31. Cachorros
Madara estaba sentado en el suelo, al lado del nido que meses atrás habían construido por su capricho al tener tan buenos recuerdos de infancia en uno. Miraba con preocupación a su pareja, Obito le estaba poniendo nervioso, pero no tenía derecho a reclamarle nada, no sería adecuado y además, lo único que conseguiría es poner más ansioso a su pareja. Se mordió las mejillas internamente y le observó seguir caminando desnudo de un lado a otro de la habitación. Había intentado unirse a él en ese nervioso caminar, hacerle compañía y serle un punto de apoyo… Por si le ocurría algo o le necesitaba. Pero Obito le había rugido.
–Puedo yo…
No le replicó, aunque había tenido que morderse los labios para no hacerlo. Él también estaba preocupado y nervioso. Pero Hashirama le había advertido que le dejara hacer a Obito, que si en algún momento el sigma le necesitaba, se lo haría saber, que él solo estaba allí para hacerle de apoyo o socorrerle en caso de que fuera necesario.
–Madara… Por mucho que quieras quedarte o estar todo el rato a su lado… Contente y obedécele. Estará preocupado, dolorido, ansioso e instintivo. Si desea que te marches, hazlo. Pues sino podría ser peor, podrías ponerlo en un muy mal estado y eso afectarle en esa etapa. Y si quiere que te quedes, adelante, pero déjale a él hacerlo a su modo, se lo marca el instinto.
Y él solo había asentido a esas palabras y ahí estaba, cumpliéndolas lo mejor que podía. Le vio detenerse y apretar los dientes, aguantarse en una pared y jadear suave… Hasta que se le pasó y siguió caminando. Había tenido la intención de levantarse para estar al lado de su pareja, pero el leve gruñido de su mocoso le devolvió a su posición y a seguir observándole sin perder detalle.
–¿Estás…?– Intentó de nuevo, siendo cortado por su pareja.
–Cállate.– Ordenó Obito, mientras se detenía de nuevo y se tensaba. Su respiración se aceleró mientras soltaba un suave quejido.
Madara se mordió el labio de nuevo, notaba que se estaba haciendo un poco de sangre y todo… Pero no podía evitarlo, su sigma estaba de parto y no le dejaba que fuera a su lado y le ayudara en algo, cualquier cosa… Caminar junto a él, de esa manera, en casi círculos por el cuarto, sujetarle la mano, frotarle la espalda, ser su soporte mientras estaba en ese paseo que parecía calmar los dolores de su pareja o distraerle o lo que sintiera al hacerlo.
Le vio dirigirse al nido, sentarse y esta vez aceptar su mano para ayudarle a hacerlo, tumbarse… Gruñir incomodo, cambiar de posición. Jadear y respirar acelerado, soltar un quejido mientras una mueca tensaba su rostro y… Volver a levantarse, usando su cuerpo como ayuda y soporte para conseguirlo y… Volver a iniciar un intranquilo caminar por el cuarto.
¿Cuántas veces llevaba haciendo eso?
Ya se había descontado. Y lo único que podía hacer él es intentar mantenerse lo más calmado posible para no inquietar a su mocoso y empeorar su estado exaltado. Intentó ir de nuevo a su lado al oler las lagrimas y verle temblando.
–Madara…– Se quejó Obito mientras se sujetaba el vientre.
Y está vez si se levantó presuroso para ir a su lado. Le sujetó con cariño haciéndole de apoyo
–¿Qué necesitas?– Esta vez su mocoso si se apoyó en él, usándolo de sostén. Le masajeó las lumbares notándolo tenso.
–Ya… Ya viene… Ayúdame.– Musitó mostrando cierta debilidad en la voz, algo normal pues era primerizo y, eso más el dolor le hacían estar asustado.
Le besó en la sien antes de ayudarle a llegar al nido y que se tumbara en él. Miró entre sus piernas y era cierto, notaba una mayor dilatación, también veía la sangre salir manchando las telas del nido y el suelo. Pero eso no tenía importancia.
El gemido adolorido de Obito y como apretaba con sus dientes le dijo que ya estaba empezando a empujar para que su primogénito saliera. Las lagrimas corrían por el rostro de su rebelde mocoso, sabía que su pareja era muy fuerte, pero también que el dolor del parto era muy intenso.
–Lo haces muy bien, pequeño. Estoy aquí, mi amor.– Mientras le acariciaba el pelo y le sujetaba una mano, que su sigma no tardó en apretar con mucha fuerza mientras seguía pujando.
"Joder", notaba los huesos de su mano crujir ante la fuerza empleada por su pareja durante las labores de parto.
Cuando esa contracción terminó y Obito pudo descansar, unos segundos apenas, le secó el sudor y las lágrimas que surcaban su rostro ante el dolor que sentía por el parto, observó el cansancio de su pareja, las ojeras bajo sus ojos y la mirada agotada.
–Ya falta menos, mi amor.– Besó su frente y viendo que su mocoso quería moverse, le ayudó a cambiar un poco de postura y acomodarse.
–Estoy cansado…– Mientras respiraba acelerado.
–Lo se, Obito, lo se. Pero solo necesitas un esfuerzo más y tendremos a nuestro cachorro en tus brazos.– Y le vio sonreír un poco.– Así muy bien, eres muy fuerte mocoso.
–Maldito viejo inútil…– Susurró con cierto humor antes de liberar un gemido y volver a tensarse.
Ahí iban de nuevo. Apretó los dientes ante la fuerza ejercida por su pareja en su mano y le alentó a pujar, dándole ánimos. Y tras un último grito, su omega se relajó visiblemente agotado, hasta le había liberado la mano. Se movió prestamente y ahí estaba su primogénito, lo levantó entre sus brazos y le limpió la mucosa de las vías respiratorias.
–Vamos, pequeño…– Y ahí estaba la suave mueca y el llanto de su bebé. – Es un macho, un cachorrito perfecto, mi amor.
Cortó el cordón umbilical y puso al cachorro en brazos de su primeriza madre.
–Esta es tu mamá y yo soy tu padre, Shisui.
–¿Shisui?
–¿No te gusta?– Mientras miraba lo hermoso que quedaba Obito con su cría en los brazos.
–Shisui Uchiha… Me encanta, alfa.– Le gustaba como sonaba el nombre de su bebé y si, estaba de acuerdo con su pareja. Sino su cachorro no se habría llamado de esa forma, que por algo era la madre y había sufrido tanto para traerlo al mundo. Hizo una mueca y se removió.
–¿Qué sucede?– Al ver como se tensaba observó entre sus piernas. Su omega solo estaba expulsando la placenta.– Yo me ocupo.
Obito estaba agotado, así que él se encargaría de limpiarle y de asegurarse que no necesitara ninjutsu médico ante cualquier rotura o daño. Por suerte su mocoso no había sufrido ningún desgarro y solo tuvo que lavarlo y cambiar las capas del nido. Cuando terminó lo volvió a dejar en ese mullido espacio junto a su primogénito. Los dos dormían y él solo podía rezar para que su pareja no lo echara de su lado como hacían otros omegas cuando les entraba el instinto sobreprotector. No sucedió tal cosa.
Obito le permitió estar con ellos en el nido o la cama, compartir cada momento a su lado; ver como amamantaba a Shisui, cambiarle el pañal… Aunque eso le tocó hacerlo a él. Se acurrucaban todos juntos en la cama o el nido, compartiendo todo el tiempo posible juntos. Madara estaba tan feliz de haber iniciado esa manada junto a su amado mocoso. Y su hijo resultó ser tan bueno, tan tranquilo y calmado, tan astuto. No parecía que fuera realmente el hijo de ambos, pues ellos dos eran bastante exaltados en según que situaciones. Shisui era tan responsable y aplicado, tan sensato.
Y eso no fue todo… Años después, sin tomar ningún tipo de preparado de Hashirama, en uno de esos salvajes y brutales celos, donde no tuvieron ni pizca de cuidado en no pelear… Obito volvió a salir preñado. Menuda alegría y sorpresa se llevaron. A ese nuevo bebé le llamaron Sasuke, les resultaba divertido que el nombre de sus hijos empezara con S.
–Entonces mejor que vayamos pensando otro nombre con S… Para la próxima vez.– Apuntó Madara mientras estaban todos juntos en el nido, con un Shisui de 4 años dormido encima de su pecho y un Sasuke mamando de los pezones de Obito.
–Sasuke acaba de nacer casi y, ¿Ya quieres volver a hacerme pasar por eso? Viejo desconsiderado.– Masculló Obito mientras soltaba un pequeño gruñido, para no despertar a Shisui ni molestar a Sasuke, hacía su pareja.
–Por soñar que no quede.– Y moviendo su rostro besó a su rebelde mocoso.– Además no veo que te disguste la idea de tener una gran manada.
La mueca de Obito fue su respuesta, aunque no le negó que esas palabras fueran ciertas.
¿Y que pasó con Hashirama y Mito?
Pues la pareja, tuvieron otro bebé, un niño al que llamaron Nagato y luego, para fastidiar a Nagato que tenía que aguantar a una hermana mayor hiperactiva y con fuerte carácter, nació Karin. Menudo incordio tener dos hermanas que le incluían en sus juegos aunque él no lo deseara; dos hermanas que no le respetaban y le obligaban a que las acompañara de compras y le arrastraban de aquí para allá siempre.
Otros que consiguieron aumentar la manada fueron Tobirama e Izuna. Y parece que el alfa Senju se esforzó tanto en que su pareja quedara en estado que tuvieron mellizos. Mikoto e Itachi. Dos bellezas de pelo negro y piel blanca…
"Tan Uchihas…" Pensaba consternado Tobirama, pues ninguno de sus hijos sacaba nada físico suyo, parecía como si él no hubiera aportado material genético; aunque amaba a sus hijos con locura y cada vez que los observaba se le llenaba el pecho de un agradable calor, se sentía orgulloso de la bella manada que estaban creando con su omega. A la vez, eso de que todos fuesen tan Uchiha, era la alegría de Madara, porque así podía seguir molestando a la jodida rata sobre la paternidad de sus hijos.
Pero a la tercera fue la vencida… Y por fin Tobirama tuvo un hijo que salió con un atributo característico suyo, su pelo blanco… Le llamaron Jiraiya.
Y así la vida siguió en esa bella, apacible y prospera aldea que habían forjado. Esa aldea que llamaron Konoha y que fue testigo de cómo sus manadas crecieron, de cómo se amaron y de cómo sus propios hijos formaron sus propias familias. Konoha era su amado hogar y lo sería siempre.
FIN.
Muchas gracias por acompañarme hasta aquí. Espero que me acompañes en mis otras historias. Gracias.
