»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« UNO »»

TRES AÑOS ANTES…(2011)

Me acurrucaba en el sillón de nuestra biblioteca, leyendo, cuando un golpe sonó. La cabeza de Sango descansaba en mi regazo, ni siquiera se movió cuando la puerta de madera se deslizó y nuestra madre intervino, su cabello café oscuro estaba recogido con fuerza y sostenido firmemente con una peineta en la parte posterior de su cabeza. Madre estaba pálida, su rostro contraído por la preocupación.

—¿Pasó algo? —pregunté.

Ella sonrió, pero era su sonrisa falsa.

—Tu padre quiere hablar contigo en su oficina.

Me moví con cuidado de debajo de la cabeza de Sango y la acomodé en la tumbona. Ella atrajo las piernas contra su cuerpo. Era baja para una niña de once años, pero yo tampoco era exactamente alta con un metro sesenta y dos. Ninguna de las mujeres de nuestra familia lo era. Madre evitó mis ojos cuando avance hacia ella.

—¿Estoy en problemas? —No sabía lo que podía haber hecho mal. Por lo general, Sango y yo éramos las obedientes; Kagome era la que siempre rompía las reglas y era castigada.

—De prisa. No dejes que tu padre espere —dijo madre simplemente.

Tenía el estómago en nudos cuando llegué frente a la oficina de papá. Después de un momento reprimiendo mis nervios, llamé.

—Adelante.

Entré, obligando a mi cara a lucir cuidadosamente reservada. Padre estaba sentado detrás de su escritorio de caoba en un amplio sillón de cuero negro; detrás de él se alzaban estantes de caoba llenos de libros que padre nunca había leído, pero que escondían una entrada secreta al sótano y un pasillo que conducía fuera de las instalaciones.

Levantó la vista de una pila de hojas, su cabello gris peinado hacia atrás.

—Siéntate.

Me hundí en una de las sillas frente a su escritorio y crucé las manos en mi regazo, tratando de no morderme el labio inferior. Padre odiaba eso. Esperé a que empezara a hablar. Tenía una extraña expresión en su rostro a medida que me escrutaba.

—La Bratva y la Triada están tratando de reclamar nuestros territorios. Son cada vez más audaces. Tenemos más suerte que la familia de Hiroshima que también tiene que lidiar con los chinos, pero no podemos seguir ignorando por más tiempo la amenaza que los rusos y los taiwaneses representan.

La confusión me invadió. Padre nunca hablaba de negocios con nosotras. Las chicas no tenían que saber de los detalles más delicados del negocio de la mafia. Sabía que no debía interrumpirlo.

—Tenemos que poner nuestra rivalidad con el clan de Tokio a un lado y combinar fuerzas si queremos luchar contra la Bravta y La Triada. —¿Paz con Kanto? Padre y todos los demás miembros del clan Yamanashi odiaban al clan de Tokio. Se habían matado entre sí durante décadas y solo recientemente decidieron ignorarse mutuamente a favor de matar a los miembros de otras organizaciones criminales—. No hay un vínculo más fuerte que la sangre. Al menos la región Kanto entiende eso bien.

Fruncí el ceño.

—Nacido en sangre. Jurado en sangre. Ese es su lema.

Asentí, pero mi confusión solo aumentó.

—Ayer me reuní con Setsuna No Takemaru. —¿Padre se reunió con el Oyabun, el jefe de la yakuza de Tokio? Un encuentro entre ambas familias no había tenido lugar en una década y la última vez no había terminado bien. Todavía se conoce como el Jueves Sangriento. Y padre no era ni siquiera el jefe. Era solo el saiko-komon, el asesor de Mayonaka No Homonsha que gobierna nuestro clan y con ello la delincuencia de la región Chubu de Japón.

—Hemos acordado que, para que la paz sea una opción, tenemos que convertirnos en una sola familia. —Los ojos de padre se clavaron en mí y de repente ya no quise escuchar lo demás que tenía que decir—. Mayonaka y yo acordamos que te cases con el hijo mayor del fallecido Inu No Taisho y sobrino de Takemaru, Sesshomaru, el futuro Oyabun de Kanto.

Sentí como si estuviera cayendo en picada.

—¿Por qué yo?

—Takemaru y Mayonaka han estado hablando por teléfono varias veces en las últimas semanas, y Takemaru quería a la chica más hermosa para su sobrino. Por supuesto, no podíamos darle a la hija de algún kobun cualquiera. Mayonaka no tiene más hijas, de modo que dijo que eras la chica más bella disponible.

Kagome era igual de hermosa, pero más joven. Eso probablemente la salvó.

—Hay tantas otras chicas hermosas —dije ahogadamente. No podía respirar. Padre me miraba como si fuera su posesión más preciada.

—No hay muchas chicas japonesas con tu belleza y educación. Mayonaka te describió como un ángel caído del cielo. —Padre carcajeó—. Eres nuestra puerta al clan Kanto.

—Pero, padre, tengo quince años. No puedo casarme.

Padre hizo un gesto desdeñoso.

—Si yo accediera, podrías hacerlo. ¿Qué nos importan las leyes?

Agarré los brazos de la silla con tanta fuerza que mis nudillos se volvieron blancos, pero no sentí dolor. El entumecimiento se estaba abriendo paso a través de mi cuerpo.

—Pero le dije a Takemaru que la boda tendría que esperar hasta que cumplieras dieciocho años. Tu madre se mostró inflexible en cuanto a ser mayor de edad y terminar la escuela. Mayonaka dejó que le rogara.

Así que el jefe le había dicho a mi padre que la boda tendría que esperar. Mi propio padre me habría arrojado a los brazos de mi futuro esposo ahora mismo. Mi esposo. Una oleada nauseabunda se estrelló sobre mí. Solo sabía dos cosas acerca de Sesshomaru Taisho; se convertiría en el Oyabun de la región Kanto una vez que su tío retirara o muriera, y que consiguió su apodo de "Bestia" al triturar la garganta de un hombre a manos desnudas. No sabía que edad tenía. Mi prima Tamano tuvo que casarse con un hombre 30 años mayor que ella. Sesshomaru no podía ser tan viejo, si su tío aún no se había retirado. Al menos, eso es lo que esperaba. ¿Era cruel?

Había aplastado la garganta de un hombre. Será el Oyabun de la Región Kanto.

—Padre —susurré—. Por favor, no me obligues a casarme con ese hombre.

La expresión de padre se tensó.

—Vas a casarte con Sesshomaru Taisho. Estreché la mano con su tío Setsuna No Takemaru en cuanto a eso. Vas a ser una buena esposa para Sesshomaru, y cuando te reúnas con él para la fiesta de compromiso, vas a actuar como una dama obediente.

—¿Fiesta de compromiso? —repetí. Mi voz sonaba distante, como si un velo nebuloso cubriera mis orejas.

—Por supuesto. Es una buena manera de establecer vínculos entre nuestras familias, y va a dar a Sesshomaru la oportunidad de ver lo que está obteniendo con el trato. No queremos decepcionarlo

—¿Cuándo? —Me aclaré la garganta, pero el bulto permaneció inmóvil—. ¿Cuándo es la fiesta de compromiso?

—En agosto. No hemos fijado una fecha todavía.

Eso era en dos meses. Asentí, aturdida. Me encantaba leer novelas románticas y siempre que las parejas se casaban en ellas, había imaginado cómo sería mi boda. Siempre había imaginado que estaría llena de emoción y amor. Nada más que sueños vacíos de una niña estúpida.

—¿Entonces van a permitirme seguir asistiendo a la escuela? —Incluso, ¿qué importa si me gradúo? Nunca iría a la universidad, nunca trabajaría. Todo lo que tendría permitido hacer era calentar la cama de mi marido. Mi garganta se apretó aún más y las lágrimas escocieron mis ojos, pero no las dejaría caer. Padre odiaba cuando perdíamos el control.

—Sí. Le dije a Takemaru que asistes a una escuela católica para niñas, cosa que pareció complacerle.

Por su puesto que sí. No podía correr el riesgo de que me acercara ni remotamente a los niños.

—¿Es todo?

—Por ahora.

Salí de la oficina como si estuviera en trance. Había cumplido quince hacía cuatro meses. Mi cumpleaños se había sentido como un gran paso hacía mi futuro, y por eso había estado emocionada. Tonta de mí. Mi vida ya había terminado antes de comenzar. Todo estaba decidido para mí.

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No podía dejar de llorar. Kagome acarició mi cabello mientras apoyaba mi cabeza en su regazo. Ella tenía trece años, solo dieciocho meses más joven que yo, pero hoy esos dieciocho meses significaban la diferencia entre la libertad y una vida en una prisión sin amor. Intenté muy duro no resentirme con ella por ello. No era su culpa.

—Podrías tratar de hablar con padre de nuevo. Tal vez cambie de opinión —dijo Kagome en voz baja.

—No lo hará.

—Tal vez madre será capaz de convencerlo.

Como si padre alguna vez dejaría a una mujer tomar una decisión por él.

—Nada de lo que cualquiera pueda decir o hacer hará alguna diferencia —dije miserablemente. No había visto a madre desde que me envió a la oficina de padre. Probablemente ni siquiera podía enfrentarme, sabiendo a lo que me había condenado.

—Pero Rin…

Levanté la cabeza y sequé las lágrimas de mi cara. Kagome me miraba con sus ojos lastimosos, solía defendernos a capa y espada de padre. Él a veces la llamaba bruja y no era con cariño.

—Ya estrechó la mano con el tío de Sesshomaru.

—¿Se reunieron?

Es lo que también me había preguntado. ¿Por qué había encontrado tiempo para reunirse con el jefe del clan de Tokio, pero no para contarme de sus planes de venderme como si fuera su mejor puta? Me sacudí la frustración y desesperación tratando de abrirse paso por mi cuerpo.

—Eso es lo que padre dijo.

—Tiene que haber algo que podamos hacer —dijo Kagome.

—No lo hay.

—Pero ni siquiera has conocido al chico. ¡Ni siquiera sabes cómo se ve! Podría ser feo, gordo y viejo.

Feo, gordo y viejo. Me hubiera gustado que esas fueran las únicas características de Sesshomaru de las que tendría que preocuparme.

—Vamos a Google. Tiene que haber fotos de él en Internet.

Kagome saltó y tomó mi laptop de mi escritorio, luego se sentó a mi lado, nuestros costados presionados uno contra otro.

Encontramos varias fotos y artículos sobre Sesshomaru. Tenía los ojos dorados más fríos que jamás hubiera visto. Podía imaginar muy bien cómo esos ojos miraban hacia abajo a sus víctimas antes de poner una bala en sus cabezas.

—Es más alto que los demás —dijo Kagome con asombro. Así era; en todas las fotos que salía, era varios centímetros más alto que quienquiera que estuviera junto a él, era musculoso. Los artículos lo mencionaban como el heredero del empresario y dueño del club, Setsuna No Takemaru. Empresario. Tal vez por fuera. Todo el mundo sabía lo que realmente era Takemaru, pero por supuesto nadie era tan estúpido como escribir sobre ello.

—Está con una chica nueva en cada foto.

Me quedé mirando la cara sin emoción alguna de mi futuro esposo. El periódico lo llamaba el soltero más deseado en Tokio, heredero de cientos de millones de dólares. Heredero de un imperio de muerte y sangre, es lo que debería decir.

Kagome resopló.

—Dios, las chicas se lanzan a sus brazos. Supongo que es bien parecido.

—Se lo pueden quedar —dije con amargura. En nuestro mundo un exterior atractivo a menudo ocultaba al monstruo en su interior. Las chicas de sociedad solo veían su buena apariencia y riqueza. Pensaban que el aura de chico malo era un juego. Adulaban su carisma de depredador bien parecido, ya que irradiaba poder. Pero lo que no sabía, era que la sangre y la muerte acechaba debajo de la sonrisa arrogante.

Me puse de pie abruptamente.

—Necesito hablar con Myoga.

Myoga tenía casi cincuenta años y era un leal kobun de mi padre. También era el guardaespaldas de Kagome y mío. El sabía todo de todos. Madre lo llamaba chismoso. Pero si alguien sabía más sobre Sesshomaru, ese era Myoga.

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—Se convirtió en un hombre hecho y derecho a los once —dijo Myoga, afilando su cuchillo en un molinillo como hacía todos los días. El olor a tomate y orégano llenaba la cocina, pero no me dio una sensación de confort como por lo general hacía.

—¿A los once? —pregunté, tratando de mantener mi voz estable. La mayoría de las personas no se convertía en miembros plenamente iniciados de la mafia hasta los dieciséis años—. ¿Debido a su tío?

Myoga sonrió, revelando un incisivo de oro, e hizo una pausa en sus movimientos.

—¿Crees que se le hizo fácil porque es el sobrino del Oyabun? Mató a su hombre a los once, por eso se decidió que iniciara antes.

Kagome se quedó sin aliento.

—Es un monstruo.

Myoga se encogió de hombros.

—Es lo que tiene que ser. Para gobernar todo Tokio y la región Kanto, no puedes ser un mariquita. —Nos dio una sonrisa de disculpa—. Una gallina.

—¿Qué pasó? —No estaba muy segura de querer saber. Si Sesshomaru había matado a su primer hombre a los once, ¿cuántos más había matado en los nueve años transcurridos desde entonces?

Myoga negó con su cabeza calva, y se rascó la larga cicatriz que iba desde la sien hasta la barbilla. Era delgado, y no de buen parecido, pero mi madre me dijo que pocos eran más rápidos con un cuchillo que él. Nunca lo había visto pelear.

—No podría decirlo. No estoy tan familiarizado con Tokio.

Vi a nuestro cocinero mientras preparaba la cena, tratando de concentrarme en algo que no fuera mi estómago revuelto y mi miedo abrumador. Myoga estudió mi cara.

—Es un buen partido. Él será el hombre más poderoso de la región Kanto lo suficientemente pronto. Va a protegerte.

—¿Y quién me va a proteger de él? —susurré.

Myoga no dijo nada porque la respuesta era clara: nadie me podía proteger de Sesshomaru después de nuestra boda. No Myoga, y mucho menos mi padre si es que se sintiera inclinado a hacerlo. Las mujeres en nuestro mundo pertenecían a su marido. Eran de su propiedad para hacer con ellas cualquier cosa que les placiera.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Muchas gracias por los reviews, Lady Hierro creeme lo es. Panny2012: sí que estrees... JackelB es bien emocionante te mega atrapa... Tania tranquuila mushasha voy empezando... jajaja y perdón por la demora, a veces sufro de ataques de pánico y no me permiten trabajar. La idea es de un capítulo por semana.

Todos los personajes son de Inuyasha o Hanyo No Yashahime.

GLOSARIO

Existen clanes con nombres definidos pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.

Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa

Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.

Clan pendiente: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.

Yakuza Mafia japonesa

Oyabun El Jefe de la Región

Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:

Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);

Saiko-komon Consultor principal

So-honbucho Jefe de sedes/municipio

Wakagashira Administra sedes divididas bandas; Shateigashira Jefe de la banda

Otras categorías son:

Shigiiin asuntos legales Kaikei contadores Komon negociadores

Kyodai hermanos mayores Shatei hermanos menores

Oji-san Miembros que se unen cuando son ancianos