15. Collar de protección.

Obito despertó esa mañana sintiéndose bien y, con ganas de planear otra nueva forma de divertirse a costa de Madara. Si es que el alfa se dejaba provocar, era bien fácil conseguirlo, y encima se divertía haciéndolo. Ver a Madara fruncirle el ceño y gruñirle, ahora era algo que disfrutaba. Antes se había tomado esas acciones a mal, pero luego de hablar con Hashirama e Izuna, apoyados por Tobirama, le había quedado claro que Madara era un gruñón para todo, o sea no solo le gruñía a él, sino que era una característica del alfa ser así. Y entonces se dio cuenta que llevaba años malinterpretando esa forma que tenía de tratarle el alfa. Que no le gruñía porque le odiase o no le soportase, sino que lo hacía con todos… Ahora solo le faltaba aprender a interpretar esos ruidos a los que Madara era aficionado.

–Antes te habías de guiar por el aroma que desprendía para saber si estaba enojado, excitado o a saber lo que le pase por la cabeza a Mady.

–Redúcelo a esas dos cosas y ya.– Se burló Izuna de su mayor.– Los alfas son muy simples; pelear, estar excitados, estar molestos por cualquier cosa, comer, volver a tener ganas de copular e intentar controlarlo todo.

Tobirama gruñó al escuchar a su omega.

–¿Lo ves?– Señalando a su pareja, al que enseguida intentó apaciguar sin quedarle muy creíble, la verdad.– Te quiero alfa.

–Ya te las verás conmigo en casa, Izu.

Izuna sonrió divertido al sigma por las palabras de su albino y levantó las cejas con regocijo. Obito antes se hubiera alarmado y preocupado al escuchar esa "amenaza" y enseguida habría saltado contra dicho alfa, sobretodo por el querer proteger al pequeño omega Uchiha. Pero tras escuchar el otro día a Madara, ya comprendía el significado de esa "intimidación" que hacía un alfa a su omega… Cosas pervertidas. Tobirama le haría cosas lujuriosas a Izuna, cosas con las que el omega parecía encantado.

–Como iba diciendo…– Continuó Hashirama que parecía algo acalorado.– Ahora tienes el lazo para comprenderle, pequeño. Y por favor no me interrumpáis más… Estoy embarazado y las hormonas son terribles… Y Mito no está aquí para saciarme…

Y Hashirama había empezado a lloriquear en una esquina. Con un suspiro hastiado, Tobirama se acercó a su hermano para consolarle. Mientras Izuna observaba y asentía a lo dicho por su cuñado. Las hormonas del embarazo te dejaban el cuerpo bien alocado… A él también le habían causado una fuerte lívido, así que entendía al omega moreno.

Obito se quedó pensando en lo dicho por el que consideraba una madre casi y, en las ventajas del lazo para comprender al complicado alfa Uchiha. En un primer momento no había estado de acuerdo a querer saber nada de ese idiota, le había dicho unas palabras muy crueles y le abandonó cuando más le necesitaba; pero cuando volvió y notó su arrepentimiento y cuando vio esa gargantilla que era tan perfecta para él, descubrió que sus ideas respecto al líder Uchiha eran erróneas. Que al igual que él había malinterpretado al otro, Madara también le había malinterpretado a él. Que el instinto y la falta de control de sus emociones, en ambos, había causado la mayoría de sus problemas. Que todo ese descontrol hormonal les había resultado apabullante. Que no le era indiferente al alfa, al igual que a él no le era indiferente el más mayor.
Y ahí estaban en ese momento actual, aceptando esas emociones y que los dos eran personas muy complicadas. Pero ahora parecía que se aceptaban tal cual eran, y que esas "broncas" que tenían eran disfrutadas por ambos, así lo decía esa unión que compartían, según le dijeron los dos omegas. También estaba empezando a leer los gruñidos del alfa… Cuando estaba molesto, cuando estaba irritado, cuando algo le divertía pero quería mantener el tipo de persona sería y dura, cuando estaba frustrado, cuando se sentía excitado… Si es que gruñía por todo ese hombre.

Miró a Izuna, aprovechando que los hermanos Senju estaban distraídos, o lo que era lo mismo, Hashirama lloraba de forma dramática abrazado al albino, que llevaba sus ojos al techo por escuchar lo que le narraba Hashirama que deseaba hacerle a su alfa, pero que no podía porque ella estaba ocupándose de unos asuntos fuera de la aldea y sobre lo injusto que era estar cachondo sin tener a su macho allí. El pobre Tobirama no sabía donde meterse, mientras su propio omega se burlaba de él.

–Izuna… ¿Eso duele?

–¿El qué? – Miró al más joven, prestándole atención.

–El que tu alfa te castigue de esa manera… Ya sabes.– Enrojeció un poco.

–Aah, los castigos de los que siempre hablan cuando hacemos o decimos algo que sabemos que les molesta…– Izuna se relamió los labios y sonrió más, sobretodo al ver como su alfa observaba con detalle como se había remojado los labios.– No, Obito… Es algo que se disfruta demasiado, pero siempre tienes que tener la confianza de hablarlo con él y decirle lo que te gusta y lo que no.

–¿Y sino se lo que me gusta y lo que no?

–Entonces déjate llevar, déjale hacer y que experimente contigo… Él mismo va a notar lo que te gusta y lo que no… Y créeme, siempre buscara que te encante lo que te haga. A los alfas les gusta hacer gritar de placer a sus parejas, eso les excita mucho y les sube el ego.

El chico desvió la mirada de forma nerviosa, parecía querer decir algo más.

–Dímelo sin vergüenza Obito. Todos hemos sido jóvenes y sin experiencia, y hemos necesitado el consejo de otros.

–Madara siempre dice… Dice que me hará desmayar de placer.

–Y es capaz de lograrlo si se lo propone… Y es una de las mejores experiencias que vivirás.– Sonrió de nuevo al recordar algo propio.– No tengas miedo por sus palabras, te puedo asegurar que todos estos miedos que sientes ahora son infundados y, cuando más adelante te permitas vivir estás experiencias junto al terco de mi hermano, recordaras en estas preocupaciones y te sentirás tonto.

Le miró agradecido por sus palabras.

–Escúchame bien, un omega o en tu caso un sigma, es el que tiene el poder real. Los sonidos que hagas, el aroma que liberes, tus toques… Todo eso te ayudara a controlar al alfa, además de volverle loco. Úsalos sin miedo, te ayudaran en según que situaciones de descontrol… Lo último que quiere tu pareja destinada es herirte.

–Gracias Izuna.– Mientras asentía a los dicho por el otro azabache.

–De nada y, si tienes más dudas ven a nosotros a preguntar sin miedo. Estaremos encantados de ayudarte… A veces Madara es algo tonto, capullo y gruñón, pero en su interior es una muy buena persona que se preocupa por los que quiere. En él, cuando aprendáis a comprenderos, encontraras a la mejor de las parejas posibles.

Obito se sentía más tranquilo con parte de sus dudas contestadas. Era joven y desconocía del tema. Madara usaba unas palabras que le provocaban reacciones a su cuerpo, sobretodo ahora que entendía por fin que quería decir el alfa Uchiha cuando se las decía… Antes pensaba que Madara buscaba herirle, le cual le enfurecía y aun le hacía reaccionar más a la defensiva, tomarse muy mal esas palabras, por suerte ya sabía de que hablaba el líder Uchiha.

Y cuando había empezado a actuar aun le causaba más revuelo a su confundidas hormonas, su cuerpo se calentaba y notaba como si miles de hormigas se pasearan por su piel, notaba su pene endurecerse en sus pantalones, sus pezones se tensaban y erguían lo que le dejaba abochornado y lo peor, mojaba su ropa interior por la zona de su culo. Entonces tenía que correr a su hogar, en realidad desaparecía con su kamui. Solo le faltaría que alguien lo descubriera y se burlara, menos quería que lo descubriera el alfa.

Izuna sonrió un poco al contarle, con la cara sintiéndola muy caliente, todo eso.

–Obito eso es que estás excitado… Es normal, a todos nos pasa al reaccionar a nuestras parejas. Tanto a alfas como a omegas les sucede.– Le puso una mano en el hombro.– Siento decirte que eso, Madara ya lo debe haber notado.

–¡¿QUÉ?!– Se levantó y dio medio giro mientras se llevaba las manos a la cara y negaba con la cabeza de forma frenética.– ¡Nooo! No puede haberlo notado. ¡Nooo, mierda!

Hashirama dejó su drama al oír ese grito y al ver al joven tan nervioso. Tobirama respiró en paz de nuevo, ya se estaba traumando al escuchar todo lo que quería su hermano que le hiciera Mito… Con pelos y señales… Necesitaba que alguien le hiciera olvidar, le pediría a Izuna cuando llegaran a casa que usara el sharingan con él y le borrara esas traumatizantes palabras que escuchó.

–Si, el lazo va en las dos direcciones, chico.– Sino fuera porque Obito estaba realmente preocupado se reiría de ese drama que estaba haciendo tan a lo Hashirama.

–Es cierto pequeño. Tu sientes a Madara… Y él a ti.

Obito quería golpearse contra el escritorio, quería que la tierra se abriera y lo tragara, quería que viniera un bijuu y se lo devorara entero, que le cayera otra roca encima de nuevo, meterse dentro del katon de alguien y que le achicharrara… Cualquier cosa menos saber que Madara notaba todas esas veces que se excitó por culpa de sus palabras y/o sus acciones.

–Por eso se muestra tan arrogante…– Ahora lo entendía todo. La chulería del alfa tras esas interacciones, su mirada autosuficiente, su sonrisita de superioridad…– ¡Mierda!

–Realmente chico, eres un poco torpe…– Iba a decir otra cosa peor, pero las miradas amenazantes de los omegas en el cuarto lo llevaron sabiamente a morderse la lengua.

–No te preocupes, pequeño.

–Si, piensa que él también está excitado tras cada encuentro contigo… Cada acto de rebeldía, cada vez que te acercas a él, cuando te muestras tan retador.

Para que se sintiera mejor le relataron las veces que habían pillado a Madara excitado o masturbándose ante cada encuentro entre ellos dos y si, incluso las peleas. Eso dejó a Obito satisfecho y orgulloso de ser capaz de provocarle tanto al alfa. Se fue satisfecho de esa reunión. Tenía mucho que pensar, se sentía tan genial y confiado.

….

–Que asco… Quería arrancarme las orejas tras lo que decíais de ese maldito puercoespín.– Se abrazó a su pequeño omega.– Hoy necesito tu sharingan para olvidar todas las mierdas que he oído, entre Hashirama y sus descontroladas hormonas y lo de Madara…

–Te lo voy a compensar cuando Kagami se duerma.

–Eso espero, gatito.– Mordisqueó ese pálido cuello, satisfecho con el jadeo de su azabache. – Además tengo un castigo que aplicarte.

–Tu no perdonas nada, alfa.– Mientras sus manos se perdían entre ese despeinado pelo blanco en una lánguida caricia.

–Un Uchiha siempre ha de recibir la máxima pena a pagar.

–Lo que tu digas maldito Senju.– Riendo divertido.

…..
Abrió la puerta del patio de su hogar y en el suelo encontró el regalo que le hizo al alfa, estaba destrozado. Liberó la carcajada que le causó ver eso, Madara se había desquitado con el pobre objeto. Al levantar el amasijo de cuero y metal retorcido, roto y ennegrecido al estar medio quemado, encontró la nota.

"Gracias por el regalo, mocoso. Pero no termina de ser de mi estilo… Tampoco hubiera podido contener el mordisco que te has ganado a pulso en cuanto te vea."

Rodó los ojos divertido ante esas palabras, aunque su entrada pulsó en anticipación. Maldijo a su propio cuerpo por ser tan traidor y desear eso.. Que si, quería que se lo hiciera, pero no hacía falta esa reacción por parte de sus genitales por culpa de sus bajos instintos.

–Que te crees que te voy a dejar, Madara.–Su pantera rebufó por no poder tener lo que deseaba con la pantera dentro del Uchiha mayor. –¡Tu a callar! –Se dijo a si mismo.

Solo faltaba eso, que su propio animal interno se sublevara en contra de sus ganas de molestar al alfa. Él también lo deseaba… Y le había gustado mucho que el más mayor le acorralara contra el puente y mordisqueara, lamiera y besara su cuello, pero… Que sufriera un poco antes, se merecía divertirse y seguir siendo cortejado. Además que deseaba molestarle algo más, sobretodo ahora que se sabía descubierto su estado lujurioso por culpa del otro.

¿Que podía hacer para hacerse el difícil y joder a Madara? La cuestión es que el alfa no se saliera con la suya… O no tanto, ya sabía que el alfa conocía que le excitaban sus palabras y trato, lo mismo que el sabía que excitaba al otro. Pero al menos poder dar a entender: "Aun no me tendrás, jódete."

Y a su memoria vino algo que vio ayer en una de las tiendas y también en algunos cuellos omegas.

–Perfecto…

….

Pues nada, ya estaba equipado… Era un poco molesto pero lo soportaría si así hacía molestar a Madara Uchiha en esas "batallitas" suyas.

Y con eso en el cuello se paseó por todos lados buscando al líder Uchiha, pero de forma disimulada claro.

–¿Qué haces con eso?– Con un gruñido al ver esa horrible cosa que lucía el sigma en su cuello. Ese cuello que adoraba ver, sobretodo cuando podía apreciar las cicatrices que habían causado sus dientes y que ahora estaban cubiertas.

Y ya lo había encontrado, sonrió con cinismo antes de encararle.

–Es para que no te atrevas a morderme de nuevo… Ya que te niegas a llevar el bozal que te compré. No valoras mis obsequios…

Revirada de ojos por parte del alfa a la vez que soltaba un sonoro suspiro.

–Eres mi pareja Obito. Es normal que te muerda y es lo que voy a hacer, de nuevo, cuando sea el momento… Lo quieras o no, no tienes elección aquí.– ¿Se creía ese mocoso que podría burlarle a él?– Pero, me gusta como te queda ese collar, te hace parecer más adorable, un pequeño omega que necesita protegerse de un temible alfa como yo.

Y Madara le había guiñado un ojo de forma coqueta y llena de erotismo, y él solo atinó a gruñirle al alfa sin poder añadir nada más, simplemente se fue de allí pisando fuerte.

Ese día el cabreado era Obito, le salió mal la jugada… Madara le había tratado como si fuera un temeroso, dulce y sumiso omega, algo que necesitaba ser cuidado y protegido… Y que su entrada se hubiera humedecido y pulsado no significaba nada, era una reacción natural… Pero eso no se lo había provocado ese alfa estúpido y dictador, ni con sus palabras ni con ese prometedor guiño… Para nada.