»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ xᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« CINCO »»

PARTE II

Sesshomaru y yo caminamos más allá del pasillo, los invitados aplaudiendo, y dejamos el pabellón. Fuera, docenas de camareros esperaban con copas de champagne y pequeños platos de bocadillos. Era nuestro turno de aceptar las bendiciones de cada invitado antes de poder dirigirnos a las mesas y sentarnos para la cena. Sesshomaru tomó dos copas de champagne y me ofreció una.

Luego apretó mi mano otra vez y no pareció tener alguna intención de soltarla en ningún momento. Se inclinó, sus labios rozando mi oreja y susurró:

—Sonríe. Eres una novia feliz, ¿recuerdas?

Me puse rígida pero forcé la más brillante sonrisa en mi cara mientras los primeros invitados se apilaban fuera del pabellón y se alineaban para hablar con nosotros.

Mis piernas comenzaron a doler cuando ya habíamos pasado la mitad de nuestros invitados. Las palabras dichas a nosotros eran siempre las mismas. Elogios para mí y mi belleza, y felicitaciones a Sesshomaru por tener una esposa tan hermosa, como si eso fuera todo un logro, siempre seguidos por insinuaciones no tan ocultas sobre la noche de bodas. No estaba segura si mi cara permaneció alegre en todo el transcurso. Aunque Sesshomaru se mantuvo observándome como si quisiera asegurarse que seguía manteniendo la farsa.

Tamano y su esposo fueron los siguientes. Él era grande, gordo y con una mirada espeluznante. Cuando besó mi mano me obligué a no estremecerme. Después de unas pocas palabras de felicitación obligatorias, Tamano agarró mis brazos y me acercó a su cuerpo para susurrarme al oído:

—Hazlo ser bueno contigo. Hazlo amarte si puedes. Es la única manera de pasar por esto.

Después se alejó y su esposo envolvió su mano alrededor de su cintura, con una carnosa mano posándose en su cadera, y luego se fueron.

—¿Qué te dijo? —preguntó Sesshomaru.

—Nada —dije rápidamente, contenta por los siguientes buenos deseos que evitaron que Sesshomaru me pregunte más cosas. Asentí y sonreí, pero mi mente zumbó alrededor de lo que Tamano me había dicho. No estaba segura si alguien podía hacer que Sesshomaru hiciera algo que no quiera. ¿Podía hacerlo querer ser bueno conmigo? ¿Podía hacerlo querer amarme? ¿Era incluso capaz de sentir tal emoción?

Arriesgué una mirada a él mientras hablaba con un soldado del grupo de Tokio. Estaba sonriendo. Sintiendo mis ojos sobre él, se volvió y por un momento nuestras miradas se encontraron. Había la más oscura y ardiente posesividad en sus ojos y enviaron un estremecimiento de miedo a través de mi cuerpo. Dudé que hubiera un parpadeo de gentileza o amor en su negro corazón.

—Felicidades, Sesshomaru —dijo una fuerte voz femenina. Sesshomaru y yo nos volteamos y algo en su comportamiento cambió ligeramente.

—Sara —dijo Sesshomaru con un asentimiento.

Mis ojos se detuvieron sobre la mujer, incluso cuando su padre el Ministro Asano comenzó a hablar conmigo. Era hermosa de una manera artificial con una nariz demasiado estrecha, ojos demasiado grandes, labios rellenos y un escote que hacía que mi moderado pecho parezca un juego de niños. No creí que algo de eso fuera natural. O quizá mis celos estaban hablando. Alejé el pensamiento tan rápido como había llegado.

Con una mirada en mi dirección, ella se inclinó y le dijo algo a Sesshomaru. Su cara permaneció en una máscara pasiva. Finalmente, se volvió a mí y me abrazó. Me tuve que forzar a no ponerme rígida.

—Debería advertirte. Sesshomaru es una bestia en la cama, también está equipado como tal. Te dolerá cuando te tome y no le importará. No le importa nada sobre ti o tus ridículas emociones. Te follará como un animal. Te follará como un maldito salvaje —murmuró, luego dio un paso atrás y siguió a sus padres.

Pude sentir el color drenándose en mi cara. Sesshomaru tomó mi mano y me estremecí, pero la apretó de todas maneras. Me concentré en mí y lo ignoré. No podía mirarlo ahora, no después de lo que esa mujer había dicho. No importaba si era necesario invitarla a ella y a sus padres. Sesshomaru debería haberlos mantenidos lejos.

Podía notar que se frustraba con mi continúa negativa a encontrarme con su mirada a medida que hablábamos con los últimos invitados. Cuando caminamos hacia las mesas que habían sido establecidas bajo el techo de guirnaldas unidas a las vigas de madera, dijo:

—No puedes ignorarme para siempre, Rin. Ahora estamos casados.

Ignoré eso también. Estaba aferrándome a mi compostura con desesperado abandono y aun así la sentía deslizarse a través de mis dedos como arena. No podía, no rompería a llorar en mi propia boda, sobre todo porque nadie las confundiría con lágrimas de felicidad.

Antes de que pudiéramos tomar nuestros asientos, un coro de "beso, beso" estalló entre nuestros invitados. Había olvidado esa tradición. Cada vez que los invitados gritaran las palabras tendríamos que besarnos hasta que estuvieran satisfechos. Sesshomaru me atrajo contra su pecho duro como una piedra y presionó otro beso contra mis labios. Traté en vano de no estar tan rígida como una muñeca de porcelana, sin ningún resultado. Sesshomaru me soltó y, finalmente, se nos permitió sentarnos.

Kagome se sentó a mi lado, luego se inclinó para susurrarme al oído:

—Me alegra que no empujara su lengua hasta tu garganta. No creo que pudiera tragar algún alimento si tuviera que ser testigo de eso.

También me alegró. Ya estaba lo suficientemente tensa. Si Sesshomaru realmente trataba de profundizar un beso frente a cientos de invitados, podría perder por completo la compostura.

Inuyasha se sentó junto a Sesshomaru y le dijo algo que hizo que ambos se rieran. Ni siquiera quiero saber qué clase de broma obscena podría haber sido. El resto de los asientos en la mesa pertenecían a mis padres, Kohaku y Sango, al tío de Sesshomaru y su esposa, así como a Mayonaka, su esposa y su hijo Kirinmaru. Sabía que debería estar hambrienta. Lo único que había comido en todo el día eran los pocos trozos de plátano por la mañana, pero mi estómago parecía contento de vivir solo de miedo.

Inuyasha se levantó de su silla después que todo el mundo se hubo acomodado y golpeó su cuchillo contra la copa de champaña para silenciar a la multitud. Con una inclinación de cabeza hacia Sesshomaru y a mí, comenzó su brindis.

—Damas y caballeros, viejos y nuevos amigos, hemos venido aquí hoy para celebrar la boda de mi hermano Sesshomaru y su impresionante y hermosa esposa Rin…

Kagome alcanzó mi mano debajo de la mesa. Odiaba tener la atención de todos sobre mí, pero fingí una sonrisa brillante. Inuyasha pronto hizo varios chistes inapropiados que tuvieron a casi todo el mundo bramando e incluso Sesshomaru se inclinó hacia atrás en su silla con una sonrisa engreída, que parecía ser la única clase de sonrisa que se permitía la mayor parte del tiempo. Después de Inuyasha, fue el turno de mi padre; alabó la gran colaboración de la mafia de Tokio y la región de Yamanashi, haciendo que sonara como si esto fuera una fusión de negocios y no una fiesta de bodas. Por supuesto también dio algunas indirectas que era el deber de una esposa obedecer y agradar a su marido.

Kagome agarró mi mano con tanta fuerza que para entonces estaba preocupada que se cayera. Por fin, fue el turno del tío de Sesshomaru para brindar por nosotros. Takemaru no era tan impresionante, pero cada vez que sus ojos se posaban en mí, tenía que reprimir un escalofrío. Cuando su tío mencionó que se había tenido que hacer cargo de ellos cuando niños, Sesshomaru se puso rígido. La única cosa buena de escuchar el brindis era que nadie podría gritar "beso, beso" y que la atención de Sesshomaru estaba centrada en otros lugares. Sin embargo, ese respiro duró poco.

Los meseros comenzaron a montar las mesas con el kaiseki; sashimi de salmón, verduras tempurizadas y más. Kagome agarró un pedazo de anpan y lo mordió, y luego dijo:

—Quise hacer un brindis como tu dama de honor pero padre lo prohibió. Parecía preocupado que dijera algo para avergonzar a nuestra familia.

Sesshomaru y Inuyasha miraron en nuestra dirección. Ella no se había molestado en bajar su voz y deliberadamente ignoró la mirada de muerte de padre. Tiré de su brazo. No quería que se metiera en problemas. Con un resoplido, llenó su plato con aperitivos y empezó a comer. Mi plato aún estaba vacío. Un mesero me llenó la copa con vino blanco y tomé un sorbo. Ya había bebido la copa de champaña y el sake; eso combinado con el hecho de que no había comido mucho durante todo el día me hizo sentir un poco mareada.

Sesshomaru puso una mano sobre la mía, impidiéndome tomar otro trago.

—Deberías comer.

Si no hubiera sentido los ojos de todos en la mesa sobre mí, habría ignorado su advertencia y bebido el vino. Agarré un anpan, comí un bocado, luego puse el resto en mi plato. Los labios de Sesshomaru se apretaron pero no trató de convencerme a comer más, ni siquiera cuando la sopa fue servida y la dejé pasar sin tocarla. Sirvieron pescado a las brasas para el plato principal. La vista de los pescados enteros me revolvió el estómago. El cocinero rodó una tabla de rostizados hacia nosotros, ya que teníamos que ser servidos primero. Sesshomaru como el esposo consiguió la primera pieza y antes de que pudiera declinar, le dijo al cocinero que también me diera una. El centro de la mesa se llenó con todos los platillos.

Forcé una porción de pescado y de verduras en mi boca antes de dejar mis cubiertos. Mi garganta estaba demasiado cerrada para comer. La acompañé con otro sorbo de vino. Por suerte Sesshomaru estaba ocupado hablando con los hombres de la mesa sobre un club de rusos que habían atacado en Tokio. Incluso Kirinmaru no Yoake, el futuro Oyabun de Chubu se veía casi animado cuando hablaba de negocios.

Una banda empezó a tocar cuando la cena hubo terminado, señal de que era el momento para el baile obligatorio. Sesshomaru se puso de pie, tendiendo su mano. Dejé que me levante y al mismo tiempo resonó "beso, beso". Kagome entrecerró los ojos y escaneó a los invitados, como si estuviera pensando en atacar al culpable que había iniciado el canto.

Cuando Sesshomaru me empujó hacia él, tropecé contra su pecho a medida que el mareo me alcanzaba. Por suerte, nadie se dio cuenta, porque sus brazos a mi alrededor me sostuvieron firmes. Sus ojos perforaron los míos cuando bajó sus labios y los rozó contra los míos. La banda tocó más y más rápido, impulsándonos a entrar finalmente a la pista de baile; las mesas se habían colocado en círculos alrededor de ella. Sesshomaru mantuvo su brazo alrededor de mi cintura mientras me conducía hacia el centro. Todo el mundo a nuestro alrededor lo veía como un abrazo amoroso, pero era lo único que me mantenía en posición vertical.

Me atrajo contra su pecho para el vals y no tuve más remedio que descansar mi mejilla contra él. Podía sentir una pistola debajo de su chaleco. Incluso el novio no pudo venir a su boda desarmado. Por primera vez me alegraba de su fuerza. No tuvo problemas en mantenerme de pie durante el baile. Cuando terminó, se inclinó.

—Una vez que estemos de vuelta en la mesa, vas a comer. No quiero que te desmayes durante nuestra celebración y mucho menos durante nuestra noche de bodas.

Hice lo que me pidió y me obligué a comer unos cuantos bocados más de verduras y pescado frío ahora. La mirada alerta de Sesshomaru comprobándome mientras hablaba con Inuyasha. La pista de baile estaba llena con otras personas ahora. Sango se levantó de su silla y le pidió bailar a Miroku. Ninguna sorpresa ahí. Él no pudo negarse, por supuesto. Tampoco pude negarme cuando Takemaru, el tío de Sesshomaru, me pidió un baile. Después de eso me entregaron de un hombre al siguiente hasta que perdí la cuenta de sus nombres y caras. Durante todo momento, los ojos de Sesshomaru siguieron cada uno de mis movimientos, incluso cuando se puso a bailar con las mujeres de nuestras familias. Kagome, tampoco pudo escapar a la pista de baile. La atrapé bailando con Inuyasha al menos tres veces y su cara se volvía más sombría a cada minuto.

—¿Puedo?

Me sobresalté al oír la voz lejanamente familiar que envió un escalofrío de miedo a través de mi cuerpo. Kirinmaru no Yoake tomó el lugar de quien había bailado antes conmigo. Era alto, aunque no tan alto como Sesshomaru, y un poco mayor.

—No pareces impresionada con los festejos.

—Todo es perfecto —dije mecánicamente.

—Pero no elegiste este matrimonio.

Lo miré boquiabierta. Su cabello rojizo oscuro y ojos verdes le daban un aspecto de brutalidad feroz, mientras que Sesshomaru irradiaba frialdad. Diferentes caras de la misma moneda. En pocos años la Región Chubu temblaría bajo sus órdenes. Cerré mi boca.

—Es un honor.

—Y tu deber. Todos tenemos que hacer cosas que no queremos. A veces puede parecer que no tenemos ninguna elección en absoluto.

—Eres un hombre. ¿Qué sabes acerca de no tener opción? —le dije con dureza, y luego me puse rígida y agaché mi cabeza—. Lo siento. Eso estuvo fuera de lugar.

No podía hablar así con alguien que era prácticamente mi Oyabun. Entonces recordé que ya no lo era. Ya no caía bajo las reglas de la Región de Chubu. Con mi matrimonio, me había convertido en parte de la mafia de Tokio y por lo tanto de Sesshomaru y las reglas de su tío.

—Creo que tu marido está ansioso por tenerte de regreso en sus brazos —dijo Kirinmaru con una inclinación de cabeza y luego me entregó a Sesshomaru, quien le dio una dura mirada. Dos depredadores frente a frente.

Una vez que estuvimos fuera del alcance del oído de Kirinmaru, Sesshomaru me miró.

—¿Qué quería Kirinmaru?

—Felicitarme por los festejos.

Me dio una mirada que dejó en claro que no me creía. Había un atisbo de desconfianza en su expresión.

La música se detuvo y Inuyasha palmeó sus manos, silenciando a los invitados.

—¡Es hora de aventar la liga!

Dejamos que los invitados se reunieran alrededor de la pista de baile para ver el espectáculo. Algunos incluso se pusieron de pie sobre sillas o sostenían en alto a sus hijos para que todos pudieran ver bien. Sesshomaru se arrodilló ante mí bajo los aplausos de nuestros invitados y levantó las cejas. Agarré mi vestido y lo levanté hasta mis rodillas. Él deslizó sus manos hasta mis pantorrillas, sobre mis rodillas y sobre mis muslos. Me inmovilicé por completo ante el tacto de sus dedos en mi piel desnuda. Piel de gallina estalló por todo mi cuerpo. El toque era ligero y nada incómodo, y sin embargo me aterrorizó.

Los ojos de Sesshomaru lucieron decididos cuando miró mi cara. Sus dedos rozaron la liga en mi muslo derecho y empujó mi vestido más alto para que todos pudieran ver, revelando toda la longitud de mi pierna. Agarré el dobladillo y él puso los brazos detrás de su espalda, luego se inclinó sobre mi muslo; sus labios rozando la piel debajo de la liga. Inspiré profundo pero traté de mantener mi expresión en modo novia-feliz.

Sesshomaru cerró los dientes alrededor del borde de la liga y la bajó por mi pierna hasta que aterrizó en mis tacones blancos. Levanté el pie de modo que pudiera retirar la pieza de encaje. Se enderezó y presentó la liga a la multitud aplaudiendo. Forcé una sonrisa y un aplauso también. La única persona que no estaba sonriendo era Kagome.

—Solteros —gritó Sesshomaru con su voz profunda—. Reúnanse alrededor. ¡Tal vez el afortunado será el siguiente en casarse!

Incluso los niños más pequeños dieron un paso adelante, Kohaku entre ellos. Él tenía el ceño fruncido. Madre probablemente lo había obligado a participar. Le guiñé un ojo y él sacó la lengua. No pude dejar de reír, el primer gesto genuino que había logrado durante la fiesta.

Los ojos de Sesshomaru se precipitaron hacia mí, con una expresión extraña en su rostro. Rápidamente desvié la mirada. Él levantó el brazo, la liga en su puño antes de arrojarla ante el grupo de hombres que esperaban.

Inuyasha la arrebató en el aire con una impresionante estocada.

—¿Alguna dama de Chubu está dispuesta a promover la unión entre nuestras familias? —disparó bromeando, moviendo las cejas.

Vítores y risas resonaron de muchas mujeres casadas y solteras. Por supuesto, Sango estaba entre ellas, saltando de arriba abajo con una sonrisa brillante. Todo era un juego para ella. No quería los ojos de Inuyasha sobre ella, no quería ni su nombre en su mente cuando pensaba en matrimonio. Como era tradición tenía que escoger a una mujer soltera para bailar.

Sesshomaru se acercó a mí, su brazo alrededor de mi cintura en un informal gesto posesivo. Me estremecí ante el contacto inesperado y su cuerpo se puso rígido.

Inuyasha extendió su mano hacia Sango, que parecía estar cerca de explotar del entusiasmo por haber sido elegida. Mi pecho se apretó. Sabía que era una broma en este momento. Nadie tomaba una niña de catorce años en serio.

Mientras Sesshomaru y yo caminábamos hacia la pista de baile, mantuve un ojo en Sango y Inuyasha. Su mano estaba en lo alto de su espalda, su expresión burlona. No se veía como un hombre que había puesto sus ojos en su futura esposa.

—Si mi hermano se casara con tu hermana, tendrías familia en Tokio —dijo Sesshomaru.

—No voy a dejar que tenga a Sango. —Las palabras fueron feroces. ¿Cómo podía ser dura cuando se trataba de proteger a mi hermana, pero no cuando se trataba de mí?

—No es Sango a quien quiere.

Mis ojos volaron a Kagome, quien se encontraba con los brazos envueltos alrededor de su pecho, los ojos como un halcón, siguiéndonos. Padre no regalaría otra de sus hijas a Tokio. Si quería reforzar la posición de nuestra familia en la Organización de Yamanashi, necesitaba asegurarse de tener la suficiente familia a su alrededor. Después que el vals terminó, un ritmo más rápido comenzó y la pista de baile se llenó una vez más con los invitados.

Sesshomaru comenzó a bailar con mi madre y yo aproveché el momento para escapar. Necesitaba unos minutos para mí. Levanté mi vestido del suelo y corrí hacia el borde del jardín posterior donde la hierba se reunía a la bahía, antes caminé los pocos pasos que llevaban al muelle, donde un yate estaba al acecho. A mi derecha había una larga playa. El océano se veía negro bajo el cielo de la noche y la brisa tiraba del vestido y arrancaba mechones de mi peinado recogido. Salí de mis zapatos de tacón alto y salté en el muelle, con los pies aterrizando en la arena fresca. Cerrando los ojos, escuché el sonido de las olas. Las tablas de madera crujieron, haciéndome tensarme antes de ver por encima del hombro a Kagome. Se quitó sus propios zapatos y se unió a mí en la playa, pasando un brazo alrededor de mis hombros.

—Mañana te irás a Tokio y yo me iré de nuevo a Yamanashi —susurró.

Tragué fuerte.

—Estoy asustada.

—¿De esta noche?

—Sí —admití—. De esta noche y de todas las noches siguientes. De estar sola con Sesshomaru en una ciudad que no conozco, rodeada de gente que conozco menos aún, personas que todavía podrían ser el enemigo. De conocer a Sesshomaru y descubrir que es el monstruo que creo que es. De estar sin ti, Sango y Kohaku.

—Iremos a visitarte tan a menudo como padre lo permita. Y lo de esta noche. —La voz de Kagome se endureció—. No puede forzarte.

Dejé escapar una risa ahogada. A veces olvido que Kagome era más joven que yo. Estos eran los momentos que me lo recordaban.

—Puede. Lo hará.

—Entonces, lucharás contra él con todo lo que tienes.

—Kagome —dije en un susurro—. Sesshomaru va a ser el Oyabun. Es un luchador nato. Se reirá de mí si trato de resistirme. O mi negativa lo hará enojarse y entonces realmente querrá hacerme daño. —Hice una pausa—. Tamano me dijo que debería darle lo que quiere, debería tratar de hacer que él sea bueno conmigo, tratar de hacer que me quiera.

—Estúpida Tamano, ¿qué sabe ella? —Kagome me miró enojada—. Mírala, la forma en que se encoge frente a ese idiota gordo. Cómo le permite tocarla con esos dedos de salchicha. Prefiero morir que encontrarme debajo de un hombre así.

—¿Crees que puedo hacer que Sesshomaru me ame?

Kagome sacudió la cabeza.

—Tal vez puedes hacer que te respete. No creo que los hombres como él tengan un corazón capaz de amar.

—Incluso los bastardos más fríos tienen corazón.

—Bueno, entonces será tan negro como el alquitrán. No pierdas tu tiempo en el amor, Rin. No lo encontrarás en nuestro mundo.

Ella tenía razón, por supuesto, pero no podía evitar desearlo.

—Prométeme que serás fuerte. Prométeme que no vas a dejar que te trate como a una puta. Eres su mujer.

—¿Hay una diferencia?

—Sí, las putas al menos llegan a dormir con otros hombres y no tienen que vivir en una jaula de oro. Ellas están mejor.

Resoplé.

—Eres imposible.

Kagome se encogió de hombros.

—Eso te hizo sonreír. —Se dio la vuelta y su expresión se oscureció—. Sesshomaru envió a su perro faldero. Tal vez le preocupaba que hubieras huido.

Seguí su mirada para encontrar a Miroku de pie en la cima de la pequeña colina con vista a la bahía y al muelle.

—Deberíamos haber agarrado ese yate y haber huido.

—¿A dónde podríamos escapar? Él me seguiría al fin del mundo. —Miré el elegante reloj de oro alrededor de mi muñeca. No conocía a Sesshomaru, pero conocía a los hombres de su especie. Eran posesivos. Una vez que les pertenecías, no había salida—. Debemos volver. El pastel de boda será servido en breve.

Nos pusimos nuestros zapatos de nuevo y caminamos de regreso hacia el ruido. No reparé en Miroku, pero Kagome frunció el ceño.

—¿Acaso Sesshomaru te necesita para todo? ¿O al menos, puede hacer pis por si solo?

—Sesshomaru es el novio y tiene que atender a los invitados —dijo simplemente, pero por supuesto que era una amonestación en mi dirección.

Los ojos de Sesshomaru se posaron en mí al momento en que volví a la fiesta. Muchos de los invitados ya estaban borrachos, y algunos se habían dirigido a la piscina y se encontraban tomando un baño con la ropa puesta. Tendió su mano y agarrándola acorté la distancia entre nosotros.

—¿Dónde estabas?

—Solo necesitaba un momento a solas.

No hubo tiempo para más discusiones cuando el cocinero puso una mesa con nuestro pastel de boda en el centro. Era blanco, tenía seis pisos y estaba decorado con flores de durazno. Sesshomaru y yo la cortamos en virtud de otro aplauso, seguido de "beso, beso" y poniendo la primera pieza en nuestro plato. Sesshomaru tomó un tenedor y me dio de comer un poco como signo de que él me proveería, luego le di de comer un pedazo como señal de que yo me encargaría de él como una buena esposa se suponía haría.

Era cerca de la medianoche cuando los primeros gritos resonaron sugiriendo que Sesshomaru y yo nos retiráramos a la habitación.

—¡Estás casado con ella, ahora a la cama! —gritó Inuyasha, alzando sus brazos y topándose con una silla. Había bebido su parte justa de vino, whisky, sake y cualquier otra cosa que pudiera tener en sus manos. Sesshomaru, por el contrario, estaba sobrio. El pequeño atisbo de esperanza que había albergado a que estuviera demasiado borracho para consumar nuestro matrimonio se evaporó. La sonrisa de Sesshomaru en respuesta, toda depredadora, toda hambrienta, toda deseosa, hizo que mi corazón lata con fuerza en mi pecho. Pronto la mayoría de los hombres e incluso muchas mujeres se unieron al coro.

Sesshomaru se levantó de la silla y yo hice lo mismo, aunque quería aferrarme a ella con desesperado abandono, pero no tenía otra opción. Unas miradas de comprensión y compasión de otras mujeres se dirigieron a mí, pero eran casi tan malas como las burlas.

Kagome se levantó de la silla, pero madre la agarró del brazo, sosteniendo su espalda. Takemaru gritó algo sobre una sábana, pero el sonido y los colores me parecían atenuados, como si estuviera atrapada en la niebla. El agarre de Sesshomaru alrededor de mi mano a medida que me conducía hacia la casa era lo único que me mantenía en movimiento. Mi cuerpo parecía estar en piloto automático. Una gran multitud, que consistía principalmente en hombres, nos seguía detrás cantando:

—¡A la cama! ¡A la cama!

Cada vez más fuerte a medida que entrábamos en la casa y subíamos la escalera hacia el segundo piso, donde estaba el dormitorio principal. El miedo era una insistente punzada en mi pecho.

Probé el cobre y me di cuenta que me había mordido fuerte el interior de la mejilla. Finalmente llegamos frente a las oscuras puertas de madera de la habitación principal. Los hombres seguían aplaudiendo por detrás de nosotros y palmeaban los hombros de Sesshomaru. Nadie me tocaba. Me habría marchitado si lo hubieran hecho. Sesshomaru abrió la puerta, entré, encantada de poner un poco de distancia entre la multitud lasciva y yo. Los gritos aún resonaban en mi cabeza, e hice todo lo posible para no sujetar mis manos sobre los oídos.

—¡A la cama! ¡A la cama!

Sesshomaru cerró la puerta. Ahora estábamos solos para nuestra noche de bodas.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Todos los nombres son tomados de Inuyasha o Hanyo no Yashahime

Genial premio doble espero no se les hagan muy largos los capítulos... incluso este era el doble por eso lo corté.

MADRE SANTA YA SE ACERCA QUE MIEDO! y esas palabras de Sara definitivamente no ayudan. Si bien Sesshomaru no es muy mayor, Rin no conoce nada del mundo. Veremos que le depara el destino a Rin en el próximo capítulo.

No olviden reviews aunque sean pequeños para saber que siguen leyendo ( ꈍᴗꈍ)

GLOSARIO

Anpan pan con relleno dulce

Kaiseki En pocas palabras es un menú degustación de varios platillos, entre 6 o 15 variedades puede llevar. Pero solo se sirven en restaurantes medios lujosos. Ay versiones económicas pero no es lo mismo.

Existen clanes con nombres definidos, pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.

Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa

Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.

Clan pendiente: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.

Yakuza Mafia japonesa

Oyabun El Jefe de la Región

Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:

Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);

Saiko-komon Consultor principal

So-honbucho Jefe de sedes/municipio

Wakagashira Administra sedes divididas bandas; Shateigashira Jefe de la banda

Otras categorías son:

Shigiiin asuntos legales Kaikei contadores Komon negociadores

Kyodai hermanos mayores Shatei hermanos menores

Oji-san Miembros que se unen cuando son ancianos