26. Anidados

Y por fin Hashi les había presentado a su cría, llevándola al despacho para que la conocieran.

–No me quedaré, solo os vengo a presentar a nuestra princesa Kushina. También me llevaré algunos informes del hospital para leer y repasar en casa.

Ahora que estaba más tranquilo y adaptado a su nuevo papel de madre, podría ir ocupándose de nuevo de su trabajo… Todo lo que, por ahora, pudiera hacer desde casa.

Y así Madara pudo conocer a la cachorra de su mejor amigo, aunque Hashirama no dejó que nadie la cargara. Una cosa era mostrarla y otra dejar que la cogieran* en brazos (/Antes de que alguien haga el comentario. Abajo la aclaración/) Kushina apenas tenía algo más de un par de meses… Su instinto maternal cedía en ciertas cosas y una de ellas era: mirar si, cargar no. Nadie se lo discutió, ni se quejó. Izuna había pasado por eso con Kagami e incluso cuando el cachorro ya tuvo dos años, le costaba dejar que alguien se lo quitara de sus protectores brazos o de los de su alfa más de 1 minuto. Si sobrepasaban ese tiempo ya se ponía ansioso y quería recuperarlo.

Madara pudo ver que la pequeña bebé sería como su padre alfa, aunque su piel era algo más bronceada que la de Mito. Y, que Obito tenía razón, la pequeña se notaba que era una glotona pues su cara era redondita y sus piernas regordetas. También era bastante grande para el tiempo que tenía.

–A ella le gusta comer y parece que mi leche es muy nutritiva. –Contaba con orgullo Hashirama. –Nos vamos a ir yendo. Le toca su siesta y nos gusta acurrucarnos en el nido para hacerla.

Y así, con una carpeta bajo el brazo y, llevando a su bebé en un portabebés en el torso, el omega Senju se fue de la oficina.

Madara suspiró para si, deseaba poder vivir eso… No era algo que quisiera por capricho, hace unas semanas atrás, y ya se le hubiera pasado… Realmente deseaba formar una manada con su amado mocoso. Pero Obito aun se lo estaba pensando.

"–Es una decisión muy difícil para mi… Cambiara muchas cosas en mi vida durante mínimo un año, Madara."

Eso fue lo que le dijo la última vez que lo habían vuelto a hablar. Y realmente lo entendía, su sigma tenía razón y por eso no podía enfadarse porque no le dijera que si.

Obito amaba su trabajo como anbu, amaba ser shinobi, amaba pelear y entrenar y… Muchas cosas podían cambiar si se quedaba en estado. Si tenía un embarazo tranquilo podría seguir entrenando, a diferente nivel pero lo podría hacer. Incluso hacer misiones sencillas, dentro de las murallas de Konoha, porque no pensaba ponerlo en un riesgo innecesario mientras gestaba. Pero si el embarazo tenía complicaciones… Tendría que hacer reposo o poca actividad, y eso molestaría y tendría al joven Uchiha ansioso y nervioso. Obito era muy activo y estar sin hacer nada, sería una prueba muy dura para su mocoso. Y no podía jurarle que todo saldría perfecto y que no le supondría cambiar mucho su vida, porque sería mentirle.

No tenía sentido estar pensando en eso… Cuando su pareja tomara su decisión ya se vería, comerse la cabeza ahora era una tontería.

Cuando salió de sus pensamientos encontró a los otros cuatro en el despacho, pues el Umino estaba allí ayudando a organizar informes. En una amena charla sobre el nido. Lo agradable y cómodo que era, lo bien que se estaba, la relajación que sentían cuando se acurrucaban allí.

–Es que es meterme en el nido, desnudo, con nuestro cachorro y mi alfa y, mi cuerpo se relaja al instante.

–Es extremadamente agradable. –Confirmo Tobirama, estando de acuerdo con su omega. –Es como si estuviéramos nosotros tres solos y nadie nos fuera a importunar nunca. Casi como estar en medio del mar sin nadie a quilómetros a la redonda. Solo paz y unión.

–Mi pareja, nuestra pequeña y nuestro nido, es lo mejor que me espera en casa. –Afirmó Mito.–Yo amé ver a Hashirama trabajar en armarlo. Era tan relajante y pacifico verle con ese cariño y devoción hacerlo. Y al tumbarnos en él por primera vez, con nuestros aromas rodeándonos y lo mullido que es. Me sentí en la gloria, ajeno a todo y, tal como decís, en paz.

Madara frunció su ceño al escucharles y apretó la pluma en sus dedos, pero se guardó mostrar su estado con cualquier aroma que le delatara.

Obito como sigma, no hacía nidos durante su celo… Y no tenía claro si lo haría en el caso que decidieran tener un cachorro. Tampoco pensaba recriminarle nada, si así se lo marcaba el instinto al mocoso.

Aunque si dejó que retazos de memoria vinieran a su mente, momentos de cuando era un cachorro y se acurrucaba en el nido con su madre, con su padre e Izuna, que era apenas un bebé. Eran recuerdos que guardaba con gran cariño y celo de su infancia. Adoraba, tras un largo día de estar aprendiendo las artes shinobis; como su madre con arrullos le llamaba al nido y, él, se acurrucaba en su contra dejando a su pequeño hermano entre ambos cuerpos. Luego llegaba su padre y se colocaba con ellos, de forma protectora. Se sentía amado y protegido, a salvo de cualquier cosa. Ajeno a los problemas… Feliz. Era tal como se estaba diciendo en ese despacho. Y, lo echaba de menos. La sensación, el calor que le arropaba, el amor, la comodidad, el dormir al instante de tan bien que estaba en ese lugar.

Iruka decidió intervenir, él también tenía un nido armado y sentía lo mismo que decían sus jefes.

–Nos encanta estar en él con Kakashi, tras un día cansado.–El Umino sonrió, adoraba estar en el nido con su travieso alfa. Luego miró al líder Uchiha que parecía ajeno y distante.–¿Y usted Madara-san, que opina?

El silencio en la sala se hizo de inmediato. Izuna frunció el ceño por esa pregunta a su hermano… Sabía los buenos recuerdos que tenía su mayor sobre el nido, con todos allí cuando eran pequeños… Se los había contado cuando él fue lo suficiente mayor para comprender las cosas y también sabía que a su hermano le dolía el no poder compartir un nido con su pareja, tras esa infancia.

–Iruka, creo que lo que queda puedo seguir yo. Gracias.

–¿Eh? Ah, si. Estoy encantado de haberles sido de utilidad.– Se inclinó respetuoso y fue por salir.

–Un sigma no hace nido. –Respondió algo más frio de la cuenta el alfa antes de que el Umino saliera.

Ese día cuando llegó a casa, Madara ya estaba allí, leyendo… O haciendo ver que lo hacía. Ni le había sentido llegar de tan ensimismado que estaba.

–Ya estoy en casa.

–Bienvenido…– Levantó la vista y le dedicó un amago de sonrisa.

Fue a la cocina a por agua y estando allí observó a su pareja, parecía algo decaído, algo apagado. Eso le preocupó, pues aunque disfrutaba burlándose, no lo haría en un momento donde a su pareja parecía pasarle algo realmente.

–¿Qué sucede?– Le preguntó ya habiendo llegado delante del más mayor.

Este había parpadeado como saliendo de su estado y suspiró.

–Son cosas mías…

–Madara… Eres mi jodido destinado. Te dejo que me hagas un montón de cosas indecentes, estamos unidos por un lazo, y lo noto, pero quiero que me lo cuentes tú.

–Me gustaría que tuviéramos un nido para hacernos carantoñas, acurrucarnos en él… Que si algún día aceptas el tener cachorros puedas tenerlos y cuidarlos allí.

Negó muy suavemente, sintiéndose algo mal por lo que le diría, pues él no siente que deba hacer tal cosa, nada en su interior le pide que lo haga. No siente ese impulso.

–Lo siento, Madara. No… No es algo que sienta, no es algo que mi instinto me pida hacer.

Madara sonrió un poco y le acarició la mejilla, acunándosela.

–Ya lo se, por eso te he dicho que eran cosas mías… Se que armar un nido no está en tu instinto y por eso no te lo pediría nunca… Es que oigo hablar a los demás y eso me hace recordar mi infancia. – Le miró con cariño.– Mi madre abrazándonos en el nido mientras nos arrullaba y nuestro padre cuidándonos, formando parte del momento. Sus dos aromas envolviéndonos y, me sentía tan bien.

Obito comprendía o creía comprenderlo. Madara había amado su infancia, y tenía magníficos recuerdos y uno de ellos era toda la familia en ese espacio creado por su madre. Apoyó la mejilla en esa mano que le acunaba.

–Seguro que son recuerdos preciosos.

–¿Y si lo hacemos juntos?– Obito no hacía nido, lo encontraba absurdo. Pero, ¿y si lo creaban entre los dos? Como si estuvieran decorando un espacio concreto o haciéndose una cama suplementaria.– Se que ningún instinto te dicta hacerlo… Y yo como alfa tampoco es algo que haga… Pero, vi a mi madre reformar el que hizo varias veces y a mi hermano hacerlo en su primer celo. Y antes de que Hashirama encontrara a Mito, pude ver como hacía uno usando prendas de él, de su hermano y mías, pues decía que así se sentiría mejor. Fue muy especial de ver.

–¿Me estas diciendo que hagamos uno los dos? Hacerlo conscientemente y porque si…– La construcción de un nido era un acto inconsciente del omega, actuaban guiados por el instinto, su cuerpo se relajaba al hacerlo.

–Si. Los dos somos raros… Hagamos una extrañeza juntos.

Se lo pensó y levantó los hombros, por que no hacerlo si tenían tiempo y Madara tenía ganas de construirlo.

–¡Vale! ¿Qué necesitamos?

–Ropa, tanto mía como tuya… Algo que no queramos ponernos en breve pues formará parte del nido mientras lo dejemos hecho. Mantas, cojines… Cualquier cosa que nos parezca esponjada y suave.

Y así fue como ambos empezaron a armar un nido, fue una actividad entretenida y donde se divirtieron mucho, pues no faltaron las guerras de almohadas, las burlas y las discusiones sobre donde poner qué y cómo ponerlo, incluso rasgaron una manta por tirar uno de cada extremo al no estar de acuerdo donde la quería colocar su pareja.

Obito observó a Madara trabajar en el nido con esa concentración y esa harmoniosa seriedad que poseía el alfa, y su corazón latió emocionado y enamorado. Estaba espectacularmente guapo y viéndole así podía imaginárselo siendo padre. Y se descubrió queriendo ser la madre de esos cachorros. Realmente quería formar una familia con su pareja…

¿Por qué no intentarlo ahora? ¿Por qué seguir esperando?

La vida era corta y podría sucederles cualquier cosa a alguno de los dos, por kami él era capitán de escuadrón anbu y Madara, aunque uno de los líderes de la Hoja, tomaba misiones complicadas cuando llegaban. Sí podrían haber muerto en la trampa de Kumogakure… Si tenían cachorros y ha alguno de los dos le ocurría algo, tendría la certeza de que el otro no estaría solo. Teniendo crías a las que cuidar se aseguraba que el otro siguiera viviendo para poder ocuparse de sus pequeños.

Se acercó al alfa, que estaba dándole los últimos retoques al nido y se apoyo en su espalda, abrazándole por detrás, cerró los ojos disfrutando de ese contacto.

–No nos ha quedado nada mal, ¿No crees?

–Si, Madara.

–¿Si a qué? ¿A que nos ha quedado mal o que ha quedado bien?– Comentó divertido.

–Nos ha quedado bien, o eso parece. Lo tendremos que probar. –Apretó ligeramente los brazos en ese fuerte torso.–Pero mi si era por… Si, quiero que formemos una manada. Quiero que intentemos tener cachorros.

Era el alfa más feliz del mundo en esos momentos… O sea ya era feliz al lado de Obito como pareja y viviendo juntos. Pero ahora… ¡Ahora iban a intentar padres! Y eso le emocionaba, le llenaba el corazón de jubilo. Tendría hijos con su persona amada.

–Se que no lo digo mucho, me cuesta decir tales palabras, y se que seguramente te vas a burlar, pero… Te amo, mocoso rebelde. Eres mi vida y mi felicidad.

–No me voy a reír, yo también te amo por encima de todo, alfa idiota.

Ambos sonrieron satisfechos, sintiéndose plenos.

–¿Has dicho que probemos el nido?

–Ajá… Ya sabes… Para terminar de darle nuestra esencia.

Entre besos y caricias subidas y eróticas se fueron desnudando.

Obito no perdía detalle del cuerpo de su alfa, el como poco a poco iba quedando descubierto… ¡Menudo cuerpazo tenía el cabrón! Y cuando visualizó ese culo prieto y con esa pinta tan sabrosa no pudo controlarse y le empujó contra el nido mientras se tumbaba encima de su espalda. Mordisqueó su nuca y unió sus manos con las del mayor, sujetándole. Su pene erecto, tras el espectáculo al desnudarse, se frotó contra esas nalgas, cada vez con más insistencia, cada vez perdiendo ese control que tenía siempre sobre ese instinto que también poseía.
Madara sintiendo ese descontrol, que también había notado durante el celo de su pareja que pasaron en la oficina, se removió con insistencia y soltando un fiero rugido consiguió zafarse. Miró a su pareja con el ceño fruncido, ¿Qué narices había sido eso?

Obito desvió la mirada tensando todo el rostro… No había podido controlarse como hacía siempre.

–¿Qué ha sido eso, mocoso?

Obito suspiró y negó, aun sin levantar su vista. Pero el alfa le obligó poniendo dos dedos debajo de su mentón.

Madara observó la tensión en su sigma, como su cuerpo temblaba de tan tenso que estaba. También percibió lo mortificado que se sentía, notaba una lucha en su interior.

–Dímelo, Obito. No me hagas usar tus palabras de antes para conseguir que me lo cuentes.

– Yo… Soy un omega y lo se, pero también soy… Soy un alfa… Y siempre hay una parte de mi que desea tomar ese otro papel. Y me reprimo, kami sabe que lo hago pero… No puedo olvidar o desechar lo que soy. Hay veces que me salgo de control… Lo siento.

– ¿Cómo… Cómo quieres decir?– Eso era confuso, aunque cuadraba con todo lo que le habían explicado tanto los Uzumakis como esa anciana que conoció.

– No se, Madara… Es algo que me viene de dentro y me insta a quererlo. Una parte de mi siempre piensa en tomar el control y ser el que… Ya sabes… Eso.

Su mocoso estaba realmente avergonzado, pero quería oírselo decir.

–Dilo.– Ordenó.

–El que penetra, Madara. Mi instinto me lo pide.– Se miró al más mayor angustiado. Imaginaba que a su alfa no le gustaría escuchar eso… Escuchar que deseaba ser el dominante.– Lo siento tanto. Siempre intento controlarme, llevo haciéndolo desde que supe que eras mi pareja y lo acepté, pero a veces escapa de mi control y no quiero molestarte.

Madara frunce las cejas y baja la mirada… Puede entender eso. El estarse reprimiendo siempre… Y Obito lo hace por él, porque el destino les unió. Siempre en el papel pasivo en su relación. Le mira y le ve compungido y avergonzado por no haberse podido controlar.

Y recuerda las veces que ha visto a su pareja dándose placer… Nunca le ha visto hacerlo como haría un omega, dándose estimulación anal. No, Obito siempre se ha masturbado como haría un alfa, solo tocándose el miembro. Moviendo su cadera como si estuviera penetrando a alguien… Y ahora entiende porque tiene esa necesidad de masturbarse de esa forma, para saciar un instinto reprimido, su deseo como dominante, para darle salida y no perder el control.

–No es culpa tuya… No te sientas mal. Me duele verte así…

Su Obito ha cedido tanto y le ha entregado todo de él, o todo de su lado omega sin quejarse. Incluso quiere tener hijos tal como él deseaba.

–No es justo para ti. Esto al final te hará infeliz… El no poder liberar esa parte de lo que eres.

Y lo más triste, era que no podría irse con ningún omega o beta, para saciar esa parte tan importante de lo que era… Estaban enlazados y no lo soportarían, ni él, ni Obito. Suspiró… Le amaba tanto.

–Esta bien… ¡Esto no saldrá de aquí nunca! Y siempre lo haremos en privado… –Se colocó otra vez contra el nido. –Se cuidadoso, mocoso.

Obito abrió la boca y miró al alfa poniéndose contra las telas del nido, dejando su pecho allí y cerrando los ojos mientras soltaba el aire, seguramente intentando controlar ese lado que poseían todos los alfas que les pedía ser dominantes y no ceder.

– Venga… ¿No me digas que ahora te vas a acobardar?

–Pe-pe-pero…– ¿Madara le dejaba ser el activo con él? ¿El alfa? ¿Liberar su instinto de alfa? Esa otra mitad que siempre ataba en corto.

–Obito… Te amo. Y quiero que seas tu, al completo. Amo tu lado rebelde, amo tu lado divertido, amo tu lado guerrero, amo tu lado omega y… También pienso amar tu parte alfa. No solo te deseo en algunas cosas, te deseo completo, todo tú… Sumiso, dominante, pasivo y activo. Eres mi pareja, todo tu y lo eres en todo.

Ese día Madara Uchiha, alfa dominante, se entregó pasivamente a lo que quisiera hacerle su amado sigma. Y si, le gustó. Pues amaba a Obito en todas sus facetas y vertientes.

Ese día, Obito Uchiha, sigma, actuó como un alfa para su amado. Enseñándole un placer hasta ese momento nunca conocido por el más mayor. Los gemidos y jadeos que consiguió sacarle al alfa llenaron su alma de felicidad. Ese día se sintió completamente aceptado y pleno al 100 por 100. Ese día por primera vez las dos partes que formaban su esencia de sigma se sintieron satisfechas y amadas. Y la euforia le asaltó cuando Madara Uchiha le dijo que podrían repetir y que no tenía problema en llevar a practica esa forma de copular otras veces que quisiera repetir; siempre y cuando eso no saliera de allí. No le costó nada aceptar esos términos.

*Aclaro:

Coger (Según la R.A.E- Real Academia Española de la lengua): Asir, agarrar o tomar algo o a alguien

He tomado la primera de las definiciones, pero el verbo coger tiene otras 30 definiciones o usos posibles. Y no es hasta en la 31, que lo definen como verbo intransitivo vulgar como acto sexual, usado en países sudamericanos. Evidentemente yo soy española y como tal usaré el verbo tal y como yo lo conozco y lo define la R.A.E.