»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« NUEVE »»

El viaje a Tokio pasó en silencio. Estuve agradecida de que Sesshomaru no hubiera intentado entablar una conversación. Quería estar sola con mis pensamientos y mi tristeza. Pronto los rascacielos se elevaron alrededor del auto a medida que avanzábamos por Tokio a un paso glacial. No me importó. Cuanto más largo fuera el viaje, podría fingir más tiempo que no tenía un nuevo hogar, pero eventualmente nos detuvimos en un garaje subterráneo. Nos bajamos del auto sin decir palabra y Sesshomaru sacó nuestras maletas del maletero. La mayor parte de mis pertenencias ya habían sido llevadas al apartamento hacía unos días, pero ésta sería la primera vez que viera donde vivía.

Me quedé junto al auto mientras él se dirigía a las puertas del ascensor. Miró por encima de su hombro y también se detuvo.

—¿Pensando en correr?

Todos los días.

Me cerqué a él.

—Me encontrarías —dije simplemente.

—Lo haría. —Había dureza en su voz, colocó una tarjeta en la ranura y las puertas del ascensor se deslizaron, revelando mármol, espejos y una pequeña lámpara de araña. El ascensor dejaba claro que no era un edificio de apartamentos normales. Entramos y los nervios me retorcieron el estómago.

Había estado sola con Sesshomaru la última noche y durante el viaje hasta aquí, pero la idea de estar solos en su penthouse de alguna manera era peor. Este era su reino. ¿A quién estaba engañando? Prácticamente todo Tokio era su imperio. Se apoyó en la pared de espejos y me observó mientras el ascensor comenzaba su ascenso. Deseé que diga algo, cualquier cosa en realidad. Me distraería del pánico creciendo en mi garganta. Mis ojos revolotearon a la pantalla que mostraba en qué piso estábamos. Íbamos por el piso veinte y aún no se había detenido.

—El ascensor es privado, solo conduce a los últimos dos pisos. Mi penthouse está en la parte superior y Inuyasha tiene su apartamento en el piso de abajo.

—¿Puede venir a nuestro penthouse cuando quiera?

Sesshomaru escaneó mi rostro.

—¿Tienes miedo de Inuyasha?

—Tengo miedo de los dos. Pero Inuyasha parece más volátil, aunque dudo que tú hagas alguna vez algo que no quieres hacer. Pareces alguien que siempre está bajo control.

—A veces pierdo el control.

Giré el anillo de boda alrededor de mi dedo, evitando su mirada. Esa era información que no necesitaba saber.

—No tienes nada de qué preocuparte cuando se trata de Inuyasha. Está acostumbrado a venir a mi casa cuando quiere. Pero las cosas cambiarán ahora que estoy casado. La mayor parte de nuestros negocios se llevan a cabo en otro lugar, de todos modos.

El ascensor resonó y se detuvo, entonces las puertas se deslizaron, abriéndose. Sesshomaru me hizo un gesto para que salga primero. Lo hice e inmediatamente me encontré en una enorme sala de estar con elegantes sofás blancos, piso de madera oscura, una moderna chimenea de vidrio y metal, aparadores y mesas negras, así como lámparas de araña de vanguardia. Casi no había color en absoluto, excepto por algunas piezas de arte moderno en las paredes y piezas de arte hechas de cristal. Pero toda la pared frente al ascensor era de cristal. Las ventanas dejaban a la vista una terraza con un jardín en la azotea y, más allá, los rascacielos y la vista del parque Chidorigafuchi. El techo se abría por encima de la parte principal de la sala de estar y una escalera conducía al segundo piso del penthouse.

Me adentré en el apartamento y levanté la cabeza. Barandillas de vidrio permitían una visión más clara de la parte superior. Una luminosa galería con varias puertas se dividía en él.

Una cocina abierta ocupaba el lado izquierdo de la sala de estar y una enorme mesa negra marcaba el borde entre el comedor y la sala. Podía sentir los ojos de Sesshomaru en mí a medida que asimilaba todo. Me acerqué a la ventana y miré hacia afuera. Nunca había vivido en un apartamento, incluso un jardín en la azotea no cambiaba el hecho de que era una prisión alta.

—Tus cosas están en la habitación de arriba, Kaede no estaba segura si querías acomodarlas por ti misma, así que las dejó en las maletas.

—¿Quién es Kaede?

Sesshomaru vino detrás de mí, nuestras miradas se encontraron en el reflejo de la ventana.

—Es mi ama de llaves, está aquí un par de días por semana.

Me pregunté si también era su amante. Algunos hombres en nuestro mundo de hecho se atrevían a ofender a sus mujeres llevando a sus prostitutas a su propia casa.

—¿Cuántos años tiene?

Los labios de Sesshomaru se retorcieron.

—¿Estás celosa? —Apoyó sus manos en mi cadera y me tensé. No se retiró, pero pude ver la ira cruzando su rostro. Aunque también noté que no había contestado mi pregunta.

Me salí de su agarre y me dirigí a una puerta de cristal que dirigía al jardín en la azotea.

—¿Puedo ir afuera?

Su mandíbula se tensó. No era estúpido. Había notado lo rápido que me había sacudido de su toque.

—Esta también es tu casa ahora.

No se sentía de esa manera. No estaba segura si lo haría alguna vez. Abrí la puerta y salí. Hacía viento y el distante sonido de las bocinas llegaba arriba desde las calles abajo. Muebles de salón blanco ocupaban la terraza, pero más allá de ella, un pequeño jardín bien cuidado se estiraba hasta una barrera de cristal. Había incluso en el suelo un jacuzzi cuadrado lo suficientemente grande para seis personas. Dos sillas de sol estaban establecidas junto a él. Di zancadas hasta el borde del jardín y dejé vagar mi mirada sobre Chidorigafuchi. Era una hermosa vista.

—No estás pensando en saltar, ¿verdad? —preguntó Sesshomaru agarrando la barandilla a mi lado.

Incliné mi rostro hacia él, tratando de evaluar si éste era su intento de humor. Parecía serio.

—¿Por qué me mataría?

—Algunas mujeres en nuestro mundo lo ven como la única forma de obtener libertad. Este matrimonio es tu prisión.

Evalué la distancia entre el techo y el suelo. La muerte era segura, pero nunca consideraría matarme. Antes de hacerlo, habría corrido.

—No le haría eso a mi familia. Le rompería el corazón a Sango, Kohaku y Kagome.

Sesshomaru asintió. No podía leer su expresión y eso estaba volviéndome loca.

—Volvamos adentro —dijo él, poniendo una mano en mi espalda baja y dirigiéndome dentro del apartamento. Cerró la puerta y luego giró hacia mí.

—Tengo una reunión en treinta minutos, pero estaré de vuelta en algunas horas. Quiero llevarte a mi restaurante favorito para la cena.

—Oh —dije, sorprendida—. ¿Cómo una cita?

Las esquinas de la boca de Sesshomaru se retorcieron, pero no sonrió.

—Podrías llamarlo de esa manera. Aún no hemos estado en una cita real. —Envolvió un brazo alrededor de mi cintura y me tiró contra él. Me congelé y la ligereza desapareció de sus ojos—. ¿Cuándo vas a dejar de tenerme miedo?

—¿No quieres que te tenga miedo? —Siempre había pensado que haría su vida más fácil si estaba aterrorizada de él. Sería más fácil mantenerme bajo control.

Las oscuras cejas de Sesshomaru se fruncieron.

—Eres mi esposa. Vamos a pasar nuestras vidas juntos, no quiero a una mujer encogida de miedo a mi lado.

Eso realmente me sorprendió. Madre amaba a padre pero también le temía.

—¿Hay gente por ahí que no te tenga miedo?

—Algunos —dijo antes de bajar la cabeza y presionar sus labios contra los míos. Me besó sin prisa, hasta que me relajé bajo su toque y separé mis labios para él. Levanté mi brazo y vacilantemente toqué la parte de atrás de su cuello, mis dedos rozando su largo cabello. Mi otra mano se presionaba sobre su pecho, disfrutando la sensación de sus músculos. Él se apartó.

—Tengo casi decidido cancelar esta maldita reunión. —Frotó su pulgar sobre mis labios—. Pero todavía hay más que suficiente tiempo para esta tarde. —Miró su reloj—. En verdad necesito irme ahora. Miroku estará aquí cuando me haya ido. Tómate tu tiempo y mira alrededor. —Con eso se dirigió a la puerta y se fue.

Por un momento, me quedé mirando la puerta preguntándome si alguien me detendría si salía de este edificio. En lugar de eso me dirigí a la escalera y subí al segundo piso. Solo una de las puertas blancas estaba entreabierta y empujé para abrirla. El dormitorio principal apareció frente a mí. Al igual que en la sala de estar, la pared entera estaba hecha de ventanas con vistas a Tokio. La cama extragrande estaba frente a ella. Me pregunté cómo sería ver el amanecer desde la cama. La pared detrás de la cama estaba tapizada con tela color negro. Al final de la habitación, una puerta conducía al vestidor y a la derecha pude ver una bañera independiente a través de la pared de cristal que separaba el dormitorio del cuarto de baño.

Caminé hacia allí. Incluso desde la bañera podrías ver la ciudad. A pesar del muro de cristal, el lavamanos y la ducha no eran visibles desde el dormitorio, y el inodoro estaba en su propia pequeña habitación.

—¿Rin?

Jadeé, mi corazón latiendo con fuerza en mi pecho mientras seguía lentamente la voz y encontré a Miroku en la galería, cargando mis bolsos.

—No pretendí sobresaltarte —dijo cuando vio mi cara.

Asentí.

—¿Dónde quieres que ponga tus bolsos?

Había olvidado que Sesshomaru los había dejado en el sofá.

—No lo sé, ¿quizás en el vestidor?

Pasó a zancadas por delante de mí y dejó los bolsos en un banco en el armario. Mis tres maletas al igual que dos cajas de mudanza estaban al lado.

—¿Sabes si necesito vestir elegante para esta noche? Sesshomaru dijo que quiere llevarme a su restaurante favorito, pero no me dijo si había un código de vestimenta.

Miroku sonrió.

—No. Definitivamente sin código de vestimenta.

—¿Por qué? ¿Es un KFC? —En realidad nunca había comido en un KFC. Mis padres nunca nos habrían llevado a un lugar como ese. Kagome, Sango y yo una vez convencimos a Myoga para que nos llevara a McDonalds pero en realidad ese fue todo el alcance de mis experiencias con antros de comida rápida.

—La verdad es que no. Creo que Sesshomaru quiere sorprenderte.

Lo dudaba.

—Entonces, quizás debería desempacar. —Hice un gesto hacia mis maletas.

Miroku mantuvo una distancia prudente de mí. Era amable pero profesional.

—¿Necesitas ayuda?

La verdad es que no quería que Miroku tocara mi ropa interior.

—No. Preferiría estar sola.

El rostro de Miroku se cubrió de compasión antes de darse la vuelta e irse. Esperé hasta estar segura que había vuelto al piso de abajo antes de abrir la primera maleta. Encima de todo estaba una foto mía con Kagome, Sango y Kohaku. Lloré por tercera vez en menos de veinticuatro horas. Los había visto justo esa mañana, así que, ¿cómo podía ya sentirme tan sola?

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Cuando Sesshomaru llegó casi cinco horas después, me había cambiado a una falda y una delgada camisa sin mangas. A pesar de mis mejores esfuerzos, mis ojos estaban aún un poco rojos de llorar. Había un límite para lo que el maquillaje podía hacer. Sesshomaru lo notó inmediatamente, su mirada se detuvo en mis ojos y luego se movió rápidamente a la foto de mi familia en la mesita de noche.

—No estaba segura de cuál era tu lado. Puedo moverme a la otra mesita de noche si quieres —dije.

—No, está bien. —El agotamiento estaba claramente escrito en su cara.

—¿La reunión fue bien?

Sesshomaru apartó la mirada.

—No hablemos de ello. Estoy hambriento. —Me tendió su mano, la agarré y le seguí hasta el ascensor. Estaba tenso y apenas dijo una palabra mientras íbamos en su auto. No estaba del todo segura si esperaba que le diera conversación, y estaba demasiado vacía emocionalmente para hacer un esfuerzo.

Cuando paramos en un semáforo rojo, me echó una mirada.

—Estás genial.

—Gracias.

Estacionó el auto en una zona de estacionamiento cerrada donde apilaban los autos uno encima de otro, después bajamos una calle con pequeños restaurantes ofreciendo de todo, desde comida India, Libanesa y hasta Mexicana. Se detuvo en un restaurante Coreano y sostuvo la puerta abierta para mí. Sorprendida caminé dentro del concurrido y estrecho lugar.

Pequeñas mesas estaban dispuestas cuidadosamente juntas y la barra al frente ofrecía bebidas alcohólicas con etiquetas que ni siquiera podía leer. Un camarero se nos acercó y una vez divisó a Sesshomaru, nos guio hacia la parte trasera del restaurante y nos dio la última mesa disponible. La gente en la mesa de al lado observaban atentamente a Sesshomaru con los ojos bien abiertos, probablemente preguntándose quien era él. Tomé asiento en el banco que recorría a lo largo de toda la habitación y Sesshomaru se sentó frente a mí. El hombre detrás de él movió su silla a un lado, para que así Sesshomaru tuviera más espacio. ¿Sabían quién era o eran así de educados?

—Te ves sorprendida —dijo Sesshomaru después que el camarero hubiera tomado nota de nuestras bebidas y nos hubiera dejado con el menú.

—No pensé que te decantaras por la comida coreana, teniendo en cuenta todo. —Eso era todo lo que podía decir en un restaurante abarrotado, pero Sesshomaru supo que me refería a la Tríada Taiwanesa.

—Este restaurante es el mejor restaurante coreano de la ciudad y no pertenece a una cadena.

Fruncí el ceño. ¿Estaba bajo la protección de la yakuza?

—Es independiente.

—¿Hay restaurantes independientes en Tokio?

La pareja de la mesa de al lado nos miraron extrañados. Para ellos nuestra conversación era probablemente más que un tanto extraña.

—Algunos, pero ahora mismo estamos en negociaciones.

Resoplé.

Sesshomaru señaló mi menú.

—¿Necesitas ayuda?

—Sí, nunca he probado comida coreana.

—La seda de tofu marinada y el bulgogi de ternera son deliciosos.

—¿Comes tofu?

Sesshomaru se encogió de hombros.

—Si está preparado así, entonces sí.

Negué con la cabeza. Esto era surrealista.

—Solo pide lo que creas que es lo mejor. Como de todo, excepto hígado.

—Me gustan las mujeres que comen más que ensaladas.

El camarero volvió y tomó nuestros pedidos.

—¿Qué tipo de comida te gusta? —preguntó Sesshomaru con una sonrisa de superioridad. ¿Se estaba riendo de mí?

—Solo comíamos cosas tradicionales en casa. Además, nuestros padres solo nos llevaban a su restaurante japonés favorito y no se me permitía mucho ir sola a ningún sitio. —La amargura repicó en mi voz.

—Ahora puedes ir a donde quieras.

—¿De verdad? ¿Sola?

Sesshomaru bajó la voz.

—Con Miroku o conmigo, o Jaken cuando Miroku no esté disponible.

Por supuesto.

Cuando llegó nuestra comida, no la observé muy apetecible.

Sesshomaru me observó obviamente entretenido mientras jugaba con la comida.

—Con razón las mujeres están tan delgadas si comen todo el tiempo así.

—Eres más hermosa que todas ellas —dijo.

Escaneé su cara, intentando averiguar si estaba siendo sincero, pero, como siempre, su rostro era ilegible. Me permití admirar sus ojos. Eran extraordinarios con su anillo más oscuro alrededor del dorado. Ahora mismo no eran exactamente fríos, pero los recordaba siéndolo.

Sesshomaru arrancó un trozo de ternera marinada y lo sostuvo delante de mí. Mis cejas se alzaron sorprendidas. Sesshomaru reprodujo mi expresión pero la suya era más desafiante. Me incliné hacia delante y cerré mis labios alrededor de los palillos, y luego volví atrás, disfrutando el sabor del bulgogi de ternera. Los ojos de Sesshomaru parecieron oscurecerse a medida que me observaba.

—Delicioso —dije.

Sesshomaru levantó enseguida un trozo de tofu y lo acepté ansiosa. Esto era mejor que comer por mi misma.

Estaba agradecida de que Sesshomaru me mostrara su lado normal. Me daba esperanza. Quizás esa era su intención, pero no me importó.

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La relajación que había sentido durante la cena se evaporó cuando Sesshomaru y yo volvimos a nuestro penthouse y entramos al dormitorio. Fui al cuarto de baño y me tomé mi tiempo preparándome antes de volver.

Los ojos de Sesshomaru apreciaron mi camisón de satín largo y oscuro. Llegaba hasta mis pantorrillas pero tenía una abertura que llegaba hasta mis muslos. Seguía siendo mucho más modesto que la horrible cosa que había usado en nuestra noche de bodas. Y aun así estaba segura que había deseo en sus ojos.

Una vez que él hubo desaparecido en el baño, caminé hacia la ventana y me entretuve mirando el horizonte nocturno. Estaba casi tan nerviosa como la noche anterior. Sabía que no estaba lista para nada más que besarnos. No me giré cuando oí que Sesshomaru se acercaba por detrás. Su impresionante estatura se reflejaba en las ventanas. Como ayer, estaba usando solamente calzoncillos. Lo miré acercarse a mí y cada músculo de mi cuerpo se tensó. Si él notó mi reacción no lo demostró. Deslizó un nudillo por mi espalda, enviando una sensación estremecedora a lo largo de mi cuerpo. Cuando no reaccioné extendió su mano, con la palma hacia arriba, una invitación, no una orden, y aun así sabía que solo había una respuesta correcta.

Lo miré, pero mis ojos se desviaron hacia la larga cicatriz en su palma. Pasé las puntas de mis dedos por ella.

—¿Eso es por el juramento de sangre? —Espié su rostro inescrutable. Sabía que durante la ceremonia de iniciación los hombres tenían que sangrar mientras recitaban las palabras del juramento.

—No, es esta. —Volteó su otra mano, en donde una pequeña cicatriz surcaba su palma—. Esa —dijo mirando hacia la cicatriz que yo seguía tocando—, ocurrió en una pelea. Tuve que prevenir el ataque de una navaja con mi mano.

Quise preguntarle de la primera vez que había matado a un hombre, pero envolvió sus dedos alrededor de mi muñeca y me guio hasta la cama. Mi garganta se contrajo demasiado para las palabras cuando se sentó en el colchón y me jaló entre sus piernas. Traté de relajarme en su beso y cuando no hizo ningún movimiento para llevar las cosas más lejos sentí en realidad que la tensión se iba y comencé a disfrutar de su experimentada boca, pero después él se recostó y me jaló hacia la cama con él.

Sus besos se volvieron más fuertes y podía sentir su erección presionando contra mi muslo. Aun así no me retiré. Podía hacer esto. Sabía lo que venía. Su mano envolvió mi pecho y me tensé a pesar de mis buenas intenciones para no hacerlo. No la quitó, pero tampoco la movió. Sus besos hacían que mis pensamientos se enredaran. ¿Sería tan malo dormir con Sesshomaru? Él retrocedió un par de centímetros y dejó un rastro de besos hacia mi oreja.

—Nunca he querido follar a una mujer tanto como he querido follarte a ti en este momento.

Me congelé. Sus palabras me hicieron sentir barata. Él era mi esposo y tenía derecho a mi cuerpo, si le preguntabas a cualquiera en nuestra familia, de cualquier forma, pero me merecía más que eso. No quería que me folle como él estaba acostumbrado a hacer con otras mujeres. Era su esposa. Quería más. Volteé mi cabeza y empujé mis palmas contra su pecho. Después de un momento, él cedió.

—No quiero esto —dije, sin molestarme en esconder mi disgusto.

No lo miré pero prácticamente podía sentir su frustración. ¿Qué pensaba? ¿Qué repentinamente me sentiría lo suficientemente cómoda para dormir con él porque me había llevado una vez a cenar? ¿Era así como funcionaba con otras chicas? Por un largo tiempo no hizo más que mirarme, después se desprendió de mí.

Apagó la luz sin decir una palabra y se recostó en su lado de la cama. Deseé que al menos me abrazara. Esta era mi primera noche tan lejos de mi familia. Habría sido lindo si al menos me consolaba, pero no le pedí que lo hiciera. En lugar de eso, jalé las cobijas y cerré los ojos.

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Cuando me desperté a la mañana siguiente, Sesshomaru se había ido. No había ninguna nota, ni siquiera un texto en mi teléfono. Estaba realmente disgustado. Aventé mis cobijas a un lado. Bastardo. Él sabía que no conocía a nadie en Tokio y aun así no le importaba. Agarré mi laptop y abrí mi cuenta de correo. Kagome ya me había enviado tres correos nuevos. El último era casi amenazador. Levanté el teléfono. Solo oír su voz era suficiente para hacerme sentir mejor. No necesitaba a Sesshomaru o a nadie más, mientras tuviera a Kagome.

El olor de café y algo más dulce me sacó eventualmente de la habitación para ir hacia el piso inferior. Los sartenes estaban resonando en la cocina y al dar vuelta en la esquina, encontré a una mujer pequeña y robusta que se veía lo suficientemente vieja para ser mi abuela en la estufa, haciendo panqueques. Su cabello grisáceo estaba cubierto por una red y usaba un parche en su ojo derecho. Miroku estaba sentado en un banco en el bar adyacente a la isla de la cocina, una taza de café frente a él. Se volteó cuando me acerqué, sus ojos asimilando mi camisón antes de voltear su cabeza rápidamente. ¿En serio?

La mujer se volteó y sonrió amablemente.

—Debes ser Rin. Soy Kaede.

Caminé hasta ella para estrechar su mano, pero me envolvió en un abrazo, presionándome contra su amplio pecho.

—Eres una belleza. No me sorprende que Sesshomaru esté embelesado contigo.

Me tragué un comentario sarcástico.

—Eso huele delicioso.

—Siéntate. El desayuno estará listo en un par de minutos. Es suficiente para Miroku y para ti.

Me senté junto a Miroku en un banco. Seguía mirando enfáticamente hacia el otro lado.

—¿Cuál es tu problema? No estoy desnuda —dije cuando ya no pude soportarlo más.

Kaede se rio.

—Al chico le preocupa que Sesshomaru se dé cuenta que se comió con los ojos a su chica.

Sacudí la cabeza, contrariada. Si Miroku insistía en ser un cobarde, tendría que comer con los ojos cerrados. No me iba a poner una bata porque necesitaba un guardaespaldas en mi propio hogar.

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Ya me estaba quedando dormida cuando Sesshomaru llegó a casa esa noche. Mientras él había pasado su día afuera haciendo Dios sabe qué, yo era una prisionera en su estúpido penthouse. Las únicas personas que me hacían compañía eran Kaede y Miroku, pero ella se había ido después de preparar la cena y Miroku no era exactamente el acompañante más comunicativo. Miré cuando Sesshomaru salió del cuarto de baño, recién bañado. Apenas reconoció mi presencia. ¿Pensaba que eso me importaba? Cuando se acostó a mi lado y apagó las luces, dije en la oscuridad:

—¿Puedo caminar por la ciudad mañana?

—Siempre y cuando lleves a Miroku contigo. —Fue su corta respuesta.

Me tragué mi dolor y frustración. Cuando me había llevado a su restaurante favorito pensé que intentaría hacer que este matrimonio funcionara, pero solamente había sido un plan para meterme en la cama. Y ahora me castigaba con la ley del hielo.

Pero no lo necesitaba, nunca lo haría. Me quedé dormida escuchando su rítmica respiración.

Me desperté en medio de la noche por una pesadilla. El brazo de Sesshomaru estaba envuelto a mi alrededor, mi cuerpo rodeado por el suyo. Podría haberme retirado, pero su cercanía se sentía demasiado bien. Una parte de mí aun quería que este matrimonio funcionara.

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Extrañaba tanto a Kagome y a Lilly, que era casi una cosa física.

Miroku trataba de ser invisible pero siempre estaba ahí.

—¿Quieres ir de compras?

Casi me carcajeé. ¿Pensaba que ir de compras hacía que todo fuera mejor? Tal vez eso funcionara para algunas personas, pero definitivamente no para mí.

—No, pero me gustaría ir por algo de comer. Kagome me envió un correo electrónico con unos cuantos restaurantes que quiere probar cuando venga de visita. Me gustaría ir a uno de ellos hoy.

Miroku se vio indeciso por un instante y yo exploté.

—Le pedí permiso a Sesshomaru hace un par de noches, así que no tienes que preocuparte. Tengo permitido abandonar esta prisión.

—Lo sé, me lo dijo.

Esto era ridículo. Lo dejé parado en medio de la sala y me apresuré por las escaleras hacia el dormitorio. Me cambié rápidamente a un lindo vestido de verano y sandalias, agarré mi bolso y mis gafas de sol, antes de regresar al piso inferior. Miroku no se había movido de su lugar. ¿Por qué no podía fingir ser algo más que mi guardaespaldas?

—Vámonos —ordené. Si quería actuar como mi guardaespaldas, lo trataría de esa manera. Miroku se puso un saco sobre la camisa para esconder su pistolera, y después oprimió el botón del elevador. No hablamos durante el viaje hacia abajo. Esta era realmente la primera vez que veía el lobby del edificio de apartamentos. Era elegante, mármol negro, arte moderno, un brillante mostrador blanco detrás del cual se sentaba un recepcionista de mediana edad en un traje negro. Él inclinó su cabeza hacia Miroku antes de que sus ojos me enfocaran con obvia curiosidad.

—Buenos días, señora Taisho —dijo con una voz demasiado respetuosa. Casi tropecé al escucharlo llamarme así. Era fácil olvidar que ya no era una Higurashi. Después de todo, mi esposo nunca estaba presente.

Asentí en reconocimiento y luego salí rápidamente. El calor estalló contra mi cuerpo cuando dejé el aire acondicionado del edificio. El verano en la ciudad, no era nada de lo que estar emocionada. El olor de escape y gasolina parecía ser llevado a través de las calles como niebla. Miroku estaba un paso detrás de mí y me pregunté cómo podía soportar el calor en su elegante traje.

—Creo que necesitamos tomar un taxi —dije, mientras caminaba hacia la acera. Miroku negó con la cabeza, pero ya había levantado el brazo y un taxi se desvió hacia un lado y se detuvo junto a mí.

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Miroku se quedó unos cuantos pasos atrás, con su mirada alerta sobre mi espalda. Me estaba volviendo loca. Las personas me estaban dando miradas extrañas.

—¿Puedes caminar a mi lado, por favor? —pregunté a medida que avanzábamos por la calle donde estaba el restaurante—. No quiero que la gente piense que me estás protegiendo. —Probablemente todavía estaba enojado por haberle hecho tomar un taxi, en lugar del BMW negro que gritaba mafia desde lejos.

—Te estoy protegiendo.

Me detuve hasta que dio un paso a mi lado. El exterior del restaurante estaba rodeado por flores silvestres creciendo en macetas de terracota y el interior me recordó los pubs británicos sobre los que había leído. Parecía que cada uno de los meseros estaba tatuado y las mesas estaban colocadas tan juntas que podrías haber comido del plato de tu vecino. Pude ver por qué a Kagome le encantaría.

Los labios de Miroku se retorcieron en evidente desaprobación. Probablemente era la pesadilla de un guardaespaldas.

—¿Tienes una reservación? —preguntó una mujer alta con una perforación en el tabique nasal.

—No. —Miroku entrecerró los ojos como si no pudiera creer que alguien en realidad me estuviera preguntando algo como eso. Me encantaba. Aquí no era Rin, esposa de Sesshomaru Taisho—. Pero solo somos nosotros dos. Y no nos tomará mucho —dije amablemente.

La mujer miró entre Miroku y yo, luego sonrió.

—Tienen una hora. Son una linda pareja.

Se dio la vuelta para conducirnos hacia nuestra mesa y por eso no vio la expresión de Miroku.

—¿Por qué no la corregiste? —preguntó en voz baja.

—¿Por qué debería?

—Porque no somos una pareja. Tú eres de Sesshomaru.

—Yo soy yo. Y no lo soy.

Miroku no discutió de nuevo, pero me di cuenta que lo hacía sentir incómodo actuar como si fuéramos otra cosa excepto un guardaespaldas y la esposa de su jefe. Comí una ensalada con el aderezo más delicioso y disfruté de observar a las personas a nuestro alrededor, mientras Miroku comía una hamburguesa y monitoreaba nuestro entorno. No podía esperar para traer a Kagome aquí. La tristeza me llenó con el pensamiento. Nunca había estado tan sola en mi vida. Solo dos días en mi nueva vida y en realidad no sabía cómo sobrevivir los muchos miles de días que seguirían.

—Entonces, ¿Sesshomaru llegará nuevamente tarde a casa esta noche?

—Supongo —dijo Miroku evasivamente.

Después de haber comido, obligué a Miroku a dar un paseo por el vecindario del restaurante por un poco más de tiempo, pero finalmente me frustré con su postura rígida y su evidente inconformidad y accedí a regresar al apartamento.

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Cuando el taxi se detuvo frente al edificio de apartamentos, Miroku le pagó al chófer y salí del auto. Mientras me acercaba a la fachada de cristal, noté a una de las primas de Sesshomaru sentada en el interior del vestíbulo. ¿Qué estaba haciendo aquí? No habíamos hablado más que un par de frases en la boda y no había tenido la impresión de que ella estuviera interesada en mi amistad. Confundida, entré al vestíbulo. Los ojos de Urasue se movieron rápidamente hacia mí, se acercó sin dudar y me abrazó para mi sorpresa, luego empujó algo en mi mano.

—Toma. No dejes que Miroku o alguien más lo vea. Ahora sonríe.

Lo hice, aturdida. Podía sentir un papel doblado y lo que parecía una llave en mi palma. Rápidamente los guardé en mi bolso cuando Miroku apareció a mi lado.

—¿Qué estás haciendo aquí, Urasue? —Había un atisbo de sospecha en su voz.

Ella le mostró sus dientes.

—Quería ver cómo estaba Rin y preguntarle si podíamos encontrarnos pronto para almorzar. Pero ahora me tengo que ir. Tengo una cita con el estilista. —Me dio una mirada de advertencia, y luego se marchó, sus tacones resonando en el suelo de mármol.

Miroku me estaba observando.

—¿Qué dijo?

—Lo que te dijo —respondí, levantando la barbilla—. Quiero subir. —Él quería que actuara como su jefa, así que no podía esperar que me abriera con él. Asintió y me condujo hacia el ascensor con una leve inclinación de cabeza hacia los dos recepcionistas.

Para cuando entramos al penthouse me excusé y me dirigí al baño de visitas. Saqué lo que Urasue me había dado y desdoblé el pedazo de papel.

Rin,

La llave es para uno de los apartamentos propiedad de Sesshomaru. Ven esta noche a las diez en punto para ver en lo que realmente está metido tu esposo mientras tú calientas su cama. Se cuidadosa, quédate tranquila y no le digas a nadie.

Miroku tratará de detenerte. Deshazte de él.

La dirección estaba en la parte inferior de la página. La nota no estaba firmada y estaba escrita a computadora. ¿Era de parte de Urasue? Tendría sentido. La leí una y otra vez. Podía ser un truco, o peor: una trampa, pero la curiosidad ardía a través de mí. Sesshomaru no había sido precisamente el marido más presente. El único problema era cómo llegar al apartamento y cómo deshacerme de Miroku. Él nunca dejaba mi lado.

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Convencí a Miroku de salir a cenar a un restaurante que, de acuerdo a Google Maps, estaba a solo cinco minutos a pie de la dirección que Urasue me había dado. Cuando Miroku utilizó el baño de visitas de nuestro apartamento, empleé el momento para tomar una pequeña arma que Sesshomaru mantenía en uno de los cajones superiores de su armario. La noté cuando había desempacado mis maletas y doblado mi ropa en los cajones. La escondí en el bolsillo lateral de mi bolso. A pesar de que no tenía mucha experiencia con armas, sabía cómo manejarlas en teoría. Mejor prevenir que lamentar.

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Eran las nueve y cuarto. Miroku y yo acabábamos de terminar nuestro primer platillo, cuando me puse de pie y me dirigí al baño. Miroku empujó su silla y comenzó a levantarse también.

Lo miré fijamente.

—No vas a seguirme al baño. ¿Crees que me perderé en el camino? Las personas estarán mirando. Nadie sabe quién soy aquí. Estoy a salvo.

Miroku se hundió de nuevo. El baño estaba más allá de una esquina, más cerca de la puerta que de nuestra mesa. Salí del restaurante, saqué unos zapatos planos de mi bolso y me los puse. Luego me apresuré hacia la dirección. Tomaría al menos cinco minutos antes de que Miroku se aventurara hacia el baño y esperanzadoramente incluso más antes de que se metiera a comprobarme.

Cuando llegué frente al edificio de piedra rojiza, dudé. No tenía una recepción, solo un pasillo estrecho y una escalera empinada. Entonces tomé una respiración profunda y entré. La llave decía que el apartamento estaba en el tercer piso. Tomé el ascensor escondido en un rincón oscuro detrás de las escaleras. Durante el trayecto hacia arriba, la duda me superó. Tal vez no debería haber leído la carta. El ascensor se detuvo y la puerta se abrió con una sacudida. Mis ojos se movieron rápidamente hacia el botón que me llevaría de nuevo hacia la planta baja, pero en lugar de eso salí y encontré la puerta del apartamento. No estaba completamente cerrada.

Mi corazón se agitó con miedo. Esto parecía una idea realmente mala, pero la curiosidad fue más fuerte que la preocupación. Empujé la puerta y me asomé. La sala de estar estaba oscura y vacía, pero luz venía de otro lugar. Descansé mi mano en la pistola en mi bolso, entonces me deslicé aún más adentro, pero me quedé inmóvil cuando escuché a una mujer gritar.

—¡Sí! ¡Más duro!

El temor se instaló en mí mientras seguía la voz. La había escuchado antes. La luz se derramaba fuera de una puerta abierta. Me detuve frente a esta, dudando. Todavía podía darme la vuelta y fingir que nunca había recibido la carta. Otro gemido flotó fuera de la habitación y me asomé al interior. El calor se precipitó hacia mi rostro, y entonces pareció drenarse de mi cuerpo por completo.

Sara Asano estaba de rodillas con los antebrazos sobre la cama mientras Sesshomaru la follaba por detrás. Los golpes de su cuerpo al embestir su culo llenaban el silencio, solo ocasionalmente interrumpido por sus alentadores gritos y gemidos. Los ojos de Sesshomaru estaban cerrados a medida que sus dedos se clavaban en sus caderas y chocaba contra ella una y otra vez. Sara volvió su cabeza para mirarme a los ojos y sonrió triunfalmente. La bilis subió por mi garganta. Así que esto era lo que Sesshomaru había estado haciendo las últimas dos noches.

Por un loco instante, consideré sacar la pistola y arrojársela a la cabeza a esa zorra. No dispararía contra ella, incluso si quería. No era una mafiosa. No era Sesshomaru. Mis hombros se desplomaron y di un paso atrás. Necesitaba escapar. Los ojos de Sesshomaru se abrieron de golpe, estirando la mano hacia el arma de fuego en la cama junto a él, pero entonces me vio. Se sacudió, y luego se congeló.

—¿Qué pasa, Sesshomaru? —preguntó Sara, moviendo su culo contra él. Todavía estaba enterrado dentro de ella. Sesshomaru y yo nos miramos el uno al otro y pude sentir las lágrimas acumulándose en mis ojos.

Me di la vuelta y corrí. Tenía que escapar. Solo irme. Para cuando salí del ascensor en el primer piso, comencé a temblar pero no me detuve. Corrí hasta fuera casi chocando con Miroku que debió haber seguido el GPS de mi teléfono. Se tambaleó un poco, vio mi cara, luego al edificio y abrió los ojos de par en par. Él sabía. Todo el mundo parecía saber, a excepción de la estúpida de mí.

Seguí a toda prisa, corriendo más rápido de lo que había corrido en mi vida. Cuando crucé la calle hacia la estación del metro, alcancé a ver a Sesshomaru con la camisa y los pantalones desabrochados tambaleándose por la puerta. Miroku ya estaba persiguiéndome.

Pero era rápida. Años de ejercitar en la cinta de correr finalmente dieron sus frutos. Prácticamente volé por los escalones y busqué a tientas la tarjeta del metro que mis hermanas y yo habíamos comprado antes de la boda después de haber obligado a Myoga a mostrárnoslo. Me las arreglé para pasar a duras penas por las puertas ya cerrándose de un vagón. Ni siquiera estaba segura de hacia dónde se dirigía. Pero cuando vi a Sesshomaru y Miroku dirigiéndose a los rieles, lo único que importó era que me estaba alejando de ahí. Lejos de la sonrisa triunfal que Sara me había dado, del sonido del cuerpo de Sesshomaru bombeando contra su culo, de su traición.

En nuestra noche de bodas le dije a Sesshomaru que no lo odiaba. Deseé que me preguntara de nuevo hoy. Me hundí en un asiento libre, pero todavía estaba temblando. ¿A dónde iba?

No podía huir. Sesshomaru probablemente ya habría enviado a cada soldado detrás de mí. Dejé escapar una risa ahogada y recibí algunas miradas extrañas de los demás pasajeros. ¿Qué sabían ellos? Eran libres.

Agarré mi teléfono y llamé a Kagome. Ella respondió al segundo timbre.

—¿Rin?

—Atrapé a Sesshomaru en la cama con Sara. —Más personas me miraron. ¿Acaso importaba? No sabían quién era yo. Los avisos de la boda en el periódico nunca habían incluido una foto de mí. Realmente no necesitaba más atención.

—Mierda.

—Sí. —Me bajé en la siguiente estación a medida que empezaba a contarle toda la historia a Kagome. Me alejé del subterráneo rápidamente porque ese sería el lugar que buscarían primero. Finalmente me detuve en un lugar ruidoso y oscuro donde vendían hamburguesas y cerveza. Pedí una Coca-cola y una hamburguesa, aunque no tenía ninguna intención de beber o comer.

—¿En dónde estás ahora? —preguntó Kagome.

—En algún lado. Ni siquiera sé. En un restaurante, más o menos.

—Ten cuidado. —No dije nada—. ¿Estás llorando? —Así era. Una vez más me quedé en silencio.

—No lo hagas. No cuando no estoy cerca para consolarte y patear el puto culo de Sesshomaru. Sabía que era un idiota. Bastardo de mierda. Aún no has dormido con él, ¿verdad?

—No, no lo he hecho. Probablemente por eso es que me está engañando.

—No te atrevas a culparte a ti misma, Rin. Cualquier hombre decente habría mantenido su pene en sus pantalones o usado su mano.

La hamburguesa y una Coca cola llegaron y di las gracias a la camarera que se quedó junto a mi mesa durante un par de segundos, su mirada persistiendo en mis lágrimas. Le di una sonrisa y finalmente captó la indirecta y se fue.

—¿Qué harás ahora? ¿Estás pensando en volver a casa?

—¿De verdad crees que padre va a permitir que deje a Sesshomaru porque me engañó? Padre ha tenido una amante durante años. —Tampoco es que Sesshomaru lo permitiría. Era suya, como Miroku nunca dejaba de recordarme.

—Todos los hombres son unos cerdos.

—No puedo olvidar la mirada que Sara me dio. Parecía que había ganado.

—Ella quería que lo vieras, quería humillarte. —Kagome se quedó en silencio—. Eres la esposa del futuro Oyabun. Si alguien te humilla, prácticamente están insultando a Sesshomaru.

—Bueno, él estaba muy ocupado ayudándola a insultarme.

Kagome resopló.

—Espero que se le caiga el pene.

—No pienso contener la respiración esperando.

—Apuesto a que le van a patear el culo a Miroku por dejar que te escaparas. Se lo merece.

Casi sentí lástima por Miroku, pero luego recordé que había sabido sobre Sara desde el principio. Había estado escrito en su rostro. Dios, ¿cuánta gente sabía? ¿Acaso todos estarían riéndose de mí a mis espaldas?

—¿Estás hablando con Rin? —Pude oír la voz emocionada de Sango en el fondo.

—Eso no es asunto tuyo. Sal de mi habitación, pequeña entrometida.

—¡Quiero hablar con ella! ¡También es mi hermana!

—Ahora no. Esto es privado. —Hubo gritos y entonces el sonido de un portazo, seguido de los puños martillando contra la madera. Mi corazón se llenó de calidez y sonreí. Esa había sido mi vida no hacía mucho tiempo. Ahora solo tenía un marido infiel al que volver.

—¿Y ahora qué? —preguntó Kagome con el tiempo.

—Sinceramente, no sé. —Pagué y dejé el restaurante, volviendo a recorrer las calles. Estaba oscuro, pero todavía estaban llenas de gente camino a casa de cenar o de camino a un club o bar.

—No puedes dejar que te trate así. Debes luchar.

—No sé si luchar con Sesshomaru es algo que quiero hacer.

—¿Qué puede hacerte? No eres su enemigo o su soldado y dijo que no golpea a las mujeres ni que te obligaría a nada. Entonces, ¿qué queda? ¿Encerrarte en tu habitación sin cenar? —Suspiré—. Tal vez deberías engañarlo. Ir a un club, encontrar un chico caliente y dormir con él.

Eso no resultaría nada bien con Sesshomaru.

—Lo mataría. No quiero sangre en mis manos.

—Entonces, haz otra cosa. No me importa, siempre y cuando le hagas pagar a Sesshomaru por lo que te está haciendo. Probablemente solo seguirá engañándote. Lucha.

Pero Kagome era la luchadora. Yo prefería las tácticas sutiles.

—Debería deshacerme de este teléfono ahora mismo. Necesito más tiempo para pensar y no quiero que Sesshomaru me rastree.

—Llámame tan pronto como sea posible. No importa la hora. Si no escucho nada de ti mañana por la mañana, no me importará a quién tengo que derribar para volar a Tokio.

—De acuerdo. Te quiero. —Antes de que Kagome pudiera decir nada más, apagué el teléfono, lo deshabilité y lo arrojé en un cubo de basura antes de caminar por las calles sin rumbo fijo. Era pasada la medianoche y estaba cansada. La única cosa que me mantenía en marcha era la imagen de Sesshomaru volviéndose loco al no poder encontrarme. Odiaba no tener el control. Y ahora me le había escapado de las manos. Deseé poder verlo.

Compré un café y envolví mis dedos alrededor de la taza de papel caliente mientras me apoyaba en la fachada de la cafetería y dejaba que mis ojos se perdieran sobre el escaso número de transeúntes. Cada vez que una pareja pasaba por delante de mí, tomados de la mano, besándose, riéndose y enamorados, mi pecho se apretaba. Mis ojos ardían por el cansancio y mi anterior llanto. Estaba tan cansada.

Paré un taxi y dejé que me lleve a nuestro edificio. Cuando entré en el vestíbulo, el recepcionista inmediatamente levantó el teléfono. Buen perro, quise decir. En cambio, torcí la boca en una sonrisa y entré en el ascensor, luego deslicé la tarjeta para que así me lleve al piso correcto. Estaba casi en calma ahora, al menos por fuera. ¿Acaso Sesshomaru estaba en el penthouse? ¿O estaba fuera cazándome? O tal vez había regresado a su puta y dejado que sus hombres hicieran el trabajo por él. Cuando había despertado con los brazos de Sesshomaru a mi alrededor, o cuando él me había besado, me había permitido creer que tal vez podría hacerlo amarme. Cuando habíamos cenado juntos, había pensado que podría enamorarme de él.

Entré al piso. Miroku estaba allí y prácticamente se dejó caer con alivio.

—Está aquí —dijo en su teléfono, luego asintió antes de terminar la llamada.

—¿Dónde está Sesshomaru? ¿De vuelta con su puta?

Miroku frunció el ceño.

—Buscándote.

—Me sorprende que se moleste. Podría haberte enviado o a uno de sus otros perros. Después de todo, haces todo lo que dice. Incluso cubrirlo mientras él está fuera engañándome. —Miroku no dijo nada. No estaba segura de por qué estaba atacándolo.

Me alejé.

—¿A dónde vas?

—Voy a desvestirme y ducharme. Si quieres ver, eres mi invitado. —Miroku se detuvo, pero sus ojos me siguieron por las escaleras. Cerré de golpe la puerta de la habitación detrás de mí, luego la aseguré antes de entrar en el baño para tomar una ducha. Puse la temperatura tan alta como pude soportarla, pero el agua no podía lavar las imágenes que se habían refugiado en mi cerebro. Sesshomaru enterrado en Sara. Su sonrisa. El sonido de sus caderas golpeando contra su culo. No estaba muy segura de lo que estaba sintiendo. Decepción. ¿Celos? No había elegido a Sesshomaru, pero él era mi marido. Quería que me fuera fiel. Quería que solo me quisiera a mí. Quería ser suficiente.

Hubo un golpe en la puerta de la habitación cuando salí de la ducha. Envolví una toalla a mi alrededor y lentamente salí del cuarto de baño hacia el dormitorio.

—¡Rin, déjame entrar! —Había rabia en su voz. ¿Estaba enfadado?

Dejé caer la toalla y me puse un camisón de seda sobre mi cuerpo.

—Voy a tumbar la puerta si no me dejas entrar.

Me gustaría ver que lo hagas. Tal vez te disloques un hombro.

—¡Rin, abre la maldita puerta!

Estaba demasiado cansada para seguir jugando con él. Quería que este día se termine. Quería dormir para eliminar mágicamente mi memoria. Desbloqueé la puerta, luego me di la vuelta y regresé a la cama. La puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared y Sesshomaru irrumpió. Agarró mi brazo y la furia ardió a través de mí. ¿Cómo se atrevía a poner sus manos sobre mí después de agarrarle el culo a esa puta con ellas?

—¡No me toques! —grité, retorciéndome de su agarre. Él estaba jadeando, los ojos desorbitados por la emoción. Su blanco cabello era un desastre y su camisa no estaba abotonada correctamente. Inuyasha estaba parado en la puerta, Miroku y Jaken unos pasos más atrás.

—¿Dónde has estado? —dijo él en voz baja, estiró una mano hacia mí otra vez y me tambaleé hacia atrás.

—¡No! Ni se te ocurra tocarme otra vez. No cuando usaste esas mismas manos para tocar a tu puta.

Su expresión fue absolutamente impasible.

—Fuera, todo el mundo. Ahora.

Inuyasha se volvió, y él y los otros dos hombres desaparecieron de la vista.

—¿Dónde has estado?

—No te estaba engañando si eso es lo que te preocupa. Nunca haría eso. Creo que la fidelidad es lo más importante en un matrimonio. Así que puedes calmarte ahora mismo, mi cuerpo todavía es solo tuyo. —Prácticamente escupí las últimas palabras—. Solo caminé por la ciudad.

—¿Caminaste por Tokio en la noche, sola?

Me quedé mirando sus ojos, esperando que pudiera ver lo mucho que lo odiaba por lo que había visto, cuánto dolía saber que me respetaba tan poco.

—No tienes derecho a estar enfadado conmigo, Sesshomaru. No después de lo que vi hoy. Tú me engañaste.

Sesshomaru gruñó.

—¿Cómo puedo estar engañándote cuando ni siquiera tenemos un matrimonio real? Ni siquiera puedo follarme a mi propia esposa. ¿Crees que voy a vivir como un monje hasta que decidas que puedes soportar mi cercanía?

Ese cerdo arrogante. Él y mi padre se habían asegurado que ni siquiera hablara con otros hombres hasta mi boda con Sesshomaru.

—Dios no lo quiera. ¿Cómo me atrevo a esperar que mi marido me sea fiel? ¿Cómo me atrevo a esperar esta pequeña decencia en un monstruo?

—No soy un monstruo. Te he tratado con respeto.

—¿Respeto? —Mi voz se elevó—. ¡Te atrapé con otra mujer! Tal vez debería salir, traer a un individuo al azar de vuelta conmigo y dejarlo que me folle delante de tus ojos. ¿Cómo te haría sentir eso?

De pronto me arrojó sobre la cama y estaba encima de mí, mis brazos sujetos por encima de mi cabeza. Empujando a través del asfixiante miedo, dije:

—Hazlo. Tómame, así realmente puedo odiarte. —Sus ojos eran lo más aterrador que jamás había visto.

Sus fosas nasales se dilataron. Volví la cara y cerré los ojos. Él estaba respirando con dureza, su agarre en mis muñecas demasiado apretado. Mi corazón latía con fuerza contra mi caja torácica mientras yacía inmóvil debajo de él. Se movió y presionó su cara en mi hombro, liberando una respiración brusca.

—Dios, Rin.

Abrí los ojos. Soltó mis muñecas, pero mantuve mis brazos por encima de la cabeza. Lentamente levantó los ojos. La ira había desaparecido de su rostro. Alcanzó mi mejilla, pero me alejé.

—No me toques con ella en ti.

Se incorporó.

—Voy a tomar una ducha ahora, ambos vamos a calmarnos y luego quiero que hablemos.

—¿De qué hay que hablar?

—De nosotros. Este matrimonio.

Bajé los brazos.

—Te follaste a una mujer delante de mis ojos hoy mismo. ¿Crees que todavía hay una oportunidad para este matrimonio?

—No quería que vieras eso.

—¿Por qué? ¿Así podrías engañarme en paz y con tranquilidad a mis espaldas?

Él suspiró y comenzó a desabrocharse la camisa.

—Déjame tomar una ducha. Tienes razón. No debería faltarte más el respeto tocándote así.

Me encogí de hombros. En este momento no pensaba que alguna vez querría que me tocara de nuevo, sin importar cuántas duchas tome. Desapareció en el cuarto de baño. La ducha duró un largo tiempo. Me senté contra la cabecera, las sábanas subidas hasta mi cadera cuando Sesshomaru finalmente emergió. Aparté los ojos cuando dejó caer la toalla y se puso los calzoncillos, luego se metió en la cama a mi lado con su espalda contra la cabecera. No trató de tocarme.

—¿Lloraste? —preguntó con voz desconcertada.

—¿Creíste que no me importaría?

—Muchas mujeres en nuestro mundo están contentas cuando sus maridos usan prostitutas o adquieren una amante. Como tú dijiste, hay pocos matrimonios por amor. Si una mujer no puede soportar el toque de su marido, a ella no le importa que él tenga romances para satisfacer sus necesidades.

Me burlé.

—Sus necesidades.

—No soy un buen hombre, Rin. Nunca pretendí lo contrario. No hay hombres buenos en la mafia.

Mis ojos se posaron en el tatuaje sobre su corazón.

—Lo sé. —Tragué—. Pero me hiciste pensar que podía confiar en ti y que no me lastimarías.

—Nunca te lastimé.

¿De verdad no lo entendía?

—Dolió verte con ella.

Su expresión se suavizó.

—Rin, tenía la sensación de que no querías dormir conmigo. Pensé que estarías contenta si no te tocaba.

—¿Cuándo dije eso?

—Cuando te dije que te quería, te echaste hacia atrás. Parecías disgustada.

—Nos besamos y dijiste que querías follarme más que a cualquier otra mujer. Por supuesto, me alejé. No soy una puta que puedes usar cuando quieras. Nunca estás en casa. ¿Cómo se supone que voy a conocerte? —Lució frustrado. Los hombres de la mafia eran incluso más despistados que los hombres normales—. ¿Qué habías pensado? Nunca he hecho nada. Eres el único hombre que he besado. Sabías eso cuando nos casamos. Tú y mi padre incluso se aseguraron que fuera así, y a pesar de eso, esperabas que fuera de nunca haber besado a un chico a extender mis piernas para ti. Quería lentitud. Quería conocerte para poder relajarme, quería besarte y hacer otras cosas primero antes de que durmiéramos juntos.

La realización finalmente se asentó en sus rasgos, luego sonrió satisfecho.

—¿Otras cosas? ¿Qué tipo de otras cosas?

Lo observé. No estaba de humor para bromas.

—Esto es inútil.

—No, no lo es. —Volteó mi cara a él, luego dejó caer la mano. Había aprendido su lección—. Lo entiendo. Para los hombres la primera vez no es un gran paso, o al menos no lo fue para los hombres que conozco.

—¿Cuándo fue tu primera vez?

—Tenía trece y mi tío pensó que era momento para que me convirtiera en un hombre real ya que ya había sido iniciado. "No puedes ser virgen y un asesino a la vez". Eso fue lo que dijo. —Sesshomaru sonrió con frialdad—. Pagó a dos nobles prostitutas para pasar un fin de semana conmigo y enseñarme todo lo que sabían.

—Eso es horrible.

—Sí, supongo que lo es —dijo Sesshomaru tranquilamente—. Pero era un adolescente de trece años que quería probarse a sí mismo. Era el miembro más joven en la familia de Tokio. Y no quería que el hombre más viejo pensara en mí como un niño. Sentí un gran orgullo cuando el fin de semana acabó. Dudo que las prostitutas estuvieran demasiado impresionadas con mi actuación pero pretendieron que era el mejor amante que habían tenido. Takemaru probablemente les pagó extra por eso. Me tomó muy poco descubrir que no a todas las mujeres les gustaba si te venías sobre su cara cuando te dan una mamada.

Arrugué la nariz y Sesshomaru soltó una carcajada.

—Sí —murmuró, luego alcanzó una hebra de mi cabello y la dejó deslizarse sobre su dedo. No estaba segura de por qué siempre hacía eso—. Estuve realmente preocupado esta noche.

—¿Preocupado de que dejara a alguien tener lo que es tuyo?

—No —dijo firmemente—. Sabía, que eres leal. Las cosas con la Bratva están escalando. Si logran hacerse contigo… —Sacudió la cabeza.

—No lo hicieron.

—No lo harán.

Me alejé de su mano, que se movió de mi cabello a mi garganta. No quería su toque. Él suspiró.

—Harás esto realmente difícil, ¿verdad? —Lo miré—. Me disculpo por lo que viste hoy.

—Pero no por lo que hiciste.

Él lució exasperado.

—Raramente digo que lo siento. Cuando lo digo, es en serio.

—Quizás deberías decirlo más a menudo.

Tomó una profunda respiración.

—No hay forma de que salgas de este matrimonio, tampoco para mí. ¿Realmente quieres ser miserable?

Estaba en lo correcto. No había forma de salir. E incluso si la hubiera, ¿luego qué? Mi padre volvería a casarme con el siguiente hombre. Quizás un hombre como el esposo de Tamano. Y sin importar lo mucho que quisiera negarlo, podía estar desarrollando sentimientos por el Sesshomaru que vi en el restaurante. No hubiera dolido tanto verlo con otra mujer si no lo hiciera. Cuando tocaba mi cabello, me besaba o envolvía sus brazos en mí durante la noche, había sentido que comenzaba a enamorarme de él. Deseé poder odiarlo con todo mi corazón. Si Kagome hubiera estado en mi lugar, ella habría preferido odiar a su esposo y ser miserable que darle la satisfacción a él y a nuestro padre de tomarle afecto.

—No —dije—. Pero no puedo pretender que nunca te vi con ella.

—No espero que lo hagas, pero pretende que nuestro matrimonio empieza hoy. Un limpio comienzo.

—No es así de fácil. ¿Qué hay de ella? Esta noche no fue la primera vez que estuviste con ella. ¿La amas? —Mi voz tembló cuando lo dije.

Sesshomaru se dio cuenta, por supuesto. Me miró como si fuera un rompecabezas que no podía entender.

—¿Amar? No. No tengo sentimientos por Sara.

—Entonces, ¿por qué la sigues viendo? La verdad.

—Porque sabe cómo chupar una polla y porque es muy buena follando. ¿Suficientemente sincero?

Me ruboricé. Sesshomaru pasó un dedo por mi mejilla.

—Amo cuando te ruborizas cada vez que digo algo sucio. No puedo esperar para ver tu rubor cuando te haga algo sucio.

¿Por qué no podía dejar de tocarme?

—Si realmente quieres hacer que este matrimonio funcione, si incluso quieres una oportunidad de hacerme algo sucio, entonces tienes que dejar de ver a otras mujeres. Quizás a otras esposas no les importa, pero no dejaré que me toques mientras haya alguien más.

Sesshomaru asintió.

—Lo prometo. Te tocaré solo a ti de ahora en adelante.

Lo consideré.

—A Sara no le va a gustar.

—¿A quién carajo le importa lo que ella piense?

—¿Su padre no te dará problemas?

—Nosotros pagamos sus campañas y tiene un hijo siguiéndole los pasos que necesita dinero tan pronto como pueda. ¿Por qué le importaría una hija que no es buena para nada más que comprar y eventualmente se casará con un hombre rico? —Lo mismo podía ser dicho para mí y cada mujer en nuestro mundo. Los hijos podían seguir los pasos de los padres, podían volverse miembros de la mafia. Todavía recordaba lo mucho que padre había celebrado cuando descubrió que su cuarto hijo era finalmente un niño.

—Probablemente esperaba que tú fueras ese hombre.

—No nos casamos con personas ajenas a la mafia. Nunca. Ella sabía eso, y no es que fuera la única mujer que me follé.

Le di una mirada severa.

—Lo dijiste tú mismo. Tienes tus necesidades. ¿Cómo puedes decirme que no me vas a engañar otra vez si te cansas de esperar para dormir conmigo?

Sesshomaru inclinó la cabeza, sus ojos se estrecharon pensativos.

—¿Intentas hacerme esperar demasiado?

—Pienso que ambos tenemos conceptos muy diferentes de la palabra "esperar demasiado".

—No soy un hombre paciente. Si demasiado significa un año… —Se apagó. No podía creerle—. ¿Qué quieres que te diga, Rin? Mato, chantajeo y torturo a personas. Soy el Jefe de los hombres que hacen lo mismo cuando se los ordeno, y pronto seré el Oyabun, el líder de la más poderosa organización criminal en la Costa Este y probablemente de todo Japón. ¿Pensaste que te tomaría en nuestra noche de bodas y ahora estás enojada porque no quiero esperar meses para dormir contigo?

Cerré los ojos.

—Estoy cansada. Es tarde. —Era tan tarde que en realidad era temprano.

—No —dijo Sesshomaru, tomando mi cintura—. Quiero que entiendas. Soy tu esposo. No es como si fueras como otras chicas que pueden elegir al hombre con el que van a perderla. ¿Estás asustada de que voy a ser rudo contigo por lo que viste hoy? No lo seré. Te dije que quiero que te retuerzas debajo de mí de placer, y aunque eso probablemente no sucederá la primera vez que te tome, te haré venir tan a menudo como quieras con mi lengua y mis dedos hasta que puedas venirte cuando esté dentro de ti. No me importa ir lento, pero ¿por qué quieres esperar?

Lo observé a través de mis ojos entrecerrados. Por algo que nunca sucederá: que quieras hacerme el amor y no tomarme como tu posesión. Una parte de mí no quería aceptar menos, la otra parte sabía mejor. "El amor es algo que las chicas esperan cuando no conocen nada mejor, algo que las mujeres anhelan cuando yacen despiertas en la noche, y algo que solo conseguirán de sus hijos. Los hombres no tienen tiempo para tales nociones". Eso es lo que mi padre decía.

—No te haré esperar por meses —dije en lugar de lo que realmente quería decir, luego me dormí.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Me vaaaan a mataaaar! Bueno tal vez me dejen media viva para hacer el Sessh POV. Pero definitivamente me van a querer linchar… Elegí a Sara Asano para ese personaje porque no tengo sentimientos por ella además el personaje es mimada que se obsesiono con el protagonista, como Sara xD… No elegí a Kagura porque su personaje me gusta y si continuo con las demás novelas saldrá en su propia historia.

La novela original sucede en Nueva York y las vistas son al Central Park, por ello elegí que fuese en Tokio y el Parque Chidorigafuchi es donde está el Palacio Imperial, busquen imágenes en internet es sumamente hermoso. Tampoco quise cortar el cap porque si no le quitaba la emoción… oopsi…jajajaja

Gracias todas por sus Reviews me inspiran a apurarme… como ya estoy de vacaciones me iré como gorda en tobogán jejeje ( ꈍᴗꈍ)

No manejo mucho Twitter pero tengo un Blog en Facebook donde de momento no subo mucho pero lo hice para administrar un grupo, ahi si somos bien activas. Son bienvenidas ahí, solo mayores de edad. Alguien dice que hizo un fanart inspirando en este fanfic ahí lo puedes subir :D Contesten las preguntas de lo contrario no las acepto. (solo quiten los espacios)

El Blog Setsunaせつな www. facebook 112136174733676

El grupo Las Puerkas del SessiRin www. facebook groups/300828968254608

Les reitero esto es una adaptación, por lo que puede que algunos personajes no se ajusten exactamente a los personajes del manga, pero sí creo que se ajustan un poco a los del anime Inuyasha y Kagome en el anime son más impulsivos... Si no les agrada lo lamento, la novela ya está hecha, aunque estoy modificando un poco la historia. Los únicos que reconozco que están invertidos los papeles son en Sango y Miroku… este Miroku es super responsable y esta Sango es traviesa.

Todos los nombres son tomados de Inuyasha o Hanyo no Yashahime

GLOSARIO

Existen clanes con nombres definidos, pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.

Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa

Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.

Clan pendiente*: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.

Yakuza Mafia japonesa

Oyabun El Jefe de la Región