Disclaimer: Todo le pertenece a nuestra ama y señora MXTX(, mi alma incluida reyna)

Advertencias: Spoilers del libro. Sqq siendo un narrado poco fiable. Mas metaforas que narracion. Purple prose.

n/A: Han pasado siglos desde que subo algo a esta plataforma, han pasado años desde lo ultimo que escribí, pero el BingQiu tiene mi corazón servido en bandeja y es todo para ellos. En vez de dormir escribí esto en las notes de mi smartphone poseído por un fanart del que me enamore en tw, y aunque dudo que lo lea algun alma lo quiero publicar igual.


Shen Qingqiu ya no siente las extremidades.

—Ha! Foreshadowing, bitch— Y con ese pensamiento Shen Qingqiu debería ser reducido a un pobre condenado que no sabe otra cosa que temblar y rogarle a dioses tan vanos e inverosímiles, como El Sistema y ese estúpido autor.

Pero, tal vez, sea el caso de la rana que se la deja en una olla con agua placenteramente tibia y luego se la va calentando lentamente hasta que esta hierva, la rana inconsciente se dejará cocinar.

Sqq no siente tal pavor, aunque sea consciente del peligro. Es posible que sus sentidos estén dormidos, dormidos y en un sueño profundo, tan profundo como... los sueños del niño que está dormido en sus brazos.

Luo Binghe, el gran Emperador de los tres Reinos, el Señor de los Demonio, ¡el Protagonista Super OP! Oh, bueno, una versión más pequeña. No tan gran, ni tan señor, ni super OP, tan solo es un niño. Tan inocente y adorable.

¡Luo Binghe, ¿Qué piensas que estás haciendo durmiendo en los brazos de este viejo maestro?! Es una gran oportunidad de conquistar el tierno corazón de alguna Shimei o incluso Shijie, y, ¿acaso este Luo Binghe no sabe de lo que se está perdiendo?

¡Esta es la culpa del maldito Sistema! Shen Qingqiu tenía razón al pensar que debe estar lleno de bugs y malwares. Seguro se descargó un troyano, en vez de la actualización prometida, el muy estúpido.

Binghe se remueve entre sueños molesto, Shen Qingqiu nota que hay rayos de sol escapándose entre las ramas del bambú que le dan directo en la cara. Como el Shizun de Luo Binghe no puede permitir eso, así que con un movimiento grácil Shen Qingqiu despliega su abanico para /proteger/ hacerle sombra a su discípulo.

Luo Binghe vuelve acomodarse en el pecho de su Shizun, en su rostro todavía hay rastros de un ceño fruncido, Shen Qingqiu pasa la yema de los dedos delicadamente, apenas rozando la piel de las mejillas, los pómulos, más allá hasta alcanzar ese cabello negro e infinitamente largo, como si eso pudiera aliviar la expresión.
Binghe inmediatamente se relaja, parece derretirse como un animal pequeño ante la caricia de un alma gentil.

— Tan solo un niño— Shen Qingqiu no susurra a penas audible, no sonríe, ni resiste el impulso de plantar un beso justo en ese lugar en medio de su frente.

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(Shen Qingqiu no piensa en quien es el verdadero caballo de troya y quien es la rana en la olla.)

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Sin embargo, la trama de la historia nunca para, ni por los bugs, ni por el protagonista.

Shen Qingqiu tampoco quiere detenerse, no tiene la necesidad de entender si el paso del tiempo es cruel, si el tan omnipresente e impotente Sistema es caprichoso, o, si el sentir es fútil.

No cuando tiene un nudo en el estómago y entre sus manos solo una espada ensangrentada.
No cuando tiene el corazón vacío y en frente suyo un abismo que lo quiere mirar devuelta.

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(En la noche los troyanos comienzan a infectar. La rana se deja hervir esta vez es consciente.)

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Shen Qingqiu nunca fue lo que se llama un soñador, siempre vio a las cosas por como son y supo apreciarlas, siempre se le dio más el pragmatismo y la simplicidad de la lógica.

—No la dejes oprimir tu corazón— / Luo Binghe tiene el ceño dolorosamente fruncido y la piel demasiado caliente, las manos de Shen Qingqiu quieren, una vez más, aliviarle el peso. /

Pero sí sabe apreciar los sueños, y tal vez, por un latido impulsivo de su corazón traicionero es que quiere ver los sueños de este niño hacerse realidad.

Luo Binghe ya no es un niño, pero aún Shen Qingqiu quiere verlo soñar.

Aunque sea una vez más.

—Todo lo que ha pasado antes, hoy todo te lo resarciré.

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(Y la historia sigue así: Había una vez un caballo de troya inconsciente de quién era y una rana en una olla consciente de su lugar. Ambos estaban errados y ambos soñaron el mismo sueño.

Las tragedias suceden entre mal entendidos y errores complemente evitables, si tan sólo sus personajes hubieran tomado las decisiones correctas. Pero ninguno de los dos entendía al otro, así que la historia siguió.

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Hasta que volvieron a soñar el mismo sueño y esta vez supieron entender. El caballo de troya fue consciente de quién era, la rana salió de la olla antes de que esta lo hirviera.

"O, en otras palabras, la historia que circulaba entre la gente ya ha llegado a su final. Pero, la historia entre tú y yo, tan sólo acaba de comenzar.")

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Shen Qingqiu siente entumecidas sus extremidades, una molestia placentera en la espalda baja y el latir de un corazón ajeno.

Contra su pecho Luo Binghe, desplomado como un animal a penas domesticado y fiel a aquella persona cuyas manos gentiles supieron quererlo, se encuentra profundamente dormido. ¡Desnudo! ¡Sobre el cuerpo de su propio Shizun! ¡El muy desvergonzado! En serio, por estas cosas algún día puede que se le caiga la cara a Shen Qingqiu.

Binghe suspira entre sueños e intenta hundir su rostro aún más en el pecho de Shen Qingqiu, realmente lo que ese niño /hombre... hombre-niño/ quiere, es hacerse un lugar justo entre la conjunción de los huesos de su caja torácica y anidar ahí.
Es un poco irritante. Shen Qingqiu siente el impulso travieso de pellizcarle esos pómulos tan apuestos, tan apetecibles, tan de protagonista super OP.

Los rayos de la luna bañan las facciones, de manera tal que... Shen Qingqiu es solo un hombre, su corazón tiembla y late y se estruja y solo lo quiere a él.
Su corazón traicionero, delator, una paria que se volvió nido. Su corazón ahora débil y ambicioso, todo por culpa de ese discípulo suyo; Luo Binghe.

Su corazón que late cálido al mismo ritmo que el de Binghe.

— ¿Shi-zun? — Su voz rasposa, pesada de sueños y hambrienta de lo intangible en Shen Qingqiu.

Shen Qingqiu estira sus manos, permite las yemas de sus dedos trazar patrones, algunos símbolos, algunos caracteres, algunas palabras con y sin significado alguno. Divagan por la extensión de la espalda, la piel y los músculos que ya conoce, y aún le causa el mismo hormigueo plácido descendiendo su torso.

Luo Binghe, el gran heredero del título Junshang, el Señor de los Demonios Celestiales... Su esposo, vuelve a llamarlo con ese título que parece adorar más que a ningún otro.

—Hmm... Si, Shizun está aquí— Shen Qingqiu le contesta mientras presiona un beso justo en ese lugar en el medio de la frente. "Mi Binghe" Y antes de que ese traicionero corazón suyo pueda salirse con la suya, Shen Qingqiu dirige su rostro hacia Luo Binghe, con la promesa de encontrar labios y dientes caninos y un sentimiento cálido.

Luego tendrán tiempo de soñar juntos.