22. Protección/Pelea
Menuda emboscada les habían tendido esos cabrones de Kumogakure y sus malditas fuerzas militares. Esos jodidos hermanos, Ginkaku y Kinkaku, o algo así cree que se llaman. Putos rastreros. Y él aun estaba herido y sin el cien por cien de chakra tras la lucha que mantuvo con ese demonio de nueve colas cuando les atacó, había tenido que reducirle para que la alfa pelirroja pudiera sellarle y así controlarle.
Y ahora había sido enviado a reunirse con el Raikage de buena fe; él era el más adecuado en esos momentos, o mejor decir que era el único disponible. Con Hashirama a punto de parir, Mito tenía que mantenerse con su omega para ayudarle durante el parto de su cachorra. Y Tobirama e Izuna estaban ocupados en otros asuntos: el tener que reunirse con el feudal del país del Fuego, además de ocuparse del gobierno de Konoha mientras él estaba fuera.
Así que le había tocado a él ir a esa reunión con el Kage de esa aldea. Una reunión de paz y colaboración según la misiva enviada por la Aldea Oculta entre las Nubes, tendría que haber seguido su instinto que le decía que algo ahí olía muy mal, pero en cambio ahí había viajado… Y mira que no era un buen emisario, lo suyo era la batalla y las guerras, estrategias de combate y esos bailes que lo llenaban de emoción y adrenalina. Lo suyo no era el don de la palabra; pero prefería reunirse con un kage que no con un esnob impertinente y estirado como el señor feudal. Que fuera Tobirama a reunirse con ese… Porque parece que el muy petimetre del Feudal del País del Fuego necesitaba explicaciones tras el ataque del bijuu, como si a él le incumbiera cuantos ninjas habían perecido.
Y todo había sido una estratagema para emboscarle y capturarle o matarle, a saber. Seguro que lo que pretendían era atraparle para pactar con Konoha, obligarles a entregar algo que Kumogakure deseaba en demasía y seguro que esa cosa era esa masa de chakra poderosa e inagotable con forma de zorro.
Hacía apenas unos días que se habían hecho con dicho espécimen, cuando el inmenso zorro fue a atacarles. Lo consiguieron reducir y capturar gracias a él y sellar con las increíbles técnicas de sellado que poseían los Uzumaki. Mito Uzumaki, gracias a su poderoso chakra y su naturaleza también afín al bijuu, fue la que se ofreció a tener al monstruo en su interior. Estaba siendo un gran acierto, parecía que podía controlarlo perfectamente. Pero ahora los de la Aldea entre las Nubes codiciaban dicho ejemplar… O ese pensaba que era el motivo de dicha emboscada, ¿qué otro motivo además de tener más poder podían tener? Estaba cien por cien seguro que era por eso, sino eran demasiadas coincidencias; hasta sería capaz de apostar que el kiuby había sido enviado por esos cabrones mismos para destruirles, y ahora querían recuperar a su mascota.
Escuchó la respiración trabajosa de Iruka a su lado, pues habían insistido en que le acompañara para darle soporte en los temas administrativos y los distintos puntos que deseaba pactar Konoha con Kumogakure. Imaginando que la manera de ser calmada y pacifica del omega le ayudaría en su "mal carácter Uchiha" como había dicho la jodida rata albina antes de ser golpeado por Izuna, con la queja de que "qué su hermano fuera así, no significaba que todos los Uchiha tuvieran carácter de mierda."… Izuna siempre "arreglando" la situación, aunque sabía que así aprovechaba para burlarse de él.
El pobre Umino casi había sido herido de muerte antes de que, usando su Susanoo lo protegiera y terminara con esa primera oleada de shinobis que les habían atacado. Luego habían venido más y más y, entre ellos, esos dos jodidos hermanos. Y él estaba también herido pues no se esperaba que fueran atacados estando en presencia del mismo Raikage y por proteger a su secretario.
Respiró en profundidad y se sujetó el abdomen herido, no paraba de sangrarle.
–Putos traidores taimados…
–¿Está bien Madara-sama?– Preguntó preocupado. El Uchiha se había interpuesto y por eso había sido herido, por su torpeza… Nunca se le habían dado bien las batallas, no servía para luchar. Lo suyo eran los papeles, ser organizado y tener buena memoria.– Atacar de esa forma a traición cuando íbamos a pactar. ¡Que desfachatez! Es una declaración de guerra contra Konoha.
No, no estaba bien. Pero no iba a preocupar al omega que estaba empezando a liberar un aroma agrio por el miedo. Tampoco iba a decirle nada… El joven era un buen chico y mostrar su estado sólo le haría sentir más culpable de lo que seguramente ya se sentía. Por kami la de veces que le había escuchado disculparse por su torpeza, hasta que le ordenó que si decía un 'lo siento' más le metería en un genjutsu que le haría creer que era un conejo… De por vida.
–Soy un conejo, Madara-sama.– Había soltado con timidez, aunque con una pequeña sonrisa en sus labios. Y más al escuchar sisear al alfa.
–Pues más vale que no te transformes, pues si tengo hambre y estoy molesto por estar oyendo tus disculpas… Pasaras a formar parte de mi dieta.
Y el miedo del omega se hizo más notorio mientras le miraba con unos ojos abiertos muy atemorizado. Madara rebufó… Por eso agradecía al destino por no juntarle con un omega normal. Su Obito le hubiera soltado alguna contestación agresiva o alguna burla o le habría golpeado. Ya se imaginaba la voz de su amado mocoso diciéndole: 'Alfa idiota, te faltan huevos para comerte a alguien como yo'. Cuando la realidad es que se devoraban mutuamente cada día que estaban juntos. Su rebelde sigma… ¿Qué estaría haciendo ahora? Ni siquiera había podido despedirse pues estaba en una misión, con su equipo, cuando él tuvo que partir.
"Volveré a ti mocoso, no te libraras de mi tan fácilmente… Tenemos que vivir aun muchos años juntos, envejecer mientras seguimos peleando, amándonos como si fuera el último día… Quizás formar una manada propia…".
–Tenemos que movernos… Aquí nos van a poder rastrear con facilidad.– Sobretodo si tenían buenos ninjas sensores.
Empezaron a saltar de rama en rama, él con el sharingan activo, atento al más leve movimiento. Estaban en gran desventaja y encima los dos estaban heridos, pues al final si habían conseguido alcanzar un poco al Umino. Los shinobis de Kumokagure habían usado una táctica sencilla pero muy efectiva, atacar al blanco débil de los dos, habían ido a por Iruka Umino y por eso, él mismo había sido herido. Bajó el ritmo para dejar que el omega se acompasara con él, así lo tendría vigilado y por lo tanto protegido. Maldita sea, en solitario podría salir mejor parado de esa. Por eso había insistido en ir solo a la reunión, algo le escamaba y no se equivocó.
Un rugido infernal y un bramido se escucharon a los lejos, el aroma agrio de Iruka se disparó. El Uchiha se detuvo unos segundos a observar en la dirección que escucharon esos sonidos de algo inmenso y soltó una maldición.
–¿Qu-qué ha sido… eso, Ma-Madara-sama?– Tenía tanto miedo y más al ver la cara tensa y arrugada en rabia del Uchiha.
–Hay rumores, habladurías, de que la Aldea entre las Nubes poseía un par de bijuus… Ahora lo puedo confirmar.
–Oh… Oh… Va-vaya.– Tembló intensamente notando como sus piernas querían ceder.
–¡Muévete Umino! No pienso cargarte, así que espabila, omega. ¡AHORA!–Ordenó con voz alfa, para conseguir que el secretario no se paralizara de terror.– Y deja de liberar ese aroma, me causa picor en la nariz y hace que seamos más fáciles de rastrear.
Tenía que conseguir poner a salvo al Umino, así tendría más libertad para pelear. Y más porque cada vez sentía más cerca esos que se hacían llamar Armada Kinkaku… "Que originales…"
Ya estaban cerca de la frontera del país de Rayo… Un poco más y tendrían mayores posibilidades.
Se detuvo y sacando su katana bloqueó una lluvia de shurikens y kunais.
–Corre y no te detengas… Pase lo que pase.
–Ha-hai– Se giró y emprendió la huida de nuevo. Estaba agotado, pero tenía que salvarse… Quería volver a los brazos de su amado alfa y no separarse durante días, oler su fuerte aroma y sentirse protegido entre sus fuertes músculos. –Kakashi… Tengo miedo.
Sollozo, aunque enseguida se limpió las lágrimas pues sino vería borroso y no podría ver correctamente el camino. Atrás dejaba rugidos de desafío y gritos del dolor que causaba Madara a sus enemigos.
–Vamos a bailar, cabrones.– Le escuchó decir antes de que rugiera y que se oyeran alaridos y huesos quebrando.
–Por-por favor… Ayu-ayuda.– Musitaba sin dejar de correr y saltar todo lo veloz que podía. Sus piernas dolían por estarlas forzando al máximo y sus pulmones quemaban del sobreesfuerzo por correr y no bajar el ritmo. Escuchaba que alguien le perseguía.– Nooo… Nooo… Más… rápido… No quiero que m-me atrapen.
Pero cada vez sentía las pisadas más cerca.
–Ya eres nuestro, omega…
– Nos vamos a divertir contigo, conejito.
Cerró los ojos para abrirlos al instante, las lágrimas cayendo por sus mejillas, ya no las pudo retener más.
Y como si hubieran sido invocados unos 8 enmascarados pasaron por su lado veloces. Uno de ellos le miró, antes de lanzarse a la batalla contra esos que le estaban persiguiendo. Le reconoció… Siempre reconocería ese aroma entre millones de personas y su rebelde pelo gris era otra pista.
–Yo me ocupo… Continuad.– Escuchó que decía el anbu con máscara de perro.
– Si… Quédate con él.– Respondió otro en un gruñido tenso. Realmente ese anbu con máscara felina estaba más concentrado en una batalla que se llevaba a cabo de donde venía el Umino.
Se dejó caer en el suelo al abrazarse a un árbol, viendo con miedo, pero a la vez sosiego como su alfa se deshacía de forma implacable de esos que le estaban persiguiendo. Cuando terminó y se quito la máscara para conseguir calmar a su omega se acercó lentamente a él.
–¿Iru, omega, estás bien?– Iba lento y usando una voz suave. Notaba lo atemorizada que estaba su pareja.– Ya ha terminado, cariño.
–Kakashi…– Sollozó mientras se incorporaba con esfuerzo y tambaleante se lanzaba contra su alfa buscando consuelo.– Tenía tanto miedo.
Le abrazó mientras liberaba su aroma para que se sintiera a salvo y protegido, para que se tranquilizara.
–Ya estoy aquí… Ya ha pasado todo.– Iruka le abrazó con brazos y piernas mientras escondía su cabeza en su cuello. Le sentía temblar entre sus brazos.–Ya está, no te soltaré, omega. Estoy aquí contigo.
Iruka olió con fuerza el cuello de su alfa, inundándose de sus fuertes feromonas, sintiéndose mejor a cada segundo que pasaba.
–Ma-Madara-sama se ha quedado…
–¡Shh! Deja que los demás anbus se ocupen de eso. Hemos venido cinco escuadrones de cuatro miembros cada uno a ayudar.
Y era cierto, ellos ocho habían tomado una línea más directa para enfrentarse a esos enemigos y traidores, los otros doce les habían preparado unas trampas para cuando los enemigos retrocedieran. Además entre ellos, iban cinco miembros del clan Uzumaki con un gran dominio de técnicas de sellado… Podrían ocuparse de los bijuus. Unas explosiones se escucharon a los lejos y Kakashi sonrió confiado… Las trampas explosivas empezaban a ser activadas por esos taimados shinobis de la Nube.
–¿Cómo lo sabíais? Lo de que pretendían tendernos una trampa.
–Tenemos espías recorriendo cada lugar. Aunque no nos lo informaron hasta que no llegamos a Konoha. Luego Izuna-sama nos contó que habían aceptado reunirse con el Raikage, que Madara fue enviado junto contigo. Ahí liguemos cabos con su verdadero objetivo. Izuna nos hizo venir cinco escuadrones con ninjas expertos en corta, media y larga distancia, además de shinobis Uzumaki por si necesitábamos sellar sus bestias con cola.
Kakashi se levantó con él en brazos, Iruka estaba muy bien sujeto a él, era evidente que no quería soltarse.
–¿Dónde vamos?– Preguntó mientras se sujetaba aun con más fuerza, pero sin ahogarle. Pero a la vez, estaba tan cansado que tenía ganas de dormirse y más sintiendo el aroma y el calor corporal de su alfa. Estaba a salvo ahora.
–Al campamento, un escuadrón médico nos ha acompañado. Tienen que revisarte, omega. Estás herido.
–Y sino llega a ser por Madara estaría muerto. Iban a por mi… Para poder atraparle a él.– Era claro que un alfa protegería a un omega, por mucho que no fuese el propio. Sobretodo si entre ellos había cierta relación de amistad o de confianza. O quizás creyeron que era el omega del líder Uchiha… A saber.
–Entonces le debo mi vida y siempre estaré en deuda con él.
–¿Estará bien?– Estaba preocupado por su superior.
–¡Oh, si! Obito no va a permitir que dañen a su pareja. Dice que solo él tiene derecho a pegar o herir a Madara. Tendrías que haberle visto… Nunca le he visto tan furioso.
Y así entre suaves conversaciones, pues no creía que fuera bueno que su omega se durmiera sin ser revisado antes. Llegaron al campamento. Ahora solo quedaba esperar a que los demás llegaran, y esperaba que sanos y salvos.
…
Kakashi decía que se ocuparía de los cabrones que estaban a punto de dañar a Iruka, él con un gruñido continuó adelante. Pidiéndole que se quedara con el omega castaño, con su omega.
–¡Cómo te hayas dejado herir de gravedad te las verás conmigo, alfa inútil! Entonces si que tomaré el mando del clan y tu serás mi sometido… Y como te hayas atrevido a dejarte matar… Haré lo imposible por resucitarte, para luego matarte yo mismo, ¡idiota!– Si, estaba muy preocupado por su alfa… Aunque por esas palabras que soltaba entre gruñidos graves no lo pareciera.– ¡Preparados para machacarles! ¡No quiero que ni uno de esos cabrones salga vivo!
Ordenó a su escuadrón con un potente grito viendo los primeros enemigos, los odiaba por atreverse a atacar a su pareja y por eso no dejaría ni uno vivo. También, estando cada vez más cerca, observó como su alfa luchaba con esa fuerza y ese poder que le caracterizaba. Sonrió orgulloso, no se estaba conteniendo para nada y eso se notaba en su gran sonrisa algo desquiciada, aunque él creía que era adorable y estaba muy atractivo, y como movía katana y gunbai cercenando cuerpos y parando ataques. Estaba rodeado de tantos cadáveres y ninjas de la Nube moribundos. Era tan impresionante su destinado, pensó con arrogancia.
Ahora que Iruka no estaba no necesitaba contenerse, y aunque estaba herido y algo agotado por culpa de la pérdida de sangre y las batallas anteriores, en esos momentos estaba disfrutando de ese baile.
Percibió como ninjas de Konoha, de ese cuerpo que crearon con Tobirama, empezaban a aparecer en el campo de batalla, luchando con gran maestría y ferocidad contra los shinobis de kumogakure que empezaron a retroceder… Para encontrar trampas en forma de explosiones y más shinobis del cuerpo de asesinos de élite de la Hoja. Y sonrió al sentir ese rugido airado y esa presencia que saltó a su lado.
–¡Os mataré, cabrones!– Amenazó Obito a los hermanos Kin y Gin.
–Hola, querido.– Saludó al joven que mostraba una postura amenazante con esa máscara de felino. Estaba impresionante, ese era su amado mocoso. Fuerte, poderoso, valiente… Sabía que lucharía a su lado con ferocidad, codo con codo, sin rendirse, sin decaer, con esa valentía que le caracterizaba. Era perfecto a sus ojos, no había nadie que pudiera igualar a su sigma, nadie le llegaba ni a la altura de la suela de las sandalias.
Obito observó de arriba abajo a su alfa, pues había olido su sangre y ahora veía la herida. Frunció el ceño muy cabreado, esos putos cabrones habían herido a su pareja… No se lo iba a perdonar, ya antes no iba a hacerlo… Pero es que ahora pensaba torturarles hasta escucharles rogar. Se quitó la máscara, para que vieran el rostro de quien acabaría con ellos y corrió hacia esos dos preparado para destrozarles.
Madara vio la rabia recorriendo al joven azabache y olió el aroma de su pareja, un aroma que mostraba una ira como nunca había percibido en él. Se lanzó a atacar, a ayudarle, en cuanto vio como Obito se tiraba contra esos dos cabrones. Joder que impulsivo era su mocoso, no le dio tiempo ni de avisarle que esos dos desgraciados eran peligrosos, pero ahora contra dos Uchiha no tenían nada que hacer, estaban perdidos. Sonrió altanero y saboreando su victoria.
–Mira que bonito… La parejita de macho y hembra vienen a por nosotros, hermano.
– Vamos a torturar a Madara y nos vamos a divertir con su apetitosa hembra mientras él, moribundo, mira. Luego le cortaremos la polla y los cojones al "poderoso" líder Uchiha y los enviaremos a Konoha para conseguir al zorro.
–Si, pero no lo vamos a devolver… Lo decapitaremos y usaremos su cabeza para adornar la entrada de la aldea.
Madara escuchaba a esos bocazas idiotas, pobre infelices… Les matarían y no tendrían ni tiempo de soltar ninguna estupidez más. Pero un chakra alterado, intenso, furioso que venía de Obito le hizo mirarle con asombro, nunca le había percibido así.
–Obito…– Intentó llamarle. Estaba demasiado alterado, demasiado colérico.
Madara se detuvo a taparse los oídos, el rugido de Obito fue infernal. Vio como los hermanos de la Nube también se llevaban las manos a los oídos y de pronto… Un mar de raíces emergió del suelo donde estaban esos dos… La sangre corrió al quedar enzarzados entra las afiladas estacas de madera. Abrió la boca y los ojos asombrado al ver lo que había hecho su pareja. Le miraba estupefacto… No, no podía ser… Eso era increíble. Era la técnica de madera de Hashirama, que el omega Senju usaba para sanar y ayudar, convertida en una potente arma.
La furia era mucha, escuchar lo que querían hacerle a su pareja, al alfa que amaba, a su compañero de vida… Era demasiado. No, no les dejaría. Sintió el chakra caliente, burbujeante, crecer hasta limites que nunca había sentido, era hasta doloroso, sus huesos se resentían, sus articulaciones chirriaban y sus músculos quemaban por la energía contenida. Y… Con un rugido todo fue liberado, sin guardarse nada para si. Toda su rabia quedando libre. No podía permitir que dañaran a Madara, le amaba más que nada en el mundo. Una vez todo libre cual estallido impetuoso la debilidad le asaltó, se sintió mareado y afiebrado, le dolía tanto todo el cuerpo.
–Ma… Mada… Dara…– Alargó una trémula mano intentando atrapar a su alfa. Asegurarse que estaba bien y que estaba con él, sintiéndose tan debilitado.
–¡Obito!– Reaccionó cuando vio a su pareja desvanecerse, corrió a su lado y le sostuvo con fuerza contra suyo, abrazándolo. Acarició su rostro notándolo frío y sudado.
–Menos mal… que no te han…hecho nada… alfa.– Susurró con debilidad.
–Shh, no hables… Te llevaré a descansar, mi mocoso rebelde y descontrolado.– le besó en los labios y su pareja sonrió suavemente.
–Estoy muy cansado, Madara.
–Duerme, cariño. Yo me ocupo a partir de ahora.– Ahora le besó en la frente.
Un anbu apareció a su lado y agarrando la máscara dejada de lado por Obito se acercó a ellos.
–Madara-sama, más al sud hay un campamento con miembros del cuerpo médico. Nosotros terminaremos aquí.
Madara cargó al joven Uchiha como si fuera su más preciada carga, y así era, y se dirigió al campamento. Obito necesitaba descanso con urgencia y él que le cosieran la herida de su abdomen.
