LO SIENTO MUCHO, ESTE CAPÍTULO IBA DETRÁS DEL TEMA 11. CONSTRUCCIÓN DEL NIDO. ES UN EXTRA Y ME OLVIDÉ EN SU MOMENTO DE COMPARTIRLO. (PIDO PERDÓN POR SER UNA DESPISTADA)

11.2- Extra

Obito ya se había marchado, y a Mito le supo mal que se fuera, pues era evidente que el joven no deseaba estar solo y menos después de lo que le había ocurrido con Madara, y también por lo que sentía tanto con respecto al alfa como a sus propios cambios corporales y, sensaciones nuevas. El muchacho estaba pronto a sufrir su propio celo por primera vez y era evidente que ese era un gran paso y que podía asustar bastante. Sobretodo al saber que tu alfa estaba ahí esperando ese "acontecimiento" para entrar en tu vida por la puerta grande, para intimar por primera vez, para quitarte la virginidad... Eso sin obviar todos los cambios que acontecerían.

Realmente era una de las transiciones más grandes que podía ocurrir en la vida de omegas y alfas, el primer celo, y las fantasías y temores que ese suscitaba, el desconocimiento por mucho que quisieran hablarte sobre ello... El paso a ser considerado adulto y por lo tanto buscar a tu pareja destinada, unirte a ella y formar una familia, si así lo deseaban. Aunque no era algo que muchas parejas hicieran en ese primer celo que solía ocurrir entre los 15 y los 17 años, como muy tarde. Realmente eras demasiado joven como para formar una familia, demasiada responsabilidad para alguien que hasta hace poco se le consideraba un cachorro.

El otro gran acontecimiento en la vida, otro gran cambio, era la gestación de cachorros y, por lo tanto, la maternidad o paternidad. Y ese era el paso que querían afrontar con su pareja en ese celo que estaba a nada de sufrir Hashirama Senju. En ese celo se entregarían al máximo para conseguir que Hashirama se quedara en estado, nada de anticonceptivos al terminar, nada de estar interrumpiendo el celo con supresores por ocurrir una emergencia o por tener que pelear en una guerra. Esta vez nada les interrumpiría y nada les haría detenerse. Y ese era el motivo de que Obito se hubiera ido a su propio hogar, la incomodidad del joven por estarles escuchando en pleno frenesí copulatorio, en ese descontrol instintivo que iban a sufrir... Que vergüenza para todos. Agradecía que el muchacho hubiera notado esto y por si mismo se hubiera marchado, tampoco habría tenido el valor para pedirle que se fuera, y menos después de lo que había pasado el Uchiha en esos días previos.

Agarrando algo más de comida y bebida subió al cuarto donde pasarían el celo de su omega. Al entrar sonrió con dulzura al ver a Hashirama tan concentrado acomodando el nido mientras gorgoteaba y ronroneaba cual gatito, algo que realmente no era, pues su Hashirama era un bello lobo castaño, pero el precelo volvía a los omegas suaves, dulces y haciendo esos soniditos tan adorables.

Dejó la comida cerca de donde estaba el nido y se sentó a observar como su pareja trabajaba amasando las prendas para darles esponjosidad y recolocándolas para crear un perfecto espacio de confort. Le dejó hacer sin interrumpirle por nada. Era hechizante y relajante el ver trabajar a tu omega en la construcción de un nido. Era un proceso laborioso realizado con una extremada dulzura y dedicación. Hashirama trabajó durante horas hasta que estuvo satisfecho con el resultado de su obra. Era un nido precioso.

–Es prefecto omega.– Le alabó viendo como eso hacía enorgullecer a su pareja.

Seguidamente le vio desnudarse y con extremo cuidado y solemnidad entrar en el nido a tumbarse. Ese proceso servía para relajar al propio omega, relajar su mente para afrontar lo que le ocurriría a su cuerpo en breve, con el estrés que tendría que afrontar; con lo cual no era extraño que con suaves ronroneos Hashirama se quedara dormido en ese espacio que había creado.

Ella decidió esperar mientras le observaba dormir, sintiéndose afortunada de que ese omega alto y moreno formase parte de su vida, de haberle encontrado, a su destinado. Era extremadamente feliz. Y todo porque su difunto padre envió una misiva a Konoha al ver que los Uzumaki estaban en peligro por esos rumores de ataque cada vez más verídicos.

Por culpa de esos clanes rivales que se estaban aliado para vencerles y conseguir su poder, su conocimiento, sus riquezas y a sus omegas y, la genética que estos proporcionarían a las futuras camadas que tuvieran con esos alfas que los codiciaban; por lo tanto todo porque eran admirados y envidiados, por su resistencia física, su longevidad, su capacidad y su impresionante cantidad de chakra. Y Ashina Uzumaki, viendo que su aldea y clan estaban en peligro, envió una carta a Konoha para formar una alianza y, de paso pedirles ayuda para el grave chico herido que habían hallado, Obito Uchiha.

Para mala fortuna su padre no pudo disfrutar de observar como llegaba Hashirama con un pequeño grupo que le acompañaba para ayudarles con Obito y para pactar una primera alianza entre ellos y la Hoja. No pudo observar como su amada y única hija, y mano derecha, encontraba en ese omega con grandes capacidades de sanación a su amada pareja destinada. Como le cortejaba, aun estando amenazados y teniendo que ocuparse de las batallas y protección de los suyos y, como se unían, al no querer pasar ni un segundo más sin estar enlazados y saber sobre el otro mediante ese vinculo que crearon. Y tampoco pudo ver como sus enemigos eran vencidos gracias a la unión entre el clan Uzumaki y Konoha, al enviar ese batallón de fuertes shinobis como soporte a esa batalla que se inició cuando Hashirama estaba con ellos.

– Y ahora padre, vamos en busca de engendrar un hijo, tu futuro nieto, un Uzumaki-Senju. Deséanos suerte.– Susurró pensando en que a su padre le encantaría haber conocido a su primer nieto, haberle cargado y pasear con él por el parque. Hubiera sido el abuelo más orgulloso de todos.

El dulce aroma de su omega era cada vez más intenso, le vio removerse incomodo en el nido y gimotear.

–¿Qué te ocurre cariño?– Se levantó presurosa y necesitada, afectada por el dulce aroma de las feromonas de su pareja; pero se mantuvo a una distancia prudencial y respetuosa. No había sido invitada al nido, no traicionaría la confianza de su pareja. Le llamó con suavidad, para hacerse notar y que no se sintiera solo.– Omega...

Hashirama la miró en ese momento con ojos velados de lujuría animal y liberó un suave llamado. Se sentía caliente y quería a su alfa con él, que le calmara, le saciara y le consolara, que le ayudara a sentir mejor.

Y por fin ella se acercó y la mano fría de la alfa en su mejilla fue un bálsamo calmante. Cerró los ojos y refregó su mejilla contra esa palma mientras ronroneaba. Otra oleada de calor le recorrió, esta vez muy intensa y sus pupilas se contrajeron. Soltó un gemido y se tensó para luego respirar acelerado, jadeante. El lubricante goteo entre sus piernas, estaba listo para acoger a su alfa en su interior, para aparearse con ella y que le llenase mientras el nudo de la alfa se trababa entre sus contraídas paredes. Se giró para mostrarle su entrada a su pareja, en la postura instintiva de apareamiento de su especie, mientras la llamaba, la instaba a montarle.

Las pupilas de Mito se dilataron cuando olió esa fragancia que le indicaba que su pareja ya estaba lista, lista y muy fértil para aceptarla en su interior y ser capaz de gestar a su primer cachorro. Liberó un fuerte gruñido de excitación y más al serle presentada la muy lubricada y apetitosa entrada del omega. Estaba listo para ella, para entregarse, para que le saciara, para que le llenara con su esperma... Su pene salió de su interior, erecto, firme, deseoso de enterrarse en esa apretada entrada de su hembra; y movió la cadera de forma incontrolada por el fuerte deseo sexual que ya la dominaba en su totalidad. Se abalanzó sobre su pareja y olió ese dulce lubricante que secretaba antes de sacar su lengua y darle una fuerte probada, ronroneo de gusto al hacer contacto con sus pupilas gustativas. Y volvió a gruñir de forma placentera al escuchar el gemido que su acción provocó en su omega.

–Mío... Omega...– Ese bello espécimen que estaba colocado en cuatro esperando por ella, con esa melena lacia regada por su espalda y cayendo por los lados en un bello espectáculo.

Siguió lamiendo esa piel, subiendo por su espalda, mientras iba colocándose detrás del moreno. Soltaron un fuerte suspiro de satisfacción cuando su pene erecto se enterró en el caliente y lubricado agujero de su destinado. Pero enseguida el omega lloriqueo... Quería más, deseaba más... Necesitaba más, para calmar su incomodidad y malestar.

Mito se lo dio sin dudar, bombeando su cadera de forma repetida para darle a Hashirama el máximo placer, saciándole tal como pedía el Senju y tal como le encantaba ser tocado. La zorra pelirroja se comprometió a darle todo de si a su omega lobo. Quería ser llenado y anudado en todas esas múltiples montas y eso hizo. Quería todo de la alfa y ella se lo dio hasta la extenuación. Cinco días donde Mito se dedicó a saciar a su caprichosa pareja en celo, saciándola en esos momentos de hipersexualidad causados por el estro, cinco días donde además se aseguró de que comiera y se hidratara correctamente, donde le aseó mientras el omega descansaba en los pocos momentos de paz que el celo le permitía. Cinco agotadores pero increíbles días donde al final ambos terminaron tan agotados que eran incapaces de moverse del nido, quedando dormidos en un fuerte e intimo abrazo, llenos de sudor, de sus esencias y fluidos. Cinco maravillosos, agotadores y, esperaban, fructíferos días.