Capítulo Uno
Alex
La sensación de la magia recorriendo mi cuerpo es una que no puedo lograr explicar. Es algo que fluye entre tus venas suave y rápidamente, cosquilleando, llenando mi ser de adrenalina y éxtasis. La magia siempre ha sido algo que consideré como parte de mí, pero hasta ahora entiendo completamente el sentimiento, la emoción, el significado de ser un mago completo. La magia ya no es solo parte de mí, ahora somos una misma. Ahora todo parece tener sentido. Hasta que no lo hace. Por un momento disfruto de la sensación de la magia corriendo por cada parte de mi ser, y luego tengo a Justin en frente de mí, viéndome como a un extraño. No me reconoce, no me recuerda, no puede ayudarme. Me cree cuando le digo que soy su hermana, y su abrazo se siente reconfortante por sólo unos segundos, cuando sin esperarlo él termina siendo arrastrado lejos por un torbellino de tiempo, justo como el que se llevó a Max minutos antes. La desesperación y la tristeza que siento entonces me inundan la mente.
Concentrase después de eso es prácticamente imposible. Tengo a papá, que no es realmente el papá que solía conocer, frente mío tratando de calmarme, diciéndome que hacer para traerlos de vuelta, para hacer que esto cambie, pero mi mente está demasiado difusa y sólo puedo pensar en que estoy a mitad de la arena de una competencia que no tenía que suceder aún, con hombre que en algún momento fue mi padre pero que ahora solo conoce mi nombre, y sin las únicas dos personas que entendían como yo lo que estaba pasando, mis hermanos. Estaba sola, me sentía sola y completamente pérdida en una situación que no podía arreglar. Ante cada frase que decía, cada hechizo fallido, lo único que podía pensar era «Esto no está bien. Yo no debí ganar, debió ganar él» porque era Justin quien siempre arreglaba las cosas; siempre tenía un modo, un hechizo, un plan. Siempre hacia algo para arreglar los problemas que yo creaba, no al revés.
Así que, cuando me di cuenta de eso, quise darme por vencida. Hasta que mamá llegó con la Piedra de los Sueños. Sentí un alivio inmediato, fue como si frente mío tuviera todas las respuestas del universo o algo así. Me sentía ligera, feliz, esperanzada.
Me sentía de la misma manera a cuando Justin resolvía alguno de mis percances con la magia.
—Si haces lo correcto recuperarás a tus hermanos y serás una hechicera completa. Sólo… Sólo desea que ellos reaparezcan —papá me dijo mientras se acercaba a mamá y la rodeaba con el brazo, tal como lo haría si estuvieran casados aquí, si esta realidad no hubiera sido alterada por mi culpa, y por un momento me creí la idea de que tal vez si nos recordaran las cosas volverían a la normalidad.
—¡Deseo que Justin y Max regresen, y las cosas sean tal como eran antes!
Me cegué por un momento por mi necesidad de regresar a mis hermanos a mi lado, así que solté esas palabras sin pensarlo mucho. Creí que aquello no sólo devolvería a mis hermanos a mi lado, sino que repararía el daño que había causado en el tiempo… Pero cometí un error.
· • · • · • ·
—Ya hablamos con recepción. Fue un poco difícil, pero logramos solucionar el asunto de las habitaciones. Cómo dije, es sólo dinero —papá nos sonrió en un intento por animar un poco el ambiente, y aunque Justin y yo le devolvimos la sonrisa, era fácil adivinar que no eran auténticas. Se dio la vuelta y yo me mordí el labio para evitar un sollozo. Nada estaba bien.
—Todo estará bien, Alex —Justin pasó su brazo sobre mis hombros apretándome contra sí, tratando de consolarme, tal como había hecho después de que Max y él regresaran, y se hubieran dado cuenta, como yo, que las cosas no habían vuelto a la normalidad.
«Hiciste lo que pudiste, Alex» me había dicho cuando me tiré a llorar nuevamente. «Seguimos sin tener padres, pero al menos seguimos aquí» Max, mi querido Max había tratado de ser optimista, de levantarme el ánimo al menos un poco ahora que me sentía como el peor ser humano del mundo. ¿Y cómo no sentirse así? No sólo había arruinado mi vida al desear que mis padres nunca se conocieran, había arruinado la vida de mi familia, o al menos la de mis hermanos, ¿Y todo por qué, por una… una estúpida fiesta con un chico mayor? ¿De verdad había causado todo este enorme lío por un capricho?
—No es así, Justin… Nada estará bien —volví a sollozar.
¿Cómo Justin me había perdonado por esto? Seguro que no lo había hecho. Seguro que, en el fondo, en un rincón de su mente que se negará a admitir frente mío, él aún está molesto conmigo por haber causado esto. Y no lo culpo, yo también estaba molesta conmigo, estaba al borde del odio propio.
—Papá… —el simple título se sentía incorrecto justo ahora; dolía—, Jerry tal vez arregló el problema con nuestro equipaje y nuestras habitaciones, ¿Pero eso qué importa? Siguen sin ser nuestros padres, y, sobre todo, siguen sin recordarnos.
Él pasó de estar a mi lado a estar frente mío, pero jamás soltó su agarre; posicionó ambas manos en mis hombros y me miró fijamente a los ojos. Él no se veía precisamente optimista en esta situación, pero en sus ojos podía darme cuenta de que en verdad estaba tratando.
—Pero están con nosotros. Nos creen y están dispuestos a ayudarnos…
—Por el resto de las vacaciones —no pude evitar interferir—, ¿Luego qué? ¿Luego a dónde iremos a vivir? Ellos nunca se conocieron, no viven juntos, tienen sus propias vidas en las que no existimos… ¡No recuerdan, Justin! —grité en un nuevo ataque de desesperación— ¡No tenemos un padre ni una madre! ¡No tenemos familia alguna! Nadie nos recuerda ni nos recordará, nosotros no… no existimos… Apuesto que incluso desaparecieron nuestros certificados de nacimiento… —sollocé—. No existimos.
—Ey, mírame.
Él apretó su agarre en los hombros, atrayéndome hacia su cuerpo levemente, pero yo no tenía la fuerza para mirarlo a los ojos. La culpa me estaba carcomiendo desde adentro, podía escuchar una vocecita molesta en el fondo de mi mente diciéndome «Tú lo provocaste. Le arruinaste la vida a toda tu familia sólo porque querías ir a una tonta fiesta».
Justin soltó mis hombros, y por un segundo me sentí perdida. No quería que me soltara, no quería tenerlo lejos desde que regresó. Estaba aterrada, ¿Qué haría yo si él y Max volvían a desaparecer, si volvían a olvidarme también? Pero el sentimiento de vacío que se instaló en mi pecho cuando soltó mis hombros fue remplazado por calidez, cuando sentí sus manos sujetarme las mejillas, obligándome a mirarlo directamente a los ojos.
—Alex, mírame —finalmente obedecí—. Existimos.
Él sonaba firme, decidido, seguro, pero esa seguridad no llegaba a sus ojos, que parecían comenzar a cristalizarse seguramente ante la idea de que, tal vez para el resto del mundo, no existíamos en realidad, sólo para nosotros.
—Estamos aquí, ahora, estamos juntos y nosotros no hemos olvidado. Eso es suficiente para saber que existimos —él soltó mi rostro, y volvió a poner sus manos en mis hombros—. Estaremos bien.
—¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? —en el fondo, anhelaba una esperanza de que sus palabras fueran realidad.
Él sonrió. Su sonrisa era una mezcla curiosa entre esperanza y tristeza.
—Porque estamos tú y yo, ¿Cómo no hacerlo?
Su respuesta estremeció algo en mi interior y mi mente voló hasta la primera vez que él me había dicho esas mismas palabras. Había notado algo curioso en los efectos de mi —maldito— hechizo, y era que incluso momentos ocurridos durante la búsqueda de la piedra comenzaban a disolverse en mi mente dejándolos como flashes de lo que bien podría haber sido sólo un sueño. No solo mis memorias antiguas habían sido amenazadas en desaparecer antes de mí, sino también las que comenzaba a acumular durante ese día. Pero ese momento en la selva junto a Justin, acogida por la improvisada choza que él había hecho y el calor del fuego, era algo que jamás se iría de mi mente y mi corazón. De alguna manera el ambiente se sentía muy similar; yo asustada de lo que pidiera pasar y él consolándome y prometiéndome que todo estaría bien. No me sentía capaz de creerle otra vez, realmente no quería hacerlo, pero si él todavía recordaba esa charla, si él no había sido tan afectado como Max por ese torbellino de tiempo, ¿No era esa una buena señal? ¿No era esa esperanza suficiente de que algo pudiera salir finalmente bien?
Aún hecha un lío de emociones y nervios, me lancé a sus brazos en busca de uno de nuestros típicos abrazos post-problema. Solo que esta vez se sentía diferente; esta vez el abrazo no era un símbolo de gratitud fraternal, esta vez solo había necesidad y miedo. Y yo no era la única que lo sentía.
