»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««
ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.
ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ
ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ
ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.
«« DIEZ »»
Sesshomaru canceló sus planes para el día siguiente y envió a Inuyasha a hacer lo que necesitaba ser hecho. Como una mujer en nuestro mundo, aprendías rápidamente a no hacer demasiadas preguntas porque las respuestas rara vez eran buenas.
Sesshomaru se preparó primero y cuando entré en la cocina vestida y duchada, estaba mirando en la nevera con el ceño fruncido en su rostro.
—¿Sabes cocinar?
Resoplé.
—¿No me digas que nunca has hecho el desayuno por tu cuenta?
—Por lo general agarro algo en mi camino al trabajo, a excepción de los días en que Kaede está aquí y prepara algo para mí. —Sus ojos recorrieron mi cuerpo. Había elegido unos pantalones cortos, una blusa sin mangas y sandalias ya que se supone que iba a hacer mucho calor hoy—. Amo tus piernas.
Negué con la cabeza, luego caminé hacia él para mirar en la nevera. Él no retrocedió y nuestros brazos se rozaron. Esta vez me las arreglé para no estremecerme. Su toque ya no era incómodo y cuando él no me sobresaltaba, en realidad podía imaginarme disfrutándolo. La nevera estaba bien abastecida. El problema era que yo tampoco había cocinado nunca, pero no se lo mencionaría a Sesshomaru. Agarré la caja de huevos y unos pimientos rojos, y los puse sobre la encimera de la cocina. No podía ser tan difícil preparar un omelet. Había visto a nuestro cocinero unas cuantas veces antes.
Sesshomaru se apoyó en el mesón central de la cocina y se cruzó de brazos mientras sacaba una sartén del armario y encendía la estufa. Lo miré por encima del hombro.
—¿No me ayudarás? Puedes picar los pimientos. Por lo que he oído, sabes cómo usar un cuchillo.
Eso hizo que las comisuras de sus labios se contraigan, sin embargo, sacó un cuchillo del cubo y se acercó a mi lado. La parte superior de mi cabeza apenas le llegaba hasta el pecho con mis sandalias planas. Tenía que admitir que en cierto modo me gustaba. Le entregué los pimientos y señalé hacia una tabla de madera, porque me dio la sensación de que Sesshomaru habría comenzado cortar justo encima de las caras encimeras de granito negro. Trabajamos en silencio, pero Sesshomaru se mantuvo mirándome a escondidas. Puse un poco de mantequilla en la sartén, y después sazoné los huevos batidos. No estaba segura si necesitaba añadir leche o crema, pero decidí no hacerlo. Vertí los huevos en la sartén chisporroteando.
Sesshomaru señaló con el cuchillo a los pimientos picados.
—¿Qué hay de estos?
—Mierda —susurré. Los pimientos deberían haber ido primero.
—¿Alguna vez has cocinado?
No le hice caso y arrojé los pimientos en la sartén con los huevos. Puse la estufa al máximo y pronto el indicio de un olor a quemado llegó a mi nariz. Agarré rápidamente una espátula y traté de voltear la tortilla, pero se pegó a la sartén. Sesshomaru me observaba con una sonrisa.
—¿Por qué no preparas café para nosotros? —Le espeté mientras raspaba los huevos medio quemados desde el fondo de la sartén.
Cuando pensé que los huevos eran seguros para comer, los distribuí en dos platos. En realidad no se veían muy apetitosos. Las cejas de Sesshomaru se alzaron cuando puse un plato delante de él. Se dejó caer en el taburete y salté al que estaba junto a él. Lo observé a medida que tomaba el tenedor y pinchaba un trozo de huevo, luego lo llevó a sus labios. Tragó, pero era evidente que no estaba muy impresionado. También tomé un bocado y casi los escupí de inmediato. Los huevos estaban demasiado secos y demasiado salados. Solté el tenedor y tragué la mitad de mi café, ni siquiera importándome que estaba caliente y negro.
—Oh, Dios mío, eso es repugnante.
Había un toque de diversión en la cara de Sesshomaru. La expresión más relajada le hacía parecer mucho más accesible.
—Tal vez deberíamos salir a desayunar.
Fulminé con la mirada a mi taza de café.
—¿Qué tan difícil puede ser hacer un omelet?
Sesshomaru dejó escapar lo que podría haber sido una risa. Y entonces sus ojos revolotearon de nuevo a mis piernas desnudas, las cuales casi tocaban las suyas. Él puso su mano sobre mi rodilla y me quedé helada con mi taza contra mis labios. No hizo nada, solo trazó ligeramente su pulgar de ida y vuelta sobre mi piel.
—¿Qué te gustaría hacer hoy?
Reflexioné eso, incluso si su mano era muy distractora. Estaba alternando entre querer quitarlo de mi rodilla y pedirle que siguiera acariciándome.
—La mañana después de nuestra noche de bodas, me preguntaste si sabía cómo luchar, así que tal vez me puedes enseñar cómo utilizar un cuchillo o una pistola y tal vez un poco de auto-defensa.
La sorpresa cruzó el rostro de Sesshomaru.
—¿Estás pensando en usarlos contra mí?
Resoplé.
—Como si alguna vez pudiera vencerte en una pelea limpia.
—No peleo limpio.
Por supuesto que no lo hacía.
—Entonces, ¿vas a enseñarme?
—Quiero enseñarte muchas cosas. —Sus dedos se cerraron sobre mi rodilla.
—Sesshomaru —dije en voz baja—. Lo digo en serio. Sé que tengo a Miroku y a ti, pero quiero ser capaz de defenderme por mi cuenta si pasa algo. Tú mismo lo dijiste, a la Bratva no le importa que sea mujer.
Eso le afectó. Y él asintió.
—De acuerdo. Tenemos un gimnasio en el que ejercitamos y nos entrenamos en combate. Podríamos ir allí.
Sonreí, emocionada por salir del penthouse y hacer algo útil.
—Voy a buscar mi ropa de entrenamiento. —Salté del taburete y corrí escaleras arriba.
» » • « «
Treinta minutos más tarde nos estacionamos delante de un edificio en mal estado. Estaba extasiada de emoción y me alegraba tener algo para distraerme de lo que había sucedido ayer. Sesshomaru y yo bajamos del auto y él cargó nuestros bolsos a medida que nos dirigíamos a través de una puerta de acero oxidado. Cámaras de seguridad estaban por todas partes y un hombre de mediana edad se encontraba sentado en un rincón que albergaba una mesa y una silla, así como un televisor. Dos armas estaban en su funda. Se enderezó e hizo una reverencia cuando vio a Sesshomaru, y entonces me vio y sus ojos se abrieron como platos.
—Mi esposa —dijo Sesshomaru con un toque de advertencia y la mirada del hombre se apartó de inmediato de mí. Sesshomaru puso una mano en la parte baja de mi espalda y me guio a través de otra puerta que daba a un salón enorme. Había un ring de boxeo, todo tipo de máquinas de ejercicio, maniquíes de entrenamiento de lucha y cuchillos, y una esquina con esteras donde unos cuantos hombres estaban luchando. Era la única mujer.
Sesshomaru hizo una mueca.
—Nuestros vestuarios son solo para hombres. Por lo general no tenemos visitas femeninas.
—Sé que vas a asegurarte que nadie me vea desnuda.
—Por supuesto que lo haré.
Me reí, y algunos rostros se volvieron en nuestra dirección, y luego más hasta que cada uno estaba mirando. Hicieron una reverencia y luego volvieron rápidamente a lo que habían estado haciendo antes, cuando Sesshomaru me llevó hacia una puerta a un lado, pero siguieron lanzando miradas mal disimuladas en mí dirección. Algunos de los hombres mayores le enviaron un saludo a Sesshomaru. Él abrió la puerta y se detuvo.
—Déjame ver si alguien está ahí dentro. —Asentí, luego me apoyé en la pared cuando Sesshomaru desapareció en el vestidor. Justo al momento en que se fue, pude sentir toda la fuerza de atención de los hombres dirigiéndose hacia mí. Traté de no dejarles ver lo nerviosa que me ponía su escrutinio y casi di un suspiro de alivio cuando Sesshomaru volvió a salir, seguido por unos pocos hombres que fingieron no verme. Me pregunté lo que Sesshomaru les había dicho.
—Ven. —Sostuvo la puerta abierta para mí y entramos a una habitación con techo bajo, lleno de humedad y el olor de demasiados cuerpos masculinos ejercitando duro. Arrugué mi nariz. Sesshomaru rio—. Sé que no es apto para las sensibles narices femeninas.
Agarré mi bolso de sus manos y caminé hacia un armario. Sesshomaru me siguió y puso su propio bolso en el banco de madera rayado.
—¿No vas a darme algo de privacidad? —pregunté, con las manos en el borde de mi camisa.
Sesshomaru me levantó una ceja antes de quitar su funda y luego tirar de su propia camisa por la cabeza, revelando su esculpido torso. Dejó caer su camisa en el banco y luego alcanzó su cinturón, aún esa mirada desafiante en sus ojos.
Apretando los dientes, le di la espalda y deslicé mi blusa sin mangas por encima de mi cabeza. Estiré mi mano detrás de mí para abrir el broche de mi sostén, pero la mano de Sesshomaru estaba allí y expertamente lo hizo por mí. Bastardo. Por supuesto, podía abrir un sujetador con un dedo. Agarré mi sujetador deportivo y me lo puse, tratando de no pensar en Sesshomaru que sin duda estaba observando cada movimiento. Me quité los pantalones cortos y me podría haber pateado a mí misma por elegir una tanga esta mañana. Tiré de ella también y oí a Sesshomaru inhalar bruscamente cuando me incliné un poco hacia adelante. Mis mejillas quemaron con calor, al darme cuenta qué tipo de vista le había dado. Tomé una de las bragas negras sencillas que siempre usaba cuando trabajaba en la cinta de correr, luego me puse mis pantalones cortos para correr sobre ellas y me di la vuelta hacia Sesshomaru. Se había puesto pantalones de chándal negros y una camisa blanca ultra ajustada que mostraba su espectacular cuerpo. Había un bulto en sus pantalones. ¿Todo por culpa de mi trasero?
—¿Eso es lo que vas a usar para las clases de defensa personal?
Me miré a mí misma.
—No tengo nada más. Esto es lo que llevo puesto cuando salgo a correr. —Los pantalones cortos eran apretados y terminaban en lo alto de mis muslos, pero no me gustaba mucha tela cuando corría.
—Te das cuenta que tendré que patear el culo de cada tipo que te mire de manera equivocada, ¿verdad? Y al verte así mis hombres tendrán un momento difícil para no mirarte de la manera equivocada.
Me encogí de hombros.
—No es mi trabajo que ellos se controlen. El hecho de que estoy usando ropa reveladora no significa que estoy invitando a que miren. Si no pueden comportarse, ese es problema de ellos.
Sesshomaru me llevó fuera del vestuario y hacia las esteras de lucha. Los hombres allí se retiraron inmediata y deliberadamente dejaron de mirarme. Seguí a Sesshomaru hacia un despliegue de cuchillos. Sus ojos escaneándolos, luego eligió uno con una larga hoja lisa y me lo entregó. No tomó uno para sí mismo.
Se colocó frente a mí, viéndose completamente relajado. Debía haber sabido que todo el mundo nos estaba mirando, pero él actuaba como si no le pudiera importar menos. Esto no era privado. Tenía que montar un espectáculo para sus hombres.
—Atácame, pero trata de no cortarte.
—¿No vas a usar un cuchillo también?
Sesshomaru negó con la cabeza.
—No necesito uno. Tendré el tuyo en un minuto.
Entrecerré mis ojos ante su tono desenfadado. Probablemente tenía razón, pero no me gustó que lo dijera.
—Entonces, ¿qué se supone que debo hacer?
—Trata de lanzar un golpe. Si logras cortarme, ganas. Quiero ver cómo te mueves.
Tomé aire y traté de olvidar a los hombres observándome. Apreté mi agarre en el cuchillo, y entonces me lancé hacia delante. Sesshomaru se movió rápido. Esquivó mi golpe, agarró mi muñeca y me dio la vuelta hasta que mi espalda chocó con su pecho.
—Al menos no conseguiste mi cuchillo —dije con voz entrecortada. Sus dedos se apretaron un poco alrededor de mi muñeca, incómodamente pero no dolorosamente.
Sus labios rozaron mi oreja.
—Tendría que hacerte daño para conseguirlo. Podría romper tu muñeca, por ejemplo, o simplemente quebrarla. —Me soltó y me tambaleé hacia delante.
—Una vez más —dijo Sesshomaru. Intenté un par de veces, pero ni siquiera conseguí acercarme a ningún lugar para cortarlo. Para mi próximo intento, decidí dejar de jugar limpio. Avancé hacia él, y entonces cuando intentó agarrarme, dirigí una patada entre sus piernas. Los hombres vitorearon, pero la mano de Sesshomaru atrapó mi pie antes de que pudiera hacer impacto y antes de saber lo que estaba pasando aterricé sobre mi espalda con un ruido sordo. Me quedé sin aliento y el cuchillo se deslizó de mi mano. Cerré mis ojos con fuerza. Sesshomaru tocó mi estómago y mis músculos se contrajeron bajo su cálida palma.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.
Abrí mis ojos.
—Sí. Solo tratando de recuperar el aliento. —Después exploré la multitud—. ¿No tienes un soldado que solo mida un metro cincuenta y algo, y esté aterrado de su propia sombra dispuesto a pelear conmigo?
—Mis hombres no tienen miedo de nada —dijo Sesshomaru en voz alta. Me tendió la mano y me levantó. Se dirigió a sus soldados—. ¿Alguien está dispuesto a luchar con mi mujer?
Por supuesto, nadie dio un paso adelante. Probablemente les preocupaba que Sesshomaru los despellejara vivos.
Algunos de ellos sacudieron la cabeza, riendo.
La sombra de una sonrisa cruzó el rostro de Sesshomaru.
—Tendrás que pelear conmigo.
Unos cuantos intentos de ataque más tarde, estaba sin aliento y molesta por mi incapacidad de hacerle el más mínimo daño a Sesshomaru, pero luego una probabilidad se ofreció. Me sostuvo contra su cuerpo y su brazo estaba cerca de mi cara, así que me volví y lo mordí. Él se quedó tan sorprendido que en realidad me soltó y traté de golpearlo con el cuchillo, pero él agarró mi muñeca.
—¿Me mordiste? —preguntó a medida que miraba mis marcas de dientes en sus bíceps.
—No lo suficientemente fuerte. No hay ni siquiera sangre —dije.
Los hombros de Sesshomaru se movieron una vez, luego otra vez. Estaba luchando contra la risa. No el efecto que había previsto cuando lo mordí, pero tenía que admitir que me encantó el sonido de su risa profunda.
—Creo que has hecho suficiente daño por un día —dijo.
» » • « «
Agarramos algo de comer de camino a casa, luego nos sentamos en el sofá de mimbre en la terraza con una copa de vino.
—Estoy sorprendida —dije finalmente. Sesshomaru y yo estábamos sentados muy juntos, casi tocándonos y su brazo se extendía sobre el respaldo detrás de mí, pero hasta el momento se había contenido—. No creí que realmente lo intentaras.
—Te dije que intentaría. Mantengo mi palabra.
—Apuesto a que esto es difícil para ti. —Hice un gesto al espacio entre nosotros.
—No tienes ni idea. Quiero besarte con todas mis jodidas ganas.
Dudé. Besarlo se había sentido bien. Sesshomaru dejó la copa, luego se movió un poco más cerca y agarró mi cintura.
—Dime que no quieres que te bese.
Separé mis labios, pero no salió nada. Los ojos de Sesshomaru se oscurecieron y se inclinó hacia mí, capturando mi boca en un beso, haciéndome perder en la sensación de su lengua y labios. Sesshomaru no presionó, nunca movió su mano de mi cintura, pero había empezado a frotar mi piel allí ligeramente y la otra mano masajeaba mi cuero cabelludo. ¿Cómo podría sentir eso directo entre mis piernas?
Con el tiempo me recosté en el sofá, Sesshomaru se acomodó por encima de mí. Podía sentirme humedecer pero no tenía el tiempo o el enfoque necesario para sentir vergüenza. Los besos de Sesshomaru me mantenían ocupada. El hormigueo en mi centro se volvió difícil de ignorar y traté de aliviar la tensión presionando mis piernas juntas.
Sesshomaru se echó hacia atrás con una expresión conocedora. Y el calor se elevó en mis mejillas.
—Podría hacerte sentir bien, Rin —murmuró, su mano en mi cintura estrechándose—. Quieres venirte, ¿verdad?
Oh, Dios mío, sí. Mi cuerpo estaba gritando por ello.
—Estoy bien. Gracias.
Sesshomaru soltó una pequeña risa.
—Eres tan terca. —No lo dijo en el mal sentido. Sus labios bajaron a los míos de nuevo y me di cuenta que daba todo de él, decidido a romper mi resolución y un par de veces estuve a punto. Estaba palpitando entre mis piernas, pero no cedería, no tan pronto. Tenía más control que eso.
Esa noche me quedé dormida con los brazos de Sesshomaru a mi alrededor y su erección una insistente presencia en contra de la parte superior de mi muslo. Tal vez realmente podríamos hacer funcionar este matrimonio.
» » • « «
»»NOTAS DE AUTOR««
YISUS CRAIST! Está subiendo la temperatura!
Por los que han preguntado:
Wattpad AddyOrtiz6
Blog Setsuna•せつな www. facebook 112136174733676
Grupo Las Puerkas del SessiRin www. facebook groups/300828968254608
solicitud incompleta no se admite al grupo
Todos los nombres son tomados de Inuyasha o Hanyo no Yashahime
