»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««
ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.
ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ/ꜱᴜɴʀɪꜱᴇ
ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ
ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.
«« OCHO »»
Ya estaba vestida con un ancho vestido naranja veraniego hasta las rodillas y un cinturón verde para acentuar mi cintura, cuando Sesshomaru salió del baño con nada más que una toalla. Estaba sentada en la silla frente a mi tocador, poniéndome maquillaje, pero me congelé con el cepillo de la máscara de pestañas a centímetros de mi ojo cuando vi a Sesshomaru. Caminó hacia el guardarropa y tomó unos pantalones kaqui y una camisa blanca antes de dejar caer su toalla sin vergüenza. No miré hacia otro lado lo suficientemente rápido y fui recompensada con su firme trasero. Miré hacia el piso y me ocupé de revisar mis uñas hasta que me atreví a dar la cara al espejo otra vez y ponerme la máscara de pestañas.
Sesshomaru se abotonó la camisa, excepto por los dos botones superiores. Ató un cuchillo a su antebrazo y desenrolló su manga sobre este, luego puso una funda de pistola sobre su pantorrilla. Me di la vuelta.
—¿Alguna vez vas a alguna parte sin armas? —Hoy no se puso la funda en el pecho porque no podría quedar escondida con solo una camisa blanca.
—No si puedo evitarlo. —Me consideró—. ¿Sabes cómo disparar un arma o usar un cuchillo?
—No. Mi padre cree que las mujeres no deberían estar envueltas en peleas.
—Algunas veces las peleas llegan a ti. La Bratva y la Tríada no hacen diferencias entre hombres y mujeres.
—¿Entonces nunca has matado a una mujer?
Su expresión se endureció.
—No dije eso. —Esperé a que se explicara, pero no lo hizo. Quizá era lo mejor.
Me levanté, alisando mi vestido, nerviosa por encontrarme con mi padre y Takemaru después de la noche de bodas.
—Buena elección —dijo Sesshomaru—. El vestido cubre tus piernas.
—Alguien podría levantar mi falda e inspeccionar mis muslos.
Eso estaba destinado a ser una broma pero los labios de Sesshomaru se curvaron en un gruñido.
—Si alguien trata de tocarte, va a perder su mano.
No dije nada. Su actitud protectora me emocionó y asustó por igual. Él me esperó en la puerta y me acerqué con incertidumbre. Sus palabras desde el baño todavía zumbaban en mis oídos. Retorcerte de placer. No estaba segura que estuviera siquiera cerca de estar lo suficientemente relajada a su alrededor para nada cercano al placer. Kagome estaba en lo correcto. No podía permitirme confiar en él tan fácilmente. Podía estar manipulándome.
Descansó su mano en mi espalda baja mientras salíamos. Cuando llegamos a lo alto de las escaleras, ya podía escuchar la conversación y unos pocos invitados dispersos estaban hablando en pequeños grupos en la gran entrada.
Me congelé.
—¿Están esperando para ver las sábanas sangrientas? —susurré, horrorizada.
Sesshomaru me lanzó una rápida mirada, sonriendo.
—Muchos de ellos, especialmente las mujeres. Los hombres podrían esperar detalles sucios, otros podrían esperar para hablar sobre negocios, pedir un favor, ponerse en mi lado bueno. —Gentilmente me presionó hacia adelante y bajamos las escaleras.
Miroku estaba esperando a los pies de éstas, su cabello oscuro peinado en una coleta. Inclinó su cabeza hacia Sesshomaru, luego me dio una sonrisa breve.
—¿Cómo estás? —me preguntó, luego hizo una mueca, la parte posterior de sus orejas se volvieron rojas.
Sesshomaru rio. No conocía a ninguno de los hombres en la entrada, pero todos le dieron a Sesshomaru guiños y anchas sonrisas. La vergüenza se arrastró por mi cuello. Sabía lo que estaban pensando, podía prácticamente sentirlos desvistiéndome con sus ojos. Me desplacé más cerca de Sesshomaru y él enrolló sus dedos alrededor de mi cintura.
—Inuyasha y el resto de tu familia están en el comedor.
—¿Observando las sábanas?
—Como si pudieran leerlas como hojas de té —confirmó Miroku, luego me dio una mirada de disculpa. No parecía sospechar nada.
—Vamos —dijo Sesshomaru, empujándome hacia el shoji. Para el momento en que entramos al comedor, cada par de ojos estuvo sobre nosotros. Las mujeres de la familia estaban reunidas a un lado de la habitación, divididas en pequeños grupos, mientras los hombres estaban sentados alrededor de la larga mesa, que estaba repleta de tempuras, uvas, sashimi, queso, bandejas de fruta y mochi. Me di cuenta que realmente tenía hambre. Ya casi era la hora del almuerzo. Inuyasha se coló entre Sesshomaru y yo, con un expreso en su mano.
—Te ves como la mierda —dijo Sesshomaru.
Inuyasha asintió.
—Mi décimo expreso y todavía no despierto. Anoche bebí mucho.
—Estabas más que ebrio —dijo Sesshomaru—. Si no fueras mi hermano tendría que cortarte la lengua por algunas cosas que le dijiste a Rin.
Inuyasha me sonrió.
—Espero que Sesshomaru no hiciera la mitad de las cosas que le sugerí.
No estaba segura de qué decir a eso. Inuyasha todavía me ponía nerviosa. Él intercambió una mirada con Sesshomaru, quien deslizó su pulgar por mi espalda, haciéndome saltar.
—Toda una obra de arte lo que nos presentas —dijo Inuyasha con un asentimiento hacia la parte de atrás de la habitación donde las sábanas estaban puestas sobre un tipo de perchero para una mejor visualización.
Me tensé. ¿A qué se refería?
Pero Sesshomaru no pareció preocupado, en su lugar sacudió la cabeza. Setsuna no Takemaru y mi padre estaban llamándonos para unirnos a ellos y podría haber sido descortés hacerlos esperar demasiado. Padre me sorprendió cuando llegamos a la mesa y me envolvió en sus brazos. Estaba sorprendida por esta abierta exhibición de cariño. Tomó mi nuca y susurró:
—Estoy orgulloso de ti.
Le di una sonrisa forzada cuando nos separamos. ¿Orgulloso por qué? ¿Por perder mi virginidad? ¿Por abrir mis piernas?
Takemaru puso una mano sobre mí y los hombros de Sesshomaru, y nos dio a ambos una sonrisa.
—Espero que podamos tener pequeños Taisho pronto.
Me las arreglé para no dejar ver mi sorpresa. ¿No había mencionado Sesshomaru que estaba tomando anticonceptivos?
—Quiero divertirme con Rin por un largo tiempo. Y con la Bratva cerca, no quiero tener niños de los qué preocuparme —dijo Sesshomaru tensamente. No había palabras para describir lo aliviada que estaba con las palabras de Sesshomaru. Realmente no estaba lista para niños. Ya tenía suficientes cambios sin añadir un bebé.
Su tío asintió.
—Sí, sí, por supuesto. Entendible.
Después, iniciaron una conversación sobre la Bratva y comenzó a ser bastante claro que estaba libre. Me deslicé del agarre de Sesshomaru y caminé hacia las mujeres. Kagome me atrapó a mitad del camino.
—Asqueroso —murmuró con un gesto hacia las sábanas.
—Lo sé.
Miré alrededor, pero no pude ver a Kohaku ni a Sango.
—¿Dónde están…?
—Escaleras arriba en su habitación con Myoga. Madre no quería que estuvieran aquí para la revelación de las sábanas. —Se inclinó conspiradora—. Estoy tan feliz que finalmente estés aquí. Estas mujeres han estado compartiendo historias de sus sábanas ensangrentadas por horas. ¿Qué carajo está mal con la familia de Tokio? Si escucho una palabra más sobre esto voy a darles un verdadero baño de sangre.
—Ahora que estoy aquí, dudo que estarán hablando de nada más que la sábana con sangre de allí —murmuré. Me di cuenta que había estado en lo correcto. Casi cada mujer sintió la necesidad de abrazarme y ofrecerme palabras de consejo que solo me hicieron sentir nerviosa. Mejorará. Algunas veces le toma un poco a una mujer para que sea cómodo. Y el mejor: Créeme, me tomó años disfrutarlo.
Madre mantuvo su distancia. No estaba segura por qué. Midoriko no dijo nada cuando envolvió sus brazos a mi alrededor y sonrió, antes de alejarse y que otra mujer llegara. Madre se paró con sus manos cruzadas frente a mí, la desaprobación estaba escrita en su rostro. Pero me alegró que no estuviera compartiendo historias de su noche de bodas con padre. Me detuve frente a ella y me envolvió en un apretado abrazo. Como mi padre, no era una persona muy cariñosa pero estaba feliz de su cercanía.
—Desearía poder haberte protegido de todo esto —susurró antes de dejarme ir. Hubo un destello de culpa en su rostro. Asentí. No la culpaba. ¿Qué podría haber hecho? Padre no le habría dejado escapar del trato.
—Sesshomaru no puede parar de mirarte. Debes haber dejado una buena impresión en él —dijo en broma Tsubaki.
Me di la vuelta hacia ella y sonreí con cortesía. Sesshomaru probablemente solo quería asegurarse que no dejara salir nuestro secreto por accidente. Desde la esquina de mi ojo, vi la puerta del final abrirse y Sango se deslizó, seguida de Kohaku. Probablemente habían aprovechado la ida al baño de Myoga para escaparse. Kagome hizo una mueca cuando nuestro hermano se detuvo frente a mis sábanas.
Me disculpé y caminé hacia ellos con Kagome detrás de mí. Madre estaba envuelta en una conversación educada con la tía de Sesshomaru.
—¿Qué estás haciendo aquí, pequeño monstruo? —preguntó Kagome, apretando los hombros de Kohaku.
—¿Por qué hay sangre en la sábana? —medio gritó—. ¿Alguien está muerto?
Kagome se echó a reír mientras que Sango pareció sinceramente angustiada al ver las sábanas. Supuse que estalló su burbuja de los príncipes de cuento de hadas y hacer el amor bajo las estrellas. Los hombres de la mesa detrás de nosotras también se echaron a reír y la cara de Kohaku se arrugó con ira. Aunque solo tenía ocho años, tenía temperamento. Esperaba que se calmara pronto, o se metería en problemas una vez que fuera iniciado.
Kagome revolvió su cabello.
—¿Vas a ir a Tokio con Sesshomaru? —preguntó Kohaku de repente.
Me mordí el labio.
—Sí.
—Pero quiero que vuelvas a casa con nosotros.
Parpadeé, tratando de ocultar mi angustia por escucharlo decir eso.
—Lo sé.
Sango apartó los ojos de las sábanas por un momento.
—¿No irás de luna de miel?
—No ahora. Los rusos y los taiwaneses le están dando problemas a Sesshomaru.
Kohaku asintió como si comprendiera, y tal vez lo hacía. Con cada año que pasaba él iba a aprendiendo más del mundo oscuro en que vivía.
—Deja de mirar las sábanas —dijo Kagome en voz baja, pero Sango parecía demasiado atrapada con la vista.
Su rostro se arrugó.
—Creo que voy a vomitar. —Pasé un brazo por sus hombros y la conduje fuera. Ella se sacudió en mi agarre.
—Aguanta —le pedí mientras medio corríamos fuera de la habitación, los ojos de todos siguiéndonos. Nos tropezamos en el pasillo—. ¿Dónde está el baño? —Esta mansión tenía demasiadas habitaciones.
Miroku nos hizo una seña hacia el final del pasillo y abrió una puerta y volvió a cerrarla cuando estuvimos dentro. Sostuve el cabello de Sango a medida que vomitaba en el inodoro y luego la hice sentarse en el suelo. Le limpié la cara con una toalla húmeda y un poco de jabón.
—Todavía me siento extraña.
—Pon la cabeza entre tus rodillas. —Me puse de cuclillas frente a ella—. ¿Cuál es el problema?
Ella se encogió de hombros.
—Te conseguiré un poco de té. —Me enderecé.
—No dejes que Miroku me vea así.
—Miroku no… —Mi voz se apagó. Sango, obviamente, estaba enamorada de él. Era inútil, pero al menos podía permitirle esa pequeña fantasía, cuando la vista de las sábanas ya la había angustiado tanto.
—Lo mantendré afuera —le prometí en su lugar y salí del cuarto de baño.
Miroku y Sesshomaru esperaban frente a él.
—¿Tu hermana está bien? —preguntó Sesshomaru. ¿Estaba realmente preocupado, o solo era educado?
—Las sábanas la hicieron marearse.
La expresión de Miroku se oscureció.
—No deberían permitir a chicas jóvenes presenciar algo así. Solo las asustará. —Miró a Sesshomaru como conteniéndose. Pero Sesshomaru hizo un gesto desdeñoso.
—Tienes razón.
—Sango necesita un poco de té.
—Puedo conseguirlo y quedarme con ella para que así puedas regresar con tus invitados —sugirió Miroku.
Sonreí.
—Eso sería agradable, pero Sango no quiere que la veas.
Miroku frunció el ceño.
—¿Me tiene miedo?
—Suenas como si eso no fuera posible —dije con una risa—. Eres un soldado de la mafia. ¿Por qué no habría de temerte? —Decidí no jugar más con él y bajé la voz—. Pero no es eso. Sango tiene un tremendo flechazo contigo y no quiere que la veas de esa manera. —Eso, y yo no quería a ninguno de los hombres de Sesshomaru a solas con Sango hasta que los conozca mejor.
Sesshomaru sonrió.
—Miroku, todavía lo tienes. Capturando los corazones de niñas de catorce años a diestra y siniestra. —Luego volvió su atención hacia mí—. Pero tenemos que volver. Las mujeres estarán mortalmente ofendidas si no les das toda tu atención.
—Me haré cargo de Sango —dijo Kagome, apareciendo en el pasillo con Kohaku.
Sonreí.
—Gracias —le dije a medida que rozaba su mano al pasar. Para cuando estuve de vuelta en el comedor, las mujeres acudieron a mi alrededor, tratando de extraer más información de mí. Fingí estar demasiado avergonzada para hablar de ello, lo cual habría sido verdad, y solo les di respuestas vagas. Los invitados con el tiempo comenzaron a irse, y supe que pronto sería el momento de despedirme de mi familia y marchar a mi nueva vida.
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Kohaku apretó su cara contra mis costillas casi dolorosamente y acaricié su cabello, sintiéndolo temblar. Padre observaba con un ceño fruncido de desaprobación. Él pensaba que Kohaku era demasiado mayor para mostrar emociones como esas, como si un niño no pudiera estar triste. Tendrían que salir para el aeropuerto pronto. Padre necesitaba regresar a Yamanashi para hacer negocios como de costumbre. Me hubiera gustado que pudieran haberse quedado más tiempo, pero Sesshomaru y yo también saldríamos para Tokio hoy mismo.
Kohaku sorbió, luego se echó hacia atrás, mirando hacia mí. Las lágrimas escocían mis ojos pero las contuve. Si empezaba a llorar ahora, las cosas solo podían ser más difíciles para todos, especialmente para Kagome y Sango. Ambas se cernían a un par de pasos por detrás de Kohaku, esperando su turno para despedirse. Padre ya estaba junto al Mazda negro de alquiler, impaciente por salir.
—Te veré de nuevo pronto —prometí, pero no estaba segura de cuán pronto sería eso. ¿Año nuevo? Eso estaba todavía a cuatro meses de distancia. El pensamiento se estableció como una pesada piedra en la boca de mi estómago.
—¿Cuándo? —Kohaku sobresalió su labio inferior.
—Pronto.
—No tenemos una eternidad. El avión se irá sin nosotros —dijo padre bruscamente—. Ven aquí, Kohaku.
Con una última mirada de anhelo hacia mí, Kohaku arrastró los pies hacia padre que de inmediato comenzó a regañarlo. Mi corazón se sintió tan pesado que no estaba segura de cómo podía mantenerse en mi pecho sin aplastar mis costillas. Sesshomaru se detuvo detrás del Mercedes en su Aston Martin Vanquish gris acero y salió, pero mi atención se centró en Sango que echó sus brazos alrededor de mí y después de un momento Kagome se unió al abrazo. Mis hermanas, mis mejores amigas, mis confidentes, mi mundo.
Ya no pude contener las lágrimas. No quería dejarlas ir. Quería llevarlas conmigo a Tokio. Podrían vivir en nuestro apartamento, o incluso conseguir uno propio. Al menos, entonces tendría a alguien a quien amar y que me amara de regreso.
—Voy a extrañarte mucho —susurró Sango entre hipos y sollozos. Kagome no dijo nada. Solo apretó su cara en el hueco de mi cuello y lloró. Kagome, que casi nunca lloraba. Mi fuerte, impulsiva Kagome. No estaba segura de cuánto tiempo nos mantuvimos una sobre la otra, y no me importaba quién veía esta muestra abierta de debilidad. Que todos vean lo que significaba el amor verdadero. La mayoría de ellos nunca lo experimentarían.
—Tenemos que irnos —gritó padre. Y la grava crujió.
Levanté la cara. Madre se acercó a nosotras, brevemente tocó mi mejilla y luego tomó el brazo de Sango y la llevó lejos de mí. Otra parte de mí siendo alejada. Kagome no aflojó su agarre de hierro sobre mí.
—¡Kagome! —La voz padre fue como un látigo.
Ella levantó la cabeza, sus ojos rojos por el llanto. Trabamos miradas y por un momento ninguna de las dos dijo nada.
—Llámame todos los días. Todos los días —dijo Kagome con fuerza—. Júralo.
—Lo juro —me atraganté.
—¡Kagome, por Kami! ¿Tengo que ir por ti?
Se apartó de mí poco a poco, luego se dio la vuelta y prácticamente huyó hacia el auto. Caminé unos pasos detrás de ellos cuando su auto pasó por el largo camino de entrada. Ninguna de mis hermanas se dio la vuelta. Me sentí aliviada cuando finalmente giraron una esquina y se hubieron ido. Lloré por mí misma por un tiempo y nadie me interrumpió. Sabía que no estaba sola. Al menos, no en el sentido físico.
Cuando finalmente me di la vuelta, Sesshomaru y Inuyasha estaban de pie a unos pasos detrás de mí. Sesshomaru me veía con una mirada que no tuve la energía para leer. Probablemente pensaba que era patética y débil. Esta era la segunda vez que había llorado delante de él. Pero hoy dolía peor. Bajó los escalones, mientras Inuyasha se quedaba atrás.
—Irte de Yamanashi no es el fin del mundo —dijo Sesshomaru con calma.
Él no podía comprender.
—Bien podría serlo. Nunca he estado separada de mis hermanas y hermano. Ellos eran mi mundo entero.
Sesshomaru no dijo nada. Hizo un gesto hacia su auto.
—Debemos irnos. Tengo una reunión esta noche. —Asentí. Nada me retenía aquí. Todo el mundo que me importaba se había ido.
—Estaré detrás de ti —dijo Inuyasha, y entonces se dirigió a una motocicleta.
Me hundí en los asientos de cuero de color gris oscuro del Aston Martin. Sesshomaru cerró la puerta, rodeó el capó y se instaló detrás del volante.
—¿Ningún guardaespaldas? —pregunté con voz apagada.
—No necesito guardaespaldas. Miroku es para ti. Y este auto no tiene exactamente espacio para pasajeros adicionales. —Encendió el motor, el profundo estruendo llenando el interior. Enfrenté la ventana mientras nos apartábamos de la mansión Taisho. Se sentía irreal que mi vida pudiera cambiar tan drásticamente debido a una boda. Pero lo hizo, y cambiaría aún más.
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»»NOTAS DE AUTOR««
Todos los nombres son tomados de Inuyasha o Hanyo no Yashahime
No olviden reviews aunque sean pequeños para saber que siguen leyendo ( ꈍᴗꈍ)
GLOSARIO
Existen clanes con nombres definidos pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.
Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa
Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.
Yakuza Mafia japonesa
Oyabun El Jefe de la Región
Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:
Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);
Saiko-komon Consultor principal
