Las chicas aman las compras, yo amo comprar cuando no es mi dinero
Para Bella
Te juro que valió la pena gastar dinero en un nuevo guardarropa, por cierto, me deshice de la falda caqui, ya me lo agradecerás después.
-La chica que usurpó tu cuerpo
Edward estuvo desaparecido el resto de la semana, estaba internamente muy agradecida con él por haber tomado esa decisión y esperaba que su estadía en Alaska se extendiera el mayor tiempo posible. Para los vampiros algunos años debían ser un parpadeo, bueno esperaba que él parpadeara muchas veces mientras se encontraba enterrado en la nieve con Tanya.
Mi semana fue lo más normal que podía ser una semana estando en la mira de Alice, la clase de teatro estaba reservada para el viernes y al final entre mis nuevas asignaturas a elección y las obligatorias el entrenador me permitió ausentarme dos días para acudir a mis clases extracurriculares. Para responder el favor me había hecho firmar como parte del equipo de voleibol femenil, según él era lo suficientemente buena como para tener con practicar de lunes a miércoles en la hora de educación física. Bueno, vayan ustedes a decirle eso a Charlie, el pobre hombre casi se había ahogado con las enchiladas de pollo al enterarse, me había mirado por primera vez como si sospechara que era un ser extraterrestre habitando el cuerpo de su hija, lo cual no estaría nada alejado de la realidad. Al final recordarle sobre nuestro viaje de pesca el domingo por la mañana fue suficiente para tranquilizarlo, le prometí incluso ir visitar de regreso a Harry y Billy en La Push. Aquello me permitió deslizar la noticia de mi viaje al centro comercial de Port Angels con Jessica, Angela y Val como si nada. Charlie conocía a los padres de Jessica y estaba de acuerdo en que la chica manejaba bien, nunca le había dado una multa así que tenía luz verde.
Que extraño era el considerar pedir permiso para hacer cosas que en mi vida real hubiera considerado como mi sola decisión, me pregunté qué pensaría mi madrina de AA de saber que ahora tenía que pedir permiso para salir, de seguro lo encontraría divertidísimo y una excelente oportunidad para practicar la tolerancia y el seguir sugerencias.
Ahí recaía otro de mis problemas, podía vivir una vida medianamente normal en la escuela, las chicas eran agradables, los chicos se mantenían alejados de mí por mi personalidad, Jessica y Val parecían llevarse bien a pesar de sus diferencias y Angela era divina con todos. Incluso la presencia peligrosa de los Cullen en la escuela, y los saludos y miradas de Alice en mi dirección eran cosas que podía dejar pasar, como si no estuvieran pasándome a mí personalmente, sino a Bella. Pero mi recuperación era un dato personal, mío, de mi vida real que me perseguía en esta realidad nueva y desconocida.
¿Podía tener un nuevo comienzo con el alcohol ahora que habitaba otro cuerpo? Bella no tenía historia de consumo en su familia, Charlie disfrutaba tomar cerveza, pero nunca demasiado. ¿Sería lo mismo conmigo? Ese era un pensamiento peligroso, ya lo sabía, era la primera lección que mi madrina me había dado al ingresar a la agrupación: Olvídalo jovencita, acabas de terminar con tu carrera de consumo, nunca lograrás ser un bebedor o consumidor social, eres una alcohólica en recuperación, desde ahora hasta que mueras. Llevaba unos cuantos días en este mundo y ya sentía la irremediable curiosidad de probar estos nuevos límites, ya pensaba que podía aprovechar la salida del viernes o incluso el sábado que sabía tendría completamente para mí.
Traté de ignorar esos pensamientos lo mejor que pude el resto de la semana, concentrándome en cambio en disfrutar de las interacciones sociales que podía. El martes aproveché la amabilidad eterna de Angela para que me acompañara al supermercado, ahí gasté el dinero que Charlie me había dejado para la comida en lo más cercano a gastronomía mexicana que un pequeño pueblo de américa podía ofrecer. Tortillas congeladas, pollo y cerdo, especias, salsas, arroz a montones, por milagro encontramos manteca, algo que hizo que las latas de frijoles, maíz y tomates fueran casi buenas. Mi primera clase de Taller de escritura fue un respiro en medio de la locura, aquí al menos podía escribir sobre una adicta que viaja a una realidad alterna sin problemas, diablos, hasta me felicitarían por mi creatividad. Gracias a mi amistad con Val conocí a May, una chica de ascendencia latina que también tomaba Lengua y cultura Hispana. Estaba tan feliz de estar con ella que la asusté un poco, tendría que medir mi emoción por semana para evitar verme como una lunática cada vez que nos encontráramos. Me era fácil olvidar que era una chica blanca por fuera cuando no captaba mi reflejo en algún lado, esos momentos en que olvidaba que estaba metida en el cuerpo de alguien más eran los más peligrosos.
De todos los días de locura lo mejor era llegar a casa y pasar tiempo con Charlie, disfrutaba mucho cocinando para él, adueñándome del personaje de hija amorosa con facilidad, quizá me resultaba tan sencillo porque no tenía un padre con el cual compararlo. En este mundo y en el mío Charlie era lo más cercano a un padre que iba a tener y diablos estaba aprovechándolo. Veíamos televisión, jugábamos cartas, platicábamos de su trabajo, de sus amistadas en La Push y yo lo incitaba pícaramente a que saliera con alguien, ya tenía el ojo puesto en unas cuantas mujeres del pueblo. Todo eso podía esperar claro, Charlie era muy lindo y quería disfrutar a mi pseudo padre egoístamente por un tiempo más. Tenía que escribirle más notas a Bella para aclarar que no deseaba robar a su padre. Sólo, bueno, sólo absorber lo más que podía la experiencia.
El viernes por la mañana me desperté temprano para tomar una ducha y preparar el desayuno para Charlie, estaba empacando su comida cuando él entró a la cocina.
―Buenos días Isa―. Charlie seguía diciendo el nombre como si no lo convenciera.
―Buen día papá preparé tu desayuno y tu almuerzo―. El pan tostado dio un brinco para indicar que estaba listo y sin dejar de sonreírle me apresuré a sacarlo.
―Gracias, no tienes que molestarte―.
―No hay molestia, eres mi papá y es un placer cocinar para ti―. Le tendí su lonchera repleta y me di cuenta de su incomodidad. Charlie me daba un poco de pena, no por su evidente extrañeza a las muestras sentimentales, sino porque recibir eso de su hija parecía dejarlo perplejo.
―Claro, ahm, gracias― Se rascó la nuca para evitar mirarme mientras tomaba su comida ―Hoy es el día que sales con tus amigas ¿no? ―.
―Así es, ¿algún consejo jefe? ―. Pregunté con la boca llena de pan tostado e indicándole la mesa donde descansaban sus huevos, pan tostado y café negro.
―Tengan cuidado, no regreses tarde, lo usual―.
―Excelente papá, no te preocupes―. Yo estaba acostumbrada a tomar café, pero a este cuerpo le estaba costando lidiar con las dosis de cafeína que para mi eran normales, tenía que conformarme con una mezcla de café y leche, reducido y dulce, que apenas si me despertaba, pero al menos no me provocaba arritmia.
―Preocuparme es mi trabajo Isa―. Charlie me miró con seriedad y un toque de cariño en sus ojos que me comprimió el pecho.
―Y es el trabajo más lindo del mundo―. Aquello volvió a ponerlo incomodo así que nos limitamos a terminar el desayuno en silencio, yo tenía que pensar atentamente en lo que se vendría el día de hoy. Los Cullen habían estado actuando más raro de lo normal para los estándares de Jessica, sentía sus miradas y su presencia por toda la escuela. No era estúpida, sabía que el espectáculo del lunes había provocado esas reacciones y que su desconfianza y curiosidad no debía sorprenderme. Sin embargo, era más sencillo pensarlo que vivirlo, todos eran demasiado, en una sola palabra, demasiado hermosos, demasiado perfectos, demasiado intimidantes y peligrosos. Alice era la única que dejaba ver sus intenciones de conocerme o analizarme de cerca con mayor intensidad, me dejaba perpleja y con la cabeza revuelta. No sabía que había cambiado de sus visiones con mi intervención, si ella seguía viendo un futuro como amiga de Bella o si yo me había convertido en un riesgo para su familia. Y también estaba Jasper, que no dejaba de analizar cada cosa que hacía cuando Alice aparecía, estaba segura de que en la mente del rubio yo era un claro riesgo, solo me quedaba esperar que los planes que él y Rosalie tenían para Bella en Sol de Medianoche no se aplicaran a mí. No importaba que no supiera lo que estaba pasando, morir no era una de mis opciones, no a menos que estuviera completamente segura de que morir me regresaría a mi vida.
Charlie se puso de pie sacándome de mis pensamientos, después de lavar sus trastos y los míos se acercó a la mesa para despedirse.
―Ten un buen día ―. Le dije anticipadamente.
―Nos vemos en la noche―. Comentó él y después, un poco inseguro, besó mi frente.
―Nos vemos papá, te quiero―. Charlie sonrió y salió de casa. Pensar que cuando todo esto regresara a la normalidad el pobre iba a tener a su hija emocionalmente lejana y torpe de regreso. A este paso tenía que dejarle escrito a Bella un instructivo sobre "Cómo ser mejor hija, para tontos"
Había olvidado lo aburrido que era tomar clases, en serio, el mundo pasaba con tanta lentitud y rutinario que todo se mezclaba en mi mente, apenas si tenía ánimo para fingir que no sabía exactamente lo que la profesora de español nos enseñaba. Sólo durante el almuerzo me sentí con la vitalidad suficiente para escuchar atentamente lo que Jessica parloteaba, me había excedido un poco al criticar la aversión que tenían Edward y Bella. Jessica no parecía ser mala, ni siquiera insoportable, aunque era bastante notorio que deseaba ser el centro de atención.
―Así que, vamos a ir al centro comercial, conozco unas tiendas lindísimas en donde podemos encontrar la mejor ropa Isa, te van a encantar―. Jess estaba lo suficientemente orgullosa de si misma ahora, parecía observar a todos los que nos rodeaban con inofensivo desdén, aún más cuando desde la mesa de fondo Alice nos miraba. Me estremecí cuando su mirada se clavo en la mía, ¿qué sabía Alice Cullen?
―No lo dudo Jess―. Le respondí disfrutando de mi segunda rebanada de pizza, la actividad física a la que me había sometido pareció despertar el apetito en este cuerpo, me sentía raramente eufórica y llena de energía en todo lo que no fuera sentarme durante horas en clase.
―Alerta de buitre―. Val me susurró y con un movimiento de cabeza señaló hacía Mike que se había puesto de pie de su lado de la mesa para venir a nosotras. Reprimí el impulso de girar los ojos o soltar un bufido, comprendía en cierto modo la atracción que los chicos sentían por este cuerpo, además de ser novedoso era un poco lindo, aunque bastante promedio.
―Hola chicas, hola Isa―. Era una lástima que Mike fuera lo suficientemente atractivo para llamar mi atención, pero hasta ahí llegaba todo sentimiento que pudiera inspirar.
―Hola Mike, ¿qué hay? ―. Respondí sin mirarlo, concentrándome lo mejor que podía en comer.
―Nada solo, venía a pasar un rato con ustedes― Jessica prácticamente brilló al escucharlo, más aún cuando el chico eligió sentarse en la silla vacía a su lado. ― ¿Van a ir a algún lado después de clases? ―.
―Salida de chicas Mike, no creo que te interese―. Val contestó antes de Jessica tuviera oportunidad de decir algo, gracias al cielo.
―Ah, solo decía porque están estrenando La tierra de los muertos vivientes y pensaba que…―.
―Ugh no Mike, no cuentes conmigo, no me gustan las películas de terror― Contesté con la boca llena, dejándome caer en el respaldo del asiento para estar lo más posible de él, si podía evitar todo el drama con los chicos sin tener que rechazarlos abiertamente le haría un gran favor a Bella. ― Jessica ¿no era esa la película que querías ver? ―.
Jessica, la pobre, me miro confundida. Su falta de perspicacia me resultaba casi graciosa.
―Ah, no, no sé ah sí, sí claro, era esa―. Al menos se había dado cuenta antes que fuera demasiado obvio, a su lado Mike se mostró visiblemente decepcionado y deseé con toda mi alma que la repentina confusión y timidez de Jess la privaran de notarlo.
―Perfecto, deberían aprovechar―.
Val a mi lado se puso de pie, seguramente queriendo evitar la escena.
―Vámonos Isa, llegaremos tarde a Bio, Angela―. Las dos nos pusimos de pie para seguirla, Angie era tímida, pero linda y dejó que me colgara a su brazo mientras caminábamos, estábamos ya a unos metros cuando Jessica gritó.
― ¡Nos vemos en el estacionamiento! ―.
―Claro Jess―.
En el pasillo Val se giró para caminar de espaldas y mirarme fijamente. ―Muy discreta―.
―Ugh cállate, solo quiero que Mike se dé cuenta de lo obvio―. Le respondí apretujándome más junto a Angie, como si ella pudiera protegerme de la mirada sabelotodo de Val.
― ¿Y lo obvio es? ―. Preguntó con una ceja inquisitiva, cómo era posible que siguiera caminando sin problemas, ni siquiera se desviaba del centro.
―Que YO no voy a salir con él y que Jessica es una chica hermosa y simpática―. Angie soltó una risita baja a mi comentario.
Val se giró para caminar decentemente y masculló un ―Bien―. Satisfecha.
Biología era una clase semi interesante, más porque el profesor Banner insistía en inscribirme en el club de química. Club que por cierto no tenía créditos, ni siquiera contaba como actividad extracurricular. Era un club por amor al arte y eso lo hacía tanto menos atractivo. Al final de la clase Val me llevó casi a rastras al edificio más recóndito de la escuela, donde se impartía la clase de teatro. Estaba cien por ciento segura de que nada de esto se había mencionado en los libros, a Bella parecía no importarle en lo más mínimo las materias extracurriculares. Totalmente comprensible cuando su horario ya estaba repleto de clases avanzadas. Dios, era toda una nerd.
― ¿Estás segura de que vas a estar bien en teatro?, no tienes que quedarte si no quieres―. Val preguntó cuando llegamos a la entrada del viejo edificio, probablemente el más viejo de todo el lugar.
― ¿De qué hablas?, me inscribí a teatro porque tengo un talento innato para la actuación―. Contesté, sonriendo de mi broma personal. No perder la cordura mientras vivía en el cuerpo de Bella Swan sin serlo me debía una nominación al Oscar.
―Isa, me gusta pasar tiempo contigo y todo, pero he visto la manera en que te pones cada vez que Alice Cullen se acerca a nosotras, ¿estás segura de que está todo bien? ―.
Esta vez no pude evitar una mueca, creía que estaba siendo discreta al disimular mi aversión a Alice o a todos los Cullen en general. La sensación fantasma de atracción que provocaban no dejaba de gritarme el peligro real que representaban, sin saber qué eran era fácil tomarlo solo como una reacción natural a su belleza grácil y perfecta.
―Ah, claro, claro, no te preocupes por eso―.
Si ella tenía algo más que decir, no la deje continuar. El edificio había sido acondicionado para albergar el pequeño teatro de la escuela, un pasillo largo que corría por todo lo ancho del lugar nos recibió, eran notorios los salones y oficinas sin uso porque permanecían firmemente cerradas con candados en lugar de chapas. Solo tres puertas permanecían abiertas, dos de ellas tenían pasillos que llevaban a lo que suponía era la parte trasera del escenario y la de en medio, doble, permanecía abierta de par en par. El teatro tenía apenas diez filas de asientos, unas cuantas sillas plegables descansaban en las paredes y en las esquinas, al fondo, entre el minúsculo escenario y los asientos se encontraba ya un grupo de estudiantes. Reconocí a algunos de las clases que tomaba, a otros de la hora del almuerzo y otros me eran desconocidos, solo Alice Cullen resaltaba como un moretón entre todos. Gracias al cielo Jasper no estaba con ella.
Val y yo nos sentamos en la primera fila, lo suficientemente cerca de los demás para que ella hiciera las primeras introducciones, por primera vez desde que llegué a esta realidad sentí un espasmo de nervios y ansiedad por conocer gente nueva, no podía ignorar la mirada penetrante de la Cullen bajita. Después de unos minutos de absurdo nerviosismo una profesora hizo acto de presencia, tenía el cabello negro largo, lo suficiente para que rozara su espalda baja. Era alta, pálida y extravagante, con un vestido largo de color oscuro y ojos negros penetrantes. Llevaba los brazos cubiertos con pulseras y dijes, que sonaban cada vez que se movía. Era un cliché del teatro andante, el perfecto personaje de libro que le hacía falta a esta realidad. De nuevo me pregunté cómo era posible que Bella no se diera cuenta de ella. La profesora Davies, como Val me había indicado, saludó al grupo entusiasmadamente y fijó su mirada en la mía con fingida sorpresa. En seguida alzo sus manos en mi dirección para indicarme que me acercara al centro del círculo que los demás habían formado.
―Bienvenida, quieres presentarte―. Dijo como una afirmación, no una pregunta. Con el ceño fruncido me posicioné en el medio, me incomodaba la forma en la que me miraba, no como Alice, que intentaba descifrarme. La profesora Davies me miraba como si supiera exactamente quién era y lo que estaba haciendo en este lugar.
―Ah okay, aunque estoy segura de que ya todos saben quién soy―. Respondí con una risita incomoda, los demás me miraron afirmativamente, incluso los que desconocía.
― ¿Lo sabemos? ―. Pregunto la mujer, llevando sus manos a su pecho y haciendo sonar las pulseras. Recorrió al grupo con la mirada, descansando brevemente en el rostro de Alice antes de mirarme de nuevo.
―Ahm, ahora empiezo a dudarlo― Sonreí, tratando de quitarle importancia. ―Soy Isa, vengo de Phoenix―. Era lo más breve de mi currículum, lo más seguro que podía compartir, lo que haría todo menos raro al momento de volver a mi cuerpo y al regreso de la Bella original.
―Isa, hermoso nombre― Comentó ella, sus ojos momentáneamente soñadores. ―Dinos Isa, ¿por qué te uniste al club de teatro? ―.
―Bueno, siempre me ha gustado el teatro, que mejor manera de disfrutarlo que literalmente hacerlo―. Y qué mejor manera de pretender ser alguien más que entrenar en un lugar seguro como el teatro.
―Fabuloso, bienvenida seas a nuestro humilde lugar seguro, el club de teatro de la preparatoria Forks, estamos en vísperas de preparar las audiciones para nuestra próxima puesta en escena, ¡repasemos el programa de actividades chicos! ―.
El grupo se puso a la acción de inmediato. Hice todo lo posible por mantenerme útil mientras se discutía sobre roles, actividades, panfletos y guiones por revisar, ya habían elegido una obra de un autor alemán que no soñaba con pronunciar correctamente. De acuerdo con Val era una obra oscura, nacida del contexto pre segunda guerra mundial, que criticaba el extremo de la política, la guerra y la miseria en la que población vivía. El grupo había usado las primeras semanas de clase para adaptarla un poco, cambiando algunos datos para que el público americano pudiera disfrutarla. Yo dudada que cualquier persona en el pueblo, excluyendo tal vez a los Cullen, tuviera la sensibilidad para disfrutar una obra así.
Mientras los demás trabajaban en diferentes partes de la escenografía, Val y yo nos dedicamos a leer la obra, las audiciones comenzaban en dos semanas y ella quería asegurarse de obtener el papel principal. Yo aproveché el tiempo para descansar, fingiendo leer la obra en mis manos mientras pensaba en todas las cosas que me hacía falta tener si mi estancia en esta realidad se prolongaba.
La profesora aprovechó un momento de silencio repentino para alzar los brazos y cantar en voz alta una tonada extraña, los chicos ni siquiera se giraron para mirarla, Val continuó repitiendo diálogos en voz baja sin dejar de mirar el papel.
―Interesante―. Murmuré cuando la mujer continuó dando instrucciones.
―Quisiste decir que está chiflada, pero sí, es interesante―. Comentó Val en voz baja con una sonrisa, la miré de reojo un poco sorprendida de ver cariño y quizá un poco de admiración en su expresión mientras miraba a la profesora.
Estaba tan enfrascada en analizar eso que no me percaté de que Alice Cullen se acercaba, solo hasta que tu pequeña figura estuvo frente a mí.
―Isa, hola, me da gusto verte―. Una oleada de pánico fresco me invadió, los ojos dorados de Alice eran tan brillantes que parecían absorber toda la luz del lugar.
―Hola Alice, gracias―. Dije entre dientes, con un zarpazo de culpa. En esta historia estaba destinada a ser la mejor amiga de Alice, pero por ahora no podía sentirme segura en su presencia.
―Bueno, tomaste mi sugerencia―.
―Sí, fue una buena sugerencia―. No tenía idea de que más decir así que regresé mi mirada a la obra en mis manos, era grosero no intentar hacer conversación con ella, lo sabía, y a pesar de sentirme mal por eso no podía evitarlo.
―Por cierto, espero haber sido de ayuda el lunes, fue un gran alboroto―. Un nuevo escalofrío me recorrió al recordar lo cerca que había estado de morir el lunes, me alegraba el evitar mi encuentro o más bien postergar mi encuentro con Edward.
― ¿Alboroto? ¿Pasó algo? ―. Val preguntó de repente, levantando la mirada de su copia y fijándola en el rostro impasible de la Cullen.
―No, no, Alice se ofreció a llevarme a casa también―. Me apresuré a responder, esperaba ganarme puntos para no ser vista como amenaza al tomar el tema tan a la ligera. Que ellos se dieran cuenta que no había ido por la toda la escuela contando a los cuatro vientos que los Cullen eran peligrosos.
―Ah―. Comentó mi amiga con el ceño fruncido, no completamente segura, quizá, de lo que le había dicho. Val era demasiado perceptiva para su propio bien.
―Sí, llevarte a casa sana y salva―. Alice se acercó un poco para darme un codazo amistoso en el hombro, aunque sabía que usaba solo el mínimo de su fuerza y que, tal vez, intentaba medir las aguas conmigo no pude evitar rehuir su contacto. Estaba helado, como tocar un tempano en medio de un lago congelado en pleno invierno en el ártico, o sin tantas hipérboles, era solo frío, innaturalmente frío.
―Claro, lo bueno es que mi papá sabía exactamente dónde encontrarme, hubiera armado un gran alboroto si yo no hubiera estado donde le dije que estaría―. Comenté, fijando mi mirada en la de ella. De nuevo me pregunté qué sería capaz de ver Alice en mi respuesta, en mi tono, ¿se daba cuenta con facilidad de lo mucho que me aterraba su presencia?
Ella solo me regresó la mirada con muda diversión, seguía teniendo el mismo aire de curiosidad y precaución. Su sonrisa, sin mostrar los dientes, era igualmente precavida y burlona, sin maldad, como si supiera algo que yo no sabía. Quizá lo sabía.
― ¡Por supuesto! Todos los padres se preocupan, pero el jefe de policía no tiene de que preocuparse― comentó suavemente, encogiéndose de hombros. ―El lunes, ¿te gustaría que te diera un aventón? ―. No sabía que respuesta esperaba, ansiosa me giré para mirar a Val que observaba la escena con la cabeza inclinada.
―No, no, no es necesario, ¿Val? ―.
― ¿Ah? Ah sí, yo voy a dejar Isa en su calle―. Val a mi rescate era mi Val favorita.
― Magnifico, ¿les gustaría salir a pasear entonces? ―. Alice juntó sus manos en su espalda y se alzó de puntillas varias veces expectante. Era tan linda que casi me hacía olvidar lo mucho que debía temerle.
―Oh―. Fue lo único que pude decir. Alice pareció notar mi negativa en el aire porque miró a Val fijamente de repente, algo en sus ojos cambió, seguían siendo hermosos, dorados y perfectos, pero había algo más, algo en la forma en que el aire se movía a su alrededor, en su aura. El dorado parecía gritar con todas sus fuerzas una orden.
―Seguro, nos ponemos de acuerdo―. Contestó Val, sacándome de mi análisis. La miré sorprendida y ofendida por su respuesta.
―Genial―. La bajita se giró grácilmente y se alejó de nosotros con saltitos.
― ¿Qué fue eso? ―. Le pregunté a Val en cuanto estuve segura de que Alice estaba fuera de vista, aunque estaba segura de que sería capaz de escucharnos, aunque estuviéramos en el estacionamiento.
― ¿Qué fue qué? ―. Respondió Val, con la mirada pérdida. Se dejó caer un poco en la pared y noté que estaba tan pálida como, bueno, como un vampiro.
―Eso, aceptaste sin siquiera preguntar, ¿estás bien? ―. La palidez rápidamente cambió a un noto verde grisáceo que me preocupó.
―Ah yo, estoy algo mareada, voy a sentarme Isa―.
―Okay, voy contigo―.
Nos pasamos el resto de la clase sentadas en el fondo del teatro, Val con la cabeza entre las piernas intentando respirar profunda y tranquilamente mientras las nauseas y el mareo pasaban. No cabía duda de aquello debía ser resultado de lo que sea que Alice había provocado. No sabía que era capaz de hacer eso, aunque quizá aquello no había sido importante para Bella. Nuevamente mi compañera de cuerpo me dejaba en la nada. Val se veía mejor cuando nos dirigíamos al estacionamiento para encontrarnos con las chicas, pero seguía teniendo una expresión de molestia y reprensión en el rostro, no quería abrumarla con mis comentarios así que decidí mantenerme callada por el momento, podía esperar para obtener respuestas. Necesitaba, seriamente, comenzar a poner en papel todo lo que estaba pasando, para futuras referencias o para salvarme el pellejo si llegaba a necesitarlo.
― ¿Listas? ―. Preguntó Jessica mientras se recargaba en su auto, estaba sonriendo de oreja a oreja, la primera vez que la veía genuinamente contenta en una situación donde no estaba rodeada de los demás estudiantes.
― ¡Más que lista! Espero que tengas música decente Jess―. Comenté acomodándome en el asiento del copiloto.
―Siempre tengo buena música―. Como para dejármelo claro encendió la radio con confianza, la voz de Gwen Stefani inundó el pequeño auto, en el asiento de atrás Val dejó salir un silbido de apreciación.
―Hey, me gusta está canción―. Dije sorprendida, extrañaba muchas cosas de mi vida real y la música estaba en los primeros lugares, después de mi familia claro. Olvidaba que yo también había crecido escuchando la música de principios del 2000. Mis hermanas mayores, adolescentes en el momento, me habían introducido al mundo MTV. Aunque no conocía todas las canciones podía fácilmente reconocerlas, me sentía como en una película de principios del siglo XXI, libre, contenta y joven. Era maravilloso y a pesar del aire frío y húmedo decidí bajar la ventanilla para cantar a todo pulmón junto con Jessica a la melodía de Britney Spears. Cuando llegamos al centro comercial mi cara estaba mediamente congelada, pero me sentía tan eufórica que no me importó.
La tienda de ropa a donde Jessica nos llevó tenía toda la moda del momento que yo odiaba: blusas de tirantes con olanes en el torso, lentejuelas, jeans de corte a la cintura y balerinas. No pude evitar la cara de disgusto al ver todo eso y me apresuré a la parte más oculta de la tienda donde seguramente podía encontrar un poco de moda callejera, mucho más cómoda o quizá algo goth. Val y yo estabamos revisando un rack de tonos oscuros y cuero cuando Jess se colocó a mi lado sosteniendo unos jeans blancos con piedras.
―Mira Isa, éstos te quedarían perfectos―. Hice una mueca
―No lo sé Jess, ¿no hay uno con corte a la cintura? ―. Jess me dio una mirada de disgusto, pero continúo cazando prendas por toda la tienda que más o menos se acercaban a mi gusto. Bella tenía un cuerpo bonito a pesar de ser tan delgada, además empezaba a notar que mis incursiones en la comida y ejercicio estaban haciendo maravillas.
Al final conseguí algunos conjuntos, un regalo para Charlie y una bonita chaqueta de cuero negro, varonil y cálida que me iba de maravilla, incluso Angie elogio mi elección cuando salimos de la tienda. Aún quedaba bastante del dinero de Bella y no pude evitar sentir una oleada de satisfacción al comprar con dinero que al final no me pertenecía.
Estábamos en una tienda de zapatos, eligiendo entre un par de zapatillas converse y unas botas estilo combate cuando decidí comentarle algo a Val.
― Así que el lunes salida con Alice Cullen ¿eh? ―.
―Sí, yo, lo siento, debí preguntarte antes, es sólo que, me quedé en blanco―. Contestó ella con una mueca de disgusto.
―No hay problema, creo que los Cullen tiene ese efecto―. Me encogí de hombros, luciendo ambos modelos en el espejo de la tienda para saber cuál se veía mejor. Los converse eran cómodos y me salvarían de muchas situaciones, pero las botas eran cálidas, duraderas y me protegerían de la lluvia.
Val se había quedado quieta detrás de mí, sus enormes ojos azules observándome por el espejo como si quisiera descifrar exactamente a qué me refería.
― ¿Los Cullen? ―. Jessica a apareció de repente a mi lado, sosteniendo un par de botas altas con un tacón peligrosamente largo.
―Sí, vamos a salir el lunes con Alice, y tú y tú están claramente invitadas―. Le dije, señalándola a ella y a Angie.
―Los lunes cubro a mi hermana en la farmacia―. Comentó la segunda, ella traía unas lindas sandalias en las manos. Lindas, pero definitivamente no mi gusto.
―Suertuda―. Dije entre dientes eligiendo el par de botas que Jess traía consigo para probármelas.
― ¿Salir con Alice Cullen? Estás bromeando ¿verdad? ―. Las botas me quedaban fantásticas.
―Nop―. Dije en voz baja, apreciando la forma en que las piernas de Bella se moldeaban en los tacones altos. Agradecía al cielo que sus problemas de equilibrio no se hubieran quedado en su cuerpo, porque definitivamente quería este par.
―Lo decimos muy seriamente Jess―. Val dijo mientras asentía a mi forma en el espejo aprobando las botas.
―Wow, ¿a dónde iremos? ―. La rizada preguntó mientras le señalaba a la dependienta las dos cajas que ya tenían mi visto bueno, definitivamente iba a terminar con la pequeña fortuna que la dueña de este cuerpo había conseguido.
―Qué se yo―. Le dije sin ganas, si Alice tenía tanto dinero como yo pensaba podía llevarnos a pasear un fin de semana a Las Vegas. Tal vez después, si podía superar mi aversión, le pediría un viaje todo pagado por Europa.
Salimos de la tienda con más bolsas de las que podía cargar, llegamos al primer piso del centro comercial donde Jess nos había dicho que estaba la mejor heladería del mundo, lo dudaba. Mientras caminábamos me di cuenta de la tienda de música, la única que había visto en todo el pueblo, no pude evitar una sonrisa tonta, música estaba entre mis pendientes por conseguir.
―Hey, voy a entrar ahí, nos vemos en un rato―. Las chicas me miraron como si quisieran saber si debían acompañarme, no quería que se sintieran obligadas a nada y ya las estaba haciendo cargar mis bolsas.
― ¿De qué sabor quieres tu helado? ―. Gritó Jess cuando ya estaba a medio camino, las pocas personas a nuestro alrededor se giraron para verla con desaprobación. Ugh a este lugar le hacía falta mucha más energía juvenil.
― ¡Café y chocolate! ―. Respondí gritando también y disfrutando de las caras de molestia de los otros.
La tienda era amplia y estaba repleta de estantes, para mi sorpresa y satisfacción. Me acerqué al mostrador donde una mujer rubia con labios rojos atendía la caja registradora, al verme dejó de leer lo que suponía era una novela romántica para darme una sonrisa amable.
―Hola, bienvenida a sound and rhythm, ¿puedo ayudarte con algo? ―.
―Hola, sí gracias, ¿tienes algo de música en español, latina? ―. Crucé los dedos esperando lo mejor de un centro comercial en el medio de Washington.
―Sí, tenemos una sección especial, está al final del pasillo izquierdo―. Me indicó señalando con el dedo hacía el final de la tienda.
― ¡Gracias! ―. Respondí avanzando ya rápidamente, esperaba encontrar algo bueno.
El estante no era tan grande como los otros en el resto de la tienda, pero la colección era bastante amplia, incluso tenían una lista de discos con éxitos por décadas. Sentí un nudo en la garganta al leer los nombres de artistas y canciones que claramente reconocía, quería llevarme al menos unos cinco para tener suficiente. No sabía si la vieja computadora en la habitación de Bella sería suficientemente fuerte para soportar descargas ilegales así que quería asegurar la mayor cantidad de música posible.
En mi enfrascamiento no noté la figura bajita que de repente estaba a mi lado.
― ¿Isa? ―. No pude evitar el saltito de sorpresa, ni tampoco el latir acelerado de mi corazón cuando me enfoqué en esos ojos dorados, nariz pequeña y respingada y sonrisa sin dientes. Etérea y hermosa.
― ¿Alice? ―. Esto ya era el colmo de acoso, creía que Edward era el único de la familia que actuaba así.
― ¡Ah!, que sorpresa ―. Comentó ella, dando un saltito y juntando las manos a pesar de llevar una canasta. Como si aquello de verdad la sorprendiera, como si seguramente no lo hubiera visto en sus visiones.
― ¿Qué haces aquí? ―. Pregunté entrecerrando los ojos, incomoda en el espacio reducido en el que nos encontrábamos.
―Buscaba un álbum, mi hermano es un nerd de música―. Ah claro, que excusa más patética. Rodé los ojos sin evitar el tono sarcástico de mi comentario.
―Ah, claro, lindo, ¿qué compraste? ―. Tomé unos cuantos álbumes del estante para dejarlos en mi canasta.
―Una recopilación de música clásica―. Por supuesto, Eddie no podía escuchar algo más cercano al siglo en que nos encontrábamos, si algo bueno salía de esto iba a introducirlo en las maravillas de la música contemporánea.
―Cool, espero que incluyeran a Tchaikovsky―. Le dije, eligiendo entre algunas piezas de música que se encontraban al final de la fila de éxitos en español. Uno disco era de la Oreja de Van Gogh, hacía años que no escuchaba esa banda.
― ¿Te gusta Tchaikovsky? ―. Preguntó ella acercándose para observar lo que llevaba en la canasta, aunque estaba segura de que podía claramente observarlos desde donde estaba, demonios seguramente sabía que elegiría desde hacía días.
―Sí, ¿a quién no? ―. Le comenté echando un vistazo a mi canasta para saber si tenía lo suficiente, al menos por el momento.
― ¿Música latina? ―. Alice inclinó su cabeza en un gesto tan tierno que no pude evitar sonreír, parecía insegura de mi decisión y me di cuenta de que debía intentar descifrarme de nuevo.
―Me recuerda a casa―. Ella asintió no muy segura y juntas caminamos hasta la caja registradora, un pensamiento intrusivo me hizo parar un poco en la zona de rap, qué si Alice intentaba pagar por todo lo que tenía. Deseché la idea al verla dirigirse a la caja para pagar sólo el contenido de su canasta, casi decepcionada de no poder librarme de pagar esto por mi misma. Tenía que ir al banco antes de salir del centro comercial, me negaba a depender de lo que otros podían darme, necesitaba hacer dinero rápido. Más aún cuando agregué a mi lista de compras un disman para poder escuchar los discos y un reproductor MP3 que parecía más una reliquia de mi tiempo que una novedad como la mujer de la tienda había dicho.
―Bueno Isa, tengo que irme, pero nos vemos el lunes―. Comentó cuando salimos de la tienda.
―Okay, nos vemos Alice―. Le dije aprovechando la oportunidad para alejarme de ella.
―Oh Isa, por cierto, deberías usar azul más seguido, te queda bien―. Ugh a Bella le quedaba bien, pero no quería ser mas grosera de lo que ya había sido con ella así que asentí distraídamente.
―Gracias―.
― ¡Adiós! ―. La bajita se alejó hacia la salida, Jasper en ningún lugar cercano, lo cual probablemente era lo mejor.
Las chicas me esperaban con mi helado, decidimos descansar un poco antes de dirigirnos a la tienda de cosas del hogar donde compré un par de cortinas gruesas de color gris, una tienda de maquillaje a la que Jessica y yo nos acercamos emocionadas y por último el banco. Gracias al cielo por las cuentas rápidas, solo tuve que mostrarle al chico mi identificación y depositar un par de cientos en la cuenta para poder tener una tarjeta y una cuenta virtual. Salimos del centro comercial con más bolsas de las que podíamos cargar, Jess y yo riendo como tontas mientras presumíamos nuestros lentes de sol en un día claramente nublado.
― ¿Qué les gustaría cenar? ―. Preguntó ella cuando entramos en el auto, después de acomodar todo lo que traíamos en la cajuela.
―Hamburguesas―. Respondí rápidamente.
―Sí por favor―. Dijo Val en el asiento trasero.
― ¿Y tú Angie? ―.
―Hamburguesas está bien―.
La cena estuvo deliciosa y mi nuevo cuerpo agradeció la maravilla de calorías que me embutía. Jessica condujo de regreso a Forks con la música lo más alto que se podía, tenía una linda voz y me agradaba escucharla mientras el paisaje se oscurecía por la ventana. Llegamos primero a la casa de Bella porque quedaba de camino, así que todas me ayudaron a bajar las cosas y dejarlas en el porche, me despedí de ellas con un abrazo y la promesa de que hablaría con Jess el fin de semana para indicarle como me quedaba cada pieza de ropa.
―Hola papá―. Dije al entrar a la casa, la patrulla de Charlie estaba en la entrada.
―Isa, hola, qué tal estuvo tu salida―. Preguntó él desde el sillón, estaban pasando la repetición de un juego en la televisión y había una cerveza en la mesa de centro, salivé de solo verla.
― ¡Excelente, te compré algo! ―. Le dije para distraerme mientras buscaba entre el mar de bolsas en el piso para sacar su regalo y colocarme el mío.
― ¡Mira! ―. Charlie se giró completamente para mirarme y sonrió con suavidad, sus ojos entrecerrándose en el proceso. El aire se me quedó atorado en el pecho de solo verlo.
―No era necesario hija―. Dijo observando con cariño el sombrero de pesca que sostenía y el gemelo que ya llevaba puesto.
―Era muy necesario, además conseguí uno igual para mí, así estaremos igual el domingo―. Comenté señalando a mi cabeza y sonriendo como boba.
Esa noche mientras colocaba las cortinas y aseguraba las ventanas lo mejor que podía no pude evitar sentirme un poco mal por Bella. Lo mejor que le había pasado era encontrarse con los Cullen, conocer a Edward, enamorarse y en lo posterior casarse con él para tener una rara familia vampírica. Y yo no podía estar menos interesada en eso, lo único que quería era vivir, vivir con la libertad de una vida que no me pertenecía, donde las consecuencias no eran tan reales como en mi realidad. Podía hacer dinero fácil invirtiendo en compañías que sabía triunfarían en el futuro, podía viajar por todo el mundo sin nada que me atara, podía estudiar lo que quisiera, salir con quien yo quisiera y quién sabe volver a probar el alcohol sin ninguna consecuencia mayor. A pesar del cielo encapotado la noche era clara y pude observar el limite del bosque, me pregunté si Edward ya estaría de regreso de Alaska, si sus hermanos ya estarían aconsejándole o si Alice ya les había dicho a todos lo que había aprendido de nuestros encuentros. Esperaba que me dejaran continuar con esta nueva oportunidad en libertad, poder mantener al margen de sus vidas hasta graduarnos.
Un escalofrió me recorrió con el pensamiento, no esperaba durar tanto en este mundo, tenía que encontrar la manera de volver, tenía que buscar en donde pudiera. Física cuántica, teorías de realidades alternas, alucinaciones, viajes astrales o magia, lo que fuera, debía regresar a mi vida y me asustaba darme cuenta de que por ahora solo deseaba disfrutar.
NA: Hola! que hermoso es regresar, disculpen la demora. En mi defensa he tenido mucho trabajo y después de unos días de auditorías lo último que quería era llegar a casa a escribir. Pero ahora estoy aquí y soy feli'!
Empezamos con lo importanteeeee, Isa no quiere tener una relación con los Cullen, pero bueno algunas cosas son inevitables. Jessica no es tan mala en mi historia, Val tiene secretos y no voy a apegarme mucho al canon, sorry not sorry.
Lxs quiero un montón 3
