30. Impregnación aroma
–Ya esta bien, ¡Estoy harto de que me envíes a misiones de mierda, viejo!–Gritó Obito en esa sala sin tener en cuenta que los demás jefazos de la Hoja estaban presentes.
–Taichou… Por favor.– Intentó detenerle Makoto.
El Uchiha le ignoró para seguir reclamándole a Madara, que era el jefe de los escuadrones anbu y el que decidía las misiones. Makoto y Ryo se giraron hacía los demás honorables miembros fundadores y empezaron a disculparse por el impulsivo e irrespetuoso comportamiento de su capitán.
A Obito le daba igual que Hashirama o Mito o Tobirama o Izuna estuvieran escuchando como le gritaba y reclamaba a Madara. Primero que eran su familia, a unos los consideraba sus padres y los otros eran sus cuñados, lo segundo es que estaba muy molesto con el viejo ese. Aunque no, Madara Uchiha no era viejo pero ya se le había hecho costumbre ese insulto. Y el tercer motivo para no importarle faltar al respeto al líder Uchiha era porque éste era su alfa, y eso, según él, le daba derecho a reclamarle.
Pero, ¿Por qué estaba tan cabreado Uchiha Obito?
Pues porque su pareja le daba misiones de mierda. Misiones que podrían cumplir los jodidos gennins… O cualquier otro inútil que no supiera hacer la O con un canuto. Y todo porque según él, o sea según el jodido Madara, era peligroso si estaba preñado hacer misiones como las que había realizado antaño.
–¡No me faltes al respeto, mocoso irreverente!
Una cosa es que aceptara y disfrutara que su mocoso le fuera irrespetuoso y se burlara de él, o lo intentara, cuando estaban a solas o con miembros de confianza. La otra es que le faltara al respeto como superior inmediato suyo y encima en el despacho y ante otros subordinados. Entendía que Obito estuviera ansioso y estresado, además cada día que pasaba la esperanza iba desapareciendo.
Una vez Hashirama le explicó que los omegas que no podían concebir se sentían inútiles y que estaban fallando… Pero se negaba a creer que su Obito estuviera pasando por eso. Su sigma era más fuerte que eso y encima, solo habían fallado en ese primer intento… Ambos eran jóvenes, por mucho que su descarada pareja le llamara de esa manera, y tenían toda la vida por delante para seguir intentando tener un cachorro.
–No te mereces que te respeten cuando TÚ NO ME RESPETAS A MI.
–Podrías estar emb… – Quería creer que aun había posibilidades.
–Corta el rollo Madara. Han pasado semanas desde el celo y no huelo diferente. Sabes que no ha resultado. Y te sigues empeñando en no verlo y tenerme haciendo el ridículo. ¡Soy el jodido hazmerreír de los jodidos anbu!– Gritó exasperado y mostrando una mueca donde mostraba sus dientes en amenaza.
Su Obito olía a una mezcla de ambos, algo normal en las parejas enlazadas. Él también olía a ambos, sus esencias mezcladas a la perfección. Pero ya esta, ningún aroma diferente en su omega.
–No me levantes la voz, Obito. Soy tu maldito superior en el trabajo.– Golpeó la mesa mientras se incorporaba y encaraba a su pareja. No pensaba tolerar que fuera un insurgente ante otros shinobis. ¡Estaban en el trabajo, maldita sea!
–Mady… –Intervino Hashirama con voz suave.
Los ánimos se estaban exaltando demasiado entre la terca pareja Uchiha.
Madara gruñó y respiró profundo para intentar calmarse un poco y… ¿Qué era ese aroma que le llegaba a la nariz? Provenía de su sigma… Abrió grande los ojos y alargando la mano le agarró del chaleco táctico que llevaban todos los anbus, tiró de él para que se le acercara, ignorando el gruñido cabreado de su terca pareja. Le hundió la nariz en el cuello… Y ahí lo olió. El segundo mejor aroma que había olido en la vida, pues el primero fue oler el agradable aroma que poseía Obito estando cerca de presentar, un aroma que era el perfecto complemento para él, un delicioso aroma que le había encantado. Y ese nuevo aroma que captaba le resultaba aun más estimulante y encantador.
–Obito…– Susurró con la emoción a flor de piel.
Le miró a la cara y se la sujetó con ambas manos. Acercó sus labios y le besó con devoción, cariño y amor. Obito olía a una agradable mezcla de ellos dos, había quedado impregnado del aroma de ambos, lo que es normal, y además,… Y eso es lo que le hace sonreír como bobo; su sigma libera un aroma a leche con galletas muy dulce y, es la primera vez que un aroma tan dulce le encanta y no le empacha. Ya sabe que significa eso… Se siente tan feliz.
Obito no entendía nada, no entendía la sonrisa tonta que adorna la cara de su pareja. En un momento estaba gritándole, luego su pareja parecía dispuesto a pelearle… Joder si incluso le agarró por el cuello del chaleco táctico, y ahí pensó que se liarían a luchar… Y de pronto le miraba con esa cara de éxtasis o de estúpido bobalicón, no sabía por cual adjetivo decantarse.
–¿Qué te has tomado? ¿Te han metido algo en el té, alfa inútil?– Mientras hacía un puchero. Realmente esa cara emocionada de Madara y esa mirada suave, le estaban causando estragos en su cuerpo, conseguían ablandarle y que su anterior cabreo, desapareciera.
–Mi caprichoso mocoso… Se terminó el escuadrón anbu para ti por unos laaaaargos meses.– Y le levantó las cejas para ver si conseguía captar lo que le insinuaba.
–¿Es porqué he venido a gritarte? ¿Me estás queriendo castigar? Porque es injusto y no pienso obedecer esa estupidez.– Mientras gruñía molesto y se cruzaba de brazos dejando claro que no seguiría esa orden o lo que fuera. Y como Madara siguiera de esa forma… Estaría sin dormir en la cama que compartían mientras el capullo que tenía por alfa siguiera cabezota.
–Obito… No es por eso, tonto sigma.– Y bajó su mano para ponerla en el plano vientre de su mocoso.
–¡Oh, por Kami! ¡Mito vamos a ser abuelos!– Se oyó la voz de Hashirama muy emocionado por captar lo que insinuaba Madara y más al ver donde colocaba su mano.
–¡Felicidades hermano y Obito! Voy a ser un gran tito para mi sobrino o sobrina.
Obito observó esa mano y parpadeo grande volviendo a mirar a su pareja, ¿Estaba… Estaba embarazado? Las palabras de su madre y de su cuñado, y la gran sonrisa de Madara mientras le asentía a la muda pregunta le decían que así era. Su mano se unió a la que su alfa tenía posada en su plano estómago.
– Exacto, es para no dañar a nuestro cachorro.
–Felicidades taichou
–Si, Taichou… Ahora tiene que cuidarse muy bien y cuidar a su pequeño o pequeña para que crezca sano y fuerte.
–Eso mismo. Nosotros le estaremos esperando cuando pueda volver. Queremos seguir trabajando con usted como líder, si Madara-sama nos permite esta petición.
Madara no tenía problemas en dejar que, cuando fuera el momento de volver a sus funciones como shinobi y, si Obito deseaba volver que tenía claro que sería seguro que si, pudiera volver a formar equipo con esos dos hombres. Realmente le llenaba de orgullo saber que esos dos shinobis alfa respetaban y admiraban tanto a su sigma como para querer seguir bajo sus órdenes. Admiración y orgullo es lo que sentía por su rebelde mocoso. Rodeo la mesa, mientras no dejaba de mirarle. Obito tampoco le sacaba la mirada de encima, una mirada feliz y emocionada mientras no dejaba de tocar con cariño su plano abdomen.
–Podéis retiraros chicos.– Ordenó Obito sin dejar de compartir la mirada con su pareja.– Ha sido un honor ser vuestro capitán y si, me encantaría volver a trabajar con vosotros cuando sea el momento de volver a mis funciones. También agradezco vuestras palabras.
–¿Nos dejará conocer a su cachorro, taichou?
–Por supuesto. Estaré feliz de presentároslo cuando me encuentre preparado para dejar que lo vean. – Porqué si, tenía claro que sería una madre sobreprotectora con su pequeño y que seguro no dejaría que nadie se acercara a él hasta que no lo considerara oportuno.
Makoto y Ryo hicieron una reverencia agradecidos.
–Os enviaré un pergamino sobre vuestra reasignación mientras Obito Uchiha esté de baja.– Añadió Madara despidiéndolos del despacho. Quería abrazar a su omega y besarle, y una cosa era hacerlo delante de sus familiares, incluyendo a la jodida rata en ese grupo, y la otra delante de subordinados ante los que tenía que dar una imagen.
Una vez se retiraron abrazó a su pareja y le besó. Obito, eufórico y expresivo como solía ser siempre, terminó saltándole encima y sujetando sus piernas en su cadera mientras se fundía en un profundo beso.
–Oh, joder… Eso id a hacerlo en vuestra casa y en intimidad.– Oyó que dijo la rata.– ¡Au! ¿Omega, porque me golpeas?
Izuna había dado un codazo a su alfa.
–¿No recuerdas cuando nos enteramos de que estaba embarazado de Kagami?– También se pusieron efusivos y tampoco es que estuvieran solos.
–Me gusta meterme con el puercoespín de tu maldito hermano.– Le masculló a su pareja.
–Lo se.– Y tirando de él para que se agachase le besó. – Que sepas que pronto estaré en celo y ya sabes lo que toca… Hacerle un hermanito a Kagami.
–Que presión me metes, omega. Pero estaré encantado de fabricarlo contigo.
Satisfecho, Izuna dejó a su alfa para ir a felicitar a su hermano mayor y su cuñado.
–Madara contente un poco… A ver si tendremos que volver a hacer limpiar el despacho a fondo.
Se separó de su pareja con un gruñido para encarar a su hermano menor y su sonrisa. Que graciosito era, había pillado las mañas de la jodida rata, pero antes de que pudiera decirle algo, un eufórico Hashirama se les echaba encima para abrazarles tanto a Obito como a él, mientras les gritaba lo feliz que estaba por ellos y cuanto les quería.
Por fin estaban en casa tras las felicitaciones, los efusivos abrazos, que Hashi les dejara sordo con sus gritos, las recomendaciones y las sonrisitas cómplices que les dieron al decirles que el sexo no era peligroso en esa etapa.
–Prepárate, puercoespín, vas a convertirte en el juguete sexual de tu pareja hormonada.– Oh, si… La mayoría de los omegas embarazados se volvían tremendamente calientes y sexuales durante los meses que duraba ese estado de preñez. Las últimas semanas no, pues la incomodidad era mayor, pero los anteriores meses eran… ¡Ufff!
–Si, pero tened cuidado… Nada de ser extremadamente brutales y agresivos. ¿Os queda claro? ¿Hijo? ¿Mady?
–Si, Hashi/mamá.– Dijeron al unísono al pareja antes de marcharse, sino el omega Senju capaz de no dejar que se fueran.
…
Y vaya si disfrutaron de esa maravillosa etapa.
A Obito le buscaron una ocupación. Sino habría podido volver loco a cualquiera… Incluso a si mismo. Su activa pareja necesitaba algo por hacer. Así que mientras se encontró bien, le encargaron enseñar a los nuevos reclutas que querían entrar en anbu; dedicándose a supervisar sus entrenamientos, entregarles misiones para probar su eficiencia, examinarles… Cuando ya le creció más el vientre y se sintió más pesado y requería un trabajo más tranquilo, lo enviaron a la academia shinobi para enseñar a los niños sobre las artes ilusorias y como librarse de ellas. Y así estuvo manteniéndose activo hasta que ya se sintió demasiado incomodo para aguantar niños o reclutas o a cualquiera que le estresara demasiado para esos últimos meses de embarazo.
Madara se mantuvo a su lado, siempre que las ocupaciones de ambos se lo permitían. Le consintió, le amó, le masajeó espalda y piernas cuando su pareja lo necesito. Y si, hicieron el amor todas y cada una de las veces que su insaciable mocoso se sintió caliente y excitado, incluso cuando le hacía salir del despacho y tiraba de él hacía el baño para hacer un rápidin o para que su alfa le saciara de la manera en la que estuviera encaprichado en ese momento; montarle, masturbarle, un oral… Lo que se le ocurriera y pidiera por esa boquita era consentido por el líder Uchiha.
Y ahora… Ahora ya faltaba tan poco para conocer a su cachorro. La pareja estaba tan emocionada esperando ese día. Aunque Obito también estaba un poco asustado… Todo se ha de reconocer. Había oído tantas cosas sobre el parto… ¿Cómo un bebé pasaría por ahí detrás? Solo de pensarlo se estremecía y se mordía su labio en preocupación…
