27. Rutina

Los pequeños sonidos de queja hicieron que abriera sus ojos de golpe, desde hacía muy poco esos soniditos formaban parte de su día a día y… Lo amaba. También representaban su nuevo despertador diario, eso también le encantaba. Sonrió mientras iba por arrullar a su pequeña Kushina.

–Hola, mi princesa, ¿Ya tiene hambre mi pequeña?

Los ojos brillantes de la bebé y su cara poniéndose cada vez más rojita mientras hacía muecas con su boca y volvía a quejarse, le anunció que si, que su pequeña glotona estaba hambrienta y requería de su, aun, dormida madre. Y es que Hashirama tenía un dormir muy profundo y le costaba despertarle.

Normalmente se decía que cuando un omega era madre, respondía al mínimo sonido y así fue, al principio. Luego parece que el cuerpo de su omega vio que su cachorra no corría peligro al estar ella presente y, también, despertándose enseguida al más mínimo sonido… ¿Entonces para que despertar los dos alarmados? O eso imagina que debió "pensar" el instinto materno de su Senju. Si es que no había nadie como él en el mundo, Hashirama era único y tenía unas ocurrencias muy "originales". Le miró durmiendo a su lado todo lo largo que era y con la boca abierta mientras soltaba suaves ronquidos. Eso le sacó una suave sonrisa.

–Parece que mami aun no despierta bebé. –Y lo entendía, Hashirama, además de tener el sueño pesado, estaba algo cansado. Ayer por la noche, todo y su baja por maternidad, tuvo que ir al hospital a atender una urgencia. Cuando volvió, se ocupó de alimentar y cambiar a su Kushina, aunque la alfa buscó ayudarle. Pero Hashirama dijo que si ya estaba él despierto para que levantarse los dos, que durmiera tranquila.

Se agachó un poco y le besó en la frente, y no, su hembra no se despertó sino que soltó un suave ronquidito para luego tragar y cerrar la boca.

–Bueno Kushina… A esto de ahora le llamaremos Self service.

Y, como los dos dormían desnudos, algo que solía ser de los más normal en las parejas de enlazados, puso a la cachorra encima del pezón de su omega. La pequeña fiel a su glotonería no tardó en engancharse al pezón y ponerse a mamar, mientras ella supervisaba y se aseguraba que no sucediera nada.

–Vaya… Ya veo que yo soy solo el bufet–Musitó Hashirama que había despertado al notar la succión de su cachorra. –Buenos días mis amores.

–Buenos días, omega. –Se agachó a plantarle un beso en los labios. –No nos has dejado otra opción, Kushina tenía hambre y tu dormías como un tronco.

Le bromeó, mientras se acurrucaba de nuevo con ellos y abrazaba a ambos.

Si alguien le preguntaba, Kushina Uzumaki diría que esa era la mejor rutina que había experimentado nunca. Desde que conoció a Hashirama, se unió con el omega y ahora con la nueva integrante de la familia, esas rutinas que fue adquiriendo a medida que su vida cambiaba, no las cambiarias por nada del mundo.

…..
Izuna se despierta ante los rayos de sol entrando por la ventana e iluminando su rostro. Se despereza y escucha a su cachorro a su lado, abraza a su pequeño en su contra y le besa con cariño, Kagami se ríe e intenta liberarse sin quererlo realmente, sus tiernas carcajadas son música para sus oídos.

Se detiene y mira hacía la puerta, su alfa apoyado en el marco les observa con cariño.

–Papiii– El pequeño corretea hacía su padre alfa con los brazos estirados, esperando ser cargado y así lo hace el albino.

–¿Qué tal te ha ido el entrenamiento?– Le pregunta mientras se estira, para luego incorporarse.

–Muy bien. Estoy practicando una nueva técnica y voy por buen camino.– Llega con el pequeño en brazos y lo deja en el nido mientras se arrodilla y besa a Izuna.

–Espero que no sea una técnica tan desagradable como la del Edo Tensei…– Hace una mueca al recordarla. Y al ver la cara de su alfa, suspira y le pellizca un poco la mejilla.– Eres incorregible…

–Incorregible papi– Y Kagami también le pellizca una mejilla a su padre alfa.

–Será posible… Mis dos lunitas atacándome… Me vengaré– Y se lanza con su pequeño hacía su omega, empezándoles a hacer cosquillas.

–Papi… ¡Jajajajajajaja! Mami, ayudaaaa, ¡JAJAJAJAJA!

– Tu madre no puede ayudarte, él también caerá ante mi.

Izuna también se ríe, su marido también le está atacando a cosquillas a él.

–Basta, alfa…

El albino se detiene estando encima de las dos personas más importantes de su vida, su pequeña manada.

–¿Te rindes?

–Un Uchiha no se rinde…–Le ve fruncir el ceño.– Pero como ahora soy Senju, esto no es ningún deshonor, imagino.

Le suelta un suave gruñido por esa burla hacía él y al clan Senju. Aunque no está realmente molesto, su relación con su omega es así… Conservando cierta sana rivalidad.

–Te tendré que castigar… Omega. Tienes suerte de que ahora esté nuestro pequeño aquí.

– Bueno, eso tiene fácil solución… Kagami tiene que ir a la guardería y nosotros no tenemos que ir al despacho hasta mucho más tarde.– Y le levanta una ceja insinuante.

–Mmmm, una mente maestra la tuya.

–Si, aunque antes… Apestas alfa. Hueles a sudado y no es tu mejor aroma.– Mientras hace una ligera mueca arrufando la nariz.

–Siempre tan dulce conmigo.– Y le guiña un ojo mientras deja la cría con su madre y se incorpora para deshacerse de la ropa.– Podríais bañaros conmigo, tenemos tiempo antes de tener que llevar a este bichito a la escuela.

Y así lo hicieron, compartieron un baño en familia. Ellos dos abrazados luego de que Izuna ayudara a enjabonar a Tobirama y el alfa enjabonara a su pareja, les encantaba acicalarse mutuamente. También entre los dos lavaron a la cría a la vez que jugaban con ella. Ya en la tina, Izuna se apoyó en el cuerpo del alfa mientras ambos supervisaban como Kagami jugaba con un barquito de madera que le había hecho Hashirama. Tenían unos minutos para relajarse y disfrutar de esos momentos en manada.

–¿Así que en tu próximo celo quieres que intentemos volver a tener un cachorro?

–Si, me gustaría y, ya me siento preparado para volver a pasar por el proceso.– Se giró a mirar al albino que dibujaba patrones en la piel de su brazo.– ¿No te gustaría?

–Claro que si, Izu. Pero estaba esperando a que tu cuerpo y tu os sintierais preparados.– Le gustaba observar a su hijo disfrutar de su niñez antes de tener que empezar en la academia ninja y, le encantaría disfrutar junto a Izuna de ese proceso de nuevo con el nuevo bebé que intentarían gestar.– Kagami, ¿Te gustaría ser hermanito mayor?

–¡SIII! ¿Dónde esta mi hermanito?

–Aun no, pequeño… Dentro de un tiempo sabremos si tendrás un nuevo hermanito.– Su hijo era listo y tan despierto.– ¿Vas a cuidarle mucho?

–Si, mami. Voy a ser el mejor hermano mayor del mundo.

–Así se habla campeón. Ahora vamos a secarnos, desayunar y te llevaré a la escuela.

–Sii.– Mientras se levantaba y salía de la bañera ayudado por sus padres.

Izuna lo secó, lo envolvió con una toalla y lo llevó al cuarto para poderlo vestir. Mientras él se puso una bata.

–Tobirama, ¿Acabas de ayudarle a vestir? Iré a preparar el desayuno.

Le prepara el desayuno a su cachorro pues irá a la guardería como cada día, ya allí les empiezan a enseñar técnicas ninja básicas, preparándoles para el día que vayan a la academia. Su pequeño es de los mejores de la clase, será un gran shinobi… Si es lo que desea ser, claro.

El alfa se acerca y le besa. Cada uno empieza a comer el desayuno, a la vez que el pequeño se llevará también un pequeño bento para el medio día.

–Le llevo a la escuela y vuelvo. –Se acerca a su oído –Te quiero desnudo para entonces, mi pequeño omega.

Izuna se ríe.

–Ya veremos…

El alfa gruñe.

–De ya veremos nada, hazlo Uchiha. Es un castigo que me debes…– Y le guiña un ojo al ver como su azabache curva sus labios de forma traviesa.

Si, le encanta pasar sus días con su pareja, ese Uchiha algo descarado y con ese sentido del humor algo retorcido y burlón. Le ama, le ama como nunca imaginó amar a nadie y menos a alguien de ese clan. No podría vivir sin Izuna… Y tampoco sin el pequeño que tuvieron. Y si, le emociona que vayan a probar de tener otro cachorro. Esta feliz de poder aumentar la manada con su pequeño y amado omega.

…..
Las silenciosas pisadas casi ni les delatan, son expertos cazadores. Olfatean una presa y se lanzan en su persecución. El animal al que están cazando es veloz, todo y lo que muchos puedan pensar, pero ellos son ágiles y muy rápidos también. Están persiguiendo a un cerdo salvaje. Ya están encima suyo y se lanzan a por él, al gran cerdo esquiva a la joven pantera haciendo un temerario zigzag, pero eso le lleva hacía la gran pantera macho que se lanza encima suyo y lo derriba. El animal lucha, pero el gran felino lo agarra por la yugular y aprieta. La pantera más joven se une y le muerde la nuca al cerdo que berrea intentando escapar, intentando pelear al sentir que la vida se le escapa. Al final sucumbe a los fuertes dientes de ambos felinos negros como la noche. Empiezan a comérselo ahí mismo, sus fuertes mandíbulas rasgando piel, tendones y músculos, lamen la nutritiva sangre sedientos de la fuerza vital del cerdo salvaje. Se alimentan hasta quedar satisfechos, sus panzas llenas.

Luego ambas panteras se lamen entre ellas, limpiando sus bellos pelajes de la sangre de su presa. Juguetón, el macho muerde travieso e incitador a su hembra. Y la joven pantera le sigue el juego, entre lametones empiezan una pequeña lucha a base de zarpazos sin sacar las uñas y empujones. Al final la gran pantera consigue su cometido, el juego era un cortejo, un preludio a lo que deseaba. La pantera más pequeña se coloca y el macho la monta. Se aparean buscando calmar esa necesidad tras la adrenalina de la persecución, tras sus juegos de cariño y afecto entre ellos. La hembra enseña los dientes y le bufa cuando termina el coito lanzándose a por el macho al que empieza a lamer, le encanta su pareja y jugar con ella.

Madara cambia a hombre de nuevo y acaricia ese cuello fuerte de Obito, ese pelaje denso y brillante, tupido.

–Yo creo que tendríamos que repetir… Ahora con forma humana. –Y le guiña un ojo.

Obito, estando de acuerdo a las palabras de su pareja, cambia también a hombre mientras va bajando por el fuerte cuerpo de su alfa, le lame toda la piel en un recorrido descendente que sabe que su pareja disfruta.

–Estoy de acuerdo, no te acostumbres a que te de la razón por eso. –Le muerde la cadera –Aunque antes…

Le hace una mamada, disfrutando de chupar y lamer ese grueso y largo miembro. No puede evitar ser travieso y le cuela un dedo en su interior.

–¡Obito! –Advierte.

–No te quejes y disfrútalo… Solo es un dedo…– Sabe que su alfa disfruta de esas cosas y de otras aun más suculentas, es solo que le gusta que se hagan en absoluta privacidad.– No hay nadie por aquí, me he asegurado. Y piensa que luego podrás enterrarme tu gran pollón.

Madara disfruta de eso, el placer que recibe es mayor cuando encuentra ese punto en su interior. Además le encanta hacer eso con el otro… Es un sigma y tiene sus necesidades, necesidades que Madara consiente y alienta sin problemas. La rutina, además es aburrida.… Aunque desde que son pareja con el alfa nunca ha vuelto a aburrirse.

–¿Te has tomado esas hierbas?

–Saben fatal… –Detiene los movimientos de su cabeza en la intimidad del otro y saca la lengua al recordar el sabor de ese preparado. Lo odia. Sino fuera por una "buena causa" no se las tomaría. –¿Y tu las tuyas?

– Si, y percibo, por tu gesto, que las tuyas saben igual de mal que las mías. – Le guiña un ojo y le apremia a continuar.– Mi semen te quitará el mal sabor de boca, mocoso.

Obito niega divertido ante las ocurrencias del otro, todo y eso continua dándole el ansiado placer.