16. Gruñido

Su celo se acerca, lo siente… Y eso le tiene más agresivo de lo normal, más escéptico y puntilloso; sentía que la tensión le haría saltar en cualquier instante del asiento, su instinto a flor de piel y ansioso por estar acercándose el momento. Estar en la oficina era un suplicio en esos momentos, pues solo sentía ganas de rugir cuando le venían con tonterías para firmar o cuando veía que su pila de documentos a revisar no parecía disminuir por mucho que leyera, firmara y clasificara. Tampoco ayudaba que en esos momentos hubiera otro alfa también con la testosterona algo elevada en ese mismo espacio.

Observó el calendario en su mesa de la oficina y gruño. Ya habían pasado seis meses, que rápido pasaba el tiempo sin darte ni cuenta.

–¿Que ocurre hermano?– Preguntó Izuna al escuchar la pluma rasgar el papel con demasiada presión. Los gestos de Madara evidenciando una gran tensión. En cambio los gruñidos eran ignorados pues era algo que su mayor hacía siempre.

–Mi celo se acerca.

–Ya lo habíamos notado puercoespín… Apestas más que en otras ocasiones.– Intervino el otro alfa en cuestión, con voz más gutural de la cuenta.

–Puta rata… Te voy a convertir en rescoldos después de quemarte con mi katon, aunque antes te sacaré el corazón con esta jodida pluma y…

Si, a la mínima provocación saltaban, ese era el problema de los alfas en pre celo. Izuna invocó paciencia a quien le estuviera escuchando.

–¡Ya basta! Por kami… Cuanta testosterona y feromonas juntas.–Miró a su alfa frunciéndole en ceño. –Tu también estás cerca, Madara no es el único que espanta a las visitas.

Estar con esos dos en la misma habitación cuando ambos estaban empezando a estar dominados por las hormonas era horrible… Y se pondría peor a medida que el día del celo se acercara.

Miró a su hermano que sonreía triunfante porque había reñido a su pareja y reviró los ojos, parecía un crío pequeño.

–Tú… Haz el favor de ir a hablar con Obito sobre tu estro.–Le miró significativamente. –Hablar Madara, no exigir… Ni rugir… Hablar.

Le recalcó, pues su hermano mayor a veces era algo idiota y la cagaba, y aun la cagaba más cuando las hormonas se le rebelaban, como en esos instantes.

Todos sabían que un alfa en pre celo estaba más que insoportable y cuando estaban en celo eran agresivos y dominantes. Los omegas se dejaban hacer sin pelear, pues lo disfrutaban e intentar pelear era peor, los alfas se ponían más agresivos y dominantes. Además, los omegas no estaban tan desprotegidos, usaban su aroma en caso de que el alfa se "descontrolara" demasiado o una voz suave y suplicante; un alfa en celo era lujuria en estado puro, salvaje, brusca y sin control durante esos 3 días.

Pero… Obito era un omega sigma. Y un sigma tenía instintos diferentes a los de un omega normal. Eso podía resultar en desastre… Tendría que pedirles a Mito y Hashirama que le explicaran la situación al joven, aunque él ya estuvo explicándole cuatro cosas. Pero ahora que conseguían "llevarse bien" con Madara y estaban en "esa especie de cortejo extraño entre dos idiotas", era mejor que nada lo estropeara… De nuevo. Si es que esos dos eran más tontos que hechos a encargo en lo que concernía entre ellos y con sus respectivas emociones. Definitivamente eran el uno para el otro.

–Ya lo haré, maldita sea.–Le gruñó a su menor. Solo le faltaba eso, que Izuna le estuviera aleccionando de cómo hacer las cosas.

Y otro gruñido se escuchó en el despacho… El del alfa albino que al estar cerca del pre celo estaba también agresivo, dominante y sobreprotector con su hembra.

–¡No le gruñas a mi omega!

–¡No jodas puta rata! Es mi hermano y le gruñiré si se lo merece. Además tu no eres nadie para decirle al gran líder Uchiha lo que…

–¡BASTA! Vuestros aromas me marean. –Con voz nasal por estarse tapando la nariz.

–¿Es-es-están bien? –Iruka entró en el despacho preocupado y al oler a ambos alfas ladeó su cabeza mostrando su cuello en sumisión mientras gemía asustado y se acurrucaba en una esquina.

–Mirad lo que estáis causando, tontos–Mientras continuaba con la nariz fuertemente tapada, para evitar que le pasara como a Iruka. Entonces si que su alfa se pondría sobreprotector y se liaría una fuerte pelea entre esos dos machos cargados de testosterona e instinto animal y territorial. –Madara fuera, ve a hablar con Obito ahora que aun estás en tus cabales. Y tú… Cálmate, alfa.

Mientras se acercaba a su pareja liberando un suave aroma tranquilizador y le ronroneaba. Tobirama se relajó al instante y musitó un suave discúlpame mientras enterraba la nariz entre el suave pelo azabache de su pareja e inhalaba con fuerza.

–No te preocupes, mi macho.–Le besó antes de ir a abrir las ventanas para ventilar. –Iruka manda a buscar a Hashirama y Mito.

Madara caminaba por la aldea, mientras los aldeanos se afanaban a quitarse de su camino. El alfa Uchiha desprendía un aroma muy intenso y dominante y su presencia era apabullante, poderosa. Los omegas y alfas inclinaban la cabeza respetuosos y mostraban su cuello en sumisión, Uchiha Madara era un alfa superior a todos ellos y no se atrevían a mostrar otra cosa que no fuera un gran respeto a su paso.

Pero Madara solo tiene su mente ocupada en una cosa… Quiere pasar su celo con ese maldito de Obito. Joder para algo es su pareja. Tendría que estar dispuesto para él, aceptarle en su lecho, porque si, está dispuesto a ir donde el sigma se sienta más cómodo para pasar esos días de estro… Pero el muy maldito le pelea y discute a cada cosa que le insinúa y dice. Si el otro día destruyeron el campo de entrenamiento del norte al ponerse a pelear por una tontería, eso si, a los dos les encantó esa batalla durante las horas que duró. Había habido mucho roce y toqueteos, que hicieron ver que no se habían dado cuenta; también provocaciones verbales y burlas. Ese día Madara se masturbó furiosamente durante toda la noche hasta el amanecer… Esperaba que a Obito le hubiera ocurrido igual. Aunque se lamentaba porque ambos hubieran disfrutado más si hubieran pasado esa noche juntos, desnudos, tocándose y apareándose, en la cama de cualquiera de los dos.

Y ahí estaba de nuevo, plantado delante del joven que le observaba altivo, sin ningún rasgo de miedo o sumisión, a diferencia de todos con los que se había cruzado hasta llegar a él. Obito estaba con sus compañeros shinobis, que a diferencia del joven si desviaron la mirada cuando les observó duramente y bajaron la cabeza con gran respeto y algo de temor.

–¿Qué ocurre?– Miró a sus compañeros y rodó los ojos.– Mira lo que estás provocando… Relájate un poco.

–Dentro de poco será mi celo.– Fue directo al punto. Le importaba una mierda que los amigos del mocoso se sintieran intimidados o incomodos por su fuerte presencia. Tampoco estaba por la labor de intentar ser más "suave", joder que estaba en pre celo.

–No me importa.– Obito se levantó y se apartó de sus amigos, para también llevarse al alfa de allí. Eso si, no pensaba perder la oportunidad de molestar al líder Uchiha. Así de paso no reconocía lo nervioso que le ponía notar la necesidad del alfa que estaba cada vez más cercana a llegar… ¡Que era virgen, claro que se ponía nervioso!

–Eres mi omega, lo quieras o no.

Y ahí iba Obito gruñéndole y acercándose peligrosamente a él para golpearle, eso le serviría al joven para liberar ese temor por la situación que notaba a través del lazo. Si ya empezaba a conocer a su omega.

Le sujetó la mano y giró sobre su cuerpo, dejando al omega delante suyo y el brazo que le sujetaba cruzándole el pecho. Tiró de esa extremidad para pegar la espalda del joven a su propio torso. Esas nalgas duras y firmes contra su paquete. Era demasiado excitante, jadeó con fuerza y soltó un gruñido cargado de lujuria. Le gruñó gutural y dominante.

–Ya basta de juegos. He aguantado demasiado, Obito. Eres mi pareja, mi destinado y el destino quiere que estemos juntos y considera que eres el indicado para mi…

A Obito también le gustaba sentir al alfa pegado a sus nalgas y ese gruñido contra su oído, tan profundo. Se lo devolvió, él también se sentía atraído por el otro, no se removió para soltarse. Se detuvo al analizar lo último dicho por el alfa, eso le dolía.

–¿El destino? ¿Y tu que quieres Madara? No deseo ser una elección porque el destino lo quiere, aceptar porque algo dice que tienes que tenerme.– Madara hablaba como si se no tuviera interés real en él, como si tuviera que conformarse con él y ya.

Madara quedó satisfecho pues Obito respondía con la misma intensidad a sus acciones, pero… De pronto se había detenido, notaba a través del lazo su dolor.

¿Qué deseaba él? Era claro… Pero parece que la cagaba en su elección de palabras.

–Hablar no se me da bien Obito Uchiha… Y menos en estos momentos donde lo único que deseo es arrancarnos la ropa y frotarme contra ti hasta conseguir que cedas o llevarte muy lejos, persuadirte y poder pasar mi celo sin que nadie venga a interrumpir, sin que nadie pueda verte… Te veo con otros y solo tengo ganas de pelear con ellos para demostrarte que yo soy mejor y me escojas; arrancarles los ojos si te miran con interés, destrozarles los oídos para que no tengan el privilegio de escuchar tu voz… Y les cortaría las manos si me enterara que te quieren tocar.

Obito aplicó su técnica para liberarse del agarre de esa mano que le impedía hacer nada. Una vez libre se giró y observó al mayor.

–No quiero que me trates como a una hembra. Yo no soy como los demás omegas, esas cosas que les gustan a ellos a mi no me gustan. No necesito que me protejan, ni pienso callarme, te pelearé y me meteré contigo.

Madara negó.

–No quiero a un omega como los otros… Me aburriría de esa suavidad, esa sumisión, esos empalagosos aromas dulzones, tratarles con suavidad y delicadeza para que no se ofendan o molesten o se asusten o no me teman. Te quiero a ti, Obito Uchiha.

Había pasado algunos celos, al principio de presentar como alfa, con omegas, pero enseguida vio que no se sentía a gusto con ellos, probó con betas y le sucedió igual. No le excitaban, nunca le habían conseguido excitar. No como le excitaba el joven. Recuerda cuando vio al cachorro por primera vez y ya nunca más le lleno el estar con nadie. Dejó de intentarlo, pasaba sus celos en solitario y se sentía mejor, pues no sentía la necesidad de tocar y ser tocado por ninguno de esos que se le ofrecían. Cuando el joven volvió y encima cerca de ser considerado adulto, y cuando descubrió que era sigma, algo que siempre le había preocupado pues pensaba que sentía demasiado interés por otro alfa, ahí ya había dejado de controlarse; no quería volver a sufrir ningún otro celo más sin estar con el mocoso.

Más que las palabras, lo que al joven le gustó fue sentir todo lo que Madara no sabía expresar con la voz, sentirlo a través de ese lazo que compartían. Madara le quería a él a su lado, Madara le quería en esa extraña manera que tenían ambos de quererse y demostrar su interés por el otro.

–Eres pésimo hablando, Madara Uchiha.– Se acercó hasta que sus torsos se presionaron.– Gruñe para mi.

No se lo tuvo que repetir dos veces. Madara soltó un profundo y gutural gruñido en el oído del joven; un gruñido que fue correspondido. Los dos sonrieron para si antes de abrir los ojos y unir sus bocas en un beso que era de todo menos dulce.

Hashirama y Mito se detuvieron al haber encontrado a su objeto de búsqueda. Y se miraron.

–Nos preocupábamos por nada…

–Si, tienes razón alfa. Aunque igualmente creo que Obito necesita "la charla" antes de que vaya con Madara a pasar su celo juntos.

–¿Tu crees que sea necesario?

–Será su primer celo con un alfa y encima la primera vez que tenga relaciones… Puede ser muy duro.

Mito estaba de acuerdo… Sería doloroso y complicado para el joven. Y cuando quiso darse cuenta su, bastante preñado omega, ya estaba cerca de esos dos que se besaban buscando cada cual la dominancia en ese beso, por encima del otro.

–Mirad que espectáculo estáis dando.

Los dos Uchiha se separaron.

–Es que este idiota ha venido a rogarme y me ha dado tanta pena y vergüenza ajena que le he besado por lástima.–Se excusó Obito, a la vez que aprovechaba para meterse con su pareja.– ¡Au! ¡Idiota!

–Te lo mereces… Eso y más, puñetero mentiroso… Otra palabra que añadir a tu lista de "virtudes"

–Gracias.– Mientras seguía sobándose el trasero a causa del fuerte manotazo que le dio el azabache mayor.

–Era sarcasmo, mocoso.– Se cruzó de brazos mientras asesinaba con la mirada tanto a Hashirama, por interrumpirles; como a Obito, por decir esas cosas de él.

–Ojalá te pudieran coser los labios… Ya que insistes en no llevar un bozal.

–Te mereces que te de tal escarmiento…

–Necesitarías ayuda para conseguir hacerme algo, viejo.

–Argh… ¡Basta! Yo solo he venido a llevarme a Obito para poder hablar con él.– Mito se colocó al lado de su pareja con una sonrisa divertida en los labios.

–Obito necesita cierta guía para… Tu ya sabes.

Los dos Uchiha se miraron con sendas cejas enarcadas. Ninguno de los dos sabía que querían decir.

–No, no lo se. –Soltó Madara.

–¿Qué tengo que saber?– Apostilló Obito.

–Es que sois cortados por el mismo patrón casi…– Rebufó Hashirama.– Eres virgen niño, no pasaste tu celo con nadie.

–¿Y por culpa de quien fue? ¿Eh?– Mirando mal al alfa Uchiha.

–Ya, porque tu eres un jodido santo, ¿verdad?– Se defendió de la acusación de su pareja.

–Encima será culpa mía…

–¡Basta! Fue un malentendido y los dos sois culpables de él.– Si es que con esos no podían llegar a ningún sitio. Siempre buscaban cualquier excusa para discutir.– Me tenéis cansado. Estoy preñado, quiero irme a mi nido con mi alfa y en vez de eso estoy aquí plantado aguantándoos.

–Hashirama no te exaltes mi vida, piensa en nuestro cachorrito.– Le abrazó mientras acariciaba su cuello y lóbulos de las orejas, a la vez que liberaba un aroma relajante.– Obito, el celo de un alfa es muy intenso… Solo queremos hablar sobre ello y darte cuatro consejos y ayudas.

–Eso puedo hacerlo yo…– Se ofreció Madara mismo.

–No digas tonterías Mady… Lo único que quieres es meterle mano.

–¡Que pervertido! – Se escandalizó Obito de forma falsa, mientras miraba travieso al alfa Uchiha.

–Quien fue a hablar… Como no he notado tu mano en mi trasero hace unos momentos.

Obito levantó sus hombros quitándole hierro al asunto, aunque un suave sonrojo cubría sus mejillas.

–No te he escuchado quejarte…

–No he dicho que no me gustara…

Hashirama, exasperado por ver a esos dos en su propia burbuja de peleas, discusiones, cortejo, burlas, insinuaciones y como ellos eran ignorados, miró a su alfa y le hizo un puchero. Mito le sonrió apaciguadora.

–Pequeño, nosotros vamos a casa… Sabes que si tienes cualquier duda o pregunta, eres siempre bienvenido.

Obito le asintió a la alfa pelirroja.

–Gracias Mito-san.

Hashirama fue a abrazarle con cariño, abrazo que fue correspondido.

–Escucha pequeño, si te duele algo que haga… Usa tu aroma o sonidos o quéjate sin miedo, eso hará que dentro de su bruma inconsciente e irracional vaya con más mesura y cuidado. Recuerda que si te daña de alguna forma no lo hace expresamente, los alfas se suelen volver muy brutales y salvajes durante su estro.

–Si, madre.– Dijo el Uchiha, pues eso sentía que era Hashirama para él.

El omega Senju le sujetó las mejillas con amor al escucharle diciéndole madre y le besó la frente. Le preocupaba Obito, era su primera vez pues durante su celo no fue saciado ni explorado y sabía que el joven nunca se había tocado de allí detrás… Según le confesó solo se había masturbado el pene algunas veces después de haber tenido algún encuentro con Madara donde se había excitado por culpa del actuar del otro. Perder la virginidad durante el estro de un alfa era algo arriesgado… Si ya a los omegas más experimentados les dolía un poco pasar el celo con sus alfas, uno que no había sido explorado de su entrada lo pasaría fatal, podía ser hasta traumatizante.

Luego se giró a su amigo y le susurró.

–Por favor, no le dañes.

Madara entendía la preocupación de esos dos. Sería complicado, tanto para él al intentar controlarse un poco y no hacerle daño a un inexperto Obito; como para el sigma, que al no estar en celo le sería más difícil de soportar. Si el mocoso hubiera ido a vivir con él, o le hubiera aceptado desde el primer momento después de la marca, ya habrían intimado alguna vez y sería más fácil para ambos.

–Hablaré con él mientras aun puedo ser racional.– Prometió a su amigo mientras miraba al joven Uchiha y le daba a entender que esa charla era ineludible.– Ves a descansar con tu pareja y ese bebé que está creciendo en tu interior. Estoy seguro que quieres que tu zorra te consienta todos tus caprichos.

–Yo no tengo caprichos, Mady.

Obito se mordió los labios para no reírse, pobre Mito-san…

–Ya… Seguro.

–¡Mito! Dile que no tengo.

–Es cierto, omega. Tu no tienes caprichos, es el cachorro quien los tiene.– Apostilló la Uzumaki para complacer a su preñada pareja.

–¡Exacto! ¿Ves Mady? A ver si aprendes sobre como debes tratar a tu pareja.

– Eso te lo dice…

–Porque es cierto.– Cortó Mito antes de que Madara abriera de más la boca y dijera algo indebido. Le miró significativamente para que se callara. Bastante dado a los dramas era Hashirama estando normal… Imagina cuando estaba hormonal.– Vamos cariño, vamos a nuestro nido.

Se despidieron de los dos Uchiha antes de que alguno de los dos dijera algo que pudiera molestar al Senju.

– ¿De verdad vas a darme esa charla?

–Creo que es importante para que sepas lo que te vas a encontrar.

–Te prefiero cuando gruñes…– Rebufó.

–Mocoso insolente y malagradecido.– Y si, volvió a gruñir.

Y Obito rió divertido mientras el más mayor seguía gruñendo molesto por tener que soportar a ese indómito sigma. Él era Uchiha Madara, líder del clan Uchiha, el Uchiha más fuerte, un alfa superior, cofundador de la aldea de Konoha, sublíder de esa villa y… Su omega no le respetaba para nada. ¿Y así esperaban que no se pasara el rato gruñendo?