»» ᴜɴɪᴅᴏꜱ ᴘᴏʀ ᴇʟ ʜᴏɴᴏʀ ««
ᴅɪꜱᴄʟᴀɪᴍᴇʀ: ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪᴏɴ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ.
ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀᴊᴇꜱ: ɪɴᴜʏᴀꜱʜᴀ-ʜɴʏ ʀᴜᴍɪᴋᴏ ᴛᴀᴋᴀʜᴀꜱʜɪ
ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ: ʙᴏᴜɴᴅ ʙʏ ʜᴏɴᴏʀ ᴄᴏʀᴀ ʀᴇɪʟʟʏ
ʀᴀᴛɪɴɢ ᴍᴀ: ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ᴇxᴘʟɪᴄɪᴛᴏ.
«« QUINCE »»
Un par de semanas había pasado y el sexo se había vuelto mejor cada vez que lo hacíamos. Tenía la sensación de que Sesshomaru seguía refrenándose un poco, pero no me importaba. A veces me preguntaba si tal vez él necesitaba hacer el amor suavemente tanto como yo, después de todo el estrés que pasaba con la Bratva.
¿Hacer el amor? Sin importar lo mucho que tratara de ignorar mis sentimientos, sabía que amaba a Sesshomaru. Tal vez era natural enamorarse de la persona con la que estabas casado, la persona con la que compartías intimidad. No estaba segura de por qué me había enamorado de Sesshomaru, a pesar de mis mejores intenciones antes de nuestro matrimonio de no dejarlo entrar en mi corazón, solo sabía que lo había hecho. Sabía lo que los hombres como Sesshomaru pensaban del amor. No le había contado de mis sentimientos, a pesar de que un par de veces las palabras habían estado en la punta de mi lengua después de yacer en los brazos del otro, sudorosos y saciados después del sexo. Sabía que Sesshomaru no lo diría de vuelta y no quería quedar tan vulnerable.
Vi la puesta del sol sobre Tokio desde mi posición en el sillón de la azotea. Miroku estaba adentro, leyendo una revista deportiva en el sofá. Algunas veces había considerado pedir a Sesshomaru que detuviera la constante presencia de Miroku. Nada podía pasarme en nuestro penthouse, pero bueno, no podía hacerlo. Me habría sentido más sola sin Miroku en el apartamento, incluso si no hablábamos mucho. Kaede solo venía en torno a la hora del almuerzo para limpiar y preparar el almuerzo así como la cena, y Sesshomaru desaparecía casi todos los días. Todavía no me había encontrado con ninguna de las mujeres de la familia para un café. De todos modos, después de la traición de Urasue en realidad no estaba interesada en conocer mejor a la familia de Sesshomaru.
Mi teléfono vibró en la mesa pequeña. Lo recogí, viendo el nombre de Kagome aparecer en la pantalla. La felicidad estalló en mi pecho. Solo habíamos hablado esta mañana, pero no era inusual que mi hermana llamase más de una vez al día y no me importaba. Al momento en que oí su voz, me incorporé, con el corazón latiendo en mi pecho como loco.
—Rin —susurró ella, su voz llena de lágrimas.
—Kagome, ¿qué pasó? ¿Qué está pasando? ¿Estás herida?
—Padre me ha cedido a Inuyasha.
No entendí, no pude.
—¿Qué quieres decir con que te ha cedido a Inuyasha? —Mi voz tembló y las lágrimas ya ardían en mis ojos al escuchar los sollozos desgarradores de Kagome.
—Takemaru habló con padre y le dijo que Inuyasha quería casarse conmigo. ¡Y padre estuvo de acuerdo!
No podía respirar. Me preocupaba que Inuyasha no dejara a Kagome salirse con la suya respecto a su rudeza en su contra. Era un hombre al que no le gustaba ser rechazado, pero ¿cómo padre podía haber accedido?
—¿Padre dijo por qué? No entiendo. Ya estoy en Tokio. No necesitaba casarte también con alguien de la familia.
Me puse de pie, ya no podía quedarme quieta. Empecé a caminar por la terraza, tratando de calmar mi pulso corriendo a toda prisa con respiraciones lentas.
—No sé por qué. Tal vez padre quiere castigarme por decir lo que pienso. Él sabe lo mucho que desprecio a nuestros hombres y lo mucho que odio a Inuyasha. Quiere verme sufrir.
Quería estar en desacuerdo, pero no estaba segura que Kagome estuviera equivocada. Padre pensaba que las mujeres necesitaban ser puestas en su lugar y qué mejor manera de hacerlo con Kagome que atarla a un hombre como Inuyasha. Detrás de sus sonrisas se ocultaba algo oscuro y enojado, y tenía la sensación de que Kagome no tendría el sentido común para no provocarlo hasta que él perdiera el control.
—Oh, Kagome. Lo siento mucho. Tal vez pueda hablar con Sesshomaru y él puede hacer que Inuyasha cambie de opinión.
—Rin, no seas ingenua. Sesshomaru lo sabía desde el principio. Es el hermano de Inuyasha y el futuro Oyabun. Algo así no se decide sin que él no esté involucrado.
Sabía que ella tenía razón, pero no quería aceptarlo. ¿Por qué Sesshomaru no me había dicho nada de esto?
—¿Cuándo tomaron la decisión?
—Hace unas semanas, incluso antes de ir a visitarte.
Mi corazón se encogió. Sesshomaru había dormido conmigo, me había hecho confiar en él y amarlo y no se había molestado en decirme que mi hermana estaba siendo vendida a su hermano.
—¡No lo puedo creer! —susurré con dureza. Miroku me observaba a través de las ventanas, ya levantándose del sofá—. Voy a matarlo. Él sabe cuánto te amo. Sabe que no lo hubiera permitido. Habría hecho cualquier cosa para evitar el acuerdo.
Kagome se quedó en silencio en el otro extremo.
—No te metas en problemas por mí. De todos modos, es demasiado tarde. Tokio y Yamanashi ya se dieron la mano en cuanto a esto. Es un trato cerrado y Inuyasha no dejará que me escape de sus garras.
—Quiero ayudarte, pero no sé cómo.
—Te amo, Rin. La única cosa que me impide cortarme las venas en este momento es saber que mi matrimonio con Inuyasha significa que voy a vivir en Tokio contigo.
El miedo aplastó mi corazón.
—Kagome, eres la persona más fuerte que conozco. Prométeme que no vas a hacer nada estúpido. Si te haces daño, no podría vivir conmigo.
—Eres mucho más fuerte que yo, Rin. Tengo una bocaza y una ostentosa bravuconería, pero tú eres resistente. Te casaste con Sesshomaru, vives con un hombre como él. No creo que yo pudiera haberlo hecho. No creo que pueda.
—Lo resolveremos, Kagome.
Las puertas del ascensor se abrieron y Sesshomaru entró en nuestro apartamento. Sus ojos se movieron de Miroku a mí, sus cejas frunciéndose.
—Acaba de llegar. Te llamaré mañana. —Colgué a medida que la furia ardía a través de mí. No había pensado que jamás podría odiar a Sesshomaru de nuevo, ni siquiera por un momento, pero en este segundo quería hacerle daño. Irrumpí dentro, mis manos envolviéndose en puños mientras me dirigía hacia Sesshomaru. No movió ni un músculo, solo me observó con controlada calma. Esa calma más que cualquier otra cosa alimentó mi rabia. No estaba segura de lo que él pensó que iba a hacer, pero no era atacarlo, eso fue obvio a partir de su reacción. Mis puños golpearon su pecho tan duro como pude. La conmoción cruzó el rostro de Sesshomaru, todo su cuerpo explotó con tensión. Por el rabillo del ojo, vi a Miroku dar un paso en dirección a nosotros, obviamente inseguro si se suponía que debía hacer algo. Él era mi guardaespaldas, pero Sesshomaru era su jefe. Por supuesto, Sesshomaru no tuvo problemas para controlarme. Después de un momento, agarró mis dos muñecas en su mano. Odié que pudiera vencerme tan fácilmente.
—Rin, ¿qué…?
No pudo terminar porque alcé mi rodilla y solo sus reflejos rápidos me impidieron golpear mi objetivo. El sonido de los sollozos de Kagome resonó en mi mente, haciéndome perder cualquier racionalidad que aún me quedara.
—Vete —ordenó Sesshomaru bruscamente. Miroku lo hizo sin protestar. Los ojos llameantes de Sesshomaru se encontraron con los míos, pero estaba más allá de tener miedo. Moriría por Kagome. Probé otra patada y rocé la ingle de Sesshomaru esta vez. Él gruñó y me empujó abajo en el sofá, inmovilizando mis piernas con sus rodillas, y empujó mis brazos por encima de mi cabeza—. Por el amor a Kami, Rin. ¿Qué te pasa?
Lo fulminé con la mirada.
—Sé lo de Kagome y Inuyasha —espeté, y luego perdí por completo el control y me puse a llorar, grandes sollozos arrasaron mi cuerpo. Sesshomaru soltó mis muñecas y se echó hacia atrás para que así pudiera mover las piernas. Me miró como si fuera una criatura que jamás entendería.
—¿De eso se trata esto? —Sonaba incrédulo.
—Por supuesto que no entiendes, porque nunca has querido a nadie más que a tu propia vida. Jamás podrás entender cómo se siente que tu propio corazón se rompa al pensar en la persona que amas siendo lastimada. Yo moriría por las personas que amo.
Sus ojos eran duros y fríos cuando se levantó.
—Tienes razón. No entiendo. —La máscara fría estaba de vuelta. No la había visto dirigida a mí en semanas.
Me sequé los ojos y también me puse de pie.
—¿Por qué no me lo dijiste? Lo has sabido desde hace semanas.
—Porque sabía que no te gustaría.
Sacudí la cabeza.
—Sabías que estaría enojada contigo y no querías arruinar tus posibilidades de follar conmigo. —Ni siquiera me sonrojé, a pesar de que nunca había usado la palabra abiertamente.
Sesshomaru se puso rígido.
—Por supuesto que quería follarte. Pero me dio la impresión de que disfrutaste nuestras sesiones follando.
Quise hacerle daño. Era tan frío. Por supuesto que siempre había sido sobre tomar lo que era suyo, de reclamar mi cuerpo. No le importaba una mierda sobre mí, o nadie.
—Y te preocupaba que no fuera una actriz lo suficientemente buena para engañar a todo el mundo después de nuestro pequeño truco en nuestra noche de bodas. Incluso te engañé. —Dejé escapar una risa horrible—. Te hice creer que en realidad lo disfruté.
Algo brilló en los ojos de Sesshomaru, algo que me hizo querer retractarme de mis palabras por un momento, pero luego su boca se alzó en una sonrisa cruel.
—No me mientas. He follado con suficientes putas para reconocer un orgasmo cuando lo veo.
Me estremecí como si me hubiera golpeado. ¿Acababa de compararme con sus putas? Dije la cosa más horrible que pude pensar.
—Algunas mujeres incluso experimentan un orgasmo cuando están siendo violadas. No es porque lo estén disfrutando. Es la forma en que su cuerpo le hace frente.
Durante un largo tiempo, Sesshomaru no dijo nada. Sus fosas nasales se dilataron, su pecho se hinchó y sus manos se apretaron en puños. Parecía como si quisiera matarme en el acto. Entonces la cosa más espantosa ocurrió, la ira desapareció de su rostro. Su expresión se volvió una sin emociones, sus ojos tan suaves e impenetrables como el acero.
—Tu hermana debería estar feliz de que Inuyasha la quiera. Pocos hombres pueden soportar su labia.
—Kami, esa es la razón, ¿verdad? —dije con disgusto—. Es porque ella le dijo que nunca conseguiría su cuerpo caliente ese día en el hotel. No le gustó. No pudo soportar que ella fuera inmune a su encanto espeluznante.
—No debió haberlo desafiado. Inuyasha es un cazador determinado. Consigue lo que quiere. —Todavía sin un atisbo de emoción, ni siquiera en la voz de Sesshomaru. Era como si estuviera hecho de hielo.
—¿Consigue lo que quiere? No es una cacería si la obliga a casarse al pedirle a mi padre su mano. Eso es cobardía.
—No importa. Se van a casar. —Giró su espalda hacia mí, como si me estuviera permitiendo marchar.
Sesshomaru no lo entendía. No podía. No conocía a Kagome tan bien como yo. Ella no accedería a esta unión sin refutar como yo. Me dirigí al ascensor.
—Rin, ¿qué coño estás haciendo?
Estuve en el ascensor antes de que Sesshomaru pudiera llegar a él, y estaba de camino a un piso más abajo. Salí al apartamento de Inuyasha. Era básicamente un reflejo de nuestro propio apartamento, excepto que no era un dúplex. Inuyasha se encontraba sentado en un sillón, escuchando algún tipo de música de mierda cuando me vio. Se puso de pie, mirándome con cautela a medida que se acercaba hacia mí.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Empujé mis palmas contra su pecho cuando se detuvo frente a mí.
—Retira tu propuesta. Dile a mi padre que no quieres a Kagome.
Inuyasha rio.
—¿Por qué lo haría? La quiero. Siempre consigo lo que quiero. Kagome no debería haber jugado con los chicos grandes.
Perdí el control y le di una bofetada en la cara. Mi estúpido temperamento Higurashi. Por lo general reinaba sobre él, mejor que mis otros hermanos, por lo menos, pero no hoy. Agarró mi brazo, me empujó hacia atrás de modo que mi espalda chocó dolorosamente con la pared y me atrapó entre ella y su cuerpo. Di un grito ahogado.
—Tienes suerte de que eres la esposa de mi hermano.
El ascensor sonó cuando se detuvo y se abrió.
—Suéltala —gruñó Sesshomaru, saliendo de él. Inuyasha retrocedió a la vez y me dio una sonrisa fría.
Sesshomaru se acercó a mí, sus ojos escaneando mi cuerpo antes de enfrentarse a su hermano.
—No vas a hacer eso otra vez.
—Entonces, enséñale modales. No voy a dejar que me golpee de nuevo. —¿Enséñale modales? Su matrimonio con Kagome terminaría en una catástrofe total.
La voz de Sesshomaru cayó una octava.
—No vas a tocar a mi esposa otra vez, Inuyasha. Eres mi hermano y recibiría una bala por ti, pero si lo haces de nuevo, tendrás que vivir con las consecuencias. —Se enfrentaron entre sí y por un momento me preocupé que sacaran sus cuchillos y lucharan contra el otro. Eso no era lo que había pretendido. Sabía cuánto se preocupaba Sesshomaru por su hermano, más de lo que se preocupaba por mí, de todos modos. Inuyasha era la única persona en que Sesshomaru confiaba. Durante un tiempo, había pensado que yo podría ser esa persona, pero si ese fuera el caso, hoy habría ido de manera muy diferente. Sabía que el hecho de que me protegiera era un juego de poder y no de emociones. Por tocarme, Inuyasha había mostrado una falta de respeto hacia Sesshomaru y por supuesto no podía dejarlo pasar.
—No voy a golpearte de nuevo, Inuyasha —dije entre dientes, aunque las palabras supieron horribles en mi boca—. No debería haberlo hecho.
Los dos hombres se volvieron hacia mí con sorpresa. Inuyasha relajó su postura. Sesshomaru no lo hizo.
—Lamento si te lastimé o asusté —dijo Inuyasha. No podía decir si lo decía en serio o no. Tenía la máscara impasible puesta al igual que su hermano.
—No lo hiciste.
Sesshomaru sonrió, luego se acercó a mí y me empujó contra él posesivamente. Nuestros ojos se encontraron y como si recordara nuestras palabras anteriores, su sonrisa desapareció y sus labios se apretaron. No me soltó pero su agarre en mí se aflojó.
Me aparté de él, siendo incapaz de soportar su expresión por más tiempo y enfrenté a Inuyasha.
—No te cases con Kagome —lo intenté de nuevo y el agarre de Sesshomaru en mi cintura se apretó en señal de advertencia. No le hice caso—. Ella no quiere casarse contigo.
—Tú tampoco querías casarte con Sesshomaru y aquí están —dijo Inuyasha con su sonrisa depredadora.
—Kagome no es como yo. Ella no va a llegar a un acuerdo con un matrimonio arreglado.
Sesshomaru dejó caer su mano de mi cintura.
—Va a ser mi esposa en el momento en que cumpla dieciocho años. Ningún poder en este universo me detendrá de hacerla mía.
—Me das asco. Todos ustedes lo hacen —dije. Con eso di un paso atrás en el ascensor. Sesshomaru no me siguió. Ni siquiera me miró para ver si estaba volviendo de nuevo a nuestro apartamento. Sabía que no iría a ninguna parte. Incluso si aún quisiera huir, no podía. Mi corazón le pertenecía, aunque él no tuviera un corazón que me pudiera dar a su vez.
» » • « «
»»NOTAS DE AUTOR««
Hijoles! Dramas familiares!
Mil gracias a todas por sus reviews, disculpen si no les he respondido a cada una, no crean que soy muy hábil en las redes y/o plataformas.
Glosario:
HND Aeropuerto Internacional de Tokyo-Haneda
Ounyo Princesa con connotaciones afectuosas.
Existen clanes con nombres definidos pero por practicidad se nombrarán por la región, familia o prefectura que gobiernan.
Clan Taisho: Región Kanto; sede Tokio; prefecturas Ibaraki, Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba, Tokio y Kanagawa
Clan Homonsha: Región Chubu; sede Yamanashi; prefecturas Niigata, Toyama, Ishikawa, Fukui, Yamanashi, Nagano, Gufy, Shizuoka y Aichi.
Clan pendiente*: Región Chugoku; sede Hiroshima; prefecturas Tottori, Shimane, Okayama, Hiroshima y Yamaguchi.
Yakuza Mafia japonesa
Oyabun El Jefe de la Región
Kobun cualquier subordinado del oyabun dividido en:
Kumicho Jefe general/prefectura (Daiku segundo al mando en caso de arresto);
Saiko-komon Consultor principal
So-honbucho Jefe de sedes/municipio
Wakagashira Administra sedes divididas bandas; Shateigashira Jefe de la banda
Otras categorías son:
Shigiiin asuntos legales Kaikei contadores Komon negociadores
Kyodai hermanos mayores Shatei hermanos menores
Oji-san Miembros que se unen cuando son ancianos
