»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««
ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.
ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ/ꜱᴜɴʀɪꜱᴇ
ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ
ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.
«« SIETE »»
La luz del sol golpeó mi rostro. Traté de estirarme, pero un brazo estaba sobre mi cintura y un pecho firme presionado contra mi espalda. Me tomó un momento recordar dónde estaba y lo que había pasado ayer y luego me puse rígida.
—Bien, estás despierta —dijo Sesshomaru con una voz que sonaba ronca por el sueño.
La realización me golpeó. Sesshomaru. Mi marido. Era una mujer casada, pero Sesshomaru había cumplido su promesa. No había consumado el matrimonio. Abrí mis ojos. La mano de Sesshomaru agarraba mi cadera y me giró sobre la espalda. Estaba apoyado sobre un codo mientras sus ojos inspeccionaban mi rostro. Me hubiera gustado saber lo que estaba pensando. Era extraño estar en la cama con un hombre. Podía sentir el calor de Sesshomaru, a pesar de que nuestros cuerpos no se estaban tocando. A la luz del sol las cicatrices en su piel eran de alguna manera menos prominentes que la noche anterior, pero sus músculos eran igual de impresionantes. Me pregunté cómo se sentirían al tacto.
Extendió su mano y tomó un mechón de mi cabello entre dos dedos. Contuve la respiración, pero lo liberó después de un momento, su cara volviéndose calculadora.
—No pasará mucho tiempo hasta que Tsubaki, mis tías y las otras mujeres casadas de mi familia llamen a nuestra puerta para recoger las sábanas y las lleven al comedor, donde sin duda, todos los demás ya están esperando que empiece el jodido espectáculo.
Un rubor se extendió sobre mis mejillas y algo cambió en los ojos de Sesshomaru, parte de la frialdad sustituida por otra emoción. Mis ojos se encontraron con el pequeño corte en el brazo de Sesshomaru. No había sido profundo y ya tenía costra.
Sesshomaru asintió.
—Mi sangre les dará lo que quieren. Será la base de nuestra historia, pero esperarán que completemos los detalles. Sé que soy un mentiroso convincente. Pero, ¿serás capaz de mentirles a todos a la cara, incluso a tu madre, cuando les cuentes de nuestra noche de bodas? Nadie puede saber lo que sucedió. Me haría parecer débil. —Sus labios se apretaron con arrepentimiento. Arrepentimiento de haberme liberado y haberse metido en la posición de depender de mis habilidades para mentir.
—¿Débil porque no quisiste violar a tu esposa? —susurré.
Los dedos de Sesshomaru en mi cadera se apretaron. Ni siquiera me había dado cuenta que todavía estaban allí. Haz que quiera ser bueno contigo, las palabras de Tamano revolotearon por mi mente. Sesshomaru era un monstruo, no había duda de ello. No podía ser de otro modo si quería sobrevivir como un líder en nuestro mundo, pero tal vez podía hacerlo mantener al monstruo encadenado cuando estaba conmigo. Era más de lo que había esperado cuando anoche me había llevado hacia el dormitorio.
Sesshomaru sonrió con frialdad.
—Débil por no tomar lo que era mío para tomar. La tradición de las sábanas ensangrentadas en la yakuza en Kanto es tanto una prueba de la pureza de la novia como de la implacabilidad del marido. Entonces, ¿qué crees que dirá sobre mí el que te tuve yaciendo medio desnuda en mi cama, vulnerable y mía, y aun estás aquí intacta como lo estabas antes de nuestra boda?
—Nadie lo sabrá. No le diré a nadie.
—¿Por qué debería confiar en ti? No hago un hábito de confiar en la gente, especialmente la gente que me odia.
Descansé mi mano contra el corte en su brazo, sintiendo sus músculos flexionarse bajo mi tacto. Haz que sea bueno contigo, haz que te ame.
—No te odio. —Entrecerró los ojos, pero era mayormente verdad. Lo habría odiado si me hubiera forzado. Ciertamente odiaba lo que el matrimonio con él significaba para mí, pero no lo conocía lo suficientemente bien como para odiarlo de verdad. Tal vez vendría con el tiempo—. Y puedes confiar en mí porque soy tu esposa. No elegí este matrimonio, pero al menos puedo elegir hacer lo mejor con nuestro vínculo. No tengo nada que ganar al traicionar tu confianza, pero mucho que ganar al mostrarte que soy leal.
Hubo un destello de algo, tal vez respeto, en su expresión.
—Los hombres esperando en esa sala son depredadores. Se aprovechan de los débiles y han estado esperando por más de una década por una señal de debilidad de mi parte. Para el momento en que vean una, van a abalanzarse.
—Pero tu tío…
—Si Takemaru cree que soy demasiado débil para controlar a la familia, con mucho gusto dejará que me desgarren.
¿Qué tipo de vida era tener que ser fuerte todo el tiempo, incluso alrededor de tu familia más cercana? Al menos yo tenía a mis hermanas y hermano, e incluso hasta cierto punto, a mi madre y a gente como Midoriko.
Las mujeres eran debilidad olvidada en nuestro mundo.
Los ojos dorados de Sesshomaru lucían duros. Tal vez éste sería el momento en que decidiera que realmente no valía la pena el riesgo y me tomaría, pero cuando su mirada finalmente regresó a mi rostro, la oscuridad estaba controlada.
—¿Qué hay de Inuyasha?
—Confío en Inuyasha. Pero Inuyasha es sumamente imprudente. Conseguiría matarse tratando de defenderme. —Era extraño hablar con Sesshomaru, con mi marido, de esta manera, casi como si nos conociéramos.
—Nadie dudará de mí —dije—. Les daré lo que quieren ver.
Sesshomaru se enderezó y mis ojos fueron atraídos hacia el tatuaje, luego encontraron los músculos de su pecho y estómago. Mis mejillas se calentaron cuando me encontré con la mirada de Sesshomaru.
—Deberías estar usando más que esta mala excusa de camisón cuando lleguen las arpías. No quiero que vean tu cuerpo, especialmente tus caderas y muslos. Es mejor cuando se pregunten si dejé marcas en ti —dijo, luego sonrió—. Pero no podemos ocultar tu rostro de ellos. —Se inclinó sobre mí y su mano vino hacia mi rostro. Cerré los ojos fuertemente, encogiéndome.
—Esta es la segunda vez que piensas que voy a golpearte —dijo en voz baja.
Mis ojos se abrieron.
—Pensé que habías dicho… —Mi voz se apagó.
—¿Qué? ¿Que todos esperan que tengas moretones en tu rostro después de una noche conmigo? No golpeo a las mujeres.
Recordé cuando impidió que mi padre me abofeteara. Nunca había levantado su mano contra mí. Sabía que muchos hombres en la Organización de Chubu tenían un extraño código de reglas que seguían. No podías apuñalar a un hombre por la espalda, pero podías cortar su garganta de esa manera, por ejemplo. No estaba segura lo que hacía a uno mejor que el otro. Sesshomaru parecía tener sus propias reglas también. Aplastar la garganta de alguien con tus propias manos era aceptable, golpear a tu esposa no lo era.
—¿Cómo se supone que crea que puedes convencer a todos de que hemos consumado nuestro matrimonio cuando sigues encogiéndote ante mi toque?
—Créeme, el encogimiento hará que todos crean la mentira incluso más porque definitivamente no habría dejado de alejarme de tu toque si hubieras tomado lo que es tuyo. Cuanto más me aleje más te tomarán por el monstruo que quieres que piensen que eres.
Sesshomaru rio entre dientes.
—Creo que podrías saber más sobre el juego de poder de lo que esperaba.
Me encogí de hombros.
—Mi padre es el Saiko-komon.
Inclinó su cabeza en reconocimiento, luego levantó su mano y tomó mi rostro.
—Lo que quise decir antes es que tu rostro no parece que haya sido besado.
Mis ojos se abrieron más.
—Nunca he… —Pero por supuesto que él ya sabía eso.
Sus labios chocaron con los míos y mis palmas subieron contra su pecho, pero no lo alejé. Su lengua provocó a mis labios, pidiendo entrada. Me rendí y vacilantemente toqué mi lengua con la suya. No estaba segura de qué hacer y miré a Sesshomaru con los ojos muy abiertos, pero él tomó el liderazgo, cuando su lengua y labios apresaron mi boca. Era extraño permitir ese tipo de intimidad, pero no era desagradable. Perdí la noción del tiempo mientras me besaba, exigente y posesivo, su mano caliente contra mi mejilla. Su barba se frotó contra mis labios y piel, pero la fricción me hizo cosquillas en lugar de molestarme. Podía sentir la fuerza contenida a medida que su cuerpo se presionaba contra mí. Finalmente se retiró, sus ojos oscurecidos con deseo. Me estremecí, no solo por el miedo.
Un insistente golpeteo sonó y Sesshomaru sacó sus piernas de la cama y se puso de pie. Contuve la respiración ante la visión del bulto en sus calzoncillos.
Él sonrió.
—Se supone que un hombre tenga una erección cuando despierta junto a su esposa, ¿no lo crees? Ellos quieren un espectáculo, tendrán un espectáculo. —Asintió hacia el baño—. Ahora ve y agarra una bata.
Salté rápidamente de la cama con su sábana manchada y me apuré dentro del baño, donde agarré la larga bata de raso blanco y la puse sobre mi camisón antes de levantar los restos de mi corsé que había tirado la noche anterior.
Cuando regresé al dormitorio, vi a Sesshomaru colocar la funda de su pistola y cuchillo sobre su pecho desnudo, otra correa de cuchillo con uno de caza de mayor longitud en su antebrazo cubriendo el pequeño corte, y reacomodó su rigidez para que fuera incluso más obvia.
Mis mejillas se calentaron, me adentré más en la habitación y arrojé el corsé junto a mi arruinado vestido de novia. Sesshomaru era un magnífico espectáculo, con su cuerpo alto, delgado, musculoso y armado, por no mencionar el bulto en sus pantalones. Un toque de curiosidad me llenó. ¿Cómo luciría sin los calzoncillos?
Me apoyé contra la pared junto a la ventana y envolví un brazo a mi alrededor, repentinamente preocupada de que alguien se dé cuenta que Sesshomaru no había dormido conmigo. Estas eran todas mujeres casadas. ¿Notarían que algo no estaba bien?
Me preparé cuando él abrió la puerta de par en par, parándose frente a las mujeres reunidas en toda su gloria media desnudo. Hubo jadeos, risitas e incluso unas cuantas palabras murmuradas, las cuales podrían haber sido oraciones o maldiciones, siendo pronunciadas demasiado rápido y bajo para que las escuche. Tuve que reprimir un resoplido.
—Hemos venido a recoger las sábanas —dijo Tsubaki en lo que era alegría apenas oculta.
Sesshomaru dio un paso atrás, abriendo más la puerta. Varias mujeres entraron a la vez, sus ojos moviéndose rápidamente hacia la cama y la mancha, y luego hacia mí. Sabía que mi rostro estaba rojo, a pesar de que no era mi sangre en las sábanas. ¿Cómo estas mujeres podían saltar ante la oportunidad de ver la prueba de mi virginidad tomada? ¿No tenían ninguna compasión? Tal vez pensaban que era simplemente justo pasar lo mismo que ellas habían pasado. Aparté la mirada, incapaz de soportar su escrutinio. Las dejé hacer lo que querían. La mayoría de los invitados se había ido, sobre todo los políticos y otra gente no perteneciente a la mafia; solo la familia más cercana se suponía que sería testigo de la presentación de las sábanas, pero dado el número de mujeres reunidas en el pasillo y en la habitación, no lo habrías sabido.
Únicamente a las mujeres en edad de casarse se les permitía estar presentes cuando las sábanas eran quitadas, como para no asustar los ojos virginales y puros de las chicas más jóvenes. Podía ver a mis tías entre los espectadores, así como a mi madre, Midoriko y Tamano, pero las mujeres de la familia de Sesshomaru estaban al frente ya que esta era su tradición, no la nuestra. Ahora es tuya también, me recordé con una punzada. Sesshomarus se encontró con mis ojos brevemente a través de la habitación. Compartíamos un secreto ahora. No pude evitar sentirme agradecida hacia mi esposo, aunque no quería estar agradecida por algo como esto. Pero en nuestro mundo tenías que ser agradecido por la amabilidad más pequeña, sobre todo de un hombre como Sesshomaru, especialmente cuando él no tenía que ser amable.
La tía de Sesshomaru, Tsubaki, y su prima Urasue empezaron a desnudar la cama.
—Sesshomaru —dijo Tsubaki con fingida indignación—. ¿Nadie te dijo que fueras gentil con tu novia virgen?
Eso en realidad le consiguió algunas risitas avergonzadas y bajé la mirada, a pesar de que quería fruncirle el ceño. Sesshomaru hizo un buen trabajo con eso, luego le lanzó una sonrisa lobuna que erizó los vellos de mi cuello.
—Estás casada con Takemaru. Te parece que él es un hombre que nos enseñó a ser gentiles con alguien.
Sus labios se estrecharon, pero no dejó de sonreír. Podía sentir los ojos de todos sobre mí y me retorcí bajo la atención. Cuando me arriesgué a mirar hacia mi familia, pude ver sorpresa y compasión en muchos de sus rostros.
—¡Déjenme pasar! —escuché la voz en pánico de Kagome. Mi cabeza se disparó. Ella estaba abriéndose paso a través de las mujeres reunidas y evitó a madre quien intentó detenerla. Kagome ni siquiera se suponía que estuviera aquí. Pero, ¿cuándo Kagome hacía lo que se suponía que debía hacer? Empujó a una mujer delgada fuera de su camino y se tambaleó dentro del dormitorio. Su rostro brilló con disgusto cuando vio las sábanas que Tsubaki estaba sosteniendo y extendiendo sobre los brazos abiertos de Urasue.
Sus ojos encontraron mi rostro, permaneciendo en mis labios hinchados, mi cabello despeinado y mis brazos, los cuales todavía estaban envueltos alrededor de mi cintura. Deseé que hubiera una manera de hacerle saber que estaba bien, que no era lo que parecía, pero no con todas esas mujeres alrededor de nosotras. Ella se volvió hacia Sesshomaru, quien al menos ya no tenía una erección. La mirada en sus ojos habría enviado huyendo a la mayoría de las personas. Sesshomaru levantó las cejas con una sonrisa de suficiencia.
Ella dio un paso en su dirección.
—Kagome —dije en voz baja—. ¿Me ayudas a vestirme? —Dejé que mis brazos cayeran a mis costados y caminé hacia el baño, tratando de hacer una mueca de vez en cuando como si estuviera adolorida y esperando no exagerar. Nunca había visto a una novia, o a alguien más, después de supuestamente haber perdido su virginidad. En cuanto la puerta se cerró detrás de Kagome, lanzó sus brazos alrededor de mí.
—Lo odio. Los odio a todos. Quiero matarlo.
—No hizo nada —murmuré.
Kagome se apartó y puse un dedo sobre sus labios. La confusión llenaba su rostro.
—¿Qué quieres decir?
—No me forzó.
—Solo porque no te resististe a él no quiere decir que no fue violación.
Cubrí su boca con mi mano.
—Sigo siendo virgen.
Kagome dio un paso atrás, así que mi mano cayó de sus labios.
—Pero la sangre… —susurró.
—Él se cortó a sí mismo.
Ella me miró con incredulidad.
—¿Tienes el Síndrome de Estocolmo?
Puse los ojos en blanco.
—Shh. Estoy diciendo la verdad.
—Entonces, ¿por qué el espectáculo?
—Porque nadie puede saberlo. Nadie. Ni siquiera madre o Sango. No puedes decirle a nadie, Kagome.
Kagome frunció el ceño.
—¿Por qué haría eso?
—No lo sé. Tal vez no le gusta hacerme daño.
—Ese hombre mataría a un ciervo bebé si lo mirara de la manera equivocada.
—No lo conoces.
—Tampoco tú. —Negó con la cabeza—. No me digas que confías en él ahora. Solo porque no te folló anoche no significa que no lo hará pronto. Tal vez prefiere hacerlo en su penthouse con vistas a Tokio. Eres su esposa y cualquier hombre con una polla funcional querría entrar en tus pantalones.
—Padre realmente desperdició todos sus comentarios sutiles frente a ti —dije con una sonrisa. Kagome siguió mirándome—. Kagome, supe cuando me casé con Sesshomaru que tendría que dormir con él eventualmente y acepté eso. Pero me alegra tener la oportunidad de al menos llegar a conocerlo un poco mejor primero. —Aunque no estaba segura que me gustarían las partes de él que llegara a conocer. Pero sus besos no habían sido desagradables en absoluto. Mi piel todavía se calentaba cuando pensaba en eso. Y Sesshomaru definitivamente era agradable a la vista. No que la buena apariencia pudiera contrarrestar la crueldad, pero hasta el momento no había sido cruel conmigo y de alguna manera pensé que no lo sería, por lo menos no intencionalmente.
Kagome suspiró.
—Sí, probablemente tienes razón. —Se sentó sobre la tapa del inodoro—. No dormí en toda la noche preocupada por ti. ¿No podías haberme enviado un mensaje de texto diciendo que Sesshomaru no reventó tu cereza?
Empecé a desvestirme.
—Claro. Y entonces padre o Myoga comprobarían tu celular y lo verían, y estaría condenada.
Los ojos de Kagome me escanearon de pies a cabeza mientras entraba a la ducha, probablemente todavía buscando una señal de que Sesshomaru me había maltratado.
—Aún tienes que actuar como si odiaras a Sesshomaru cuando lo veas más tarde, o las personas sospecharán —le dije.
—No te preocupes. Eso no será un problema porque todavía lo odio por apartarte de mí, y por ser él. No creo ni por un segundo que sea capaz de la bondad.
—Sesshomaru tampoco puede saber que te dije. —Abrí el grifo de la ducha y dejé que el agua caliente lave los últimos indicios de cansancio. Necesitaba estar completamente alerta para el espectáculo en la sala de estar después. Mis músculos tensos empezaron a relajarse a medida que la corriente de agua los masajeaba.
—No puedes entrar —dijo Kagome con rabia, sorprendiéndome—. No me importa que seas su esposo. —Abrí los ojos para ver a Sesshomaru abriéndose paso hacia el baño. Kagome se interponía en su camino. Rápidamente les di la espalda.
—Tengo que arreglarme —gruñó Sesshomaru—. Y no hay nada aquí que no haya visto ya.
Mentiroso.
—Ahora sal, o verás tu primera polla, niña, porque voy a desnudarme ahora.
—Idiota arrogante, yo…
—¡Vete! —grité.
Kagome se marchó, pero no sin llamar a Sesshomaru con unas cuantas palabras. La puerta se cerró de golpe y nos quedamos solos. No estaba segura de lo que estaba haciendo Sesshomaru y no me daría la vuelta para comprobarlo. No podía oírlo a través de las salpicaduras del agua. Sabía que no podía permanecer en la ducha para siempre, así que cerré el agua y enfrenté la habitación.
Sesshomaru estaba extendiendo crema de afeitar sobre su barbilla con una brocha, pero sus ojos estaban mirándome en el espejo. Resistí el impulso de cubrirme, aunque sentí un rubor extendiéndose por mi cuerpo. Él bajó la brocha y alcanzó una de las toallas de felpa colgando sobre el calentador de toallas, luego se acercó a mí, todavía en calzoncillos. Abrí la ducha y tomé la toalla de su mano con un rápido gracias. Él no se movió, sus ojos insondables a medida que recorrían mi cuerpo. Envolví la toalla a mi alrededor, y entonces salí. Sin tacones, la parte superior de mi cabeza solo alcanzaba el pecho de Sesshomaru.
—Apuesto a que ya estás lamentando tu decisión —dije en voz baja. No necesitaba explicarme; él sabía lo que quería decir.
Sin decir una palabra, regresó al lavabo, recogió la brocha y reanudó lo que estaba haciendo antes. Estaba de camino hacia la habitación, cuando su voz me sorprendió.
—No. —Miré hacia atrás y me encontré con sus ojos—. Cuando reclame tu cuerpo quiero que te retuerzas debajo de mí de placer y no de miedo.
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»»NOTAS DE AUTOR««
Todos los nombres son tomados de Inuyasha o Hanyo no Yashahime
No olviden reviews aunque sean pequeños para saber que siguen leyendo ( ꈍᴗꈍ)
GLOSARIO
Síndrome de Estocolmo: Trastorno psicológico que aparece en una persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas.
Existen clanes con nombres definidos pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.
Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa
Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.
Yakuza Mafia japonesa
Oyabun El Jefe de la Región
Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:
Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);
Saiko-komon Consultor principal
