11. Construcción del nido
La pareja mandó llamar a unos shinobis para que acompañaran a Kakashi Hatake a su hogar, aunque estaba bastante curado de su mandíbula, aun era contraproducente que comiera sólidos o que peleara o entrenara, mejor unos días más de reposo. Además Hashirama envió a un omega de confianza, el secretario del Hokage, a echarle un ojo de vez en cuando al peligris pues éste era bastante descuidado sobre su propia salud, a veces.
El joven que le envió, era un omega de carácter dulce y bonachón, pero confiable y que no se dejaba tomar el pelo, pues también era bastante astuto en según que ocasiones… En otras el pobre Iruka era muy inocente. Por suerte, algo que tenía a su favor es que sabía como tratar con alfas tercos. El joven omega podía cohibirse y mostrarse asustado, pero aun así seguía haciendo su deber y manteniendo la postura. Era divertido verle cuando lidiaba con Tobirama y Madara, con su pose de 'tengo miedo' pero 'esto se hace así porque es lo correcto'.
Por eso mismo él e Izuna apostaron por el joven cuando necesitaron un secretario que les ayudara en los papeles y les informara de los temas a tratar en cada reunión. La delicada esencia del omega y su forma de ser algo asustada y tímida, le ayudaban a pasar inadvertido de la furia de los alfas, tanto los líderes como del resto que visitaba las oficinas y, a la vez, ayudaba a calmar los ánimos exaltados. A veces en las reuniones había demasiada testosterona y el toque dulce de Iruka ayudaba a que los problemas no fueran a mayores, de paso en los despachos gracias al Umino, eran mayoría omega… Algo que hacía a los alfas pensarse lo que fueran a hacer o expresar. Oh, si que gran acierto fue.
Y esperaba que la presencia suave, pero firme de Iruka Umino hiciera obedecer a Kakashi… Y de paso cruzaba los dedos por si surgía la magia.
…
Obito entró en la casa de la pareja Uzumaki-Senju como si fuera su propio hogar. Así lo sentía y así se lo hacían sentir la alfa pelirroja y el omega moreno, les quería mucho a ambos, eran como los padres que nunca conoció… Aunque más jóvenes, claro.
Aún no había ido a dormir a su propio hogar que estaba en el clan Uchiha, y bastante cerca a la casa de Madara, y era obvio el motivo de porque aún no deseaba ir allí. Y no, no era que le tuviera miedo a ese capullo alfa que le había mordido sin permiso, era que estaba muy cabreado y si le veía habría pelea, no quería verle la cara para nada por ahora. Eso por no decir que algo le cosquilleaba por dentro si pensaba en él, no quería ni imaginar si le viera y todo por estar compartiendo ese jodido lazo, eso era bochornoso y devastador para su orgullo. Su pantera gruñó incómoda, se sentía confusa respecto al que era su compañero. Estaba molesta y herida en su orgullo, al igual que su parte humana, pero a la vez se sentía aceptada por la otra pantera, según lo que sentía a través del lazo, y eso le halagaba. Era demasiado complicado. Los sentimientos y emociones apestaban y eran tan liosos.
–Estoy en casa.–Avisó mientras se descalzaba.
Al penetrar más en el hogar el aroma de Hashirama le asaltó, era más intenso que otras veces, más dulzón y llamativo, algo atrayente la verdad, o lo encontraría atrayente sino sintiera una parte de él rechazando esos olores del omega Senju. Levantó una ceja al verle pasar como en trance, iba cargado de ropa mientras una suave sonrisa estaba en su rostro, que se veía como más luminoso y sonrosado.
Mito llegó ante él pocos segundos después, con una sonrisa feliz en su cara y cargada de comida empaquetada… Sobretodo cosas dulces.
–Hola Obito. Perdona, estamos con algunas ocupaciones. – Le vio observando los dulces que llevaba, sabiendo que el joven era gran aficionado a ellos. –Lo siento pequeño, no puedo dártelos. Los necesitaremos y no me va a dar tiempo a ir a comprar más.
La miró extrañado, pero cualquier explicación fue cortada por la entrada de nuevo del omega moreno, que soltó un suave gorgoteó, que a sus oídos sonó muy adorable, y se acercó a su alfa restregándose contra ella. Miró al joven y le soltó un suave siseo, haciendo que Obito se alejase sorprendido por lo inesperado de tal acción. No entendía nada… Hashirama siempre le trataba con muchos cariño y dulzura, como si fuera una madre para él.
Hashirama, viendo que había alejado algo a ese otro omega de su alfa, volvió a centrarse en su pareja y empezó a quitarle el haori que llevaba por encima de la camiseta más de interior. Una vez con la prenda en sus manos, la llevó a su nariz y aspiró liberando un ronroneo antes de volver a irse presuroso soltando suaves gorgoteos.
–Discúlpale, es el instinto que le hace actuar así. Esta pronto a entrar en celo y no puede evitar ser un poco territorial conmigo ante la presencia de otro omega. Por suerte te ha identificado como a ya emparejado… Sino te podría haber atacado.–Se disculpó de nuevo por haberle recordado que estaba ya unido al alfa Uchiha… Aunque fuera una unión no consumada.
–Pero… ¿Por qué se lleva ropa?
Viendo de nuevo a Hashirama aparecer para llevarse esta vez unos cojines.
–Esta haciendo un nido.–Viendo que el joven no terminaba de entender al ser un sigma –Es para pasar el celo. Por eso yo llevo comida dulce, la vamos a necesitar para superar estos cinco días, día arriba día abajo, que le durara el celo.
¿Los omegas hacían nido para pasar el celo? La verdad es que Obito lo encontraba tonto, una pérdida de tiempo. Pero no iba a comentar nada, sentía demasiado respeto por Hashirama y por Mito como para burlarse de ese echo.
–Oh, entiendo… –Desvió la vista unos segundos mientras se mordía el labio –Entonces mejor me voy a mi casa. Que… ¿Disfrutéis? Lo siento es que no se si se dice algo en estas ocasiones.
–Obito, si no quieres estar sólo podría hablar con mi cuñado o…– No espera… Ellos también estaban ocupados. – Perdona, olvida esto que he dicho.
–No te preocupes Mito-san, me voy a casa. Ya tengo ganas de estar en casa, lo que sucede es que como Hashirama parecía tan encantado de tenerme aquí, pues… –Se rascó la nuca avergonzado. –Gracias por estos días, sienta bien llegar a casa y que ésta no esté vacía. Estar en familia y…
A Obito siempre le había gustado estar acompañado, Mito lo sabía y por eso le habían preparado un cuarto propio en su hogar.
–Obito, no hace falta que estés solo de nuevo. Se que no quieres oírlo porque estás molesto, pero Madara no sería una mala pareja. Solo que ambos tenéis que aprender a ceder y convivir con vuestras peculiaridades.
Frunció el ceño por esas palabras. Pero los dedos de la pelirroja masajeando su frente, donde había fruncido el ceño, le hicieron relajar el semblante. No podía enfadarse con ellos, les quería y respetaba demasiado.
–Ambos sois tercos y os cuestan los cambios. Pero os conozco a los dos, a ti más que a él y se que tenéis un gran corazón… Si solo dejarais un rato el orgullo de lado.
Obito compuso un puchero. Sabía que quizás iba siempre a la defensiva con Madara y sin permitir que el otro viera como era o podía ser realmente, pero no podía evitarlo. Durante su niñez el alfa le había ignorado o tratado con desdén y ahora era igual. Añadiendo además esos gruñidos y ese desprecio o ignorándole, siempre le había ignorado… Y a él no le gustaba que le ignoraran, menos ese alfa.
Puede que él tuviera parte de culpa en ese comportamiento del otro, pero es que el alfa Uchiha tampoco ponía nada de su parte. Bueno… Eso no contaba, pensó con terquedad recordando el regalo o sus intentos de acercarse. Se sonrojó al recordar el profundo ronroneo seductor de Madara… Pero enseguida su semblante se ensombreció al venirle a la mente todo lo demás. Apretó los dientes mientras soltaba un gruñido y se dirigía a pasos firmes hacía su hogar. ¡Como se lo encontrara ya vería!
Pero Obito no encontró a Madara cuando fue a su casa. Tampoco en días posteriores… Y eso lejos de gustarle, le molestó más. La verdad es que ni lo notó cerca. ¿Es que acaso el muy capullo no pensaba ir a intentar verle o hablarle? !¡No se lo podía creer! Vale que no le habría abierto, o quizás si para decirle que se largara… Pero…
–¡Tsk!
Su pantera en su interior soltó un bufido, estando de acuerdo, le gustaría poder darle un mordisco al macho por lo que les hizo, sin su permiso y sin que le cortejara… ¿Y encima ahora no se preocupaba? Madara Uchiha tendría que estar de rodillas cada día delante de su puerta suplicando su perdón, diciéndole que era el más fuerte y que estaba orgulloso de lo buen guerrero que era y pidiéndole por favor si podía cortejarle, si podía estar cerca suyo. Lo tenía claro el líder Uchiha, si creía que sería él el que iría a buscarle. Si quería algo se lo tendría que ganar a base de esfuerzo y suplicas o ganarles a ellos en una buena batalla. Que se esforzara su compañero, pues no pensaba ponérselo fácil.
La realidad es que Madara estaba muy ocupado, pues estaba ocupándose del trabajo de todos, él solo. Mito y Hashirama no eran los únicos que faltaban por estar con los preparativos del celo del omega y luego pasar los cinco días del mismo, además de la recuperación posterior… Porque sinceramente un celo era muy desgastante, tanto para omegas como para alfas.. Sino que para más inri… Izuna también se había puesto en celo de forma bastante sorpresiva… ¿A quien quería engañar? El cachorro de su hermano ya tenía algo más de dos años de nacido, era normal que su cuerpo se sintiera ya predispuesto a volver a estar listo para gestar de nuevo. Así que Tobirama e Izuna, estaban también encerrados apareándose como sino hubiera un mañana y disfrutando; mientras él estaba ahí trabajando, ocupándose de su sobrino, de la aldea y de los habitantes, que si le preguntaban eran peores que críos con sus rencillas y sus tonterías a solucionar.
Y a eso se le juntaba que tenía que releer varias veces los mismos informes por estar pensando en las ganas que tenía de estar con su omega. De ir, cargárselo al hombro y llevarlo al que tenía que ser el hogar de ambos… Rasgarle la ropa y follárselo una y otra y otra vez hasta desgastarle, agotarle en su lecho dejándole desmayado de placer… Y callado, eso era lo importante, así no le discutiría y podría apreciarle bien sin escuchar quejas porque le estuviera detallando.
"¡Mierda! Esto es injusto… La zorra pelirroja y la jodida rata albina siempre van a disfrutar de 5 días de celo, mientras yo me tendré que conformar con 3… Y encima seguro que tendré que estar peleando con el mocoso a cada segundo." Se enfurruñaba cual crío caprichoso, aunque estando solo en la oficina, o casi solo pues el pequeño Kagami no contaba, nadie podría reírse de sus rabietas.
Pero no podía hacerle nada al omega, le había prometido a Hashirama y a Mito que le daría tiempo a Obito, para que se calmara de ese berrinche que estaba haciendo el sigma. Maldito mocoso malcriado y caprichoso... Si le permitieran, él le quitaría todas las tonterías. Por qué… ¿Cuánto tiempo más necesitaba el jodido mocoso para aceptar que ahora le pertenecía? Le permitía demasiadas concesiones… Y todo por culpa de esos dos, su mejor amigo y la alfa que habían tomado al joven bajo su ala, como si aun fuera un mocoso, cuando ya era casi un adulto.
….
Obito se aburría un poco y eso le tenía tan molesto y gruñón. Ya había cumplido las misiones que le encomendaron y ya se había discutido con varios de sus amigos y peleado con ellos por tonterías que le cabreaban. Necesitaba entrenar de verdad y por eso ahora buscaba a Kakashi… El muy maldito llevaba días ocupado y eso que ya estaba perfectamente recuperado. Pero ese parecía que había encontrado a su destinado en el secretario de los altos cargos y le estaba cortejando. El muy baka no tenía tiempo para sus amigos según parecía.
–¡Bakakashi estúpido!
Gai a su lado le miró algo preocupado. Había notado que desde hacía un par de días el joven Uchiha estaba algo más agresivo e irascible. Y Obito no era para nada así, a ver… podía ser algo bravucón y gustarle pelear con los alfas que intentaban menospreciarle o dominarle, y si, con estos podía ser bastante agresivo, pero no a ese nivel de saltar sin provocación o a la mínima. Y nunca con ellos, con sus amigos y jamás irascible con nadie, toca pelotas si era y disfrutaba molestando y creando caos, era travieso; pero no actuaba con esa ira recorriéndole como fuego. Si hasta los demás del grupo, intentaban rehuirle cuando lo veían de esa forma. Sus movimientos secos y duros, sus gruñidos por cualquier cosa… Todo denotaba un comportamiento demasiado tenso y dominante. Y esos eran términos suaves para describirlo.
–Esta viviendo la primavera de la juventud. Conocer a tu pareja es como ver un sol que ilumina tu mundo.– Intentó calmar las aguas.
–O el peor de los putos infiernos. –Le gruñó de vuelta.
–Obito, amigo mío… ¿Estás bien?– Le sonrió queriendo ser amigable. El Obito de siempre, se habría alegrado por su gran rival y amigo, y habría propuesto salir a celebrarlo. Pero en cambio… –Se tu situación con el líder Uchiha, pero nuestro buen Kakashi no tiene la culpa…
–No me hagas caso. –Soltó entre dientes intentando controlarse, sabía que se estaba pasando. Ya ayer había alejado a su amiga Kurenai con su mal carácter, y los demás cuando aparecía se excusaban para poder huir. –Solo necesito entrenar y gastar energía… Se me pasara.
–Pues vamos a entrenar, nada como sudar entre amigos para fortalecer los lazos de amistad.
–¡Yo!
–Kakashi, mi estimado rival.– Hacía unos días que no se había encontrado con el peligris.
–¿Ahora vienes? ¿Ya te has divertido lo suficiente?– Soltó cortante.
Kakashi lo miró y parpadeó asombrado. ¿Estaba celoso? No, no era eso. Tampoco era que estuviera molesto por su situación con el alfa Uchiha. Cuando se acercó más a ellos empezó a entender…
–Obito, vamos a entrenar. He oído que eso ibais a hacer con Gai.– Se acercó a Maito.– Ya me ocupo yo, o si Obito quiere, puede pelear con los dos.
Gai no había notado nada pues era un beta, y a él le había costado… Sobretodo porque no era el comportamiento que esperabas en un omega, pero claro… Obito no era como los demás.
Ese día Obito peleó con gran fiereza y rabia en su entrenamiento, sin contener sus ataques, aunque eso fuera un entrenamiento contra dos de sus mejores amigos. Ese día venció a Kakashi y a Gai, no porque los otros fueran más débiles que él… Sino porque los otros si se contenían un poco, en cambio el Uchiha era como sino pudiera evitar estar descontrolado. Ninguno de los dos dijo nada por su actuar, ni le reprocharon nada. Kakashi por entender por donde iban los tiros y Gai porque veía que Obito no era él mismo. Al final el alfa y el beta tuvieron que detener la pelea antes de terminar heridos de más… Obito les rugió al escuchar que deseaban parar, pues eso ya se les estaba yendo de las manos.
–Obito… Respira en profundidad, varias veces.– Le sonrió a su amigo mientras se sujetaba el costado. Menudo golpe le soltó y vaya racha que llevaba con los Uchiha, cuando se ponían serios peleando eran de temer.– Escucha, entiendo más o menos por lo que estás pasando… Vete a casa y date un buen baño de agua fría y quédate allí. Se te pasará con unos días.
Obito gruñó de nuevo, se sentía irascible y descontrolado, con ganas de pelear y… Y… No sabría definir lo otro que sentía.
Sacudió la cabeza y obedeció a Kakashi, consiguiendo despejarse un poco.
–Lo siento… Si, eso haré.
El joven sigma se dirigió directamente a su casa, si que se sentía algo cansado además de todo lo otro. Era molesto e incomodo, y encima no podía ir con Hashirama y Mito para que le ayudaran y le aconsejaran sobre como proceder con eso que le estaba ocurriendo.
Al llegar a la entrada del clan se encontró con Madara que venía con su sobrino en brazos. Tenía ganas de rugirle al alfa, pero se contuvo por el cachorro. Y pasó corriendo para no hacer alguna locura en su estado actual irascible.
El líder se detuvo al ver a Obito, viéndole tenso pero no le dio importancia a eso, sino al fuerte aroma que desprendía su pareja. Le miró fijamente con las fosas nasales dilatadas, apretó los dientes… Llevaba un cachorro en brazos, tenía que contenerse. Además aun había tiempo.
Fue a dejar a Kagami en casa y le dio un biberón, el pequeño era muy bueno y calmado. Se lo tomó y se quedó dormido en su camastro. Ese fue el momento que aprovechó Madara para ir a la casa de Obito, vivía a su lado… Un arreglo que urdió él cuando el joven volvió a la aldea y descubrió lo que ya sospechaba, que era su destinado; así podía tenerle vigilado y cerca suyo, aunque eso era algo que se había guardado para si mismo. Lo que siempre decía a todos, es que alguien le había realizado un mal de ojo y por eso ni en los territorios del clan podía estar tranquilo sin tener que soportar el barrullo que armaba ese molesto crío.
Llamó a la puerta y fue abierto por un gruñón y tenso sigma, que parecía recién salido de la ducha.
–¿Qué?– Le espetó el menor azabache con una mueca agresiva en su rostro.
–¿Así es como le hablas a tu líder y macho? Te voy a tener que enseñar modales…
–¿Tú y cuántos más?– Si ese alfa quería pelea…
–Ahora no, Obito. Pero pronto te los enseñaré…– Se sacó un par de haoris propios de entre sus ropas y se lo tendió– Por ahora ten esto.
Y se marchó sin dejarle replicar, endosándole la ropa al lanzársela a la cabeza.
En un día quizás, dos a lo sumo… Podría explayarse a gusto con el joven, tendría 3 días para hacerlo a gusto, pero ahora tenía un sobrino del que ocuparse y al cual no quería dejar mucho rato a solas.
Obito entró en su hogar tras soltarle un último gruñido dirigido a Madara que ya estaba en la puerta de su casa y le había ignorado. Se quitó de malas maneras la ropa del alfa de su cabeza y fue a su cuarto, necesitaba tumbarse en la cama… No se sentía muy bien. Iba a tirar la ropa del líder por cualquier sitio, las tendría que haber tirado a la calle, pero el aroma que desprendían le llamó la atención. Mientras se las llevaba a la nariz no podía evitar preguntarse porque se las había dado. Inhaló una vez, dos y a la tercera lo hizo con fuerza. Le gustaba ese aroma tan fuerte y con toques picantes. Chocolate amargo, pimienta y resina. Se removió en la cama y jadeó, esto le hizo quedarse quieto… Eso le había gustado, había sido placentero. Volvió a removerse y volvió a jadear, su pene estaba duro y sensible y cada vez que se presionaba y frotaba entre la cama y su cuerpo era algo que le hacía sentir un fuego dentro recorriéndole, y eso le gustaba. Dudoso se bajó los pantalones y se volvió a recostar y a moverse…
–Aaah…– Gimió, eso era mucho mejor.
Y de ahí ya no se detuvo. Obito, con las prendas del alfa cerca de su rostro para poder inhalar ese aroma intenso, empezó a mover su cadera contra el colchón, masturbándose por primera vez, sintiendo esa necesidad por primera vez en su vida. Lo hizo hasta que tensándose se corrió de forma abundante sobre las sábanas. Se quedó jadeando sobre la cama, descansado y saciado, sin tensiones. Aunque se avergonzó al sentir cierta humedad entre las nalgas, algo que ignoró.
….
Un muy cansado Tobirama, entró en el barrio Uchiha y llamó a la puerta del puerco espín de su cuñado.
–Das asco, rata.
El Senju le gruñó al Uchiha.
–Estoy agotado, me duelen partes de mi cuerpo que hacía tiempo que no me dolían y necesito dormir por lo menos 14 horas seguidas.– Le sonrió al azabache.– Pero he disfrutado mucho de pasar otro celo con tu hermanito.
Oh, si… La cara de Madara no tenía precio. Justo en la diana le había dado. Y el rugido molesto solo aumentaba su placer.
– Jodido Senju, sino amara a mi hermano y velara por su felicidad… Te mataría.– Aunque ahora era su turno de sonreír.– No puedes dormir lo que deseas. Primero que tenéis un cachorro que cuidar, que por cierto espero que no me hagáis tio de nuevo tan pronto.
–No, descuida. Izuna ya se ha tomado las hierbas que nos preparó Hashirama. Nosotros tampoco deseamos ser padres de nuevo tan pronto.
–Sabía decisión. Pero como iba diciendo, además de Kagami… Tenéis que volver a la oficina. Me han informado que dentro de poco llegará un encargo muy importante del que nos tendremos que ocupar alguno de nosotros. Algo sobre parar unos renegados y malhechores.
–Puedes ocuparte, no tengo problema de quedarme en la oficina.
Oh, si… Ahora venía la mejor parte de todas. Madara se guardó su satisfacción.
–Me temo que tendrás que ir tu rata… Mi pareja esta pronta a sufrir su primer celo.– Incluso lo olía desde allí. Un aroma fuerte, intenso… Le encantaba que no fuera dulce y empalagoso.– Y seguro que no termino dando tanta pena como tu, Senju.
–Por supuesto que no Madara, te han escatimado dos días de celo, en tu caso. Que lástima me das… Lo que te vas a perder.– Y Tobirama rió y rió aun más fuerte al ver a Madara rabiar.
El Uchiha con un gruñido desapareció dentro de su hogar para volver a aparecer con el cachorro del otro alfa y sus cosas.
–Anda, lárgate rata. Y salúdame a Izu.– El maldito Senju le había vencido en esa batalla, pero no se lo tendría en cuenta o no por ahora, ya habrían otras ocasiones. Además esas batallas eran el pan nuestro de cada día con la rata. – Hasta pronto, Kagami.
–De tu parte, puercoespín. Y gracias por cuidar a nuestro cachorro.
Una vez que padre e hijo se marcharon, Madara tenía unas largas horas para preparar cosas y luego sólo le quedaría esperar.
…..
Había agarrado bastantes de su cosas; Ropa, mantas, cojines. Sabía que su omega lo necesitaría para su nido. Sería mejor que el joven fuera a su casa, después de todo desde que le mordió que tendría que estar en ella… Pero el mocoso era testarudo y caprichoso y, por culpa de su mejor amigo y la pareja de ese, le dejaron que continuara con su rabieta. Ahora era mejor que el joven pasara su primer celo en el lugar que consideraba su territorio, por lo tanto le llevaría la ropa al hogar del joven Uchiha para que pudiera hacer el nido y tendría que esperar a que la hembra le llamara e invitara a ese nido.
Llamó a la puerta y fue recibido por una nube de feromonas del sigma… Estaba tan cerca ya, su pene se tensó en sus pantalones en anticipación.
–Te traigo esto…– Le tendió el montón de ropa. Y ante la cara desconcertada del omega se explicó.– En serio Hashirama no te ha enseñado nada… Es para tu nido, necesitarás cosas con mi olor, así te sentirás mejor.
La mueca de Obito mostrándole los dientes y el profundo gruñido que pugnaba por salir de sus labios le dejaron parado. Nunca había visto un comportamiento parecido en un omega, aunque luego recordó las palabras de Mito en las diferentes conversaciones que fueron teniendo. La alfa pelirroja le intentaba enseñar sobre los sigma, creyendo que así podrían comprenderse mejor y llevarse mejor. Y recuerda que le dijo que los sigma no se ponían dulces durante el precelo, que no encontraría gorgoteos dulces, ni le buscaría muestras de cariño, ni le vería más emocional, ni más suave…
–No la quiero, idiota. No la necesito.
–¿Y de otro si aceptarías? Quieres la ropa de ese alfa debilucho para tu nido.– Malentendió las palabras.
–No metas a Kakashi en esto, Madara.
–Pues entonces acepta mi ropa… Yo soy tu macho, Obito. Grábatelo en la cabeza.– Le empujó la ropa hacia el pecho. – Y maldice al destino porque te haya emparejado conmigo, lo mismo que siento que a mi me haya tocado contigo.
Obito se sintió herido por esas palabras de rechazo. ¿Por qué siempre terminaban así? Cuando él solo quería decir que no necesitaba la ropa porque él no sentía la necesidad de hacer nido, él no era como los otros omegas y en vez de buscar entenderle y comprenderle… Bajó la mirada, para a los segundos levantarla cabreado. Tiró la ropa al suelo y haciendo los sellos, reunió chakra en su boca.
–Ni te atrevas…– Amenazó el líder viendo las intenciones.
–Mírame.– Retó el joven– Katon, goukakyuu no jutsu.
Madara se alejó un par de pasos mientras sus prendas se consumían en fuego. Miró al omega cabreado, siéndole devuelta una mirada igual o más molesta que la propia.
–Esta bien, así lo has querido. Pasa tu jodido celo con quien cojones quieras… ¡No me importa!
–¡Bien!– Se dio la vuelta y entró en su casa, cerrando de un portazo y atracando la puerta para que no se atreviera a entrar. Lo mismo hizo con el resto de puertas y ventanas.
–¿Qué miráis? Largo, que seguro tenéis cosas por hacer.– Les gritó a los Uchiha que estaban allí en la calle y había estado viendo la discusión entre esos dos y como el malcriado le quemaba la ropa. Eso es a lo que se refería cuando pensaba que sería el hazmerreír de todos por culpa del mocoso.
Madara caminó hacía el despacho aunque fuera tarde, hoy dormiría allí y por la mañana saldría de la aldea hacía esa misión que no había querido aceptar por estar esperando a que su hembra… No, mejor decir; "a que el jodido mocoso" entrara en celo y le necesitase. Ahora que se buscase a otro para saciarle, si es que podía porque al estar ya su destino unido al suyo ninguno de los dos podrían encontrar a otros, ni buscar saciarse con otros cuerpos. Maldice al destino por juntarlo con ese maldito capullo con ese carácter tan malditamente exasperante.
