»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ/ꜱᴜɴʀɪꜱᴇ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« SEIS »»

La conmoción frente a la puerta se detuvo excepto por Inuyasha quien seguía gritando sugerencias lascivas de lo que Sesshomaru podría hacerme, o yo a él.

—Cállate Inuyasha y ve a encontrar una puta a la que follarte —gritó Sesshomaru.

El silencio reinó afuera. Mis ojos vagaron hacia la cama tamaño king en el centro de la habitación y el terror se apoderó de mí. Sesshomaru tenía su propia puta para follarse esta noche y hasta el final de los días. El precio por mi cuerpo no había sido pagado con dinero, pero bien podría haber sido así. Envolví los brazos alrededor de mi cintura, tratando de aplacar el pánico.

Sesshomaru se giró hacia mí con una mirada depredadora en su rostro. Mis piernas se debilitaron. Tal vez si me desmayaba, me libraría, e incluso si a él no le importaba si estaba consciente y de cualquier forma me tomaba, al menos no recordaría nada. Dejó su chaqueta sobre el brazo de la silla cerca de la ventana, los músculos de sus antebrazos flexionándose. Era músculo, fuerza y poder, y yo bien podría estar hecha de cristal. Un toque equivocado y me haría añicos.

Sesshomaru se tomó su tiempo admirándome. Dondequiera que sus ojos tocaban mi cuerpo, me marcaban como su propiedad, la palabra "mía" se grababa en mi piel una y otra vez.

—Cuando mi tío me dijo que tenía que casarme contigo, me dijo que eras la mujer más hermosa que la Organización de Yamanashi tenía para ofrecer, aún más hermosa que las mujeres de Tokio.

¿Ofrecer? Como si fuera un trozo de carne. Clavé los dientes en mi lengua.

—No le creí. —Caminó hacia mí y me tomó por la cintura. Tragué un grito ahogado y me forcé a estar quieta mientras miraba su pecho. ¿Por qué tenía que ser tan alto? Se inclinó hasta que su boca estaba a menos de un centímetro de mi garganta—. Pero dijo la verdad. Eres la mujer más hermosa que he visto jamás y esta noche eres mía. —Sus labios calientes tocaron mi piel. ¿Podía sentir el terror palpitando en mis venas? Sus manos en mi cintura se apretaron. Las lágrimas se agolpaban dentro de mis ojos, pero luché para contenerlas. No lloraría, pero las palabras de Sara se repetían dentro de mi cerebro. Te follará como un animal.

Se fuerte. Era una Higurashi. Las palabras de Kagome destellaron en mi mente. No vas a dejar que te trate como a una puta.

—¡No! —La palabra desgarró mi garganta como un grito de batalla. Me liberé de él, tropezándome unos pasos hacia atrás. Todo pareció detenerse entonces. ¿Qué acababa de hacer?

La expresión de Sesshomaru era de estupefacción, después se endureció.

—¿No?

—¿Qué? —espeté—. ¿Nunca antes has escuchado la palabra "no"? —Cállate Rin. Por Kami, cállate.

—Oh, la escucho a menudo. El tipo al que le destrocé la garganta la dijo una y otra vez hasta que no pudo decirla más.

Di un paso hacia atrás, erizándome.

—Entonces, ¿también vas a aplastar mi garganta? —Era como un animal acorralado, mordiendo y bufando, pero mi oponente era un perro. Un perro muy grande y peligroso.

Una fría sonrisa afloró en sus labios.

—No, eso desafiaría el propósito de nuestro matrimonio, ¿no lo crees?

Temblé. Por supuesto, lo haría. No podía matarme. Al menos no si quería mantener la paz entre Yamanashi y Tokio. Eso no quería decir que no podía golpearme o forzarme.

—No creo que mi padre esté feliz si me haces daño.

La mirada en sus ojos me hizo dar otro paso hacia atrás.

—¿Eso es una amenaza?

Desvié los ojos de su mirada. Mi padre podría arriesgarse a la guerra por mi muerte, no porque me amara, sino para mantener su reputación, pero definitivamente no lo haría por unos cuantos moretones o una violación. Para mi padre no sería violación: Sesshomaru era mi esposo y mi cuerpo era de él, para tomarlo cada vez que lo deseara.

—No —dije en voz baja. Me odié por ser sumisa como una perra inclinándose hacia su alfa, casi tanto como lo odié por obligarme a hacerlo.

—¿Pero me niegas lo que es mío?

Lo miré con furia. Maldita sea la sumisión. Maldito mi padre por venderme como ganado y maldito Sesshomaru por aceptar la oferta.

—No puedo negarte algo que no tienes derecho a tomar en primer lugar. Mi cuerpo no te pertenece. Es mío.

Me matará, el pensamiento se disparó en mi mente un segundo antes de que Sesshomaru se me acerque. Con más de un metro noventa, era aterradoramente alto. Vi su mano moverse en mi visión periférica y me encogí anticipando el golpe, mis ojos cerrándose. Nada ocurrió. El único sonido era la respiración dura de Sesshomaru y el latido de mi pulso en los oídos. Me arriesgué a echar una mirada hacia él. Sesshomaru me estaba viendo, sus ojos como un cielo tormentoso de verano.

—Podría tomar lo que quiero —dijo, pero la ferocidad se había ido de su voz.

No tenía caso negarlo. Era mucho más fuerte que yo. E incluso si gritaba nadie acudiría a ayudarme. Muchos hombres en mi familia y en la de Sesshomaru probablemente me detendrían para facilitárselo, no es que Sesshomaru tuviera problema alguno en someterme.

—Podrías —admití—. Y te odiaría por ello hasta el fin de mis días.

Rio entre dientes.

—¿Piensas que me importa eso? Esto no es un matrimonio por amor y ya me odias. Puedo verlo en tus ojos.

Tenía razón en ambas cosas. Esto no era por amor y ya lo odiaba, pero escucharlo decirlo aplastó el último trozo de ridícula esperanza que tenía. No dije nada.

Él hizo un gesto hacia las inmaculadas sábanas de la cama.

—¿Escuchaste lo que mi tío dijo acerca de nuestra tradición?

Mi sangre se heló. Lo había escuchado, pero hasta ahora lo había mantenido fuera de mi mente. Mi coraje no había servido de nada. Me acerqué a la cama y miré las sábanas, mis ojos fijos en el lugar en donde la prueba de mi virginidad perdida tendría que estar. Mañana temprano las mujeres de la familia de Sesshomaru tocarían a nuestra puerta y se llevarían las sábanas para presentarlas ante el tío de Sesshomaru y mi padre, para que así, pudieran inspeccionar la prueba de nuestro matrimonio consumado. Era una tradición enferma, pero no una que pudiera evadir. El espíritu de lucha me abandonó.

Podía escuchar a Sesshomaru acercándose por detrás. Tocó mis hombros y cerré los ojos. No haría ningún sonido. Pero no llorar era una batalla perdida. Las primeras lágrimas se aferraron a mis pestañas y entonces se derramaron por mi piel, dejando un candente rastro por mis mejillas y barbilla. Sesshomaru deslizó sus manos sobre mi clavícula y después hasta el borde de mi vestido. Mis labios temblaron y pude sentir una lágrima goteando por mi barbilla. Las manos de Sesshomaru se tensaron contra mi cuerpo.

Por un momento, ninguno de los dos se movió. Me volteó hacia él y empujó mi barbilla hacia arriba. Sus fríos ojos dorados escanearon mi rostro. Mis mejillas estaban húmedas con lágrimas silenciosas, pero no hice sonido alguno, solamente le devolví la mirada. Dejó caer sus manos, se echó hacia atrás con una serie de maldiciones y después golpeó la pared con su puño. Jadeé y di un brinco hacia atrás. Apreté los labios mientras observaba la espalda de Sesshomaru. Estaba mirando hacia la pared, sus hombros agitándose. Rápidamente limpié las lágrimas de mi rostro.

Lo has hecho. Realmente lo has hecho enojar.

Mis ojos miraron rápidamente hacia la puerta. Tal vez podía alcanzarla antes que Sesshomaru. Tal vez hasta podía salir antes de que me alcance, pero nunca podría salir de la propiedad. Se giró y se quitó el chaleco, revelando una navaja negra y una funda para pistola. Sus dedos se cerraron alrededor del mango de la navaja, sus nudillos ya enrojeciendo por el impacto contra la pared, y la sacó. La hoja era curva como una garra: corta, filosa y mortal. Era negra como el mango, para que así no pudiera ser vista fácilmente en la oscuridad. Una navaja Karambit para combate cuerpo a cuerpo. ¿Quién sabría que la obsesión de Kohaku por las navajas sería alguna vez de utilidad para mí? Ahora podía cuando menos identificar la navaja que me abriría. Una risa histérica luchó por salir de mi garganta, pero me la tragué.

Sesshomaru se quedó mirando fijamente a la hoja. ¿Estaba tratando de decidir qué parte de mí iba a rebanar primero?

Ruégale. Pero sabía que eso no me salvaría. La gente probablemente le rogaba todo el tiempo y por lo que he oído nunca los salvaba. Sesshomaru no mostraba piedad. Se convertiría en el próximo Oyabun de Tokio y gobernaría con fría brutalidad.

Sesshomaru se acercó a mí y di un respingo. Una sonrisa oscura curvó sus labios. Presionó la punta afilada del cuchillo en la suave piel por debajo de la curva de su brazo, extrayendo sangre. Mis labios se abrieron con sorpresa. Dejó el cuchillo sobre la mesa pequeña entre los dos sillones, tomó un vaso y sostuvo su herida sobre él, luego observó su sangre gotear hacia el vaso sin un atisbo de emoción antes de finalmente desaparecer en el cuarto de baño contiguo.

Oí correr el agua y después regresó a la habitación. La mezcla de agua y sangre en el vaso tenía un color rojo claro. Se acercó a la cama, metió los dedos en el líquido y luego lo untó en el centro de la sábana. Mis mejillas se ruborizaron por completo al darme cuenta. Me acerqué a él lentamente y me detuve cuando aún estaba fuera del alcance de su brazo, no es que hiciera mucho bien. Miré hacia las sábanas manchadas.

—¿Qué estás haciendo? —susurré.

—Ellos quieren sangre. Tendrán sangre.

—¿Por qué el agua?

—La sangre no siempre tiene el mismo aspecto. —Él sabría.

—¿Es suficiente?

—¿Esperabas un baño de sangre? —Me dio una sonrisa sardónica—. Es sexo, no una lucha a cuchillo.

Te follará como un animal. Las palabras quedaron grabadas en mi cerebro, pero no las repetí.

¿Cuántas vírgenes ha tenido para saber de esto? ¿Y cuántas entraron voluntariamente en su cama? Las palabras yacían en la punta de mi lengua, pero no era suicida.

—¿No van a saber que es tuya?

—No. —Volvió a la mesa y sirvió sake en el vaso con agua y sangre. Sus ojos sostuvieron los míos a medida que lo bebía de un trago. No pude evitar arrugar la nariz con asco. ¿Estaba tratando de intimidarme? Beber sangre realmente no era necesario para eso. Había estado aterrorizada de él antes de haberlo conocido. Probablemente todavía estaré aterrada de él cuando incline la cabeza por encima de su ataúd abierto.

—¿Qué tal con una prueba de ADN?

Él rio. No era exactamente un sonido alegre.

—Van a aceptar mi palabra. Nadie va a dudar que he tomado tu virginidad durante nuestro momento a solas. No lo van hacer porque soy quien soy.

Sí, lo eres. Entonces, ¿por qué me libraste? Otro pensamiento que nunca dejó mis labios. Pero Sesshomaru debe haber estado pensando lo mismo porque sus finas cejas se juntaron a medida que sus ojos vagaban por la longitud de mi cuerpo.

Me puse rígida y di un paso hacia atrás.

—No —dijo en voz baja. Me quedé helada—. Esta es la quinta vez que retrocedes de mí esta noche. —Dejó el vaso y tomó el cuchillo en su mano. Luego avanzó hasta mí—. ¿Tu padre nunca te enseñó a ocultar tu miedo de los monstruos? Te persiguen si corres.

Tal vez esperaba que contradiga su pretensión de ser un monstruo, pero no era tan buena mentirosa. Sí había monstruos, los hombres en mi mundo pertenecían a ellos. Cuando se detuvo frente a mí, tuve que inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo a la cara.

—Esa sangre en las sábanas necesita una historia —dijo simplemente mientras alzaba el cuchillo. Me estremecí y murmuró—: Con esta son seis veces.

Deslizó la hoja por debajo del borde del corpiño de mi vestido de novia y lentamente movió el cuchillo. La tela cedió al paso hasta que finalmente cayó a mis pies. La hoja no tocó mi piel ni una sola vez.

—Es una tradición en nuestra familia desnudar a la novia de esta forma.

Su familia tenía muchas tradiciones repugnantes.

Finalmente estaba de pie delante de él en mi apretado corsé blanco con sus cordones en la espalda y mis bragas con el lazo sobre mi trasero. La piel de gallina cubrió cada centímetro de mi cuerpo. La mirada de Sesshomaru era como fuego en mi piel. Retrocedí.

—Siete —dijo en voz baja.

La ira se apoderó de mí. Si estaba cansado que retroceda de él, entonces tal vez debería dejar de ser tan intimidante.

—Date la vuelta.

Hice lo que me ordenó, y la aguda inhalación de su aliento me hizo arrepentirme al instante. Se acercó más y sentí un suave tirón en el lazo que sostenía mis bragas en alto. "Un regalo para desenvolver. ¿Cómo un hombre podría resistirse?" Las palabras de la tía de Sesshomaru aparecieron inadvertidamente en mi cabeza. Sabía que debajo del lazo, la parte superior de mi trasero quedaría a la intemperie. Di algo para distraerlo de ese estúpido lazo sobre tu trasero.

—Ya sangraste por mí —dije con voz temblorosa, y luego casi inaudible—. Por favor, no. —Mi padre estaría avergonzado de mi demostración abierta de debilidad. Pero él era un hombre. El mundo era suyo para tomar. Las mujeres eran suyas para tomar. Y nosotras las mujeres teníamos que dar siempre sin protestar.

Sesshomaru no dijo nada, pero sus nudillos rozaron la piel entre mis omóplatos mientras llevaba el cuchillo a mi corsé. Con un siseo, la tela se deshizo bajo la cuchilla. Alcé mis manos antes de que esa barrera de protección pudiera caer también y presioné el corsé contra mi pecho.

Sesshomaru envolvió su brazo sobre mi pecho posesivamente, atrapando mi brazo bajo el suyo y agarrando mi hombro, presionándome contra él. Di un grito ahogado cuando algo duro me dio un ligero empujón en la espalda baja. Esa no era su arma. El calor inundó mis mejillas y el miedo se apoderó de mi cuerpo.

Sus labios rozaron mi oreja.

—Esta noche suplicaste que te evite, pero un día me vas a pedir que te folle. —No. Nunca, me juré a mí misma. Su aliento se sintió caliente contra mi piel así que cerré los ojos—. No creas que porque no reclamo mis derechos esta noche no eres mía, Rin. Ningún otro hombre tendrá nunca lo que me pertenece. Eres mía. —Asentí, pero él no había terminado todavía—. Si atrapo a un hombre besándote, le cortaré la lengua. Si atrapo a un hombre tocándote, le cortaré los dedos, uno por uno. Si atrapo a un hombre follándote, le cortaré la polla y sus pelotas, y se las daré de comer. Y te haré observar.

Dejó caer su brazo y dio un paso atrás. Por el rabillo del ojo, lo vi avanzar a grandes zancadas hacia el sillón y hundirse en él. Tomó la botella de sake y se sirvió una generosa cantidad. Antes de que pudiera cambiar de opinión, entré rápidamente en el baño, cerré la puerta y giré la cerradura, luego me estremecí ante lo estúpida que era. Una cerradura no sería protección alguna frente a él, tampoco una puerta. Nada en este mundo me podía proteger.

Escudriñé mi cara en el espejo. Mis ojos estaban rojos y las mejillas húmedas. Dejé que los restos de mi corsé cayeran al suelo y levanté el camisón que uno de los sirvientes había doblado sobre la silla para mí. Una risa ahogada escapó de mi boca después de habérmelo puesto sobre las bragas. La parte sobre mis pechos estaba hecha de encaje, pero al menos no era transparente; a diferencia de toda la mitad del camisón. Era como la más fina tela de araña que había visto alguna vez y no dejaba nada a la imaginación. Mi estómago desnudo y las bragas quedaban expuestas. Terminaba por encima de mis rodillas con un dobladillo de más encaje. Podría igual de bien salir de este cuarto desnuda y terminar con esto, pero no era tan valiente.

Quité mi maquillaje, cepillé mis dientes, solté mi cabello y cuando no pude prolongar más tiempo lo inevitable, agarré la manija de la puerta. ¿Sería tan malo si dormía en el cuarto de baño?

Tomando una respiración profunda, abrí la puerta y regresé al dormitorio. Sesshomaru todavía estaba sentado en el sillón. La botella de sake probablemente ya estaba vacía. Los borrachos nunca eran una buena cosa. Sus ojos me encontraron y se rio sin humor.

—¿Eso es lo que eliges usar cuando no quieres que te folle?

Me sonrojé ante su lenguaje crudo. Era el alcohol hablando, pero no podía decirle que deje de beber. Ya estaba al borde.

—Yo no lo escogí. —Crucé los brazos, desgarrada entre permanecer de pie y deslizarme bajo los cobertores de la cama. Pero acostarme se sentía como una mala idea. No quería hacerme más vulnerable de lo que ya estaba. Pero pararme delante de Sesshomaru medio desnuda tampoco era la mejor opción.

—¿Tsubaki? —preguntó.

Simplemente asentí. Él dejó su vaso y se levantó. Por supuesto, me estremecí. Su expresión se oscureció. No dijo nada mientras caminaba junto a mí hacia el baño, ni siquiera cuando jadeé a medida que su brazo rozaba el mío. Para cuando la puerta se cerró, solté un suspiro áspero. Poco a poco me acerqué a la cama, mis ojos encontraron la mancha de color rojo claro. Me senté en el borde del colchón. El agua estaba corriendo en el baño, pero eventualmente, Sesshomaru saldría.

Me tumbé en el borde de la cama, me volví sobre mi costado y tiré de las mantas hasta mi barbilla, luego apreté los ojos con fuerza, obligándome a conciliar el sueño. Quería que este día terminara, incluso si era solo el comienzo de muchos días y noches infernales por venir.

El agua se detuvo y unos minutos más tarde Sesshomaru salió del baño. Traté de hacer que mi respiración incluso pareciera como si ya estuviera durmiendo. Me arriesgué a un vistazo rápido a través de los ojos medio cerrados, mi cara en su mayoría cubierta por la manta, y me convertí en piedra. Sesshomaru solamente estaba usando calzoncillos negros. Y si Sesshomaru era impresionante cuando estaba vestido, iba a todo un nuevo nivel de intimidación medio desnudo. Aunque era delgado, era puro músculo y su piel estaba cubierta de cicatrices, algunas delgadas y largas como si un cuchillo hubiera cortado a través limpiamente, algunas redondas y gruesas como si una bala hubiera desgarrado su carne. Letras estaban tatuadas en la piel sobre su corazón. No podía leerlas desde lejos, pero tenía la sensación de que era su lema. "Nacido en sangre. Jurado en sangre. Entro vivo y salgo muerto".

Se acercó al interruptor principal de la luz y la apagó, bañándonos en oscuridad. De repente sentí como si estuviera sola en un bosque en la noche, sabiendo que en algún lugar algo me estaba acechando. La cama se hundió bajo el peso de Sesshomaru y me agarré al borde de la cama. Apreté los labios, permitiéndome solo respiraciones superficiales.

El colchón se movió cuando Sesshomaru se acostó. Contuve la respiración, esperando a que él me alcance y tome lo que era suyo. ¿Sería siempre así? ¿Sería miserable por el resto de mi vida? ¿Mis noches llenas de temor?

La presión de las últimas semanas, o tal vez incluso años, cayeron sobre mí. Impotencia, miedo e ira se apoderaron de mí. El odio a mi padre me llenó, pero aún peor era el cuchillo caliente de la decepción y la tristeza. Me había entregado a un hombre del que no sabía nada, a excepción de su reputación como un asesino experto, me había ofrecido al enemigo para que hiciera lo que quisiera. El hombre que debería haberme protegido de cualquier daño, me había empujado a los brazos de un monstruo con el único fin de asegurar poder.

Ardientes lágrimas se derramaron de mis ojos, pero el peso en mi pecho no se levantó. Se puso más y más pesado hasta que no pude aguantar más y un sollozo entrecortado salió de mis labios. Contrólate, Rin. Traté de luchar contra esto, pero otro sollozo ahogado escapó de mis labios.

—¿Llorarás toda la noche? —La fría voz de Sesshomaru provino desde la negrura. Por supuesto, todavía no estaba dormido. Para un hombre en su posición, era mejor mantener siempre un ojo abierto.

Enterré mi cara en la almohada, pero ahora que las compuertas se habían abierto, no podía cerrarlas de nuevo.

—No puedo ver cómo podrías haber llorado mucho más, si te hubiera tomado. Tal vez debería follarte para darte una verdadera razón para llorar.

Empujé las piernas contra mi pecho, haciéndome tan pequeña como fuera posible. Sabía que tenía que parar. No había sido golpeada o peor, pero no podía conseguir controlar mis emociones.

Sesshomaru se movió y una suave luz inundó la habitación. Había encendido la lámpara de su mesita de noche. Esperé. Sabía que me estaba viendo, pero mantuve mi cara presionada contra la almohada. Tal vez dejaría la habitación si se hartaba del ruido. Tocó mi brazo y brinqué tan violentamente que me habría caído de la cama si Sesshomaru no me hubiera empujado hacia él.

—Suficiente —dijo en voz baja.

Esa voz. Me calmé inmediatamente y lo dejé acostarme sobre mi espalda. Poco a poco estiré mis piernas y brazos, y me quedé tan inmóvil como un cadáver.

—Mírame —ordenó, y lo hice. ¿Era esa voz la que lo había hecho tan notorio?—. Quiero que dejes de llorar. Quiero que dejes de estremecerte por mi toque.

Asentí, aturdida.

Él sacudió la cabeza.

—Ese asentimiento no significa nada. ¿No crees que reconozco el miedo cuando me devuelves la mirada? Para el momento en que apague la luz, estarás de nuevo llorando como si te hubiera violado de una jodida vez.

No sabía lo que quería que hiciera. No era como si disfrutara estar terriblemente asustada. No que el miedo fuera la única razón para mi derrumbe, pero él no lo entendería. ¿Cómo podía entender que sentía que mi vida me había sido arrancada? Mis hermanas, Kohaku, mi familia, Yamanashi, eran todo lo que había conocido y ahora tenía que renunciar a ellos.

—Así que para darte paz mental y callarte, voy a hacer un juramento.

Me lamí los labios, saboreando el sabor salado de las lágrimas en ellos. Los dedos de Sesshomaru se tensaron en mi brazo.

—¿Un juramento? —susurré.

Tomó mi mano y apretó mi palma contra el tatuaje sobre su corazón. Exhalé cuando sus músculos se flexionaron bajo mi tacto. Él se sentía cálido, su blanca piel mucho más suave de lo que había previsto.

—Nacido en sangre, jurado en sangre, juro que no voy a tratar de robar tu virginidad o lastimarte de ninguna manera esta noche. —Sus labios se torcieron y asintió hacia el corte en su brazo—. Ya sangré por ti, así que eso lo sella. Nacido en sangre. Jurado en sangre. —Cubrió mi mano con la suya sobre el tatuaje, mirándome con expectación.

—Nacido en sangre, jurado en sangre —dije en voz baja. Soltó mi mano y la bajé a mi estómago, aturdida y confusa. Un juramento era un gran asunto. Sin otra palabra, apagó la luz y volvió a su lado de la cama.

Escuché su rítmica respiración, sabiendo que no estaba dormido. Cerré los ojos. Él no rompería su juramento.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Ps que creían! Jamás en mi vida hubiera adaptado algo si él la lastimaba… Es un demonio pero no con nuestra Rincita… y dijeran por ahí "una vez encarrerado el gato…que chingue a su madre el ratón" ahí les van los capítulo :D

Todos los nombres son tomados de Inuyasha o Hanyo no Yashahime

Ya estoy en Wattpad como AddyOrtiz6

No olviden reviews aunque sean pequeños para saber que siguen leyendo ( ꈍᴗꈍ)

GLOSARIO

Existen clanes con nombres definidos, pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.

Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa

Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.

Clan pendiente: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.

Yakuza Mafia japonesa

Oyabun El Jefe de la Región