20. Dominación asertiva

Que Iruka admiraba a Hashirama y le consideraba algo así como una figura paterna o, quizás sería mejor decir, un hermano mayor al que respetaba y amaba muchísimo, no era un secreto para nadie. Era algo que muchos notaban en la oficina, lo que también hacía que el omega Senju estuviera siempre muy bien informado del más mínimo detalle… Aunque no hubiera puesto los pies por el despacho. Por eso cuando le fue a visitar y, a llevarle dulces a escondidas de la alfa Mito, pues no podía negarle nada al omega Senju; no pudo callarse lo ocurrido en esos últimos días entre Madara y Obito, sobretodo la anécdota que presenció en la casa Uchiha: las palabras de Obito, la pelea verbal entre Madara y el joven, y las palabras de su alfa Kakashi sobre cual era la autenticidad de lo ocurrido. No es que Iruka Umino fuera un chivato ni nada de eso, es solo que Hashirama le había preguntado en especifico por su mejor amigo Mady y su "hijo adoptivo" Obito Uchiha y, aunque había querido mantener la boca cerrada o le hubiera gustado callarse ciertas partes demasiado escabrosas o picantes… No podía negarle nada al omega más mayor.

Por eso mismo, ese mismo día cuando Mito volvió al hogar, un tenso y alarmado Hashirama la recibió. La alfa ya no se preocupó al verle de esa forma, su dulce omega era propenso a dramatizar y exagerar. También tenía un gran corazón así que ya se esperaba que esa alarma en el armonioso rostro de su pareja no fuera preocupación por el cachorro que esperaban, después de todo Hashirama era el mejor médico que poseía Konoha lo que hacía que su embarazo estuviera muy bien llevado y bajo control.

–Mito…– Se mordió una uña mientras la iba a recibir.– Tenemos que ayudarles.

–¿A quién querido?– Mientras le besaba y acariciaba el abultado vientre.– Hola cachorro, ¿Le has dado muchos problemas a tu madre?

Le devolvió el beso mientras se sentía emocionado de la dulzura de Mito al acariciar su vientre y al hablarle a su pequeño.

–No, se porta muy bien… Es muy tranquila nuestra princesa.–Luego le apartó la mano de su cuerpo.– ¡Me distraes de lo importante!

Mito levantó una ceja divertida por ese actuar. Y Hashirama enrojeció un poco y agarrando la mano de la alfa la llevó a que tomara asiento. Mejor poner distancias entre ellos… Verla le "emocionaba".

–¿Yo te distraigo, omega?– Mientras sonreía al verse obligada a sentarse y como su pareja intentaba poner el máximo de distancia entre ellos.– ¿De que forma te distraigo, mi hembra?

Hashirama trago saliva y un estremecimiento le recorrió entero al escuchar como su alfa profundizaba la voz, ese aire gutural y que prometía excitantes encuentros piel con piel… Y sus hormonas no estaban en contra a eso.

–¡Mierda!– Volvió junto a la alfa que sonrió más y le hizo un puchero mientras agarraba su mano y tiraba de ella.– Vamos al nido… Te necesito, alfa.

Luego ya le contaría eso que le preocupaba tanto… Realmente esos dos necesitaban ayuda, pero por ahora deseaba sentir como su alfa le consentía mientras le hacía el amor en profundidad.

–Más vale que te emplees a fondo, pues tu has causado esto.– Le dijo haciéndose el gran ofendido mientras se desnudaba y le mostraba que su pene estaba erecto y su entrada estaba muy lubricada.

–Entonces tendré que esforzarme en darte un buen servicio, omega.– Ella también se desnudo antes de empezar a acariciar con veneración ese cuerpo. Besó esa piel bronceada con amor.– Mi dulce hembra, te amo tanto mi vida.

Hashirama gimió por esas bonitas palabras susurradas contra su oído mientras su piel era acariciada, era tan amorosa Mito cuando le amaba, le hacía tan feliz haberla encontrado.

La alfa le ayudó a tumbarse en el nido y ella se arrodilló empezando a besar y lamer mientras sus manos masajeaban. Se tragó el pene de su omega empezándolo a succionar, obligando a su Senju a gemir y agarrarse a las sábanas mientras intentaba mover su cadera de forma leve. El nombre de su alfa escapando en suaves jadeos de sus labios entreabiertos.

–Te… Te quiero dentro… Por favor, Mito.– Que le hicieran una mamada le gustaba, pero el lugar donde un omega tenía mayor sensibilidad era en su ano, cuando lo estimulaban y le penetraban.

Mito sonrió, ella también deseaba complacer a su omega, le puso una almohada en la espalda baja para así poder saborear ese dulce elixir que producía su hembra. Su lengua lamió todo el anillo de carne que pulsaba necesitado antes de enterrarla dentro y empezar a sorber, usando su lengua para embestir. Los gemidos de Hashirama eran música para sus oídos, así que para poder seguir oyéndolos, añadió un par de dedos junto a su lengua. Le haría llegar de esa forma antes de penetrarle tal como su pareja deseaba. Su omega se retorció con suavidad, por el placer y buscaba apretar las piernas contra el rostro de su alfa al sentir como estaba cada vez más cerca de culminar. Su hembra llegó al orgasmo gimiendo su nombre, eso la llenaba de orgullo, causarle todo ese placer y solo con un par de dedos y su lengua.

Quitando el cojín de bajo su trasero lo colocó de lado y ella se puso en su espalda abrazándole y besando su columna.

–Espero que no creas que esto ha terminado.– Le susurró mientras levantaba un poco su pierna superior y le penetraba desde atrás.

–Mitoooo… Aaaah, si.– Jadeó satisfecho de sentir ese grosor del pene de su alfa abriéndole.

Las embestidas no se hicieron esperar, así como tampoco los besos y mordiscos cariñosos que repartió la pelirroja en hombros y cuello de su omega. Y de esa forma le causó otro nuevo orgasmo mayor, mientras ella misma llegaba y anudaba en su pareja.

–¿Te hago daño?– Preguntó preocupada de que el nudo pudiera causarle algún tipo de molestia en su hembra.

–Estoy perfectamente y me siento genial. Gracias por amarme así, alfa.

Le besó con cariño al haber girado Hashirama el rostro para poder unir sus labios. Le abrazó proporcionándole suaves caricias por vientre y pectorales.

–¿Qué querías decirme antes?– Hablando en susurros para no romper la agradable atmosfera que se había creado.

–Tenemos que ayudar a Mady y a nuestro Obito. Iruka me ha contado que siempre están discutiendo y metiéndose el uno con el otro. Que Obito va contando anécdotas falsas para molestar a Madara y que luego pelean.– Le explicó lo que le había contado Iruka que sucedió cuando fueron a visitar a Obito.

Mito se guardó la sonrisa, realmente no creía que hubiera problemas entre esos dos, creía que podían lidiar muy bien entre ellos; lo cierto es que había visto a ambos más vivos que nunca, más felices desde que habían empezado a "comprenderse" mejor entre ellos. Eso había empezado cuando Madara volvió de esa batalla luego de dejar al joven Uchiha solo en su celo; parecía haber comprendido en ese viaje, que no debía querer controlarlo todo y, aun los había visto mejor desde que pasaron el celo del alfa juntos… Pero no quería hacer molestar a Hashirama que parecía tomárselo muy en serio.

–¿Realmente crees que lo necesiten?

–Esa forma de relacionarse que tienen les puede traer problemas, los dos son tan tercos y malcarados, arrogantes y orgullosos.

Sintió la preocupación de su omega por su mejor amigo y por aquel al que consideraba como a un hijo.

–¿Te quedarás más tranquilo si les invitamos a venir mañana y hablamos con ellos?

–¡Si! Te quiero, te quiero, te quiero– Mientras besaba a su alfa, que había de estar un poco retorcida para facilitarle la tarea a su pareja.

…..

Y así a la mañana siguiente estaban sentados en una mesa, por un lado ellos dos y por el otro la pareja Uchiha, que se miraron con sendos levantamientos de ceja al preguntarse porque de golpe habían sido apremiados a ir con esa urgencia.

–¿Te has a poner de parto, madre?– Se preocupó Obito.

–¡Nooo! ¡Jajajajajaja! Que cosas dices pequeño.– Mientras se rascaba la nuca y reía quitándole importancia. Quizás si que había dado a entender algo parecido para conseguir que anularan compromisos previos y fueran.

–Tsk… Idiota, no tenemos todo el día.– Se tendría que haber imaginado que era una estupidez, viniendo de Hashirama no podía esperar otra cosa.– Me largo sino es nada…

–¡Quédate!– Pidió Hashirama.– Por favor, Mady. O sino nuestro cachorro saldrá con cara de chupa limones y será por tu culpa. Además he preparado inarizushis con esa receta que te gusta tantooo.

Canturreó alegre el omega Senju, mientras sacaba una bandeja de detrás suyo y la ponía en la mesa ante el alfa Uchiha. Madara se sentó de nuevo con ojos brillantes mientras observaba esa bandeja repleta de su alimento favorito.

–Y no podía faltar el sake, venido directamente del País del Arroz. El mejor que tienen.– Ahora fue Mito quien sacó un par de botellines junto a unos vasitos de bambú.

–Sino hay más remedio… Me quedaré. Hace mucho que no pasamos tiempo juntos.– Mientras agarraba unos palillos y pillaba un inarizushi mientras Mito servía el sake a sus invitados.

Obito parpadeaba alucinado de ver como acababan de conseguir convencer al alfa Uchiha a atenerse al plan de la pareja Uzumaki-Senju. Que manipuladores eran… Tenía que aprender más de ellos, aunque él prefería un enfoque más burlón y combativo. Por ahora se quedaría callado y a ver que pretendían.

–¿Y bien, que tramas Hashirama?– Después de vaciar su vasito de sake.

–Queremos ayudaros…

–¿Necesitamos ayuda? Yo estoy bien así, madre.– Se decidió intervenir.

–Me preocupáis, pequeño. Me contaron lo que dijiste sobre porque aceptaste irte a vivir con Madara.

–Ah, eso… – Y Obito estalló en carcajadas.

–Una de las bromitas del mocoso…– Gruñó el alfa azabache.– Que por cierto aun tengo que pensar como hacértelo pagar.

–Cuidado no sobrecargues tu única neurona, alfa.– Se burló.

–Maldito mocoso, irrespetuoso… Te voy a enseñar a no meterte conmigo cuando lleguemos a casa. Prepárate.

–Uy, que miedo, vejestorio. Mira como tiemblo.

Y ahí empezó una de sus guerras de miradas y gruñidos.

–Veis de esto hablo… Sois dos bombas dispuestas a estallar a la mínima. Y queremos ayudaros…–Miró a Mito para que continuará.

–Si, con un estilo más… Pacifico. Hablando sin gruñidos, ni insultos, ni…– Les señaló enteros.– Nada de todo eso.

Los dos Uchiha levantaron sendas cejas. ¿Se podía hacer todo eso que decían?

–Veréis, se trata de hablar las cosas y llegar a acuerdos. Por ejemplo…– Miró a su alfa, con un antojo que realmente tenía.– Quiero cenar un pastel está noche.

–Y yo en vez de ponerme a ordenarle o a gruñirle, le diré: Omega, sabes que eso no es bueno para el cachorro, ni para ti en estos momentos. Se que cuesta renunciar a los dulces, pero sabes que es lo mejor para los dos.– Mientras le sonreía con suavidad, le miraba con cariño y ponía su mano encima de su abultado vientre prodigándole leves masajes.

–Tienes razón, alfa.– Musitó embobado Hashirama mientras se perdía en los amables ojos de su alfa.– No estaba pensando correctamente.

Se besaron con dulzura antes de girarse a sus invitados.

–Esta sería una manera de hablar entre los dos y llegar a acuerdos beneficiosos para ambos.

–¿Por qué no lo probáis?– Les animó Hashirama.– Mady, por ejemplo tu tendrías que tener más paciencia e intentar ser más suave a la hora de expresarte. Y tú pequeño, estás algo descontrolado.

–¿Sólo algo?– Se burló Madara.– Grrr.

Obito le había dado un puñetazo en el brazo por esas palabras, por eso había gruñido.

–Eso no es cierto– Se quejó de forma caprichosa el joven luego de sonreír con prepotencia por el golpe que le dio al alfa.

–Si que lo es… No tienes medida. Ese rumor sobre Madara arrastrándose para implorar que fueras a vivir con él no es el único que he oído. Y no te rías…

–Pero es que, ¡hacerlo es divertido y se cabrea muy rápido!– Ahora fue su turno de quejarse por la colleja que le dio el alfa.

–¿Veis? A eso me refería… Tenéis que pactar unas normas de comportamiento y convivencia. Siempre estáis peleando y discutiendo.

Ambos azabache se miraron entre ellos durante unos minutos, como manteniendo una silenciosa conversación entre ellos.

–No le veo problema, madre.

–Por una vez estoy de acuerdo al mocoso.

–¿Estas seguro que solo ahora estás en acuerdo conmigo?– Le levantó las cejas con picardía.

–¡Tsk! Ya me entiendes.

–Pe-pe-pero…– Él deseaba ayudarles, quería que fueran felices y tuvieran una relación tan buena, sana y feliz como la que tenía él con Mito.

–Hashi, ninguno de los dos tenemos problemas– Señalando al sigma y a él.– Nosotros somos así y así nos gusta y nos funciona. Nos divierte, nos excita, nos entretiene…

– Es cierto, madre. Agradecemos vuestras intenciones pero… Esta es nuestra forma de ser y nos gusta. Madara sabe que lo que digo lo hago para chincharle y poder pelear con él, pero nuestras peleas son simples juegos, el preludio a intimar. No le dañaría nunca y él a mi tampoco, sabemos hasta donde debemos llegar para no provocar una verdadera discusión o para no enfadarnos en serio.

–Exacto. Y Obito sabe que mis gruñidos no necesariamente significan que quiera dañarle o cuando digo que estoy enfadado, realmente no lo estoy… No con él. Me gusta enfrentarme a mi pareja, pelear y medir nuestras fuerzas porque realmente creo que podemos enfrentarnos de igual a igual, nos sirve para mejorar y de paso fortalecer nuestros lazos y confianza. Además como el mocoso dice, es un preludio al apareamiento. Amo a mi pareja y espero que él me ame a mi.

–Lo hago, vejestorio. Pero si me preguntan fuera de esta sala… Pienso negarlo todo.

–No esperaría menos de alguien tan toca pelotas como tú, Obito.

–Gracias.– Sonrió grande al alfa.

–No era un cumplido, idiota. – Y le miró.– Y que sepas que yo también negaré lo que he dicho.

–Como si me importara lo que un inepto pueda decir.

–Te voy a azotar tan fuerte que no te podrás sentar en una semana…

–¡Eso si te lo permito!

Y mientras esos dos seguían discutiendo con una sonrisa en los labios, Hashirama lo comprendió… Mady y su pequeño se amaban y eso… Eso era parte de su extraña rutina y su extraño cortejo. Miró a Mito y sonrió feliz.

–Creo que no nos necesitan.– Y él preocupándose como un tonto.

–Si, la dominación asertiva no es para ellos. Tampoco hablar como personas civilizadas.

–Ya veo… Pero estoy feliz de ver que son felices y van a serlo toda la vida.

–Si, y diversión no les faltara.– Abrazó a su omega.– Cada pareja es un mundo, querido.

Volvieron a mirar a la pareja de azabaches, se estaban embalando… Y excitando. Mito dio un fuerte silbido.

–¡Ya vale! Iros a vuestra hogar a hacer vuestras cosas.

–Eso, par de cochinos. – Les señaló alarmado, mientras se tapaba la barriga.– No mires esto cachorrito.

–Ja, como si tu no hicieras estas cosas Hashi.

–Eso mismo… La de veces que os he escuchado copular como conejos…– La pareja Uzumaki-Senju enrojeció.– Como para que ahora reclaméis.

–Un respeto, niño.– Se enojó Hashirama.– Mira como has educado al pequeño, Mito.

–Obito ya venía así cuando lo encontré, omega. Aunque si es bastante descarado.

–¿Les escuchaste copular como conejos?– Mirando a su pareja, curioso.

–¡Mady! No preguntes estás cosas.

–Cómo si vosotros no hicierais eso…– Se cruzó de brazos la alfa pelirroja.– La de quejas que he escuchado sobre que no dejáis dormir a vuestros vecinos.

Madara sonrió orgulloso de su gesta, oh, si… Obito gritaba mucho cuando conseguía dominarle, le peleaba pero le encantaba verse sometido. Aunque bueno… No se quejaba cuando el joven le cabalgaba con esa ferocidad. Menuda visión más alucinante.

–Mady… Córtate un poquito.– Mientras se tapaba la nariz al llegarle el aroma a excitación del alfa.

–Obito vamos a casa. ¡Ahora!

–Si… Es lo mejor.– Tenía ganas de "pelear" con su alfa.

Madara agarró los inarizushi y Obito la botella de sake y a su alfa antes de aplicar el kamui. Así llegarían más rápidamente y antes podrían empezar su "jueguecito".

Una vez la otra pareja desapareció, Hashirama miró a Mito y le puso un puchero.

–Alfa… ¿Vamos arriba?– Esa conversación picante, los recuerdos que evocó Obito de cuando estaban en el clan Uzumaki y entre batallas se amaban con Mito y el aroma a feromonas le habían puesto caliente.

–Travieso omega…– Mientras lo levantaba y entre besos iban al cuarto a hacer el amor.