6. Ofrenda
–Madara, esto no puede seguir así.– Levantó la cabeza al escuchar que le nombraban.
Un algo enfurruñado Hashirama le estaba reclamando o regañando, si le llamaba así es que era algo serio o estaba molesto. Por el rostro severo era lo segundo.
–¿Qué te pasa?– Su celo había pasado hace ya una semana. No lo había pasado nada bien… Era su peor celo de lejos. ¿Y de quien era culpa? ¡De ese maldito mocoso!
–No puedes seguir así.– Le levantó una ceja sin entender al Senju.– Con Obito, tonto.
–Y es culpa mía por…
–¡Por como le tratas! Cuando fue tu celo por ejemplo… Fuiste muy cruel con el muchacho. Y siempre le miras frunciéndole el ceño con esa cara de culo y usando tu voz de ogro.
–Es mi cara y es mi voz, Hashirama.– Ahora fue su turno de mirar con molestia al omega Senju por esos insultos ofensivos.– Y es ese maldito crío el que se muestra siempre malcriado y desobediente.
–No es tu cara y tu voz…– Reflexionó unos segundos.– O no del todo. Con él eres más estricto y siempre estás ordenándole.
–¿Pero tu has visto como se comporta? ¿Qué falta de respeto? Es tan… Exasperante.
–Es joven y con mucha energía… Pero es tu pareja, no tu esclavo o tu criado o uno de los hombres a tu mando. No, a ellos los tratas con más respeto.
–Porque ellos saben cual es su lugar y saben que se espera de ellos a cada momento.
–Obito es un gran shinobi, es inteligente, es divertido, es bueno con los que necesitan ayuda, es atractivo, tiene sus propios sueños y es tu pareja. ¡Pareja, Madara!
El Uchiha reviró los ojos.
–Y cuando llegue el momento le marcaré, me aparearé con él y listos. Y espero que para ese entonces aprenda algo de respeto.
–Por kami… ¿Te estás oyendo? Tienes un mejor amigo omega, yo, y un hermano omega… Y en cambio parece que seas un maldito idiota que cree que no servimos para nada más que para abrir las piernas a un alfa y parirle las crías. No me esperaba esto de ti.
–No creo eso, Hashirama, vosotros sois diferentes. Pero…
–Ah, vale… Gracias, supongo. – Se mostró sarcástico mientras no le dejaba proseguir.– ¿Pero que? O sea nosotros podemos tener ideas propias, bromear contigo, enseñar ninjutsu médico… Entre otras cosas. ¿Pero él que tiene que ser tu pareja no tiene esas posibilidades o derechos?
Arrufó los labios en una mueca. Dicho así sonaba mal.
–Soy líder de clan. Sería el hazmerreir sino se controlar ni a mi propia pareja… Porque ese muchacho es totalmente incontrolable. Y si ni se llevar en orden mi unión, ¿Cómo se supone que voy a poder llevar un clan, o shinobis a la batalla o…?
–Es que no tienes que controlar a tu pareja, Madara. Obito no es un peón. Ni siquiera es un omega con lo cual aun tendrías esas sumisión que pareces buscar.– La cara del alfa le hizo abrir los ojos.– ¿Eso es lo que querrías? ¿Un omega sumiso que siempre parecen ir con miedo y siempre están buscando que sus alfas les atiendan, protejan y cuiden?
Eso era horrible. Tanto Izuna como él mismo estaban intentando cambiar ese aspecto de los omegas. Enseñarles que fueran más empoderados, capaces de decidir y hacer por ellos mismos, sin depender tanto de los alfas… Escapar de esos estereotipos de años atrás, igual que ellos pudieron librarse de sentirse así. Y pensaba que Madara estaba a favor de esas actuaciones y esas clases para enseñarles a los omegas que no estaban tan desválidos como creían o les habían enseñado.
–Me decepcionas profundamente… Pensaba que eras de otra forma y que te conocía bien.– Y esta vez Hashirama se entristeció por una buena razón, se sentía defraudado con su amigo.
Desvió la vista avergonzado. No es eso lo que pensaba, no hubiera soportado que Tobirama tratara a su hermano tal como decía Hashirama o que el mismo omega Senju fuera tratado de esa forma por su alfa. Solo es que no sabía como explicarse… Le molestaba el cachorro Uchiha y le molestaba que le retara, joder tendría que estar tirándose a sus brazos o enrojeciendo si él le prestaba atención o poniéndose nervioso o intentando llamar su atención como siempre habían hecho otros omegas en el pasado (antes que descubriera que el mocoso era su pareja). Pero lo que más le molestaba es que ese comportamiento le excitara demasiado, le descontrolara de esa forma, le pusiera frenético y ansioso… Joder no se reconocía.
– Maldita sea Hashirama… Deja de atacarme con tu aroma a molestia y enfado. Apesta.
–¡Pues te aguantas! ¡Tú has causado esto!
Pronto la puerta fue abierta con ímpetu y un gruñido se escuchó a la vez que una furiosa alfa pelirroja entraba impetuosamente en el despacho. Miró la escena con ojos fieros, pero viendo que en esa sala solo estaban su pareja y el alfa Uchiha se calmó. Solo caminó hasta su omega y lo abrazó.
–¿Qué sucede?
–Mito… Madara es malo. Piensa que los omegas solo tenemos que estar en casa atentos a todos los caprichos que quieran sus machos y sin poder hacer nada más que atenerse al protocolo sexista tan retrogrado y abyecto.
–¡Yo no he dicho eso!
–Si lo has dicho y que por eso tratas de esa forma a Obito. Porque te decepcionaría tenerlo como pareja tal como es ahora y que hasta que no aprenda cual es su lugar no quieres saber nada con él.– Le puso un puchero a su alfa.– También dice que ya lo marcara cuando sea el momento y ya… Sin hacer el intento de cortejarlo, ni esas cosas.
Mito miró al otro alfa con los ojos entrecerrados, apreciaba al cachorro Uchiha. Aunque bueno dentro de poco ya no sería tan cachorro y sería ya considerado adulto y perfectamente capaz de ser marcado y formar una manada con su alfa.
–Estoy seguro que no hará tal cosa… Además que Obito no se lo permitiría.– Habló con cierta amenaza en su voz, una clara llamada de atención hacia el Uchiha.
–No creo tal cosa y no he dicho esas palabras… O no quería expresarlo así. – Resopló y se revolvió un poco el pelo, dejándolo más salvaje.– El mocoso me molesta retándome siempre y cuando quiero acercarme a él… Sigue retándome en vez de…
–¿En vez de qué?– Preguntó el único omega en la sala sin quitar su mueca aun algo enfadada con su mejor amigo.
Madara enrojeció un poco pues no sabía como expresarlo sin sonar caprichoso. Y Mito sonrió disimuladamente. Esos Uchiha eran pésimos para las emociones y los cambios, y más alguien como Madara que estaba acostumbrado a salirse con la suya, ser respetado y estar en control de si mismo. Si aun recordaba sus carcajadas cuando Hashirama le contó que el Uchiha era incapaz de miccionar si tenía alguien detrás o lo competitivo que era siempre para ser superior en algo tan tonto como hacer rebotar piedras. Abrazó a Hashirama y le susurró unas palabras mientras le rozaba el cuello con sus labios, a la vez que liberaba un poco de su aroma para calmar esa molestia. El Senju la abrazó con fuerza y suspiró por esas muestras de su alfa.
–Madara, no luches contra ello. – Le aconsejó.– Déjate llevar y no busques razonarlo, tu bestia sabe que hacer. Cortéjale. Aunque sabiendo como es él y como eres tu, está claro que los obsequios que tienes que darle no son los que cualquier alfa le daría a un omega "normal".
Caminó hacía la puerta mientras seguía abrazando a su omega, le tocaría sesión de mimos y carantoñas.
–Obito es un guerrero, esta en su esencia pelear si se siente menospreciado o lo cree necesario, lo mismo para proteger a los más desfavorecidos.
–Trátale adecuadamente y busca conocerle.– Soltó Hashirama soltándose un momento de su alfa y apuntándole con el dedo índice.– ¡Pobre de ti que no lo hagas!
Mito le volvió a rodear con sus brazos y a instarle a caminar. Lo que su pareja no caía es que esos dos siempre discutirían y pelearían, entre ellos quedaba hacerlo de forma amistosa o no. Pero el carácter de los dos era fuerte y dominante, siempre tendrían sus roces. Lo que pasa es que Hashirama usaba de ejemplo el como Obito le trataba a él de cordial; sin tener en cuenta que al ser omega por eso Obito estaba más "calmadito" y dulce al tratarlo. Y con ella, bueno la respetaba por haberle recogido en su clan y hacer todo lo posible por salvarlo y curarlo. Además una alfa femenina no era como un alfa masculino, la forma de hacer era diferente… Con una dominación asertiva, buscando convencer y que el omega colaborara por su propio gusto.
Gruñó ante esos consejos, como si el necesitara algo de alguien. Era el gran Uchiha Madara, estaba por encima de necesitar cualquier cosa de otros. Aunque muy en el fondo de su mente algo le decía que tendría que hacer más caso a lo que le habían dicho porque no podía seguir de esa forma. Quizás si cedía un poco, su bestia, sus instintos, se calmarían un poco y dejaría de sentirse tan fuera de si, tan sin control de si mismo.
–No, no tengo porque escucharles. Siempre he solucionado las cosas por mi mismo, he bailado mis propias batallas y me ha ido muy bien.
…
Días más tarde Madara con un ceño fruncido y sin creerse lo que hacía se estaba dirigiendo a casa del que representa que era su pareja.
"Lo que se tiene que hacer por ese mocoso indo…" Cortó sus pensamientos intentando no prejuzgarle tanto. "Por Obito."
Aunque mirando su presente no podía evitar sonreír con cierto cinismo y perversión. Ese regalo le podría encantar y le sería útil al joven, pero también podría serle útil a él en un futuro… Siempre que el insumiso no quisiera jugársela con su poder.
Llega ante la puerta y llama, la cara de sorpresa del joven le crea bastante satisfacción. Aunque enseguida el sigma es fiel a su descripción de ser bocazas.
–¿Qué narices quieres?
Revira los ojos por esas palabras casi escupidas por el sigma y se guarda un gruñido… No puede desviarse de su propósito. Le esta cortejando, a su extraña manera… La de ambos, claro.
–Te vengo a entregar algo que creo que te servirá en las batallas.
Sin ninguna ceremonia, ni añadiendo alguna palabra dulcificada de cual es el propósito de que esté allí, le entrega las cadenas. La cara del otro es de desconcierto, luego le mira en sospecha. ¿Madara Uchiha haciéndole un regalo a él? Nada bueno puede surgir o querer y más viendo como se han tratado desde siempre. Su "alfa", palabra que le hace apretar los dientes en rabia y le da arcadas a la vez por el lugar de poder que les da ese término, es un cretino.
–¿Unas cadenas? ¿Con sus grilletes? ¿Qué pretendes?– Mientras activaba el sharingan y se ponía en tensión, dispuesto a pelear a la mínima que el otro intentara algo. No le temía por mucho que fuera su líder y no se dejaría hacer nada porque Madara fuera su destinado.
–Cuidado lo que insinúas, mocoso.– ¿Se pensaba que no pelearía para enseñarle que él era su líder y alfa? ¿Que se dejaría atacar por su destinado? Las palabras de esos dos incordios que le visitaron en su despacho le hicieron soltar un siseo bajo y respiró en profundidad.– No pretendo nada. Es algo que creo que puede serte útil en las batallas para atrapar a tus enemigos usado en combinación con tu técnica Kamui. Eres libre de usarlo o desecharlo, Obito.
Y dicho eso se fue para que viera que no quería seguir peleando, ni que buscaba molestarle. Mientras las palabras del pesado de Hashirama y de la entrometida de Mito se repetían en su cabeza. Había obrado como esos le aconsejaron. Y… La satisfacción que le había causado la cara desconcertada y asombrada del joven al escucharle decir su nombre no había tenido precio. Así como tampoco el leve sonrojo que adornó esas mejillas. Y ya haberle dejado sin palabras… Era sublime.
Y si, se sintió bien. Su bestia interna parecía satisfecha en su interior al saber que el cortejo a su "hembra" había iniciado por fin y que ésta no le había peleado. Madara encontró cierta paz y equilibrio entre su parte más racional y la instintiva. Se sentía complacido.
