»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««

ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.

ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ

ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ

ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.

Fé de erratas CAP 11. ounyo es princesa con connotación cariñosa en japones… chequen el cap de nuevo y ustedes me dicen si lo uso o lo dejo como estaba.


«« DOCE »»

Kagome se las arregló para conseguir un boleto para un vuelo dos días más tarde. Estaba desbordada de emoción ese día. No había pasado mucho tiempo desde la última vez que la había visto pero se sentía como una eternidad. Ya estaba oscureciendo cuando Sesshomaru y yo llegamos al HND. Deseé que Kagome hubiera conseguido un vuelo matutino o en la tarde, en lugar de este.

Desde mi comentario que Sesshomaru me mataría para proteger a KANTO, había estado emocionalmente desconectado, no que hubiera sido un libro abierto inclusive antes de eso. La única manera en que interactuábamos era en la noche cuando Sesshomaru me daba placer con sus manos y boca, y yo a él en respuesta. Tal vez sin la visita inminente de Kagome, hubiera intentado hablar con él o incluso pedido que me muestre dónde trabajaba, en lugar de eso le había dado el espacio que obviamente quería. Sesshomaru estacionó el auto y salimos. No intentó tomar mi mano. No creía que fuera el tipo de hombre que toma de la mano, pero tocó mi espalda baja mientras entrabamos al área de llegadas en el aeropuerto.

—¿Estás seguro que estarás bien con Kagome viviendo con nosotros durante los próximos días?

—Sí. Y le prometí a tu padre que la protegería. Es más fácil si está viviendo en nuestro apartamento.

—Te provocará —dije.

—Puedo manejar a una niña.

—No es tan pequeña. Apenas es más joven que yo.

—Puedo manejarla.

—Sesshomaru —dije firmemente—. Kagome sabe cómo presionar los botones en las personas. Si no estás absolutamente seguro que puedes controlarte, no la dejaré cerca de ti.

Lo ojos de Sesshomaru se encendieron. Había estado al borde durante todo el día.

—No te preocupes. No la mataré ni a ti en los próximos días.

Di un paso hacia atrás. ¿De dónde salió eso? ¿Estaba enojado por lo que había dicho? Era la verdad, ambos lo sabíamos.

—¡Rin!

Me di la vuelta y Kagome se precipitó hacia mí, dejando caer su maleta en el camino. Chocamos casi dolorosamente, pero la apreté fuertemente contra mí.

—Estoy tan feliz que estés aquí —susurré.

Asintió, luego se hizo hacia atrás, buscando mi rostro.

—No hay moretones visibles —dijo audiblemente, su mirada dirigiéndose detrás de mí hacia Sesshomaru—. ¿Solo golpeas lugares que estén cubiertos por la ropa?

Agarré su mano y le di una mirada de advertencia.

—Ve por tu equipaje —ordenó Sesshomaru—. No quiero quedarme aquí toda la noche.

Kagome lo miró fijamente pero fue a recuperar su maleta y regresó hacia nosotros.

—Un caballero lo habría traído por mí.

—Un caballero, sí —dijo Sesshomaru con una sonrisa irónica.

Caminamos de vuelta hacia nuestro auto, mi brazo enlazado con el de Kagome. Sesshomaru caminó unos cuantos pasos por delante y se puso detrás del volante sin una palabra.

—¿Cuál es su problema? Es incluso más idiota de lo que recordaba.

—Creo que los rusos le están dando problemas.

—¿No lo hacen siempre? —Kagome puso su maleta en la cajuela del auto antes de que ambas nos sentáramos en el asiento trasero.

Sesshomaru levantó sus cejas hacía mí.

—No soy tu chófer. Ven al frente conmigo.

Me sorprendió su severidad, pero hice lo que dijo y me senté de inmediato. El rostro de Kagome se frunció con enojo.

—No deberías hablarle de esa forma.

—Es mi esposa. Puedo hacerle y decirle lo que quiera.

Fruncí el ceño. Sesshomaru se giró hacia mí, encontrando mi mirada. No pude reconocer la mirada en sus ojos. Así que se volvió para mirar la calle.

—¿Cómo están Sango y Kohaku?

—Tan molestos como el infierno. Especialmente Sango. No deja de hablar de Miroku. Está enamorada de él.

Me reí e incluso los labios de Sesshomaru temblaron. No estaba segura por qué, pero me estiré y coloqué mi mano sobre su pierna. Sus ojos se movieron hacia mí brevemente, luego cubrió mi mano con la suya hasta que tuvo que cambiar la velocidad de nuevo. Los ojos de Kagome estuvieron atentos a medida que observaba. Me bombardearía de preguntas al momento que estuviéramos solas, sin duda.

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Cuando entramos en el apartamento, el olor a cerdo y especias llegó hasta nosotros.

—Le pedí a Kaede que prepare una agradable cena —dijo Sesshomaru. Las cejas de Kagome se levantaron con sorpresa.

—Gracias —dije.

Sesshomaru asintió.

—Muéstrale a tu hermana su habitación y luego podemos comer. —Todavía estaba distante y tenso. Lo observé dar vuelta en la esquina hacia el área de la cocina.

Le mostré a Kagome su habitación de invitados, pero rápidamente me jaló dentro y cerró la puerta.

—¿Estás bien?

—Sí. Te lo dije al teléfono. Estoy bien.

—Prefiero escucharte decirlo cuando puedo ver tu rostro.

—No te estoy mintiendo, Kagome.

Agarró mi mano.

—¿Te forzó a dormir con él?

—No, no lo hizo. Y no lo he hecho.

Sus ojos se ampliaron.

—Pero algo sucedió entre ustedes dos. Quiero detalles.

Me alejé.

—Debemos ir a cenar ahora. Kaede estará molesta si la comida se enfría. Podemos hablar mañana cuando Sesshomaru esté ocupado con sus asuntos.

—Mañana —dijo Kagome firmemente.

Abrí la puerta y la llevé hacia el área del comedor. Sus ojos lo asimilaron todo, luego se volvieron rendijas cuando vio quién más estaría cenando con nosotros: Inuyasha. Él y Sesshomaru estaban de pie junto a la mesa, discutiendo algo, pero se separaron cuando nos notaron.

—¿Qué está haciendo él aquí? —dijo Kagome, su nariz arrugada.

Destellando su sonrisa de tiburón, Inuyasha caminó hacia ella y agarró su mano para besarla.

—Es bueno verte de nuevo, Kagome.

Kagome alejó su mano rápidamente.

—No me toques.

Tenía que dejar de provocarlo; a él le gustaba demasiado. Sesshomaru y yo nos sentamos juntos y Inuyasha junto a Kagome. No estaba segura que fuera la mejor decisión. Miré hacia Sesshomaru, pero su mirada cautelosa estaba sobre su hermano y mi hermana.

Kaede irrumpió, sirviendo katsudon, sashimi y edamame tempurizado. Comimos en silencio por un momento hasta que Kagome no pudo contener más su lengua.

—¿Por qué aplastaste la garganta de ese tipo?

Bajé mi tenedor, esperando que Sesshomaru explote, pero solo se reclinó en su silla y cruzó los brazos sobre su pecho.

Kagome resopló.

—Vamos. No puede ser un gran secreto. Tienes tu apodo por eso.

Inuyasha sonrió.

—Bestia es un lindo nombre.

Sesshomaru sacudió la cabeza.

—Lo odio.

—Te lo ganaste —dijo Inuyasha—. Ahora cuéntales la historia o lo haré yo.

Había tenido curiosidad sobre ello por un buen rato. Nadie en la Organización de Yamanashi quiso darme detalles y todavía no me había atrevido a preguntarle a Miroku.

—Tenía diecisiete —comenzó Sesshomaru—. Al morir mi padre, Takemaru tomó su lugar quién tiene muchos hermanos y hermanas, uno de mis primos subió a las filas de la mafia a mi lado. Él era varios años mayor y quería convertirse en oyabun. Sabía que Takemaru me elegiría por mi padre, así que me invitó a su casa y trató de apuñalarme por la espalda. El cuchillo solo rozó mi brazo y cuando tuve la oportunidad envolví mis manos alrededor de su garganta y lo ahogué.

—¿Por qué no le disparaste? —preguntó Kagome.

—Era de la familia y solía ser parte de la tradición dejar nuestras armas cuando entrábamos a la casa de un miembro de la familia —dijo Sesshomaru con frialdad—. Ya no es así, por supuesto.

—La traición enojó tanto a Sesshomaru, que aplastó por completo la garganta de nuestro primo. Se ahogó en su propia sangre debido a que los huesos de su cuello cortaron a través de la arteria. Fue un desastre. Nunca había visto nada igual. —Inuyasha parecía un niño en la mañana de navidad. Era algo más que un poco perturbador.

Sesshomaru miró hacia su plato, las manos agarrando con fuerza sus muslos. No era de extrañar que no le gustara confiar en la gente. Ser traicionado por la familia debe haber sido horrible.

—Es por eso que Sesshomaru siempre duerme con un ojo abierto. Ni siquiera pasa la noche con una mujer sin un arma bajo la almohada o en algún lugar de su cuerpo.

Sesshomaru disparó a su hermano una mirada fulminante.

Inuyasha levantó las manos.

—No es como si Rin no sepa que te follabas a otras mujeres.

No creía que esa fuera la razón por la reacción de Sesshomaru.

—Así que, ¿estás llevando un arma ahora mismo? —preguntó Kagome—. Todos somos de la familia, después de todo.

—Sesshomaru siempre lleva un arma. —Inuyasha se inclinó hacia Kagome—. No lo tomes como algo personal. No creo haberlo visto nunca sin un arma desde ese día. Es la manía de Sesshomaru.

Sesshomaru no llevaba un arma de fuego cuando estábamos solos. Llevaba una cuando Miroku o Kaede estaban allí, incluso cuando Inuyasha estaba, pero cuando Sesshomaru y yo compartimos cama, no había una pistola debajo de la almohada o en cualquier otro lugar. Eso es probablemente porque puede dominarte con las manos atadas a la espalda. Aun así parecía un riesgo innecesario.

Sesshomaru pasó el resto de la cena tenso y silencioso, pero los argumentos de Inuyasha y Kagome llenaron el silencio. No estaba segura de quién ganó más peleas.

Cuando terminamos de comer, me levanté para limpiar la mesa. Kaede ya se había ido y no quería dejar los platos sucios esperando para cuando ella regresara mañana. Sesshomaru me sorprendió cuando también se levantó y llevó los platos de servir y las demás cosas al lavavajillas. Bostecé, exhausta.

—Vamos a la cama —dijo Sesshomaru en voz baja.

Miré a Kagome. Había tanto que quería hablar con ella, pero era tarde y mañana sería otro día.

—No antes de que Inuyasha se vaya. No voy a dejarlo solo con mi hermana.

Sesshomaru asintió con gravedad.

—Tienes razón. No debería estar a solas con él. —Se acercó a Inuyasha y puso una mano en su hombro antes de inclinarse y decirle algo al oído. La cara de Inuyasha oscureció de ira, pero se levantó sin problemas, dio a Kagome su sonrisa de tiburón y luego salió del apartamento sin decir nada más.

Kagome vino hacia mí.

—Está obsesionado conmigo.

La preocupación se aferró en mi interior.

—Entonces deja de meterte con él. Le gusta que lo hagas.

—No me importa lo que le gusta.

Sesshomaru se inclinó a mi lado contra el mostrador, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura para el evidente descontento de Kagome.

—Inuyasha es un cazador. Ama la persecución. Será mejor que no hagas que quiera perseguirte.

Me preocupaba que ya fuera demasiado tarde para esa advertencia. Kagome puso los ojos en blanco.

—Me puede cazar todo lo que quiera. No llegará hasta mí. —Ella me miró—. No te vas a ir a la cama, ¿verdad?

—Estoy muy cansada —le dije con aire de culpabilidad.

Los hombros de Kagome se desplomaron.

—Sí, yo también. Pero mañana te quiero toda para mí. —Dio una mirada mordaz a Sesshomaru antes de partir hacia su habitación. Se detuvo en el umbral de su puerta—. Si escucho gritos, ninguna pistola debajo de la almohada te salvará, Sesshomaru. —Con eso, cerró la puerta.

Sesshomaru rozó mi oreja con sus labios.

—¿Vas a gritar para mí esta noche? —Lamió mi piel y me estremecí.

—No con mi hermana bajo el mismo techo —dije, incluso cuando un hormigueo se deslizó entre mis piernas, traicionándome.

—Ya lo veremos —gruñó Sesshomaru, luego mordió suavemente mi garganta. Gemí, pero rápidamente mordí mi labio para ahogar el sonido. Sesshomaru tomó mi mano y me llevó escaleras arriba. Con cada paso que nos acercamos a la habitación, la presión entre mis piernas aumentó. No podía creer lo ansioso que estaba mi cuerpo por su toque, por la liberación que me traía. Era la única vez que me olvidaba de todo acerca de mi vida, la única vez que era libre de las ataduras de nuestro mundo.

Sesshomaru cerró la puerta detrás de nosotros y esperé que eso no llamara la atención de Kagome. Pero no tuve mucho tiempo para preocuparme porque Sesshomaru sacó mi vestido, y entonces me levantó en sus brazos, solo para recostarme en medio de la cama. Sesshomaru me dio un beso en contra de mis bragas de encaje, inhalando, antes de besar mi estómago y costillas, luego mis pechos a través de los encajes de mi sujetador.

—Mía —gruñó contra mi piel, haciéndome temblar de excitación. Deslizó sus manos por debajo de mi espalda, desabrochó mi sostén y poco a poco lo sacó. Mis pezones estaban duros—. Amo tus putos pezones. Son tan rosados, pequeños y perfectos.

Apreté las piernas juntas, pero Sesshomaru agarró mi ropa interior y la bajó. Pasó un dedo por mis pliegues, sonriendo satisfecho. Su mirada hambrienta volvió a mis pechos e inclinó la cabeza y arrastró su lengua de un pezón al otro. Gemí suavemente. Se tomó su tiempo con mis pechos y cuando se movió lentamente más abajo ya estaba jadeando. Sus labios encontraron mis pliegues, burlándose suavemente, y luego de repente su lengua se deslizó hacia fuera fuerte y rápido; me tapé la boca con una palma, ahogando los jadeos y gritos.

—No —gruñó Sesshomaru. Agarró mis dos muñecas en sus manos y las apretó contra mi estómago, atrapándolas allí.

Mis ojos se abrieron más.

—Kagome escuchará.

Él sonrió y chupó mi clítoris duro y rápido, después, suave y gentil. Lloriqueé y gemí, mi cuerpo temblando por el esfuerzo para mantenerme tranquila.

—Oh, Dios —jadeé cuando Sesshomaru deslizó su dedo dolorosamente lento en mi interior, luego moviéndolo dentro y fuera a ritmo con sus movimientos en mi clítoris. Enterré la cara en la almohada. El agarre de Sesshomaru en mis muñecas se tensó y el placer rasgó a través de mí. Grité en la almohada, mi espalda arqueada, mis piernas temblorosas.

Sesshomaru se trasladó más arriba en mi cuerpo hasta que se inclinó sobre mí, de rodillas entre mis piernas abiertas.

—¿Cuándo vas a dejar que te tome? —susurró con dureza contra mi garganta.

Me volví de piedra. Sesshomaru levantó la cabeza, sus ojos encontrando los míos.

—Mierda. ¿Por qué tienes que verte tan jodidamente asustada cuando te hago esa pregunta?

—Lo siento —dije en voz baja—. Solo necesito más tiempo.

Sesshomaru asintió, pero había una necesidad profunda en sus ojos que parecía crecer cada día.

Pasé las manos sobre su pecho, sintiendo la funda de su pistola debajo de la camisa. Se echó hacia atrás y yo me incliné hacia delante, comenzando a desabrochar su camisa, dejando al descubierto su torso tonificado y la funda de color negro con la pistola y el cuchillo. Sesshomaru se quitó la camisa y yo abrí la funda, ayudándole a salir de ella. Las empujó al suelo. Y las palabras de Inuyasha volvieron a mí a medida que pasaba las manos por el pecho desnudo de Sesshomaru.

Presioné un beso contra el tatuaje de Sesshomaru, luego contra las heridas cicatrizando sobre sus costillas. Rocé los pezones de Sesshomaru con mis dedos y él gimió en respuesta. Rápidamente salió de sus pantalones. Bajé mis labios a su erección, pero me detuve a unos centímetros de su punta.

—Si no te quedas en silencio, voy a parar.

Los ojos de Sesshomaru destellaron. Él puso su mano sobre mi cabeza.

—Tal vez no voy a permitir que pares.

—Tal vez voy a morderte.

Sesshomaru se rio entre dientes.

—No te detengas, no voy a hacer ni un sonido. No quiero ofender los oídos virginales de tu hermana.

—¿Y qué hay de mis oídos virginales? —Besé su punta.

—No deberías ser una virgen todavía —dijo Sesshomaru en voz baja. Tomé su erección en mi boca para distraerlo. Hizo un sonido profundo en su garganta, luego se calmó mientras me ocupaba de él.

Lo saqué de nuevo antes de que se viniera.

Después de que él mismo se hubo limpiado, me abrazó.

—Lo siento, por lo que te hizo tu primo —dije en la oscuridad.

—Debería haber sabido bien que no podía confiar en nadie. La confianza es un lujo que la gente en mi posición no puede permitirse.

Puedes confiar en mí, quería decir, porque él podía hacerlo. No importa lo mucho que trataba de luchar contra esto, me había enamorado de él.

—La vida sin confianza es solitaria.

—Sí, lo es. —Besó la parte de atrás de mi cuello, luego nos quedamos en silencio.

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Sesshomaru estaba durmiendo cuando desperté, su cuerpo envuelto alrededor del mío, su dureza presionando contra mi espalda baja. Me desenredé y me deslicé en el cuarto de baño. No era tarde aún, pero Kagome era madrugadora y yo no podía esperar a pasar el día con ella. Tomé una larga ducha, sintiéndome más despierta ya. Salí de la ducha y envolví una toalla alrededor de mí, entonces regresé al dormitorio. Sesshomaru estaba sentado en el borde de la cama, pero se levantó cuando entré. Su erección sobresalía. Le di una sonrisa burlona mientras él curvaba sus dedos sobre mi cadera.

—¿Duro de nuevo?

Él gruñó.

—Siempre estoy duro por ti. Un día mis bolas van a explotar.

Podía oír movimiento en algún lugar en el apartamento, entonces una maldición. Kagome estaba despierta.

—Debería ir con ella.

—Oh no, no lo harás —dijo Sesshomaru con voz áspera. Me besó posesivamente y me paré de puntillas para hacerlo más fácil para él. Un beso no podía lastimar, pero por la forma en que Sesshomaru estaba frotándose contra mí sabía que quería más que un beso. Él me dio la vuelta y tiró de mí a ras contra su pecho así su erección presionaba en mi espalda.

Jadeé. Estábamos frente al espejo que llegaba hasta el piso al otro lado de la cama. Sesshomaru agarró la toalla y la tiró al suelo, dejándome desnuda. Él besó mi garganta, los ojos puestos en mí a través del espejo. Sus fuertes manos viajaron hasta mis costados y tomó mis pechos. Capturó mis pezones entre su índice y pulgar, y los hizo girar. Mis labios se abrieron y un suave gemido escapó.

Podía escuchar a Kagome subiendo las escaleras hacia nuestro piso. Oh Dios.

Sesshomaru pellizcó mis pezones, luego tiró de ellos. Cerré los ojos ante la deliciosa sensación que se extendió a través de mí. Salpicó mi garganta y clavícula con besos y lamidas, mientras su mano se deslizaba hacia abajo por el valle entre mis pechos, por encima de mi estómago y entre mis muslos. Kagome se detuvo fuera de nuestra habitación. Sesshomaru movió su pulgar sobre mi clítoris y yo mordí mi labio para evitar gemir.

—¿Rin? ¿Estás despierta?

—Tu hermana es una jodida molestia —murmuró Sesshomaru en mi oído, luego lamió la piel debajo antes de chuparla. Su dedo índice se deslizó entre mis pliegues, luego entró en mí. Exhalé—. Pero estás tan jodidamente mojada, ounyo. —Una nueva ola de humedad se acumuló entre mis piernas—. Sí —gruñó Sesshomaru en mi oído. Sus ojos dorados se clavaron en mí en el espejo y no pude apartar la mirada. Su dedo se deslizó dentro y fuera de mí, extendiendo la humedad por todos mis pliegues.

No podía creer que estaba haciéndome observarlo follarme con el dedo. No podía creer lo mucho que esto me excitaba. Sus dedos pellizcaron mi pezón de nuevo, más duro esta vez y pude sentirlo todo hasta mi clítoris. Lloriqueé.

—¿Rin? —Kagome golpeó la puerta. Dios, ella no se detendría. Traté de apartarme. Esto estaba mal. No podía hacer esto con mi hermana fuera de la puerta. Sesshomaru sonrió, su agarre en mí apretándose. Su segunda mano se movió hacia abajo y frotó mi clítoris mientras la otra seguía deslizándose dentro y fuera de mí. Estaba girando fuera de control. Sus labios se aplastaron contra los míos, tragando mis gemidos a medida que el placer me cubría. Mis piernas se contrajeron y me mecí contra las manos de Sesshomaru mientras me venía con fuerza. Sesshomaru no dejó de mover sus manos, incluso cuando traté de alejarme. En su lugar, empujó mis hombros hasta que me incliné hacia delante, mis manos levantándose para apoyarme contra el espejo. Mis ojos se abrieron como platos cuando él se arrodilló detrás de mí, palmeando mi trasero y luego abriéndome. Y entonces su lengua estaba allí, deslizándose por mis pliegues. Lamió toda mi longitud. Me tensé cuando su punta se deslizó a lo largo de mi entrada trasera y rápidamente volvió su boca a mi clítoris. Perdí todo sentido de mí misma, incluso cuando escuché el insistente toque de Kagome y sus llamadas ocasionales. Lo único que importaba era la lengua de Sesshomaru, mientras me llevaba más y más alto. Esto tenía que estar mal, pero se sentía demasiado bien. Mordí el interior de mi mejilla y a medida que el dolor y el placer se mezclaban, mi segundo orgasmo cayó sobre mí. Mis piernas cedieron y caí de rodillas al lado de Sesshomaru, jadeando y resollando, con la esperanza de que Kagome no pudiera oírlo.

Miré a Sesshomaru, pero él sonrió, había hambre en su rostro. Se puso de pie, y su erección se movió. Vi cómo empezaba a acariciarse frente a mi cara. Sabía lo que quería. Separé mis labios y él deslizó su punta dentro. El sabor salado de su pre-eyaculación extendiéndose en mi lengua. No podía creer que estaba chupando a Sesshomaru con Kagome cerca, pero lo erróneo de esto me excitó aún más. ¿Qué estaba mal conmigo? Sesshomaru acarició mi mejilla mientras su otra mano agarraba la parte posterior de mi cabeza. Sus ojos nunca me dejaron a medida que se deslizaba lentamente dentro y fuera de mi boca. No estaba segura de por qué me gustaba, pero lo hacía.

—Eres tan hermosa, Rin —murmuró él, empujando un poco más profundo en mi boca. Giré mi lengua alrededor de su punta y exhaló bruscamente, así que lo hice de nuevo.

Los pasos de Kagome retrocedieron por las escaleras pero yo seguí chupando a Sesshomaru, lenta y sensualmente. La mano de Sesshomaru me guio, una ligera presión contra mi cabeza. Lo chupé más rápido, aumentando la presión de mis labios.

—Agarra mis bolas.

Lo hice. Me encantaba cuán suaves se sentían en mi palma. Sesshomaru meció sus caderas más rápido.

—Quiero venirme en tu boca, ounyo —dijo ásperamente. No estaba segura si eso era algo que me gustaría, pero a Sesshomaru no le importaba saborearme ahí abajo, de modo que debería al menos darle una oportunidad. Asentí y chupé más profundamente. Sesshomaru gruñó, sus caderas corcoveando más rápido. Después de unos pocos empujes más, se vino en mi boca. Tragué. Sabía extraño y era más de lo que había pensado que sería, pero no era exactamente malo.

Sesshomaru aún acarició mi mejilla mientras se ablandaba en mi boca. Se echó hacia atrás, su pene deslizándose fuera de mis labios. Tragué otra vez. Sesshomaru agarró mi brazo y me levantó, su boca aplastando la mía en un beso feroz. No le importó probarse a sí mismo en mis labios.

—Espero que recuerdes esto todo el día.

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Sesshomaru se fue poco después del desayuno y Kagome inmediatamente me sacó a la terraza del techo, lejos de los oídos atentos de Miroku.

—¿Qué está pasando? Has estado actuando extraña toda la mañana. ¿Por qué no contestaste cuando te llamé esta mañana? —Aparté la vista, un rubor extendiéndose en mis mejillas. Los ojos de Kagome se abrieron de golpe—. ¿Qué hizo?

—Él me chupó —admití.

—¿Lo dejaste?

Me reí.

—Sí. —Más calor se elevó en mis mejillas ante el sonido de ansiedad en mi voz.

Kagome se inclinó hacia delante.

—¿Te gusta?

—Me encanta.

Kagome se mordió el labio.

—Odio pensar en ti con él, pero realmente pareces disfrutar de eso. Supongo que tiene sus ventajas que Sesshomaru follara a cada chica de sociedad en Tokio.

No quería pensar en ello.

—Entonces, ¿cómo se siente?

—Como si estuviera rompiéndome. Es abrumador y sorprendente, y no sé cómo describirlo.

—Pero, ¿no dormiste con él?

Negué con la cabeza.

—Todavía no, pero no creo que Sesshomaru quiera esperar mucho más tiempo.

—Que se joda. Puede follarse a sí mismo. —Ella entrecerró los ojos—. ¿Te hizo mamarlo?

—No me hizo hacerlo. Quise hacerlo.

Kagome no parecía muy convencida.

—¿Y? Dime más. Sabes que tengo que vivir a través de ti. Estoy tan jodidamente cansada de estar bajo vigilancia durante todo el día. Quiero un novio. Quiero tener sexo y tener orgasmos.

Resoplé.

—Dudo que padre lo permita.

—No tengo la intención de preguntarle —dijo Kagome con un encogimiento de hombros—. Estoy aquí ahora. Nadie me está impidiendo divertirme, ¿verdad?

Mis ojos se abrieron más.

—Padre me mataría si dejo que ligues con chicos mientras estás aquí.

—Él no tiene que saber, ¿verdad? —Se encogió de hombros—. No es que yo voy a decirle.

Me quedé boquiabierta, luego reí.

—Bueno, a menos que quieras seducir a Miroku o a Inuyasha, tus opciones son un poco limitadas.

—Uff, no. No quiero a ninguno de los dos. Quiero un hombre normal. Un tipo que no sepa quién soy.

—Bueno, no sé cómo podríamos encontrar un hombre para ti.

Kagome sonrió.

—¿Qué tal si vamos a un club?

—Miroku no me deja fuera de su vista después de que escapé de él una vez. No hay manera en que podamos escaparnos de él e ir a un club.

Kagome analizó esto. Me preocupaba el plan loco que pudiera ocurrírsele. De hecho, me gustaba la idea de salir por una noche a bailar. Siempre había imaginado cómo sería pasar una noche en la pista de baile y soltarme.

—Miroku puede venir con nosotras. Te está vigilando a ti, no a mí. Tal vez puedo escabullirme.

—¿Y entonces qué? ¿Un polvo rápido en una cabina de baño? ¿De verdad quieres experimentar todas tus primeras veces de esa manera?

Kagome me fulminó con la mirada.

—Al menos, los experimentaría en mis propios términos. Sería mi elección. Tú no tienes opción alguna. Sesshomaru y padre te las quitaron todas. No entiendo cómo puedes estar tan tranquila al respecto. ¿Cómo no puedes odiar a Sesshomaru?

A veces me preguntaba eso.

—Debería odiarlo.

La cara de Kagome se desmoronó.

—Pero no lo haces. Mierda, Rin, ¿realmente te preocupas por él? ¿Lo amas?

—¿Realmente preferirías que lo odie y sea miserable?

—Te trata como una prisionera. En realidad, no crees que Miroku está solo para tu protección, ¿cierto? Él te vigila, para que ningún otro hombre consiga nada de ti.

Sabía eso.

—Vamos de compras.

—¿En serio? Eso es tan esposa trofeo de tu parte.

—Cállate —le dije en broma, queriendo aligerar el ambiente—. Vamos de compras por algunos ardientes atuendos para esta noche. Podemos visitar uno de los clubes de Sesshomaru.

Kagome sonrió.

—Quiero vestir algo que le dé a los chicos una puta erección con solo mirarme.

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Miroku había esperado fuera de la tienda mientras íbamos de compras. Probablemente, había comprobado previamente si había una entrada trasera que pudiéramos utilizar para escapar. Aún no le había dicho acerca de nuestro plan para salir a un club. Era mejor si se lo revelaba de golpe al último momento.

Kagome silbó cuando me di la vuelta para que pudiera admirar mi atuendo.

—Santa mierda. Eres sexo andante. O tal vez muerte andante, porque Sesshomaru probablemente matará a cada tipo que te mire de la manera equivocada.

Puse los ojos en blanco.

—Sesshomaru no matará a nadie por mirar.

—¿Quieres apostar?

No, no lo haría. Nunca había usado nada atractivo en público. Los pantalones de cuero negro se abrazaban a mi cuerpo con tanta fuerza, que parecía una segunda piel. La blusa transparente negra sin mangas que había metido en la cadera, revelaba mi brillante sostén push-up por debajo.

—Tampoco te ves nada mal —le dije.

Kagome saltó de la cama.

—¿Te parece? —Me dedicó una sonrisa seductora. Realmente se veía muy atractiva en su leotardo negro y calientes pantalones de cuero negro.

—Eres una peligrosa menor de edad. —Lo bueno es que no teníamos que preocuparnos de tener que mostrar una identificación. Enlacé nuestros brazos y la saqué de la habitación y bajamos la escalera. Miroku estaba sentado en el sofá, limpiando su cuchillo. Sus ojos se alzaron y se detuvo por completo. Su mirada vagó por nuestros cuerpos. Nunca antes me había mirado abiertamente.

—¿Nos estás comprobando? —No pude dejar de burlarme de él. Era siempre tan controlado. Esta pequeña llama de humanidad era un alivio.

Se puso de pie bruscamente, envainando el cuchillo en su funda. Sus ojos se centraron de nuevo firmemente en mi cara.

—¿Qué está pasando? —Había un atisbo de tensión en su voz.

Me acerqué a él y en realidad se tensó como si pensara que saltaría sobre él. Eso casi me hizo reír.

—Kagome y yo queremos ir a Marquee. —Ese era uno de los clubes más populares de la ciudad.

Miroku negó con la cabeza.

—Ese pertenece a la Bratva.

—Oh, entonces, ¿cuál es el club más caliente que pertenece a Kanto?

Miroku no dijo nada al principio. Metió la mano en el bolsillo y sacó su teléfono, probablemente para llamar a Sesshomaru. Algo se rompió dentro de mí entonces. No podía creer que él tuviera que pedirle permiso a Sesshomaru. Le di una mirada a Kagome y señalé a Miroku que había empezado a escribir. Se acercó a él y le pellizcó el trasero. Él saltó y yo aproveché el momento para arrebatarle su teléfono. Él dio un paso amenazador hacia mí, con los ojos llameantes de furia, luego se congeló.

—Rin —dijo—. Devuélvemelo.

Deslicé el teléfono en mi cintura. Los pantalones eran lo suficientemente apretados como para no haber riesgo de que se deslice hacia abajo.

Kagome se alejó de Miroku, sonriendo.

—Por qué no metes la mano en los pantalones de Rin y lo consigues. Voy a tomar una foto y enviársela a Sesshomaru.

Los ojos de Miroku se detuvieron en la forma de su teléfono en mis pantalones, pero sabía que él no trataría de conseguirlo.

—Esto no es divertido.

—No, no lo es, tienes razón —dije bruscamente—. Soy una adulta. Si te digo que me lleves a un club, no quiero que le pidas permiso a mi marido. No soy una niña, ni soy su propiedad.

—Eres de Sesshomaru —dijo Miroku con calma.

Me acerqué a él, tan cerca que tuve que inclinar la cabeza hacia atrás.

—Kagome y yo vamos a un club. Así que a menos que quieras mantenerme a punta de pistola, nos llevarás allí o nos dejarás en paz.

La mandíbula de Miroku se tensó. La mirada en sus ojos me hizo comprender por qué era mi guardaespaldas. Por primera vez recordaba que Miroku era un asesino.

—Te llevaré. Pero irán a Sphere. Es de Sesshomaru.

—¿Es bueno? —preguntó Kagome.

—Es más caliente que el maldito Marquee. —Miroku estaba realmente molesto.

—Entonces, llévanos allí.

Se puso la chaqueta y nos llevó al ascensor.

—A Sesshomaru no le va a gustar —dijo.

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Kagome y yo nos sentamos en la parte trasera mientras Miroku conducía el auto a través del tráfico. Saqué el teléfono y comprobé lo que Miroku había estado escribiendo.

R quiere ir a un club. ¿Tiene permiso?

Él había conseguido enviarlo antes de que yo se lo arrebate, pero la respuesta de Sesshomaru había llegado después.

No.

Mi sangre hirvió. Kagome resopló.

—No puedo creer su puta osadía.

Miroku nos miró a través del espejo retrovisor.

—¿Sesshomaru respondió?

—Sí —respondí—. Dijo que debes estar cerca en todo momento.

Miroku se creyó mi mentira y realmente se relajó. Kagome parpadeó. Sesshomaru se pondría como una furia, pero en realidad no podía importarme menos. Miroku estacionó el auto en un callejón lateral y nos llevó alrededor de la edificación. Una línea larga de personas esperaban frente a la entrada, pero Miroku los pasó de largo.

—Oye, estúpido de mierda, hay una fila —gritó un chico. Miroku se detuvo, una fría furia remplazó su calma usual.

—Adelántense —nos dijo Miroku a nosotras antes de girarse hacia el chico. Kagome apretó mi mano y me jaló hacia los dos guardias del frente. Eran tan altos y musculosos como Sesshomaru.

—No pareces lo suficientemente mayor para entrar a un club —dijo el hombre de piel oscura.

—¿Es un problema? —preguntó Kagome con una sonrisa coqueta.

Los ojos del hombre se movieron a algo detrás de mí.

—Miroku —dijo con un indicio de confusión.

—Pertenece al jefe, Royakan. Es Rin Taisho y su hermana Kagome Higurashi de la Organización de Yamanashi.

Ambos hombres me miraron, luego dieron un paso atrás respetuosamente.

—No sabíamos que iba a venir esta noche. El jefe no dijo nada —dijo Royakan.

Miroku hizo una mueca, pero no dijo nada. En su lugar nos guio a Kagome y a mí al interior, más allá del guardarropa teñido de luz azulada y el área del bar. Detrás, las puertas se abrían hacia una oscura pista de baile. Luces azules y blancas destellaban. El ritmo de la música llegó hacia nosotros. Kagome tiró de mi mano, esperando que fuéramos en esa dirección.

—Deberíamos ir primero con Sesshomaru —dijo Miroku.

—¿Está aquí? —pregunté sorprendida.

Miroku asintió.

—El club tiene muchos cuartos traseros y un sótano donde manejamos algunos negocios.

—¿Por qué no vas a decirle que estoy aquí mientras Kagome y yo vamos a la pista?

Miroku me dio una mirada.

—De ninguna jodida manera.

—Entonces es tu problema. Kagome y yo vamos a bailar. —Miroku agarró mi muñeca. Me tensé—. Déjame ir ahora mismo —susurré y lo hizo, su pecho se agitó. Kagome y yo caminamos dentro del club. Los ritmos vibraban bajo nuestros pies como si el piso hubiera cobrado vida. El club estaba lleno de cuerpos sudorosos. Miroku nos siguió a mi hermana y a mí mientras nosotras nos retorcíamos a través de la multitud de bailarines hacia otra área del bar.

—Dos Gin Tonics —dije. El camarero frunció el ceño brevemente antes de ver a Miroku, luego preparó nuestras bebidas y nos las dio. Miroku se inclinó sobre la barra y dijo algo al hombre, quien asintió y se alejó de la barra. Sabía lo que significaba. Tomé un profundo trago de mi bebida, luego dejé el vaso en la barra y fui hacia la pista de baile.

Dejé que la música reclamara mi cuerpo y comencé a retorcerme al compás. Kagome rio salvajemente, echando su cabeza hacia atrás. Parecía más feliz de lo que la había visto en un largo tiempo. Movía sus caderas y su trasero, sacudiendo y girando su cuerpo al ritmo. Me paré más cerca y copié sus movimientos. Nuestros ojos cerrados a medida que perdíamos completamente el sentido de todo lo que nos rodeaba, mientras dejábamos que el sonido nos aleje de quiénes éramos. No estaba segura de dónde estaba Miroku y no me importaba. Esto se sentía como la libertad.

Los hombres estaban viéndonos. No reaccioné a sus miradas hambrientas. No sería justo alentarlos. Kagome no compartía mi moderación. Sonreía y coqueteaba, batiendo sus pestañas y pasando las manos por su cabello. Unos pocos hombres comenzaron a bailar alrededor de nosotras. Kagome se presionó a uno de ellos, con las manos en su pecho. Otro hombre elevó sus cejas hacia mí, pero sacudí la cabeza. Abrió su boca, luego la cerró y se retractó.

No necesité mirar atrás. Solo seguí bailando. Sabía quién estaba detrás de mí, lo sabía por las miradas de respeto de los hombres alrededor de mí, por las miradas de admiración de las mujeres. Giré mis caderas, empujando mi trasero, levantando mis manos. Unas firmes manos se asentaron en mis caderas. Por un segundo temí que pertenecieran a algún suicida idiota, pero eran unas manos fuertes que conocía. Me arqueé, presionando mi trasero contra una entrepierna. Sonreí. Estaba retorciéndome contra un cuerpo musculoso y la respiración caliente de Sesshomaru rozó mi oreja.

—¿Para quién estás bailando?

Incliné mi cabeza para mirar sus flameantes ojos dorados.

—Para ti. Solo para ti.

La expresión de Sesshomaru era hambrienta, pero todavía había un indicio de enojo, también.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Bailando.

Estrechó sus ojos.

—Le dije a Miroku que no.

—No soy tu posesión, Sesshomaru. No me trates como si lo fuera.

Sus dedos en mi cintura se apretaron.

—Eres mía, Rin, protejo lo que es mío.

—No me importa ser protegida, pero me importa estar presa. —Me di la vuelta en los brazos de Sesshomaru, vislumbrando a Kagome en un odioso argumento con Inuyasha—. Baila conmigo —grité.

Y Sesshomaru lo hizo. Sabía por fotos en internet que a menudo había estado en clubes en el pasado y era bastante obvio cómo movía su cuerpo. Un hombre tan alto y musculoso como él no debería ser capaz de moverse tan suavemente. Sus ojos nunca dejaron los míos, sus manos posesivamente en mi cintura. Sesshomaru agachó su cabeza hacia mí para susurrar en mi oído.

—Te ves jodidamente caliente, Rin. Cada hombre en este club te desea y por eso, quiero matarlos a todos.

—Soy solo tuya —dije ferozmente, y Dios me ayude porque era la verdad, no solo por el anillo en mi dedo que me marcaba como suya. Los labios de Sesshomaru chocaron contra los míos, feroces, demandantes y posesivos, y me abrí a él, dejando que me reclame frente a todos.

—Estoy tan jodidamente duro —gruñó Sesshomaru contra mis labios y pude sentir su erección contra mi estómago—. Mierda. Tengo una reunión con uno de nuestros distribuidores en cinco minutos.

No pregunté qué estaban distribuyendo. No quería saber.

—Está bien —dije—. Regresa cuando tengas tiempo. Voy a tomar una bebida.

—Ve al área VIP.

Sacudí la cabeza.

—Quiero pretender que soy una chica ordinaria esta noche.

—Nadie que te mire pensará que eres ordinaria. —Sus ojos viajaron por la longitud de mi cuerpo y me estremecí. Luego dio un paso atrás, con obvio pesar en su cara—. Jaken y Miroku te estarán vigilando. —Estaba a punto de asentir cuando reconocí una cara familiar en el área VIP mirándome. Sara.

Mi respiración se detuvo. Estaba sentada en el regazo de otro hombre y no estaba aquí por Sesshomaru, pero la mirada en sus ojos lo decía todo. No había terminado con él. Sesshomaru siguió mi mirada y maldijo.

—No está aquí por mí.

—Sí, claro que lo está.

—No puedo sacarla. Viene aquí todas las veces de fiesta. Ni siquiera la he visto desde esa noche. Usualmente me quedo en la parte trasera.

Asentí, un bulto formándose en mi garganta. Sesshomaru tomó mi barbilla entre su pulgar y su índice, forzándome a mirarlo a los ojos.

—Solo eres tú, Rin. —Miró a su reloj, luego se alejó—. Realmente necesito irme ahora. Estaré de regreso tan pronto como pueda. —Se dio la vuelta y se fue dando zancadas a través de la multitud que se abrió ante él. Inuyasha lo siguió y Kagome se paró detrás de mí.

—Ese idiota.

—¿Quién? —dije distraídamente. Sara había desaparecido del área VIP.

—Inuyasha. El tipo tuvo el nervio de pedirme que no baile con otros hombres. ¿Quién se cree que es? Mi dueño. Qué se joda. —Se detuvo—. ¿Estás bien?

—Sí —susurré—. Vamos a la barra. —Miroku y Jaken caminaron a un paso detrás de nosotras pero me giré hacia ellos, sintiéndome al borde—. ¿Pueden vigilarnos de lejos? Me están volviendo loca. —Sin una palabra más se separaron y tomaron posiciones en las esquinas del club. Solté una respiración y me senté en un banco en la barra.

Ordené dos nuevos Gin Tonics y tomé un profundo sorbo del frío líquido, tratando de relajarme. Kagome sacudía su pierna.

—Puedes ir a bailar —le dije, pero sacudió la cabeza y balanceó su cabeza con la música.

—En unos minutos. Te ves pálida.

—Estoy bien —dije, mis ojos registraban el club en señal de Sara, pero parecía haber desaparecido en el aire. Había demasiadas personas en la pista de baile para encontrarla, de todos modos.

—De verdad necesito ir al baño —dijo Kagome después de un rato. Su Gin Tonic estaba casi terminado.

—Necesito sentarme durante unos minutos más.

Kagome me miró preocupada pero después se escabulló y Jaken la siguió a una distancia prudente.

Apoyé la cabeza en mi palma, respirando hondo. Un brazo chocó levemente contra el mío, alarmándome. Retrocedí cuando un hombre con poco cabello se apoyó a mi lado contra la barra. Estiró el brazo hacia mí para agarrar una pajita. Su chaqueta rozó mis pechos y me incliné aún más hacia atrás, y aparté la vista, incómoda con la mirada que me estaba dando.

—¿Cómo te llamas? —gritó.

Intenté ignorarlo. Algo en él estaba seriamente poniéndome de los nervios. Tomé un sorbo de mi bebida e intenté parecer que estaba ocupada buscando a alguien. El hombre continuó mirándome de forma lasciva con una fea sonrisa en su cara sin afeitar.

—¿Estás esperando a alguien?

Me di la vuelta, intentando de verdad ignorarlo y no hacer de esto algo importante. Si comenzaba a perder los nervios, Miroku vendría y haría una escena. Quizás ya estaba de camino. Mi visión comenzó a nublarse y mi estómago dio una sacudida. Tomé otro sorbo de mi bebida pero no ayudó. Me deslicé del taburete pero mis piernas estaban temblando y me sentía mareada. Me agarré a la barra detrás de mí. Y de repente la boca del hombre estaba en mi oreja, con su aliento a cigarrillo rancio en mi cara.

—Voy a follar tu culo apretado. Te haré gritar, zorra.

Su agarre en mi brazo fue demoledor cuando intentó arrastrarme lejos de la barra. Mis ojos encontraron a Miroku quien se estaba dirigiendo hacia mí, con la mano bajo su chaqueta donde estaban su arma y cuchillo. Impaciente debido a nuestro lento progreso, mi agresor envolvió un brazo a mi alrededor, como un novio enamorado preparado para ayudar a su novia borracha a salir del club.

—Te follaré como un animal. Te follaré como un maldito salvaje, perra —rugió en mi oreja.

Lo miré fijamente, sentía mis extremidades pesadas, mi boca como si estuviera llena de algodón. Había oído esas mismas palabras no hacía mucho.

Forcé mis labios a sonreír.

—Eres hombre muerto.

La confusión atravesó la cara del hombre un segundo antes de que se contorsionara en agonía. Me soltó y mis piernas me traicionaron, pero Jaken me agarró, su brazo reemplazando el del hombre. Mis ojos corrieron a toda velocidad buscando a Kagome. Merodeaba detrás de Jaken, con su cara lánguida de preocupación. Miroku estaba cerca detrás de mi agresor, su cuchillo enterrado en el muslo del hombre.

—Vas a seguirnos. Si intentas correr, morirás.

—Agarra su bebida —le dijo Jaken a Kagome—. Pero no bebas.

Jaken medio me cargó hacia la parte trasera del club y un tramo de escaleras abajo. Abrió la puerta con el hombro y entramos dentro de una especie de oficina.

—¿Qué está pasando?

—Probablemente drogas —dijo Miroku, dándole al hombre que agarraba una buena sacudida.

—Traeré a Sesshomaru —dijo Inuyasha con una sonrisa perversa. Atravesó otra puerta y un momento después Sesshomaru entró a toda prisa en la habitación, tan alto e impactante como de costumbre. Colgaba en el agarre de Jaken, mi cara medio presionada contra su pecho. Sesshomaru frunció el ceño, y entonces comenzó a ir de un lado para otro entre mi agresor y yo.

—¿Qué pasó? —rugió.

De repente estaba frente a mí, alzándome en sus brazos. Mi cabeza cayó contra su torso al mirar hacia él. Me llevó al sofá. Kagome se arrodilló a mi lado, sujetando mi mano.

—¿Qué le ha pasado? —gritó.

—Drogas —dijo Miroku otra vez—. Este jodido enfermo estaba intentando arrastrarla fuera.

Sesshomaru se acercó a mi agresor.

—¿Pusiste drogas en la bebida de mi mujer, Kaijinbo?

¿Sesshomaru conocía a ese hombre? Un destello de confusión cruzó por mi mente nublada.

—¡Esposa! No sabía que era tuya. No lo sabía. ¡Lo juro! —El labio inferior del hombre estaba temblando.

Sesshomaru apartó la mano de Miroku y envolvió sus dedos alrededor del mango del cuchillo aún enterrado en la pierna de Kaijinbo. Lo giró y el hombre gritó. Miroku lo retuvo erguido por los brazos.

—¿Qué planeabas hacer con ella una vez que la sacaras?

—¡Nada! —gritó el hombre.

—¿Nada? Así que si mis hombres no te hubieran detenido, ¿tú simplemente la habrías dejado en el hospital? —La voz de Sesshomaru era placentera, calmada, su rostro desprovisto de emoción.

El agarre de Kagome era doloroso. Tragué y aclaré mi garganta.

—Voy a follar tu culo apretado —susurré.

Sesshomaru giró la cabeza y entonces, estuvo a mi lado, su cara tan cerca de la mía que podría haberlo besado. Quizás eran las drogas pero absurdamente en ese momento, quería besarlo de verdad, quería arrancarle su camisa, quería…

—¿Qué has dicho, Rin?

—Voy a follar tu culo apretado. Te haré gritar, zorra. Te follaré como un maldito salvaje, perra. Eso fue lo que me dijo.

Sesshomaru me miró fijamente a los ojos, un músculo trabajando en su mandíbula. Antes que pudiera moverse, Kagome se había puesto de pie de un salto y voló hacia Kaijinbo. Golpeó su cara y pateó su ingle, y luchó ferozmente contra el agarre de Inuyasha cuando este la arrastró lejos de Kaijinbo.

—¡Vas a morir! —gritó.

Sesshomaru se enderezó y ella dejó de moverse.

—Suéltame —siseó.

—¿Prometes comportarte? —preguntó Inuyasha con una sonrisa entretenida.

Asintió, con su mirada fija en Kaijinbo. Inuyasha dejó caer sus brazos y ella arregló su ropa.

—Te harán sangrar —dijo fríamente—. Y espero que violen ese culo feo tuyo con ese palo de escoba que está ahí.

—Kagome —dije con voz ronca. Ella se volvió hacia mí y se hundió al borde del sofá, tomando mi mano una vez más.

Inuyasha no apartó la mirada de ella.

—Le haré pagar, Kagome.

—No —dijo Sesshomaru firmemente. Kaijinbo pareció a punto de estallar de alivio—. Es mi responsabilidad.

Inuyasha y Sesshomaru intercambiaron una larga mirada, entonces Inuyasha asintió.

Sesshomaru acercó su cara a la de Kaijinbo.

—¿Querías follarte a mi esposa? ¿Querías hacerla gritar? —Su voz atravesó mi creciente mareo y envió un escalofrío por mi espalda. Estaba encantada de que no fuera dirigida hacia mí. Había estado asustada de Sesshomaru antes, pero nunca había sonado nada parecido a esto.

Kaijinbo sacudió la cabeza frenéticamente.

—No, por favor.

Sesshomaru envolvió su mano alrededor del cuello de Kaijinbo y lo levantó hasta que se sostuvo sobre las puntas de los dedos de sus pies y su cabeza comenzó a tornarse roja. Luego, lo lanzó lejos y Kaijinbo chocó contra el muro y se desplomó en el suelo.

—Espero que tengas hambre —gruñó Sesshomaru—, porque voy a hacerte comer tu polla.

—Lleva a las chicas al auto, Miroku —ordenó Inuyasha mientras Sesshomaru desenfundaba su cuchillo. Miroku me tomó en sus brazos y salió por la puerta de atrás, con Kagome justo detrás de nosotros. El mareo recubrió mi cerebro y presioné mi cara contra la chaqueta de Miroku. Se puso tenso.

Kagome resopló.

—¿Crees que Sesshomaru también cortará tu pito porque ella se apoyó en ti mientras estaba mal?

—Sesshomaru es mi jefe y Rin es suya.

Kagome murmuró algo por lo bajo pero no pude entender sus palabras.

—Ábreme la puerta —dijo Miroku y a continuación estaba tendida en el frío cuero. Kagome levantó mi cabeza y la puso en su regazo. Sus dedos desenredaban mi cabello y posó su frente contra la mía.

—Ese tipo recibirá lo que merece. —Cerré los ojos. Había condenado a muerte a un hombre con mis palabras. Mi primer asesinato—. Tu guardaespaldas ni siquiera se atreve a esperar en un auto con nosotras. Sesshomaru es un imbécil.

—Miroku, sigue vigilando —susurré.

—Claro.

Debo haberme quedado dormida porque de repente la puerta se abrió de un tirón y Sesshomaru habló.

—¿Cómo está?

—Mierda —dijo Kagome, con voz estridente—. Estás cubierto en sangre.

Abrí los ojos, pero tenía problemas enfocando.

—Solo mi camisa —dijo Sesshomaru, la molestia clara en su voz. Hubo susurros.

—Eres un sin vergüenza —dijo Kagome.

—Me voy a quitar la camisa, no mis malditos pantalones. ¿Alguna vez cierras la boca?

—Tome, jefe.

Borrosamente vi a Sesshomaru poniéndose una nueva camisa.

—Quema eso, y encárgate de todo, Miroku. Yo manejaré.

Una mano rozó mi mejilla y el rostro de Sesshomaru flotó sobre mí. Luego se marchó, cerró la puerta y se deslizó detrás del asiento del conductor. El auto comenzó a moverse y mi estómago se revolvió.

Kagome se inclinó hacia adelante, su cabeza entre los asientos.

—Eres bastante sexy, ¿lo sabías? Si no estuvieras casado con mi hermana y no fueras tan cabrón, podría considerar darte una oportunidad.

—Kagome —gruñí. Cuando ella estaba asustada, nerviosa o enojada, nunca paraba de hablar y cuanto más hablaba más ofensiva se ponía. Y alrededor de Sesshomaru estaba constantemente enojada.

—¿Qué? ¿Un gato se comió tu lengua? He oído que usualmente saltas a todo lo que no tiene un pene —dijo Kagome.

Sesshomaru aún no había dicho nada. Me hubiera gustado ver su cara para ver qué tan cerca de explotar estaba. Había matado a un hombre no hacía mucho tiempo; Kagome realmente debería callarse.

Kagome se echó hacia atrás, pero sabía que no había terminado aún. No se rendiría hasta que consiguiera molestarlo un poco. Entró en el garaje subterráneo del edificio de apartamentos.

—Aquí estamos —susurró Kagome en mi oído. Deseé que le hablara así de razonable a Sesshomaru como lo hacía conmigo.

La puerta del auto se abrió y Sesshomaru me levantó en sus brazos. Me llevó hacia el ascensor privado y entró en él. Las luces halógenas brillantes lastimaron mis ojos, pero los mantuve abiertos para observar a Sesshomaru y a Kagome en el espejo. Ella se inclinó a su lado y su expresión no era un buen augurio.

—¿Has tenido un trío?

Sesshomaru no movió ni un músculo. Estaba mirándome pero mantuve mi atención en el espejo, intentando enviar a Kagome un mensaje en silencio, de que cierre la boca.

—¿Cuántas mujeres has violado antes de mi hermana?

La cabeza de Sesshomaru se disparó hacia arriba, sus ojos ardiendo mientras miraba a Kagome. Presioné la palma de mi mano suavemente contra su pecho y bajó la mirada hacia mí. La tensión continuó.

—¿No puedes hacer algo más con tu boca que ladrar?

Kagome se enderezó.

—¿Como qué? ¿Darte una mamada?

Sesshomaru rio.

—Chica, nunca has visto ni siquiera una polla. Solo mantén tu boca cerrada.

—Kagome —grazné en señal de advertencia.

Por fin llegamos al último piso y Sesshomaru salió a nuestro penthouse. Se dirigió a las escaleras hacia nuestro dormitorio cuando Kagome le bloqueó el paso.

—¿A dónde la estás llevando?

—A la cama —dijo Sesshomaru, intentando esquivar a mi hermana pero ella siguió sus movimientos.

—Está drogada con Roofies. Ésta es probablemente la oportunidad que has estado esperando. No voy a dejarla sola contigo.

Sesshomaru se quedó muy quieto como un lobo a punto de atacar.

—Voy a decirlo una sola vez y es mejor que obedezcas. Sal de mi camino y ve a la cama.

—¿O qué?

—Kagome, por favor —supliqué.

Buscó mi cara, y entonces, asintió una vez y rápidamente besó mi mejilla.

—Mejórate.

Sesshomaru pasó a su lado, llevándome por las escaleras y luego dentro del dormitorio principal. Las náuseas que habían sido una presión distante en mi estómago se convirtieron en una punzada insistente.

—Voy a vomitar.

Sesshomaru me llevó al baño y me sostuvo sobre el sanitario mientras vomitaba.

—Lo siento —dije cuando terminé.

—¿Por qué? —Me ayudó a ponerme de pie, aunque lo único que me mantenía en posición vertical era su agarre de acero sobre mi cintura.

—Por vomitar.

Sesshomaru negó con la cabeza y me dio una toalla húmeda. Mis manos temblaron a medida que me limpiaba la cara con ella.

—Es bueno que sacaras algo de esa mierda de tu sistema. Putas drogas, es la única manera para que feos como Kaijinbo metan sus pollas en un coño.

Me llevó de vuelta a la habitación hacia la cama.

—¿Puedes desnudarte?

—Sí. —Para el momento en que me soltó, caí hacia atrás y aterricé en el colchón. La risa burbujeó de mis labios, y entonces una nueva ola de mareos me golpeó y gemí. Se inclinó sobre mí, su cara ligeramente borrosa.

—Voy a sacarte tu ropa, huele a humo y vómito. —No estaba segura por qué estaba diciéndolo. No era como si no me hubiera visto desnuda antes. Agarró el dobladillo de mi blusa y la pasó sobre mi cabeza. Lo observé mientras bajaba la cremallera de mis pantalones de cuero y los deslizó bajo mis piernas, sus nudillos rozando mi piel, dejando la piel de gallina a su paso. Desenganchó mi brilloso sostén y lo tiró al suelo antes de enderezarse y mirarme fijamente. Se giró bruscamente y desapareció de mi vista. Puntos de colores bailaron dentro y fuera de mi visión y estaba a punto de otro ataque de risa cuando Sesshomaru regresó y me ayudó a entrar en una de sus camisas. Él estaba solamente en calzoncillos. Deslizó los brazos bajo mis rodillas y omóplatos y me movió hacia arriba hasta que mi cabeza se apoyó en la almohada, luego se metió en la cama junto a mí.

—Eres impresionante, ¿sabes? —balbuceé.

Sesshomaru escaneó mi rostro, después presionó una palma sobre mi frente. Me reí tontamente y extendí la mano esperando tocar su tatuaje, pero calculé mal la distancia y rocé mis dedos a través de su abdomen y luego más abajo. Siseó y arrancó mi mano, alejándola, y la presionó contra mi estómago.

—Rin, estás drogada. Intenta dormir.

—Tal vez no quiero dormir. —Me moví en su agarre.

—Sí quieres.

Bostecé.

—¿Vas a sostenerme?

Sesshomaru no dijo nada pero apagó las luces y envolvió sus brazos a mi alrededor desde atrás.

—Es mejor que te recuestes de lado en caso de que te sientas enferma de nuevo.

—¿Lo mataste?

Hubo una pausa.

—Sí.

—Ahora hay sangre en mis manos.

—Tú no lo mataste.

—Pero tú lo mataste por mí.

—Soy un asesino, Rin. Eso no tiene nada que ver contigo. —Tenía todo que ver conmigo pero estaba demasiado cansada para discutir.

Escuché su respiración durante algunos instantes.

—Sabes, a veces me gustaría poder odiarte, pero no puedo. Creo que te amo. Nunca pensé que pudiera. Y a veces me pregunto cómo sería si me hicieras el amor.

Sesshomaru apretó sus labios contra mi cuello.

—Duerme.

—Pero no me amas —murmuré—. No quieres hacerme el amor. Quieres follar conmigo porque te pertenezco. —Su brazo se apretó a mi alrededor—. A veces me gustaría que me hubieras tomado en nuestra noche de bodas, entonces por lo menos ya no desearía algo que nunca será. Me quieres follar como follaste a Sara, como un animal. Por eso es que me dijo que vas a follarme salvajemente, ¿cierto?

Mi lengua se sentía pesada y mis párpados se pegaban entre sí. Estaba hablando sin sentido, soltando palabras que no debería decir.

—¿Cuándo te dijo eso? ¿Rin, cuándo?

La voz aguda de Sesshomaru no pudo extraerme de la niebla cubriendo mis pensamientos y la oscuridad me reclamó.

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»»NOTAS DE AUTOR««

Detesto a Sara profundamente… (la del anime me es equis). Por su culpa Nuestra Rin le teme dormir con Sessh...

Hay quienes han mandado solicitud al grupo de Facebbok. Recuerden que si no llenan las preguntas no acepto la solicitud.

Quieren que siga dejando el glosario completo? o solo lo necesario

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Glosario:

HND Aeropuerto Internacional de Tokyo-Haneda

Katsudon cuenco de arroz cubierto con una chuleta de cerdo rebosada (empanizada), huevo revuelto y condimentos.

Sashimi es carnita cruda curada principalmente pescado y mariscos… los cortes son delgados pero no tanto como el carpaccio de origen italiano que suele ser res y super delgadito.

Edamame tempurizado son ejotes tempurizados jajaja sencillamente