»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««
ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.
ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ
ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ
ʀᴀᴛɪɴɢᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.
«« TRECE »»
Una ola de malestar me despertó. Tropecé hacia el baño y vomité otra vez, de rodillas sobre el suelo de mármol frío, demasiado agotada para levantarme. Me estremecí. Sesshomaru se acercó a mí y tiró de la cadena antes de apartarme el cabello de la frente.
—No luzco tan sexy, ¿verdad? —Me reí con voz ronca.
—Esto no debería haber sucedido. Debería haberte mantenido a salvo.
—Lo hiciste. —Agarré el asiento del inodoro y me tambaleé hasta levantarme. Las manos de Sesshomaru me agarraron de la cintura.
—Tal vez un baño te ayudará.
—Creo que me ahogaría si me tumbo en la bañera ahora mismo.
Sesshomaru abrió el grifo de la bañera mientras todavía me sostenía con una mano. El cielo se volvía gris sobre Tokio.
—Podemos tomar un baño juntos.
Intenté una sonrisa burlona.
—Solo quieres agarrar y tocar.
—No voy a tocarte mientras estás drogada.
—¿Un oyabun con moral?
La cara de Sesshomaru lucía seria.
—Aún no soy un Oyabun. Y tengo moral. No mucha, pero un poco.
—Solo estoy bromeando —susurré a medida que apoyaba la frente contra su pecho desnudo. Me frotó la espalda y el movimiento envió un dulce hormigueo hasta mi núcleo. Retrocedí y cuidadosamente me acerqué al lavabo para cepillarme los dientes y lavarme la cara.
Sesshomaru cerró el grifo cuando la bañera estaba casi llena. Entonces me ayudó a salir de mi ropa interior y se quitó sus calzoncillos antes de levantarme hacia la bañera. Zambullí la cara bajo el agua por un momento, esperando que se despeje la niebla que quedaba en mi cabeza. Sesshomaru se deslizó detrás de mí y me atrajo hacia su pecho. Su erección se presionaba contra mi muslo. Me giré, de modo que estaba frente a Sesshomaru y su longitud se deslizó entre mis piernas, rozando mi entrada. Me puse rígida. Sesshomaru solo tendría que empujar sus caderas hacia arriba para entrar en mí. Él gimió, apretó los dientes, y entonces estiró su mano entre nosotros y apartó su erección de manera que descansara sobre el muslo de nuevo; luego tiró de mí hacía su torso.
—Algunos hombres se habrían aprovechado de la situación —murmuré.
Sesshomaru apretó la mandíbula.
—Soy esa clase de hombre, Rin. No te engañes creyendo que soy un buen hombre. No soy ni noble ni un caballero. Soy un bastardo cruel.
—No conmigo. —Apoyé la nariz contra el hueco de su cuello, respirando su familiar olor a almizcle.
Sesshomaru besó la parte superior de mi cabeza.
—Es mejor si me odias. Hay menos posibilidades que te lastimes de esa manera.
¿Qué es lo que dije anoche cuando estaba drogada? ¿Le dije que me había enamorado de él? No podía recordar.
—Pero no te odio.
Sesshomaru besó mi cabeza una vez más. Me hubiera gustado que dijera algo. Me hubiera gustado que dijera que él…
—Mencionaste algo que Sara te dijo. —Su voz era casual, pero la tensión se apoderaba de su cuerpo—. Algo sobre follarte salvajemente.
—Oh, sí. Dijo que me harías daño, follarme como un animal, follarme como un maldito salvaje, cuando me habló durante la recepción de nuestra boda. Me asustó mucho. —Entonces fruncí el ceño—. Creo que ese tipo de anoche dijo lo mismo.
—Antes de que lo matara, dijo que una de las mujeres que le compró la droga le dijo que eras una mujerzuela que necesitaba que le dieran una lección. Le dio dinero en efectivo.
Levanté la cabeza.
—¿Crees que fue Sara?
Los ojos de Sesshomaru lucían como un cielo tormentoso.
—Estoy seguro que fue ella. La descripción encaja y quién más tendría interés en atacarte.
—¿Qué vas a hacer?
—No puedo matarla, incluso si quiero cortar su puta garganta, causaría demasiados problemas con su padre y hermano. Sin embargo, voy a tener que hablar con ellos. Decirles que necesitan ponerle una puta correa o no habrá más dinero de nuestra parte.
—¿Qué pasa si se niegan?
—No lo harán. Sara ha jodido las cosas durante mucho tiempo. Probablemente la enviarán lejos a Europa o America para rehabilitación o alguna mierda como esa.
Le di un beso pero la tensión no dejó el cuerpo de Sesshomaru.
—No puedo dejar de pensar en lo que habría ocurrido si Miroku y Jaken no hubieran estado allí, si ese hijo de puta te hubiera sacado del club. El pensamiento de sus sucias manos sobre ti me da ganas de matarlo de nuevo. La idea de que podría haber… —Negó con la cabeza.
Sabía que no era porque Sesshomaru tuviera sentimientos por mí. Era posesivo. No podía soportar la idea de que alguien más pudiera haber puesto sus manos sobre mí, que alguien pudiera haber tomado lo que Sesshomaru consideraba suyo. La resignación me llenó.
—Cuando Kagome se marche en unos pocos días, puedes tenerme —susurré contra su garganta. Las manos de Sesshomaru se detuvieron en mi espalda. No me preguntó si estaba segura. No lo esperaba tampoco. Sesshomaru lo había dicho: no era un buen hombre.
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Kagome y yo habíamos pasado los últimos días probando diferentes cafeterías y restaurantes, hablando, riendo y comprando, pero hoy Kagome tenía que volver a Yamanashi. Mis brazos alrededor de ella la apretaban mientras estábamos de pie en el pasillo de embarques del HND. Kagome tenía que pasar por seguridad pronto, pero no quería dejarla ir. No solo porque la echaría de menos terriblemente, sino también porque estaba ansiosa por mi promesa a Sesshomaru.
Me preparé y me aparté de Kagome.
—Visítame de nuevo pronto, ¿de acuerdo?
Ella asintió, con los labios apretados.
—Llámame todos los días, no te olvides.
—No lo haré —le prometí. Ella retrocedió lentamente, luego se volvió y se dirigió a la línea de seguridad.
Esperé hasta que entró y desapareció de mi vista.
Sesshomaru se quedó unos pasos detrás de mí. Corrí hacia él y presioné mi cara contra él. Me acarició la espalda.
—Pensé que podríamos ir a cenar y luego tener una noche relajante. —Sonaba hambriento y emocionado, pero no por la comida.
—Suena bien —dije con una pequeña sonrisa. Algo se removió en la cara de Sesshomaru, pero luego desapareció de inmediato.
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No había comido mucho; mi estómago ya estaba agitado. No quería correr ningún riesgo. Sesshomaru fingió no darse cuenta. Comió lo que yo no. Cuando entramos de nuevo en nuestro penthouse, me dirigí hacia el mueble del bar, en busca de un poco de coraje líquido, pero Sesshomaru agarró mi muñeca y me atrajo hacia él.
—No lo hagas.
Me levantó en sus brazos y me llevó escaleras arriba a nuestra habitación. Cuando me puso en el borde de la cama, mis ojos encontraron su entrepierna. Ya estaba duro. Los nervios se retorcieron en mi interior. Me quería. No me negaría a él, no esta noche.
Sesshomaru se subió a la cama y me tumbé, con las palmas de mis manos contra la manta. Sus labios encontraron los míos, su lengua adentrándose, así me relajé bajo su hábil boca. Esto era bueno, familiar y reconfortante. Los músculos de mis piernas se aflojaron. Sesshomaru apartó su boca de la mía y me chupó el pezón a través de la tela de mi vestido. Acuné su cabeza, dejando que sus caricias experimentadas se llevaran mi miedo. Había una urgencia en sus besos y toques que nunca antes había sentido.
Tiró de mi vestido y lo deslizó por mi cuerpo, dejándome en solo mi ropa interior. Se tomó un momento para admirar mi cuerpo antes de moverse hacia abajo y enterrar su cara entre mis piernas, deslizando la lengua entre los pliegues sobre mi ropa interior. Con un gruñido, las agarró y arrancó, y luego las tiró. Su boca era caliente y exigente, pero con demasiada rapidez se detuvo y metió un dedo en mí. Luego se levantó bruscamente y se quitó la camisa antes de quitarse las fundas y los pantalones. Su cuerpo estaba tenso y la erección más dura de lo que había visto. El hambre cruda en su rostro envió una punzada de miedo a través de mí.
—Eres mía.
Y entonces Sesshomaru se inclinó sobre mí, sus rodillas separando mis piernas y su punta tocando mi entrada. Mis músculos se paralizaron y clavé las uñas en sus hombros, cerrando los ojos. Esto iba demasiado rápido. Él parecía apenas controlado. Pegué la cara en el hueco de su cuello, tratando de dejar que su olor me calme.
Sesshomaru no se movió, su erección todavía solo tocando ligeramente mi entrada.
—Rin —dijo en voz baja—. Mírame. —Lo hice. Su mirada era hambre mezclada con algo más gentil. Intenté concentrarme en la parte más suave. Durante mucho tiempo, nos miramos el uno al otro. Él cerró los ojos y descendió de modo que su cuerpo estaba al ras del mío—. Soy un idiota —dijo con voz áspera. Me besó en la mejilla y la sien.
La confusión me invadió.
—¿Por qué? —Dios, ¿esa voz pequeña era mía? Sesshomaru era mi marido y sonaba como si estuviera aterrada.
Estaba aterrada, pero debería haberlo ocultado mejor.
—Estás asustada y se me ocurre perder el control de esta manera. Debería saberlo mejor. Debería prepararte adecuadamente y en su lugar casi empujo mi polla en ti.
No sabía qué decir. Me moví y la erección de Sesshomaru se frotó sobre mi entrada, haciéndome jadear. Sesshomaru soltó una respiración áspera, cerrando los ojos con fuerza. Cuando los abrió de nuevo, el hambre estaba contenida. Se deslizó hacia abajo hasta que su cabeza se cernió sobre mis pechos y sus abdominales se presionaron contra mis pliegues. Exhalé ante la fricción y los músculos de Sesshomaru se flexionaron. Podía decir que aún estaba al borde.
—Eres mi esposa —dijo con ferocidad, como para recordárselo a sí mismo. Luego sus dedos se cerraron alrededor de mis pezones y tiró de ellos. Gemí, sacudiendo mi pelvis, haciendo que mi núcleo roce contra los abdominales de Sesshomaru una vez más.
—Deja de retorcerte —ordenó Sesshomaru, casi suplicante. Él tiró de nuevo, y esta vez me obligué a quedarme quieta, pero un gemido escapó de mis labios. La expresión de Sesshomaru era de absoluta concentración y restricción a medida que tiraba y retorcía, giraba y frotaba. Arqueé la espalda, prácticamente empujando mis pechos en su rostro y con mucho gusto aceptó mi invitación y chupó el pezón en su boca. Cerré los ojos mientras chupaba uno de mis pechos así como sus dedos pellizcaban el otro. Se movió y sus dedos se deslizaron delicadamente sobre mis costillas, mis caderas, mis costados antes de que su lengua siguiera el mismo camino. Mordió la piel sobre los huesos de mi cadera, y luego acarició el lugar con su lengua. Todo mi cuerpo estaba en llamas, desesperado por la liberación.
Sus dedos comenzaron a masajear mis muslos, separándolos aún más a medida que avanzaba más abajo. Besó mi montículo, y entonces la cara interna de mi muslo antes de morderlo suavemente. Jadeé y balanceé las caderas. Él deslizó su mano por debajo de mi trasero y me alzó unos cuantos centímetros, luego besó mis pliegues. Gemí ante el suave toque. Me besó de nuevo, moviendo los labios contra mis pliegues, y entonces se echó hacia atrás. Mis ojos abriéndose por completo. Me observó, y luego besó mi apertura y pude sentir la humedad vertiéndose de mí. Los pulgares de Sesshomaru abrieron mis labios para él y pasó su lengua sobre mi humedad.
Me estremecí y sentí otra oleada. Sesshomaru lamió suavemente, sin tocar ni una sola vez mi clítoris. Chupó mis pliegues, los lamió, rodeó la lengua alrededor de mi entrada, pero nunca me tocó donde necesitaba su toque.
—Sesshomaru, por favor. —Sacudí las caderas una vez más.
Sesshomaru empujó mi clítoris con su lengua y yo grité.
—¿Quieres esto?
—Sí.
—Pronto —gruñó y deslizó un dedo en mi interior, follándome con él lentamente mientras su lengua se deslizaba alrededor de mi apertura, recubriéndome con su saliva. Su lengua se movió hacia arriba, finalmente rodeando mi clítoris. Me relajé con un gemido. Sesshomaru se llevó entonces mi clítoris a su boca y succionó, trayéndome más y más cerca del borde.
—Dime cuando te corras —dijo Sesshomaru contra mi carne húmeda.
Movió su dedo más rápido y presionó su lengua contra mi clítoris con más fuerza.
—Me voy a co…
Sesshomaru sacó su dedo y entonces entró de nuevo con dos dedos. Di un grito ahogado ante el malestar, pero mi orgasmo rasgó a través de mí, el dolor mezclándose con el placer a medida que mi cuerpo trataba de acostumbrarse a la plenitud. Sesshomaru besó la cara interna de mi muslo, luego gimió.
—Estás tan jodidamente apretada, Rin. Tus músculos están exprimiendo mis dedos ferozmente.
Mi pulso estaba desacelerando, y eché un vistazo a Sesshomaru. Me estaba observando, con dos dedos enterrados en mi interior. Los deslizó un par de centímetros y di un respingo, pero lentamente encontró un ritmo mientras se deslizaba dentro y fuera.
—Relájate —murmuró Sesshomaru, y lo intenté—. Tengo que dilatarte, ounyo. —Sesshomaru trazó su lengua por mis pliegues y clítoris otra vez. Tarareé de placer. El malestar en mi núcleo disminuyendo con cada golpe de la lengua de Sesshomaru y pude sentir cómo me acercaba a otra liberación. Sesshomaru también debió haberlo sentido. Sacó sus dedos y se alzó hasta que quedar apoyado sobre mí. Se alineó a sí mismo, abrió mis piernas y movió mis caderas hasta que encontró el ángulo que quería, entonces su punta rozó mi entrada. Y solo así me congelé de nuevo. Tenía ganas de llorar de frustración. ¿Por qué mi cuerpo no cooperaba conmigo?
Sesshomaru besó mi barbilla, luego mis labios.
—Rin. —Mis ojos finalmente encontraron los suyos. Su expresión reflejaba una especie de lucha interna. Envolví mis brazos alrededor de él, mis palmas descansando en su espalda flexionada. La resolución reclamó su expresión.
Empujó sus caderas y la presión aumentó. Me puse aún más tensa y Sesshomaru dejó escapar una respiración áspera.
—Relájate —dijo a medida que acunaba mi mejilla y besaba mis labios—. Ni siquiera estoy dentro todavía. —Su mano acarició mi costado hasta llegar al muslo. Él lo tomó y me abrió un poco más. Luego se empujó lentamente. Apreté mi agarre sobre él, presionando mis labios. Dolió. Dios, dolía como el demonio. Jamás encajaría. Lloriqueé cuando la sensación de desgarro fue demasiado y me tensé aún más. Sesshomaru detuvo su movimiento, con la mandíbula apretada. Llevó una de sus manos hacia arriba y tomó mi pecho, frotando y retorciendo mi pezón.
—Eres tan hermosa —murmuró en mi oído—. Tan perfecta, ounyo. —Sus palabras y sus toques en mi seno me hicieron relajarme un poco, así que empujó un poco más lejos. Me tensé nuevamente. Y Sesshomaru me besó en la boca—. Ya casi. —Deslizó su mano por mi cuerpo, sus dedos rozando suavemente mi vientre hasta que acarició mis pliegues. Frotó mi clítoris lentamente y exhalé. A través del dolor y el malestar podía sentir pequeñas descargas de placer. Sesshomaru se tomó su tiempo burlando mi clítoris y besándome. Sus labios eran calientes y suaves, y su dedo enviaba sensaciones de hormigueo por todo mi cuerpo. Poco a poco, mis músculos se aflojaron alrededor de su pene.
Balanceando sus caderas hacia delante, empujó hasta el fondo y me quedé sin aliento, mi espalda arqueándose en la cama. Apreté los ojos con fuerza, respirando por la nariz para conseguir superar el dolor. Me sentía demasiado llena, como si fuera a rasgarme. Enterré mi cara contra la garganta de Sesshomaru, y empecé a contar, tratando de distraerme.
"Se vuelve mejor", eso es lo que dijeron las mujeres en mi despedida de soltera, ¿pero cuándo?
Sesshomaru se movió, lentamente y solo un centímetro, pero dolía demasiado.
—Por favor, no te muevas —jadeé, y entonces apreté los labios de vergüenza. Otras mujeres habían pasado por esto y se habían acostado y sufrido a través de todo. ¿Por qué no iba yo a hacerlo? El cuerpo de Sesshomaru se puso tenso como una cuerda estirada. Tocó mi mejilla a medida que se retiraba, obligándome a mirarlo.
—¿Te duele tanto? —Su voz era pura moderación, sus ojos dorados con una emoción que no podía ubicar.
Contrólate, Rin.
—No, no mucho. —Mi voz quedó atrapada en la última palabra, porque Sesshomaru se había girado—. Está bien, Sesshomaru. Solo muévete. No voy a enojarme contigo. No tienes que contenerte por mí. Solo acaba de una vez.
—¿Crees que quiero usarte de esa forma? Puedo ver lo jodidamente doloroso que es. He hecho muchas cosas horribles en mi vida, pero no voy a añadir eso a mi lista.
—¿Por qué? Haces daño a la gente todo el tiempo. Solo porque estamos casados no tienes que fingir que te importan mis sentimientos.
Sus ojos brillaron.
—¿Qué te hace pensar que tengo que fingir?
Mis labios se separaron. No me atreví a tener esperanza, no me atreví a leer demasiado en sus palabras, pero Dios, quería hacerlo.
—Dime qué hacer —dijo con dureza.
—¿Puedes abrazarme un tiempo? Pero no te muevas.
—No lo haré —prometió, y entonces me besó en los labios. Él apretó los dientes mientras bajaba por completo. Estábamos tan cerca, ni siquiera una hoja de papel habría encajado entre nosotros. Sesshomaru envolvió un brazo bajo mis hombros y me apretó contra su pecho, luego nos besamos, nuestros labios deslizándose uno sobre el otro, nuestras lenguas enredándose, suaves y tentadoras. Sesshomaru acarició mi costado y mis costillas antes de deslizar una mano furtivamente entre nosotros y dibujar pequeños círculos en mi pezón. Poco a poco mi cuerpo se relajó bajo su suave caricia y el sabor de su boca en la mía. El dolor entre mis piernas se tornó en un dolor sordo y mi núcleo se aflojó en torno a Sesshomaru, mi cuerpo acostumbrándose a su tamaño. Sesshomaru no pareció darse cuenta o prefirió ignorarlo, en lugar de eso siguió besándome. Su uña arañó suavemente mi pezón y una descarga de placer se disparó entre mis piernas. Me eché hacia atrás, mis labios hinchados y calientes de nuestros besos.
Los ojos de Sesshomaru estaban entrecerrados.
—¿Aún puedes…? —pregunté.
Se movió y pude sentir lo duro que estaba. No se había suavizado en absoluto. Mis ojos se abrieron con sorpresa.
—Te dije que no soy un buen hombre. Aunque sé que estás sufriendo, todavía tengo una erección porque estoy dentro de ti.
—Porque me deseas.
—Nunca he deseado nada más en mi vida —admitió Sesshomaru.
—¿Podemos ir despacio?
—Por supuesto, ounyo. —Manteniéndome cerca todavía, se retiró unos centímetros mirando mi rostro. La mirada de preocupación en su rostro deshizo un nudo en mi pecho.
Exhalé. Todavía dolía pero no tanto como antes y tras el dolor había un toque de algo mejor. Sesshomaru se movió con cuidado dentro de mí y encontró un lento y suave ritmo. Me impregné en la sensación del cuerpo fuerte de Sesshomaru presionado contra mí, las afiladas líneas en su rostro, de su blanco cabello cubriéndonos como un manto. Sus ojos nunca dejaron el mío. No parecía importarle el ritmo lento. La tensión en sus hombros y cuello era el único signo de cuán difícil estaba siendo esto para él. Cambió el ángulo y una chispa de placer me atravesó. Jadeé. Sesshomaru se detuvo.
—¿Te he hecho daño?
—No, me ha gustado —dije con una sonrisa temblorosa.
Sesshomaru sonrío y repitió el movimiento, enviando otro hormigueo a través de mí. Bajó sus labios a los míos. No estaba segura de cuánto tiempo mantendría el ritmo lento, pero estaba sintiéndome dolorida y sabía que no iba a correrme. Ni siquiera estaba cerca, a pesar de los destellos ocasionales de placer. Un dolor leve los cubría demasiado. No sabía cómo decir lo que necesitaba decir. Debió ver algo en mi rostro porque dijo:
—¿Estás bien?
Mordí mi labio.
—¿Cuánto queda hasta que tú…?
—No mucho, si voy un poco más deprisa. —Escaneó mi rostro y asentí. Se sostuvo a sí mismo con sus codos y empujó más rápido y un poco más duro, y presioné los labios y enterré la cabeza en su hombro, agarrándome a su espalda. El dolor había vuelto, pero quería que Sesshomaru se corriera.
—¿Rin? —dijo Sesshomaru con voz áspera.
—Sigue. Por favor. Quiero que te corras.
Gruñó y siguió empujando. Sus jadeos iban más rápido. Se empujó más profundamente que antes y mordí su hombro para evitar sollozar de dolor. Sesshomaru se tensó con un gruñido, después se estremeció y pude sentirle expandirse aún más en mí, llenándome hasta que estuve segura que me desharía. Detuvo sus movimiientos, sus labios contra mi garganta. Pude sentirle ablandándose en mí y casi suspiré con alivio. Me sostuve de Sesshomaru, disfrutando de la sensación de su rápido latido y del sonido de su pesada respiración.
Sesshomaru salió y se tumbó junto a mí, llevándome a sus brazos. Me apartó el cabello de mi rostro sudoroso con una caricia. Sentí algo hormigueándome por dentro y me cambie de posición incómoda.
—Te traeré una toallita. —Sesshomaru salió de la cama y se dirigió hacia el cuarto de baño. Me sentí fría sin él. Estiré las piernas e hice una mueca por el dolor. Me senté y mis ojos se ampliaron. Había sangre embadurnando mis muslos y la cama, mezclada con el semen de Sesshomaru. Sesshomaru se arrodilló en la cama a mi lado. Debió de lavarse a sí mismo porque no había nada de sangre en él.
—Hay mucha más sangre que en la escena falsa que creaste durante nuestra noche de bodas. —Mi voz temblaba.
Sesshomaru separó mis piernas cuidadosamente y presionó la toallita cálida y húmeda contra mí. Aguante la respiración. Sesshomaru besó mi rodilla.
—Eres mucho más ceñida de lo que pensaba —dijo en voz baja.
Retiró la toallita y me sonrojé, pero la arrojó al suelo sin volverla a mirar antes de presionar sus manos contra mi abdomen.
—¿Qué tan malo es?
Volví a poner mi cabeza en la almohada.
—No tan mal. ¿Cómo puedo quejarme cuando tú estás cubierto de cicatrices de cuchillos y heridas de bala?
—No estamos hablando de mí. Quiero saber cómo te sientes, Rin. En una escala del uno al diez, ¿cuánto te duele?
—¿Ahora? ¿Cinco?
Sesshomaru se tensó. Se tumbó a mi lado, enrollando un brazo a mi alrededor y escaneando mi rostro.
—¿Y durante?
Evité sus ojos.
—Si diez es para el peor dolor que nunca haya sentido, entonces ocho.
—La verdad.
—Diez —susurré.
Sesshomaru tenso su mandíbula.
—La próxima vez será mejor.
—No creo que pueda pronto otra vez.
—No me refería ahora —dijo firmemente, besando mi sien—. Estarás dolorida por un tiempo.
—En una escala del uno al diez, ¿cómo de duro fuiste? La verdad —imité sus palabras.
—Dos.
—¿Dos? —Debí parecer bastante horrorizada porque Sesshomaru frotó mi estómago suavemente.
—Tenemos tiempo, seré tan amable como necesites.
—No puedo creer que Sesshomaru "La Bestia" Taisho haya dicho amable —dije coquetamente para suavizar su humor.
Sesshomaru sonrió con suficiencia. Acunó mi rostro y se inclinó hacia mí.
—Será nuestro secreto.
Las emociones se atestaron en mi pecho.
—Gracias por ser amable. Nunca pensé que lo serías.
Sesshomaru rio, un sonido franco.
—Créeme, nadie está más sorprendido que yo de esto.
Rodé hasta mi lado, retorciéndome de dolor y acomodándome contra el hombro de Sesshomaru.
—¿Nunca has sido amable con nadie?
—No —dijo amargamente—. Desde que Takemaru nos acogió nos enseñó a Inuyasha y a mí que cualquier tipo de amabilidad era una debilidad. Y nunca hubo espacio en mi vida para ello.
Aún si las palabras querían quedarse atascadas en mi garganta, dije:
—¿Qué pasa con las chicas con las que estuviste?
—Eran el medio para un fin. Quería follar, así que buscaba una chica y me la follaba. Era duro y rápido, definitivamente no amable. Mayormente me las follaba desde atrás así no tenía que mirarlas a los ojos y pretender que me importaban una mierda. —Sonaba frío y cruel.
Besé su tatuaje, queriendo disipar de nuevo esa parte de él. Sus brazos a mi alrededor se estrecharon.
—La única persona que podría haberme enseñado cómo ser amable era Izayoi, la madre de Inuyasha. —Sostuve la respiración. ¿Me diría ahora algo sobre ella?—. Pero se mató cuando tenía nueve años.
—Lo siento. —Quise preguntar qué pasó pero no quería presionarle y hacer que se retire detrás de su fría máscara. En lugar de eso, acuné sus mejillas. Parecía sorprendido por el gesto pero no me aparté. Lamí mi labio, intentando suprimir mi curiosidad.
—¿Todavía te duele? —preguntó de repente. Por un momento, no supe de qué hablaba. Acarició con su mano mi abdomen.
—Sí, pero hablar ayuda.
—¿Cómo te ayuda?
—Me distrae. —Reuní coraje—. ¿Puedes decirme cosas sobre tus padres o la señora Izayoi?
—Mi madre murió por un atentado dirigido a mi padre, nací de emergencia. Mi padre por nuestras reglas se casó de nuevo para darme una madre, pero el día del nacimiento de Inuyasha, sufrió un atentado y murió. Izayoi nos trató con mucho amor, era una madre para mi, pero cuando Takemaru tomó su lugar decidió casarse con ella. Mi tío le pegaba. La violaba. Yo era joven pero entendía lo que pasaba. No pudo soportar a mi tío mucho más, así que decidió cortarse las venas y meterse una sobredosis.
—No debió dejarlos a ti y a Inuyasha solos.
—Yo la encontré.
Me levanté de un salto y le miré fijamente.
—¿Tú encontraste a la señora Izayoi después de que se cortara las venas?
—En realidad, ese fue el primer cadáver que vi. Por supuesto, no fue el último. —Se encogió de hombros como si no tuviera importancia—. El suelo estaba cubierto de su sangre, me resbalé y caí. Mi ropa se empapó en su sangre. —Su voz era calmada, indiferente—. Salí del cuarto de baño corriendo, gritando y llorando. Mi tío me encontró y me abofeteó. Me dijo que fuera un hombre y me lavara. Lo hice. No he vuelto a llorar otra vez.
—Eso es horrible. Debiste estar aterrorizado. Solo eras un niño.
Se quedó en silencio.
—Me hizo duro. Llegado el momento, cada niño tiene que perder su inocencia. La mafia no es lugar para los débiles.
Sabía eso. Había visto cómo padre había intentado entrenar a Kohaku en los últimos años y siempre me rompía el corazón cuando mi hermano pequeño tenía que actuar como un hombre en lugar del niño pequeño que era.
—Las emociones no son una debilidad.
—Sí, lo son. Los enemigos siempre apuntan a aquello que pueda hacerte más daño.
—¿Y a dónde tendría que apuntar la Bratva si quisieran hacerte daño?
Sesshomaru apagó las luces.
—Nunca lo sabrán.
Esa no era la respuesta que esperaba pero estaba demasiado cansada para reflexionar sobre ello. En lugar de eso, cerré los ojos y dejé que el sueño me reclame.
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»»NOTAS DE AUTOR««
En la novela original no hay un tío que se haya hecho cargo de los protas…era su padre quien le hacia eso a su madre, por eso no quise que fuera Taisho…jamás me lo imaginaria lastimando a Irasue o a Izayoi de esa manera…pero Takemaru…ere wey sí, solo veía a Izayoi como una obsesión.
Y como son vacaciones y no tengo que haceeer ahí les vaaa, mañana le sigo con otros.… jajajaja
Glosario:
HND Aeropuerto Internacional de Tokyo-Haneda GLOSARIO
Existen clanes con nombres definidos pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.
Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa
Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.
Clan pendiente*: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.
Yakuza Mafia japonesa
Oyabun El Jefe de la Región
Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:
Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);
Saiko-komon Consultor principal
So-honbucho Jefe de sedes/municipio
Wakagashira Administra sedes divididas bandas; Shateigashira Jefe de la banda
Otras categorías son:
Shigiiin asuntos legales Kaikei contadores Komon negociadores
Kyodai hermanos mayores Shatei hermanos menores
Oji-san Miembros que se unen cuando son ancianos
