17. Celo alfa

Los dos cuerpos desnudos sobre esa superficie, un amasijo de brazos y piernas, el alfa acabó triunfando y se puso encima, acorralando el cuerpo de su pareja bajo el suyo. Le clavó las garras en su desesperación y lujuria sin control, estaba demasiado cachondo y descontrolado como para razonar sus acciones. El omega jadeó por el dolor que sintió y soltó el aire cuando ese agarre dejó de ser tan violento.

Enseguida el pene grueso y congestionado de su pareja se introdujo en su entrada, no fue para nada suave al penetrarle, ni tampoco le había estimulado antes de hacerlo; se mordió el labio inferior para no soltar ningún lamento y se obligó a quedarse quieto, si se intentaba remover o separar, le iría peor. Si buscaba escapar de ese dolor, de ese duro sometimiento por parte del alfa, lo único que conseguiría sería intensificar el instinto de caza de su pareja en celo y este se mostraría más "efusivo", o sea sería más salvaje y agresivo. Su cuello fue mordido y él se quedó en su lugar, ofreciéndolo de forma sumisa, lo mismo que ofrecía su entrada que ya estaba siendo profanada con golpeteos duros de parte del alfa, penetraciones bruscas donde se escuchaba claramente el choque entre sus carnes, le costaba aguantar en esa posición las potentes embestidas. Su respiración iba en acorde a los fuertes embistes, le cortaban hasta la respiración cuando le notaba golpear contra su canal con esa fuerza desmedida. Su destinado estaba siendo muy posesivo y brutal, causándole una mezcla de placer y dolor. Luego de esos tres días no podría sentarse correctamente, y tampoco creía que sus piernas funcionasen bien durante unas largas horas… Eso sino terminaba desmayado tras los numerosos orgasmos y las brutales copulas; sería demasiado a soportar, demasiado intenso. Estaba claro que pensaba cumplir esas amenazas que le solía hacer.

Sus ojos se llenaron de lágrimas por tan dura estimulación, gimoteó y soltó un suave quejido para apelar a su pareja, que esta fuera un poco menos brusca en su trato y en sus montas. A la vez liberando un aroma que le decía que estaba excitado y le gustaba aparearse con él, pero que le estaba doliendo un poco.

Soltó la piel que estaba mordiendo con demasiada fuerza en sus ansias de que su pareja no se moviera y se dejara hacer por él y lamió con suavidad la maltratada piel, calmando el escozor en la zona donde repetidamente había estado clavando sus dientes con demasiada brusquedad. También disminuyó un poco la intensidad de las embestidas, más no podía intentar contenerse en ese frenesí sexual que le dominaba. Estaba claro que no deseaba agotar antes de tiempo a su hembra, tampoco causarle dolor … Tenía que controlarse lo máximo que pudiera, apenas estaban empezando en su celo. Una cosa es que buscara calmar su necesidad con su pareja, anudarla bien profundamente, llenarla con su abundante y espeso semen… Quizás ponerle un cachorro en su fértil útero; pero no quería dañarla. Era su pareja destinada y le amaba, solo es que se sentía muy necesitado y eufórico, muy fuera de control y deseando follarle sin piedad, sin contenerse… Pero también sabía que había empezado muy a lo bruto, sin considerar que el que estaba en celo era él y no su omega. Al no estar la hembra en celo su entrada no estaría tan elástica y lubricada como cuando el omega estaba en celo, por lo tanto su pareja necesitaba más tiempo para estar preparada para que le pudiera montar tan salvajemente como deseaba en esos instantes.

Esta vez su azabache pareja maulló satisfecho y a su sensible nariz le llegó el dulce aroma de la humedad que producía la entrada del omega cuando estaba excitado, también lo notaba en su pene que cada vez se deslizaba con mayor facilidad y como ese dulce y aromático lubricante empezaba ya a mojar los alrededores de la apretada entrada de su destinado y su propia piel cada vez que golpeaba con fuerza las carnes del azabache. Si, su pareja ya empezaba a estar dispuesto para la agresiva monta que compartirían durante esos tres días que le duraba el celo.

Se cernió sobre el pequeño cuerpo de su hembra mientras golpeaba con rudeza contra esa entrada, su mayor peso terminó haciendo ceder a Izuna. Adoraba a su pequeña hembra, su valentía y testarudez, había intentado resistir en esa postura lo máximo posible, pero la potencia de un alfa en celo, su fuerza desatada era demasiada. Todo y el cambio de postura no se detuvo de seguir golpeando en ese interior que le acogía, satisfecho gruñó mientras causaba intensos gritos de placer en su omega. Era suyo, suyo y de nadie más. Amaba a su Izuna, a su gatito.

–Mío– Gruñó más animal que humano.

Remarcando la posesividad que sentía hacía el azabache, su dominio y causando que el pequeño felino que tenía por destinado maullara y gimiera satisfecho por saberse de ese alfa.

–Tuyo… Tuyo, mi macho… Mi alfa… Házmelo… – Gritó satisfecho, le pertenecía al alfa albino y haría todo por él.– Lléname… Quiero tu nudo.

El nudo cuando no estaba en celo le causaba un placer morboso, pero lo adoraba. Sentir sus paredes, que carecían de la misma elasticidad de cuando estaba en celo, estiradas al máximo era un dolor que había aprendido a disfrutar demasiado. Ahora era algo que ansiaba sentir.

….

Madara estaba desnudo, lleno de arañazos y marcas rojas, demasiado excitado para sentir ningún tipo de dolor y queriendo montar a su pareja… Pero ésta estaba algo juguetona… Lo que le resultaba divertido y muy excitante, "Maldito mocoso". Su pene estaba tan duro y congestionado, apuntaba hacía arriba orgullosamente erecto, babeando líquido preseminal al olfatear que su pareja estaba en la misma situación que él… Pero al otro lado de la cama. Cerró los ojos, tenía que tener cierto control de si mismo, no podía olvidar la situación de Obito. "Con calma... Con calma...", se recordaba a si mismo, a su lado más primitivo, a cada instante...

Esa situación se había dado cuando intentaba hablar con el mocoso de que encontraría cuando entrara en celo definitivamente. Empezaron hablando, o esa fue su intención, luego siguieron con sus peleas y todo se exaltó, después de todo él estaba tan cerca de su estro que estaba más agresivo que normalmente, iniciaron una batalla y ese era el resultado. Él desnudo, Obito a medias, ambos muy excitados y empezaron a tocarse, besarse, arañarse e intentar tener el control y cuando ha estaba a punto de entrar en su interior, el menor usó su jodida técnica de mierda para liberarse y "escapar" mientras se carcajeaba.

Obito estaba medio desnudo, cubierto de algunas marcas y arañazos. Desde el otro lado de la cama sonreía arrogante y travieso a su pareja, que parecía estar demasiado molesto como para apreciar la diversión del juego y le miraba con un ceño muy fruncido. Miró el pene del alfa, tan grueso y enrojecido… Él suyo también estaba erecto, aunque no poseía el mismo tamaño, ni el mismo grosor que el del alfa.

–Ven a por mi, capullo. Jejejeje.– Siguió provocando.

Oh, si… Eso era divertido. Todo y que le habían advertido que no provocase a un alfa durante el pre celo y, que no huyese de él cuando estaban en celo. ¡Bah, eso era más divertido! Y siempre le habían tachado de inconsciente, solo estaba siguiendo en su línea.

Madara soltó el más potente rugido que le había escuchado jamás y, se lo devolvió con uno de su propia cosecha, retándole. Y cuando el alfa saltó a por él… Él fue a su encuentro. Sus cuerpos chocaron con fuerza y ahí iban de nuevo. Los dos sin querer ceder terreno se arañaban, se hacían inmovilizaciones, se mordían y se arañaban. Los gruñidos por parte de ambos, junto con jadeos y gemidos era la música que sonaba en ese cuarto. La tela del pantalón del joven azabache cedió ante las garras del alfa, llevándose también un poco de piel del sigma y dejándole surcos enrojecidos, no les importó. Sus bocas chocaron y un apasionado beso lleno de dientes y lengua fue intercambiado, las respiraciones aceleradas… Rodaron por la cama intentando tener el alfa el control y Obito no queriendo permitírselo, no es que supiera que hacer en el sexo… lo cierto es que estaba muy perdido en ese aspecto; es solo que era parte de su herencia de sigma el querer ser dominante.

Acabó encima del alfa y le agarró del cuello haciendo que Madara le gruñera amenazante. Notó el pene del alfa contra sus nalgas y se frotó contra él al encontrar cierto placer, su propio pene friccionando contra sus abdómenes era algo que le gustaba, le mostró los dientes al mayor en amenaza mientras seguía moviendo su cadera de forma algo torpe. Notó como ese pene se topaba con su entrada y levantando la cabeza liberó un gemido, eso había sido bueno… Y en teoría era allí donde el miembro del otro tenía que entrar. Volvió a mover su cadera mientras apretaba más la mano en el cuello del azabache bajo suyo en clara dominancia y soltó un gruñido de advertencia. La cabeza roma de esa polla se apretó contra su entrada y removió más su cadera notando como le abría y empezaba a entrar, soltó un jadeo y un suave rugido, esa era una sensación nueva y extraña, pero no terminaba de ser desagradable. Cerró sus ojos con fuerza al sentir como entraba algo más en él, dolía un poco, tenso sus dedos clavándolos en el cuello del líder Uchiha y sollozo con suavidad, su cuerpo temblando de la tensión y del esfuerzo. Y de pronto, abrió los ojos y soltó un grave siseo mientras se dejaba caer contra el otro cuerpo y le enterraba los dientes en el hombro con todas sus fuerzas.

–Cabrón…– Musitó mientras aun presionaba sus dientes en esa piel, notando la sangre del mayor inundar su boca.

Madara no se estaba removiendo para liberarse de su agarre y tomar el control, eso le tendría que haber alertado… Se estaba demasiado quieto, hasta que ya no se estuvo quieto. Había levantado la cadera de golpe enterrándole toda la polla dentro y se había quedado bien clavado aguantando su cadera elevada al doblar y hacer fuerza con sus piernas.

Se quedó quieto esperando que su hembra dejara de morderle y hasta que ya no sintiera esa tensión en su joven pareja. Sabía que le había causado dolor, olía la sangre que le provocó al romper la membrana que demostraba su pureza. Sinceramente creía que haciéndoselo así de golpe y sin que su pareja se lo esperara, era mejor que de la forma que estaba empleando el mocoso. Despacio, apretando su congestionada polla, enterrándose apenas un centímetro cada vez, hubiera sido mayor tortura para ambos.

Notaba los temblores que asolaban el cuerpo de su pareja y como su respiración estaba acelerada, levantó los brazos y le rodeó a la vez que ladeaba un poco la cabeza, lo que le permitía el agarre de Obito en su cuello, y lamía y besaba la mejilla del más joven. Le ronroneó, sabiendo que eso gustaba a la otra pantera. Y tras largos minutos que fueron un infierno para él, una dura prueba de autocontrol cuando lo único que deseaba es empezar a embestir a su omega, por fin los dientes de su pareja soltaron su piel y ésta respiró algo más relajada, todo y tener en cuenta la situación de excitación que estaban viviendo, eso significaba que el dolor estaba remitiendo.

Obito se incorporó usando sus brazos y miró al alfa, le sorprendió ver esa mirada preocupada y que además se estuviera esperando a que él se adaptara a tenerle en su interior. Sabía lo que le debía estar costando esperar pues no podía olvidar que Madara estaba cerca de su estro, o sea que estaba con el instinto a flor de piel.

–¿Te estás conteniendo por mi?– Le miró con cariño al ser respondido por una suave sonrisa torcida, muy masculina y sensual.

–Lo que se tiene que hacer por un mocoso caprichoso como tú.

– Tonto Madara.

Sonrió travieso y movió su cadera, no sabía si lo estaba haciendo bien, pero eso más que buscar conseguir un buen ritmo en el encuentro sexual, pretendía dar inicio a sus juegos. Era una manera de darle permiso al alfa para que "intentara" dominarle y hacerle lo que deseara, le decía con eso que estaba listo para aparearse con él.

Madara sintió como el interior de su pareja estaba más y más lubricado, eso le tranquilizó, a Obito le estaba gustando tener intimidad con él… Joder era su omega y no quería dañarle, no de nuevo. Sabía que Obito no había sido tocado antes y que pasar el celo con un alfa siendo virgen sería muy duro, por eso era mejor haber podido quitarle la virginidad al joven cuando aun era capaz de medio razonar y controlarse. No querían dañarle, ni traumatizarle… Deseaba que después de que pasara el celo con él, vivieran ya juntos; convencerle de que era el adecuado y el único y, que a Obito le quedara claro y deseara vivir con él como una auténtica pareja enlazada. Por eso mejor haberse apareado por primera vez ahora, porque durante los tres días que duraría su celo sería incapaz de controlar su agresividad, salvajismo y brusquedad.

Y ahora su hembra deseaba seguir jugando, pues le estaba retando y seguía con una firme sujeción en su cuello. Movió su cadera contra ese culo de forma firme y veloz, viendo con satisfacción como Obito abría los ojos, que se le fueron para arriba al sentir ese placer que no esperaba y también abrió la boca para soltar un largo y ronco gemido. ¿Realmente se pensaba su omega que le vencería?¿Que le dominaría? Pobre mocoso insolente. No se detuvo en ningún momento causando que el pobre chico fuera perdiendo sus capacidades y la fuerza en sus extremidades, rodó sobre la cama dejándolo debajo de nuevo y le sujetó del pelo mientras movía su cadera cada vez de forma más veloz y con fuerza, bajó su boca y mordió su cuello, solo lo suficiente para marcar dientes.

–Oh… ¡SI!… Si… ¡Mierda!… ¡Aaaaah, SIIII!… Madara… MadaRAAAAA– Joder, ¿Por qué se había estado perdiendo eso? Si, por su tozudez y estupidez. Mierda se podría volver adicto al sexo, al sexo con su alfa. No, ya era adicto a eso… Lo tenía clarísimo.– ¡SIII!… ¡ALLÍ!… Otra vez… Más Madara… ¡MAAAAS!

Madara sonrió con prepotencia y su pantera rugió orgullosa, le estaba causando un gran placer a su omega… No había nada mejor para él que escucharle, seguro que a partir de entonces le tendría en su lecho cada noche y compartiendo su vida. Y ahora parecía que había dado con su punto dulce, golpeó allí una y otra y otra vez hasta que con un fuerte rugido Obito se tensó con fuerza y se corrió entre ambos vientres, luego se dejaba caer contra él, notaba todos los espasmos que sacudían a su hembra y como estos, apretaban su pene que seguía penetrando al joven hasta que con un último gruñido gutural se anudó y corrió en su interior.

Eso era lo mejor que había sentido en su vida. Ahora veía lo estúpido que había sido al no acostarse antes con el alfa por su terquedad. Y estaba disfrutando de ese largo orgasmo cuando notó algo apretarse en su interior y ese algo obligó a sus paredes a abrirse al máximo. Jadeó por esa sensación y por esa calidez que le bombardeaba su interior en potentes chorros. Eso le gustaba también, demasiado le estaba gustando ser abierto de tal forma.

Madara se derrumbó encima suyo jadeando acelerado, notaba leves estremecimientos de él. Le pasó una mano por la espalda notando el sudor en esa caliente piel, siguió explorando hasta el tenso trasero del alfa, su mano lo tocó con lentitud y de allí se dirigió hacia la cadera y hacía el punto de unión, palpó con calma notando la base el pene del alfa y como ese órgano se perdía en su interior, en su extendida entrada. Tocar de esa forma hizo que Madara levantara la cabeza y le mirara con curiosidad.

–Te noto muy hinchado en mi interior… Pero me encanta, quiero sentir siempre tu nudo.

–Esa no es toda su extensión, Obito. Durante el celo mi nudo será aun más grande... Lo mismo que cuando tu sufras tu celo. El resto del tiempo no adquiere un tamaño tan voluminoso.– Se sentía muy satisfecho que a su destinado le gustase sentir su nudo trabado en su interior – Pero es perfecto que te guste sentirlo.

Seguidamente Madara había sonreído y le lamió de forma lenta los labios, sonrió a su vez y sacó su propia lengua buscando la del alfa. Se inició una batalla que terminó uniendo sus bocas de nuevo para un profundo beso.

Estarían unos minutos trabados, no tanto como sucedía durante el celo de alguno de los dos, así que tenían tiempo de explorarse con la boca y las manos antes de volver a iniciar una nueva "pelea" por el dominio. Pues ninguno de los dos pensaba ceder ante el otro, ni detenerse a descansar, a pesar que lo más sensato sería descansar hasta que realmente el celo del alfa empezara.

Su relación era extraña a ojos de los demás… Pero a ellos les gustaba, les divertía y les excitaba.