25.Prendas con aroma
La misión había sido bastante larga... Se había pasado un par de semanas fuera cazando a unos asesinos a sueldo junto a su equipo. Y si, echaba de menos a su vejestorio, aunque si alguien le preguntaba pensaba negarlo, que para algo tenía su orgullo de Uchiha y de sigma.
Pero la verdad es que a medida que pasaban los días encontraba a faltar a su alfa gruñón. Acurrucarse con él tras hacer el amor apasionadamente, despertarse a su lado y volver a follar como descosidos, bromear con él, pelearse con él, burlarse y chincharse mutuamente, comer lo que Madara le preparaba... Le encantaba su comida, no es que fuera un gran chef o que supiera hacer platos muy elaborados, pero las cosas que cocinaba, aunque sencillas, estaban muy buenas.
Y en cambio, había estado comiendo bazofia durante la misión... Entre él, que todo lo que ponía en el fuego lo quemaba, y sus dos compañeros que uno cocinaba insípido y el otro no sabía ni hervir agua… ¡Que hambre había pasado! Y hablado en los dos posibles sentidos de la frase, pues también había pasado hambre de su alfa.
Quería llegar a casa y que su pareja le consintiera, que le lamiera, le besara, le acariciara por todas partes y luego, le montara. Si, estaba dispuesto a dejarse hacer sin pelearle de tan necesitado que estaba. Suspiró visiblemente y bajó los hombros apesadumbrado por los quilómetros que aun faltaban para alcanzar las murallas de la Hoja.
–¿Que ocurre taichou?
–Nada... Nada...–Musitó decaído.
Sus hombres se habían mirado cómplices.
–Ya sé... Echa de menos a su pareja. Tantos días fuera... El rastro de nuestros amados se borra de nuestro cuerpo... –Suspiró uno de ellos mientras sacaba una tela y olía, sonrió feliz antes de volver a guardarla.
Obito frunció el ceño con curiosidad, más las palabras de su otro compañero le hicieron olvidar de preguntar a Makoto que era eso que había olfateado.
–Vosotros al menos tenéis pareja... Yo sigo igual de solo que cuando presente.
Antes, cuando estaba tan cabreado con el líder Uchiha que no lo quería cerca, Obito quizás le habría dicho que era afortunado. Y seguramente, si Ryo ese comentario lo hiciera de nuevo estando presente Madara, le diría que era afortunado sólo para joder a su alfa. Pero la realidad es que, actualmente, lo encontraba algo deprimente y lo sentía por su hombre, era tan triste estar solo... Era demasiado feliz con su destinado y encontraba que había sido tonto por tardar tanto en irse a vivir con el alfa Uchiha.
–Algún día, Ryo. No desfallezcas. Estoy seguro que encontraras a tu destinado cuando menos te lo esperes. –Animó Makoto a su amigo.
Dejó que sus hombres siguieran hablando entre ellos sin prestarles atención. Ellos al verle pensativo y poco comunicativo le dejaron tranquilo y no buscaron incluirlo en la amena charla, sobretodo tras dos intentos fallidos de intentar que saliera de ese estado meditativo y algo ofuscado.
Interiormente les agradecía que le dejaran en paz, solía ser alguien divertido y locuaz... Pero en esos momentos no tenía ganas de hablar. Desde que fueron pasando los días y empezó a echar de menos a su pareja, desde que el aroma de Madara se empezó a difuminar de su cuerpo, no del todo que por algo llevaba la marca del alfa, pero si lo suficiente como para que no lo sintiese a no ser que olfateara en profundidad, demasiada profundidad. Y desde que empezó a suceder eso, fue que su humor se agrio y cada día pasado se agriaba un poco más.
"Quiero llegar junto a ti, mezclar nuestros aromas de nuevo... Amarnos..."
Y por fin, tras horas de saltar entre ramas cada vez más veloces... Un ritmo que él empezó a marcar sin darse cuenta que cada vez estaba yendo más rápido... Alcanzaron a ver Konoha.
Su corazón latió acelerado al saber que ya estaba cerca de su pareja. Ansioso por verle, ansioso por dejarse envolver por su fuerte aroma.
–Yo iré a entregar los documentos y me encargaré de redactar el informe.–Lo escribiría sentado en las piernas de su pareja y, le daba igual quien estuviera con él en el despacho y les viera o que Madara se quejara de eso... ¡Pobre de él que se quejara!
Sus dos compañeros se miraron entre ellos asombrados y luego le miraron a él. Siempre se quejaba de tener que escribir el informe y lo delegaba, o mejor decir que se lo ordenaba a ellos. Y si, su capitán se quedaba tan pancho luego de darles esa orden y decirles, si se atrevían a quejarse, que eso les serviría para aprender a tratar con los que "hacían ver que mandaban". En ese caso, su superior directo era el mismo líder Uchiha. Al que temían bastante cuando les miraba con esa mala cara y les soltaba uno de sus gruñidos, mientras mascullaba entre dientes:
"Maldito mocoso malcriado".
Si, eso iba dirigido a su jefe de escuadrón, y pareja de Madara, por no ser capaz de seguir las normas que claramente decían que, el jefe de escuadrón era el que tenía que presentar los informes y dar la cara ante los líderes de la aldea.
Y esta vez, por algún tipo de milagro, el mismo taichou iría a presentarse ante el líder Uchiha... Entendían el motivo, tantos días fuera hacía que necesitara verle.
Subió veloz las escaleras de la Torre hacía donde estaba el despacho de los líderes.
–¡Hola, Obito-san! ¿Qué tal la misión?
–Bien, gracias.– Ignorando un poco al pobre Umino para entrar directamente. Estaba urgido por encontrarse a su alfa.
–Espera...– Pero fue ignorado por el joven Uchiha.– No están... Han tenido que salir todos.
Obito gruñó frustrado. "¡Mierda, mierda y más mierda!"
– ¿Estás bien, Obito-san?– Al verle algo ansioso y a la vez decaído.
–Es solo que venía a entregar lo recuperado y a redactar el informe... También quería ver a Madara, hace semanas que no le veo...– Musitó eso último.
El Umino comprendió.
–A mi también me cuesta cuando Kakashi se marcha tantos días... Le hecho mucho de menos. Por suerte me deja varias de sus camisetas para que tenga su olor.
– Es por eso que huelo a Bakakashi... ¿Y dices que llevas una camiseta suya y te deja otras?
–Si. Así me siento mejor.– Sonríe con suavidad y le muestra la camiseta de interior, que huele antes de volver a recolocarse el haori en su sitio.– Me hace sentir protegido, amado y acompañado.
Obito parpadea asombrado y recuerda que Makoto sacó algo de sus bolsillos interiores y lo olfateó en profundidad.
–Así que era eso...– Hace una mueca.– No sabía que se hacían esas cosas.
–¿Tu no llevas nada de tu alfa?– Le pregunta alarmado, costándole creer tal cosa.
–Obito, ya has llegado. ¿Qué tal la misión?– Izuna sonríe a su cuñado. – ¿Y de que hablabais?
– La misión bien, larga y a veces tediosa. Pero todos los criminales fueron presos o asesinados. No volverán a dar problemas.– Le mostró los pergaminos que habían recuperado.– Me falta redactar el informe, pero quería ver a Madara. He pasado muchos días fuera y...
–Entiendo...
–Izuna-sama, Obito-san dice que no lleva nada de Madara-sama encima.
Izuna comprendió entonces el estado de su cuñado, su decaimiento y aura algo triste.
–Por eso se te ha hecho dura la misión, al tener que estar tantos días fuera. Imagino lo que has sufrido, chico.
–¿Por?– Si que se le había hecho difícil, pero no terminaba de comprender porque ambos omegas le decían eso.
–¿Por qué no vamos a tomar un té y unos dangos? Estoy seguro de que no has comido muy bien y allí te explicaré.– Le guiñó un ojo. El joven Uchiha tenía mucha fortaleza, pero se imaginaba lo difícil que se le había hecho todo al no tener nada de su pareja encima.
Ordenaron tres ordenes de dangos y tres tés, pues el Umino también había sido invitado a acompañarles.
–Verás Obito, las parejas enlazadas sentimos la necesidad de tener el aroma de nuestro compañero, por eso solemos ser tan sexuales, dormimos abrazados y desnudos, nos refregamos con nuestros destinados... Es una necesidad casi vital. Por eso cuando esas parejas tienen que separarse por cualquier motivo, suelen llevar algo del otro para sentirse acompañados.
–Cuando me llega el aroma de Kakashi por sus camisetas me siento mejor, siento que está conmigo aunque esté muy lejos.
– Exacto. Y es por eso que tu, a medida que han ido pasando los días te has sentido cada vez más molesto, apagado, enfadado...
–Oh, entiendo. – Comió alguna de esas bolitas dulces.– ¿Pero solo me ha sucedido a mi? O sea Madara...
–Madara tiene algo tuyo encima, chico.– Rió Izuna.– Te creías que iba a poder estar sin ti tanto tiempo... Por kami, estaría aun más insoportable e intratable sino llevara algo tuyo para irlo olfateando.
–¿Lleva algo mío?– No se hubiera imaginado que su pareja, el 'viejo' gruñón, hiciera tal cosa.– Aunque si estoy de acuerdo en que es insoportable a veces.
–Claro que si.
Iruka miró a Izuna.
–¿Qué lleva Madara-sama de Obito-san?
–Yo también quiero saber que tiene mío.– Intentando pensar que podría haber usado el Uchiha como prenda de aroma. Sonrió al notar algo, o más bien a alguien, por fin le vería…
–Jajajajajajajajajajaja.– E Izuna había empezado a reírse y no les respondió, pues cada vez que quería hablar... Volvía a soltar fuertes carcajadas.
Los dos más jóvenes se miraron... Aun sentían mayor curiosidad.
Y hablando del rey de Roma, por la puerta asomaba… Madara también había notado a su pareja en ese puesto de comida y había ido a su encuentro, hallándolos a los tres allí sentados, con su hermano riéndose. O le habían contado algo gracioso o tramaba algo... Cuando se acercó a ellos se besaron con Obito, ninguno aguantaba más y aunque estuvieran en un lugar público les daba igual, se necesitaban.
El más joven cerró los ojos y olfateó a su alfa... Que bien olía, cuanto había deseado hacer eso.
– Siéntate hermano, estábamos hablando con Obito e Iruka.– Le llenó una taza y le pasó unos dangos.
Mirándole con sospecha pero aceptando lo que le daba... No se fiaba ni un pelo de la ligera curvatura en los labios de su menor. Sus instintos le gritaban que no se fiara.
–¿Y sobre que hablabais?
–Pues sobre... – Y enarboló algo que le había sacado a su mayor de los bolsillos, sin que éste hubiera podido evitarlo.
Madara no pudo parar el veloz movimiento de su hermano hacía el interior de sus bolsillos y ahora, un furioso sonrojo estaba por toda su cara.
Iruka se había tapado los ojos al ver lo que Izuna-sama mostraba sin pudor.
–¡MIS CALZONES! – Obito señalaba su ropa interior y luego a su alfa de forma acusatoria.– Me desaparecieron antes de que los pudiera poner para lavar. ¡Eres un cerdo, viejo!
Y las carcajadas en todo el local no ayudaban al pobre alfa que intentaba recuperar los calzoncillos de su pareja sin éxito, pues en cuanto su mocoso dijo que estaban sucios su hermano los había lanzado por ahí exclamando un "¡Ucs!".
"Sabía que mi hermano tramaba algo... Y luego se lo contaría a su jodida rata"
