13. Gargantilla

La batalla contra esos renegados que atacaban y robaban a aldeas pequeñas había sido sangrienta y entretenida. Estas diferentes batallas contra esos malhechores fueron suficientes para calmar su estado de ánimo exaltado. Si, le proporcionaron buena diversión y pudo desestresarse bastante.

Las gentes del pueblo han montado una gran celebración por haberse liberado del yugo de esos que les robaban, mataban y violaban a sus hijas y hembras, también traficaban con omegas y betas femenina. Y haber podido terminar con dicha organización criminal y recuperar a sus familiares y mercancías es una gran alegría. El banquete que montan para el poderoso shinobi de Konoha es abundante y todo el pueblo se viste de gala y hacen mercado para celebrar el fin de la tiranía.

Mientras el Uchiha pasea por el mercado, ve por doquier parejas felices disfrutando de su amor y unión.

–El amor es complicado, joven alfa. Dos personas muy distintas, de pronto se encuentran fuertemente atraídas por el otro... Es complicado la convivencia, sobretodo en los primeros meses.– Una anciana le habla desde su pequeño puestecito al verle observar las parejas compartiendo tiempo, paseando, riendo, conversando.

–Imposible diría yo...

–Oh, joven eso no es cierto. Nada es imposible, todo depende de los implicados. Los malentendidos pueden surgir, los roces, el enfado... Pero no es bueno dejar que nuestro ánimo se caldee, y no estoy hablando de en un sentido más agradable.– La anciana rió un poco descarada.– Un lo siento a tiempo siempre es bueno.

Madara se la miró y suspiró para si. Quizás si se había pasado y había actuado impulsivo sin permitir que las cosas se calmaran. Pero es que Obito era tan...

–Mi... Mi compañero es especial.

–Todos son especiales a nuestros ojos. Es lo que se llama amar a alguien.

¿Amaba a Obito? No lo sabía. Solo sabía que cuando era un crío le cabreaba, pero a la vez no podía quitarle la vista de encima. Le dejaba pelear y siempre decía que era un incordio, pero si estaba en verdadero riesgo intervenía. Cuando desapareció se desesperó, cuando pensó que había muerto se entristeció mucho, se sintió vacío y veía todo más negro. Cuando volvió, su corazón pareció latir de nuevo y siempre le buscaba con la mirada o con la nariz. Perdía el norte cuando el mocoso decía que prefería a otros y se encelaba cuando lo veía pasar su tiempo con otros alfas, viendo que con ellos era capaz de reír y a él solo podía fruncirle el ceño. El problema era que no sabía como acercarse al joven Uchiha, le costaba aceptar lo que sentía o como se sentía respecto a Obito. Y vale, reconocía que era excitante pelear o discutir con él... Aunque también muy exasperante.

–¿Cómo es tu omega, ese ser especial?

–Terco, arrogante, orgulloso, cargante, belicoso, caprichoso, rebelde, frustrante, desafiante, irritante, bullicioso, dominante; un magnifico guerrero aunque incontrolable, imprudente e impaciente.– Madara describía al mocoso rechistando, rodando los ojos ante cada "bonita" palabra sobre su pareja, aunque a la vez una suave sonrisa estaba posada en sus labios.

La mujer parpadeo ante tales "virtudes" del que era la pareja de ese fuerte alfa de Konoha. No parecía un omega, sino un alfa, pero eso era imposible. A no ser...

–¿Es un sigma?– Eso explicaría esa descripción.

El joven azabache asintió.

– Y no encuentro la manera de que nos llevemos bien. No se como tratarle...

–Lo imagino. Es como si estuvieras emparejado con otro alfa, pero que a la vez no lo es, pues sigue siendo un omega. Pero es más sencillo de lo que crees... Solo déjale ser.

¿Dejarle ser? Sus cejas se arrugaron, eso es más o menos lo que le dijeron Hashirama y la alfa pelirroja.

–¿Cómo es que conoce los sigma?

–Mi pareja lo era.– Vio al joven mirarla con cierto asombro.– Y aunque complicado al principio, fuimos muy felices y si pudiera volver atrás y me dieran a elegir... Volvería a elegirla a ella.

Observó a la anciana y supo que no le mentía.

–Lo nuestro es... Difícil y no se ni porque habló en plural, me es imposible controlarle.

–No se puede controlar a un sigma, joven líder de Konoha. Si eres capaz de aceptar eso, encontraras a la criatura más leal, valiente y ferozmente protectora a tu lado. Alguien que no retrocederá en una pelea y al que le podrás confiar la vida porque sabes que no te fallara nunca. Y si, si te ganas su confianza también podrás hallar a un compañero dulce, apasionado y divertido. Nunca te aburres al lado de un sigma, créame Uchiha-san.

El azabache apartó la mirada durante unos segundos. Así era como habían descrito a Obito, Mito y Hashirama, también los compañeros y amigos del mocoso azabache... En cambio él sólo había intentado...

–He cometido graves errores con mi compañero, creo que irreparables.

Notaba la unión que compartían, a causa de su mordisco, lejana y apagada, fría. Como si el joven hubiera cortado todo con él o lo intentara cortar.

–Nada es irreparable... Haz caso a esta anciana mujer. Si el destino os ha unido es que sabe que estáis hechos el uno para el otro... Y algo tan fuerte no se puede romper por unos errores cometidos, el emparejamiento es superior a nuestra humanidad, es divino.

La mujer era demasiado positiva, no sabía lo que había hecho él. Se sentía tan culpable... Le había abandonado cuando Obito más le necesitaba, y no olvidaba la marca que le hizo sin que el sigma la hubiera aceptado.

–Uchiha-san, porque no empiezas llevándole un presente.– Señaló las joyas que ella vendía.– Quizás una gargantilla. Un regalo que yo te hago por habernos ayudado con esos villanos y por escuchar a una pobre anciana en sus desvaríos.

Madara observó las gargantillas, los distintos modelos. Eran muy bonitos.

–Pero recuerde Uchiha-san, escoja algo que represente al joven sigma. Algo que le demuestre que usted si le reconoce y sabe que eso puede gustarle.

Eso le demostraría a la joven pareja de ese alfa que su compañero le conocía más de lo que aparentaba, que había pensado en él al escoger esa gargantilla.

Madara las observó de nuevo evocando en su mente al mocoso y su vista se dirigió a una en especifico. Esa era perfecta para Uchiha Obito. Expresaba la fuerza, el genio y carácter del otro azabache. Su personalidad indómita y rebelde, su combatividad, su poder.

–Veo que ya te has decidido. Este dije que lleva la gargantilla significa "espíritu combativo".– La anciana le explicó el significado de las dos figuras que se representaban en el colgante. Los dos guerreros, siempre peleando, ninguno cediendo. Autentica fuerza y poder protector. Mientras guardaba la gargantilla en una bolsita de tela y la cerraba con un lazo.

Madara le dejó unas monedas que la anciana no quiso aceptar, pero la terquedad Uchiha venció.

A la mañana siguiente, tras la cena en honor a la ayuda prestada, Madara inició su vuelta a Konoha. Lo primero que haría al llegar es buscar al sigma y darle su regalo. Un primer paso para intentar llevarse mejor.

...

Obito no había ni abierto la bolsa, ni aceptado el regalo. Estaba demasiado dolido y herido con el líder Uchiha. Se sentía rechazado porque el alfa le había abandonado durante ese primer celo sufrido y no fue a socorrerle ni cuando le estuvo llamando... Y esa era otra, saber que durante esos momentos de gran necesidad se había rebajado a llamar con desesperación al alfa Uchiha... Era aun más denigrante. Ahora mismo le odiaba, pero se odiaba más a si mismo. No le quería cerca... No se quería cerca ni a si mismo, ni a nadie.

–Déjame... Ya me dijiste que no querías nada conmigo y que maldecías al destino por tenerme de pareja. Ya me quedó claro, Madara. No me hagas esto, no hagas esto más difícil. – Por una vez estaba mostrando su dolor sin ese orgullo que le caracterizaba, total el alfa ya se lo había destruido dos veces.–Sabes que el destino se equivocó, tenías razón... Será mejor que lo aceptemos.

¿Qué le había hecho a Obito? No notaba casi nada a través del lazo. El joven en su dolor lo había roto casi. ¿Y su orgullo? ¿Dónde estaba ese arrogante mocoso que le insultaría por sus acciones y le desafiaría a voz en grito?

–No era cierto, Obito. Mi rabia me hizo hablar de más... Por favor, tómalo y cuando quieras ábrelo. Pero no lo tires sin abrirlo antes...

–No... Ya basta, líder.

Obito que no había levantado la cabeza en ningún momento de la charla, se dio la vuelta para irse.

Madara estaba asombrado, se sentía horrible de ver así a alguien como Obito. Y ese "líder"... Tantas veces que había querido que el joven se mostrase así de respetuoso y ahora lo odiaba. ¡Odiaba esa actitud y esas palabras respetuosas! ¡Lo odiaba! Quería a su rebelde mocoso de vuelta. ¿Qué había hecho? Reaccionando rápido le coló la bolsa con el colgante con uno de los bolsillos del haori del joven. Lo quería de vuelta. Ese no era el fuerte, arrojado, valiente, pedante y arrogante joven que el destino decidió que era perfecto para él. El que siempre intentaba hacerse notar por encima de los demás, esa luz que brillaba con fuerza, o era mejor decir que se hacía notar.

Por ahora le dejaría irse.

...

La bronca que le cayó de su hermano y de su mejor amigo y su pareja fue monumental, aunque al final, tras mirarle, Izuna se detuvo y Mito paró a su pareja. Veía al alfa Uchiha compungido, estaba claro que el mismo azabache sabía que había obrado mal y se sentía fatal por eso.

–No se como lo hagas, pero arregla esto Mady.– Declaró Hashirama cruzándose de brazos. Luego cambió el semblante, su cabezota amigo azabache ya estaba suficiente mortificado, Mito tenía razón. Decidió aligerar el ambiente.– Por cierto, queremos tener un bebé con mi alfa, espero que en este celo que hemos pasado lo hayamos conseguido.

Las felicitaciones se dieron en esa oficina, hasta que fue la hora de irse a casa. Izuna se acercó a su hermano que estaba terminando de redactar el informe de la misión.

–Hiciste muy mal... Se que lo sabes. Me dio tanta lastima ver a Obito ahí retorciéndose en el dolor... Y el supresor no le ayudó en nada... Tres dolorosos días lloriqueando y llamándote.– Le miró entristecido. Había intentado ayudar al joven sigma, pero los supresores no surtieron ningún efecto.– Y ya has visto como está desde entonces. ¿Qué sucedió? Él no quiso contármelo...

Tras explicárselo Izuna rodó los ojos.

– Tonto... Los sigma no hacen nido, por eso no quería tus prendas.– Madara se sintió estúpido tras escuchar eso.– Además, Kakashi está cortejando al secretario. Según parece Iruka Umino es su omega destinado...

El alfa Uchiha no dijo nada e Izuna tampoco añadió nada más, sabía que su hermano en esos momentos se estaba sintiendo como el rey de los idiotas.

–Deja el orgullo de lado por una vez, es tu pareja y créeme vale la pena quitarse el palo que tenemos metido en el culo los Uchiha y bajar de nuestro pedestal por nuestro destinado.– Su hermano abrió la puerta para salir.– Descansa por hoy.

Izuna salió para irse a su hogar con su alfa y su cachorro, tenía ganas de llegar, cenar, lavarse en familia y tumbarse en el nido acurrucado contra el fuerte cuerpo de su pareja y con su pequeño Kagami.

Madara se fue poco después. Al llegar a la entrada de su hogar se encontró una grata sorpresa... Obito estaba allí, pero lo que más le gustó es que sus ojos volvían a brillar con esa chispa altiva de antes.

–Quiero dejarte algo claro, Madara. Yo no soy una hembra y menos soy tu hembra. ¡No te acepto!– Le levantó una ceja esperando su replica.

–Eso ya lo veremos.– Le siguió el juego, ganándose una sonrisa ladeada del sigma.

–Me voy a quedar la gargantilla... Porque yo así lo quiero, no porque tu quieras que la tenga.– Y levantó el mentón con arrogancia.

–Lo que tu digas... Hembra. Y ahora vas a entrar en mi casa o te tendré que obligar.

–Sigue soñando imbécil.– Y Obito empezó a desaparecer con su kamui mientras se burlaba.– Y no te he perdonado, capullo. Sigo cabreado contigo y sigo decidido a vencerte y desbancarte como líder.

Madara sonrió y entró satisfecho en su hogar. Había visto el brillo del colgante y el cuero de la gargantilla en el cuello del joven. Y notaba de nuevo la presencia del sigma a través del lazo que compartían.

...

Obito desde su hogar también sonrió mientras llevaba una mano a esa gargantilla con ese colgante que tenía representadas, en bajo relieve, las figuras de dos guerreros. Le encantaba y le demostraba que el alfa le conocía mejor de lo que él creía. Pero no pensaba ponerle las cosas fáciles.