10. Parche
Notarse sin nadie debajo dejó a Madara molesto en un primer momento. Su hembra había desaparecido, había escapado de él usando su maldita técnica… Soltó un profundo gruñido… Deseaba ocuparse de él tras haberle marcado, ahora estaban unidos, era su deseo ocuparse de su omega, formaba parte de su instinto.
Se sentó en el suelo y se apartó el pelo del rostro, frustrado. Había olido las lágrimas del muchacho, había escuchado sus quejidos y, a través del lazo, cuando este se formó, había notado su dolor y su sentimiento de ofensa. Se relamió los labios recogiendo el sabor de la sangre de su pareja, era un sabor que le gustaba… ¡Pues claro que lo hacía! Si era de su destinado. La unión que compartían hacía que se gustaran mutuamente, aunque la arrogancia y orgullo de ambos, su terquedad y forma de ser les hicieran mostrarse de esa forma. Pero si, la voz, el aroma, su físico y su sabor le gustaban, por eso tenía problemas con su autocontrol desde que volvió con los Uzumaki. Bufó hastiado, igual que había fallado su control en ese momento. Si que quería demostrarle al mocoso malcriado que él era el alfa y que no tenía que desobedecerle y retarle, enseñarle a que no jugase con él, que no se atreviera a menospreciarle ni a volver a decir que buscaría a otro jodido macho; siseó, eso era una de las cosas que más le habían enfurecido… Teniéndole a él allí, la mayoría del tiempo dispuesto por ese maldito joven, decir que iría a buscar el contacto carnal con otro.
Pero para poner a Obito en su lugar, con un mordisco de castigo hubiera servido… Pero, tenerle bajo su cuerpo, en esa pose tan sugerente en la que habían caído… Obito aprisionado contra el suelo y las caderas más elevadas, esa era una de sus fantasías más recurrentes en esos últimos meses. Y estar notando ese cuerpo caliente y firme pelearle bajo suyo, rozándose contra su propio cuerpo caliente; con esa voz grave y arrogante, ese aroma fuerte que le excitaba y esas palabras retándole, todo y su posición sumisa… Lo descontrolaron. Quiso hacer suyo a su omega de una maldita vez, e hizo suyo a su omega de una maldita vez. Luego hubiera aprisionado al joven entre sus brazos y hubiera lamido esa herida que le había causado con sus incisivos dientes, seguidamente se lo hubiera llevado a su hogar para seguir teniéndolo entre sus brazos… Quizás demostrarle que él era el macho perfecto para saciarle en todos los sentidos. Convencerle mediante sus artes que le dejase montarle hasta dejarlo inconsciente de tanto placer. Hasta podría provocarle el celo usando sus propias feromonas y más ahora que le había marcado y el joven estaba cercano a presentar. Si, sería fácil provocarle ese primero celo que se estaba tardando, simplemente estaría adelantando la situación unos meses o quizás semanas, el cuerpo de Obito se estaba tomando con calma el proceso de maduración mediante ese primer estro.
Le demostraría que podía anudarle en todas y cada una de las copulas y que su esperma era excepcional, aunque prefería no dejarle embarazado en ese primer celo, era demasiado joven aun. Pero en vez de poder estar haciendo eso, ese placentero plan… Su omega había huido de él, de entre sus brazos, sin permitir que lamiera la marca de sus dientes y… Llevándose a ese jodido alfa que le pretendía, ese chucho que pretendía a su hembra.
–¡No!– Masculló mientras se levantaba con una mueca en sus labios mostrando su molestia.– Ahora es mío. ¡Mío!
Era su deber como alfa cuidarle y proveer por el joven. Se marchó del claro, presuroso para ir a buscarle, cargárselo al hombro y llevarlo a su casa, estaba en su derecho como macho.
…
Hashirama entra corriendo en el cuarto, ha notado a las dos nuevas presencias en su casa. Por un momento se ha alarmado al sentirlas de golpe, luego, a los pocos segundos, a reconocido al joven Obito… Aunque nota que algo no anda bien.
Abre los ojos al máximo al llegar a la habitación y ver el panorama. Un joven peligris en el suelo con la boca sangrando y un fuerte rojo que se está poniendo morado en su mejilla, además de que su chakra no es constante, está como fluctuando afectado por algo. El joven alfa le mira y le suplica algo con la mirada y en voz muy baja, costándole articular.
–Ayú… dale.
Y la otra presencia es Obito, ese joven sigma al que le tiene mucho cariño y le estima casi como a un hijo, aunque esté cerca de ser adulto ya. Nunca había visto a Obito de esa forma, intentando hacerse lo más pequeño posible, mientras tiembla un poco y sus hombros se mueven con suaves espasmos… Está llorando. Y si alguien tan fuerte y tenaz, decidido y valiente como el azabache está llorando, es que es grave. Lo siguiente que capta y le hace correr cerca del joven es que sangra bastante de su cuello y la sangre baja por su ropa desde esa zona. Al apartarle un poco el pelo ve el motivo.
–Mierda… ¿Qué has hecho idiota?– Susurra al ver el mordisco y sabe perfectamente de quien es, el aroma que desprende el joven sigma es de su amigo, Madara "idiota" Uchiha.
Coloca su mano encima de la zona y Obito reacciona saltando un poco y apartándose mientras gruñe amenazante. Le levanta las manos para que vea que no sucede nada, que no quiere hacerle nada. Los ojos del joven muestran desconfianza, rabia y recelo, pero enseguida parpadea en reconocimiento y baja la mirada musitando una disculpa.
–Estoy bien… Cura a Kakashi. Ese imbécil le ha atacado.
Y se levanta para salir del cuarto. Se avergüenza de si mismo al haberse mostrado tan débil. Él es fuerte y en cambio… Es patético. Se encierra en el baño de esa casa ajena que para él es tan familiar, la pareja son como los padres que él nunca a tenido.
–Obito…– Le llama, para ser ignorado.
Suspira. El joven necesita unos segundos para procesar eso y sabe que luego dejara que se acerque y le ayude. Así es el Uchiha, tiene una coraza como todos en su clan, un muro que ya ha escalado muchas veces para conseguir hallar al joven en su interior. Por suerte esa coraza, ese muro es cada vez más fino y más bajo… Al menos para él y Mito, que son los más cercanos al azabache.
Se centra en Kakashi.
–Tranquilo, estará bien… Solo necesita unos momentos a solas. Todos los Uchiha son muy orgullosos.
El chakra curativo sale de sus manos. Lo primero que consigue es estabilizar el propio chakra del joven Hatake. Lo siguiente es descubrir que tiene la mandíbula rota, motivo que le impedía articular bien.
–Esto va a ser un poco doloroso. Lo siento.
Le recoloca la mandíbula y empieza el proceso de sanación, cuando termina está satisfecho con su desempeño.
–Gracias. Ha sido el líder Madara Uchiha, él…
–Shh, no fuerces aun tus huesos. Debes descansar y dejar que todo lo curado se aposente.– Le silencia.– Me imagino lo que ha sucedido, Kakashi Hatake. Conozco a Madara desde hace muchos años. Y te pido disculpas por lo que te ha hecho.
–Usted no tiene que disculparse, Hashirama-san.
Ya sabía que no, pero también sabía que Madara no se iba a disculpar con el Hatake. Había visto más de una vez al joven alfa interactuando con Obito y había notado que el peligris sentía algo más que simple amistad por el sigma, también lo había olido. Con Mito veían que eso daría problemas como Madara lo viera, y ahí lo tenían. El líder Uchiha ya lo había visto y había actuado… Aunque no intentaba justificarlo para nada. Su amigo había obrado terrible, pero a la vez entendía lo complicadas que eran las relaciones entre destinados, sobretodo cuando los dos eran del mismo clan, con la misma terquedad, arrogancia, orgullo, dominancia. Y si, que un alfa con pareja destinada, viera como otro alfa pretendía a su hembra era… Digamos que sacaba el peor lado de ese macho. Por suerte Madara no había matado al alfa rival.
–Quédate aquí y descansa.
Tenía que hablar con su alfa, su hermano, su cuñado y el mismo Madara. Esa situación era insostenible. Y tenían que intentar desviar la atención del joven alfa peligris hacía otro omega, que centrase su interés en otra posible pareja, sería genial que hallase a su destinado de una vez. Esa sería una forma de aplacar al líder Uchiha, porque sino en el siguiente encuentro podría matar al joven Hatake… Y estaría en su derecho como destinado del omega pretendido.
Salió del cuarto y se dirigió hacia el baño, donde su alfa ya estaba atendiendo a Obito. Le había parado el sangrado y le estaba colocando un parche. El sigma parecía ahora un jovencito asustado y necesitado de consuelo. Le asombraba lo dulce que se volvía cuando estaba con ellos, era claro que les había tomado como figuras paternas.
–Oh, pequeño…– Fue hacía él y le abrazó, mientras liberaba un dulce aroma para calmar al cachorro y que se relajara entre sus brazos.
–Hashi...– Musitó Obito antes de enterrarle la cabeza en el regazo.– Me ha mordido.
–Ya lo veo, pequeño. ¿Quieres contarme lo sucedido?
–Que es un idiota.
Sonrió con suavidad al escuchar la voz caprichosa del Uchiha y ver su tierno puchero. Si Madara pudiera verle así… No se comportaría como un ogro con el joven. Miró a Mito y le sonrió, seguro que su alfa pensaba lo mismo.
–Obito…– Reprendió su alfa.– Cuéntanos todo.
Y aunque ambos sabían que Madara había obrado fatal y dejándose dominar por el instinto y la rabia, también sabían que seguramente no todo era culpa del alfa Uchiha. Que no eran tontos y conocían al jovencito entre los brazos de Hashirama. Y aunque le vieron hacer una mueca reacia, la insistente mirada de Mito y sus caricias en el pelo del joven le animaron a sincerarse y contar todo lo sucedido desde que Madara apareció en el campo de entrenamiento hasta que él usó su kamui para marcharse junto a Kakashi.
La pareja después de escuchar todo eso se miraron entre ellos y entendieron. Ahí había habido celos, malos entendidos causados por palabras mal usadas y terquedad, mucha terquedad de ambos Uchiha implicados, además del instinto desatado y descontrolado de Madara.
Obito se tensó de pronto entre sus brazos y levantó la cabeza soltando un gruñido.
–Esta aquí.
Eso era extraño, sentía al idiota de Madara… Pero sin percibirlo con los sentidos, era… Extraño. Miró a la pareja sintiéndose confundido.
–Eso es el lazo.
–¿Cómo?
–Ahora estáis enlazados con Madara. Tu le percibes a él y él a ti. Por ahora solo es su proximidad, con el tiempo seréis capaces de captar vuestras emociones y necesidades.
–No quiero sentir nada de él– Estaba cabreado con ese capullo.
–Eso va a ser imposible, pequeño.
Si rechazaba el lazo solo le causaría dolor y malestar… Tenían que aprender a llevarse bien y dejar que todo fluyera… O al menos tolerarse. Si solo aprendieran a no gruñirse, retarse y joderse la vida mutuamente.
Y ahora oyeron los llamados a la puerta.
–¿Entiendo que no deseas verle?– Preguntó Mito a Obito mientras se levantaba.
–Nunca.
–Obito…– Quiso intervenir Hashirama.
–No quiero.– Mientras se levantaba e iba a encerrarse en otro cuarto.
Ambos adultos suspiraron.
–Yo iré alfa, Mady es mi amigo.
Mito lo aceptó. Hashirama se sentía orgulloso de tener como alfa a la pelirroja. Era tan comprensiva y buena con él… Si solo Madara dejara a un lado su estupidez y se mostrara como el buen alfa que él conocía ante Obito… Y Obito igual ante Madara. Eran unos cabezotas los dos.
–Mady…
–¿Dónde está?
–Sabes bien que aquí y no te preocupes, no está con ese alfa. Y no, no irás a molestar a Hatake Kakashi, nosotros nos ocuparemos de él.
–Le he mordido, Hashi.– Los remordimientos habían vencido a la molestia que sentía anteriormente.
–Y ya lo hemos curado.
–Eso tenía que hacerlo yo…
–¿Y él te hubiera dejado por qué tu has obrado muy bien?– Un gruñido fue lo que obtuvo del alfa y le tiró de una greña en venganza.– A mi no me gruñas, tonto. Estoy de tu parte, aunque te comportes como un idiota y no te lo merezcas. Ahora vete a casa… Obito no desea verte.
–Estoy en mi derecho de verle y llevármelo.
–Y si haces eso te odiara, te repudiará y los dos acabaréis terriblemente. Sabes que es terco como tu, orgulloso como tu y caprichoso y malcarado como tu… No quieras forzar las cosas. Eres más inteligente que eso, Mady.
Por suerte Madara Uchiha aun escuchaba a Hashirama. A veces los consejos de su amigo eran muy buenos y funcionaban, otras veces eran desastrosos y le ponían en peores situaciones. Se revolvió el pelo frustrado y se marchó. Tenía mucho que pensar, realmente había obrado mal… Pero su omega también lo había hecho.
