29. Cuidados
El nuevo orgasmo les asaltó y Madara se derrumbó encima de Obito, agotado. El sigma se quejó con suavidad, demasiado cansado para hacer nada más que quedarse entre las mantas tumbado sin poder sostenerles a ambos.
–Ahora… me aparto… Un mo-momento.– Y aunque sería imposible apartarse realmente pues su nudo les unía, pero si que podía quitarse de encima su pareja para dejarle respirar correctamente.
Se puso de lado llevándose a Obito con él. Los dos desmadejados en el nido unidos por sus genitales.
–Estoy… Estoy destrozado y-y me duele… Todo.– Jadeó Obito sintiendo las ráfagas de semen de su alfa en su interior, por suerte ya no tan voluminosas como al principio, cosa que agradecía cuando sentía su vientre hinchado con todo el abundante semen de las muchas corridas de su pareja.
–A mi también me duele todo.– Se cubrió los ojos con un brazo mientras cada vez su respiración se pausaba más.
Solo tenía ganas de dormir y no despertar en, al menos una semana; así de cansado se sentía tras terminarse el frenético celo que los había estado consumiendo a ambos. Ahora que el instinto ya no les dominaba era cuando el cansancio se hacía presente. Observó a su omega al apartar un poco el brazo… Su cuerpo sudado, las numerosas marcas en su piel, algunas rojas y otras moradas por la fuerte sujeción de los distintos días, y otras marcas causadas por sus dientes y garras. No, no podía darse el lujo de dormirse ahora… Tenía que cuidar de su pareja, demostrar que era un buen alfa. Obito necesitaba que se ocupara de él, que le lavara, que le curara las heridas, que le alimentara y saciara su sed y, cuando hubiera terminado de esas funciones, podría dormir. Se inclinó hacia la espalda del otro y dejó un beso en su piel.
–Ahora te cuidaré mocoso y después podremos dormir todo lo que desees.
–Tu también estas cansado, Madara.– Le miraba por encima de su hombro y alargó su mano para entrelazar sus dedos.– Puedo lavarme y curarme, no te preocupes.
–¡No! Y esta vez no me discutirás ni me pelearas. Me voy a ocupar de mi pareja y ella se va a dejar cuidar. ¿Queda claro?– Mientras dejaba otro beso en esa piel castigada, entrelazaba sus dedos con los del otro y luego le abrazaba.
–Luego dices que yo soy el terco…– Más no se quejó de nuevo. Realmente había sido un celo realmente duro.– Pero cuando tu nudo baje me voy a quedar unos minutos más así… No quiero que todo lo que hemos luchado por conseguir pueda perderse si se sale toda tu semilla de mi interior al levantarme de repente.
– Entonces primero comeremos y beberemos. Eso lo puedes hacer tumbado… Luego ya iremos a por el baño.– Y le presionó un poco más la mano enlazada, con cariño.
–Me parece bien… También estoy hambriento.
Y, en cuanto se pudieron separar, Madara quitó su pobre pene, que estaba casi en carne viva de tantas veces que se aparearon y, por no sacarlo del húmedo interior de su pareja, pues tal como su nudo se deshinchaba volvía a montar a Obito. Su pobre pareja soltó un siseó adolorido, y es que el mocoso tenía su entrada muy enrojecida e incluso finos hilillos de sangre salían de ella.
–Lo siento, Obito. Te haré sentir mejor, no te preocupes.
Y su mocoso le sonrió, para que no se preocupara, mientras se quedaba en posición fetal.
Realmente había sido algo muy intenso ese apareamiento, al estar los dos en celo estuvieron incontrolables, no tuvieron ningún tipo de medida ni freno y así estaban ahora.
Caminando con las piernas lo más abiertas posibles mientras una mueca adornaba sus labios, realmente se sentía muy escocido en la sensible piel de su miembro, fue a la cocina a preparar algo de comida y unos tés. También algunas golosinas, pues era azúcar rápido que les iría bien. Y tras preparar una buena bandeja de comida con variedad de alimentos, volvió al cuarto.
–Obito…– Pero su pareja no respondía. Al acercarse lo encontró profundamente dormido, aun en posición fetal.– Descansa mi mocoso, yo me ocuparé de ti.
Dejó la comida cerca del nido, por si despertaba mientras él estaba en el baño llenando un barreño con agua temperada, jabón con suero de leche que hidrataría la piel de su pareja, una esponja muy suave y una pomada para calmarle el dolor que además era lubricante, más otra cicatrizante para las raspadas que le había hecho. Una vez con todo volvió al cuarto.
Aprovechando que las primeras capas del nido estaban sucias tras tanto sexo y por lo tanto no importaba si se mojaban; lavó a su pareja con especial cuidado en las zonas delicadas. Esa sería una primera forma de que sintiera su piel más limpia, cuando ya despertara se darían un buen baño, pero por ahora se tendría que conformar con eso. Cuando ya lo tuvo lavado, lo cargó con mucho cuidado y lo llevó a la cama, así podría cambiar la ropa sucia del nido antes de volver a colocar a su pareja en él. Realmente había sido un acierto construir ese nido como juego y para contentar sus ganas de poseer uno en recuerdo a su infancia. El nido había sido bien usado desde que lo hicieron hace algunos meses atrás.
Curó todas y cada una de las pequeñas heridas causadas durante el ímpetu del celo con devoción y, usó la crema lubricante con calmante en la entrada de su pareja. Luego lo envolvió en una mullida toalla y lo dejó de nuevo descansando en el nido. Como parecía que aun seguiría durmiendo un rato más, Obito tenía el sueño bastante pesado cuando estaba en casa y muy cansado, fue a darse un baño y ocuparse de sus propias heridas y marcas causadas por su rebelde mocoso. Luego fue a tumbarse con él, abrazándolo. Ahora podrían descansar los dos… No tardó mucho más en dormirse él mismo.
Cuando despertó, Obito estaba sentado con pose india en el nido mientras devoraba, pues eso no era comer.
–Realmente estabas famélico…– Sonrió mientras se apoyaba en un codo y le miraba.
–Si, pero parece que estaba más cansado que hambriento.– Le ofreció un poco– ¿Quieres?
Abrió la boca aceptando el bocado y se sentó con cuidado para unirse a comer junto al otro.
–Parece que estás muy bien…– Le daba hasta envidia.
–Ya sabes, las células de Hashi me han curado.
–Maldito afortunado… Y a mi me sigue doliendo todo.– Sentía agujetas en lugares de su cuerpo que ni sabía que existían.
– Tranquilo, yo te cuidaré y te consentiré… Viejo.– Se inclinó para besarle.
–Maldito mocoso bocazas.– Coló su lengua en la boca del otro, ya que le besaba, que fuera un buen beso.
Se separaron y siguieron comiendo en silencio durante un par de minutos.
–¿Tu crees que ha…?– Se mordisqueó los labios, se sentía un poco nervioso ante esa posible nueva etapa que ambos querían y habían buscado conseguir.
–Esperemos que si.– Se sentía esperanzado.– Y sino… Seguiremos probándolo, Obito. Que eso también nos encanta hacerlo.
Y su travieso mocoso se rió descarado.
–Aunque me ha gustado, me gustaría más poder ser yo mismo en próximas ocasiones.– Las hierbas esas le habían hecho no ser él mismo al exacerbar su lado "omega" por encima de su mitad alfa y eso había cambiado su comportamiento durante esos días y en su celo.
–Bueno, si ha funcionado... No tendremos que volver a tomarlas de nuevo... A no ser ue queramos, en un futuro, otro cachorro.
–Mejor vamos por un paso cada vez, viejo.– Mientras sonreía divertido.
Los dos estaban deseando que hubiera funcionado y que en esa cópula Obito haya quedado en estado. Los dos desean tener un pequeño cachorro fruto de su amor en sus vidas.
