»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ xᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« CINCO »»

PARTE I

La tarde antes del día de la boda, mi familia salió del Mandarin Oriental y se dirigió a la mansión Taisho en Miura. Era una enorme construcción inspirada en palacios japoneses, rodeada por poco más de una hectárea de jardines, madre había mencionado que era famosa por tener cientos de sakuras que florecían en primavera. El camino de entrada era largo y sinuoso, dando lugar a cuatro cocheras dobles y dos casas de huéspedes hasta finalizar en un estanque artificial que daba paso a la entrada de la mansión en un tono crema con techos de tejas verdes y vigas de madera oscura. Estatuas de piedra con forma de perro se situaban en la base de la escalera que conducía a la puerta principal; Myoga nos contó que el Inugami era el espíritu guardián de la familia Taisho.

En el interior, los pasillos decorados, columnas y pisos de bambú oscuro que contrastaban con la vista de la bahía y la larga piscina, que se veía desde las ventanas, me dejaron sin aliento. Los tíos de Sesshomaru, Takemaru y Tsubaki, nos llevaron hacia el segundo piso del ala izquierda, donde se encontraban nuestras habitaciones.

Kagome y yo insistimos en compartir habitación. No me importaba si nos hacía ver inmaduras. La necesitaba a mi lado. Desde la ventana podíamos ver cómo junto al templo, los trabajadores comenzaban a levantar el enorme pabellón que serviría mañana como iglesia. Más allá, el océano se agitaba. Sesshomaru no llegaría hasta el día siguiente, así no podríamos cruzarnos por accidente antes de la boda, lo que significaría mala suerte. Sinceramente no sé cómo podía tener más mala suerte de la que ya tenía.

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—¡Hoy es el día! —dijo madre con falsa alegría.

Me arrastré fuera de la cama. Kagome tiró de las mantas sobre su cabeza, murmurando algo acerca de ser demasiado temprano.

Madre suspiró.

—No puedo creer que compartieran habitación como niñas de cinco años.

—Alguien tenía que asegurarse que Sesshomaru no entrara —dijo Kagome por debajo de la manta.

—Myoga patrulló el corredor.

—Como si él protegiera a Rin de Sesshomaru —murmuró Kagome, sentándose finalmente. Su cabello era un desastre.

Madre frunció los labios.

—Tu hermana no necesita protección de su esposo.

Kagome resopló, pero madre la ignoró y me hizo entrar al baño.

—Tenemos que prepárate. La esteticista estará aquí en cualquier momento. Toma una ducha rápida.

A medida que el agua caliente se vertía sobre mí, la compresión se instaló. Esto era todo, el día que había estado temiendo durante tanto tiempo. Esta noche sería Rin Taisho, esposa del futuro Oyabun y ex-virgen. Me apoyé contra la cabina de la ducha. Deseé ser como otras novias. Deseé poder disfrutar de este día. Deseé no tener que esperar mi noche de bodas con temor, pero había aprendido hace mucho tiempo que desear no cambia nada.

Cuando salí de la ducha, sentí frío. Ni siquiera mi suave bata de baño pudo detener mi estremecimiento. Alguien llamó y Kagome entró con una taza y un plato en la mano.

—Ensalada de frutas y café. Al parecer no puedes comer panqueques porque podría hincharte. Qué rayos, como si se fuera notar con tanta tela.

Tomé el café, pero negué con la cabeza a la comida.

—No tengo hambre.

—No puedes ir todo el día sin comer o te desmayarás en algún momento. —Hizo una pausa—. Aunque, pensándolo bien, me encantaría ver la cara de Sesshomaru cuando lo hagas.

Tomé un sorbo de café y luego del tazón de Kagome saqué y comí unos trozos de plátano. Realmente no quería desmayarme. Padre se pondría furioso y Sesshomaru probablemente tampoco estaría muy feliz por ello.

—La esteticista ha llegado con su séquito. Podrías pensar que se necesitan tantas para embellecer a un ejército de mujeres.

Sonreí débilmente.

—No las hagamos esperar.

Su mirada preocupada me siguió a medida que entrabamos al dormitorio, donde Sango y mi madre estaban esperando junto con las tres esteticistas. Comenzaron su trabajo a la vez, depilando con cera mis piernas y axilas. Cuando pensé que la tortura había terminado, la esteticista preguntó:

—¿También la zona del bikini? ¿Sabe cómo la prefiere su esposo?

Mis mejillas explotaron con rubor. Madre en realidad me miró en espera de una respuesta. Como si supiera algo sobre Sesshomaru y sus preferencias, especialmente en lo referente al vello corporal.

—Tal vez podríamos llamar a una de sus putas —sugirió Kagome.

Madre jadeó.

—¡Kagome!

Sango parecía desorientada sobre toda la situación. Podría ser la reina del coqueteo, pero eso era todo.

—Voy a quitar todo excepto un pequeño triángulo, ¿de acuerdo? —dijo la esteticista con voz suave y asentí, dándole una sonrisa de agradecimiento.

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Nos tomó horas prepararnos. Cuando nuestro maquillaje estuvo listo y mi cabello quedó recogido en un elaborado peinado que más tarde sostendría el wataboshi y luego el velo, Tsubaki entró con el kimono que perteneció a la madre de Sesshomaru.

—Cuídalo, ha estado en la familia por años —expresó Tsubaki. La familia había insistido en ambas ceremonias, sintoísta y católica, para poder realizar una celebración grande, expresando que nuestras familias eran las más importantes de nuestros círculos, padre decía que Kanto estaba contaminado por occidente. Por lo menos la ceremonia sintoísta solo se llevaría a cabo con la familia directa y los representantes de cada prefectura.

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Mi madre y Tsubaki me envolvieron con cientos de telas antes de colocar el shiromuku y el wataboshi, el cual servía para que solo el novio viese mi rostro. Todo estaba delicadamente bordado en hilo de seda blanco en patrones florales que solo se podían apreciar al ver el kimono de cerca. Todo era blanco para resaltar que la novia era pura, como si necesitara otro recordatorio de esta noche. Sentía que ya no podía respirar, pero sabía que solo eran mis nervios antes de la ceremonia. Mis hermanas lucían hermosas con kimonos de patrones a juego, mientras que el de Sango era en tonos rosas y corales, el kimono de Kagome tenía diversas tonalidades de verde.

—Te ves hermosa —dijo Sango. —Mira, tiene hilitos dorados. —mientras tomaba mis mangas. No me había percatado de ellos

—Son hilo de oro. Este es el Kimono que usa siempre la primera esposa del Oyabun o su primer hijo. Salvo algunas excepciones como la señora Izayoi.

—Entiendo que ella es la madre de Inuyasha —Expresó mi madre.

—Es correcto. Nos vemos en el templo —comentó Tsubaki. Parecía que no quería hablar del tema.

—Yo iré por tu padre —dijo mi madre, mientras abandonaba la habitación.

La conversación y la risa del resto de los invitados reunidos se elevaban desde los jardines a través de la ventana abierta en la habitación. De vez en cuando se oía un ruido metálico.

—¿Qué es ese ruido? —pregunté, tratando de distraerme. Kagome caminó hasta la ventana y se asomó.

—Los hombres están sacando sus armas y poniéndolas en cajas de plástico.

—¿Cuántas?

Kagome arqueó una ceja.

—¿Cuántas armas coloca cada hombre?

—Una. —Ella frunció el ceño, entonces cayó en cuenta y asentí con gravedad—. Solo un tonto saldría de casa con menos de dos armas de fuego.

—Entonces, ¿por qué el espectáculo?

—Es simbólico —dije. Al igual que esta horrible boda.

—Pero si todos quieren paz, ¿por qué no asistir desarmados? Es una boda, después de todo.

—Ha habido bodas rojas antes. Vi fotos de una boda donde no se podía decir el color del vestido de la novia. Estaba empapado en sangre.

Sango se estremeció.

—Eso no va a suceder hoy, ¿verdad?

Cualquier cosa era posible.

—No, Yamanashi y Tokio se necesitan demasiado entre sí. No pueden correr el riesgo de derramar sangre mientras la Bratva y los Taiwaneses representen una amenaza.

Kagome bufó.

—Oh genial, eso es reconfortante.

—Lo es —dije firmemente—. Al menos sabemos que nadie va a venir a hacer daño hoy. —Mi estómago se retorció en un nudo. Excepto por mí, tal vez. Probablemente.

Kagome envolvió sus brazos alrededor de mí por detrás y descansó la barbilla en mi hombro desnudo.

—Todavía podemos huir. Podríamos quitarte el kimono y salir a hurtadillas. Están todos ocupados. Nadie se daría cuenta.

Sango asintió vigorosamente y se levantó de donde estaba encaramada en la cama.

Sesshomaru se daría cuenta. Forcé una sonrisa valiente.

—No. Es demasiado tarde.

—No lo es —siseó Kagome—. No te rindas.

—Habrá sangre en mis manos si rompo el acuerdo. Se matarían entre sí en retribución.

—Todos tienen sangre en sus manos. Cada puta persona en el jardín.

—No digas groserías.

—¿En serio? Una dama no maldice. —Kagome imitó la voz de nuestro padre al decirlo—. ¿Desde cuándo te comportas como una jovencita obediente?

Aparté la vista. Ella tenía razón. Eso me había llevado directamente a los brazos de uno de los hombres más letales en el país.

—Lo siento —susurró Kagome—. No lo dije en serio.

Entrelacé nuestros dedos.

—Lo sé. Y tienes razón. La mayoría de las personas en el jardín tienen sangre en sus manos y merecen morir, pero son nuestra familia, lo único que tenemos. Y hay inocentes como Kohaku.

—Kohaku tendrá sangre en sus manos muy pronto —dijo Kagome con amargura—. Se convertirá en un asesino.

No podía negarlo. Kohaku comenzaría su proceso de iniciación a los doce. Si lo que Myoga había dicho era cierto, Sesshomaru había matado a su primer hombre a los once.

—Pero ahora es inocente, y por ahí hay otros niños y mujeres así.

Kagome me inmovilizó con una dura mirada en el espejo.

—¿De verdad crees que alguno de nosotros es inocente?

Haber nacido en nuestro mundo significaba haber nacido con sangre en las manos. Con cada respiración que tomábamos, el pecado era grabado profundamente en nuestra piel. Nacido en sangre. Jurado en sangre, como el lema de la Yakuza en Tokio.

—No.

Alguien llamó y traté de poner una expresión plácida. Era mi padre junto a Kohaku en sus respectivos kimonos.

—Kagome déjame hablar a solas con tu hermana. —Por su puesto mi hermana no se movió.

—¡Ahora! —Al fin ella se alejó, pero antes de salir me vio con preocupación. Negué con mi cabeza para que se fuera pronto. Kagome asintió y giró los ojos a padre sin que lo notara, definitivamente no sería buena idea provocarlo.

—Te ves hermosa.

—Gracias.

—Rin esta ceremonia es muy importante. Todos nuestros subordinados y los de Kanto estarán pendientes de cualquier debilidad. Debes mostrar fortaleza.

—Lo haré —respondí, aunque por dentro sentía miedo.

Mi padre me guio hacia la salida de la habitación en dirección al templo de la mansión. Cuando llegamos a la salida este me di cuenta que Sesshomaru se encontraba al inicio de las escaleras de la entrada. Su largo cabello blanco se encontraba recogido en una sencilla coleta baja, su kimono en vez de ser el tradicional montsuki negro era de color blanco mientras que la parte inferior era de franjas grises y blancas. Sesshomaru se percató de nuestra presencia, pues empezó a girar. Decidí que lo mejor era bajar mi rostro y permitir que el wataboshi ocultara mis emociones.

—Extraña elección —dijo padre refiriéndose a su kimono.

—Fue de mi padre, y el que lleva Rin de mi madre. Kanto vive por sus tradiciones. —Como la repugnante sabanas sangrientas, pensé.

Sesshomaru se acercó a mi y yo me estremecí. Pero me di cuenta que había me acercado algo, eran el abanico, la daga y los demás accesorios de la novia.

—Estos también fueron de mi madre. La daga debes ocultarla en tu kimono. —Tomé las cosas y las puse en el bolsillo interior del kimono. Cuando lo hice mis dedos rozaron brevemente los suyos y temblé. Afortunadamente no podía ver su cara.

Sesshomaru y yo transitamos por el camino de piedra hasta el templo, una asistente me cubría de los rayos del sol con una sencilla sombrilla. Nuestras familias caminaban detrás de cada uno haciendo una escolta. Mi corazón estaba errático, sabía que no podía estropearlo. Afortunadamente en esa ceremonia Sesshomaru y yo no debíamos tocarnos en ninguna ocasión.

Iniciamos con las tradicionales fotos con cada miembro de nuestras familias, mis padres y los tíos de Sesshomaru, mis padres y hermanas, con Inuyasha y para finalizar toda la familia. Traté de poner la mejor expresión en mi rostro imaginándome que solo era unas fotos con mis hermanas recordando los tiempos felices que tuvimos.

En una boda sintoísta convencional, antes de la ceremonia se presenta a cada miembro de la familia de los novios. Sin embargo, en el mundo de la yakuza y por ser la hija del saiko-komon y Sesshomaru el futuro Oyabun, se haría con cada Kumicho de las diferentes prefecturas.

Todos habíamos pasado a una sala lateral al templo. Sesshomaru y yo nos habíamos sentado hasta el frente y de cada lado se fueron acomodando los kumichos, viéndose frente a frente. Cada uno al escuchar su nombre tenía que levantarse y hacer una reverencia completa a excepción de los novios, debido a que eran los anfitriones de la celebración, solo haríamos una reverencia pequeña. El ambiente estaba tenso. Padre me presentó y posteriormente dio la introducción al Oyabun, Homonsha, quién se limitó a decir cada nombre y cada prefectura que gobernaban.

Cuando tocó el turno Takemaru, vi brevemente a cada miembro de Kanto conforme los fueron nombrando, para familiarizarme con sus rostros. Sin embargo, sentí le penetrante mirada de Sesshomaru y no pude evitar mirarlo de soslayo, sus ojos eran calculadores. No pude evitar bajar nuevamente mi rostro por el miedo. Cuando terminó su tío nos pidieron que nos dirigiéramos el templo. Nos levantamos he hicimos una reverencia completa como una forma de respeto, aunque este fuera falso, como todo este espectáculo.

Fuimos escoltados nuevamente por nuestras familias, hasta la entrada del templo. Sesshomaru y yo nos quedamos en la entrada mientras todos ingresaron para acomodarse en sus lugares. La música tradicional sonaba al ritmo de mokugyo y el koto para darle la bienvenida a los novios.

— Vamos —comentó Sesshomaru y nos encaminamos al templo.

Al llegar a nuestros lugares al centro, el sacerdote dio inicio con las oraciones. Todos los Kumichos y nuestras familias estaban acomodados para presenciar la ceremonia y frente a ellos se encontraban las velas y las copas en donde brindarían después por nuestra unión.

Me sentía abrumada por todo el espectáculo. No fui consciente de las palabras del sacerdote hasta que toco la ceremonia del sake, san-san kudo. Estaba muy nerviosa, las manos me sudaban y temblaban. Por parte de una miko del templo recibí una copa para el sake donde Sesshomaru me debía servir. Este representaba nuestra promesa de unión, lo que el esposo provee, así como lo que la esposa atenderá a su esposo y sobre todo para la buena fortuna de esta unión. Un milagro era lo que necesitaba para salvarme.

Sesshōmaru leyó unas plegarias y después me tocó a mí sobre nuestros compromisos maritales. Todo era falso, la unión, la tregua, la paz.

Mientras la sacerdotisa inició unas plegarias para la buena fortuna de este matrimonio. Nosotros nos encaminamos a encender las velas de nuestros invitados, así como otras mikos les servían sake para brindar por la unión.

Cuando la ceremonia terminó y me dirigía a mi habitación, miré de soslayo a Sesshomaru quien seguía platicando con algunos invitados solo para darme cuenta de que su mirada estaba enfocada en mí. Me estremecí, pero traté de ignorarlo regresando mi vista a mi camino.

La boda sintoísta había pasado en un abrir y cerrar de ojos. El wataboshi había ayudado a mantenerme oculta de todos, pero sabía que la boda religiosa y la posterior recepción iba a ser todo un espectáculo con cientos de invitados.

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De regreso a la habitación retocaron mi maquillaje y peinado. Cuando terminaron mis tías Momji y Botan entraron con mi vestido de novia y los vestidos de dama de honor de Sango y Kagome. Faltaba media hora para la misa.

Al terminar de arreglarme observé mi reflejo. El vestido para la ceremonia era precioso; la cola se desplegaba a mi espalda, el bordado de platino brillaba donde la luz del sol lo golpeaba, y la cima de la cintura estaba acentuada por una cinta de satén blanco.

—Me encanta el corte corazón. Te da un escote impresionante —dijo tía Momji. Ella era la madre de Midoriko.

—Sesshomaru seguramente lo apreciará —comentó tía Botan.

Algo en mi rostro debe haberle dicho a mi madre que estaba a punto de tener un ataque de nervios, así que apresuró a mis tías para que salgan.

—Dejemos que las chicas tengan un momento.

Kagome apareció a mi lado. Su piel contrastaba maravillosamente con el vestido color menta. Abrió la caja con el collar. Diamantes y perlas rodeados por intrincados hilos de oro blanco.

—Sesshomaru no escatima en costes, ¿verdad? Este collar y tu diadema probablemente cuestan más de lo que la mayoría de la gente paga por su casa.

Kagome sonrió sombríamente. Sango se acercó a la cama y levantó mi velo unido a la diadema. Doblé las rodillas para que así pudiera fijarlo en lo alto de mi cabeza. Ella lo alisó suavemente hacia afuera.

—Desearía que te estuvieras casando por amor. Desearía que pudiéramos reír sobre tu noche de bodas. Desearía que no lucieras tan jodidamente triste —dijo Kagome con fiereza.

El silencio entre nosotras se extendió. Sango eventualmente asintió hacia la cama.

—¿Aquí es donde dormirás esta noche?

Mi garganta se tensó.

—No, Sesshomaru y yo pasaremos la noche en el dormitorio principal. —No creía que consiguiera mucho, si es que algo, de descanso.

Alguien llamó y cuadré los hombros, poniendo mi expresión serena. Tamano y Midoriko entraron, seguidas por madre.

—Wow Rin, estás hermosa. Tu cabello se ve como hilado —dijo Midoriko. Ella ya llevaba su vestido de dama de honor y el color menta se veía precioso con su cabello oscuro. Técnicamente, solo a las mujeres solteras se les permitía ser damas de honor, pero mi tío había insistido en que hiciéramos una excepción con Midoriko. Él estaba realmente interesado en encontrar un nuevo esposo para llevaba un vestido granate que llegaba hasta el suelo con mangas largas a pesar del calor de verano. Probablemente estaba destinado a ocultar cuán delgada se había puesto.

Forcé una sonrisa. Madre tomó el brazo de Sango.

—Vamos, Sango, tus primas necesitan hablar con tu hermana. —Condujo a Sango fuera de la habitación y luego miró hacia atrás, hacia Kagome quien estaba sentada con las piernas cruzadas sobre el sofá.

—¿Kagome?

Kagome la ignoró.

—Me voy a quedar. No dejaré a Rin sola.

Madre sabía que era mejor no discutir con mi hermana cuando estaba de mal humor, así que cerró la puerta.

—¿De qué se supone que hablarán conmigo?

—De tu noche de bodas —dijo Midoriko con una sonrisa de disculpa.

Tamano hizo una mueca, lo cual me recordó lo joven que era. Solo veintidós años. Se había puesto delgada. No podía creer que hubieran elegido enviar a estas dos para hablar conmigo sobre mi noche de bodas. El rostro de Tamano hablaba de su infelicidad. Desde su boda con un hombre casi treinta años mayor que ella, se había estado desvaneciendo. ¿Eso estaba destinado a calmar mis miedos? Y Midoriko había perdido a su esposo hace seis meses en un altercado con los rusos. ¿Cómo podían esperar que hable de felicidad conyugal?

Alisé mi vestido con nerviosismo.

Kagome negó con la cabeza.

—¿Quién las envió de todos modos? ¿Sesshomaru?

—Tu madre —dijo Tamano—. Quiere asegurarse que sepas lo que se espera de ti.

—¿Lo que se espera de ella? —siseó Kagome—. ¿Qué hay con lo que Rin quiere?

—Es lo que es —dijo Tamano con amargura—. Esta noche Sesshomaru esperará reclamar sus derechos. Al menos él es guapo y joven.

La lástima por ella se despertó en mí, pero al mismo tiempo mi propia ansiedad hizo difícil consolarla. Tenía razón. Sesshomaru era apuesto. No podía negarlo, pero eso no cambiaba el hecho de que estaba aterrada por tener intimidad con él. No me parecía un hombre que fuera gentil en la cama. Mi estómago se sacudió de nuevo.

Midoriko se aclaró la garganta.

—Sesshomaru sabrá qué hacer.

—Tú simplemente acuéstate boca arriba y dale lo que quiere —añadió Tamano—. No trates de luchar contra él; eso solo lo empeorará.

Todas la observamos y ella apartó la mirada.

Midoriko tocó mi hombro.

—No estamos haciendo un buen trabajo consolándote. Lo siento. Estoy segura que estará bien.

Kagome resopló.

—Tal vez madre debería haber invitado a una de las mujeres que Sesshomarus se ha follado a la boda. Ellas podrían haberte dicho qué esperar.

—Sara está aquí —dijo Tamano, luego se puso roja, y tartamudeó—: Quiero decir, eso es solo un rumor. Yo… —Miró hacia Midoriko en busca de ayuda.

—¿Una de las viejas novias de Sesshomaru está aquí? —susurré.

Tamano se estremeció.

—Pensé que sabías. Y en realidad no era su novia, era más como un juguete. Sesshomaru ha estado con muchas mujeres.

Cerró la boca de golpe. Estaba luchando por mantener el control. No podía dejar que la gente viera lo débil que era. ¿Por qué incluso me importaba si la puta de Sesshomaru estaba en la boda?

—Está bien —dijo Kagome poniéndose de pie—. ¿Quién carajo es Sara y por qué mierda está invitada a esta boda?

—Sara Asano. Es la hija de un Ministro de Tokio que está en la nómina de la mafia —explicó Midoriko—. Tenían que invitar a su familia.

Las lágrimas nublaron mi visión y Kagome se apresuró hacia mí.

—Oh, no llores Rin. No vale la pena. Sesshomaru es un idiota. Ya sabías eso. No puedes dejar que sus acciones lleguen hasta ti.

Midoriko me entregó un pañuelo.

—Vas a arruinar tu maquillaje.

Parpadeé un par de veces hasta que tuve control de mis emociones.

—Lo siento. Solo estoy un poco emocional.

—Creo que es mejor si se marchan ahora —dijo Kagome bruscamente, ni siquiera mirando a Tamano y a Midoriko. Hubo crujidos y después la puerta se abrió y se cerró. Kagome envolvió sus brazos alrededor de mí—. Si él te hace daño, lo mataré. Lo juro. Tomaré una de esas malditas armas y pondré un agujero en su cabeza.

Me apoyé contra ella.

—Sobrevivió a la Bratva y a la Tríada, y es el boxeador más temido en la familia de Tokio, Kagome. Él te mataría primero.

Kagome se encogió de hombros.

—Lo haría por ti.

Me aparté.

—Aún eres mi hermana menor. Yo debería protegerte.

—Nos protegeremos la una a la otra —susurró—. Nuestro vínculo es más fuerte que sus estúpidos juramentos y sus votos de sangre.

—No quiero dejarte. Odio que tenga que mudarme a Tokio.

Kagome tragó fuerte.

—Te visitaré a menudo. Padre estará feliz de librarse de mí.

Hubo un golpe y madre entró.

—Es hora. —Escaneó nuestros rostros pero no hizo ningún comentario. Kagome dio un paso atrás, sus ojos ardiendo en los míos. Luego se dio la vuelta y salió. Los ojos de madre se enfocaron en el liguero de encaje blanco sobre mi tocador—. ¿Necesitas ayuda para ponértelo?

Negué con la cabeza y lo deslicé hasta arriba hasta que llegó a descansar sobre la parte superior de mi muslo. Más tarde esta noche Sesshomaru lo quitaría con su boca y lo lanzaría hacia el grupo de solteros reunidos. Alisé mi vestido de novia.

—Vamos —dijo madre—. Todos están esperando.

Me entregó mi ramo de flores, un hermoso arreglo de rosas blancas, rosas nácar y ranúnculos rosas. Caminamos en silencio a través de la casa vacía, mis tacones resonando sobre los pisos de bambú. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras atravesábamos shoji hacia la terraza con vistas al patio trasero y a la playa. La parte del frente del jardín estaba ocupada por el enorme pabellón blanco donde se llevaría a cabo la ceremonia de la boda. Pero detrás del pabellón docenas de mesas habían sido colocadas para la fiesta posterior. Me llegaban voces desde el interior del pabellón donde el resto de los invitados estaban esperando mi llegada. Un camino de pétalos de rosas rojas conducía desde la terraza hasta la entrada del pabellón. Seguí a madre dentro del pequeño espacio entre la parte exterior y la parte principal del pabellón. Padre estaba esperando y se enderezó cuando entramos. Madre le dio un breve asentimiento antes de entrar a la capilla improvisada. Su sonrisa lucía seria cuando me ofreció su brazo.

—Te ves hermosa —dijo en voz baja—. Sesshomaru no sabrá lo que le golpeó.

Agaché la cabeza.

—Gracias, de nuevo padre.

—Se una buena esposa, Rin. Sesshomaru es poderoso y una vez que tome el lugar de su padre, su palabra será ley. Haz que me sienta orgulloso, haz que la Región Chubu se sienta orgullosa.

Asentí, mi garganta demasiado apretada para las palabras. La música empezó a sonar: un cuarteto de cuerdas y un piano. Padre bajó mi velo. Me alegré de seguir teniendo una capa extra de protección, sin importar cuán delgada sea, seguiría ocultando mi expresión desde lejos.

Padre me llevó hacia la entrada y dio una orden en voz baja. La tela se separó, revelando el largo pasillo y muchos cientos de invitados a cada lado de este. Mis ojos fueron atraídos hacia el final del pasillo donde Sesshomaru estaba de pie. Alto e imponente en su traje y chaleco de color marfil con un lazo plateado y camisa blanca, seguía conservando el mismo peinado. Sus padrinos estaban vestidos con un chaleco y pantalones de vestir de un gris claro, y no llevaban chaqueta, así como corbatín en lugar de una corbata. Kohaku era uno de ellos, con solo ocho, mucho más pequeño que los demás hombres.

Mi padre me empujó a lo largo del pasillo y mis piernas parecieron llevarme por propia voluntad a medida que mi cuerpo se sacudía con nervios. Traté de no mirar a Sesshomaru, en su lugar observé a Kagome y a Sango por el rabillo de mi ojo. Ellas eran las dos primeras damas de honor y verlas me dio la fuerza suficiente para mantener la cabeza en alto y no salir corriendo.

Pétalos de rosas blancas cubrían mi camino y quedaban aplastadas debajo de mis pies. Eso era un poco simbólico en sí mismo, aunque estaba segura que no estaba destinado a serlo.

La caminata nos llevó siglos y aun así terminó demasiado pronto. Sesshomaru extendió su mano, con la palma hacia arriba. Mi padre tomó las esquinas de mi velo y lo levantó, luego depositó mi mano sobre la de Sesshomaru, cuyos ojos dorados parecieron arder con una emoción que no pude entender. ¿Podía sentir mi temblor? No me encontré con su mirada.

El sacerdote nos recibió en su blanca toga, luego los invitados, antes de que comenzará su oración de apertura. Traté de no desmayarme. El apretón de Sesshomaru era la única cosa que me mantenía centrada. Tenía que ser fuerte. Cuando el sacerdote finalmente llegó a las líneas finales del evangelio, mis piernas apenas eran capaces de soportarme. Anunció el rito de matrimonio y todos los invitados se levantaron de sus sillas.

—Sesshomaru y Rin —nos llamó el padre—. ¿Han venido aquí libremente y sin reservas para entregarse el uno al otro en matrimonio? ¿Amarán y honrarán al otro como hombre y mujer por el resto de sus vidas?

Mentir era un pecado, pero también lo era matar. Y este salón exudaba pecado.

—Sí —dijo Sesshomaru con su voz profunda y un momento más tarde mi propio "sí" le siguió. Salió firme.

—Ya que es su intención contraer matrimonio, unan sus manos derechas y declaren su consentimiento ante Dios y la Iglesia.

Sesshomaru apretó mis manos. Las suyas estaban calientes contra mi fría piel. Nos enfrentamos el uno al otro y no tuve más remedio que mirarlo a los ojos.

—Yo, Sesshomaru Taisho, te tomo a ti Rin Higurashi, como mi esposa. Prometo ser fiel en las buenas y en las malas, en la enfermedad y en la salud. Te amaré y te honoraré todos los días de mi vida. —Qué dulces sonaban las mentiras en su boca.

Recité las esperadas palabras y el sacerdote bendijo nuestros anillos. Mis latidos iban tan rápidos como aleteos de colibrí. Sesshomaru tomó mi anillo del cojín rojo. Mis dedos temblaban como hojas al viento a medida que los levantaba, su mano fue fuerte, firme y estable cuando tomó la mía.

—Rin, acepta este anillo como un signo de mi amor y fidelidad. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Deslizó el anillo en mi dedo. De oro blanco con veinte pequeños diamantes.

Lo que tiene intención de ser un signo de amor y devoción para otras parejas no era más que un testimonio de su propiedad sobre mí. Un recordatorio diario de la jaula de oro en la que estaría atrapada el resto de mi vida. Hasta que la muerte nos separe no era una promesa vacía como sucede con tantas otras parejas que entraban al sagrado vínculo del matrimonio. No había manera de salir de esta unión para mí. Era de Sesshomaru hasta el amargo final. Las últimas palabras del juramento que los hombres hacían cuando iniciaban en la mafia podrían muy bien haber sido el cierre de mi voto matrimonial: Entro con vida y tendré que salir muerta.

Era mi turno para decir las palabras y deslizar el anillo en el dedo de Sesshomaru. Por un momento, no estuve segura si podía lograrlo. El temor sacudiendo mi cuerpo era tan fuerte que Sesshomaru tuvo que tomar mi mano y ayudarme. Esperé que nadie lo hubiera notado, pero los usuales ojos afilados de Inuyasha descansaban en mis dedos. Él y Sesshomaru eran cercanos; probablemente se reirían de mi miedo por largo tiempo.

Debería haber corrido cuando aún tenía la oportunidad. Ahora, con los cientos de rostros de las familias de Yamanashi y Tokio observando detrás de nosotros, huir ya no era una opción. Tampoco el divorcio. La muerte era el único final aceptable para un matrimonio en nuestro mundo. Incluso si me las arreglaba para escapar de los ojos vigilantes de Sesshomaru así como de sus secuaces, la violación a nuestro acuerdo significaría la guerra. Nada de lo que mi padre pudiera decir impediría a la familia de Sesshomaru ejercer venganza por hacerles quedar en ridículo.

Mis sentimientos no importaban, nunca lo hicieron. Había estado creciendo en un mundo donde no se conceden opciones, especialmente a las mujeres.

Esta boda no iba del amor, la confianza o la elección. Iba sobre el deber y el honor, de hacer lo que se espera.

Un vínculo para asegurar la paz.

No era idiota. Sabía de qué otra cosa se trataba todo esto: dinero y poder. Ambos estaban disminuyendo desde que la Mafia Rusa "la Bratva", la Tríada Taiwanesa, y otras organizaciones del crimen habían estado tratando de ampliar su influencia en nuestros territorios. Todas las familias ancestrales de Japón necesitaban dejar a un lado sus luchas internas y trabajar juntas para vencer a sus enemigos. Debería estar honrada de casarme con el hijo mayor de la familia de Tokio. Eso es lo que mi padre y cada otro pariente masculino habían intentado decirme desde mi compromiso con Sesshomaru. Lo sabía, y no era como si no hubiera tenido tiempo para prepararme para este momento exacto y, sin embargo, el miedo atenaza mi cuerpo encorsetado en un agarre implacable.

—Puede besar a la novia —dijo el sacerdote.

Levanté la cabeza. Cada par de ojos en el pabellón me escudriñó, esperando un destello de debilidad. Padre se pondría furioso si dejaba que mi terror se mostrara en mi expresión y la familia de Sesshomaru lo utilizaría contra nosotros.

Pero había crecido en un mundo donde una máscara perfecta era la única protección que tenían las mujeres y no tuve problemas para adoptar una expresión plácida. Nadie sabría lo mucho que quería escapar. Nadie más que Sesshomaru. No podía esconderme de él, sin importar cuánto lo intentara. Mi cuerpo no paraba de temblar. A medida que mi mirada se encontraba con los ojos dorados y fríos de Sesshomaru, me di cuenta que lo sabía. ¿Con qué frecuencia había infundido miedo en los demás? Reconocerlo era probablemente una segunda naturaleza para él.

Se inclinó para cubrir los veinticinco centímetros que se elevaba por encima de mí. Sin ninguna señal de duda, miedo o vacilación en su rostro. Mis labios temblaron contra su boca a medida que sus ojos se clavaban en los míos. Su mensaje era claro: Eres mía.

No exactamente. Pero lo sería esta noche. Un estremecimiento me recorrió y los ojos de Sesshomaru se estrecharon brevemente antes de que los rasgos de su rostro se volvieran en una apretada sonrisa a medida que encarábamos a los invitados aplaudiendo. Él podía cambiar su expresión en un segundo. Tendría que aprender a hacerlo si quería una oportunidad en este matrimonio.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Ya estoy en WATTPAD Usuario AddyOrtiz6 Historia 304456020

Todos los nombres son tomados de Inuyasha o Hanyo no Yashahime

La escena de la boda sintoista no es parte de la obra original… espero haya quedado bien, que no haya sido excesivo. Pensé que como conocemos poco de ellas era mejor describirla a profundidad. Creanme que esta adaptación le estoy tratando de meter empeño que no solo quede en copia y pega, no saben como me choca que queden incoherentes o no haya relación con el personaje. Por eso demoré tanto en subir este capítulo. Muchas gracias a Yazzi León por los consejos.

Hace unos días cerró la página de Fanfic(.)es ya me andaban espantando que era esta. Seria un mega crimen. Es una lastima porque siempre hay historias buenas en todos lados.

El tema de las sábanas es repugante, y sí aún se siguen empleando en ciertas culturas o regiones. Ya ni que decir de la ablación femenina. Veremos que sucede…

No olviden reviews aunque sean pequeños para saber que siguen leyendo ( ꈍᴗꈍ)

GLOSARIO

Shiromuku Kimono nupcial tradicional japonés, antiguamente solo usado por la nobleza. Literalmente significa "blanco puro" o "todo blanco", se le da el mismo significado que todo el mundo, el blanco significa la pureza de la novia. Es un kimono más largo de lo normal con un relleno del algodón abajo para una caída uniforme, el algodón representa lo suave que debe ser la mujer con su esposo. Lleva un velo llamado wataboshi del cual hay varios significados, protegerse de los demonios, que los demonios de la mujer no salgan o no celar a la suegra. Lleva otros accesorios como un abanico de oro o plata (sensu), una daga (futokoragatana) y una caja (hanokeseko) con un espejo y un peine dentro.

Montsuki Kimono formal que utilizan los hombres en la boda. Los hombres mayores sin importar su estado civil siempre lo utilizan para celebraciones importantes.

Existen clanes con nombres definidos, pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.

Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa

Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.

Clan pendiente: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.

Yakuza Mafia japonesa

Oyabun El Jefe de la Región

Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:

Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);

Saiko-komon Consultor principal

So-honbucho Jefe de sedes/municipio

Wakagashira Administra sedes divididas bandas; Shateigashira Jefe de la banda

Otras categorías son:

Shigiiin asuntos legales Kaikei contadores Komon negociadores

Kyodai hermanos mayores Shatei hermanos menores

Oji-san Miembros que se unen cuando son ancianos