19. Colmillos
Obito está en su casa, bueno… En la casa del alfa, se ha mudado a ese hogar luego de que pasaron el celo junto y Madara se lo rogó de esa forma tan suplicándole. Le dio tanta lástima de ver como se arrastraba por media aldea implorándole que fuera a vivir con él, que eran pareja enlazada y era una estupidez estar viviendo en hogares separados. Al final le dijo que si porque le daba vergüenza ajena ver al que tenía que ser un gran líder de esa forma tan miserable… Si es que era un trozo de pan, era tan buena persona en vez de hacer sufrir al alfa Uchiha como ese se merecía.
–¿A que sí?– Les dijo a sus amigos luego de mostrarles donde estaba viviendo ahora y explicarles como había terminado allí.
–¿Pe-pero eso hizo Madara-sama?– Preguntó Iruka que no le cuadraba lo que decía el joven Uchiha con su imagen del poderoso shinobi que tenía él.
–Tal cual digo.– Mientras sonreía grande y se llevaba las manos a la cadera poniendo una pose chulesca.– Lo tengo loquito, comiendo de la palma de mi mano…
Kakashi le negó a su pareja cuando vio que iba a volver a decir algo al respecto, porque realmente eso no le sonaba a Uchiha Madara. Iruka se calló y en cambio sonrió a Obito, dejándolo pasar. Se sentía feliz de ver al sigma contento y ver lo bien que se había acomodado y adaptado a la vida en pareja.
–Mocoso estoy en casa.
–Pues vale.
Su insolente pareja tan "dulce" como siempre, fue a su encuentro y le vio en la cocina comiendo sus dangos, maldito ladrón, y bebiendo té con esa otra pareja. Para esos momentos ya no miraba mal al alfa peligris, sabía que había marcado al secretario ese que les llevaba los jodidos papeles y que ahora eran pareja enlazada. Ya no era competencia de ningún tipo para él, tampoco lo habría sido nunca la verdad… La diferencia entre ambos era evidente, él era mucho mejor. Punto.
Le quitó el dango a Obito antes de que se lo llevara a la boca y el sigma le siseó, le gruñó de vuelta mientras masticaba.
–Maldito alfa sin respeto a nada.
–Quien fue a hablar, hembra.
–¡Que no me llames hembra, imbécil!
–No-nosotros nos iremos…
–¡Cierra la boca y siéntate!– Ordenaron la pareja Uchiha a la vez.
Kakashi sonrió y le paseó una mano por el cuello a Iruka, acariciándole. No se preocupaba que le gritaran esa orden a su pareja, pues los dos estaban acostumbrados al "agradable" carácter Uchiha.
–A ver si te comportas por una vez… Tengo invitados. Sino esta noche duermes en el tejado, gato.– Mientras apuntaba al alfa.
–Tu también eres un gato, Obito. Y no pienso dormir en el tejado de mi propia casa y no, tu no te irás.– Añadió antes de que el joven se atreviera a decir que entonces él dormiría en su antigua casa.
–¿Veis como está muy necesitado de mi? Si lo que os decía era verdad…
Y Madara se alarmó… ¿Qué había estado diciendo el mocoso para dejarlo mal esa vez? Si es que ya estaba acostumbrado a sus bromas y travesuras, y los que le rodeaban también… No sabía ni para que se esforzaba Obito a decir todas esas falsedades pues ya nadie le creía cuando hablaba sobre él.
–¿Qué has dicho esta vez?
–Nada que no sea cierto, viejo.
Rodó los ojos al ver esa mueca traviesa y escuchar ese "insulto". Y miró a Iruka Umino de forma tan insistente que el pobre intentó escudarse detrás de su alfa.
–Iruka… Dímelo. Trabajas para mi, recuérdalo.
–Si, Madara-sama.
Kakashi prefirió adelantarse a su pareja, siempre le resultaban divertidas las peleas que causaba Obito… Era muy travieso el sigma. Además sabía que así evitaba poner en un compromiso a Iruka, que estaría buscando la manera de narrar lo dicho por el joven azabache de forma que no quedase mal ni Madara, ni Obito.
–Obito nos contaba como estuvo prosiguiéndole por toda la aldea para rogarle de vivir juntos, como se arrastró de… ¿Rodillas? –Miró a su mejor amigo.
–Exacto, de rodillas por toda la aldea, siguiéndome cual perrito suplicando.– Mientras miraba a Madara arrogante y divertido por estar diciendo eso sobre el líder Uchiha.– Por eso yo tendría que ser el único y autentico líder del clan y sublíder de la aldea, Madara carece de dotes para tener esos cargos de poder.
–Hasta que consiguió que Obito aceptara trasladarse aquí, según dice lo hizo por sentir lástima de verle hacer el ridículo.– Prosiguió el Hatake su narración.
– ¡Eso mismo!– Asintió el joven azabache con firmeza y estando de acuerdo a como Kakashi había captado el concepto de cómo Madara le había pedido que vivieran en la misma casa.
Madara se quedó callado, largos minutos, mientras le fruncía el ceño en profundidad a su destinado. Mira que a ese mocoso le gustaba provocarle y molestarle.
–Te la estás jugando… Mentiroso. Accediste en cuanto te dije que si vivías aquí tendríamos sexo cada vez que lo deseáramos. Y corriendo fuiste a recoger tus cosas.
Obito enrojeció y negó fervientemente.
–¡No es cierto!
–¿Ah no? ¿No te gusta que te monte cada vez que tienes ganas? ¿O no me dijiste, palabras textuales, adoro tu grueso nudo y como me expande al máximo?
Iruka enrojeció y se tapó los oídos, esos dos eran unos descarados y unos indecentes… La realidad es que todos los Uchiha que había conocido no solían tener pelos en la lengua a la hora de expresarse. Kakashi solo sonrió, y decidió que era mejor llevarse a su omega de allí, por mucho que se hubieran enlazado con Iruka e hicieran el amor casi cada día, éste seguía siendo tan inocente y recatado a veces. Aunque el alfa Uchiha tenía razón en ese tema y tenía que dársela.
–Eso no…– Vio como Kakashi asentía y le señaló– ¡Traidor! No comas más de mis dangos… ¡Mal amigo! Me tendrías que estar apoyando a mi…
–¿Aunque no sea cierto? Y según parece, los dangos eran de Madara-san.
–¡Es el código de la amistad! ¡Y todo lo que hay en esta casa es mío también! Y no seas vendido... ¿San? ¿Desde cuando?
–¡Fuera!– Ordenó Madara que seguía molesto con su omega.– No creo que queráis ver esto.
Kakashi agarró al Umino y esta vez si se marcharon, no deseaba que esos dos se pusieran más intensos ante ellos… Capaces y empiezan a pelear, y ya sabía como terminaban las peleas de la pareja Uchiha. Obito se lo relató con pelos y señales la noche anterior después de estar compartiendo una botella de sake y cuando ya no quedaba casi líquido en la misma.
Una vez fuera, Iruka se miró a su pareja interrogante.
–La versión de Madara es la buena, pero a Obito le gusta joderle y enojarle, dice que le divierte hacerlo.– Vio la cara de preocupación y alarma de su omega.– Tranquilo, a Madara le gusta que Obito lo haga… La mayoría de las veces, claro.
…
–¿Te lo puedes creer? Es mi amigo y se pone de tu parte… Cuando casi le matas. Tendría que apoyar mi versión aunque sea falsa.
Madara se cruzó de brazos y negó, en el fondo estaba divertido de las ocurrencias de su pareja.
–Obito.– Musitó de forma gutural mientras le gruñía.– ¿Así que rogando, arrastrándome por toda la aldea y tu aceptaste porque te di pena?
–¡Si! Eso mismo es lo que les he dicho. ¿Acaso te molesta?– Se cruzó de brazos mientras le miraba altivo.
Madara desnudo sus dientes, que habían crecido del enfado hacia su malcarado compañero, tenía ganas de darle un mordisco correctivo a su incorregible pareja.
Observó esos largos colmillos asomar en esa mueca enfadada del alfa y jadeo mientras apretaba sus glúteos. Un intenso ramalazo de deseo le había asaltado al ver ese afilado y blanco marfil. Y es que cada vez le resultan más excitantes los colmillos del alfa. Le gusta cuando le muerde y a él le gusta morder a Madara… Gimió de nuevo y suspiró rindiéndose.
–¡Mierda! Tenías razón…
La rápida excitación de su pareja le llegó a través del lazo que compartían y a través de sus fosas nasales al oler la secreción de lubricante, su cuerpo reaccionó al instante excitándose a su vez, dispuesto a complacer al joven, a cumplirle. Más no se movió, levantó una ceja y le miró interrogante.
–Lo se… Muchas veces tengo razón. ¿Pero en qué, en este caso?
Obito gruñó, pero ver esos dientes asomarse por los labios cada vez que el alfa hablaba era… Era demasiado para su cordura y su libido.
–En que te pediría que me mordieras porque me gustaría y excitaría.– Musitó con un puchero por tener que darle la razón en algo al mayor.
Sonrió para si y con un paso eliminó la distancia entre ambos.
–¿Quieres que te muerda, Obito?– Susurró contra su cuello al bajar un poco la cabeza.
–Siii… Hazlo…– Mientras le sujetaba la cabeza a Madara contra su cuello para que no se separase y obtener lo que anhelaba.
Y aunque el mocoso insolente necesitaba una lección y tendría que castigarlo sin cumplirle los caprichos, el alfa no le hizo esperar en su pedido. El gemido de Obito fue música para sus oídos, y el joven azabache empezó a mecer su cadera contra la propia, friccionando sus crecientes erecciones. Su gemido murió contra la piel del cuello del sigma.
Lo siguiente que se escuchó en la casa del líder Uchiha fueron los gemidos de una pareja teniendo un apasionado encuentro sexual que duró lo que quedaba de día y de la noche.
