hogar, le tocaría encerrarse… Por primera vez en su vida. Nunca lo había necesitado… En anteriores celos estaba cachondo y necesitaba copular, pero nada serio… Un buen beta u omega para calmar esas primeras calores y necesidad y todo solucionado, eso sobretodo en sus primeros estros, luego ni eso era necesario, pasaba con un buen baño de agua fría y listos. Pero tal como estaba ahora… Imposible.
Le quería, le quería allí con él y follárselo y montarlo y anudarlo… Una y otra y otra vez hasta hacer desmayar al molesto, desobediente y rebelde de Obito. Enseñarle porque él era un alfa superior, su alfa, su macho.
Pero el muy capullo de su hembra aun no estaba preparado… Ni en eso le colaboraría y no le llevaría la contraria. El muy indómito aun era considerado un cachorro pues parecía no querer madurar sexualmente hablando… Su celo no llegaba y eso que llevaba tiempo amenazando en que si, tiempo en que su aroma le mostraba que tan cerca estaba de ese primer celo, de madurar legalmente hablando. Un celo que no terminaba de llegar nunca. Y así Uchiha Obito seguía siendo un cachorro a ojos de todos, un cachorro que era más alto que él… Para mayor molestia. O sea… No le bastaba al destino en darle un sigma bravucón, peleón, desobediente, retador y bocazas por compañero; sino que además ese sigma, su hembra, era más alto que él. Parecía que alguien quería burlarse de su sino…¿Que habría hecho en su vida anterior para merecer ese tormento? Si hasta su cuñado y su hermano se burlaban de él. La de veces que Tobirama mirándolo con cachondeo se había acercado a su omega, o sea Izuna, y le había puesto una mano en el hombro, demostrándole que era mucho más alto y corpulento que su omega, mientras le levantaba una ceja burlón y curvaba las comisuras de su boca. Y todo eso mientras Izuna se mordía los labios para no reírse en su cara malhumorada.
Luego llegaba Hashirama y les decía que no se burlaran.
–No os riáis de Mady… Miradme a mi, yo también soy más alto que Mito. Y no le veo problema a eso.
Pero eso no aplacaba a Madara… Ni a los otros dos, que entonces si se miraban cómplices y reían.
–Cabrones… –Mascullaba entre dientes el alfa Uchiha.
Y en eso iba pensando, en las ganas de coserles la boca a su hermanito y su cuñado mientras caminaba presuroso hacía su hogar con los suministros, y si mejor pensar en eso que no en lo cachondo que le ponía ese caprichoso de crío con el que estaba destinado a formar una manada. Pero parecía que la suerte no le acompañaba, pues su gran tormento apareció.
"Genial lo que me faltaba". Gruñó mientras su pantera arañaba en su interior desesperaba para hacer suyo al que era su hembra, sin importarle que no estuviera maduro aun para eso que pretendía hacerle.
Y encima el niñato le fruncía el ceño en molestia.
–No tengo tiempo para tus tonterías.– Le soltó pasando lo más alejado posible y haciendo gala del mayor autocontrol que pudo reunir en ese momento de creciente excitación y necesidad. Notó su pene endureciéndose del todo por culpa de oler el aroma de su futura hembra. –Joder tenía que cruzarme contigo…
Lo que Madara no vio por seguir su camino sin querer mirar al otro para no caer tentado, fue la mirada de dolor que cruzó esas facciones antes de mutar a absoluta rabia. Agacharse a recoger una piedrecita y lanzársela a la cabeza al que era su líder, pero al que no reconocía como a tal… No se merecía su respeto, no se lo había ganado tras su forma de tratarle.
–Espero que te retuerzas de dolor y quedes bien frustrado, gilipollas.
Madara se detuvo ante esa punzada en su cabeza. ¿Ese mocoso le había tirado una piedra? ¿Y encima le soltaba esas palabras?
Cabreado y excitado se giró… Su hembra necesitaba un escarmiento y le demostraría que era su macho y le sometería contra el suelo… Y le importaba poco que le faltara aun para ser considerado adulto. Era suyo para someter y para reclamar como pareja.
Rugió en alto mientras se lanzaba para capturarle. Le mordería y lo llevaría a su territorio donde le montaría mientras su celo durara. Por su culpa estaba así de necesitado y descontrolado… Que se hiciera responsable entonces, ya que tanto quería retarle y ser tratado como adulto. Sería tratado como adulto y encima podría intentar pelearle para que no le anudara, en vano… Ya vería ese mocoso.
–Me estaba controlando… Pero tu te lo has buscado… – rugió mientras saltaba.
Pero su maldito compañero había usado esa técnica y le atravesó. Reconocía que ese ataque había sido de todo menos el esperado para su capacidad táctica, pero estaba en celo (casi) y cachondo y… Su sangre no estaba precisamente en su cerebro en esos momentos.
Obito se carcajeó y cuando le miró airado, consiguiendo concentrarse y no ser tan caliente e instintivo, activó su sharingan para volver a intentar hacerse del joven… Pero Obito era más inteligente de lo que muchos pensaban y, activó su Kamui para desaparecer. Sabía que en el próximo ataque el alfa Uchiha no fallaría.
–¡Mierda de niñato! –En momentos como ese odiaba la capacidad del mocoso maleducado. –Ya me las pagarás ya.
...
Esos días de celo fueron los más duros y dolorosos que había sentido jamás. Se masturbó tantas veces que su piel terminó rozada y enrojecida, y en sus manos le salió algún callo y todo.
Cuando por fin acabó se sentía agotado, insatisfecho y más tenso que nunca. Necesitaba acción, necesitaba ir de misión y darles una paliza a cientos de enemigos o entrenar con todos los shinobis de la aldea para quemar ese cabreo que le recorría. En cambió fue a darse una buena ducha… Realmente era necesaria.
Oyó el timbre de la puerta y se anudó una toalla a la cintura.
–Hermano, te traigo…– Izuna se detuvo y se tapó la nariz.–Joder Madara, esto huelo a leonera. ¡Que peste! A ver si aireas… Durante un mes por lo menos.
Agarrando la bolsa donde su hermano le traía comida.
–Claro Izuna… Porque el lugar donde pasasteis el celo con tu alfa olía a gloria.– Él era el que se había ocupado el último día de ir a comprobar que ambos estuvieran bien o si necesitaban alguna cosa y el aroma que desprendía el lugar a sexo y a sus esencias era horrible. – O quizás olía a rosas…
Le soltó malhumorado. Solo le faltaban las burlas de su menor en esos momentos.
–Uy… Veo que no has pasado un buen celo.
–¿Qué te lo hace pensar? – Aunque la mirada de Izuna le hizo suspirar.– Lo siento, no es buen momento. Disculpa Izu.
–No te preocupes, le diré a Tobirama que te envíe a patear traseros. Lo necesitas.
–Gracias, y también por la comida… Estoy hambriento.
Pues si, ese había sido su peor celo desde que había presentado… Y todo era culpa de ese mocoso.
