Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Algún día...
Royal Woods, Michigan
7 de mayo de 2038
3:00 pm
Camino a casa
A medida que las cosas para Jamie fueron mejorando con el tiempo, no así es la relación con sus padres. Más en específico, con su padre.
Para hacerla corta, el próximo 10 es día de las madres, y con las horas ya contadas y los recursos más limitados de lo usual, había querido hacer en la escuela el regalo de su madre. Pero, como dicen que los talentos y dotes de una generación se saltan a los nietos, es claro que el manejo de la madera y los cuentos cortos podrían ser lo suyo.
Sin embargo, hay serias limitantes. La escuela permanecería cerrada, por lo que el taller está cerrado para ella; la tía Lana de plano no quiere saber nada de ella después del último cumpleaños al que fue invitada, la abuela estará con la tía Lucy y, lo que es peor, sus herramientas están en la cochera bajo llave. La idea de su padre, por el otro lado, definitivamente le hizo saber que no tiene ninguna aptitud para la cocina si no es algo tan simple como un sándwich sin asar.
Dicho eso, sus opciones son bastante pocas y muy limitadas.
Por lo general, los trabajos que suele hacer son, en pocas palabras, más propios de un mercenario, lo que le permite regalos que sus padres no quieren que pase de nuevo al ser, dicho con todo el respeto que les es posible, un desastre. Tal y como hace dos años, un papa banco -por cuya idea Lincoln prefirió darle una alcancía con forma de papa-, la taza que recordaba el gordo trasero de su abuela a los cinco -motivo por el que la alfarería le está prohibida- o el favorito de Taylor, un ramillete de rosas que le "tomó prestado" a los McBride y resultó útil para saber que ella no gusta de recibirlas por considerarlas estúpidas por ser el presente que más recibe de parte de sus cuñadas de forma irónica.
Pasando por una estación de servicio, echó una mirada al escaparate. Ve que el tendero, un hombre que por lo visto jamás piensa casarse o siquiera buscar pareja, está cambiando las etiquetas para uno de esos días que prefiere pasar contando dinero que con su madre. Hasta esas bobas tarjetas se antojan como algo que ella quisiera dar sin sentir vergüenza, y es cosa que no quiere volver a sentir. Tanto peor porque se agolpan en el mes precisamente el día de las madres y el cumpleaños de su padre.
Resignada, Jamie se repantiga al lado de la puerta del baño y mira un poco sus guantes.
Esto es tomado por un par de peatones como si ella fuera una pordiosera, lanzando a su regazo monedas. Primero unos tres centavos por una mujer avejentada vestida por completo de amarillo que parecía presentar un reportaje sobre carne vencida en el local y, cosa que la sacó de sus casillas, un dólar con treinta que le tiró una mujer de rasgos asiáticos.
-Oiga, no soy una limosnera -maldijo Jamie, alzándose un poco sobre su trasero.
-Ay, pobre chica -suspiró con lástima una mujer rubia de rostro anguloso mientras le tira un billete de cinco antes de irse-. Debes tener hambre.
-Pero yo…
Más paseantes y clientes le dejaron alguna moneda o billete extra, pero al pasar un sujeto pelirrojo de lentes y la edad de su padre, optó por refinar su acto.
-Una limosna, por favor… -pidió fingiendo amabilidad, cosa que el individuo pasó de largo-… tacaño.
Contando el dinero, juzgó que era suficiente, de menos, para algún pastel y, quizá, un chocolate. Después de todo, ¿qué mujer no adora el chocolate? Tal vez la abuela Ortega, que asume la misma idea que ese chico de Netflix en esa cosa de Roald Dahl, que proclamó odiarlo.
-Mejor otro día -resolvió, un tanto más animada y después de comprarse un Flippee de sandía-lima.
Unos minutos después, llegando a casa, se encontró con una nota.
Jamie
Si llegas y encuentras esta nota es señal de que no he llegado (duh).
Por favor, si ves otro ratón en la trampa, sácalo y vuelve a colocarla, ¡nada de hacerlo una mascota! Tu tía Lola sigue molesta por tu proyecto de ciencias del "rat-a-toilet".
Hay carne para hamburguesas en el fregadero descongelándose y pastel de agua en el horno enfriándose por si mamá y yo no llegamos.
Te quiero
Papá
Posdata: limpia tu habitación cuando termines de leer
Si, le consta. Por mucho que quiere a su padre, a veces lo siente un tanto irresponsable. Le sorprendió ver que la última ocasión que tuvieron a la abuela Ortega en casa por fin le plantó cara, pero el resultado fue tan malo que llegó a odiar la carne curada de lata en San Valentín después de casi mes y medio sobreviviendo con eso en las tres comidas.
Luego de ver que la trampa esta vacía y sin el cebo, va a su habitación y cuenta el dinero que recibió. Después de Flippee, solo le quedaban de ello doce dólares, veintiséis centavos y, cosa que le parecía estúpida, una pieza bimetálica que en el anverso reza "25 Kuna" y la leyenda Hrvatska Republika con una especie de comadreja y una rama y al reverso ostentaba formas de piezas de rompecabezas con el sello de la Unión Europea. Esa, decide, sería un buen regalo para el día del padre.
En cuanto al pastel de agua, había escuchado de esa cosa en clase con la señora Johnson en quinto. Aunque el postre se antoja raro desde el nombre, simplemente no le apetece probar algo que surgió hace más de cien años.
Haciendo caso omiso a lo que la nota le pedía, decide ir al centro comercial. Allí tiene la esperanza de que haya algo que sea razonablemente, no demasiado, barato. No frecuenta ese sitio, y menos desde el incidente de fin de año con la maestra Zhau en la fuente, pero con lo apretada de tiempo que está, sería un milagro que no muchos la reconozcan.
Conforme mira por los escaparates, hay cosas que no solo son lindas. Muchas de ellas exceden su presupuesto, como unos guantes de ciclismo que a las dos les encanta usar, o una cazadora blanca que le iría a las mil maravillas… si no fuera porque una vez encontró a sus padres casi totalmente desnudos en su cuarto.
Por lo menos, admite, sabe que hay algo bueno entre ellos. Ha visto a chicos de padres en la misma condición (o peor) que ella misma, y en las juntas no faltaba la pareja que buscara privacidad para discutir o, en el caso de los padres de la mimada Lori McBride, arman un bonito espectáculo que termina a menudo ante un juez.
-Miren quien está pensando en su próximo robo -dijo seseante una voz tras ella cuando llegó al local de Reininger's
La dueña de esa voz es una chica de piel bronceada y cabello pardo, casi como chocolate con leche, de estatura media, pantalón entubado a la cadera y blusa roja. Altanera y orgullosa, Helga Kerrigan venía con su séquito de chicas plásticas, una chica rubia casi en los huesos de aguamarina y amarillo (Kelsie Rosato), una pelirroja en blusón verde hoja de aspecto rapaz (Christie McCann) y una chica parecida a ella salvo por la ausencia de pecas y un aire más bien campirano que se refleja en la franela atada debajo del busto y los vaqueros recortados a medio muslo (Ramona Hunnicut). Las cuatro, consideradas las más populares en la escuela, a menudo emplean sus servicios para amedrentar a cualquiera que llamara la atención de los chicos y las lesbianas, mas no son de ninguna manera sus amigas.
-¿Ahora qué quieres, Helga? -preguntó Taylor- Mira, si el señor Gurdle dejó tarea extra fue culpa de…
-¿A quién le interesa lo que dijo la retrasada de tu prima? -cuestionó Helga, bebiendo de un vaso de Starbucks- Si tuvieras una libra de oro por cada tía o primo que tienes, serías más rica que todas nosotras.
-Yo no hablo con esa idiota, ¿si? -objetó Jamie.
-¡Oh, es cierto! Tus tías odian a tu papá por tu mamá y no se hablan.
Dicho eso, el grupo echó a reír. Puede que todas ellas sean distintas, pero la verdad es que las cuatro parecían una inteligencia de colmena. Lo que Helga dijera, las demás obedecían sin chistar.
-¿Y eso qué? -dijo Jamie, retadora.
En menos de un segundo, Helga hizo un gesto del que Jamie no se dio cuenta y Ramona la sometió en menos de lo que canta un gallo con una llave Nelson.
-Hueles rico -dijo esta-, como la compota de peras de mamá Hunnicut.
-¡Suéltame, perra! -exigió Jamie, tratando de prensar con sus brazos.
-¿Esa es forma de tratar a tus superiores, Loud? -cuestionó Helga.
-¡Superiores! -chilló Christie con el tono idiota que acostumbra, cosa inusual para su aspecto- ¡Somos eso!
-Habíamos quedado que tú no te acercabas aquí si no te llamábamos -continuó Helga-. Tu lugar está en el mercado de pulgas los sábados. ¿O qué? ¿La pobre niñita de papá se nos quiere unir? -remató con un tono infantil y bobo, a lo que Jamie responde escupiendo a su cara- Eso pensé.
De la nada, una alarma sonó y sintió que una mano le metía algo al pantalón.
-¿Qué es lo que pasa? -preguntó un guardia.
-Atrapamos a esta ladrona -mintió orgullosa Helga-. Ojalá le den cadena perpetua.
-¡Si, ladrona! -secundó Christie, alzando sus brazos.
-Se metió esto al pantalón -terció Kelsie con sequedad, sacando del pantalón de Jamie una botella del perfume de colección de Alisa Barela.
-Te acabas de ganar un viaje a mi oficina -dijo el guardia, malencarado-. Le diré a la señora Carmichael lo que hicieron en cuanto termine mi reporte.
Mientras era esposada, vio una última vez a aquella tropilla de plásticas, que la despedían con estúpidos besitos al aire y, en el caso de Ramona, un ligero lametón a su mano, remedando un beso a sus partes.
El tiempo en los separos de la oficina del guardia fue bastante largo. Sin nada que hacer y sin compañía, no le fue difícil hacerse a la idea de que esto no era muy diferente a la detención después de la escuela. Sabe que su madre no estaría muy orgullosa, pero en su defensa sabe que esas arpías le plantaron el perfume.
Pensó en las mil y una excusas para que su madre no terminara encerrándola en casa los fines de semana de un mes. Decirle incluso la verdad, pero el problema de eso es que, cuando es algo como un robo -cosa que va contra su ética como bravucona mercenaria-, no hay mucho que alegar y menos que hacer.
-Llamé a tu casa y nadie contestó -dijo el guardia-. ¿Hay algún otro número?
Tendiendo el teléfono, mostró sus contactos y el guardia marcó el número de su padre.
-Tu llamada -dijo-. Prefiero que lo hagas tú a tener que hacerlo yo.
-¿Quién es? Taylor Loud al habla -dijo Taylor al otro lado.
-Hola, má -dijo apenada Jamie.
-¿Otra vez te escapaste de detención? -preguntó Taylor- ¿No te enseñé nada?
-No, no, es algo… algo más, no pasé por detención.
-¿De qué se trata?
-Pues
Más tardó en decirlo que en tragarse el sermón que su madre le endosó. Entre otras cosas, ya le advirtió que lo que sea que haya comido, espera, lo haya disfrutado porque sería la última vez que lo probaría en mucho tiempo. Sin embargo, cuando la recogió con una fuerte advertencia, el trayecto de vuelta a casa fue silencioso e incómodo… énfasis en lo segundo.
En cuanto Taylor estacionó el auto, lo apagó y puso el seguro a las puertas.
-El que te contara de mis cosas a tu edad no es excusa para que te metas a robar a una tienda -dijo Taylor, llevando las manos a su frente-. Dime, ¿cuándo te enseñé que robar está bien?
-Nunca, pero…
-No quiero peros, Jamie. Quiero la verdad.
-¿Y para qué la quieres, si las dos sabemos que estaré castigada?
-Para no tener que hacerlo sin motivos.
-¿Quieres la verdad? ¡Bien! -dijo Jamie-, pero igual no te gustará. Me sembraron ese perfume. Helga Kerrigan y ese montón de idiotas lo hicieron, ¿feliz? Esas brujas me quieren lejos del centro comercial y solo iba a buscar algo para… ¡Al cuerno con eso!
-Así que fueron ellas. Siempre Kerrigan y sus amigas.
-Ajá.
-Vi la grabación de la tienda.
-¿Qué? -preguntó Jamie, incrédula.
-Si, vi el video. Vi como una de ellas te ponía eso en el pantalón -respondió Taylor-. ¿Por qué estabas allí en primer lugar?
-No es nada.
-¿Es por el día de las madres?
-Si.
-Te voy a decir un secreto -dijo Taylor, pensativa-. Desde que mi papá nos dejó, cada día de las madres resultó ser un dolor de cabeza. En las mañanas, tenía resaca, y en las noches tenía que aguantar sus salidas. Aún así la quería… y cuando cumplí catorce le compré un pay que terminó en la basura porque "merezco más por ser tu madre".
-Auch.
-Y se puso peor cuando se enteró que yo estaba embarazada -continuó Taylor-. Esa noche me azotó y me gritó que yo era la razón por la que el país se está yendo a la mierda. Así que ¿para qué observar ese día si todos los años es lo mismo?
Jamie no se puso a pensar en eso. Viendo a Taylor como su madre, jamás se preguntó cómo era ella como hija, y ella le estaba respondiendo. Adolescencia difícil, una madre que cada vez se sumía más en una relación tóxica que se alivió cuando ella nació y frustraciones de trabajo que, para variar, tanto ella como Lincoln se han venido tragando con los años. Si, no era nada justo, pero por desgracia, para bien o mal, fue lo que le tocó.
-Perdón, má -dijo Jamie en voz baja.
-¿Por qué te disculpas? -preguntó Taylor- Tú eres quien eres, y si tu papá y yo lo aceptamos, ¡qué demonios pides disculpas! Lo único que te insisto no queremos es que robes, mates o uses drogas, y si quieres observar un día que yo no, adelante.
-Tú y el viejo fuman -acusó Jamie, ignorando lo último.
-Él por estrés, yo por gusto -admitió Taylor-. Lo hacemos para que no lo hagas, y además no es como si a él le gustara. Es salir a fumar a escondidas o tener que dormir en el sofá y lavar la ropa acabando.
Pensó en ello toda la noche. Jamie no pudo dormir bien en el transcurso de esta tanto por esa idea como por el que sus padres tuvieran sexo en su cuarto.
No quiso perder el tiempo. Buscando en una caja que sus padres tenían con una etiqueta que reza Tesoros de Jamie se topó con que todos sus regalos del día de las madres desde que podía recordar estaban ya muy sucios de polvo o quedaba solo una foto para el recuerdo. Mención especial merecía una foto en que ambas estaban intentando sembrar un arce en la entrada, mismo que, por desgracia, apenas y tiene hojas todavía de milagro.
Por la mañana, Jamie salió al baño, ojerosa y bostezante. Regularmente ver a sus padres salir los sábados pelear por el reducido espacio frente al espejo la animaba in poco, pero encontrar a su padre solo, afeitándose y sin discutir nada a nadie le preocupa. En su experiencia, nunca es bueno cuando uno de los dos se está arreglando.
-Te ves terrible -dijo Lincoln en cuanto la vio por el espejo.
-¿Por qué mamá nunca me lo dijo? -preguntó Jamie, abatida por el cansancio.
-¿Decirte qué?
-Ella odia el día de las madres.
-¡Ah! Eso -dijo Lincoln, dejando su cara a medio afeitar-. No es que lo odie, solo que… ha tenido malas experiencias. No lo odia, pero no lo observa por eso.
-¿Y por qué no me lo dijiste, viejo?
-A veces está bien tener algunos secretos que tu pareja sea la única persona que los conozca. ¿Recuerdas que intentaste saltar en mi vieja bicicleta y quisiste esconderla bajo la casa porque rompiste la cadena?
-¡¿Quién te contó eso?!
-Me lo acabas de confirmar -sonrió Lincoln-. Nos dijiste que alguien la había robado, pero fuiste demasiado obvia.
-Ay
-De todos modos la cadena estaba por romperse. El punto es que -continuó Lincoln- no importa mucho que tu pareja descubra algo, siempre hay algo que ocultar. Y si no picoteas, es mejor no hacerlo porque podrías salir mal parada.
-Ustedes dos son un desastre -acusó Jamie.
-Si, pero es nuestro asunto -respondió Lincoln, volviendo a sus afeites-. A la larga lo entenderás.
-Y ¿puedo saber para quién te arreglas?
-Tu mamá sale temprano hoy y quiero impresionarla un poco.
-Y esa cola de conejo es para eso, ¿no? -dijo Jamie, señalando un plug rematado con una colita de conejo.
-Todavía eres joven para saber ciertas cosas -minimizó Lincoln.
-¿Cómo que te ves con la dueña de la farmacia los martes?
-Tu mamá sabe eso, es acuerdo mutuo porque ella la ve los lunes, y si. Eres muy joven para entender eso todavía.
-Ugh -jadeó Jamie con asco, pensando en evitar la farmacia Fox por imaginar a sus padres, por separado, con la encargada.
-¿Quieres que te diga algo? -preguntó retórico Lincoln- Haz que mamá se sienta feliz de tenerte. Ella no olvida que tú fuiste el inicio de sus peores problemas con tu abuela, pero no tienes por qué ser tan insensible con eso, eh… bah, no me hagas mucho caso.
-Está viejo.
-¿Sabes, amor? El ser padre siempre implica estar a la par con tus hijos, pero ser madre es siempre andar un paso delante.
-Suenas como Rita.
-¿Y quién crees que me crió? -ironizó Lincoln, terminando de afeitarse-. ¿Vamos por donas?
-¿La de mamá puede ser con relleno de fresa?
-Pensé que nunca preguntarías eso.
Lo que ignora Jamie, y es algo de lo que Lincoln se alegra, es que esa salida a recogerla, las donas y unos guantes de ciclismo que Lori le envió para Taylor son su regalo. Hacerla sentir especial en una fecha que le recuerda desastres.
-¿Y por qué no vas con Rita? -preguntó Jamie, recordando ese pequeño detalle.
-Le mandé algo ayer a casa de tu tía Lucy-respondió Lincoln-. Seguro que le va a gustar.
.
El departamento que Lucy comparte con una chica latina se ve más bien chillón por la decoración. Normalmente no recibe visitas, pero el hecho de tener que haber aceptado una beca en la Escuela de Literatura Isabel Allende de la Universidad Chávez y empezar el posgrado la dejó con poco tiempo para prepararse. Mejor dicho, sin tiempo.
Dodge, por su lado, se fue a casa a pasar la festividad, lo que le dejó a la gótica una pequeña brecha para recibir a su madre. Y no es que Lucy no resienta mucho que Lynn le haya dejado esa manía por pelear con su compañera de vez en cuando, pero a decir verdad esa deportista morena le parece bastante atractiva, como para hacerla dudar de si ella misma es heterosexual.
Escuchando el timbre, va hacia la puerta, mas su madre se anticipa y la abre, encontrando a un mensajero.
-Paquete para Lucy o Rita Loud -dijo este, mostrando en la etiqueta del remitente el nombre de su hermano.
-Aquí no viven -intervino Lucy, molesta y cerrando la puerta.
-Soy Rita -dijo esta, ya con el cabello cada vez más plateado que dorado.
-Estupendo. Firme aquí.
-¿Por qué lo aceptas? -preguntó mordaz Lucy.
-Porque es de tu hermano.
-Si no fuera por esa ramera
-¡Lucy! Ese lenguaje -regaña Rita, cerrando la puerta-. ¿Por qué no vas a la cocina por agua?
Obedeciendo de mala gana, Lucy solo se queda viendo como Rita abría el paquete, adornado con un listón violeta y envoltura tangerina que le parecían de muy mal gusto para combinar. Lo último que vio antes de entrar a la pequeña cocina fue a su madre inclinarse un poco sobre sí.
En la cocina, Lucy se mantiene en cómo ha venido pensando sobre su hermano. Desde que se enteró que él iba a ser padre de esa revoltosa con aquella (no se guarda de decirlo) abusadora, todo se le vino abajo. La reacia obstinación de Lincoln de tener a Jamie le pareció insultante, sobre todo siendo ella misma y Lynn las víctimas usuales de los "cariñitos" de "la bruja del remolque", como la llama su antigua compañera de cuarto. Por eso, y no podía justificarlo mejor, ni ella ni las gemelas y Lily le dirigen la palabra.
La verdad, las pocas veces que ha habido reunión familiar él tuvo en consideración que muchas dejaron de hablarle, y la última vez le pidió prestado a Lori para llegar a fin de mes. Debe dejarle en claro que la familia no es un banco ni mucho menos caridad. Entiende que ha tenido que partirse el lomo en el puesto que Luna le había conseguido, pero no ha visto reflejado nada de ese dinero.
Estaba pensando sobre si era verdad que su suegra le estaba tomando dinero de más cuando escuchó un pequeño lamento. Al acercarse a su madre, esta la detuvo.
-Estoy bien, no es nada -anticipó Rita, contenida-. Solo… solo fue una tarjeta -mintió.
-Claro… -dijo dudosa Lucy.
Lo que esta no sabía, y Rita se asegurará de que eso no pase hasta que deba pasar, es que Lincoln le envió una foto editada de la última reunión familiar a la que él no fue invitado. Todos sus hijos y nietos, reunidos como si nada hubiera pasado, con una nota escrita en el reverso.
Algún día
Te amo, mamá
-Algún día, cariño -susurró Rita-. Algún día…
-¿Está todo bien? -preguntó Lucy- Luan y las niñas ya vienen en camino.
-Si, Lucy -mintió Rita-. Todo está bien.
~o~
Tarde de nuevo, pero aquí les presento algo que debió salir publicado ayer. Y, la verdad... Si. Hay madres para quienes su juventud y relación con su madre fue bastante conflictiva. Este shot fue un ejercicio pesado desde hace días (al cierre), ya que las cosas con mi madre están bien.
See you in the next fiction
Sam the Stormbringer
