14. Bozal
Obito volvió a ser el mismo tocapelotas de siempre, aunque ahora ya no le podía llamar mocoso… Bah, se lo llamaría igual para tocarle las pelotas. Aunque ahora era un adulto omega a pleno derecho, bueno en su caso un omega sigma. Pero aunque fuera considerado adulto, el joven de 16, casi 17 años, seguía siendo igual de molesto, bravucón e incordio de siempre. Y eso hacía sonreír a Madara en secreto. Pero muy en secreto, nadie tenía porque saber que en realidad le gustaba como era su pareja y que le gustaba pelear con él, en esos tiempos de relativa paz, eso le resultaba refrescante. También le excitaba muchísimo, porque sabía que le podía devolver las pullas y pelear contra el joven sin miedo. Obito no se amilanaba ni retractaba, tampoco retrocedía temeroso. El sigma era valiente, ¿o quizás era mejor decir que era un descerebrado?
Ya había aceptado que no podría cambiar al sigma y, sobretodo, que en el fondo no quería, nunca quiso cambiarle, aunque si que es cierto que antes le molestaba como era el mocoso, pero había terminado admitiéndose a si mismo que esa actitud, aunque odiara reconocerlo, le gustaba demasiado.
Y en esas semanas que el azabache menor había vuelto a ser el de siempre, por fortuna; pues ese sigma que se encontró al volver tras lo que le hizo, le removía algo en su interior que le causaba congoja. Ese no era su destinado, y así se lo hizo notar su pantera… Y su lado racional estuvo en acuerdo. Pero por suerte eso cambió y ahí estaba el joven, retándole cada día que se encontraban, lanzándole pullas y riéndose de él siempre que podía… Y, ¿Él que hacía? Gruñir molesto y meterse con el joven a su vez. De esa forma empezaba una de sus discusiones legendarias, sus fruncimientos de cejas y las batallas de gruñidos. A veces se molestaba de más y perseguía al joven para intentar darle una lección, mientras el otro se reía divertido y le decía que un viejo como él nunca le atraparía, que no estaba al nivel del gran Uchiha Obito, próximo líder de clan.
Hashirama y los demás ya ni se molestaban en intervenir. Mito no se lo permitió a su omega mientras sonreía enigmática, hasta que al final el omega Senju había dejado de intentar mediar entre la "pareja" de Uchihas.
–Ya lo verás… –Le decía cuando no le permitía parar a Madara, ni decirle a Obito que no se pasara con Mady, no podía ser que siempre se culpara al alfa cuando el joven era un provocador. –Tú por ahora ocúpate de cuidaros bien, cariño.
Izuna sólo se unía, junto a su alfa, a las burlas del sigma hacía Madara. Que entonces si que parecía a punto de estallar de tanto que se cabreaba. Igualmente el omega Senju no tardó demasiado a comprender, después de todo era el mejor amigo del alfa Uchiha… Solo que era algo más despistado que su astuta y observadora alfa.
…..
Madara salió de la Torre de mando y al bajar sintió la presencia de su compañero, lo buscó con la vista y le vio. Estaba con ese alfa entrometido, ese maldito chucho que para su gusto aun estaba demasiado unido a su pareja. Parece que no le había dejado las cosas lo suficientemente claras al Hatake con respecto a lo que era suyo.
Escuchó a Obito soltar una fuerte carcajada, su risa era contagiosa, o lo sería sino estuviera tan cómodo con ese maldito alfa peligris. Ese alfa que le miraba atento y también sonreía a través de su máscara.
Gruñó y apretó los puños, causando que sus uñas se clavaran en sus palmas, de nuevo. Pero cuando ya iba a irrumpir en medio de ambos, alguien chocó un poco con él.
–Oh, disculpe Madara-san. Iba despistado. –Observó a Iruka, que era quien había chocado con él. El Umino enrojeció y desvió la mirada abochornado. –Es que… Lo lamento.
Se inclinó de forma respetuosa.
–¡Iru-chan! –Obito gritó mientras se acercaba a ellos, siendo seguido por un cauto Kakashi.–¿Para que te inclinas delante de este gruñón amargado?
–Obito-san– Iruka alarmado miraba al joven e irrespetuoso Uchiha. –Esas no son las formas de tratar a alguien, y menos si es un superior.
–Bah… ¿Superior este? Demasiado creído se lo tiene.
–Déjalo Umino. Obito no conoce el respeto, es un caprichoso y un maleducado… Pero ya le pondré en cintura.
Iruka parpadeó confuso.
–Tu no conseguirás nada de mi.
–Eso ya lo veremos, Obito. Te voy a domar, pequeña fiera.
Y ahí empezó una de sus peleas verbales entre ellos, que Iruka intentaba detener en vano, Kakashi abrazó a su destinado.
–No intervengas, Iru. Están enlazados, no les pasará nada… –O eso esperaba, que Madara no dañaría de nuevo a su amigo y ese tampoco al alfa Uchiha.
–¿Están enlazados? –Preguntó asombrado de que Obito aunque llevara la marca de Madara-san se peleara con él, de ver como se discutían e insultaban.
–Eso es indiferente, que el muy capullo me mordiera no significa nada. – Intervino el joven Uchiha que les escuchó.
–Lo significa todo. Eres mío, mi pareja y por ahora solo llevas mi marca, pero dentro de poco haré que te entregues a mi, y tú, lo harás de buena gana.– Aseguró confiado el alfa azabache. –Será entonces que te enseñaré a respetarme.
Obito gruñó, imaginando lo peor en esas palabras. Se imaginaba castigos y acciones negativas y crueles por parte del alfa, pero realmente no tenía ni idea de que estaba hablando. Y miró a Kakashi que le desvió la vista mientras carraspeaba, ese si sabía lo que quería decir el otro alfa. Iruka parecía también intrigado, pero un furioso sonrojo cubría sus mejillas, él se imaginaba algo muy distinto al sigma.
Obito ladeó la cabeza… ¿Y si no era lo que él pensaba? Miró al otro Uchiha y le vio sonreírle taimado. Espera… No era una sonrisa cruel, ahora que se fijaba, no era de esas que hacían los de su clan y que prometían tortura y dolor, mucho dolor. Castigos físicos que te provocaban tal tormento y te destrozaban de tal forma que deseabas la muerte.
–¿Cómo?– Preguntó al que era su alfa destinado, por primera vez teniendo curiosidad de que pretendía hacerle realmente cuando decía tales palabras.
–Eres mi pareja… ¿Como crees que voy a enseñarte que soy tu compañero? Te torturaré a base de lujuria y placer, Obito. Rogaras para que te toque, te lama, te muerda, te bese, te folle con rudeza hasta que no puedas más y pedirás por mi nudo. Y si te portas bien y me obedeces… Tendrás todo eso y más, hasta que caigas desmayado de tanto placer satisfecho.
Iruka soltó un gritito escandalizado y Kakashi se lo miró divertido, su hembra era demasiado inocente… Estaba deseando que llegara su celo para marcarle y, bueno hacer todo eso que había dicho el Uchiha, pero a su propia hembra.
–Demasiada información para ti, omega. –Mientras se llevaba a un, aun, escandalizado y avergonzado Umino.
Obito estaba que no se lo creía y miraba al más mayor con la boca abierta. Decidió ponerse a caminar en dirección contraria de donde había ido su mejor amigo con su omega. Estaba muy rojo, notaba su rostro muy caliente.
Madara estaba regocijándose, primero por ver que el Hatake ya tenía interés por un omega tal como le habían dicho y segundo, lo más importante, de haber causado eso en su joven pareja. Obito era un bocazas y de nuevo le había dejado sin palabras… Le encantaba conseguir eso.
La cara de satisfacción del alfa, que caminaba a su lado, hizo reaccionar al sigma.
–Eres un cerdo.
–No mocoso, soy un alfa. Tu alfa. –Si, Madara hacía tiempo que había asumido que desde que aceptó que el joven era su destinado, tendría esas reacciones sexuales, y mucho más intensas en el momento que quedaron unidos al morderle y, sobretodo ahora que el sigma ya había pasado el celo, y por lo tanto era adulto a ojos de todos. Antes se reía de los otros alfas apareados y enlazados, ahora veía que era una reacción normal e instintiva de su cuerpo. Tenía un omega maduro y fértil, un omega capaz de aceptarle en su lecho y con el cual podría copular… Su sexualidad había explotado con fuerza, había entrado en erupción.
–Pues no… No voy a-a permitir que me hagas nada de eso. –Tartamudeó un poco el más joven.
Madara levantó una ceja escéptico… Obito en negación, que no le serviría de nada… Bueno si, él aprovecharía para seguir molestándole al ver esos nervios del joven. Ya era hora que se le devolvieran las tornas al descarado sigma.
–Ya veremos… De momento ya te mordí. Solo tengo que volver a hacerlo de nuevo. –Le picó.
–Pues no te voy a dejar hacerlo. –Estaba nervioso y no precisamente por temor. –Nunca más.
–Obito, te mordí una vez y volveré a hacerlo. –No era una pregunta, era una afirmación. –Y a ti te gustará y hasta me pedirás que lo haga más veces.
–No-no es cierto… No me gustará.
Madara sonrió travieso, gustándole esa nueva faceta que estaba descubriendo del otro Uchiha. Le gustaría descubrir todas las facetas que poseía Obito y que hasta ahora le había mantenido ocultas.
Aprovechando su nerviosismo y ese bochorno que parecía asolarle, se colocó detrás suyo y acorralándolo contra la baranda del puente por el que estaban pasando en esos momentos, le dio un suave mordisco a su nuca, un mordisco cariñoso y juguetón.
–No todos los mordiscos son malos…–Le susurró contra la piel ya marcada antes de dejarle un beso en esa zona.
Viendo que el joven no parecía querer escapar, sino que parecía tan absorto que no estaba reaccionando; bueno reaccionó soltando un suave jadeo y un quedo gemido. Madara lamió la zona y volvió a presionar sus dientes en ella, sin causar sangre, mientas se apretaba más contra ese firme cuerpo.
Los dos estaban excitándose, lo sentía a través del lazo, también por las reacciones de sus cuerpos y sus aromas. Y luego el terco mocoso decía que no conseguiría hacerle nada de eso.
–Je…–Soltó sin poder contenerse por la rendición del joven a sus avances.–Y decías que no me dejarías hacerte nada.
Y Obito salió de esa burbuja de placer y frunció el ceño molesto.
–Idiota… Gracias por recordármelo–Masculló antes de aplicar su kamui para desaparecer.
Y el alfa se vio otra vez sin nada entre los brazos.
–¡Maldito mocoso! ¿Tanto te costaba reconocer que yo tenía razón?
El muy sinvergüenza e inmaduro en vez de darse cuenta de su error, va y hacía una rabieta y se marchaba… Con lo que hubiera disfrutado de haberse quedado entre sus brazos y continuar lo que estaban haciendo en su casa. Casa que también tendría que ser la del sigma sino fuera tan cabezota y hubiera aceptado ya que se pertenecían y, como tal tendrían que estar viviendo juntos y compartiendo lecho. Entonces podría hacerle todo eso que el muchacho se estaba perdiendo por llevarle la contraria.
Obito llegó a su casa y maldijo a Madara. ¿Como el muy idiota podía ser… ¡Tan idiota!? No le bastaba con demostrarle que si podía hacerle esas cosas y que si las disfrutaba… No, el muy imbécil tenía que abrir la boca y restregárselo, burlarse de él. Pues ya vería ese… Ahora era su turno de reírse del otro…
A la mañana siguiente Obito fue de visita al clan Inuzuka, le gustaba como eran ese clan; salvajes, divertidos y con mucha autoestima.
–Hola Hanna. –Saludó entrando al consultorio de la castaña.
–¿Te envía Kakashi a por las pastillas para Bull?
–¿Eh? No. Aunque espero que Bull esté bien.– Le sonrió a la chica travieso, antes de carraspear y disimular.– Vengo por motivos personales.
La Inuzuka esperó. No sabía que el Uchiha tuviera una mascota, quizás un gato. En el clan del azabache eran felinos y sabía que tenían gatos ninja a su servicio.
–Verás, he adquirido una mascota últimamente y… Es muy gruñona, siempre está enseñando los dientes y gruñendo y… Ha llegado a morderme un par de veces ya… Necesita educación y saber quien manda, pero es muy terca y peleona.
–Oh, entiendo… Quizás sea necesario llevarle a enseñar.
–Uy, es algo que tengo que hacer yo… Sino puede ser muy peligroso.
–Entiendo. Quizás te iría bien ponerle un bozal… Así podrías manejarle sin riesgo a que vuelva a morderte.
–Si, eso sería perfecto.
Le guió a la zona de la tienda, donde tenían el material para vender.
–No sabía que hubieras adquirido un perro, Obito. –Le mostró los diferentes tamaños.
–Si, es algo bastante reciente. Aun no puedo sacarlo donde haya mucha gente… Tiene mucho mal carácter y está sin socializar. –Miró las opciones.
–¿Que tamaño tiene?– Así sabría cual era el mejor bozal para el peligroso perro que tenía Obito.
–Él es grande… Así que el de mayor tamaño. ¡Me gusta ese de ahí!
Un bozal de cuero con una fuerte rejilla plateada fue el escogido por el Uchiha.
–Gracias por tu compra.– Agradeció Hanna.
–De nada.
–Y que sepas que un par de días por semana hacemos clases de educación y socialización en el parque del sur. Trae a… ¿Cómo se llama tu perro?
–Lo tendré en cuenta, cuando consiga que se comporte mejor.–Ya en la puerta sonrió al escuchar esa última pregunta. –Se llama Madara.
–¿Cómo vuestro líder?
–Si, exacto. –Y rió.
–Estoy segura que eso va a cabrear a Madara Uchiha, saber que le has puesto su nombre a tu perro.
–Como no tienes ni idea.– Susurró mientras levantaba la mano en despedida y se marchaba.
Obito con el bozal entre sus manos reía como loco. Oh, si… Madara Uchiha estaría muy enfadado… Cuando viera su regalito.
Y así Obito empezó con la búsqueda de Madara Uchiha, tenía tantas ganas de ver como se cabreaba por darle eso.
…..
La puerta de la consulta se abrió y Hanna saludó a su nuevo cliente.
–¡Yo!
–Oh, Kakashi aquí tengo las pastillas para desparasitar a Bull. –Le tendió el paquete. –Hace unas horas vino Obito a comprarle un bozal a su "travieso" perro.
–Obito no tiene perro. –Mientras pagaba el blíster de pastillas.
–¿Ah no? Pero si me ha dicho que si; que es grande, no está socializado, es gruñón, le ha mordido un par de veces y necesita educación y aprender a respetarle.
A Kakashi se le escapó una sonrisa, parecía la descripción que hacía su amigo de Madara… Aunque bueno, esos adjetivos también se le podían aplicar a Obitonto.
–¿Y como ha dicho que se llama ese supuesto perro?
–Madara.
Ahí ya Kakashi no pudo contenerse más y liberó una buena carcajada.
–Obito no tiene perro.–Reiteró. –Está describiendo a su alfa, que si, es Uchiha Madara.
La Inuzuka abrió los ojos y la boca, pero antes de que pudiera procesar lo dicho por el peligris, éste prosiguió.
–Si, el bozal es para Madara, el líder Uchiha. Obito y él tiene una extraña relación de pelea, burlas y broncas varias. Les gusta joderse la vida mutuamente.
–Pe-pe-Pero… ¡¿Ha comprado un bozal de perro para Madara-san?!.
El Hatake levantó los hombros quitándole importancia.
–Si… Así es Obito, travieso y tocapelotas. Aunque reconozco que me gustaría ver la cara del líder Uchiha.–Eso sería divertido. –Bueno, me voy. Gracias por esto.
Levantando el paquete de pastillas.
….
Cuando Madara vio aparecer al sigma con esos ojos brillantes y esa sombra de sonrisa traviesa en los labios, ya se temía que algo tramaba su destinado… No se equivocó.
–Te he comprado algo… Un regalo.
Levantamiento de ceja por parte del más mayor. Si, definitivamente su compañero tramaba algo en su contra.
–Me voy a arrepentir, pero… ¿Qué me has comprado?
Obito con una gran sonrisa se lo mostró.
–¿Un bozal? –Asentimiento enérgico por parte del joven –¿De perro?
–Claroooo. Creo que te quedará genial. –Y aquí Obito sonrió inocente.
–¿Y por qué tendría que ponerme eso?– Mientras le miraba sin creerse las salidas del sigma.
–Para no tener que aguantar tus dientes y de paso dejes de abrir la boca para ofenderme.
–Mejor póntelo tu, hembra.
–No me llames de esa forma…– Mientras su labio inferior se adelantaba en un puchero molesto.
–Oblígame, bocazas.– Le retó el alfa, mientras cerraba los ojos y se cruzaba de brazos, satisfecho por ver la reacción del otro.
A Obito le gustaban los retos, siempre le habían gustado... Y más si estos servían para molestar al alfa Uchiha que era su destinado. Sonrió antes de aplicar su técnica para colocarle el bozal al otro azabache.
–Te queda muy bien, Ma-da-ra. –Le susurró en el oído antes de dejarle un beso y desaparecer mientras reía estrepitosamente.
Madara negó divertido y suspiró para si. Mientras peleaba con el cierre para quitárselo pensaba que nunca nadie se había atrevido a desafiarlo de esa forma, tampoco a tratarlo con tan poco respeto. Tendría que estar tan cabreado… Y en cambio estaba excitado, por los juegos del otro y por esa voz susurrada contra su oído y el beso, y también divertido por las ocurrencias de su omega. Si, no se iba a aburrir con Obito Uchiha a su lado.
