21.2 Celo omega (extra)
Satisfecho observó como esas parejas se iban de su territorio escogido para pasar su celo, ellos no le preocupaban eran dos parejas ya enlazadas y encima uno de los omegas estaba preñado, no eran rivales por la atención de su macho. Así que se dedicó a maullar excitado por tener el cuerpo de su alfa en su contra, desnudo y esos dientes marcando su piel de nuevo. Le excitaba demasiado que hiciera eso. Gruñó mostrando su inconformidad a no sentir el pene del alfa en su interior, lo necesitaba, le dolía el vientre y, solo que Madara le penetrara ayudaría a calmar ese malestar. Pero… La puerta se abrió antes de que esas dos parejas salieran y por ella entró un omega sin aparear, una maldita hembra intentando llamar la atención del que le pertenecía.
Su rostro se deformo en una mueca llena de rabia y mostrando sus afilados dientes, se lanzó a destajar el cuerpo de ese maldito desgraciado… Le mataría por poner sus ojos encima de su alfa, por atreverse a llamarle con esa vocecita de furcia. ¡Madara era suyo! Y mataría a cualquiera que quisiera quitarle lo que le pertenecía por derecho.
Fue sujetado con fuerza y retenido por una llave de su fuerte macho, sintió la superficie de una mesa bajó su cuerpo caliente. Rugió rabioso y batalló para liberarse de esa sujeción. Debía matar a ese omega intruso. Le mataría. Sus garras rasgaron la mesa dejando profundos surcos mientras seguía sacudiendo su cuerpo y peleando por liberarse. Mataría a esa hembra y luego se ocuparía de demostrarle a su alfa a quien pertenecía. Oyó la puerta ser cerrada a la misma vez que sintió el pene de Madara enterrándose en su interior en profundidad, de una sola vez. Abrió la boca y gimió guturalmente. Las penetraciones no se hicieron esperar contra esa pobre mesa que se tambaleaba ante la dureza del alfa, hasta que al final cedió y ellos cayeron al suelo.
Obito empujó a Madara y, seguidamente se lanzó de nuevo a por el alfa iniciando un forcejeo, mientras ambos rugían no queriendo ceder ante el otro. Pues aunque necesitaba el pene de Madara en su interior y que éste le follase para calmar su picazón y necesidad, tampoco podía dejar de lado su agresividad y dominancia innatas. Lanzó un zarpazo al alfa y este saltó apartándose de él, acuclillándose, unos metros alejado mientras controlaba sus acciones, con el pene húmedo por sus propios fluidos, el lubricante que producía. Maulló llamándole, queriéndole sentir otra vez, se lanzó a por él. Pero los años de experiencia del alfa se notaban, se apartó como si bailara en el último segundo y cuando estuvo en su espalda le empujó. Dejándole de cara a la puerta y sin poder hacer nada cuando el alfa se apretó contra su espalda. Se abrió de piernas y llevó su cadera hacía atrás. Le quería de nuevo dentro.
Madara satisfecho lamió esa nuca antes de volver a penetrarle. Los gemidos y gritos de su omega eran música para sus oídos, se sentía orgullosamente satisfecho, él le causaba ese placer a su hembra. Le gruñó en el oído antes de moverse con rudeza, la puerta sacudiéndose al ritmo en que él montaba a su pareja, el sonido de chapoteo acompañándolos y los gemidos y jadeos siendo la melodía que llenaba la habitación que era su actual territorio. Mordió ese hombro con fuerza, clavando sus dientes hasta hacer sangrar a su mocoso, para luego lamer. Bajó el ritmo un poco al escuchar los suaves ronroneos de su hembra por ese mordisco, sabía que le gustaba que hiciera eso. Y… Fue golpeado, se apartó furioso mientras se frotaba el pómulo golpeado. Le rugió a su rebelde hembra… Y ésta le devolvió el rugido mientras le encaraba. Una nueva pelea dio inicio, una donde ambos querían dominar e imponerse sobre el otro.
...
Esta vez Obito fue lo suficiente astuto, todo y su estado; quizás era que ya le había anudado muchas veces en todas esas rondas donde el sigma le permitió continuar hasta el final después de sus momentos de rebeldía y pelea donde tuvo que imponerse y aparearse con él usando su brutalidad, los dos lo disfrutaron demasiado y también se agotaron. Pues en esa nueva ronda de calor del omega, en ese momento que estaban compartiendo, el joven había usado su famosa técnica. Madara de pronto se vio contra el suelo, más bien besando el suelo. Pues donde antes había estado follándose a su traviesa pareja, mientras le sujetaba de los brazos para impedir que volviera a golpearle… Ésta se había liberado e incorporado con ese jodido jutsu que poseía. Rugió frustrado, furibundo… Dispuesto a darle una lección a su jodida hembra. Él también estaba descontrolado por culpa del delicioso aroma a celo que liberaba Obito y no poder montarle a gusto molestaba a su pantera, una cosa era pelear con Obito por el derecho a dominarle y obligarlo a someterse, otra que le burlara de esa forma. Y aun se molestó más cuando el omega su tumbó encima suyo, sujetándole, intentando obligarle a estarse sumiso. Su rabia creció cuando sintió el pene erecto de su omega frotarse contra sus nalgas, buscando su entrada mientras le mordía en la nuca. ¡Obito quería montarle! Su hembra quería convertirlo a él en la hembra. Rugió y se debatió con más fuerza.
Obito se tumba encima de su alfa y le sujeta con firmeza, empieza a buscar su entrada, quiere montar al alfa, a su pareja. Pero esta no parece muy conforme con su intención, le pelea con agresividad y tiene que emplearse más a fondo para intentar sujetarle. ¿No entiende que él también tiene esa necesidad? Ambos luchan con todo lo que tienen. Muerde al alfa intentando marcarle que se quede quieto. ¿No entiende que ahora manda él? Que él es el dominante de la relación al haberle conseguido reducir, tiene derecho a someterle.
Pero aunque un sigma es fuerte y muy poderoso, Madara es un alfa superior, su fuerza y poder es mayor, le guste a Obito o no. El destino es sabio y otorga dificultades y retos a quien sabe que puede afrontarlos y salir airoso. El destino otorgó un sigma a Madara porque sabía que él sería el indicado para dominarle, el indicado para ser su mejor pareja… Un pobre omega normal hubiera sido aburrido para tan fuerte alfa Uchiha, el omega normal habría estado siempre atemorizado por el fuerte carácter del líder Uchiha, siempre cabizbajo y sumiso ante su poderosa presencia y su forma de ser directa y ruda. Por eso el sabio hado le dio a tan fuerte macho, una hembra que sería la perfecta horma de su zapato. Alguien que si el alfa rugía, le devolvería el rugido; alguien que si Madara levantaba la voz, le golpearía y le rugiría que a él ni toserle… Si, Obito el sigma era perfecto para apaciguar y controlar a Madara Uchiha. Lo mismo que el alfa era perfecto para el "dulce" carácter de Obito Uchiha.
Golpea a Obito en la boca con el codo y con un veloz giro le hace salir de encima suyo, Obito rueda por el suelo y suelta un suave quejido, para enseguida mirarle de refilón con una sonrisa socarrona, antes de escupir un poco de sangre. Que masoquista es. De un salto se levanta y le observa con el sharingan brillando peligrosamente, tiene que actuar antes que su joven pareja. Le sonríe a su vez, el mocoso no se va a volver a burlar de él… Ni ha hacer trampa. Salta veloz el escritorio que pertenece a Tobirama. Sabe que el alfa albino tiene algo que le irá muy bien para controlar a Obito. ¡Lo tiene! Victorioso sujeta fuerte ese sello. Obito se está levantando y se lanza contra el joven, lo tumba de nuevo contra el suelo y le engancha lo que ha conseguido en la nuca. Le inmoviliza contra la fría superficie… No le preocupa, no sería la primera vez que se aparean en ese suelo del despacho… Y las muestras están en distintos puntos de la habitación, claras y muy evidentes.
Le levanta la cadera, mientras una mano le aprieta entre los omóplatos contra el suelo y la otra le sujeta la cabeza… Esta vez no puede escapar, no se lo permite. Obito ruge e intenta removerse hasta que vuelve a penetrarle, y no se detiene con ese ritmo veloz que adquiere. Sus pieles chocan con un sonido reverberante cada vez que con un gruñido le entierra su muy congestionado y duro pene. El salvajismo que emplea hace gritar de placer a su omega que ha dejado de intentar nada, tampoco podría… Su alfa le sujeta dominante y algo le impide usar su capacidad para liberarse de nuevo, sabe que debe ser un sello pues no puede usar su chakra… Aunque tampoco querría hacerlo ahora mismo. Esa postura que le ha obligado a tomar y esas duras penetraciones le gustan demasiado, le tienen extasiado. Abre la boca gimiendo sin cesar y un fino hilo de saliva cae por un lateral de su barbilla, sus ojos lagrimean de gusto cada vez que ese pene aprieta su punto dulce. Ama a su alfa, adora como le trata de rudo, como le pelea y disfruta de hacerlo, como le reta y acepta sus desafíos… Como le monta. Maúlla en necesidad una y otra y otra vez. Y grita por el placer que recibe… Sabe que va a terminar sin voz después de ese intenso celo que está sufriendo y como su alfa le da tanto placer.
