21. Celo omega
Madara respiró en profundidad, aunque no tendría que hacer eso porque entonces sentía más el excitante y, cada vez más llamativo, aroma de su pareja, pero era necesario en esos momentos; luego soltó el aire lentamente.
¿El motivo?
Aguantar a Obito en esos instantes era como aguantar a otro alfa, o sea un alfa siempre dispuesto a sublevarse y luchar por el dominio y el liderazgo; estando muy toca narices, gruñón y malhumorado… Por suerte ya había aprendido que errores no debía cometer, se había estado informando sobre los sigmas… La mujer de la aldea en el País de la Cascada fue de gran ayuda. Porque si, la visitó alguna otra vez, era experta en sigmas al haber tenido una pareja de ese subgénero, y él necesitaba respuestas para tratar mejor con su mocoso. También había hablado con miembros del clan Uzumaki, pues en ese clan también habían tenido un sigma.
¿Y que había aprendido?
Un sigma no hace nidos, así que nada de darle ropa para que formara uno porque eso les podía resultar ofensivo. Y… cuando estaban en pre celo eran bastante agresivos, y durante el celo podían intentar ponerse dominantes y muy demandantes.
Y así es como estaba Obito actualmente: tenso, agresivo y bravucón; también empezaba a mostrar una libido muy alta, que ya ellos tenían una gran vida sexual… Pero ahora estaba aun más intenso.
Por ese motivo, estaba entrenando con dureza con su pareja en ese momento, aguantando todo su poder desatado y sus ganas de gastar testosterona y adrenalina, también buscando cansarle un poco. Era el único apto según le dijeron los amigos de Obito, que habían tenido que soportar al muchacho en su primer pre celo y… Telita lo que sufrieron y, las heridas que se ganaron al pensar en entrenar amistosamente con el sigma, cuando los planes del joven azabache habían sido otros.
Y ahora estaban allí, sudados, en pleno bosque, intercambiando taijutsu de forma veloz, ninguno de los dos llevaba la parte superior, uno porque tenía demasiada calor (la realidad es que cada vez estaba más caliente producto del inminente celo) y el otro porque su "adorable" pareja le había roto el haori (seguro que para poder apreciar su fuerte torso y deleitarse).
El joven se lanzó al ataque con un puñetazo que paro con su mano y a su vez lanzó uno propio con la mano que tenía libre, Obito lo detuvo. Se gruñeron mutuamente y, sin esperárselo el más joven se dejó atravesar por las manos de Madara, ya estaba realizando el contraataque para contrarrestar al mocoso, cuando este se lanzó a besarle. El beso era furioso y apasionado, participaban sus dientes en sus ansias por poseer al otro. Obito usó su cuerpo para empujarlo contra un árbol y arrinconarlo allí. Madara se dejó hacer, que creyera que ya lo tenía… Así era más divertido luego cuando cambiaran las tornas. Y así, sin parar a pensar mucho en lo que hacía… Obito le bajó los pantalones a Madara y le desgarró el fundoshi.
–No voy a ganar para prendas, mocoso.
–No te atrevas a quejarte, viejo.
Mientras le agarraba el miembro, que ya estaba muy despierto pues no era de piedra y las feromonas que llevaba días liberando Obito avisando de que en breve estaría dispuesto para él, eran muy tentadoras y lo tenían siempre preparado para el sexo.
–Y no lo haré… Pero me la podrías comer un poco, ya sabes en compensación.– Propuso mientras le sonreía al joven antes de bajarle pantalones y ropa interior.– Huelo como cada vez estás más listo… Me pones frenético, Obito.
Y relamiéndose descarado el sigma se arrodilló, se relamió los labios sin dejar de mirarle y engulló su miembro empezando a chupar con fuerza. Madara saltó en su sitio por tremenda succión y le sujetó el pelo, deteniéndole.
–Despacio… Disfrútalo, querido.– La risa gutural del joven le produjo un agradable cosquilleo en la sensible piel de su polla y gimió, derrotado.– Haz lo que desees.
Le dio total libertad para hacer, demasiado excitado por las acciones de su joven azabache. Y Obito chupó, lamió y tragó, ahuecó las mejillas para crear más succión y causarle un mayor placer a su alfa, que había cerrado los ojos, clavado sus garras en el tronco y con la cabeza levantada gemía de forma ronca y le apremiaba a continuar. Pero Obito era Obito… Y se detuvo cuando le notó cerca del orgasmo. No deseaba que el alfa se corriera en su boca, la última vez casi se atragantó con tanto semen que expulsaba, mientras Madara se burlaba de cómo el joven estaba tosiendo por haberse intentado tragar su abundante corrida. Menos mal que el pene del alfa era tan grueso y largo que no llegaba a la base y a tener que enfrentar el riesgo de que le anudara en la boca; no quería ni imaginarse el dolor de la musculatura maxilofacial de los omegas si sus alfas anudaban en sus bocas... tener que estar con la boca abierta tanto rato mientras esperaba que 'eso' se deshinchara. Por suerte él tenía su habilidad para librarse de eso… Aunque no quería imaginarse las burlas del alfa si le anudara en la boca. ¡Maldito vejestorio!
–¿Por qué te detienes?– Gruñó el alfa.
–¡Porque quiero tener sexo aquí y ahora, idiota! No que solo tu disfrutes.
–Cómo sino te gustara el sexo oral…
–¡Cuando tu también me lo das a mi! ¡Y ahora vamos a follar y tu dejaras de quejarte, mierda ya!– Y se lanzó a morderle el cuello mientras frotaba ambas hombrías, excitado y caliente.
Madara le pasó las manos por el culo, apretándoselo. Era un culo perfecto, tan lleno de músculo, tan fuerte y firme. Adoraba enterrarse entre esas nalgas y golpear su cadera contra ellas mientras le embestía con dureza. Bajó un poco más las manos hasta sus piernas y usando su fuerza lo levantó a pulso. Obito rió y le enredó las piernas en la cintura. Cuando su pene entró en esa lubricada entrada ambos gimieron al unísono. Luego de eso todo fue pasión, desenfreno, besos y caricias. Hasta que Obito se corrió entre ambos vientres y él sacó su pene para correrse en la piel del trasero del Uchiha. Su joven pareja gruñó.
–No te quejes, burro.– Mientras le daba una nalgada y hacía que quitase sus piernas de su cintura– No podemos anudar en medio del bosque… Podría ser peligroso.
–Tengo el kamui…
–Lo se, pero también podemos ser prudentes, por una vez. A no ser que te vaya el exhibicionismo…– Y el muy caprichoso le había sonreído descarado.– Eres terrible, sigma.
–Así te gusto, viejete.
Dejó correr ese insulto.
– Estás ya muy cerca… Mañana iré a la oficina a terminar unos asuntos y a pedir que no cuenten conmigo para estar a tu lado.
–Vaya, que considerado…– Se burló. Estaba más calmado, sobretodo después de la intensa pelea con Madara y del sexo. Esas dos cosas conseguían mantenerlo "tranquilo" en el pre celo.
Madara le dio una nueva nalgada.
–Lo que llego a hacer por ti… Anda vamos a casa por hoy.
–¿Me darás más sexo? Quiero hacerlo en la ducha.
–Si me lo pides así…– Ya llevaba los pantalones y Obito se subió los suyos. Le tendió la mano para que su pareja usara el kamui.
–¿Se supone que te tengo que llevar?
–Si lo prefieres me voy andando… Sin parte de arriba, para que todos puedan apreciarme y sin ropa interior, con lo cual verán el tamaño de mi pene mientras se bambolea al caminar… Seguro que a muchos omegas y betas les encanta, seré el sueño húmedo de más de uno esta noche.
Y Obito le agarró y aplicó el kamui mientras gruñía posesivo, Madara era suyo y nadie tenía que contemplar lo que se comía y menos fantasear con algo suyo.
El alfa sonrió al haber conseguido su cometido.
…
Estaba en el despacho mirando esos aburridos papeles, pero era su trabajo distribuir los equipos para los misiones que les habían encargado, también asignar los puestos de vigía por las murallas y la aldea, y administrar el nuevo cuerpo de élite que habían creado.
–En cuanto termine me iré. No vendré mientras dure el celo a Obito… Así que os las apañáis solitos.
–Bah, tampoco estarás mucho tiempo fuera…– Se burló Tobirama.– Apenas tres míseros días de celo. Definitivamente te han escatimado diversión…
–Alfa– Advirtió Izuna.– No te metas con mi hermano en algo en lo que él no puede hacer nada.
–Te equivocas Tobirama-san.
–No le llames "san" a éste, zorra. Es una rata rastrera y ya.
–Hermano.– Advirtió Izuna.–Que mi alfa tuviera una reputación dudosa y que creyéramos que ese mote, que idee en su momento, fuera perfecto para él, no significa que ahora sea como antes.
–¡Omega!¿Así que fuiste tu quien se inventó lo de rata albina?– Le gruñó. Izuna asintió con una sonrisita y le achicó los ojos a su chistoso omega– Por tu culpa todos los enemigos del clan Senju, empezaron a llamarme de esa forma en vez de tenerme respeto.
Izuna no le dio importancia… Después de todo eran enemigos en esa época. Además eso ya lo sabía y le encantaba que así fuera, la de risas que se echaron en el clan Uchiha.
–Parecéis niños pequeños, Mady, y tu también Tobi-chan. Este es un ambiente tóxico para nuestra princesita.– Se enfurruñó.
–Tranquilo, omega. Además así creamos un lugar de trabajo más ameno en el despacho…– Intentó animar la Uzumaki, verle el lado positivo a esas discusiones y burlas.
–Si y todo lo que dice la rata es falso… Obito es muy intenso. Extremadamente intenso diría yo.
–Exacto. Según me contaron del sigma Uzumaki, este subgénero es tan apasionado e intenso como un alfa en su estro y tan demandante e insaciable como un omega en celo.
–Bah, eso se lo decís para que el puercoespín no se enfade y monte una rabieta al saber lo mucho que disfruta un auténtico alfa de su omega en esos 5 días y, lo a poco que le sabrá solo 3 días. La envidia es muy mala, Uchiha.
–¿De ti? Antes me la corto.
–Vaya… Gracias.– Se sintió ofendido Izuna.
–Sabes que no iba por eso, Izu.– Mientras su vista seguí enfocada en leer esa propuesta de misión y valoraba a quienes sería más indicado enviar.
La calma se hizo, cada uno centrado en sus tareas, sin discusiones ni burlas de ningún tipo… Aunque eso duro poco.
Un remolino apareció en medio del despacho y la figura de Obito se hizo presente. Estaba completamente desnudo, agitado, respirando entre dientes, más salvaje que humano.
Izuna fijó su mirada en el aparecido, contemplando de arriba a abajo... El sigma era fuerte… Parecía un alfa, físicamente hablando. Y desde su lugar olía sus intensas feromonas, su fuerte presencia dominante en la sala. Era sobrecogedor verle y más con el ligero vapor que escapaba de su cuerpo al secarse la capa de sudor que le recorría con la propia calor que emanaba. Bajó más la mirada y se encontró con el pene erecto de Obito, no tenía nada que envidiarle a un alfa. Quizás su tamaño es algo menos grande… Pero poca diferencia había. Sintió cierta envidia que le hizo fruncir el ceño molesto. A ver, él era omega y su papel era ser fecundado… Pero era un omega masculino, y estaba orgulloso de tener pene; aunque ahora viera que su tamaño era pequeño a comparación con el omega sigma. Más abajo le colgaban los testículos a Obito y abrió los ojos asombrado.
"Joder... Ahora siento vergüenza de los míos"
Él estaba satisfecho de tener sus testículos (recordad que es un omega masculino y estaba orgulloso de su "masculinidad"), aunque pequeños, los tenía. En cambio el mocoso Uchiha tenía unos testículos pesados y casi tan grandes como los de un alfa. Y eso le hizo adelantar su labio inferior caprichoso, la vida era injusta.
Ahora, después de contemplar ese escroto lleno, entendía porque los sigmas tenían esa agresividad y dominancia como la de un alfa; esos testículos tan grandes como los de un alfa, producían parte de esa testosterona que le hacía ser así. Y ahora, se creía eso que le contaron los Uzumaki, que si un sigma se apareaba con un omega normal lo podía preñar. En un primer momento había pensado que le intentaban tomar el pelo, todos sabían que un omega no producía espermatozoides, que sus testículos eran mero "adorno", mero vestigio de algún pasado muy lejano y que por eso eran tan pequeños de tamaño, pero él estaba muy satisfecho de poseerlos aunque fueran pequeños. Pero viendo los de Obito, ahora creía que lo que le dijeron era plausible, además de sentir cierta envidia y de creer que la vida era muy injusta.
Obito gruñó en profundidad antes de centrarse en su pareja y maullar. Era claro que estaba dominado por el celo. Y ese sonido sacó a todos de esa sorpresa inicial, ese momento que les había dejado patidifusos.
–¡No mires esto bebé!
Y con una sonrisa, Izuna observó a su cuñado terminar de romper la atmósfera que se había creado al aparecer el joven Uchiha. Verle ahí tapándose la barriga como si la cría que se gestaba en su útero pudiera ver a través de su piel era divertido. Y demostraba lo dramático y exagerado que era el omega Senju.
–¿Pequeño, por que no vuelves a casa con tu alfa? Es un mejor lugar.
Habló Mito intentando apelar a la razón del joven Uchiha, razón que el muchacho en esos momentos ya no poseía. No lo miraba por respeto, aunque Izuna estaba seguro que más de una vez había contemplado al sigma desnudo, después de todo fueron los Uzumaki quienes lo encontraron moribundo y trataron de salvarle la vida. Pero ahora, en celo, desnudo, con su alfa presente, se consideraba descortés observarlo. Lo cierto es que sería motivo de ataque por el alfa del joven. Obito en su estado irracional no hizo caso a las palabras de alguien a quien respetaba y amaba como si fuera su padre. Lo único que consiguió la alfa pelirroja fue que la rugiera irritado.
Su propio alfa tampoco estaba mirando al sigma, más le valía no hacerlo sino se las vería con él; y a través del lazo notaba su incomodidad y molestia por estar oliendo las intensas feromonas de ese omega en celo, a las que se unían las de Madara.
Un alfa no podía evitar responder a la necesidad de una hembra, de su hembra, con ferocidad. Y le miró, su hermano mayor estaba jadeando, expulsando el aire de forma escandalosa mientras olfateaba al sigma y gruñía cada vez más dominado por la lujuria. Izuna no lo veía por culpa de la mesa, pero estaba seguro que el pene de Madara estaba peligrosamente erecto y tan duro que seguro que le dolía. Le contemplo sacudir la cabeza, intentando controlarse al notar que ese espacio no era el más adecuado para pasar el celo con su destinado. Pero Obito no parecía pensar lo mismo, ese ahora era su territorio pues su alfa estaba en él y el aroma del mismo también, al igual que el suyo propio se estaba extendiendo de forma veloz por la habitación. Volvió a rugirles como advertencia para que se marcharan… Era claro que les consideraba intrusos en su espacio, ese espacio que estaba reclamando con su presencia y sus feromonas.
Tenía que intentar controlarse, aunque la fragancia intensa y estar observando el cuerpo desnudo de su muy excitada y necesitada pareja le dificultaban la tarea. El oírle rugir agresivo a los demás en la sala le sacó de su estupor. Se levantó con dificultad por su erecta polla y agarrando una capa salió de detrás de su escritorio para ir con su destinado.
–Mocoso, vamos a nuestra casa.– Masculló con dificultad al crecerle los colmillos ante el celo de su omega, deseando enterrarlos en esa cremosa piel que poseía el sigma.– Mierda, hueles delicioso Obito.
Y el joven Uchiha se giró hacia su pareja, olvidando momentáneamente a esos malditos intrusos y gruñó excitado. Su alfa estaba listo, estaba listo para el apareamiento. Saltó a por él. Sus cuerpos colisionaron por el impulso y, si Madara no fuera un shinobi de élite, habría terminado derribado por el ímpetu de su omega. Su ropa fue rasgada y gruñó, perdiendo la batalla contra el instinto. Perdería la capacidad de razonar… No, supo que ya la había perdido en cuanto mordió a su omega y este jadeó. Sus penes se frotaron y movió la cadera para conseguir más.
–Será mejor que salgamos…– Ahora ya era imposible hacerlos entrar en razón. Era algo que Tobirama sabía muy bien, él terminaba igual cuando su Izuna entraba en celo… A veces sin estar en celo, solo oliendo su necesidad también perdía cierto control en sus acciones.
Mito sujetó a Hashirama por detrás de su espalda para ayudarle a avanzar, mientras el omega cargaba algunos pergaminos, los más esenciales. Después de todo Mady y su pequeño estarían tres días encerrados en el despacho. Izuna y Tobirama también estaban agarrando algunos papeles, para luego dirigirse hacía la salida.
Un omega que traía un mensaje entró en esos momentos, sin pararse a analizar la situación, entrando en tromba.
–Madara-san, un mensaje urgente del escuadrón…
Obito rugió cabreado. Ese jodido omega, sin emparejar, había entrado en su territorio y encima intentaba llamar la atención de su alfa… Madara sujetó a Obito antes de que se lanzara contra el pobre mensajero y con una llave lo inmovilizó contra su mesa. Ésta estuvo a punto de tumbarse por el impacto y el forcejeo airado del joven Uchiha.
–¡Fuera!– Ladró la orden Madara. Había recuperado un poco su raciocinio, lo suficiente como para no permitir que Obito fuera por matar a esa hembra que había entrado sin conocer lo que sucedía.
Izuna empujó al emisario a la vez que salían ellos.
–Yo me ocuparé, gracias. Madara estará indispuesto durante unos días.
Un sonrojado y a la vez atemorizado omega, asintió aun en shock. Había visto a uno de los gobernantes de Konoha desnudo junto a otro joven que también era muy bien parecido, y a la vez ese mismo joven casi termina con su vida. En apenas unos segundos había pasado mucho temor.
–Tenemos que sellar el despacho y cualquier medio para entrar… Pues a la siguiente vez, si alguien entra por descuido, serán los dos los que se lanzaran a terminar con la vida del incauto que se atreva a abrir la puerta.
Desde dentro del despacho se oyeron rugidos de reto, pelea, cuerpos chocando, más rugidos y gruñidos y de pronto ruidos muy fuertes de pieles chocando, como si alguien estuviera dando palmadas, a la vez que gritos y jadeos y el chapoteo de algo húmedo.
Todos enrojecieron mientras se miraban azorados.
–Si, es una excelente idea.
Más rugidos y muebles rompiéndose se escuchó, a la vez que la puerta fue sacudida como si algo hubiera chocado contra ella. Los gemidos se escucharon más cercanos junto a las "palmadas".
Tobirama abrió los ojos sorprendido mientras él y los demás se echaban hacia atrás. Pues parecía que Mito si que tenía razón en la intensidad de un sigma, ahora pensaba que el puercoespín no saldría vivo de ese apareamiento como siguieran así.
–Querido… Creo que es mejor que sellemos toda la planta.– Apostó Izuna. Pues estaba claro que con solo sellar esa habitación no sería suficiente.
–Tienes razón.– Miró al Umino que estaba con los ojos abiertos contemplando la puerta que se sacudía con demasiado ímpetu, hasta que dejó de hacerlo al oírse más pelea.– Evacua la planta, todos nos trasladaremos a los pisos superiores e inferiores. Asegúrate de dejar notas en la puerta avisando que está prohibido entrar en esta planta hasta nuevo aviso.
–Iruka… Muévete.– Le llamó la atención Izuna al ver al secretario aun en su estado estupefacto.
–Yo… Yo me voy a casa. Demasiadas emociones por apenas unos minutos.– Hashirama miró significativamente a su alfa.
–Te acompaño. Me llevaré los pergaminos y me ocupo en casa.– Se despidió Mito para marcharse junto a su omega.
–Id y descansad… O divertíos… – Ante el puchero de Hashirama.– He estado embarazado… Se lo que llega a afectar ver ciertas cosas, u olerlas.
Y Hashirama Senju había enrojecido antes de irse con su pareja.
–Necesitaran comida…– Y mirando que nadie le escuchara.– Y de paso, vámonos nosotros también. Kagami estará en la guardería unas horas más, tenemos la casa para nosotros solos…
Total, una vez cerrado todo el lugar era estúpido quedarse allí… Y él no era de piedra.
–Les enviaré comida y bebida usando el Hiraishin.
Y tras asegurarse de que esa parte de la torre Hokage ya estaba bien sellada y todos estaban advertidos de no acercarse para nada, se marcharon a su hogar.
