Todo parecía nostálgico.
Las calles vacías daban un claro ambiente de desolación, el clima nublado era una clara promesa de que llovería; era un día deprimente.
La gente buscaba lugares en la acera para estacionar sus autos y poder llegar al punto de reunión.
Pocos civiles estaban presentes en el mausoleo a la hora citada por los familiares de Piers Nivans.
Las voces en volumen bajo, los susurros incómodos y los abrazos de protocolo eran parte de la ceremonia.
Para la matriarca de la familia en cuestión le era difícil estar presente. No sólo debía llorar a su esposo quién años antes había perecido en el campo de batalla, ahora estaba presente en un acto antinatural al dejar ir el recuerdo de su hijo. Se mantenía de pie como un roble, consciente de que cada miembro de la familia Nivans había dedicado su vida a la noble labor de proteger a su país.
La muerte siempre será un tema difícil de afrontar y de la cual pocos quieren hablar, sin embargo desde tiempos antiguos el hombre ha rendido culto a sus muertos y eso se ha reflejado en sus diferentes rituales y tipos de entierro. La condición humana de seres finitos determina y obliga a caminar en un solo sentido; cada segundo que pase será irreparable un instante después. El tiempo aparece como una línea que une la vida con la muerte.
Josh Stone fue el primero en acercarse a Chris, pocos en la división de atrevían a dar unas palabras de apoyo al hombre que perdió todo durante la lucha contra el bioterrorismo; eso llamó la atención de sus más fieles compañeros, que sin pensar demasiado la situación se trasladaron al país del sueño americano con tal de acompañarlo después de los acontecimientos en Lianshang.
–No deberías estar aquí, Redfield. –Cuestionó el líder de la división de África al notar el estado delicado del soldado americano.
El capitán del equipo Bravo tenía una postura incómoda debido a los golpes recibidos durante la lucha contra el HAOS, aún se le veía las marcas del suero intravenoso en el dorso de la mano, la piel se mostraba opaca y lacerada por el sol por permanecer a la deriva en la cápsula de escape.
–Era el teniente de mi escuadrón. –respondió el militar de mayor rango estando al frente de la ceremonia.
Los hombres de la milicia y la familia allegada al occiso sabían perfectamente las intenciones del gobierno al hacer ese homenaje póstumo al joven Roger.
El féretro vacío con la bandera de los Estados Unidos cubriéndolo era la fachada perfecta para ocultar el hecho de que nadie pudo rescatar los restos del soldado que permanecían en el fondo del océano.
El acto solemne buscaba ayudar a los afectados a que pudieran asimilar y reconciliar la tranquilidad al resignarse sobre el final de Nivans. También evitar el que se esparcieran datos sobre lo acontecido en la base petrolera.
Contradiciendo el diagnóstico médico y a pesar de sus malestares físicos, Chris estaba presente por deber moral; la culpa y el auto castigo del que era preso le obligaba a afrontar sus acciones.
El militar caminó hasta llegar al lugar de la tribuna y comenzó el emotivo discurso: —Hoy veinte de julio del dos mil trece, estamos reunidos para recordar la vida de un memorable soldado; cuya existencia fue acortada tempranamente.
La madre del joven Nivans se mostraba devastada. Las ojeras enmarcadas en sus ojos y la falta de lágrimas demostraban que la matriarca ya había llorado suficiente. Unas palabras bien estructuradas no servirían para calmar el dolor de una pérdida tan significativa.
No muy lejos estaban reunidos Josh Stone, Sheva Alomar y Leon Scott Keneddy; quien representaba al departamento para el que aún trabajaba y que agradecía el acto valiente del soldado caído para salvaguardar la vida de Jake Muller.
Sherry y el hijo de Wesker nunca hubieran salido con vida sin la ayuda del equipo Bravo.
La ex compañera del capitán se mostraba consternada con lo acontecido. Desde la caída de Albert Wesker creyó que todo iría para mejor en cuento la erradicación del bioterrorismo.
Le dolía ver a Chris en tal lamentable estado físico y emocional.
La mujer de piel bronceada inició la conversación al notar que el rubio y su compañero parecian no querer estar en ese lugar.
–Se ve como la mierda y no es para menos. –Dijo al observar a Redfield como luchaba por mantenerse de pie. –Chris iba al campo de batalla con la única misión personal de hacer que todos sus compañeros regresarán con vida. Debe sentirse peor de cómo se ve al no haber podido cumplir con su palabra.
Kennedy sonrió de lado al escuchar tales palabras tan sinceras viniendo de una mujer de porte imponente.
–Sin ayuda de ambos la muestra de la sangre de Jake no estaría siendo estudiada en el Instituto Benford de Biotecnología.
La escala del ataque por parte de Neo Umbrella había llegado a afectar el mundo de maneras inimaginables y lo lamentable era que, aún no se habían recabado todo el recuento de los daños.
Sheva dirigió la mirada al rubio quien vestía de manera impecable en traje color negro que combinaba con una corbata gris Oxford.
–Hemos visto lo que las mutaciones hacen en casi cualquier material orgánico que toquen, no había nada que Redfield pudiera hacer o el joven pudiera aplazar para evitar perder la conciencia. –Respondió a Scott, quien ofrecía su brazo a la mujer para que pudiera apoyarse.
A Alomar le costaba caminar entre el césped debido a los tacones que portaba, así que aceptó soporte del agente de la DSO. Había sido una mala decisión llevar el calzado que combinaba con el Jumper negro pero le imposibilitaban el poder desplazarse con normalidad.
–Está tan comprometido con la causa que incluso vino a pesar de que casi muere por deshidratación. –Mencionó Josh sin apartar la vista de Redfield.–Ese bastardo es un hueso duro de roer.
El soldado aún luchaba para asimilar el porqué la misión había tenido un desenlace tan abrupto. Habían rescatado con éxito a Jake y Sherry pero detener al HAOS fue lo que determinó que él estuviera presente en el campo santo y no el joven teniente.
Estaba consciente de que su vida aún seguía hecha pedazos desde meses atrás y que este acontecimiento no ayudaría a poder armar lo que quedaba de ella, pero no sabía dónde ir o a quien acercarse. Piers era su amigo y su compañero fiel.
Lo mínimo que podía hacer era dar la cara a la familia del héroe que perdió la vida Aunque eso lo matara por dentro y por fuera, le parecía una catarsis para pagar sus penas.
Cada persona vive y siente el duelo según su idiosincrasia, personalidad y recursos. Evidenciando la gama del pesar, su intensidad y duración pueden variar según la personalidad y valor que representaba la persona perdida.
Vestía de manera elegante el uniforme de gala, mostrando todas sus condecoraciones en el pecho.
Aparentando valor, dignidad y honor; pero la realidad que vivía era diferente. La culpa lo asediaba desde aquel día en que Roger decidió sacrificarse para salvar a la mayor cantidad de gente y para que la BSAA no perdiera a su líder.
Dejó de lado las formalidades para sincerarse por el acto heroico del joven.
–Piers fue la clase de hombre que las personas lo querían como amigo por su integridad y carácter, eso no se podía fingir. Era un líder nato. –comenzó el discurso –Él debería estar en este atrio y no yo, estoy seguro de que el mundo sería un lugar mejor con Roger entre nosotros. –Hizo una pausa para aclarar la garganta –Piers era una gran persona, el mejor hombre bajo mis órdenes y un auténtico amigo. –mencionó al dirigir la mirada a la prometida de Nivans– él fue un héroe.
La voz del militar se escuchaba a lo lejos debido a los calmantes recetados por el psiquiatra o a las preguntas que rondaban constantemente por su cabeza, pero Kaia no quería oír al hombre que había llevado a Piers a su muerte. No era el momento de perdonar o asimilar lo que vivía.
La castaña llevó la mano derecha a sus labios para acariciarlos; como si el calor le hiciera recordar el último beso de su prometido. Su expresión desencajada, cabello opaco y piel pálida eran el resultado de días en vela. Para ese punto de la semana ya no podía seguir llorando, quizá que había acabado sus reservas de líquido en el cuerpo o porque sabía que llorar no traería de vuelta a Nivans.
Odiaba estar presente en una ceremonia falsa y que además tuvo que organizar para evitar que la memoria de Piers fuera mancillada por investigaciones sin escrúpulos.
Ambas mujeres cruzaron miradas entre los presentes.
Era inimaginable el pensar cómo se sentía quién pudo ser su suegra. La pobre Hellen había pasado por tanto y la vida la seguía golpeando.
Para la madre del joven no era fácil estar parada en ese lugar. La opresión en su pecho la dejaba sin aliento cada que trataba de respirar para seguir sollozando y le era imposible ver a Chris sin culpar de lo sucedido.
—Lo natural en la vida, es que los hijos entierren a sus padres. —dijo con la voz entrecortada al escuchar el discurso sobre su hijo.
Stone se acercó para tomar la mano de Hellen por miedo a que la señora desfalleciera a media ceremonia.
–Lo siento tanto. –mencionó el agente quedándose como apoyo mientras seguían escuchando a Redfield. –Si hay algo en que pueda ayudar, no dude en pedirlo.
El rubio meditaba sobre quienes pudieron perder la vida aquel fatídico día, pero al final fue el joven experto en el campo de batalla. Estaban en deuda con Chris y la división de la BSAA por haber pedido el rescate de los jóvenes hijos de los cientificos de Umbrella.
Chris no sabía cómo reaccionar en esas situaciones en las que no se tuviera trazado un plan, pero permaneció estoico, desconectado de sus emociones tal y como debía actuar un soldado. El ambiente que lo rodeaba era abrumador.
Sheva caminó en dirección de la pareja de Piers.
–Debería llevarte a casa de Roger, estarás más tranquila en ese lugar. –mencionó la agente de la BSAA después de ver la nula interacción entre Redfield y la joven.
Kaia titubeó antes de responder, las palabras no salían con facilidad de su boca.
–No hay lugar donde pueda sentirme de esa manera. –dijo de manera sincera la castaña. –pero aún hay pendientes que resolver.
Sheva estudió el comportamiento de la mujer quien aún se encontraba en shock.
–Lamento el que tuvieras que arreglar el funeral por ti sola. –mencionó tratando de apoyar a la afectada del incidente.
–Es algo que se debía hacer.–respondió sin ánimos – El servicio secreto pidió discreción y por eso hay poca gente reunida.
Alomar se arrepintió de haber comenzado esa conversación.
–Eres valiente por estar aquí. –dijo Sheva de manera sincera.
El sonido mecanismo hizo saber que las cadenas comenzarían a hundir el féretro en la fosa.
La madre del soldado tomaba un puñado de tierra para poder arrojarla a la zanja y así dar una despedida digna a la memoria de su hijo.
Kaia observó a la matriarca y continuó la plática con la integrante de la BSAA.
–Hay algo que jamás podré olvidar. –dijo la joven al ver como los presentes hacían lo mismo que Hellen.
Alomar estuvo atenta a lo que Withaker estaba por decir.
–La discusión que tuvimos antes de su última misión. Fue tan solo unos minutos antes de que saliera de casa. –dijo antes de derrumbarse y comenzar a llorar –¿En que pensaba? En lugar de gritar, debí decirle "te amo" o "regresa con Chris sanos y salvos" –Llevó las manos al rostro antes de cuestionar. –¿Cómo iba a saber que no regresaría a casa?
Alomar solo le dedicó un abrazo para reconfortar. No era cercana al joven que tomó su lugar a lado de Redfield pero todos en la BSAA conocían al dúo de la división de Estados unidos.
–Estoy segura de que Roger perdonó todo lo malo que pudieron discutir. –dijo Sheva para tranquilizar a la joven publicista.
El escuadrón de la BSAA estaba listo para dar el íntimo adiós al héroe que había salvado al mundo del inevitable ataque del HAOS. Dispararon al cielo veintiún veces en tres ocasiones siete soldados; mientras el capitán doblaba la bandera para entregarla en tributo a la madre de Piers.
La morena pudo notar como las descargas de las armas inquietaban a la frágil mujer. Por lo que contuvo a Kaia tratando de obstruir el campo auditivo de la joven.
Sheva llamó a Stone con señas para que le ayudara y este no tardó en seguir las órdenes de su compañera.
–Han hecho demasiado por nosotras. –agradeció en nombre de Hellen y suyo.
Una señal para auxiliar a la ex compañera de Chris Redfield. Era notorio que la presencia de los agentes aturdían a la pareja de Piers.
–No hay nada que debas agradecer –contestó Josh dando espacio a Withaker quien era llamada por los conocidos de la familia.
Al caminar Kaia solo podía pensar en lo difícil que sería manejar por los efectos secundarios del medicamento para controlar su cuadro de ansiedad.
"Mi más sentido pésame", "Era tan joven", "Nadie lo hubiera imaginado" eran frases que debía escuchar entre cada abrazo y apretón de manos. Su pulso era tembloroso y sus movimientos pasados. Tenía en el sistema la dosis para dormir un panda pero le ayudaba a mantenerse enfocada sin pensar en el dolor.
–Mierda... alguien debe recibir los arreglos florales y los bocadillos que Hunnigan envió en nombre del departamento. –dijo para sí mismo el rubio al ir en dirección de la castaña.
Ingrid había estudiado previamente a la joven. Kaia Whitaker de 26 años, hija única, publicista dedicada a la mercadólogia para campañas políticas e integrante del equipo del gabinete del partido Republicano. Razón por la cual estaba familiarizada con las reglas no establecidas ante un atentado y los secretos que se debían mantener para evitar el pánico colectivo.
–Sé que se te pidió mucho para este día. –habló al tomar la mano de Whitaker.
Ambas mujeres habían jurado ante la constitución el mantener el secreto de las condiciones en las que Nivans había perdido la vida a cambio de protección del gobierno ahora que el caso era clasificado.
–¿Conociste a Piers? –cuestionó la joven al encontrarse con el agente.
–Me apuntó a la cabeza con su MP-AF. –Respondió de manera sincera al meditar las circunstancias en las que había convivido con Nivans.
Ambos soltaron una risa nerviosa. Kennedy no podía decir mucho de esa misión y Kaia sabía de las limitaciones de los agentes de gobierno.
–¿Lo merecías? –volvió a preguntar.
Había protegido a quien pensaba que era Ada, había apuntado con su arma a un agente de la BSAA quien daba indicaciones de arrestar a la espía.
–Es probable. –respondió. –Gajes del oficio.
Armas biológicas, bioterrorismo, corrupción en las más altas estirpes políticas y todo recaía en un soldado con mala suerte.
–Sé a lo que Piers dedicaba su vida, lo que defendía y por quienes luchaba.
–Todos deberían saberlo. –el rubio soltó la bomba para tantear el terreno ante una posible simpatizante del mandato de Dereck Simmons.
–Pasará en su momento. –respondió al soltar el agarre del agente.
–La mujer con la que has hablado durante estos días ha enviado algo a casa de Hellen.
Más favores al gobierno que debía realizar, la joven comenzaba a dudar en si su carrera estaba bien focalizada.
–Descuida, yo me encargo. –dijo al alejarse camino al estacionamiento.
El homenaje llegaba a su fin y alguien debía estar lista para ser la anfitriona en la que era el hogar de Roger.
–En nombre de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, quisiera entregarle la bandera por la cual el oficial Roger Piers Nivans luchó. —Mencionó el capitán de la B.S.A.A, estirando las manos en dirección de la matriarca.
Para Helen Smith fue una tortura ver a los ojos al hombre que debía estar en el lugar de Piers, le dolía recibir una tela en lugar de un abrazo de hijo.
Le costaba resignarse a la idea de todo lo sucedido en la base submarina.
El personal del cementerio se acercó para esparcir concreto sobre la tierra removida y colocar la lápida con el nombre del soldado.
Poco a poco las personas comenzaron a ir al lugar donde se dieron cita con las mujeres de la familia Nivans.
Josh se retiró junto a Alomar y Hellen. La integrante de la BSAA aún no se sentía lista para tener una conversación con quién tiempo atrás había sido su pareja sentimental.
El mausoleo del joven caído en batalla acababa de ser colocado de manera impecable en mármol negro y blanco.
La reunión había llegado a su fin para dar inicio al terrible duelo.
El aroma a tierra mojada fue la primera señal de que el clima sería tempestuoso. Pocos segundos después las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer sobre la lápida.
Los presentes comenzaron a resguardarse dentro de sus autos y tomar camino a casa de los Nivans.
Las voces se alejaban del lugar, el aire comenzaba a silbar entre los árboles y la temperatura había descendido abruptamente.
Chris esperó a estar solo frente a la placa de su compañero para despedir a su amigo.
Peirs Nivans 8 de marzo de 1988-1 de julio del 2013.
"Querido hijo, amigo y soldado".
El simple hecho de leer aquella leyenda le dió un golpe de realidad. Piers habia muerto en batalla.
–Pudimos salir juntos de ese lugar. –Dijo para sí mismo recriminandose sin encontrar respuesta a lo pasado días atrás.
Se sentía abrumado por no poder mostrar vulnerabilidad, era un soldado y debía comprobarse como uno.
Paso disimuladamente la mano por el rostro ocultando esa faceta llena de luto.
La lluvia era el camuflaje perfecto para dejar salir todo aquello de lo que se arrepentía y culpaba.
Le dolía el cuerpo, el pensar, el respirar con tres costillas fisuradas, le dolía el alma y ese vacío era muy poco probable de llenar.
Repaso la mano por su cabello y rostro para asegurarse de recordar cómo llorar y en efecto lo hacía.
–Claire y Sherry me pidieron cuidar de ti. –interrumpió el rubio acercando una sombrilla al experto militar.
Solo pedía un minuto de paz, un minuto de silencio, un minuto en el que pudiera sincerarse ante los recuerdos de su compañero.
–Vamos, León. No me jodas. –exclamó el soldado.
Necesitaba ese instante como catarsis para poder reencontrarse.
–Dile a tu hermana, fue quién insistió en que alguien estuviera al pendiente de ti. –continuó el rubio.
Complicada posición para el agente el pretender ser amigo de la mujer que amaba y cuidar a un hombre en sus cuarentas con crisis de identidad.
–Lo correcto era mandar a Neil. –exclamó frustrado.
Su hermana ahora estaba en Suecia y bajo orden estricta de permanecer en las instalaciones de TerraSave hasta nuevo aviso de las autoridades.
–Directo y sin anestesia. –Respondió el rubio a sabiendas de que la agresividad de Chris era aceptable. –Lo merezco.
Había entrado a la cueva del lobo, un lobo herido y a la defensiva.
–No estoy de humor, Leon.
La situación entre ambos aún era áspera desde el último encuentro en Lianshang.
–No fue tu culpa, fue decisión del chico. Es tu deber tratar de superarlo en nombre y memoria de tu compañero. –dijo León al militar quien seguía bajo la lluvia.
Redfield sentía merecer todo el dolor e incómodidad que la existencia le regresará como castigo.
–He dejado una familia quebrantada por mis pésimas acciones. –respondió para ser juzgado.
León acercó de nuevo la sombrilla para evitar que Chris siguiera a la intemperie.
–Todos cometemos errores.
–¿Sabes que tan miserable fue el tener que decirle a su madre el cómo murió su hijo?–preguntó Redfield buscando una respuesta en la mirada del agente –Ni siquiera puedo ver a lo ojos a su prometida.
–Es una joven fuerte. –mencionó Keneddy al recordar la actitud minutos antes de Kaia.
Ambos quedaron frente a la lápida esperando el momento justo para ir camino a casa de Hellen, León estaría dando apoyo hasta donde su moral le permitiera.
–Fui quien hizo la llamada a Withaker, después de eso tuvo un colapso nervioso y terminó en emergencias.–explicó arrepentido y recordando aquella plática desde el hospital. –Esa pobre mujer tuvo que arreglar una ceremonia fúnebre sin el cuerpo de su ser querido.
Era demasiado pronto para pedir una resolución a lo acontecido; pero para Leon, Chris necesitaba ver el lado positivo después de lo sucedido en la base submarina.
–Sherry y Jake están a salvo en el cuartel general. Salvaste sus vidas y la de millones de personas.
–Si hice lo correcto ¿Por qué me siento como una mierda?
–Es una sensación que no se irá inmediatamente. Habrá días donde te sigas culpando por lo que pudo ser y habrán otros donde dejaras ir tus culpas. –respondió con sinceridad al referirse a su vida personal. –No puedes regresar el tiempo y enmendar lo que hiciste, solo puedes seguir adelante con tu vida hasta que un día vuelva a tener sentido.
–Terminemos con esta farsa de funeral. –Respondió Chris al tomar la sombrilla dispuesto a ir al último punto de encuentro.
Kaia se encontraba aterrada con la poca concentración para apenas aparcar de manera acertada en la acera en medio de un ataque de ansiedad al tener palpitaciones, falta de aire y mareo como los síntomas que la agobiaban.
La presión del gobierno era frustrante y la ausencia del joven era abismal, estaba en una montaña rusa de emociones las cuales no podía controlar.
Se atormentaba al pensar en todas esas acciones que no hizo para evitar el final trágico de Nivans, se imaginaba los últimos minutos del joven o todo el sufrimiento agonizante por el que atravesó antes de morir.
Sacó las pastillas del frasco que llevaba en su bolso y giro la tapa del vodka recién adquirido en una tienda camino a casa de Hellen.
No se consideraba una mujer valiente como para escribir un mensaje de despedida a todos sus seres queridos que aún quedaban.
El miedo y la incertidumbre se habían apoderado de su manera de actuar. Se sintió aterrada por lo que estaba por hacer.
El teléfono la hizo salir de ese lugar oscuro para notar el mensaje de los repartidores pidiendo una explicación de la dirección de la casa de Hellen.
Aún tenía pendientes que debía cumplir por honor y lealtad.
Recordó a Piers y el cómo había permanecido a su lado. Sus promesas de no faltar y nunca fallar para hacer del mundo un lugar mejor.
Se sintió estúpida al pensar el tomar la salida fácil y el cómo se sentiría Roger. Y así fue como comenzó a regar el contenido de la botella fuera del vehículo.
— Sólo quería envejecer a tu lado viviendo en el mundo tranquilo por el que luchabas. –Dijo para sí misma mientras veía llegar a los floristas y ellos dejaban los arreglos fúnebres para armonizar el lugar.
La velada sería larga al tratarse de un joven querido por la comunidad y los detalles no dejaban de llegar para dar el pésame a la familia.
Kaia estaba frente a la puerta guiando a los ayudantes para llevar las guirnaldas a la sala de estar y colocarlas a los lados del retrato de Piers.
El color negro desfilaba como si una regla de etiqueta aminorara el dolor.
Los pensamientos de la joven no la dejaban tranquila. Las últimas palabras que escuchó Nivans fue sobre evitar tener sexo hasta que el teniente decidiera si estaba listo para formar una familia.
Las personas continuaban con la etiqueta de abrazar a las mujeres a las que Piers dejaba vulnerables.
–Muchas gracias por venir. – decía con tono afable la matriarca de la casa mientras una fila de apenados hombres tomaban uno a uno su mano.
Debía permanecer fuerte por la memoria de sus seres queridos, al contrario de la joven que se encontraba alejada del tumulto.
Helen juzgaba en silencio a la afligida mujer de cabello castaño quien le devolvió la mirada a modo de súplica para que la alejara de las personas que se acercaban a ella.
–Estamos con ustedes– dijo la hija de Jane, su compañera de canasta. Haciendo que esas palabras la sacarán de sus pensamientos.
Era turno de la publicista para recibir todos esos apretones de mano y abrazos de los presentes.
Odiaba todo en esa reunión, desde las personas que asistirán por morbo, hasta la fotografía del soldado. Él no regresaría jamás y eso la destrozaba.
No llegaría a salvarla con alguna excusa para alejarse de la gente mayor que solo asistía para tener tema de platica al siguiente día.
Josh y Sheva estaban en el marco de la cocina viendo la imagen completa de la situación.
–Honestame, no creí verte hoy aquí.
–Supe de la muerte de Piers justo después de que el equipo de rescate encontrará a Chris a la deriva. –Dijo Alomar al estar dentro de la cocina ayudando con los bocadillos para los presentes –ese joven hizo de todo para encontrarlo y llegar al fondo de lo que trataba Neo Umbrella.
–¿Por qué aceptaste venir?
–Por estúpida, Jill me pidió no dejar a Chris y ya sabes como está la situación entre ellos dos.
–Ambas lo querían y terminaron siendo amigas. –Dijo con sinceridad el soldado.
–No puedes estar detrás de alguien por siempre y Chris es un lobo solitario.
