18 Ronroneo omega
El celo había sido desgastante y agotador, pero extremadamente satisfactorio… Desde el punto de vista de Madara, claro. Y no le preguntaría a su sigma porque tenía claro lo tocanarices que era Obito. Seguro que el muy capullo era capaz de decir que había sido horrible con tal de molestarle o meterse con él… El prefería quedarse con los gritos que había causado a su pareja, gemidos de absoluto placer , en como su entrada estaba muy lubricada, en todos los orgasmos que le provocó, en esas sonrisas torcidas y satisfechas, en las miradas veladas de deseo y llenas de picardía, en su excitante aroma… Si, el apareamiento con el joven Uchiha había sido brutal.
Obito había respondido con la misma pasión e intensidad que él poseía, le había marcado con las garras, le había mordido de vuelta, le había lamido, chupado y besado. Había intentado dominar la situación, algo que no le permitió y no porque no lo hubiera disfrutado, sino que estando en celo le era difícil pensar o pararse a permitir juegos de dominio, era él el que estaba dominante por culpa del estro. Pero eso no detuvo a su testaruda pareja que siguió batallando, dos animales salvajes peleando, no solo entre apareamiento y apareamiento, sino que durante el sexo, en las penetraciones, hubo peleas de esas que los dos disfrutaban, de esas que les calentaron, les excitaron y les dejaban más ansiosos por derribar a su oponente en ese baile erótico. Fue el mejor celo de su vida.
Todas esas brutales montas, llenas de salvajismo y brusquedad… Brusquedad que Obito aguantó y disfrutó, era tan resistente el joven Uchiha… Como se notaba que no era un omega normal; era un sigma y como tal le encantaba pelear, ser rudo y algo salvaje, era fuerte y poderoso; aguantó y devolvió en la misma medida que recibió.
Y ahora sus cuerpos se estaban resintiendo de tanta brutalidad… Su piel tatuada con marcas de uñas, golpes, chupones, mordidas… Eran como un lienzo donde el otro se había explayado a gusto, plasmando allí una obra de arte sexual. Aunque cualquiera que no los conociera se preocuparía y pensaría que habían participado en una dura y extenuante batalla, donde habían terminado bastante heridos. Y si, agotados si lo estaban, pero menudo despliegue de poder sexual, de fuerza bruta y apasionada, de resistencia carnal… No quería imaginar si el mocoso había respondido de esa forma sin estar él mismo en celo… ¿Cómo actuaría cuando fuera su celo? Oh kami… Suerte que el celo de su sigma solo duraría como el de un alfa, o sea como el suyo. Sino ya se veía pidiendo a Izuna que le preparara una tumba pues terminaría muerto, o moribundo. Y Tobirama se burlaba de él porque el celo de su hembra duraba tan poco tiempo a comparación con otro omega, si supiera lo intenso que era Obito Uchiha no diría tal cosa.
Sonrió satisfecho con la pareja que tenía, era perfecto para él; fuerte, valiente, decidido, algo cabeza hueca a veces, impulsivo, caradura, descarado, de buen corazón, apasionado…
Le miró mientras dormía a pierna suelta en su mismo lecho… Que por cierto tendrían que haber cambiado las sábanas… Daban asco por culpa de sus fluidos varios; sudor, semen, saliva, sangre. Pero se sentía incapaz de moverse en ese mismo momento, y no porque Obito estuviera durmiendo a su lado y no quisiera despertarlo, que también… Sino porque estaba demasiado cansado como para hacer nada que no fuera cerrar los ojos y dormir un buen par de horas como mínimo. Y con una sonrisa satisfecha Madara cerró los ojos y se dispuso a dormir al lado de su destinado, un el lugar en el que desde que descubrieron que eran el uno para el otro, siempre tendría que haber estado… Sus brazos.
Un profundo sonido, grave, armónico e hipnotizante le despertó. Un "run-run" que salía desde el pecho de su compañero. Abrió los ojos y parpadeó sin creérselo… ¡Obito estaba entre sus brazos y estaba ronroneando! Se quedó muy quieto para no despertarle y poder observarle con calma y, sobretodo, deleitarse con ese increíble sonido. Le encantaba escucharlo. Con suavidad levantó la mano y acarició ese pálido cuello y… ¡El sonido aumentó! Ese era su día de suerte. Había pasado el celo con su pareja, por fin; estaba durmiendo con el joven entre sus brazos y, éste estaba muy calmado y sin removerse y, estaba escuchando el mejor sonido del mundo, el ronroneo de su hembra. Y lo mejor de todo, cuando le tocaba con esa calma y suavidad, su pareja aumentaba la vibración. Bajó el recorrido de su mano hasta esos fuertes pectorales que poseía el joven y si, producía mayor sonido y cuando le rodeó un pezón con su digito siguió ronroneando con mayor intensidad, además de dejar escapar de entre esos labios llenos un suave jadeo inconsciente. Le encantaba. Esta vez subió hasta el lateral del bonito cuello de Obito y, éste sonrió un poco en sueños sin dejar de producir tan perfecto sonido.
No sabe cuanto rato estuvo proporcionándole suaves caricias al sigma y escuchando ese encantador sonido, pero al final los profundos ojos negros de su pareja se abrieron y le enfocaron.
–¿Qué?– Estaba siendo escrutado por el mayor que a su vez le estaba tocando, eso le puso nervioso. Sobretodo por si había hecho algo vergonzoso estando en el mundo de los sueños. – Mirarme mientras duermo da un poco de yuyu, viejo.
Y ahí el mágico momento se había roto, si es que menudo bocazas era el mocoso. Llevó sus ojos al techo antes de volver a enfocarlos en el menor.
– Estabas ronroneando, solo me daba el lujo de escucharte… Por un momento que bajas tus defensas y haces algo tan agradable.– Masculló.
Obito enrojeció furiosamente. Si que había estado haciendo algo bochornoso estando dormido, que vergüenza.
–No es cierto.– Carraspeó.– Es solo que debía tener algo en el cuello.
–Ajá, si…– Haría como que le creía al maldito mocoso orgulloso y terco.– Es una lástima… Era un sonido precioso.
–Pues… Pues…– Le dio la espalda al alfa y se tapó hasta las orejas. ¡A su alfa le había gustado su ronroneo!
–¿Pues qué?
–Pues nada. No era nada.– Soltó veloz.
Madara sonrió entendiendo. Obito era más vergonzoso de lo que aparentaba. Se movió hacia el otro cuerpo que le daba la espalda y le abrazó pasándole las manos por el torso… Y rogando porque el mocoso no aplicara su maldito kamui y desapareciera o se dejara atravesar para apartarse de sus brazos. Apoyó la cabeza justo detrás del otro y le plantó un beso justo debajo del oído, antes de empezar a ronronear para demostrarle que no pasaba nada por bajar las defensas entre ellos, también porque deseaba hacerlo al sentirse bien con el otro entre sus brazos.
Obito sintió los brazos del otro en su cuerpo, luego el beso en esa zona bastante sensible y finalmente el grave ronroneo del alfa, suspiró dejando su cuerpo relajarse arropado por el mayor, cerró los ojos y empezó a ronronear a coro con su pareja. Si Madara era capaz de bajar sus murallas estando con él y mostrarse más vulnerable y cercano, él también podía hacerlo con el alfa. Tenía que empezar a confiar en él y mostrarle otras facetas de su yo, no estar tanto a la defensiva con su destinado.
Se quedaron en esa cama disfrutando de estar con su pareja destinada, su compañero enlazado todo el tiempo que les fue posible por los deberes de cada uno. Se ronronearon mutuamente, se abrazaron y tocaron, se besaron con tranquilidad y durmieron entre los brazos del otro.
