»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« DOS »»

Los últimos dos meses había pasado demasiado rápido sin importar lo mucho que deseaba que el tiempo frene, para darme más tiempo para prepararme. Solo dos días hasta mi fiesta de compromiso. Madre estaba ocupada ordenando a los sirvientes alrededor, asegurándose que la casa estuviera impecable y que nada saliera mal. Ni siquiera era una gran celebración. Solo nuestra familia, la familia de Sesshomaru y las familias de los respectivos jefes de Tokio y Yamanashi fueron invitados. Myoga dijo que por razones de seguridad. La tregua todavía era demasiado reciente para arriesgarse a una reunión de cientos de invitados.

Me hubiera gustado que la cancelaran por completo. En lo que a mí concernía, no tenía que conocer a Sesshomaru hasta el día de nuestra boda. Kohaku saltaba de arriba abajo en mi cama, con una mueca en el rostro. Tenía solo cinco años y tenía demasiada energía.

—¡Quiero jugar!

—Madre no quiere que corras por la casa. Todo debe estar perfecto para los invitados.

—¡Pero ni si quiera están aquí! —Gracias a Dios. Sesshomaru y el resto de los invitados de Tokio llegarían mañana. Solo una noche más hasta que conozca a mi futuro esposo, un hombre que mató con sus propias manos. Cerré los ojos.

—¿Estás llorando otra ves? —Kohaku saltó de la cama y se acercó a mí, deslizando su mano en la mía. Su cabello oscuro era un desastre. Traté de aplacarlo, pero Kohaku apartó la cabeza.

—¿Qué quieres decir? —Había intentado ocultar mis lágrimas de él. Sobre todo, lloraba de noche cuando estaba protegida por la oscuridad.

—Sango dice que lloras todo el tiempo porque Sesshomaru te ha comprado.

Me quedé helada. Tendría que decirle a Sango que deje de decir esas cosas. Solo me metería en problemas.

—Él no me compró. —Mentirosa. Mentirosa.

—Da lo mismo —dijo Kagome desde la puerta, sorprendiéndome.

—Shhh ¿Qué pasa si padre nos escucha?

Kagome se encogió de hombros.

—Sabe que odio que te vendiera como una vaca.

—Kagome —advertí, haciendo un gesto hacía Kohaku. Él miró hacia mí.

—No quiero que te vayas —susurró.

—No me iré por un largo tiempo, Kohaku. —Pareció satisfecho con mi respuesta y la preocupación desapareció de su rostro y fue reemplazada por su expresión de estar tramando algo.

—¡Atrápame! —gritó y salió corriendo, empujando a un lado a Kagome mientras corría como un rayo junto a ella.

Kagome corrió tras él.

—¡Voy a patear tu trasero, pequeño monstruo!

Me precipité hacia el pasillo. Sango asomó la cabeza fuera de su puerta y ella también corrió tras mi hermano y hermana. Madre me cortaría la cabeza si rompían otra reliquia familiar. Volé escaleras abajo. Kohaku todavía se encontraba a la cabeza. Era rápido, pero Sango casi lo había atrapado mientras que Kagome y yo éramos demasiado lentas en los tacones que mi madre nos obligaba a usar para practicar. Kohaku corrió hacía el pasillo que conducía al ala oeste de la casa y el resto de nosotras lo siguió. Quise gritarle que se detenga. La oficina de padre estaba en esa parte de la casa. Estaríamos en grandes problemas si nos sorprendía jugando. Se suponía que Kohaku debía actuar como un hombre ¿Qué niño de cinco años actuaba como un hombre?

Pasamos la puerta de padre y el alivio se apoderó de mí, pero luego tres hombres doblaron la esquina final del pasillo. Separé mis labios para gritar una advertencia, para ya era demasiado tarde. Kohaku se detuvo en seco, pero Sango colisionó con el hombre en el centro con toda su fuerza. La mayoría de las personas habrían perdido el equilibrio. La mayoría de las personas no median dos metros y no eran macizas.

Paré en seco mientras el tiempo parecía detenerse a mi alrededor. Kagome jadeó detrás de mí, pero mi mirada estaba congelada en mi futuro esposo. Miraba hacia la cabeza oscura de mi hermana pequeña, estabilizándola con sus fuertes manos. Manos que había utilizado para aplastar la garganta de un hombre.

—¡Sango! —grité, con mi voz aguda por el miedo. Solo gritaba a mis hermanos cuando estuvieran en problemas o algo anduviera muy mal. Deseé ocultar mi terror. Ahora todo el mundo me estaba mirando, incluido Sesshomaru. Sus fríos ojos dorados me escanearon de pies a cabeza, deteniéndose en mi rostro.

Dios, era alto. Los hombres junto a él median más de un metro ochenta, pero él los eclipsaba. Sus manos todavía estaban sobre los hombros de Sango.

—Sango, ven aquí —dije con firmeza, extendiendo una mano. La quería lejos de Sesshomaru. Ella retrocedió y luego voló a mis brazos, enterrando su rostro contra mi hombro. Sesshomaru levantó su fina ceja negra.

—¡Ese es Sesshomaru Taisho! —dijo Kagome amablemente, sin molestarse en ocultar su disgusto. Kohaku hizo un sonido similar a un gato salvaje enfurecido, arremetió contra Sesshomaru y comenzó a golpearle las piernas y el estómago con sus pequeños puños.

—¡Deja en paz a Rin! ¡No la tendrás!

Mi corazón se detuvo en ese momento. El hombre junto a Sesshomaru dio un paso hacia delante. El contorno de un arma de fuego era visible debajo de su chaleco. Tenía que ser el guardaespaldas de Sesshomaru, aunque realmente no entendía por qué necesitaría uno.

—No, Jaken —dijo Sesshomaru simplemente y el hombre volvió a su puesto. Sesshomaru capturó las manos de mi hermano en una de las suyas, deteniendo el asalto. Dudé que incluso sintiera los golpes. Empujé a Sango hacia Kagome, quien envolvió un brazo protector alrededor de ella, entonces me acerqué a Sesshomaru. Estaba completamente asustada, pero necesitaba alejar a Kohaku de él. Tal vez Tokio y Yamanashi estaban tratando de dejar su enemistad de lado, pero las alianzas se pueden romper en un abrir y cerrar de ojos. No sería la primera vez. Sesshomaru y sus hombres seguían siendo el enemigo.

—Qué cálida bienvenida recibimos. Esta es la infame hospitalidad de Chubu —dijo el otro hombre con Sesshomaru; tenían los mismos ojos dorados pero su cabello era desordenado y negro a diferencia de Sesshomaru que lo tenía largo, lacio y plateado. Era un par de centímetros más bajo que Sesshomaru y no tan serio, al contrario, parecía divertido con la situación, pero inequívoco que eran hermanos.

—Inuyasha —dijo Sesshomaru en una voz baja y grave que me hizo temblar. Kohaku todavía estaba gruñendo y luchando como un animal salvaje, pero Sesshomaru lo sostenía a un brazo de distancia.

—Kohaku —dije firmemente, agarrando su antebrazo—. Es suficiente. Esa no es la forma en que tratamos a los invitados.

Kohaku se congeló y luego me miró por encima de su hombro.

—Él no es un invitado. Quiere robarte, Rin.

Inuyasha rio entre dientes.

—Esto es demasiado bueno. Me alegro que nuestro tío me convenciera de venir.

—Te lo ordenó —corrigió Sesshomaru, pero sin apartar sus ojos de mí. No pude devolverle la mirada. Mis mejillas ardían con fervor por su escrutinio. Mi padre y sus guardaespaldas se aseguraban de que Kagome, Sango y yo no estuviéramos rodeadas de hombres muy amenudo, y aquellos que dejaban estar cerca de nosotras eran familiares o ancianos. Sesshomaru no era de la familia, ni anciano. Solo tenía cinco años más que yo, pero parecía un hombre y me hacia sentir como una niña pequeña en comparación.

Sesshomaru soltó a Kohaku y tiré de él hacia mí, su espalda contra mis piernas. Crucé mis manos sobre su pequeño pecho jadeante. Él no dejó de mirar a Sesshomaru con ira. Deseé tener su valor. Pero él era un niño, un heredero al título de mi padre. No se vería obligado a obedecer a nadie, salvo al Oyabun. Podía permitirse la valentía.

—Lo siento —dije, aunque las palabras me supieron agrias—. Mi hermano no tenía la intención de ser irrespetuoso.

—¡Sí la tenía! —gritó Kohaku. Cubrí su boca con mi mano y él se retorció debajo de mi agarre, pero no lo dejé ir.

—No te disculpes —dijo Kagome bruscamente, ignorando la mirada de advertencia que le disparé—. No es culpa nuestra que él y sus escoltas ocupen tanto espacio en el pasillo. Por lo menos, Kohaku dice la verdad. Todo el mundo piensa que necesita rebosar cariño ya que él va a ser Oyabun…

—¡Kagome! —Mi voz fue como un látigo. Ella cerró la boca con un chasquido, mirándome con los ojos como platos—. Lleva a Sango y a Kohaku a sus habitaciones. Ahora.

—Pero… —Echó un vistazo a mis espaldas. Y me alegré de que no pudiera ver la expresión de Sesshomaru.

—¡Ahora!

Agarró la mano de Kohaku y lo arrastró lejos junto con Sango. No creí que el primer encuentro con mi futuro esposo pudiera haber salido peor. Reuniendo coraje, me enfrenté a él y a sus hombres. Esperaba ser recibida con furia, pero en su lugar me encontré con una sonrisa irónica en la cara de Sesshomaru. Mis mejillas ardían de vergüenza, y ahora que estaba sola con los tres hombres, los nervios retorcieron mi estómago. Madre se pondría furiosa si descubría que no me había vestido adecuadamente para mi primer encuentro con Sesshomaru. Llevaba puesto uno de mis vestidos favoritos hasta el tobillo con mangas que llegaban a mis codos y estaba silenciosamente feliz por la protección que toda la tela me ofrecía. Crucé los brazos frente a mi cuerpo, insegura de qué hacer.

—Me disculpo por mi hermano y hermano. Son… —Luché por una palabra además de rudos.

—Protectores contigo —dijo Sesshomaru simplemente. Incluso su voz era profunda, sin emociones—. Este es mi hermano Inuyasha.

Los labios de Inuyasha estaban extendidos en una gran sonrisa. Agradecí que no intentara tomar mi mano. No creí que pudiese mantener mi compostura si uno de ellos se hubiese movido más cerca.

—Y este es mi mano derecha, Jaken. —Él me dio el más breve asentimiento antes de regresar a su tarea de escanear el corredor ¿Qué era lo que estaba esperando? No teníamos asesinos escondidos en trampillas secretas.

Puse mi atención en la barbilla de Sesshomaru y esperé que pareciera como si en realidad estuviese viendo sus ojos. Di un paso atrás.

—Debería ir con mis hermanos.

Sesshomaru tenía una expresión conocedora en su cara, pero no me importaba que él viera qué tan incómoda, qué tan asustada me había puesto. Sin esperar que me de permiso, no era mi esposo ni mi prometido aún, me di la vuelta y rápidamente me fui, orgullosa de no haber caído en la urgencia de correr.

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Madre jaló del vestido que padre había elegido para la ocasión. Para el espectáculo de carne, como Kagome lo llamaba. Aunque sin importar lo mucho que madre jale, el vestido no se hacía más largo. Me miré en el espejo con incertidumbre. Nunca había llevado nada tan revelador. El vestido negro se pegaba a mi trasero y cintura, y terminaba en lo alto de los muslos; la parte superior consistía en un corpiño dorado brillante con tiras de tul negro.

—No puedo usar esto, madre.

Madre encontró mi mirada en el espejo. Su cabello estaba peinado hacia arriba esta vez; era tan oscuro como el mío. Llevaba un elegante vestido largo hasta el piso. Deseé que me hubiesen permitido algo más modesto.

—Te ves como una mujer —susurró.

Gemí.

—Me veo como una puta.

—Las putas no pueden permitirse un vestido como ese.

Las amantes de mi padre tenían ropas que costaban más de lo que algunas personas gastaban en un carro. Madre puso sus manos en mi cintura.

—Tienes una cintura de avispa y el vestido hace que tus piernas se vean muy largas. Estoy segura de que Sesshomaru lo apreciará.

Miré mi escote. Tenía pechos pequeños, que incluso el efecto push-up del corpiño no cambiaba. Era una quinceañera vestida para verse como mujer.

—Ten. —Madre me dio unos tacones negros de doce centímetros. Quizá alcanzaría la barbilla de Sesshomaru usándolos. Me deslicé en ellos. Madre forzó una sonrisa falsa en su cara y acomodó mi largo cabelllo—. Mantén tu cabeza en alto. Mayonaka no homonsha te llamó la más hermosa mujer de Yamanashi. Muéstrale a Sesshomaru y a su séquito que eres más hermosa que cualquier mujer en Tokio también. Después de todo, Sesshomaru las conoce a casi todas. —La manera en que lo dijo me hizo estar segura de que también había leído los artículos sobre las conquistas de Sesshomaru, o quizá padre le había dicho algo.

—Madre —dije vacilante, pero ella dio un paso atrás.

—Ahora ve. Iré después de ti, pero este es tu día. Deberías entrar al salón sola. Los hombres estarán esperando. Tu padre te presentará a Sesshomaru y luego iremos juntos al comedor para la cena. —Ya me lo había dicho docenas de veces.

Por un momento, quise tomar su mano y rogarle que me acompañe; en su lugar, me di la vuelta y salí de mi habitación. Agradecí que mi madre me hubiera forzado a llevar tacones las últimas semanas. Cuando estuve frente a la puerta del salón con chimenea en el primer piso del ala oeste; mi corazón estaba latiendo en mi garganta. Deseé que Kagome estuviera a mi lado, pero madre probablemente le había advertido que debía comportarse. Tenía que hacer esto sola. Se suponía que nadie robara el espectáculo de la futura esposa.

Miré la madera escura de la puerta y consideré huir. Risas de hombre se escuchaban detrás de ella, mi padre y el Oyabun. Un cuarto repleto de los más poderosos y peligrosos hombres en el país y se suponía que tenía que entrar. Un solitario cordero entre lobos. Sacudí la cabeza. Tenía que dejar de pensar así. Ya los había hecho esperar demasiado tiempo.

Agarré la manija y la bajé. Me deslicé dentro, aún sin mirar a nadie mientras cerraba la puerta. Reuniendo mi coraje, enfrenté la habitación. La conversación murió. ¿Se suponía que diga algo? Me estremecí y esperé que no pudieran verlo. Mi padre parecía como el gato que se comió el ratón. Mis ojos buscaron a Sesshomaru y su penetrante mirada me dejó helada. Contuve la respiración. Él dejó su vaso con líquido oscuro con un audible sonido metálico. Si nadie decía nada pronto, huiría de la habitación. Rápidamente escaneé las caras de los hombres allí reunidos. De Tokio estaban Inuyasha, Sesshomaru y Setsuna no Takemaru, y dos guardaespaldas: Jaken y un hombre joven que no conocía. De la región Chubu de Yamanashi estaban mi padre, Mayonaka no homonsha y su hijo, el futuro líder Kirinmaru no Yoake, así como Myoga y mi primo Orochidayu a quien odiaba con la fiera pasión de mil soles. Y a un lado estaba el pobre Kohaku, quien llevaba un traje negro como todo el mundo allí. Podía ver que él quería correr hacía mí y buscar consuelo, pero sabía lo que padre diría de eso.

Padre finalmente se movió hacía mí, puso su mano en mi espalda y me guio hacia los hombres como un cordero hacia el sacrificio. El único hombre que parecía en verdad aburrido era Kirinmaru no Yoake; él solo tenía ojos para su sake. Nuestra familia había ido al funeral de su esposa dos meses atrás. Un viudo en sus treinta. Podría haber sentido pena si no me asustara tanto, casi tanto como Sesshomaru me asustaba.

Por su puesto, padre me dirigió directamente hacía mi futuro esposo con una expresión desafiante, como si esperara que Sesshomaru se arrodillara con devoción. Por su expresión, Sesshomaru bien podría estar viendo una roca. Sus ojos dorados eran duros y fríos cuando enfocaron a mi padre.

—Esta es mi hija, Rin.

Aparentemente, Sesshomaru no le había mencionado nuestro embarazoso encuentro. Mayonaka no Homonsha habló:

—No prometí demasiado, ¿verdad?

Deseé que la tierra se abriera y me trague entera. Nunca había estado sometida a tanta… atención. La manera en que Orochidayu mi miraba puso mi piel de gallina. Él había sido iniciado solo recientemente y había cumplido dieciocho dos semanas atrás. Desde entonces, había sido incluso más desagradable que antes.

—No lo hiciste —dijo Sesshomaru simplemente.

Padre pareció obviamente desconcertado. Sin nadie viéndolo, Kohaku se había colado detrás de mí y deslizó su mano en la mía. Bueno, Sesshomaru se había dado cuenta y estaba mirando a mi hermano, lo que provocó que su mirada quedara demasiado cerca de mis muslos desnudos. Me moví nerviosamente y Sesshomaru alejó la mirada.

—¿Quizá los futuros esposos quieren estar solos por unos pocos minutos? —sugirió Setsuna no Takemaru. Mis ojos se dirigieron bruscamente en su dirección y no logré ocultar mi sorpresa lo suficientemente rápido. Sesshomaru se dio cuenta, pero no pareció que le importara.

Mi padre sonrió y se dio la vuelta para irse. No lo podía creer.

—¿Debería quedarme? —preguntó Myoga. Le di una rápida sonrisa, que desapareció cuando mi padre sacudió la cabeza.

—Dales unos pocos minutos a solar —dijo. Setsuna no Takemaru en realidad le guiñó a Sesshomaru. Todos se fueron hasta que solo Sesshomaru, Kohaku y yo nos quedamos.

—Kohaku —llegó la fuerte voz de padre—. Sal de ahí ahora.

Kohaku renuentemente dejó ir mi mano y se fue, pero no antes de enviarle a Sesshomaru la más mortal mirada que un niño de cinco años podía lograr. Los labios de Sesshomaru se arquearon. Luego la puerta se cerró y nos quedamos solos. ¿Qué había significado el guiño del tío de Sesshomaru?

Lancé una rápida mirada a Sesshomaru. Había estado en los correcto, con mis tacones, la parte superior de mi cabeza alcanzaba su barbilla. Él miró afuera por la ventana. No me dio ni una sola mirada. Vestirme como una puta no había hecho que Sesshomaru se interesara por mí. ¿Porqué lo haría? Había visto las mujeres con las que salía en Tokio. Ellas habrían llenado el corpiño mucho mejor.

—¿Tú elegiste el vestido?

Salté, sorprendida de que hable. Su voz era profunda y calmada. ¿Alguna vez se emocionaba?

—No —admití—. Mi padre lo hizo.

La mandíbula de Sesshomaru se tensó. No podía leerlo y me estaba poniendo cada vez más nerviosa. Metió la mano en el interior de su chaqueta y por un ridículo segundo realmente pensé que estaba sacando un arma. En su lugar, sostuvo una caja negra en su mano. Se volvió hacía mí y miré fijamente su camisa negra. Camisa negra, corbata negra, chaqueta negra. Negro como su alma.

Este era un momento que millones de mujeres soñaban, pero me sentí fría cuando Sesshomaru abrió la caja. En el interior había un anillo de oro blanco con un diamante grande en el centro entre dos diamantes ligeramente más pequeños. No me moví.

Sesshomaru tendió su mano cuando la incomodidad entre nosotros alcanzó su pico máximo. Me sonrojé y extendí la mano. Me estremecí cuando su piel rozó la mía. Deslizó el anillo de compromiso en mi dedo, y luego me soltó.

—Gracias — me sentí obligada a decir las palabras e incluso mirarlo a la cara, que lucía impasible, aunque lo mismo no podía decirse de sus ojos. Se veían enojados. ¿Había hecho algo mal? Extendió su brazo y enlacé el mío con el suyo, dejando que me llevara afuera del salón, hacía el comedor. No hablamos. ¿Tal vez Sesshomaru estaba lo suficientemente decepcionado conmigo que cancelaría el compromiso? Pero no habría puesto el anillo en mi dedo si ese fuera el caso.

Cuando entramos al comedor, las mujeres de mi familia se habían unido a los hombres. Los Taisho no habían traído compañía femenina. Tal vez porque no confiaban en mi padre y Mayonaka lo suficiente para arriesgarse a traer mujeres a nuestra casa.

No podía culparlos. Tampoco confiaría en mi padre o el Oyabun. Sesshomaru dejó caer su brazo y rápidamente me uní a mi madre y hermanas, que pretendieron admirar mi anillo. Kagome me dio una mirada. No sabía con qué la había amenazado mi madre para mantenerla callada. Podía decir que Kagome tenía un comentario crítico en la punta de la lengua. Sacudí la cabeza y ella puso los ojos en blanco. La cena pasó como un borrón. Los hombres discutieron negocios mientras las mujeres permanecían en silencio. Mos ojos se mantuvieron desviándose hacia el anillo en mi dedo. Se sentía demasiado pesado, demasiado apretado, demasiado todo. Sesshomaru me había marcado como su posesión.

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Después de cenar, los hombres se trasladaron al salón para beber, fumar y hablar de cualquier otra cosa que necesitara ser discutida. Volví a mi habitación, pero no pude conciliar el sueño. Con el tiempo, me puse un bata encima del pijama, salí de mi habitación y bajé las escaleras. En un arrebato de locura, tomé el pasillo que conducía a la puerta secreta detrás de la pared en el salón. Mi abuelo pensó que era necesario tener escapes secretos en la oficina y el salón con chimenea porque ahí es donde los hombres de la familia usualmente mantenían sus reuniones. Me pregunté, ¿qué pensó que pasaría con las mujeres después de que todos los hombres hubieran huido a través del pasadizo secreto?

Encontré a Kagome con los ojos presionados contra la mirilla de la puerta disimulada. Por su puesto, ella ya estaba allí. Se dio la vuelta, sus ojos muy abiertos, pero se relajó cuando me vio.

—¿Qué está pasando ahí adentro? —pregunté en un susurro, preocupada de que los hombres en el salón pudieran oírnos.

Kagome se movió a un lado, así que pude ver a través de la segunda mirilla.

—Casi todo el mundo ya se ha ido. Padre y Mayonaka tienen detalles que discutir con Setsuna no Takemaru. Solo están Sesshomaru y su séquito ahora.

Bizqueé a través del agujero, lo que me dio una vista perfecta de las sillas llenas de gente alrededor del fuego. Sesshomaru se apoyaba contra la repisa de mármol de la chimenea, con las piernas cruzadas casualmente, un vaso de whisky en la mano. Su hermano Inuyasha se recostaba en un sillón junto a él, sus piernas separadas y esa sonrisa ladina en su rostro. Jaken y el segundo guardaespaldas, que habían llamado Miroku durante la cena, se sentaba en el otro sillón. Miroku parecía ser de la misma edad de Inuyasha, por lo tanto, alrededor de los dieciocho. Apenas hombres para el estándar de la sociedad, pero no para nuestro mundo.

—Podría haber sido peor —dijo Inuyasha, sonriendo. Podría no haberse visto tan letal como Sesshomaru, pero algo en sus ojos me decía que solo era capaz de ocultarlo mejor—. Ella podría haber sido fea. Pero, mierda, tu pequeña prometida es una aparición. Ese vestido. Ese cuerpo. Ese rostro y esos ojos. —Inuyasha silbó. Parecía que estaba provocando a su hermano a propósito.

—Es una niña — dijo Sesshomaru con desdén. La indignación se levantó en mí, pero sabía que debía estar contenta de que no me viera como un hombre veía a una mujer.

—No se veía como una niña para mí —dijo Inuyasha, luego chasqueó la lengua. Le dio un codazo al hombre mayor, Jaken—. ¿Qué dices? ¿Sesshomaru está ciego?

Jaken se encogió de hombros con una mirada cautelosa hacía Sesshomaru.

—No la miré de cerca.

—¿Y tú, Miroku? ¿Tienes ojos funcionales en tu cabeza?

Miroku alzó la vista, y rápidamente volvió a mirar abajo a su bebida.

Inuyasha echó la cabeza hacía atrás y rio.

—Maldición Sesshomaru, ¿les dijiste a tus hombres que les cortarías sus penes su miraban a esa chica? Ni siquiera estás casado con ella.

—Ella es mía —dijo Sesshomaru en voz baja, enviando un escalofrío por mi espalda con su voz, por no hablar de sus ojos. Miró a Inuyasha, quien sacudió la cabeza.

—Durante los próximos tres años, estarás en Tokio y ella estará aquí. No puedes mantener siempre un ojo en ella, o tienes la intención de amenazar a cada hombre de Chubu. No puedes cortarles a todos sus penes. Tal vez Konton Higurashi conoce a unos eunucos que puedan mantenerla vigilada.

—Haré lo que tenga que hacer — dijo Sesshomaru, removiendo la bebida en su vaso —. Jaken, encuentra a los dos idiotas que se supone deben proteger a Rin. —La forma en que mi nombre salió de su lengua me hizo temblar. Ni siquiera sabía que tenía dos guardias ahora. Myoga siempre me había protegido a mí y a mis hermanas.

Jaken se alejó inmediatamente y regresó diez minutos después con Myoga y Orochidayu, ambos parecían ofendidos por haber sido convocados como perros por alguien de Tokio. Padre estaba un paso por detrás de ellos.

—¿Qué significa esto? —preguntó padre.

—Quiero tener unas palabras con los hombres que eligió para proteger lo que es mío.

Kagome resopló a mi lado, pero yo la pellizqué. Nadie podía saber que estábamos escuchando esta conversación. A padre le daría un ataque si revelábamos la posición de su puerta secreta.

—Son buenos soldados, ambos. Orochidayu es el primo de Rin y Myoga ha trabajado para mí por casi dos décadas.

—Me gustaría decidir por mí mismo si confío en ellos —dijo Sesshomaru. Contuve la respiración. Esa era lo más cercano a un insulto que podría decir sin llegar a insultar a mi padre abiertamente. Los labios de padre se tensaron, pero dio una breve inclinación de cabeza. Permaneció en la habitación. Sesshomaru se acercó a Myoga—. Oí que eres bueno con el cuchillo.

—El mejor —intervino padre. Un músculo en la mandíbula de Sesshomaru tembló.

—No tan bueno como su hermano, según los rumores —dijo Myoga con un gesto hacia Inuyasha, quién le dedicó una sonrisa burlona—. Pero mejor que cualquier otro hombre en nuestro territorio —admitió Myoga finalmente.

—¿Estás casado?

Myoga asintió.

—Por veintiún años.

—Eso es mucho tiempo —dijo Inuyasha—. Rin debe verse muy deliciosa en comparación con tu vieja esposa.

Ahogué un jadeo.

La mano de Myoga se retorció un centímetro hacia la funda alrededor de su cintura. Todo el mundo lo vio. Padre observó como un halcón, pero no interfirió. Myoga se aclaró la garganta.

—Conozco a Rin desde su nacimiento. Ella es una niña.

—No será una niña durante mucho más tiempo —dijo Sesshomaru.

—Siempre será una niña ante mis ojos Y soy fiel a mi esposa. —Myoga miró con furia a Inuyasha—. Si insultas de mi mujer de nuevo, le pediré a tu tío permiso para desafiarte en una pelea con cuchillos para defender su honor y te mataré.

Esto terminaría mal.

Inuyasha inclinó la cabeza.

—Podrías intentar. —Mostró sus blancos dientes—. Pero no tendrías éxito.

Sesshomaru cruzó los brazos, luego dio una inclinación de cabeza.

—Creo que eres una buena opción, Myoga.

Myoga dio un paso atrás, pero mantuvo su mirada fija en Inuyasha, que no le hizo caso.

Los ojos de Sesshomaru se enfocaron en Orochidayu y dejó caer la civilidad que había envuelto al monstruo en su interior hasta ese momento. Se movió tan cerca de Orochidayu que mi primo tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás para devolverle la mirada. Orochidayu intentó mantener una expresión arrogante y segura de si mismo, pero se veía como un cachorro de chihuahua tratanto de impresionar a un tigre de bengala. Sesshomaru y él bien podrían haber sido de dos especies diferentes.

—Él es de la familia. ¿Honestamente vas a acusarlo por tener interés en mi hija?

—Observé como veías a Rin —dijo Sesshomaru, sin apartar los ojos de Orochidayu ni un momento.

—Como un melocotón jugoso que quieres follarte —agregó Inuyasha, disfrutando de esto mucho más de lo necesario.

Los ojos de Orochidayu se lanzaron hacia mi padre, en busca de ayuda.

—No lo niegues. Conozco el deseo cuando lo veo. Y tú deseas a Rin —gruñó Sesshomaru. Orochidayu no lo negó—. Si descubro que la estás mirando así de nuevo. Si me entero de que estás en una habitación a solar con ella. Si averiguo que tocas, aunque sea su mano, te mataré.

Orochidayu se puso rojo.

—Tú no eres parte de Chubu. Nadie te dirá nada incluso si la violo. Podría iniciarla para ti. —Dios, Orochidayu, cierra la boca. ¿No podía ver el asesinato en los ojos de Sesshomaru? —. Tal vez incluso lo filmaré para ti.

Antes de poder siquiera parpadear. Sesshomaro había tirado al suelo a Orochidayu y clavaba una rodilla en su columna vertebral, uno de los brazos de mi primo retorcido hacia atrás. Orochidayu luchó y maldijo, pero Sesshomaru lo contuvo rápido. Una de sus manos se apoderó de la muñeca de Orochidayu mientras alcanzaba debajo de su chaleco con la otra, sacando un cuchillo.

Mis piernas se volvieron débiles.

—Vete ahora —le dije a Kagome en un susurro. Ella no escuchó.

Aparta la mirada Rin.

Pero no podía. Padre seguramente detendría a Sesshomaru. Pero la expresión de padre era de disgusto a medida que observaba a Orochidayu. Los ojos de Sesshomaru buscaron la mirada de padre; Orochidayu no era su soldado. Este ni siquiera era su territorio. El honor exigía que obtuviera permiso del Saiko-komon, y cuando mi padre asintió, él bajó el cuchillo y cortó el meñique de Orochidayu. Los gritos resonaron en mis oídos a medida que mi visión se volvía negra. Mordí un puño para sofocar el sonido. Kagome no lo hizo. Ella dejó escapar un chillido que podría haber despertado a los muertos antes de vomitar. Al menos, se había girado y apuntó lejos de mí. Su vómito se derramó por los escalones.

Detrás de las puertas, reinó el silencio. Nos habían escuchado. Agarré la parte superior de los brazos de Kagome cuando la puerta secreta se abrió de golpe, revelando el rostro furioso de padre. Detrás de él estaban de pie Jaken y Miroku, ambos con sus armas preparadas. Cuando nos vieron a Kagome y a mí, las devolvieron a sus fundas bajo sus chaquetas.

Kagome no lloró. Pocas veces lo hacía, pero su rostro estaba pálido y se apoyaba pesadamente contra mí. Si no la hubiera sostenido, mis propias piernas se habrían desplomado. Pero tenía que ser fuerte por ella.

—Por su puesto —dijo padre entre dientes, frunciéndole el ceño a Kagome—. Debí haber sabido que era tú causando problemas otra vez. —La apartó violentamente de mí y la lanzó dentro del salón, levantó la mano y la golpeó con fuerza en el rostro.

Di un paso en su dirección para protegerla y padre levantó su brazo de nuevo.

Me preparé para el golpe, pero Sesshomaru atrapó la mano de mi padre con su mano izquierda. Su mano derecha todavía estaba agarrando el cuchillo que había usado para cortar el dedo de Orochidayu. El cuchillo y la mano de Sesshomaru estaban cubiertos de sangre. Mis ojos se ampliaron. Padre era el dueño de la casa, el dueño de todos nosotros. La intervención de Sesshomaru era un insulto contra el honor de mi padre.

Myoga sacó su cuchillo y padre puso la mano en su arma. Inuyasha, Miroku y Jaken habían sacado sus propias armas. Orochidayu estaba acurrucado en el suelo, inclinado sobre su mano, sus quejidos siento el único sonido de la habitación. ¿Había habido alguna vez un compromiso rojo?

—No era mi intención faltarle al respeto —dijo Sesshomaru tranquilamente como si la guerra entre Tokio y Yamanashi no estuviera a punto de estallar—. Pero Rin ya no es su responsabilidad. Perdió su derecho a castigarla cuando la hizo mi prometida. Ella es mía para lidiar ahora.

Padre bajó la mirada al anillo en mi dedo, y luego inclinó la cabeza. Sesshomaru soltó su muñeca, y los otros hombres en la habitación se relajaron ligeramente, pero no guardaron sus armas.

—Eso es cierto. —Dio un paso atrás e hizo un gesto hacía mí—. Entonces, ¿te gustaría el honor de hacerla entrar en razón?

La dura mirada de Sesshomaru se fijó en mí y dejé de respirar.

—Ella no me desobedeció.

Los labios de padre se estrecharon.

—Tienes razón. Pero como yo lo veo, Rin estará viviendo bajo mi techo hasta la boda y ya que el honor me impide levantar la mano contra ella, tendré que encontrar otra manera de hacer que me obedezca. —Fulminó a Kagome con la mirada y la golpeó una segunda vez—. Por cada una de tus malas acciones Rin, tu hermana aceptará el castigo en tu lugar.

Apreté los labios, con las lágrimas escociendo en mis ojos. No miré a Sesshomaru o a padre, no hasta que pudiera encontrar una manera de ocultar mi odio de ellos.

—Myoga, lleva a Kagome y a Rin a sus habitaciones y asegúrate que se queden allí. —Myoga enfundó su cuchillo y nos hizo un gesto para que lo siguiéramos. Pasé junto a mi padre, arrastrando a Kagome conmigo, quien tenía la cabeza gacha. Se puso rígida cuando pasamos por encima de la sangre en el piso de madera y el dedo cortado yaciendo abandonado sobre este. Mis ojos se desviaron hacia Orochidayu quien estaba aferrándose a su herida para detener el sangrando. Sus manos, su camisa y sus pantalones estaban cubiertos de sangre. Kagome tuvo arcadas como si fuera a vomitar de nuevo.

—No —dije con firmeza—. Mírame.

Ella apartó los ojos de la sangre y se encontró con mi mirada. Abía lágrimas en sus ojos y su labio inferior tenía un corte que estaba goteando sangre en su barbilla y camisón. Mi mano sobre la de ella se tensó. Estoy aquí para ti. Nuestras miradas encontradas parecieron ser su única ancla a mediad que Myoga nos guiaba fuera de la habitación.

—Mujeres —dijo mi padre en tono de burla—. Ni siquiera pueden soportar ver un poco de sangre. —Prácticamente podía sentir la mirada de Sesshomaru perforando mi espalda antes de que la puerta se cerrara. Kagome se limpio el labio sangrando mientras nos apresurábamos detrás de Myoga a través del pasillo y por las escaleras.

—Lo odio —murmuró—. Los odio a todos.

—Shhh. —No quería que hable así delante de Myoga. Él se preocupaba por nosotras, pero era soldado de mi padre de los pies a la cabeza.

Me detuvo cuando quise seguir a Kagome a su habitación. No quería que estuviera sol esta noche. Y tampoco quería estar sola.

—Escuchaste lo que dijo tu padre.

Miré a Myoga.

—Necesito ayudar a Kagome con su labio.

Myoga sacudió la cabeza.

—No es nada. Ustedes dos juntas en una habitación siempre traen problemas. ¿Crees que es sabio irritar a tu padre más esta noche? —Myoga cerró la puerta de Kagome y suavemente me empujó en dirección a mi habitación contigua a la suya.

Di un paso dentro, luego me giré hacia él.

—Una habitación llena de hombres adultos observando a un hombre golpear a una chica indefensa, ese es el famoso valor de los hombres de la mafia.

—Tu futuro esposo detuvo a tu padre.

—De golpearme a mí, no a Kagome.

Myoga sonrió como si fuera una niña estúpida.

—Sesshomaru podrá gobernar Tokio, pero esto es Yamanashi y tu padre es el Saiko-komon.

—Admiras a Sesshomaru —dije con incredulidad— Lo viste cortar el dedo de Orochidayu y lo admiras.

—Tu primo tiene suerte que La Bestia no le cortó otra cosa. Sesshomaru hizo lo que todo hombre habría hecho.

Tal vez todo hombre en nuestro mundo.

Myoga palmeó mi cabeza como si fuera un gatito adorable.

—Ve a dormir.

—¿Vigilarás mi puerta toda la noche para asegurarte que no escape de nuevo? —pregunté desafiante.

—Mejor te acostumbras a ello. Ahora que Sesshomaru ha puesto un anillo en tu dedo, se asegurará que siempre estés vigilada.

Cerré la puerta de golpe. Vigilada. Incluso desde lejos Sesshomaru estaría controlando mi vida. Había pensado que mi vida seguiría como solía ser hasta la boda, pero ¿cómo podía serlo cuando todo el mundo sabía lo que el anillo en mi dedo significaba? El meñique de Orochidayu era una señal, una advertencia. Sesshomaru había hecho su reclamo sobre mí y lo haría cumplir a sangre fría.

No apagué las luces esa noche, preocupada de que la oscuridad triga de regreso imágenes de sangre y extremidades costada. De todos modos, vinieron.

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»»NOTA DE AUTOR««

Hola chicas una disculpa por la demora, JackelB gracias por los consejos los tomé en cuenta, también llevo terapia pero ya sabes que hay temporadas malas con las crisis de ansiedad; Tania aquí seguiremos hasta el final; Dany Torres sii es muy emocionante; JGS perdón prometo ya no tardar tanto y los otros usuario anónimos muchas gracias sus reviews positivos me ayudaron un montón para poder continuar pues un review de hace unos días me desmotivó por lo que detuve la adaptación y reflexione al respecto. Al final decidí redactar una advertencia en sinopsis y agrego este comentario acá:

Definitivamente una novela sobre mafia nunca será un camino de rosas, tienden a describir variados crímenes como el abuso, homicidio, etc. Considero que la cancelación en la literatura jamás ha ayudado a nadie; pero lo que sí, es que cada uno desde su lugar pueda enseñar a cualquier persona o generación a razonar y analizar un texto para comprender aspectos que muchas personas desconocen al vivir en una situación privilegiada o porque no conocen alternativas, como ejemplo el alcance de la manipulación hacia las mujeres en la violencia de género o lo que hombres enfrentan a causa del crimen organizado.

Por lo que reitero: si conocen a alguien que sufre una situación de abuso o presenta dificultades entre distinguir la realidad de la ficción y si está dentro de sus posibilidades apoyarle, háganlo. Cambiarán una vida.

Dicho lo anterior el fic seguirá a menos que me muera… espero hayan disfrutado el capítulo y hasta la próxima.

Addy O.

P.S. Todos los personajes son de Inuyasha o Hanyo No Yashahime.

GLOSARIO

Existen clanes con nombres definidos pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.

Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa

Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.

Clan pendiente: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.

Yakuza Mafia japonesa

Oyabun El Jefe de la Región

Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:

Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);

Saiko-komon Consultor principal

So-honbucho Jefe de sedes/municipio

Wakagashira Administra sedes divididas bandas; Shateigashira Jefe de la banda

Otras categorías son:

Shigiiin asuntos legales Kaikei contadores Komon negociadores

Kyodai hermanos mayores Shatei hermanos menores

Oji-san Miembros que se unen cuando son ancianos.