9. Mordida
Miró ese torso que se apreciaba perfectamente bajo esa camiseta ceñida. Si, Madara tendría que estar venerando a Obito y tendría que estar agradecido al destino por haber unido sus vidas con el sigma.
A Obito se le marcaban unos fuertes abdominales, unos abdominales y pectorales que se intuían a través del tejido elástico de esa camiseta ajustada. Y músculos que también se apreciaban en sus muslos pues el pantalón de los shinobis era de tejido fino aunque especial, para que no tuvieran ni calor ni frío, y a la vez permitiera el movimiento fluido en las intensas peleas que tenían que realizar. Y ahora, sin ese haori largo que acostumbraban a llevar los Uchiha, Kakashi podía apreciar un trasero firme y prieto, y unas piernas largas y muy fuertes.
Sabía que había alfas que no apreciaban esas características en los omegas, los preferían más suaves en sus formas, más delicados, con menos músculos y formas más redondeadas. Pero Obito Uchiha no era para nada así. El Hatake no podía evitar preguntarse si ese era el motivo del porque Madara parecía tan reacio al sigma. Quizás era de los que preferían a los omegas sumisos y con formas suaves, lo mismo que el carácter.
Él en cambio, veía a Obito y se lamentaba de que no fuera su destinado. El omega era su mejor amigo, su compañero y se ha de decir que un compañero muy leal y confiable en batalla, de los que nunca te abandonaría; además era atractivo, sensual y estaba seguro que sería perfecto para disfrutar de largas sesiones de sexo desenfrenado, salvaje y pasional. Solo de imaginar esas fuertes piernas enroscadas en su cintura mientras follaba al sigma contra una pared, sin necesidad de ser cuidadoso pues el cuerpo de Obito estaba construido con gran firmeza, todo eso mientras su dura polla penetraba ese firme trasero prieto que seguro que lubricaría muy bien… Era algo que le hacía salivar y hacía que su imaginación volase y su mano apretara su pene antes de empezar a masturbarse con impetú, aunque claro eso lo hacía en la intimidad de su hogar, Obito era el dueño de sus más intensas fantasías y sueños húmedos.
Y eso por no olvidar lo divertido que era el Uchiha, disfrutaba peleando y discutiendo amistosamente con él por cualquier cosa. Si, sería afortunado de estar unido a ese azabache que además era una bellísima persona siempre dispuesto a ayudar a ancianos, niños y mujeres y omegas preñados, o a cualquiera que lo necesitase.
Le sonrió y se puso en guardia para empezar a pelear.
–Menuda paliza te voy a dar, Obitonto.–Le picó amistosamente y más al ver la sonrisa ladeada en el rostro del otro… Sonrisa que cambió por una mueca amenazante.
¿Esa mirada y esos dientes desnudos en amenaza eran para él? No… Espera… Y ahí lo sintió… Había estado tan ensimismado en su apreciación de la figura del omega que no notó el chakra amenazante que de pronto se sentía detrás suyo como un volcán erupcionando. Se giró a tiempo para recibir un puñetazo tremendo que lo mando contra unos árboles a 10 metros de donde había estado.
...
Madara se detuvo al escuchar ese rugido retador de su maldito destinado. Sus dientes rechinaron al apretar sus mandíbulas con rabia y las uñas se clavaron en sus palmas, de nuevo. Le daría una lección a su omega… Estaba harto de que le retase cada vez que podía… Lo había intentado a la manera de Mito y Hashirama, ahora era el momento de hacerlo a la suya, de demostrar porque él era un alfa superior y líder de uno de los mejores clanes de guerreros del mundo shinobi, cofundador de Konoha y segundo líder de la aldea. Y como que se llamaba Madara Uchiha que iba a poner en su lugar a ese sigma, le iba a enseñar a respetarle. Un maldito mocoso caprichoso no le iba a vencer, ni a burlarse de él… Él había hecho caer ejércitos sin necesitar a nadie… ¿Y un simple crío, su hembra, le iba a retar y salir impune? NO.
Se giró y empezó a caminar de vuelta entre los árboles y ahí oyó las siguientes palabras de ese jodido descarado, caprichoso y deslenguado mocoso. ¿Buscarse a otro? Era su maldita hembra y se atrevía a decir que iría a por otro macho. ¿Alguien mejor que él? Imposible. ¡Nadie era mejor que él!
Y al estar más cerca olió el interés del otro alfa en la zona hacía su pareja, su jodido tufo excitado. Lo sabía, ese jodido Hatake le quería quitar lo que le pertenecía por derecho. ¡Jamás!
Era tan débil que le golpeó, el perro ni le había sentido detrás suyo hasta que fue demasiado tarde. El alfa peligris no era rival para él, él era muchísimo más rápido, más poderoso y más fuerte.
Satisfecho le vio volar por su fuerte golpe y golpearse contra unos árboles. Le vio comenzar a levantarse, algo que no iba a permitir que hiciera. Pero Obito se interpuso y le gruñó poniéndose en posición de pelea. ¿Iba a defender a otro alfa? ¿Era en serio?
Le mostró los dientes cabreado por eso y, por no poder seguir peleando y destrozando a su rival, demostrándole que no era nada ni nadie para él. Y como su "querida" pareja no se lo permitió, lo miró con su sharingan dejándolo postrado en el suelo y sin posibilidad de levantarse. Estaba bien, no iba a ensuciarse las manos matándolo y luego tener que dar explicaciones a los otros miembros del consejo y a las cabezas de clanes. De paso así se centraba en su "querido omega".
–Maldito cabrón, ¿Cómo te atreves?
–¿Te ha molestado que pegue a tu amiguito? ¿O es que te divierte ponerle cachondo como a mi?
–Prefiero saber que le excito a él, que a ti. –Levantó el mentón testarudo.
Y ahí Madara se lanzó al ataque, tras liberar un ensordecedor rugido airado.
–Esta vez no será como hace semanas atrás, niñato.–Iba a aprender a respetarle.
El intercambio de golpes empezó. Madara era más veloz, pero Obito tenía su técnica a su favor. Aunque… Carecía de la experiencia en combate del gran líder, por mucho que en esos años hubiera aprendido a darle un gran uso a su capacidad y a su destreza.
Kakashi desde el suelo solo podía mirar de forma borrosa como su amigo se enfrentaba con gran valentía y arrojo al poderoso Uchiha, que parecía estar jugando un poco a la vez que parecía asombrado por la capacidad y mejoría del azabache más joven.
Hasta que observó la sonrisa taimada en el rostro del azabache alfa, vio como se dejaba atravesar por Obito, haciéndole creer que le había burlado y justo cuando su compañero se hacía tangente le apresaba y golpeaba en el estómago. Obito se dobló por quedarse sin aire tras tremendo golpe; echo que fue aprovechado por el otro para hacerle una llave y dejarlo contra el suelo, usando su cuerpo para apretarlo contra la tierra.
...
Obito tosió y se inclinó hacía delante buscando aire, Madara le había golpeado con toda su fuerza. Y de golpe se encontró lanzado contra el suelo, golpeándose su mejilla derecha contra la superficie. Tosió levantando una pequeña nube de polvo. Y gruñó quedo, por aun faltarle el aire, cuando sintió el duro cuerpo del alfa encima del suyo, apretándole contra la tierra. Miró de refilón cabreado… ¿Se creía que no podía librarse de él? ¿Librarse de estar retenido de esa forma?
–Ni te atrevas omega…
–Vete a la mierda. No te voy a obedecer, ¡NUNCA!
El potente rugido del alfa no le amilanó, aunque sentir el cuerpo pesado y lleno de músculos del alfa Uchiha si le hacía sentir extraño… Le removía algo en su interior, pero ni loco se dejaba llevar por eso.
Se había de reconocer que su omega era valiente o quizás un inconsciente, aun estando en desventaja el jodido mocoso le desafiaba… Y, no iba a permitir nada de eso… Encima sentía como reunía chakra para hacer su técnica o para contrarrestar esa inmovilización que le aplicaba. Ya estaba cansado de ese actuar, le enseñaría a quien le pertenecía. Obito no sería de otro, ni le dejaría que se entregara a otro, aunque dudaba que eso fuera posible al estar destinados y saberlo.
Abrió su boca y permitió que sus colmillos crecieran y soltando un potente gruñido dominante bajó la cabeza hacia ese níveo y fibroso cuello. Clavó sus dientes con fuerza notando la sangre del otro en su boca. Esa calidez llenándole por dentro.
"Mío" Rugió su pantera con posesividad. Por fin esa joven pantera era su pareja. ¡Obito era suyo!
Su pene se endureció en sus pantalones, una reacción automática al morder a su omega. Movió su cadera frotándose contra ese cuerpo, buscando un mayor contacto y estimulación, mientras le sujetaba con mayor fuerza.
Obito al sentir los dientes romper su piel soltó un quejido quedo, quedándose unos segundos en shock mientras de sus ojos caían lágrimas. Eso era doloroso. La mordida se hacía estando en pleno éxtasis orgásmico para paliar algo el dolor o al menos desviar tu atención de él. Pero no ahora, no sin aun presentar como omega, ni tampoco no haber él aceptado eso. Sollozo sintiendo su orgullo quebrar.
–Obit…o…
La voz débil de Kakashi y como intentaba estirar su mano para socorrerle le ayudó a reaccionar. Sobreponiéndose a su dolor físico y psicológico reunió chakra para realizar el kamui.
Desapareciendo de ese claro, tanto él como Kakashi.
Aparecieron en el hogar de Hashirama y Mito, el único lugar que se le ocurrió donde sentirse a salvo. Con esa pareja que le acogió cuando estaba malherido, ellos le salvaron y curaron en ese entonces.
Se quedó allí donde había aparecido, de rodillas, aun en shock y sollozando quedamente. Recogió sus piernas hacia el pecho y sus brazos las rodearon mientras enterraba su cara entre sus rodillas. Haciéndose pequeño mientras sus hombros se sacudían en el llanto.
Kakashi estiró su mano y le rodeó un tobillo brindándole el único apoyo que podía ofrecerle en su situación actual. Y respiró tranquilo al escuchar unos pasos apresurados dirigiéndose hacia donde ellos estaban.
–Ahora… vienen a ayu-ayudarnos…– Susurró con debilidad. Le preocupaba Obito, nunca le había visto así, además de ver la sangre que le empapaba la ropa y que salía de su cuello.
