»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ xᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« TRES »»

Mi respiración sale en bocanadas a medida que deja mis labios. Incluso mi grueso abrigo no podía protegerme del invierno de Yamanashi. La nieve crujía bajo mis botas mientras seguía a madre por la acera hacia el edificio de ladrillo, el cual albergaba la tienda de novias más lujosa en el Este. Myoga se arrastraba cerca, mi constante sombra. Otro de los soldados de mi padre cubría la parte trasera, detrás de mis hermanas.

Unas puertas giratorias de latón nos dieron la bienvenida al iluminado interior de la tienda y la dueña y sus dos asistentes nos recibieron inmediatamente.

—Feliz cumpleaños, señorita Higurashi —dijo la dueña con su voz cantarina.

Forcé una sonrisa. Se suponía que mi decimoctavo cumpleaños debía ser un día de celebración. En cambio, solo significaba que solo era otro paso más cerca de casarme con Sesshomaru. No lo había visto desde aquella noche que cortó el dedo de Orochidayu. Me había enviado joyas costosas por mi cumpleaños, navidad, el día blanco -aunque no le di algo en san Valentín-, y el aniversario de nuestro compromiso, pero ese era el alcance de nuestro contacto en los últimos treinta meses. Había visto fotos de él con otras mujeres en internet, pero incluso eso se detuvo hoy cuando nuestro compromiso se filtró a la prensa. Al menos ya no haría alarde de sus putas en público.

No me engañaba pensando que él no seguía durmiendo con ellas. Y no me importaba. Mientras tuviera a otras mujeres para follar, con suerte no pensaría en mí de esa manera.

—¿Solo seis meses hasta su boda si estoy correctamente informada? —añadió la dueña de la tienda alegremente. Era la única persona que parecía emocionada. No es de extrañar realmente, haría mucho dinero hoy. La boda que marcaba la unión definitiva de la mafia de Yamanashi y Tokio iba a ser un asunto espléndido. El dinero era irrelevante.

Incliné la cabeza. 166 días hasta que tenga que intercambiar una jaula de oro por otra. Kagome me dio una mirada que dejaba en claro lo que pensaba del asunto, pero mantuvo la boca cerrada. A sus dieciséis años y medio, Kagome finalmente había aprendido a manejar sus arrebatos, en su mayoría.

La dueña de la tienda nos llevó a la sala de probadores. Myoga y el otro hombre se quedaron fuera de las cortinas. Sango y Kagome se dejaron caer en el lujoso sofá blanco mientras madre comenzaba a ver los vestidos de novia de exhibición. Me quedé de pie en medio de la habitación. La vista de todo el tul blanco, seda, velos, brocados y lo que representaban hizo un nudo en mi garganta. Pronto sería una mujer casada. Citas de amor decoraban las paredes de la sala de probadores; se sentían como una burla teniendo en cuenta la dura realidad que era mi vida. ¿Qué era el amor sino un sueño tonto?

Podía sentir los ojos de la dueña y sus asistentes sobre mí, cuadré los hombros antes de unirme a mi madre. Nadie podía saber que no era la novia feliz que se suponía debía ser, sino un peón en un juego de poder. Finalmente, la dueña de la tienda se acercó a nosotras y nos mostró sus vestidos más caros.

—¿Qué tipo de vestido preferiría tu esposo? —preguntó agradablemente.

—Del tipo desnudo —dijo Kagome, y mi madre le lanzó una mirada. Me sonrojé, pero la dueña de la tienda rio como si fuese todo muy divertido.

—Hay tiempo para eso en la noche de bodas, ¿no crees? —dijo y guiñó un ojo.

Alcancé el vestido más caro de la colección, un sueño de brocado; el corpiño estaba bordado con perlas e hilos plateados que formaban un delicado patrón floreado.

—Los hilos son de platino —dijo la dueña. Eso explicaba el precio—. Creo que tu novio estará contento con tu elección.

Entonces ella lo conocía mejor que yo. Sesshomaru era tan extraño para mí como lo había sido hace casi tres años.

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La boda se celebraría en los amplios jardines de la mansión Taisho en las costas de Miura. Todo el mundo ya era un hervidero con los preparativos. No había puesto un pie en la casa o incluso en las instalaciones todavía, pero mi madre me mantenía al día, no es que se lo hubiera pedido.

Para el momento en que mi familia llegó a Tokio hace unas horas, mis hermanas y yo habíamos estado acurrucadas en nuestra suite en el Hotel Mandarin Oriental. Setsuna no Takemaru había sugerido que viviéramos en una de las muchas habitaciones en la mansión hasta la boda en cinco días, pero mi padre había declinado. Tres años de cooperación tentativa y aún no confían entre sí. Me alegré. No quería poner un pie en la mansión hasta que tuviera que hacerlo.

Padre había accedido a dejarme compartir una suite con Sango y Kagome, así mi madre y él tomaron una suite para ellos con una habitación para Kohaku. Por su puesto un guardaespaldas estaba posicionado frente a cada una de las tres puertas de nuestra suite.

—¿Realmente tenemos que asistir mañana a la despedida de soltera? —preguntó Sango, sus piernas desnudas se balanceaban sobre el respaldo del sofá. Madre siempre decía que Nabokov debió tener en mente a Sango cuando escribió Lolita. Mientras que Kagome provocaba con sus palabras, Sango utilizaba su cuerpo para eso. Había cumplido catorce años en abril, una niña que usaba sus indefinidas curvas para obtener una reacción de todo el mundo que nos rodeaba. Se veía como la modelo adolescente Thyalane Blondeau en morena, pues su cabello era castaño oscuro y no tenía un espacio entre sus dientes frontales.

Eso me preocupaba. Sabía que era su forma de rebelarse contra la jaula dorada que era nuestra vida, pero aunque los soldados de padre observaban su coqueteo con diversión, había otros allá afuera que amarían malinterpretarlo.

—Por supuesto que debemos ir —murmuró Kagome—. Rin es la feliz novia, ¿recuerdas?

Sango resopló.

—Claro. —Se incorporó bruscamente—. Estoy aburrida. Vamos de compras.

Myoga no estuvo entusiasmado con la sugerencia, incluso con otro de los guardaespaldas de mi padre a su lado, afirmó que era casi imposible que nos mantuvieran bajo control. Finalmente cedió como siempre lo hacía.

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Estábamos de compras en una tienda que vendía ropa al estilo rockera sexy que Sango desesperadamente quería probar cuando recibí un mensaje de Sesshomaru. Era la primera vez que tenía contacto conmigo directamente y durante mucho tiempo lo único que pude hacer fue mirar la pantalla. Kagome se asomó sobre mi hombro desde el probador.

—"Nos vemos en tu hotel a las seis. Sesshomaru". Que amable de su parte preguntar.

—¿Qué quiere? —susurré. Tenía la esperanza de no tener que verlo hasta el 10 de agosto, el día de nuestra boda.

—Solo hay una manera de averiguarlo —dijo Kagome, comprobando su reflejo.

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Estaba nerviosa. No había visto a Sesshomaru en mucho tiempo. Me alisé el cabello y luego enderecé mi blusa. Kagome me había convencido de ponerme unos jeans negros ajustados que había comprado hoy. Ahora me preguntaba si algo que atrajera menos atención a mi cuerpo hubiera sido mejor. Todavía tenía quince minutos antes de que Seshsomaru quisiera reunirse conmigo. Ni siquiera sabía en dónde todavía. Supuse que me llamaría una vez que llegara y me pediría bajar al vestíbulo.

—Deja de tontear —dijo Kagome desde su lugar en el sofá, leyendo una revista.

—Realmente no creo que este atuendo sea una buena idea.

—Lo es. Es fácil manipular a los hombres con el cuerpo. Sango tiene catorce años y ya lo ha averiguado. Padre siempre dice que somos el sexo débil porque no llevamos cerca una pistola. Tenemos nuestras propias armas Rin, y tendrás que empezar a usarlas. Si quieres sobrevivir a un matrimonio con ese hombre, deberás usar tu cuerpo para manipularlo. Los hombres, incluso los bastardos e insensibles como ellos, tienen una debilidad y esta cuelga entre sus piernas.

No creía que Sesshomaru pudiera ser manipulado fácilmente. No parecía como alguien que perdiera el control, a menos que él lo quisiera y realmente no estaba segura de desear que note mi cuerpo de esa manera.

Un golpe me hizo saltar y mis ojos volaron hacia el reloj. Todavía era demasiado temprano para Sesshomaru y él realmente no subiría a nuestra suite, ¿o sí?

Sango salió corriendo de su dormitorio antes de que Kagome o yo pudiéramos siquiera movernos. Llevaba un atuendo de chica rockera: pantalones de cuero ajustados y una camiseta negra ajustada. Creía que se veía tan adulta en él. Kagome y yo pensamos que parecía una joven-de-catorce-años esforzándose demasiado.

Abrió la puerta, acentuando su cadera hacia afuera, tratando de lucir sexy. Kagome rio pero yo no le estaba prestando atención.

—Hola, Sesshomaru —dijo Sango con voz aguda. Me acerqué para poder ver a Sesshomaru. Estaba mirando hacia Sango, obviamente tratando de averiguar quién era ella. Inuyasha, Miroku y Jaken estaban parados detrás de él. Vaya, había traído a su séquito. ¿Dónde estaba Myoga?

—Eres Sango, la hermana más joven —dijo Sesshomaru, ignorando la expresión coqueta de Sango.

Sango frunció el ceño.

—Ya no soy tan joven.

—Sí, lo eres —dije con firmeza, acercándome a ella y poniendo mis manos sobre sus hombros. Ella aún era un par de centímetros más baja que yo—. Ve con Kagome.

Sango me dio una mirada de incredulidad, pero luego se escabulló lejos.

Mi pulso estaba acelerando cuando me volví hacía Sesshomaru. Su mirada se detuvo en mis piernas, y luego se movió lentamente hacia arriba hasta que llegó a mi cara. Esa mirada no había estado en sus ojos la última vez que lo vi. Y me di cuenta con un sobresalto que era lo que quería.

—No sabía que nos encontraríamos en mi suite —dije, y luego me di cuenta que debí haberle saludado, o al menos intentado sonar menos grosera.

—¿Vas a dejarme entrar?

Dudé, y luego di un paso atrás y dejé que los hombres pasen junto a mí. Solo Jaken se quedó afuera. Cerró la puerta, aunque hubiera preferido que la mantuviera abierta.

Inuyasha fue hacia Kagome, quién rápidamente se incorporó y le dio su mirada más desagradable. Sango, por su puesto, le sonrió.

—¿Puedo ver tu arma?

Inuyasha le sonrió abiertamente pero antes de que pudiera responder, dije:

—No, no puedes.

Podía sentir los ojos de Sesshomaru en mí, deteniéndose en mis piernas y en mi culo una vez más. Kagome me dio una mirada de te-lo-dije. Ella me pidió que use mi cuerpo; el problema era que prefería a Sesshomaru ignorando mi cuerpo porque todo lo demás me aterrorizaba.

—No deberían estar aquí a solas con nosotras —murmuró Kagome—. No es apropiado. —Casi bufé. Como si a Kagome le importara eso.

Sesshomaru entrecerró los ojos.

—¿Dónde está Myoga? ¿No debería estar custodiando esta puerta?

—Probablemente está en el aseo o fumándose un cigarrillo —dije, encogiéndome de hombros.

—¿Sucede a menudo que las deja sin protección?

—Oh, todo el tiempo —dijo Kagome burlonamente—. Verás, Sango, Rin y yo nos escapamos cada fin de semana porque tenemos una apuesta de quién se puede besar con más chicos. —Sango dejó escapar una risa aguda.

—Quiero tener unas palabras contigo, Rin —dijo Sesshomaru clavándome su mirada fría.

Kagome se levantó del sofá y se acercó a nosotros.

—¡Estaba bromeando, por el amor de Dios! —dijo ella, tratando de imponerse entre Sesshomaru y yo, pero Inuyasha la agarró por la muñeca y tiró de ella hacia atrás. Sango observaba todo con ojos muy abiertos y Miroku se quedó en la puerta, pretendiendo que esto no le concernía.

—Suéltame, o te voy a romper los dedos —gruño Kagome. Inuyasha levantó las manos con una amplia sonrisa.

—Vamos —dijo Sesshomaru, sus manos tocando mi espalda baja. Tragué un jadeo. Si se dio cuenta, no hizo ningún comentario—. ¿Dónde está tu habitación?

Los latidos de mi corazón palpitaron más rápidos mientras asentía hacia la puerta de la izquierda. Sesshomaru me llevó en esa dirección ignorando las protestas de Kagome.

—¡Voy a llamar a nuestro padre! No puedes hacer eso.

Entramos en mi habitación y Sesshomaru cerró la puerta. No puede evitar sentir miedo. Kagome no debería haber dicho esas cosas. Para cuando Sesshomaru se enfrentó a mí, dije:

—Kagome estaba bromeando. Ni siquiera he besado a nadie, lo juro. —El calor se deslizó en mi cara ante la admisión, pero no quería que Sesshomaru se enoje por algo que ni siquiera había hecho.

Los ojos dorados de Sesshomaru me observaron fijamente con intensidad.

—Lo sé.

Mis labios se separaron.

—Oh. ¿Entonces por qué estás enojado?

—¿Me veo enojado contigo?

Decidí no responder. Él sonrió.

—No me conoces muy bien.

—Esa no es mi culpa —murmuré.

Tocó mi barbilla y me convertí en una estatua de sal.

—Eres como una cierva nerviosa ante las garras de un lobo. —No sabía lo cerca que llegó a lo que pensaba de él—. No voy a atacarte.

Debo parecer dudosa porque soltó una risa, bajando la cabeza hacia la mía.

—¿Qué estás haciendo? —susurré con nerviosismo.

—No voy a tocarte así si es lo que te preocupa. Puedo esperar unos días más. Después de todo he esperado tres años.

No podía creer que había dicho eso. Por su puesto, sabía lo que se esperaba en una noche de bodas, pero casi me había convencido de que Sesshomaru no estaba interesado en mí de esa manera.

—Me llamaste niña la última vez.

—Pero ya no eres una niña —dijo Sesshomaru con una sonrisa depredadora. Sus labios estaban a menos de un centímetro de los míos—. Estás haciendo esto realmente difícil. No te puedo besar si me miras de esa manera.

—Entonces tal vez debería darte esta expresión en nuestra noche de bodas— lo reté.

—Entonces tal vez voy a tener que tomarte desde atrás, así no tengo que verla.

Mi expresión cayó y me alejé tambaleando mi espalda chocando con la pared.

Sesshomaru negó con la cabeza.

—Relájate. Estaba bromeando —dijo en voz baja—. No soy un monstruo.

—¿No lo eres?

Su expresión se endureció y se enderezó, levantándose a toda su estatura de nuevo. Me arrepentí de mis palabras, a pesar de que eran la verdad.

—Quería discutir la cuestión de tu protección contigo —dijo en una voz sin emociones, formal—. Una vez que te mudes a mi penthouse después de la boda, Jaken y Miroku serán responsables de tu seguridad. Pero quiero a Miroku a tu lado hasta entonces.

—Tengo a Myoga —protesté, pero él negó con la cabeza.

—Al parecer, él está tomando demasiados descansos para ir al baño. Miroku no dejará tu lado a partir de ahora.

—¿También va a vigilarme cuando me duche?

—Si quiero lo hará.

Levanté la barbilla, tratando de apagar mi ira.

—¿Permitirías que otro hombre me vea desnuda? En serio debes confiar en que Miroku no tomará ventaja de la situación.

Los ojos de Sesshomaru ardieron.

—Miroku es leal. —Se inclinó más cerca—. No te preocupes, voy a ser el único hombres que alguna vez te vea desnuda. No puedo esperar. —Sus ojos recorrieron mi cuerpo.

Crucé los brazos sobre mi pecho y aparté los ojos.

—¿Qué hay de Sango? Ella y Kagome comparten esta suite conmigo. Viste cómo puede ser Sango. Va coquetear con Miroku. Hará cualquier cosa para llamar su atención. No se da cuenta en lo que podrá meterse al hacerlo. Necesito saber que está a Salvo.

—Miroku no tocará a tu hermana. Sango solo está jugando. Es una niña. A Miroku le gustan sus mujeres maduras y dispuestas.

"¿Y tú no?" Casi pregunto, pero, pero me tragué las palabras y asentí en su lugar.

Mis ojos se dirigieron hacia mi cama. Este era un recordatorio terrible de lo que sucedería pronto.

—Hay algo más. ¿Estás tomando la píldora?

El color desapareció de mi cara mientras me quedaba mirándolo.

—Por su puesto que no.

Sesshomaru me escrutó con una calma inquietante.

—Tu madre podría haber hecho que empieces como preparación para la boda.

Estaba bastante segura que iba a tener un ataque de nervios en cualquier momento.

—Mi madre nunca haría eso. Ni siquiera quiere hablar conmigo de estas cosas.

Sesshomaru levantó una ceja.

—¿Pero saber lo que sucede entre un hombre y una mujer en una noche de bodas?

El muy bastardo estaba burlándose de mí.

—Sé lo que ocurre entre las parejas normales. En nuestro caso, creo que la palabra que estás buscando es violación.

Los ojos de Sesshomaru me miraron con molestia.

—Quiero que empieces a tomar la píldora. —Me entregó un pequeño paquete. Eran anticonceptivos.

—¿No necesito ver a un médico antes de empezar a tomar el anticonceptivo?

—Tenemos un médico que ha estado trabajando para la familia durante décadas. Esto proviene de él. Tienes que empezar a tomar la píldora inmediatamente. Tarda unos días para que empiece a funcionar.

No lo podía creer. Parecía muy ansioso por dormir conmigo. Mi estómago se retorció.

—¿Y si no lo hago?

Sesshomaru se encogió de hombros.

—Entonces voy a utilizar un condón. De cualquier manera, en nuestra noche de bodas serás mía.

Abrió la puerta y me indicó que avanzara. Como si estuviera en trance, entré en la sala de estar de la suite. No tenía intención de hacerlo enojar, pero ahora era demasiado tarde. De todos modos, probablemente no era la última vez.

Myoga estaba junto a Kagome y Sango, luciendo molesto. Le frunció el ceño a Sesshomaru.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Deberías prestar más atención en el futuro y mantener tus descansos al mínimo —le dijo Sesshomaru.

—Me fui solo unos pocos minutos y había guardias delante de las otras puertas.

Kagome sonrió engreída. Los ojos de Inuyasha estaban fijos en ella.

—¿Qué estás mirando? —le espetó.

Inuyasha se inclinó hacia delante.

—Tu cuerpo caliente.

—Entonces sigue mirando. —Ella se encogió de hombros indiferente—. Porque eso es todo lo que alguna vez llegarás a hacer con mi cuerpo caliente.

—Basta —advirtió Myoga.

No estaba observándolo, sino a Inuyasha, que tenía una expresión calculadora en su rostro.

—Miroku se hará cargo del deber de guardia hasta la boda —dijo Sesshomaru. Myoga abrió la boca, pero Sesshomaru levantó una mano—. Está hecho. —Se volvió hacia Miroku, que se incorporó a la vez. Se alejaron unos pasos de nosotros.

Kagome se presionó hacia mí.

—¿Qué quiere decir?

—Miroku es mi nuevo guardaespaldas.

—Solo quiere controlarte.

—Shhh. —Estaba viendo a Sesshomaru y Miroku. Después de un momento, Miroku miró a Sango, luego asintió y dijo algo. Finalmente regresaron a nosotros.

—Miroku se quedará contigo —dijo Sesshomaru simplemente. Estaba siendo más frío desde que lo había llamado un monstruo.

—¿Y qué se supone que debo hacer? —preguntó Myoga.

—Puedes vigilar su puerta.

—O puedes unirte a nuestra despedida de soltero —sugirió Inuyasha.

—No me interesa —dijo Myoga.

Sesshomaru se encogió de hombros.

—Haz lo que quieras. Higurashi viene con nosotros.

¿Mi padre iba con ellos? Ni siquiera quería saber lo que estaban tramando.

Sesshomaru se volvió hacía mí.

—Recuerda lo que te dije.

No respondí nada, solo agarré con fuerza el paquete de píldoras en mi mano. Sin decir una palabra más, Sesshomaru e Inuyasha se fueron. Miroku mantuvo la puerta abierta.

—También puedes irte —le dijo a Myoga quién lo fulminó con la mirada pero salió después de un momento. Miroku cerró la puerta con llave.

Kagome se quedó boquiabierta.

—No puedes hablar en serio.

Miroku se apoyó en la puerta, con los brazos cruzados delante de él. No reacciono.

—Kagome, ven. —La jalé conmigo hacia el sofá y nos dejamos caer en el. Sango ya estaba de rodillas en el sillón, viendo a Miroku con gran atención. Los ojos de Kagome revolotearon a mi mano.

—¿Qué es esto?

—Anticonceptivos.

—No me digas que ese imbécil te lo dio hace un momento para que así pueda follarte en su noche de bodas.

Apreté los labios.

—No vas a tomarlas, ¿verdad?

—Tengo que hacerlo. Si no lo hago, Sesshomaru igual no se detendrá. Solamente estará enojado.

Kagome sacudió la cabeza, pero le di una mirada suplicante.

—No quiero discutir contigo. Vamos a ver una película, ¿de acuerdo? Realmente necesito la distracción. —Después de un momento, Kagome asintió. Elegimos una película al azar, pero era difícil concentrarse con Miroku vigilándonos.

—¿Te vas a quedar ahí parado toda la noche? —pregunté finalmente—. Me estás poniendo nerviosa. ¿No puedes sentarte al menos?

Se dirigió al sillón vacío y se dejó caer. Se quitó la chaqueta, revelando una camisa blanca y una funda sosteniendo dos armas junto a un largo cuchillo.

—¡Wow! —susurró Sango. Se puso de pie y se acercó a él. Miroku mantuvo su atención en la puerta. Ella dio un paso en su camino y no tuvo más remedio que mirarla. Ella sonrió y se deslizó rápidamente en su regazo, así que él se puso tenso. Salté del sofá de inmediato y la jalé fuera de él.

—¡Sango!, ¿qué es lo que te pasa? No puedes actuar de esa manera. Un día, un hombre va a aprovecharse de ti. —Muchos hombres tenían problemas para entender que la ropa y los actos de provocación no significaban que una mujer se lo buscó.

Miroku se enderezó en el sillón.

—No me hará daño. Sesshomaru se lo prohibió, ¿cierto?

—Podría robar tu virtud y después cortarte la garganta de modo que no puedas decirle a nadie —dijo Kagome sin ayudar a nadie. Le lancé una mirada furibunda.

Los ojos de Sango se abrieron como platos.

—No lo haría —dijo Miroku, sorprendiéndonos con su voz.

—No deberías haber dicho eso —murmuró Kagome—. Ahora va a adularte.

—Sango, ve a la cama —le ordené y lo hizo bajo una protesta ruidosa—. Lo siento —dije—. No sabe lo que está haciendo.

Miroku asintió.

—No te preocupes. Tengo una hermana de su edad.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó Kagome.

—Veinte.

—¿Y hace cuánto tiempo que trabajas para Sesshomaru?

Kagome apagó el televisor para centrarse en su interrogatorio. Me acomodé en el respaldo.

—Cuatro años, pero he estado haciendo este trabajo durante seis años.

—Debes ser muy bueno si Sesshomaru te eligió para proteger a Rin.

Miroku se encogió de hombros.

—Saber cómo desenvolverme en una palea no es la razón principal. Sesshomaru sabe que soy leal.

—Lo que significa que no vas a manosear a Rin.

Puse los ojos en blanco ante ese comentario de Kagome. Miroku probablemente lamentaba haber abandonado su puesto en la puerta.

—Sesshomaru sabe que puede confiar en mí con lo que es suyo.

Los labios de Kagome se tensaron. Eso no era lo que debía decir.

—Así que, si Rin sale desnuda de su habitación esta noche y tienes una erección porque realmente no puedes evitarlo, ¿Sesshomaru no te castrará?

Miroku estaba obviamente sorprendido. Se me quedó mirando, como si en realidad le preocupara que hiciera eso.

—Ignórala. No lo haré.

—¿A dónde irán Sesshomaru y los otros hombres para la despedida de soltero?

Miroku no respondió.

—Probablemente a un club nudista y después a uno de los prostíbulos que tiene la familia —murmuró Kagome—. ¿Por qué es que los hombres pueden putear por ahí mientras que nosotras tenemos que salvaguardas nuestra virginidad para la noche de bodas? ¿Y por qué Sesshomaru puede follarse a quien quiera mientras que Rin ni siquiera puede besar a un chico?

—Yo no hago las reglas —dijo Miroku simplemente.

—Sin embargo, te aseguras que no las rompamos. No eres nuestro protector, eres nuestro guardian.

—¿Alguna ves has considerado que estoy protegiendo a chicos que no saben quién es Rin? —preguntó.

Fruncí el ceño.

—Sesshomaru mataría a cualquiera que se atreviera a tocarte. Por supuesto, podrías salir, ligar con un chico y seguir adelante, porque no serías a la que Sesshomaru degolle.

—Sesshomaru no es mi prometido —dijo Kagome.

—Tu padre mataría a cualquier hombre que se acerque a ti, porque no querría que nadie eche a perder sus posesiones más preciadas.

Por primera vez, me di cuenta que solo porque me habían cedido a Sesshomaru eso no significaba que Kagome no se vería obligada a casarse con otra persona. De repente me sentí muy cansada de todo.

—Me voy a la cama.

Me quedé despierta toda la noche, pensando en manera de escapar de la boda, pero la única opción sería huir, y aunque Kagome sin duda vendría conmigo, ¿qué hay de Sango? No podría mantenerlas ambas a salvo. Y ¿qué hay de Kohaku? ¿Qué hay de mi madre? No podía dejar a todos atrás. Esta era mi vida. No conocía nada más. Tal vez era una cobarde, aunque casarme con un hombre como Sesshomaru probablemente requiere más valor que huir.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Holaaaa estoy de vuelta! espero que les haya gustado mucho, mientras hacía este capítulo me di cuenta que las personalidades de Miroku y Sango están invertidas jajajaja pero así lo dejaré por bien del fic.

A los lectores con cuenta e invitados mil gracias por leer mi historia y a mi amiga Yazzi por corregir mis errores jajaja!

si alguien me faltó una disculpa!

No olviden reviews aunque sean pequeños para saber que siguen leyendo ( ꈍᴗꈍ)

JackelB mil gracias por tus palabras y consejos...

Rinmy Taisho y Ana Mercedes aquí tienen chaparritas! calientito!

Tania gracias por tus palabras. tengo una duda, a qué te refieres con eso de "me gusta como se va desenvolviendo sin fijarse en elementos que no son necesarios"? a mí me pasó con la historia original, las encontré en el momento de mayor dificultad en mi vida, y me ayudaron a reencontrarme con la lectura. que bueno que harán lo mismo por ti.

Karenxita Malowyi ijoles y ahora que piensas, Sesshōmaru sigue siento tu caballero de blanca armadura? Inuyasha no tiene filtro ni educación ni nada xD que te parece su interacción con Kagome?

Caroaome claro! no dejaré este fic para nada! Desafortunadamente tengo que trabajar jajajaja, mentira amo mi trabajo pero hay responsabilidades... la idea es mínimo uno por semana.

Dany Torres jajaja por Sesshōmaru me dejó secuestrar mil veces...jajajaja

Setsuna-chan, si bien la historia original es sobre la mafia Italiana la verdad me puse a investigar bastante sobre la Yakuza, también sobre la geografía de Japón y sus atractivo, pues siempre han chocado las "adaptaciones" donde solo copian y pegan y nada más le cambian el nombre del prota y luego ni se parecen.


GLOSARIO

Existen clanes con nombres definidos, pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.

Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa

Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.

Clan pendiente: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.

Yakuza Mafia japonesa

Oyabun El Jefe de la Región

Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:

Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);

Saiko-komon Consultor principal

So-honbucho Jefe de sedes/municipio

Wakagashira Administra sedes divididas bandas; Shateigashira Jefe de la banda

Otras categorías son:

Shigiiin asuntos legales Kaikei contadores Komon negociadores

Kyodai hermanos mayores Shatei hermanos menores

Oji-san Miembros que se unen cuando son ancianos

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