»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ xᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.


«« ONCE »»

Cuando desperté a la mañana siguiente, estaba sola en la cama. Me senté, decepcionada de que Sesshomaru no me hubiera despertado. Salí de la cama cuando entró en la habitación desde el pasillo, ya vestido de negro, con una funda de pistola en el pecho que llevaba dos cuchillos y dos revólveres, y quién sabía cuántas fundas más llevaba sobre el resto de su cuerpo con más armas.

—¿Ya te vas?

Hizo una mueca.

—La Bratva atrapó a uno de los nuestros. Lo dejaron en pequeños trozos alrededor de uno de nuestros clubes.

—¿Alguien que conozca? —pregunté con temor. Sesshomaru negó con la cabeza—. ¿Se involucrará la policía?

—No si puedo evitarlo. —Sesshomaru acunó mi cara—. Voy a tratar de estar en casa temprano, ¿de acuerdo?

Asentí. Bajó la cabeza, mirándome todo el tiempo para ver si iba a echarme hacia atrás. Sus labios rozaron los míos. Abrí la boca para él y se hundió en el beso, pero terminó demasiado rápido. Observé su espalda cuando se marchó. Entonces tomé el teléfono y llamé a Kagome.

—Pensé que nunca llamarías. —Fue lo primero que salió de su boca.

Sonreí.

—Ni siquiera me he duchado todavía y son solo las ocho en Yamanashi. No puedes haber estado despierta durante mucho tiempo.

—No llamaste ayer. Estaba absolutamente preocupada. No pude dormir pensando en ti. No me gusta que estemos tan lejos y no poder ver por mí misma si estás bien. ¿Estás bien?

—Sí, lo estoy. —Le hablé de mi conversación con Sesshomaru y cómo pasamos el día de ayer juntos.

—Qué noble por su parte el estar de acuerdo en no engañarte de nuevo y realmente tratar que funcione el matrimonio. Denle a ese hombre unas flores.

—No es un buen hombre, Kagome. No hay hombres buenos en nuestro mundo. Pero creo que él realmente quiere intentarlo. Y yo también lo quiero.

—¿Por qué no le preguntas si puedo ir de visita por unos días? No tengo escuela hasta dentro de dos semanas y me muero de aburrimiento sin ti. Podríamos pasar un par de días en la playa en Miura e ir de compras.

—¿Qué hay de padre? ¿Le preguntaste?

—Me dijo que les preguntara a Sesshomaru y a ti.

—Le preguntaré. No creo que le importe. No es que esté en casa muy a menudo en este momento. La mayoría de los días estoy sola con Miroku.

—¿Por qué no le preguntas a Sesshomaru si puedes ir a la universidad? Tienes calificaciones perfectas. No tendrías problemas para entrar.

—¿Para qué? No se me permitirá trabajar nunca. Es muy peligroso.

—Podrías ayudar a Sesshomaru con sus clubes. Podrías ser su secretaria o lo que sea. Vas a volverte loca si permaneces en ese penthouse todo el tiempo.

—No te preocupes, voy a estar bien —le dije, aunque en realidad no estaba segura. Kagome tenía un punto—. Voy a hablar con Sesshomaru en cuanto a tu visita. Ahora de verdad tengo que tomar una ducha y comer algo.

—Llámame tan pronto como sea posible. Necesito reservar un vuelo.

Sonreí.

—Lo haré. No te metas en problemas.

—Igualmente.

Colgué. Entonces me preparé y me vestí con un simple vestido de verano. Hacia buen clima y quería caminar por Chidorigafuchi. Cuando entré en la sala de estar, Miroku estaba sentado a la mesa con una taza de café frente a él.

—¿Sesshomaru se enojó mucho contigo? —pregunté mientras caminaba junto a él hacia la enorme cocina abierta. Un pastel de zanahoria casero se hallaba situado en el mostrador y pude oír a Kaede tarareando en alguna parte. Probablemente estaba limpiando. Miroku se levantó, tomó su taza y se apoyó en la isla de la cocina.

—No estaba contento. Pudiste haber muerto. Se supone que debo protegerte.

—¿Qué está haciendo Sesshomaru hoy?

Miroku sacudió la cabeza.

—¿Qué está haciendo? Quiero saber más detalles. ¿Por qué llevaba tantas armas con él?

—Él, Inuyasha y algunos otros se van a encontrar con los tipos que mataron a nuestro hombre y luego van a vengarse.

—Eso suena peligroso. —Un toque de preocupación me llenó. La venganza nunca era el fin de las cosas. La Bratva se vengaría a su vez de la venganza de Sesshomaru. Era una historia interminable.

—Sesshomaru e Inuyasha han estado haciendo esto durante mucho tiempo, son los mejores y también lo son los hombres que van con ellos.

—Y en lugar de estar divirtiéndote, tienes que cuidar de mí.

Miroku se encogió de hombros, luego sonrió.

—Es un honor.

Puse los ojos en blanco.

—Me gustaría ir a correr a Chidorigafuchi.

—¿Vas a tratar de escapar de nuevo?

—¿Por qué lo haría? No hay dónde pueda huir. Y dudo que me dejes escapar otra vez. Te ves suficientemente en forma.

Miroku se enderezó.

—Está bien. —Me di cuenta que todavía sospechaba de mis motivos.

Me puse pantalones cortos, una camiseta de tirantes y mis zapatillas de correr, entonces volví a salir. Miroku se había puesto pantalones de chándal y una camiseta. Mantenía un alijo de ropa en una de nuestras habitaciones, pero vivía en un apartamento a unos diez minutos de aquí.

—¿Dónde has escondido tus armas?

—Ese es mi secreto —dijo con una rara sonrisa, pero luego se contuvo y puso su expresión profesional.

Miroku estaba en forma y fácilmente pudo seguir mi ritmo a medida que corríamos a través de los muchos senderos en Chidorigafuchi durante la próxima hora. Se sintió maravilloso en realidad correr fuera por una vez, en lugar de estar siempre limitada a la cinta de correr. Me sentí libre, casi como si perteneciera entre todas las personas que hacían cosas normales como pasear a sus perros o jugar. Tal vez Sesshomaru iría conmigo a correr un día, cuando los rusos no le estuvieran dando tantos problemas. ¿Cuándo sería eso?

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Más tarde ese día me senté en la terraza, viendo la puesta de sol, mis piernas dobladas frente a mi cuerpo. Miroku estaba comprobando su teléfono.

—Sesshomaru tendrá más tiempo para ti pronto.

Lo miré. ¿Le había parecido solitaria?

—¿Te dijo cuándo llegaría a casa hoy?

—No ha escrito todavía —dijo lentamente.

—Eso es una mala señal, ¿verdad?

Miroku no dijo nada, solo frunció el ceño hacia su teléfono.

Entré en la casa cuando hizo demasiado frío fuera, me puse el camisón y me acurruqué en el sofá, encendiendo la televisión. No pude evitar seguir preocupándome a medida que el reloj se acercaba a la medianoche, pero con el tiempo me dormí.

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Me desperté cuando fui levantada del sofá. Mis ojos se abrieron y miraron la cara de Sesshomaru. Estaba demasiado oscuro para distinguir mucho. Miroku debe haber apagado las luces en algún momento.

—¿Sesshomaru? —murmuré.

No dijo nada. Puse una mano en su pecho. Su camisa estaba resbaladiza con algo, ¿agua? ¿sangre?

Su respiración era constante, sus pasos medidos. Los latidos de su corazón eran calmos bajo mi palma. Pero no podía leer su estado de ánimo. Era extraño. Me llevó por las escaleras como si no pesara nada. Llegamos a nuestra habitación y me puso en la cama. Solo podía ver su figura alta imponiéndose por encima de mí. ¿Por qué no decía nada?

Me estiré y a tientas di al interruptor principal junto a la cama. Lo rocé con mis dedos y las luces se encendieron, y jadeé. La camisa de Sesshomaru estaba cubierta de sangre. Empapada en ella. Había un pequeño corte en la garganta de Sesshomaru y si las rasgaduras en su camisa eran alguna indicación, probablemente tenía más heridas. Entonces mis ojos se encontraron con su rostro y me quedé inmóvil, como un cervatillo tratando de mezclarse, para no atraer la atención del lobo. Creí que había visto la oscuridad de Sesshomaru en algunas ocasiones, creí que ya había entrevisto antes al monstruo bajo la máscara civilizada. Ahora me daba cuenta que no era así. Su expresión era impasible pero sus ojos hacían que se me erizaran los vellos en el cuello.

Lamí mis labios.

—¿Sesshomaru?

Comenzó a desabrocharse la camisa, revelando pequeños cortes y una herida más larga debajo de sus costillas. Su piel estaba cubierta de sangre y algunas hebras de su blanco cabello. Pero no podía ser toda suya, en especial no toda la sangre de su camisa. Me preocupó que todavía no hubiera hablado. Se despegó de su camisa y la dejó caer al suelo. Entonces se desabrochó el cinturón.

—Sesshomaru —dije—. Me estás asustando. ¿Qué ha pasado?

Empujó sus pantalones hacia abajo y salió de ellos. Ahora estaba descalzo y solamente con sus calzoncillos mientras se arrodillaba sobre la cama y llevaba una rodilla entre mis piernas. Comencé a arrepentirme de solo llevar un camisón puesto. Ascendió lentamente hasta que su cabeza se cernió sobre mí. El pánico apretó mi garganta, haciendo palpitar mi corazón con más fuerza.

Sus ojos me hicieron querer huir, llorar y gritar, escapar. En lugar de eso levanté mi mano y acuné su mejilla. Su expresión cambió, una grieta en su máscara monstruosa. Se inclinó ante el contacto, y entonces bajó su cara y la presionó en el hueco de mi cuello. Respiró profundamente y no se movió durante un buen rato. Intenté no aterrorizarme. Pero mi mano estaba temblando contra su mejilla.

—¿Sesshomaru? —dije suavemente.

Levantó la cabeza otra vez. Pude ver un destello del Sesshomaru que conocía. Se deslizó de la cama y fue hacia el cuarto de baño. Cuando estuvo fuera de mi vista, respiré hondo. Cualquier cosa que hubiera ocurrido hoy debió ser horrible. Me senté mientras escuchaba el agua de la ducha correr. ¿Con qué estado de ánimo volvería Sesshomaru al dormitorio? ¿El del monstruo contenido, o casi desatado como hacía un momento?

El agua se detuvo y rápidamente me tumbé en mi lado de la cama y tiré de las sábanas. Unos minutos después, la puerta se abrió y Sesshomaru entró con una toalla alrededor de la cintura, mientras secaba su cabello. Eran blancas, pero unas cuantas gotitas de sangre se habían filtrado de sus heridas y manchado el tejido, dejó caer la toalla para su cabello. No caminó hacia el armario para agarrar un bóxer como solía hacer, en su lugar vino directamente a la cama.

Cuando echó mano a la toalla de su cintura, aparté los ojos y me giré hacia el otro lado, dándole la espalda. Levantó la manta y el colchón se movió bajo su peso. Se apretó contra mí, con su mano enroscada sobre mi cadera, en un agarre que era casi doloroso, antes de hacerme dar la vuelta hacia él.

Mi mente me chillaba que lo detenga. Estaba completamente desnudo y de un humor escalofriante. Había pasado parte del día recogiendo los pedazos de uno de sus hombres y el resto del día matando a sus enemigos. Agarró el dobladillo de mi camisón y comenzó a subirlo. Puse mis manos sobre las suyas.

—Sesshomaru —susurré.

Sus ojos se encontraron con los míos. Me relajé ligeramente. Aún había oscuridad en ellos pero estaba más contenida.

—Esta noche quiero sentir tu cuerpo contra el mío. Quiero sostenerte.

Casi pude oír las palabras tácitas: te necesito.

Tragué fuerte.

—¿Solo sostenerme?

—Lo juro. —Su voz era ronca como si hubiera pasado horas gritando órdenes.

Bajé mi mano y le dejé quitarme el camisón. Dejó escapar la respiración suavemente a medida que miraba fijamente mis pechos desnudos. Tuve que luchar contra el impulso de cubrirme. Las puntas de sus dedos acariciaron el borde de mis bragas pero cuando me tensé se retiraron y rodó sobre su espalda alzándome sobre él. Me senté a horcajadas sobre su estómago, mis rodillas a ambos lados de él, mis pechos presionados contra su torso. Intenté no mantener mi peso en él porque no quería lastimar sus heridas, pero envolvió un brazo alrededor de mi espalda y me presionó firmemente contra él. Su otra mano tocó mi trasero, haciéndome saltar. Comenzó moviendo su pulgar sobre mi espalda baja y mi trasero, y lentamente me relajé. Sus ojos estuvieron todo el tiempo taladrando los míos y con cada momento que pasaba un poquito más de la oscuridad desaparecía.

—¿Tu corte no necesita puntos?

Se dobló hacia delante y me besó dulcemente.

—Mañana. —Continuó acariciando mi trasero y besándome lentamente como si quisiera saborear cada momento. Estaba completamente abrumada pero era agradable. Me encantó que de repente fuera tan amable. Si era así cuando intimáramos por primera vez, quizás no sería tan terrible. Sentí mis párpados pesados pero no pude apartar la mirada de Sesshomaru. Toqué su garganta, unos centímetros por debajo del corte. No estoy segura de por qué me incliné hacia delante y presioné un beso, ligero como una pluma, sobre su herida. Era pequeña y no necesitaría puntos, no como la que estaba debajo de sus costillas. Cuando me retiré, Sesshomaru casi pareció sorprendido. Su mano en mi trasero se movió hacia abajo, acunando mis nalgas. Su dedo meñique casi estaba tocándome ahí. Estrujó mis nalgas y por un momento su dedo rozó mi hendidura por encima del tejido.

Aguanté la respiración, impactada por la sacudida que me había atravesado con el pequeño roce. El calor se acumuló entre mis piernas y pude sentir cómo me humedecía. Avergonzada, intenté liberarme, sin querer que Sesshomaru se diera cuenta que un simple roce y sus caricias en mi trasero habían causado tal reacción. Quizás no fuera una experta pero había estado imaginando ciertas cosas, me había acariciado muchas noches. No es que fuera frígida. El cuerpo de Sesshomaru me excitaba. Quizás quisiera amor, pero mi cuerpo quería algo más. El tacto del fuerte torso de Sesshomaru y su musculoso estómago debajo de mí, sus dulces besos, sus suaves caricias, hacían que quisiera algo más, aún si la razón me decía que era una mala idea.

Sesshomaru frunció el ceño un poco mientras me estudiaba, como si fuera una difícil ecuación que quisiera resolver. Entonces ligeramente acarició con las puntas de sus dedos la entrepierna de mis bragas y supe que podía sentirlo. Podía sentir que el fino tejido estaba empapado. Mis mejillas ardieron con mortificación y bajé la mirada pero no pude girarme y deslizarme de él o siquiera cerrar mis piernas. Las puntas de sus dedos contra mi núcleo eran agradables incluso si dejaba de moverlos.

—Mírame, Rin —dijo Sesshomaru con voz severa.

Eché un vistazo a sus ojos, aun cuando mi cara estaba a punto de explotar de vergüenza.

—¿Estás avergonzada por esto? —Trazó su dedo sobre mis bragas mojadas.

Mi trasero se arqueó y exhalé bruscamente.

No podía decir nada. Mis labios se separaron a media que se escabullían pequeños sonidos que no eran del todo gemidos. Sesshomaru movió sus dedos de arriba hacia abajo cuidadosamente, coquetamente, y pequeños escalofríos de placer reptaron por mi cuerpo. Siempre había pensado que la pasión y los orgasmos llegaban como una oleada contundente sin dejar nada después, algo casi intimidante, pero esto era como un lento goteo; una tensión deliciosamente dulce que iba creciendo hacía algo más grande.

Me estremecí encima de Sesshomaru, mis dedos enredados en sus hombros. Nunca aumentó la velocidad de sus caricias pero el placer ascendió con cada roce. Sus ojos perforaron los míos cuando deslizó dos dedos por mi hendidura y luego entre mis labios, presionando mi clítoris. ¿Cómo podía sentirse tan intenso? Ni siquiera estaba tocando mi piel. Jadeé y temblé mientras chispas de placer se disparaban por mi cuerpo. Enterré mi cara contra el cuello de Sesshomaru a medida que me aferraba a él. Su dedo frotó mi clítoris a través de las bragas, más y más lento hasta que simplemente descansó su mano posesivamente sobre mis pliegues.

Sesshomaru presionó su cara en mi cabello.

—Dios, estás tan mojada, Rin. Si supieras cuánto te deseo ahora mismo, huirías. —Rio de manera amenazante—. Casi puedo sentir tu humedad en mi polla.

No dije nada, solo intenté calmar mi respiración. El latido de Sesshomaru bajo mi mejilla era fuerte y rápido. Se movió y por poco tiempo su longitud rozó el interior de mi muslo. Estaba caliente y duro.

—¿Quieres que te toque? —dije en el más silencioso suspiro. Estaba medio asustada y medio excitada por verle desnudo y tocarlo de verdad. Quería dejar mi marca en él, quería hacerle olvidar las mujeres de su pasado. La mano de Sesshomaru en mi espalda se tensó e inhaló profundo, su pecho se expandió debajo de mí.

—No —gruñó y levanté mi cabeza confundida y un poco herida. Algo debe haberse mostrado porque Sesshomaru sonrió sombrío—. Todavía no soy del todo yo mismo, Rin. Hay demasiada oscuridad en la superficie, demasiada sangre y rabia. Hoy fue malo. —Sacudió la cabeza—. Hoy cuando vine a casa y te encontré tumbada en el sofá, tan inocente, vulnerable y mía. —Algo parpadeó en sus ojos, un poco de esa oscuridad que había mencionado—. Me alegro que no sepas los pensamientos que entonces corrieron por mi mente. Eres mi esposa y juré protegerte, aún si es necesario de mí mismo.

—¿Crees que perderías el control? —susurré.

—Lo sé.

—Tal vez te subestimas. —Arrastré mis dedos sobre sus hombros. No estaba segura si estaba tratando de convencerlo o a mí misma. Me había asustado, no había cómo negarlo. Pero él había salido de ello.

—Tal vez confías demasiado en mí. —Pasó un dedo por mi espalda, enviando una nueva oleada de hormigueos hacia mi núcleo—. Cuando te acosté en la cama como un cordero de sacrificio, debiste haber corrido.

—Alguien me dijo una vez que no corriera de los monstruos ya que ellos persiguen.

El fantasma de una sonrisa cruzó su rostro.

—La próxima vez, corre. O si no puedes, embiste tu rodilla en mis bolas.

No estaba bromeando.

—Si hubiera hecho eso hoy, habrías perdido el control. La única razón por la que no lo hiciste fue porque te traté como mi marido, no como un monstruo.

Él trazó mis labios con su pulgar, luego rozó mi mejilla.

—Eres demasiado hermosa e inocente para estar casada con alguien como yo, pero soy un bastardo demasiado egoísta para dejarte ir. Eres mía. Por siempre.

—Lo sé —le dije, luego bajé mi mejilla de nuevo a su pecho. Sesshomaru apagó las luces y me quedé dormida escuchando los latidos de su corazón. Sabía que una persona normal habría huido de Sesshomaru, pero había crecido entre depredadores. Los chicos decentes y normales, con trabajos que no implicaban violar las leyes eran una especie extraña para mí. Y en el fondo, una parte primordial de mí no podía imaginar estar con alguien que no fuera un líder como Sesshomaru. Me emocionaba saber que un hombre como él podía ser gentil conmigo. Me emocionaba que fuera mío y yo fuera suya.

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El cielo apenas se estaba volviendo gris sobre el horizonte de Tokio cuando desperté a la mañana siguiente. Todavía estaba tumbada sobre el pecho de Sesshomaru, mis pechos desnudos presionados contra su piel caliente, pero me había deslizado por su cuerpo durante la noche y su rígida longitud estaba presionada contra mi pierna. Me moví con cuidado y miré la cara de Sesshomaru. Sus ojos estaban cerrados y parecía tan tranquilo, dormido, que era difícil de creer que la misma cara había albergado tanta violencia y oscuridad la noche anterior.

La curiosidad se apoderó de mí. Nunca había visto una erección, pero estaba preocupada por despertar a Sesshomaru. Después de lo que él había dicho, realmente no quería arriesgarme a que perdiera el control. Traté de mirar por encima de mi hombro la erección de Sesshomaru, pero de la forma en que estábamos posicionados tendría que romperme el cuello para verlo.

De repente, un zumbido provino de la mesita de noche y Sesshomaru se incorporó tan rápido que chillé. Me llevó con él, con un brazo estabilizándome alrededor de mi cintura, el otro tratando de alcanzar su móvil. Pero la nueva posición me había hecho deslizarme por su cuerpo, y ahora su erección estaba entre mis piernas, su longitud presionada contra mi núcleo. Estaba prácticamente montándolo como una escoba. Nunca había estado más agradecida por mi ropa interior.

Me puse rígida y también lo hizo Sesshomaru, el móvil ya presionado contra su oreja. Traté de llegar a una posición menos problemática, pero eso solo hizo que su pene se frotara contra mí. Él gimió y me quedé helada. Los ojos de Sesshomaru se dilataron mientras sus dedos se apretaban en mi cintura.

—Estoy bien Inuyasha —dijo con voz áspera—. Estoy jodidamente bien. No. Puedo manejar esto. No necesito ver al Doc. Ahora déjame dormir. —Sesshomaru colgó, puso el teléfono en la mesita de noche y se quedó mirándome. Estaba tan rígida que él podría haberme utilizado como una tabla de planchar.

Se hundió de nuevo lentamente con todo el control que solo un montón de abdominales podrían darte. Terminé en una posición sentada, montando entre sus caderas, pero rápidamente coloqué un brazo delante de mis pechos. Ahora que él estaba acostado su erección ya no estaba tocándome. Reuniendo valor, balanceé mi pierna por encima de sus caderas, rozando accidentalmente la erección de Sesshomaru.

—Mierda —gruñó Sesshomaru, sacudiéndose debajo de mí. Tuve que reprimir una sonrisa. Me arrodillé junto a él, mi brazo todavía cubriendo mis pechos y luego me permití mirar. Wow. No tenía nada con qué compararla, pero no podía imaginar que pudiera ser más grande. Era largo y grueso, y circuncidado. Kagome había ganado su estúpida apuesta.

—Vas a ser la muerte para mí, Rin —dijo Sesshomaru en voz baja.

Me di la vuelta, avergonzada. Había estado mirando. Había hambre en la cara de Sesshomaru cuando me encontré con sus ojos dorados. Una de sus manos descansaba sobre su estómago, la otra estaba arrojada sobre su cabeza. Sus abdominales estaban tensos por la tensión, de hecho cada centímetro de su cuerpo parecía de esa manera. De repente fui invadida por la timidez. ¿Por qué había pensado que era una buena idea echarle un vistazo? Arriesgué otra mirada.

—Si sigues mirando mi verga con esa expresión aturdida, voy a explotar.

—Lo siento si mi expresión te molesta, pero esto es nuevo para mí. Nunca he visto a un hombre desnudo. Cada primera vez que voy a experimentar será contigo, así que…

Sesshomaru se incorporó. Su voz bajó una octava.

—No me molesta. Es jodidamente caliente y voy a disfrutar de cada primera vez que compartirás conmigo. —Acarició mi mejilla—. Ni siquiera te das cuenta lo mucho que me excitas.

Con él sentado, nuestras caras estaban cerca y Sesshomaru me atrajo para un beso. Presioné mi mano contra su hombro, luego, lentamente, la corrí por su pecho hacia su estómago. Sesshomaru detuvo el beso.

—Anoche me preguntaste si quería que tú me tocaras.

—Sí —le dije, mi respiración alterada—. ¿Quieres que te toque ahora?

El fuego en sus ojos se oscureció.

—Mierda, sí. Más que cualquier cosa. —Extendió la mano hacia el brazo presionado contra mis pechos—. Déjame verte. —Cerró los dedos alrededor de mi muñeca, pero no lo apartó. Dudé. Él los había visto ayer, pero ahora me sentía más expuesta. Poco a poco bajé mi brazo. Me senté muy quieta mientras los ojos de Sesshomaru vagaban sobre mí.

—Sé que no son grandes.

—Eres jodidamente hermosa, Rin.

No supe qué decir.

—¿Quieres tocarme ahora? —dijo en voz baja.

Asentí y lamí mis labios. Miré hacia abajo, luego, tentativamente extendí la mano y pasé mi dedo por encima de su longitud. Se sentía suave, caliente y firme. Sesshomaru dejó escapar una respiración áspera, los músculos en sus brazos tensos por el esfuerzo de contenerse. Rocé la punta, maravillándome de lo suave que era. Sesshomaru apretó los dientes.

Sentí una extraña sensación de poder sobre él a media que corría mis dedos de arriba hacia abajo lentamente, fascinada por su sedosidad.

Sesshomaru tembló bajo mi tacto.

—Tómame en tu mano —dijo en voz baja.

Envolví ligeramente mis dedos alrededor de su eje, preocupada por hacerle daño. Moví mi mano hacia abajo, luego hacia arriba, sorprendida de lo pesado que se sentía en mi palma. Sesshomaru se recostó. Sabía que me estaba viendo, pero no podía encontrar su mirada, demasiado mortificada por mi propio valor.

—Puedes agarrar más duro —dijo él, después de unas pocas más de mis caricias tentativas.

Apreté los dedos.

—Más fuerte. No se caerá.

Me sonrojé y me alejé, dejando caer mi mano.

—No quería hacerte daño. —Dios, esto era embarazoso. Ni siquiera podía hacer esto. Tal vez Sesshomaru realmente debería volver a su puta Sara. Ella sabía qué hacer.

—Oye —dijo Sesshomaru con calma, tirando de mí contra él—. Estaba bromeando. Está bien. —Me besó. Su boca moviéndose contra la mía, inflexible pero suave, y su mano se deslizó por mi brazo, mi cadera y sobre la curva de mi culo hasta que su dedo se deslizó entre mis piernas y rozó mis pliegues. La deslizó de ida y vuelta ligeramente, antes de introducir la punta de su dedo debajo de mi ropa interior. Contuve la respiración al sentirlo contra mi piel desnuda. Se sumergió entre mis pliegues, luego se deslizó hasta mi clítoris, recubriéndolo con mi humedad. Gemí contra sus labios antes de deslizar mi lengua en su boca para bailar con la suya. El placer se extendió a través de mí a medida que él hacía girar su dedo sobre mi sensible protuberancia.

Arrancó su boca de la mía, sus ojos clavados en mí.

—¿Quieres intentarlo de nuevo? —preguntó con voz ronca, con una inclinación de cabeza hacia su dura longitud.

Su dedo se movió sobre mí una vez más y me quedé sin aliento, casi incapaz de pensar con claridad, mucho menos de formar una frase coherente. Mi cuerpo dolía con una necesidad que nunca antes había sentido. Deslicé mi mano por su torso musculoso, siguiendo el fino rastro de vello claro hasta su erección. Envolví mi mano alrededor de ésta y saltó bajo mi toque.

Los dedos de Sesshomaru se deslizaron más rápidamente contra mi carne húmeda. Sus caricias firmes haciéndome jadear, pero estaba demasiado ida para que me importara.

Sesshomaru cubrió mi mano alrededor de su miembro con la suya, demostrándome qué tan fuerte apretarlo. Después movió nuestras manos de arriba hacia abajo por su asta. Yo miré fascinada. Nos movimos más rápido y más duro de lo que me hubiera atrevido. Los dedos de Sesshomaru entre mis pliegues, me frotaban más rápido también, hasta que escasamente podía respirar y mi pulso palpitaba en mis venas. Estaba cerca de despeñarme sobre el borde.

—Sesshomaru —jadeé y el golpeó suavemente mi clítoris, haciéndome caer en espiral, fuera de control. Mi cuerpo se contrajo con espasmos mientras gemía. Mi mano bombeó el pene de Sesshomaru aún más rápido y con un gruñido gutural su liberación se extendió sobre él. Temblé contra él a medida que lo miraba venirse sobre nuestras manos y su estómago. Mis pezones estaban duros y se frotaban contra su pecho, enviando oleadas de placer a través de mí. Su erección palpitando en mi palma, se relajó lentamente. Sesshomaru sacó los dedos de abajo de mis bragas y los posó sobre mis nalgas.

Cerré los ojos, escuchando el estruendo de su corazón. Sesshomaru besó mi coronilla, sorprendiéndome con ese gesto amoroso. Mi corazón rebozó de nueva esperanza. Gradualmente nuestra respiración se estabilizó. Sesshomaru alcanzó la caja de pañuelos desechables de la mesa de noche y me dio un pañuelo, antes de limpiarse él mismo. Me sentí un poco cohibida a medida que limpiaba su esperma de mi mano. No podía creer que lo había tocado de esa manera. Seguía sintiéndome sensible entre las piernas y aun así quería sentir sus dedos nuevamente. ¿Estaba mal haber disfrutado tanto del toque de Sesshomaru?

Era mi esposo, pero aun así. Mi madre siempre había considerado el sexo como algo que solo los hombres deseaban. Las mujeres simplemente cumplían con su deber. Sesshomaru acarició mi brazo y decidí no pensar mucho en ello. Haría lo que sintiera correcto. Dejé escapar un pequeño suspiro, pero después mis ojos se enfocaron en la herida bajo las costillas de Sesshomaru. Estaba sangrando.

Me senté en seguida.

—Estás sangrando. —Me había olvidado de eso—. ¿Te duele?

Sesshomaru se veía sumamente relajado. Echó una mirada a su herida.

—No mucho. No es nada. Estoy acostumbrado.

Toqué la piel bajo su herida.

—Necesita puntadas. ¿Y si se infecta?

—Tal vez tengas suerte y te vuelvas una viuda joven.

Lo miré con furia.

—Eso no es gracioso. —No después de lo que acabábamos de hacer. Me sentía más cerca de él que nunca, y mi padre solo me conseguiría otro esposo de cualquier manera.

—Si te molesta tanto, ¿por qué no tomas el estuche de primeros auxilios del baño y me lo traes?

Salté fuera de la cama y me apresuré hacia el baño.

—¿En dónde está?

—En el cajón, bajo el lavamanos.

No había solamente un estuche de primeros auxilios. Había cerca de doce estuches. Tomé uno y regresé a la habitación pero antes de unirme a Sesshomaru en la cama, levanté mi camisón del suelo y me lo puse. Sesshomaru se sentó apoyándose en la cabecera, seguía estando gloriosamente desnudo. Me concentré en su torso, un poco avergonzada por su flagrante desnudez.

Sesshomaru acarició mi mejilla cuando me acomodé cerca de él.

—Sigues siendo demasiado tímida para mirarme después de lo que pasó. —Jaló el borde de mi camisón—. Me gustabas más sin esto.

Apreté los labios.

—¿Qué quieres que haga? —Coloqué el estuche de primeros auxilios entre los dos y lo abrí.

—Muchas cosas —murmuró Sesshomaru.

Puse los ojos en blanco.

—Con el corte.

—Hay toallitas desinfectantes. Limpia mi herida y yo prepararé la aguja.

Abrí uno de los paquetes. El poderoso olor a desinfectante inundó mi nariz. Saqué una toallita, la desdoblé y la pasé sobre la cortada. Sesshomaru hizo un gesto, pero no hizo ningún sonido.

—¿Arde?

—Estoy bien —dijo simplemente—. Limpia más fuerte.

Lo hice, y aunque se sacudió varias veces, nunca me pidió que me detenga. Eventualmente tiré la toallita en la basura y me recosté. Sesshomaru perforó su piel con la aguja y comenzó a coserse a sí mismo, sus manos firmes y seguras. Solo mirarlo me hizo sentir indispuesta. No podía imaginarme hacerme eso a mí misma, pero mientras mis ojos vagaban por el cuerpo de Sesshomaru y las muchas cicatrices, me di cuenta que probablemente no era la primera vez que hacía esto. Cuando Sesshomaru estuvo satisfecho con su trabajo, guardó la aguja.

—Tenemos que cubrirlo —dije. Busqué en el estuche de primeros auxilios, pero Sesshomaru negó con la cabeza.

—Se curará más rápido si permitimos que respire.

—¿En serio? ¿Estás seguro? ¿Qué tal si se infecta?

Sesshomaru rio entre dientes.

—No necesitas preocuparte. Esta no será la última vez que llegaré a casa herido. —¿Estaba preocupada? Sí. Y no me gustaba pensar en él tomando su salud tan a la ligera.

Sesshomaru abrió los brazos.

—Ven.

—¿No tienes que irte? —Miré el reloj. Eran apenas las ocho, pero la mayoría de los días Sesshomaru se había ido para esta hora.

—Hoy no. Nos hemos ocupado de la Bratva por el momento. Tendré que estar en uno de los clubs de la familia por la tarde.

Me reí levemente. No pude evitarlo. Estaba contenta de no tener que pasar todo el día sola nuevamente. Me acurruqué contra el costado de Sesshomaru y él envolvió su brazo a mi alrededor.

—No esperaba que te vieras tan feliz —dijo en voz baja.

—Estoy muy sola. —Odiaba lo débil que eso me hacía sonar, pero era la verdad. Los dedos de Sesshomaru se apretaron en mi brazo.

—Tengo algunas primas con las que podrías salir. Estoy seguro que les gustaría ir de compras contigo.

—¿Por qué todo el mundo piensa que quiero ir de compras?

—Entonces haz algo más. Toma un café o ve a un spa, no sé.

—Aún tengo el certificado para un spa que me dieron en mi despedida de soltera.

—¿Ves? Si quieres puedo invitar a algunas de mis primas.

Negué con la cabeza.

—No tengo muchas ganas de conocer a otra de tus primas después de lo que Urasue hizo.

—¿Qué es lo que hizo? —Se puso rígido junto a mí.

Me retiré, mirando a Sesshomaru. Después me di cuenta que nunca le había dicho cómo lo había encontrado en la cama con Sara y después de toda la confusión de los últimos días, él nunca me lo había preguntado. Probablemente había tenido más que suficiente ocupándose de la Bratva.

—Ella me dio la carta que me condujo hasta ti y Sara. —Solo decir su nombre hizo que mi estómago se revuelva nuevamente, y los recuerdos indeseados volvieron a la superficie. Me senté, lejos de la calidez de Sesshomaru. Encogí mis piernas contra mi pecho, agobiada por todo lo que había sucedido.

Sesshomaru se sentó y me dio un beso en el hombro.

—¿Urasue te dio una carta que te pedía que fueras al apartamento? —Su voz sonó tensa con la furia apenas controlada.

Asentí, después tragué antes de atreverme a hablar.

—Y una llave. Aún está en mi bolso.

—Esa maldita perra —rugió.

—¿Quién?

—Ambas. Sara y Urasue. Son amigas. Sara debe haberla convencido para hacerlo. Esa zorra.

Me encogí, alejándome de la furia en su voz. Dejó salir un fuerte suspiro y envolvió mi cintura con su brazo, atrayéndome contra su pecho y enterrando la cara en mi cabello.

—Sara quería humillarme. Se veía realmente feliz cuando los encontré.

—Apuesto que sí —dijo—. Es una jodida rata tratando de humillar a una reina. No es nada.

Wow, estaba furioso. Y no pude evitar sentir alegría por ver a Sara caer en su desgracia.

—¿Cómo reaccionó cuando le dijiste que no podías verla nunca más?

Se quedó callado. Me tensé.

—Prometiste que no la verías a ella ni a otras mujeres de nuevo. —Mi voz tembló y traté de zafarme de su abrazo pero me apretó rápidamente. ¿Me había mentido? No podía creer que había confiado en él, no podía creer que lo había dejado tocarme ahí y que en realidad yo lo había tocado.

—Lo hice, y no lo haré. Pero no hablé con Sara. ¿Por qué debería? No le debo una explicación, al igual que no le debo ni una maldita explicación a las otras zorras que follé. —Su cuerpo podría haber estado hecho de piedra de tan tenso que estaba. Quería creerle. Agarró mi barbilla entre su pulgar y su dedo índice y giró mi rostro hasta que estuve mirando hacia él—. Tú eres la única que quiero. Mantendré mi promesa, Rin.

—Así que no la verás de nuevo.

—Oh, la veré de nuevo para decirle lo que pienso de su pequeño truco.

—No lo hagas.

Él frunció el ceño.

—No quiero que hables con ella otra vez. Solo vamos a olvidarnos de ella. —Pude ver que él no quería olvidar—. Por favor.

Exhaló, luego asintió.

—No me gusta, pero si eso es lo que quieres…

—Lo es —dije decididamente—. Ni siquiera vamos a hablar de ella nunca más. Finjamos que no existe.

Sesshomaru levantó su mano y frotó su pulgar sobre mi labio inferior.

—Tus labios son tan jodidamente besables. —Agaché la cabeza para ocultar mi sonrisa de satisfacción.

—Hay algo sobre lo que quería hablarte —dije.

—¿Más malas noticias?

—Bueno, supongo que eso depende de tu punto de vista. Quiero que Kagome me visite. La escuela no empieza hasta dentro de dos semanas y la extraño.

—Han pasado solo algunos días desde que la viste.

—Lo sé.

—¿Dónde se quedaría?

—No lo sé. ¿Tal vez en nuestra habitación de invitados? —Teníamos tres de ellas en la planta baja del penthouse.

—Tu hermana es un gran dolor en el culo. —Le di una mirada suplicante—. ¿Qué tal un trato? —dijo con voz ronca.

Los nervios revolotearon en mi estómago.

—¿Un trato?

—No luzcas tan nerviosa. —Sesshomaru sonrió con sarcasmo—. No voy a pedir que duermas conmigo para que puedas ver a tu hermana. No soy así de imbécil.

—¿No? —bromeé y golpeó sus labios contra mí en un beso que envió una descarga de sensaciones por todo el camino hasta los dedos de mis pies.

—No —dijo contra mis labios—. Pero me gustaría explorar tu cuerpo.

Levanté las cejas.

—¿Cómo?

—Esta noche, trataré de estar en casa temprano después de la reunión en el club y quiero que nos relajemos en el jacuzzi por un rato y luego quiero que te recuestes y me dejes tocarte y besarte donde yo quiera. —Lamió mi oreja—. Te encantará.

Separé los labios con sorpresa. Esto era moverse mucho más rápido de lo que había pensado que sería, de lo que había pensado que debería.

Sesshomaru debe haber visto la incertidumbre en mi expresión porque deslizó su mano entre mis piernas y presionó la palma de su mano contra mi clítoris por encima de la tela de mi ropa interior. Di un salto y dejé escapar un gemido antes de que pudiera detenerme. Dios, esto era ridículo. Esto era lo que sucedía cuando eras obligada a vivir en abstinencia durante tanto tiempo.

—Te gusta esto, Rin. Sé que lo haces. Admítelo.

Presionó más fuerte y me sacudí contra él.

—Sí —jadeé. Movió su mano lentamente sobre mí, enviando torrentes de placer a través de mi cuerpo—. No te detengas.

—No lo haré —dijo, mordisqueando mi garganta—. Entonces, ¿me dejas tenerte a mi manera esta noche? No haré nada que no quieras.

Ni siquiera estaba segura de lo que quería en este momento. A excepción de que Sesshomaru no dejara de hacer lo que estaba haciendo con su mano. Le habría prometido lo que sea en ese momento.

—Sí.

Aumentó la presión sobre mi clítoris y succionó en mi garganta, luego movió su lengua por mi clavícula y exploté.

Sesshomaru me besó debajo de mi barbilla antes de retirarse con una sonrisa. Una vez que bajé de mi clímax, necesité encontrar una manera de equilibrar el poder entre nosotros. Él me quería más de lo que yo lo quería a él. Estaba segura de ello. Y tenía que aprovecharme de eso.

Apoyé mi frente contra su hombro.

—Entonces, ¿puedo llamar a Kagome y decirle para compre sus boletos de avión?

Sesshomaru rio entre dientes.

—Claro, pero recuerda nuestro trato. —Su teléfono sonó en la mesita de noche. Lo recogió—. Por Kami, Inuyasha, ¿qué carajos quieres?

Me aparté. Sesshomaru se levantó y comenzó a caminar por el dormitorio, completamente desnudo.

—Cubrimos su espalda. No dejaré que otro jodido restaurante vaya a los rusos. Sí. Sí. Estaré listo dentro de media hora. —Arrojó su teléfono sobre la mesita de noche.

—Tengo que hablar con el dueño de una cadena de restaurantes.

—Está bien —dije, tratando de ocultar mi decepción.

—Llama a tu hermana y dile que puede venir. Y estaré de regreso a tiempo para la cena, ¿de acuerdo? Tengo un par de menús de comida para llevar en la cocina. Ordena lo que quieras. —Se inclinó y me besó—. Dile a Miroku que te lleve a un museo o algo por el estilo.

Quince minutos más tarde, se había ido, y yo me quedé con mis dudas. ¿Cómo pude haber aceptado su oferta? Porque me encantaba el placer que me daba. ¿Por qué no disfrutar de ello? Tal vez tendría que vivir sin amor, pero eso no significaba que tenía que ser miserable.

Kagome estuvo en éxtasis cuando la llamé para decirle que podía visitarme. No le dije sobre el trato. No podía hablar sobre algo así por teléfono, o nunca. Sabía que no aprobaría que ceda ante Sesshomaru tan rápidamente.

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Como prometió, Sesshomaru regresó a casa temprano. Estaba increíblemente nerviosa. Había elegido un hermoso vestido amarillo y puse la mesa en la terraza. La sorpresa cruzó el rostro de Sesshomaru cuando me encontró afuera.

—¿Pensé que podíamos comer aquí?

Envolvió sus brazos alrededor de mí y me jaló hacia un persistente beso. Mariposas revolotearon en mi estómago.

—Ordené comida india.

—Estoy hambriento por una sola cosa.

Me estremecí.

—Vamos a comer. —¿Qué haría Sesshomaru si le dijera que ya no habría trato? Tomé asiento. Sesshomaru me miraba con intensidad. Finalmente se dejó caer en la silla frente a mí. Había una suave brisa que acariciaba mi piel y tiraba de mi cabello.

—Te ves jodidamente atractiva.

Empecé a comer.

—Miroku me llevó al Edo-Tokio hoy. Fue increíble.

—Bien —dijo Sesshomaru con un toque de diversión. ¿Podía ver lo nerviosa que estaba?

—¿Qué pasó con el dueño del restaurante? ¿Lo convenciste de que Kanto lo protegerá de los rusos?

—Por supuesto. Ha estado bajo nuestra protección durante más de una década. No hay ninguna razón para cambiar eso ahora.

—Claro —dije distraídamente, tomando un trago de vino blanco.

Sesshomaru bajó su tenedor.

—¿Rin?

—¿mmm? —Picoteé un trozo de coliflor en mi plato, sin encontrar la mirada de Sesshomaru.

—Rin. —Su voz envió un escalofrío por mi espalda y eché un vistazo hacia él. Se recostaba sobre su silla, con los brazos cruzados sobre su fuerte pecho—. Estás asustada.

—No lo estoy. —Entrecerró los ojos—. Tal vez un poco, pero sobre todo estoy nerviosa.

Se levantó de la silla y rodeó la mesa.

—Vamos. —Tendió su mano. Después de un breve momento de vacilación, la tomé y me puso de pie—. Vamos a entrar en el jacuzzi, ¿de acuerdo? Eso te relajará.

Dudaba que estar en el Jacuzzi con él solo en traje de baño me pondría menos nerviosa. No sabía qué esperar y eso me aterraba.

—¿Por qué no buscas tu bikini y yo voy a preparar el jacuzzi?

Asentí y volví a entrar. Escogí mi bikini favorito de encaje lila con mariposas amarillas. Puse mi cabello en una coleta alta y luego me miré en el espejo del baño. No estaba segura por qué esto me ponía tan nerviosa. Esta mañana el toque de Sesshomaru había puesto mi piel en llamas. Había prometido no hacer nada que no quisiera.

Respiré profundo y entré al dormitorio. Sesshomaru estaba esperando por mí su cabello en una coleta baja y en unos shorts negros que no hacían nada para ocultar su firme cuerpo. Todo músculo y fuerza. Sus ojos viajaron sobre mí, y entonces deslizó una mano por mi cadera.

—Eres perfecta —dijo en voz baja. Con un suave empujón, me llevó fuera de la habitación, por las escaleras y a la terraza.

Temblé en mi bikini. La brisa había aumentado y estaba definitivamente demasiado frío para estar afuera en nada más que un bikini. Sesshomaru me levantó en sus brazos. Jadeé sorprendida, mi mano apoyándose contra el tatuaje sobre su corazón.

Mi propio corazón estaba galopando en mi pecho. Enterré mi rostro en el hueco del cuello de Sesshomaru, intentando relajarme. El agarre de Sesshomaru en mí se apretó cuando entró en el jacuzzi y poco a poco nos bajó en la burbujeante agua caliente. Me senté en su regazo, mi cara todavía oculta contra su piel. Sesshomaru frotó su mano de arriba hacia abajo por mi espalda.

—No hay razón para que estés asustada.

—Lo dice el hombre que aplastó la garganta de un hombre con sus propias manos. —Quise decirlo bromeando pero mi voz salió inestable.

—Eso no tiene que ver con nosotros, Rin. Eso son negocios.

—Lo sé. No debería haber sacado el tema.

—¿Cuál es realmente el problema?

—Estoy nerviosa porque me siento vulnerable, estoy a tu merced debido al trato.

—Rin, olvida el trato. ¿Por qué no intentas relajarte y disfrutar esto? —Levantó mi barbilla hasta que nuestros labios se estaban casi tocando y nuestros ojos estaban fijos en el otro.

—Prométeme que no vas a forzarme a hacer algo que no quiero hacer. —Bajé la mirada hacia su pecho—. Prométeme que no me harás daño.

—¿Por qué te haría daño? —preguntó Sesshomaru—. Te dije que no voy a dormir contigo a menos que tú quieras.

—¿Entonces me harás daño cuando durmamos juntos?

Los labios de Sesshomaru se retorcieron en una sonrisa irónica.

—No, a propósito no, pero no creo que haya manera de evitarlo. —Besó el punto por debajo de mi oreja—. Pero esta noche quiero hacerte retorcer de placer. Créeme.

Quería, pero la confianza era una cosa peligrosa en nuestro mundo. Una parte de mí quería aferrarse a la chispa de odio que había sentido cuando lo había atrapado con Sara. Pero, otra parte más grande quería fingir que no habíamos sido forzados a esta unión, quería pretender que podíamos amarnos el uno al otro.

La lengua de Sesshomaru se arrastró sobre mi garganta. Se detuvo sobre mi pulso latiendo a toda prisa y chupó la piel en su boca. Me estremecí por la sensación. Su cuerpo se sentía caliente y duro contra el mío, me encantaba sentarme en su regazo; aunque esto no era exactamente cómodo. No había mucha suavidad en el cuerpo de Sesshomaru, solo firmes músculos. Se removió, presionando su erección contra mi trasero mientras sus labios reclamaban mi boca. Los besos enviaron pequeños relámpagos a través de mi cuerpo pero necesitaba que esto fuera más que algo físico. Quería conocer más sobre el hombre con el que pasaría el resto de mi vida.

Me aparté, consiguiendo un gruñido de Sesshomaru en respuesta. Sus dedos se apretaron sobre mi cintura, sus ojos dorados cuestionándome a medida que subían a mi cara. Besé su pecho y lancé mis brazos alrededor de su cuello.

—¿Podemos hablar un momento?

Estaba claro por la expresión de Sesshomaru que hablar era la última cosa en su mente, pero se apoyó contra la pared del jacuzzi.

—¿Sobre qué quieres hablar?

Una de sus manos se deslizó hacia abajo y comenzó a acariciar mi trasero. No permití que me distrajera de mi objetivo. Incluso si esto era una gran distracción. La mirada hambrienta en los ojos de Sesshomaru tampoco ayudó.

—¿Qué le pasó a tu madre? —Sabía que había muerto pero Myoga no había dicho mucho más, ya sea porque no sabía o porque pensaba que no debería saber.

El cuerpo de Sesshomaru se volvió rígido, sus ojos duros.

—Murió cuando nací. —La duda me invadió.

—¿Pero tú e Inuyasha?

—Somos de diferente madre. Ella también murió. —Dio vuelta a su rostro, flexionando la mandíbula—. Ese no es el tipo de cosas de las que quiero hablar esta noche.

Su reprimenda escoció. Quería acercarme a él, quería conocer más caras de él, pero estaba claro que no me dejaría. Asentí. Sesshomaru removió su mano de mi trasero y la arrastró lentamente sobre mi cadera, luego la bajó hasta que alcanzó la cara interna de mi muslo. Se deslizó bajo el fondo de mi bikini, frotando su dedo a lo largo de mis pliegues. Debería haberlo alejado de un empujón, pero en su lugar abrí mis piernas un poco más. Sesshomaru acarició mi cuello, luego se echó hacia atrás. Enganchó los dedos de su otra mano bajo la parte superior de mi bikini y tiró de él hacia abajo. Mi pecho voló libre, piel de gallina cubriendo mi piel y mi pezón erecto por el contacto con la fría brisa.

Sesshomaru hizo un sonido bajo en su garganta a medida que observaba mi pecho. Entonces se inclinó y succionó mi pezón en su boca y, al mismo tiempo, frotó su pulgar sobre mi clítoris. Gemí por la sensación. Gruñó contra mi piel y liberó mi pezón con un audible sonido hueco. Acercó su mirada a mí mientras su lengua acariciaba mi protuberancia. Traté de mirar hacia otro lado, pero gruñó.

—No, mírame.

Y lo hice. Observé mi pezón desaparecer en su boca una vez más, lo observé mientras jugueteaba con su lengua, sus hambrientos ojos sobre mí. Mordió suavemente y mis caderas se sacudieron contra su mano, todavía burlándose contra mis pliegues. La liberación se estremeció a través de mi cuerpo. Sesshomaru se retiró a la velocidad de un rayo, agarró mis caderas y me levantó sobre el borde del jacuzzi.

—Sesshomaru, ¿qué…? —Sesshomaru arrancó la parte inferior de mi bikini, prácticamente rasgándolo por la mitad. Di un grito ahogado y traté de cerrar las piernas, pero Sesshomaru se posicionó entre ellas, empujó mis piernas tan lejos como fue posible y bajó su cabeza.

Grité de nuevo, horrorizada y sorprendida y… oh, Dios. Sesshomaru corrió su lengua todo el camino desde mi entrada hasta mi clítoris.

—Mierda, sí —gruñó.

Mis ojos se lanzaron alrededor. ¿Y si la gente nos veía? Una parte del jacuzzi estaba abarcada por una pantalla, pero Sesshomaru chupó mis labios externos y no importó nada más.

—Mírame —ordenó contra mis pliegues, la sensación de su aliento contra mi carne caliente haciéndome estremecer. Miré hacia abajo, mi piel ardiendo con vergüenza y excitación mientras me encontraba con su mirada. Sus ojos se clavaron en los míos, y lentamente, deslizó su lengua entre mis pliegues. Gemí—. Eres mía —dijo con dureza, me lamió de nuevo con más fuerza pero aún más lento—. Dilo.

—Soy tuya —dije sin aliento, sus pulgares me separaron aún más, revelando mi pequeña protuberancia rosada. Soltó una respiración baja, una sonrisa satisfecha curvando sus labios. Quería que me tocara ahí, no deseaba nada más. Se inclinó hacia adelante, sus ojos en mí, y dio vueltas con su lengua alrededor de mi protuberancia. Chillé, mi mano disparándose y agarrando el cabello de Sesshomaru. Me vine de manera violenta, temblando y gritando, retorciéndome contra los labios de Sesshomaru.

Pero no se detuvo. Era implacable. Tiré mi cabeza hacia atrás, mirando hacia el cielo nocturno. Sesshomaru no me dijo que lo mirara esta vez. Pero podía escuchar todo lo que estaba haciendo. Cómo chupaba y lamía, la forma en que canturreaba con aprobación, la forma en que soplaba contra mi carne caliente, luego lamía de nuevo. Mi cuerpo entero estaba en llamas, temblando. No podía soportar mucho más, pero Sesshomaru puso su lengua dentro de mí y me vine, mis músculos apretándose alrededor de él. Apreté los ojos, y mi espalda se arqueó sobre el frío mármol. Estaba tan mojada. ¿Cómo puede alguien estar tan mojado? Los sonidos de Sesshomaru lamiéndome estaban mal pero me excitaban como nada nunca lo había hecho.

Sesshomaru sacó su lengua a medida que los últimos picos de mi orgasmo me hundían. Antes de saber lo que estaba pasando, sentí su dedo contra mi abertura y lo deslizó casi todo el camino. La intrusión fue extraña e inesperada. Me sacudí y jadeé por el dolor. Mi cuerpo se volvió rígido mientras trataba de recuperar el aliento. No había usado ni siquiera tampones porque estos eran demasiado incómodos y porque mi madre se preocupaba de que accidentalmente rompiera mi himen.

—Mierda, estás tan jodidamente apretada, Rin.

Apoyé las palmas contra el borde del jacuzzi, tratando de relajarme. El agua se derramó cuando Sesshomaru salió del agua para inclinarse sobre mí, su dedo todavía en mí. Me mordí el labio, pero no lo miré.

—Oye —dijo en una voz áspera. Me encontré con su mirada—. Debería haber entrado más lento, pero estabas tan mojada.

Asentí, pero no dije nada. No podía superar la sensación de su dedo en mí. No se movía, pero estaba ahí, llenándome. Sesshomaru me besó en los labios. Sus ojos estaban más oscuros de lo que jamás los había visto y tan llenos de deseo y hambre que me asustaron y excitaron al mismo tiempo.

—¿Todavía duele? —dijo con voz áspera.

Moví mi cadera ligeramente, tratando de encontrar las palabras para la sensación.

—Es incómodo y arde un poco. —Me sonrojé.

Sesshomaru lamió mis labios, luego chupó mi labio inferior.

—Sé que soy un imbécil por decirlo, pero la idea de mi pene dentro de tu apretado coño me pone tan duro.

Mis ojos se abrieron más, pero él sacudió la cabeza.

—No estés tan aterrada. Te dije que no lo intentaría esta noche.

—También dijiste que no me harías daño. —Fue más para provocarlo que nada más, ya que en realidad no estaba enfadada con él. Poco a poco me estaba acostumbrando a su dedo dentro de mí y lo que había hecho antes de eso había sido un paraíso. Ya quería sus labios y lengua de nuevo sobre mí.

Algo en la expresión de Sesshomaru cambió, pero no pude leer la emoción.

—No pensé que lo haría, Rin —dijo en voz baja—. Estabas tan mojada y dispuesta. Pensé que mi dedo entraría sin problemas. Quería usar mis dedos para tu cuarto orgasmo.

Me estremecí y una pequeña descarga de placer se formó en mi núcleo una vez más. Casi deseé que Sesshomaru moviera su dedo ahora.

—Dolió porque tomaste mi ya sabes… —El calor se precipitó en mis mejillas y algo brilló en los ojos de Sesshomaru.

—¿Tu virginidad? No, ounyo. No estoy tan profundo y quiero reclamar esa parte de ti con mi polla, no con mi dedo.

¿Ounyo? Una calidez se instaló en mi pecho. Sacó su dedo lentamente, mis músculos apretándose alrededor de él, enviando un extraño cosquilleo a través de mi núcleo. Trazó el mismo dedo sobre mi labio y lo sumergió en mi boca. Lo rodeé con mi lengua, sin siquiera saber por qué.

Sesshomaru gimió. Sacó su dedo de inmediato y empujó su lengua entre mis labios. Me apreté contra su pecho, mi lengua luchando con la suya.

—Vamos adentro. Quiero lamerte otra vez.

Exhalé.

—¿Me dejarás poner mi dedo en ti una vez más? Esta vez voy a ir muy lento.

—Sí —dije. Él saltó del jacuzzi y me ayudó a ponerme de pie. Luego me levantó en sus brazos, mis piernas envolviéndose alrededor de su cintura mientras me llevaba adentro.

Me bajó frente a la cama y desapareció en el cuarto de baño solo para volver con una toalla. Me ayudó a salir de la parte superior de mi bikini, envolvió la toalla alrededor de mí y empezó a frotar suavemente para secarme. Cerré los ojos, disfrutando de la sensación. No podía creer que había dejado que Sesshomaru hiciera lo que había hecho. No podía creer que quería que lo hiciera de nuevo. Todo era tan abrumador. Sabía que era demasiado rápido, pero como Sesshomaru había dicho, ¿qué estaba esperando? Él era mi marido.

—¿Tienes frío?

Mis ojos se abrieron lentamente. Sesshomaru dejó caer la toalla, dejándome desnuda. Sus manos se deslizaron de arriba abajo por mis brazos. Todo mi cuerpo estaba cubierto de piel de gallina.

—Un poco.

Sesshomaru me tumbó en la cama antes de que él se enderezara y deslizara hacia abajo sus pantalones cortos. Su erección saltó libre, dura y larga, y de repente la ansiedad se apoderó de mí. Había puesto un dedo en mí, tal vez ahora quería dar el siguiente paso. Tal vez estaba confundida acerca de algunas cosas en este momento, pero sabía una cosa: no estaba lista para eso.

Todavía apenas conocía al hombre frente a mí, y dormir con él, dejarlo estar en mí de esa forma era demasiado, muy íntimo. Tal vez esta noche había sido su forma de manipularme. Nadie iba tan lejos en la mafia sin ser un maestro de la manipulación. Apreté las piernas juntas y me corrí hacia atrás. Sesshomaru se detuvo, con una rodilla ya apoyada en la cama.

—¿Rin? —Sus dedos se cerraron alrededor de mi pantorrilla y me eché hacia atrás y empujé mis piernas contra mi pecho. Él suspiró—. ¿Ahora qué? —Se sentó a mi lado, su longitud casi rozando mi pierna—. Di algo.

—Esto es demasiado rápido —dije en voz baja.

—¿Porque estoy desnudo? Ya has visto antes mi pene. Incluso me hiciste una paja.

Mi cara ardió.

—Creo que estás tratando de manipularme. Si te diera la oportunidad, irías todo el camino hoy mismo.

—Por supuesto que lo haría, pero no puedo ver lo que la manipulación tiene que ver con eso —dijo con una pizca de ira en su voz—. Te deseo. Nunca mentí sobre eso. Voy a aceptar lo que sea que estés dispuesta a dar y estabas dispuesta en el jacuzzi.

—No con lo del dedo —espeté, de repente también enojada—. Tal vez intentarás lo mismo con el sexo. —Sabía que sonaba ridícula.

Sesshomaru se echó a reír. Se inclinó muy cerca.

—Eso no funcionará. Mi pene no se deslizará dentro de ti tan fácilmente, créeme, y va a dolerte mucho más.

Me estremecí, recordando lo que Sara había dicho en nuestra boda. Te follará como un animal. Sesshomaru soltó una respiración áspera.

—No debería haber dicho eso. No fue mi intención asustarte.

Lo observé por encima de mis piernas. Deslizó los nudillos por mi costado ligeramente. Sus labios se aflojaron.

—Dime que disfrutaste lo que te hice en la terraza —murmuró Sesshomaru, había una pizca de necesidad en su voz, tal vez incluso vulnerabilidad.

—Sí —dije sin aliento. Él se inclinó más cerca, sus labios en mi oído.

—¿Qué te gustó más? ¿Mi lengua follándote? ¿O cuando pasé la lengua todo el camino por encima de tu coño? ¿O cuando chupe tu clítoris?

Oh, Dios. Me estaba mojando de nuevo. La profunda voz de Sesshomaru vibró a través de mi cuerpo.

—No lo sé.

—¿Tal vez tengo que mostrarte otra vez? —Sesshomaru empujó contra mis tobillos, que estaban presionados contra mí hasta que hubo suficiente espacio para que su mano se deslice entre ellos y mis muslos superiores. Él me acunó con su mano. Estaba a punto de acostarme para que fuera más fácil para él, pero él negó con la cabeza—. No —dijo con voz áspera—. Quédate de esa manera. —Sus dedos comenzaron a moverse en contra de mis pliegues, cuatro de ellos burlando, dando vueltas, frotando.

Apoyé la barbilla en mis rodillas, respirando con dificultad. Sesshomaru besó mi oreja y pasó un brazo alrededor de mi hombro, empujándome contra su costado. Era extraño, sentarse con las piernas apretadas contra el pecho mientras él me tocaba, pero se sentía muy bien. La erección de Sesshomaru se frotaba contra la cara externa de mi muslo, su respiración caliente contra mi oído.

—Relájate —dijo en voz baja. Hubo una ligera presión contra mi apertura. Miré hacia abajo entre mis piernas. Sesshomaru me tentaba con su dedo meñique. Sumergió la punta, y luego rodeó mi abertura otra vez antes de entrar en mí una vez más, deslizándose un poco más profundo cada vez que lo hacía.

—Mírame.

Lo hice, atrapada en la intensidad de sus ojos dorados.

—Estás tan húmeda, suave y apretada. No puedes imaginar lo jodidamente bien que se siente. —Su longitud se deslizó a lo largo de la cara externa de mi muslo de nuevo. Sus labios apretados contra los míos, su lengua exigiendo entrada. Su dedo se deslizó dentro de mí, esta vez todo el camino. Era solo su dedo pequeño pero ya estaba emocionada. Él comenzó a moverse dentro de mí y jadeé en su boca, sacudiendo mis caderas, necesitando más. Él bombeó dentro y fuera lentamente, su pulgar frotando mi clítoris. Podía sentir el placer creciendo de nuevo y moví mi pelvis en sincronía con su dedo. Apartó la mano, provocando un sonido de protesta de mi parte.

Sesshomaru se rio, un estruendo profundo en su pecho. Se arrodilló frente a mí y separó mis piernas para entonces mirarme fijamente. Él trazó su dedo índice sobre mis pliegues, y luego frotó mi abertura con él. Sin apartar nunca su mirada de mi cara, empujó la punta dentro, mis músculos se apretaron y solté una respiración baja. No dolió, así que me relajé. Comenzó a deslizarse dentro y fuera lentamente, moviéndose un poco más profundo cada vez como había hecho con su dedo meñique. Su boca se cerró sobre mi clítoris.

Gemí, mis piernas cayendo más abiertas. Mi placer iba en aumento aterradoramente rápido a medida que Sesshomaru trabajaba sobre mí con su dedo y labios. Me vine una vez más con un grito, sacudiendo mis piernas, mis caderas estremeciéndose. Mis dedos apretaron la manta cuando me rompí en pedazos. Sesshomaru retiró el dedo, besó mi ombligo, y luego se acostó a mi lado, su erección roja y brillante. Extendí la mano, extendiendo la gotita de líquido que había goteado por toda su punta.

Sesshomaru gruñó, sus abdominales flexionándose.

—Quiero tu boca sobre mí —dijo en voz baja. Me quedé inmóvil, con la mano también inmóvil sobre él. Parecía justo después de lo que acababa de hacer, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo realmente. Blowjob era un nombre bastante confuso, porque sabía que no debía soplar su erección exactamente para hacerle una mamada, pero por desgracia no estaba muy segura de qué hacer en detalle. ¿Y si no me gustaba?

Recordé sus palabras en cuanto a Sara, que sabía cómo chupar una polla. No es que quería ser cualquier cosa como Sara. No tenía ninguna intención de convertirme en la puta de Sesshomaru, pero tampoco quería fallarle por completo. Estaba pensando demasiado en esto.

—¿Es porque no quieres o porque no sabes cómo hacerlo? —preguntó Sesshomaru con calma, pero me di cuenta que tenía problemas para hacer que su voz sonara de esa manera. Me había dado varios orgasmos. Probablemente estaba a reventar—. Puedes masturbarme como la última vez —dijo cuando me quedé en silencio. Su mano apartó un mechón de cabello oscuro de mi cara, sus ojos dorados interrogantes.

—No, quiero decir, creo que quiero hacerlo.

—¿Crees? —La diversión teñía la voz de Sesshomaru—. ¿Pero?

—¿Qué pasa si no me gusta?

Sesshomaru se encogió de hombros, pero era obvio por su expresión que no le gustaba la idea.

—Entonces no lo hagas. No voy a forzarte.

Asentí y llevé mi cara un poco más cerca de su erección, que no se había suavizado en absoluto durante nuestra conversación. Sesshomaru se tensó en anticipación, las yemas de sus dedos contra mi cuero cabelludo retorciéndose.

—No sé qué hacer —admití, avergonzada.

Su erección se sacudió en respuesta. No pude evitar reír y Sesshomaru sonrió con su sonrisa depredadora.

—Te gusta torturarme con tu inocencia, ¿verdad?

Soplé contra su punta, haciéndolo gemir.

—No creo que por eso se llame blowjob, ¿verdad?

De hecho soltó una verdadera risa y el sonido llenó mi estómago con mariposas.

—Vas a ser mi muerte, ounyo.

—No te rías —dije con una sonrisa—. No quiero hacer algo mal.

—¿Quieres que te diga qué hacer? —La excitación ardió en sus ojos.

Asentí.

—Está bien —dijo con voz ronca—. Cierra tus labios alrededor de la punta y ten cuidado con tus dientes. No me importa que sea un poco áspero, pero no lo mastiques.

Resoplé, y entonces, los nervios me hicieron quedarme inmóvil. Los dedos de Sesshomaru se deslizaron por mi cabello hasta que llegaron a descansar en la parte posterior de mi cabeza. Él no me empujó, aunque por la forma en que se tensó me di cuenta que quería. Tomé la punta en mi boca. Era gruesa, así que tuve cuidado de no arañarlo con mis dientes.

Su punta estaba un poco salada, pero no en un mal sentido.

—Ahora gira tu lengua alrededor de él. Sí, de esa forma. —Me observaba, con la mandíbula apretada—. Llévalo un poco más en tu boca y mueve tu cabeza de arriba hacia abajo. Ahora chupa mientras te mueves. Sí, mierda. —Sus caderas se sacudieron cuando estuve lo más profundo que podía llegar, conduciendo su erección aún más en mi interior.

Me dieron arcadas así que me eché hacia atrás, tosiendo.

Acarició mi cabello.

—Mierda, lo siento. —Frotó su pulgar sobre mis labios—. Voy a tratar de quedarme quieto.

En lugar de llevarlo de nuevo en mi boca, lo lamí desde la base hasta la punta. Él gimió.

—¿Está bien así? —susurré antes de hacerlo de nuevo.

—Mierda, sí.

Me tomé mi tiempo lamiendo cada centímetro de él, pero sobre todo su punta. Me encantaba la sensación de ella contra mi lengua.

—Esto se siente jodidamente bien, pero en serio me quiero correr. —Miré hacia arriba con incertidumbre. Me había corrido cuando él me acarició y lamió suavemente. ¿Necesitaba que fuera más brusca? ¿También iba a necesitar que fuera brusca durante el sexo? Las estúpidas palabras de Sara saltaron de nuevo a mi mente, pero las hice a un lado. No dejaría que esa puta arruinara esto para mí.

—¿Qué necesitas que haga? —susurré.

—Chupa más duro y sigue mirándome con tus malditos hermosos ojos.

Fijé mi mirada en la suya y lo llevé en mi boca hasta que golpeó la parte posterior de mi garganta, luego, bombeé mi cabeza de arriba hacia abajo rápido y duro, mis labios firmemente apretados en torno a él. Sesshomaru gimió, sus caderas sacudiéndose suavemente. Sus ojos ardiendo en los míos, sus dientes apretados.

—Si no quieres tragar, tienes que apartarte…

Me aparté, liberándolo con un sonoro sonido y un momento más tarde derramó su semilla sobre su estómago y piernas. Sesshomaru cerró los ojos a medida que su erección se estremecía. Su mano estaba todavía en mi cabello, acariciando suavemente mi cuello y cuero cabelludo. Me soltó poco a poco, pero agarré su mano y la apreté contra mi mejilla, necesitando su cercanía después de lo que habíamos hecho. Sus ojos se abrieron con una mirada ilegible en ellos. Su pulgar rozó mi mejilla suavemente. Nos quedamos así durante un par de segundos, y luego Sesshomaru se incorporó, fijándose en el lío en sus muslos y abdominales.

—Necesito una puta ducha. —Sesshomaru tomó un pañuelo y limpió el esperma antes de balancear las piernas sobre la cama y ponerse de pie.

Asentí, extrañamente decepcionada de que hubiera salido de la cama tan rápido. De pronto me sentí consciente de mi misma, de lo que había hecho.

Sesshomaru me tendió la mano.

—Ven. No quiero ducharme solo.

Salí de la cama torpemente, puse mi mano en la suya y lo seguí al baño.

A medida que el agua caliente se vertía sobre nosotros, Sesshomaru comenzó a enjabonar mi cuerpo, así que cerré los ojos, disfrutando de la sensación de sus manos sobre mí. Él se presionó contra mi espalda, envolviendo un brazo alrededor de mi estómago.

—Entonces, ¿eso estuvo bien para ti? —preguntó en voz baja.

Probablemente estaba preocupado de que no lo haría otra vez, si no me había gustado.

—Sí.

Me besó en la garganta. Lo hacía muy seguido. Se sentía tan suave, amoroso e íntimo, pero sabía que no estaba destinado a eso.

—Me alegra, porque en serio me gustó mucho estar en tu boca.

Me sonrojé de vergüenza y una extraña sensación de logro. Ridículo.

—¿Estás enojado que no lo hice, ya sabes, tragar? Apuesto a que las mujeres con las que has estado hasta ahora siempre lo hacen.

—No, no estoy enojado. No voy a mentir, me encantaría venirme en tu boca, pero si no quieres eso, está bien.

Salimos de la ducha y nos secamos antes de arrastrarnos de nuevo en la cama. Apoyé la cabeza sobre el pecho de Sesshomaru. Él apagó las luces, envolviéndonos en la oscuridad.

—¿Cuál fue tu reacción, cuando tu tío te dijo que ibas a casarte conmigo? —murmuré. Había estado pensando en ello durante un tiempo.

Los dedos de Sesshomaru en mis caderas se detuvieron.

—Lo esperaba. Sabía que tendría que casarme por razones tácticas. Como futuro Oyabun, no puedes dejar que las emociones o los deseos gobiernen cualquier parte de tu vida.

Me alegré por la oscuridad, de ese modo Sesshomaru no podía ver mi cara. Sonó tan desapegado y sin emociones. Sus toques y besos me daban ganas de creer que tal vez estaba empezando a preocuparse por mí, pero ahora no estaba tan segura.

—¿Y tú? —preguntó.

—Estaba aterrada.

—Solo tenías quince. Por supuesto que estarías aterrada.

—Todavía estaba aterrada el día de nuestro matrimonio. Aún no estoy del todo segura que no me aterras.

Sesshomaru se quedó en silencio.

—Ya te lo dije, no tienes ninguna razón para temerme. Voy a proteger y cuidar de ti. Te voy a dar todo lo que quieras y necesites.

Excepto por una cosa: amor.

—Pero la yakuza siempre es lo primero —dije ligeramente—. Si tuvieras que matarme para proteger el negocio, lo harías.

Sesshomaru se puso rígido, pero no lo negó. Mi padre siempre decía que solo hay espacio para un amor verdadero en la vida de un hombre y eso es la mafia.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Supinche madre! Y eso que aún no duermen juntooosss. No saben lo difícil que se me hizo este cap xD estaba entre excitada y con el pendiente de subirlo. No quiero spoilearlas con decirles previamente si el cap tiene lemon y eso, ya se la saben que puede haber de todo.

No me maten con el tema de Irasue, luego contaremos bien el desmadre de la familia de Sessho y porque decidí que quedara así.

Inicialmente no sabia como se decía p

Glosario:

Blowjob es el termino en inglés para mamada…compuesto de blow=soplar y job=trabajo decidí dejarlo en original porque si no el dialogo no tiene sentido.

Ounyo es princesa como sustantivo en connotaciones cariñosas. inicialmente lo habia dejado solo como princesa. En el original le dice principessa ya que son italianos. Que opinan lo dejo como princesa o manejo este termino?