Este fic es una petición. La demandante ha pedido anonimato para protegerse. Igualmente, muchas gracias por pensar en mí para esto y por ayudarme =D


Advertencias: Contiene altas rachas de OOC, una OC chismosa, pareja Homosexual, pareja con derecho a.

Advertencia en parejas: Este fic es SasuNaru, pero contiene SakuSasu y HinaNaru (cuando los pongo de este modo es porque los chicos no corresponden a la chica y el amor proviene más de ellas que de ellos). También se hace mención al BoruSara.

Nota: Este fic es un solo capítulo, pero, con permiso de la demandante, puede estar enlazado a otro que tengo en mente en un futuro. También NaruSasu o SasuNaru. Como siempre, los links, de publicarse, estarían en mi perfil de Imaginación Fanfiction en Facebook.


Sesiones


NaruSasu Fanfiction


Sesión 1

La mujer se sentó con cierta cautela tras darle una mirada de reconocimiento. Su nombre y profesión se mostraba en la placa de la entrada de su despacho y sobre la mesa del escritorio. La vio cruzarse de piernas después de tomar una libreta, la cual abrió y empezó a escribir antes si quiera de que él hablara.

El sofá era algo incómodo para un hombre tan grande como él y una taza de té se enfriaba en la mesa entre ellos. No había un diván como en las películas ni caramelos.

—Sasuke Uchiha —nombró la mujer—. Ya he leído las respuestas de su test inicial y, por supuesto, los que hicieron de ti antes y después de la guerra. Permíteme que estos últimos los tire a la basura, pues pienso que el hombre que tengo hoy delante es muy diferente del adolescente y del niño sepultado por el dolor de una infancia rota. Además, no viene a tratar esos temas. Me sorprende, en realidad, que sea un asunto amoroso. Y a la par, he de añadir, no lo hace.

Sasuke se cruzó de brazos sopesando sus palabras. Rellenar el test le había parecido una idiotez, aunque a la vez, entendió que era mucho más fácil que poner en palabras reales la situación. Que la mujer fuera tan capaz ayudaba mucho. Sakura se la había recomendado y dudaba que se equivocara en esos temas.

—Su caso en cuestión, según ha respondido, estaba casado hasta hace poco. Vuestro enlace sigue siendo algo sexual y comparten la custodia de su hija sin problemas. Parece que la separación es un lujo, en este caso. ¿Ella está de acuerdo con todo esto?

—Sí.

—¿Incluso en el tema sexual?

—Sí.

La mujer asintió mientras él fruncía el cejo. ¿Cómo iba a tomar algo tan privado forzosamente? Sakura lo destrozaría antes de intentarlo si quiera y, desde luego, no era algo que él hiciera.

—¿Tiene problemas durante el sexo? ¿Alguna dificultad para despertar?

—No —respondió tras meditarlo—. Nunca.

—Pero sólo sientes atracción sexual con ella. No ocurre con ninguna otra mujer.

Lo sopesó un poco más. Pensó en las únicas con las que tenía más cercanía. Karin le incomodaba por no decir que le aterraba, aunque esto se había aplacado mucho en ese tiempo. Y Ino, quien fue una de sus seguidoras, pese a ser reconocida como una belleza por muchos hombres, él se sentía frío e indiferente hacia ella.

—Exactamente. Sólo Sakura.

—Sin embargo, ya no sientes ese amor romántico de antaño.

—No, ya no.

—Pero la aprecias lo suficiente como para tener relaciones sexuales con ella.

—Sí. Respeto. —Porque Sakura había sido muy paciente con él, más de lo que otros podrían tolerar—. La quiero, no profundamente.

—Un cariño alto para ser capaz de unir sus cuerpos, pero no su corazón.

—Así es.

La mujer asintió y cuando terminó de escribir, volvió a mirarle.

—Bueno, no es raro que algunas parejas se separen y, hasta que una de las dos enfoque un nuevo sendero amoroso, se ayuden con temas sexuales sin ningún tipo de implicación romántica. Mucha gente suele llamarles amigos con derecho a roce. En vuestro caso, os une mucho tiempo juntos, experiencia en la cama y, por supuesto, vuestra hija. Os hace compatibles. Y no debería de ser realmente malo. Sólo debes de darte un tiempo en encontrar a esa persona que te haga sentir lo que ella te provocaba en su momento, o en caso de Sakura, alguien se lo haga experimentar a ella. Porque respetará eso. ¿Verdad?

Asintió pensativo. Desde luego, tenía bien claro que no aceptaría a alguien que fuera peligroso para ella o que no la valorase. Y, por encima de todo, que fuera capaz de hacer algún mal a su hija.

—Entonces. Es ahí cuando llegamos a la bifurcación del problema. Y no te preocupes, que esto no saldrá de aquí. Puedes estar tranquilo.

Cabeceó una vez más y cruzó las piernas.

—El Hokage —nombró ella y eso, hizo más real el asunto—. He de decir que ya forma parte de los libros de historia de Konoha el hecho de que el séptimo movió cielo y tierra por ti, que logró alianzas y plantó cara a las disputas por protegerte y devolverte al lugar que pertenecías. No sería extraño que el lazo que ya os unía se profundizara. Y tampoco debería de avergonzarte o molestarte que ese lazo pasara a ser algo más profundo como el tema amoroso. Además, he de decirte que hay personas que pueden amar a dos a la vez. A una más que otra, como es tu caso. Pues quieres a Sakura, por lo que fue, fuisteis y sois, pero con Naruto Uzumaki es más especial vuestro vinculo. Y, cuando pregunté por qué, has respondido…

Tomó la hoja con sus respuestas.

Ambos estamos conectados por encima de todo lo que la humanidad es capaz de comprender. Bueno, he de decir que las respuestas tienen que ser actualizadas y menos de telenovela —se disculpó. No podía juzgarle, esa parte era como un test, así que simplemente respondió la que más se asemejaba a sus sentimientos—. Esta respuesta describe que lo vuestro es una unión por encima de lo explicable, con palabras y profundamente arraigada en vuestra alma.

—Sí. —Aunque él no habría sido capaz de expresarlo, por supuesto.

—Sin embargo, tenemos aquí un problema. Cuando pregunté qué os impedía estar juntos, has respondido: está dominado por otra persona. ¿A qué te refieres?

—Hinata Hyûga —respondió sin reparos.

—Bueno, ella es su esposa.

—Sí —confirmó irritado—. Y actúa como si fuera su dueña.

La mujer elevó levemente las comisuras.

—Ese es un poder que te otorgan los votos de cierta forma. Al fin y al cabo, ellos pasaron un ritual llamado casamiento.

—Indiferente —descartó—. Estuve casado. Nunca se me habría ocurrido hacer lo que ella hace con Sakura.

—Quizás… porque usted no tenía miedo de que alguien le pudiera quitar a Sakura —puntualizó ella subiéndose las gafas—. Hinata Hyûga es una persona muy tímida y temerosa. Buena, desde luego, pero no perfecta. Es un ser humano como otro cualquiera y tiene sus propios demonios. Según tengo entendido, luchó con ustedes muchas veces, especialmente, en la cuarta guerra.

—¿Estaba allí? —cuestionó con total sinceridad que provocó que la mujer abriera la boca por la sorpresa.

—No me diga que ni siquiera se fijó en eso.

—No —reconoció algo incómodo—. No era de mi interés. Ella siempre estaba tras las sombras o oculta entre los demás. Se escondía, acechaba. Una buena ninja —halagó—, pero con un propósito erróneo.

—¿Qué quieres decir?

—Naruto estuvo enamorado de Sakura muchos años. La ignoró totalmente. Necesito de un alíen secuestrándola para que él reaccionara. Aprovechándose que yo no estaba y él dejó de enfocarse en mí.

—Debieron de pasar ciertos patrones para que llegaran a ese punto, Sasuke. Y si, como dices, tu ausencia afectó. ¿Qué esperabas al irte de él? ¿Qué te siguiera? ¿Qué pronunciase las palabras de amor correctas para detenerte?

—No —reconoció—. Las esperaba entonces de Sakura. Sin embargo, no habría sido una molestia si él lo hubiera hecho.

Se sorprendió a sí mismo por ser tan sincero. La mujer, sin embargo, no le juzgó. Asintió pausadamente.

—No obstante, Naruto Uzumaki no lo hizo. Continuó su vida en Konoha mientras usted divagaba por el mundo disfrutando del amor que Sakura le otorgaba. Fue al regresar y descubrir que Naruto estaba interesado en aquella a la que ignoró por mucho tiempo que empezó a comprender que quería a dos personas de la misma forma.

—Sí.

—Y ahora, el amor que sentía por la primera está aplacado por los sentimientos hacia Uzumaki, que se han vuelto más intensos al paso del tiempo. ¿Quizás porque no lo ha tenido nunca?

Sasuke guardó silencio para rememorar. La mujer elevó ambas cejas, una después de otra al comprender.

—Oh —exclamó—. Usted ya le ha probado. Ha estado con él. Conoce el sentimiento de estar en sus brazos.

Se tomó un momento antes de responder.

—Sí.

No iba a dar muchas explicaciones, porque consideraba que eso era algo más de Naruto y él. Fue algo inesperado, algo que comenzó con un simple roce de sus dedos cuando le entregó un pergamino con información importante. Sasuke, más consciente del roce, cerró el puño hasta que sus nudillos se pusieron blancos y tras observarle mientras movía las manos por el pergamino, abriéndolo y sosteniéndolo mientras leía, se percató de que quería esas manos por partes que nunca habían estado.

Esas manos que habían tocado a esa mujer.

Como si su mutismo fuese algo fuera de lo normal, Naruto había levantado la mirada hacia él y se levantó tan rápido y ágil como sabía que era. En un momento estaba a su lado, con su mano sana sobre su frente. Le preguntó reiteradas veces si tenía fiebre y él se negó, pues sabía perfectamente que era cosa más del deseo que lo que preocupaba al Uzumaki.

Esa cercanía bastó para que ambos se estudiaran un poco más y Sasuke fuera consciente de que el límite era ese, la exposición de sus deseos no podía esclarecerse de esa forma. Así pues, cuando Naruto hizo otro movimiento lo encontró tan inesperado que no fuera capaz de retener su voz para nombrarle o dar un paso atrás, uno, que enseguida abarcó de nuevo el Hokage.

Entre los besos y las cercanías, en el juego de retroceder y acercarse, Naruto no se detuvo. Con un clon, cerró puertas y ventanas y en un instante, sus besos se colmaron de súplicas que le permitieran despojarlo de su ropa y disfrutar de su desnudez.

La consciencia en su mente se fue completamente de vacaciones y el ansia del deseo cubrió la vacante, cuando con su mano, de dedos torpes, lo desnudó a la par. No estaba seguro de cómo podría exponer las palabras exactas a la sensación. Durante muchos años él había poseído a una mujer, se había adentrado en lugares ocultos y perfectos para su miembro. Y, en ese momento, permitió que Naruto Uzumaki lo tomara a él. Fue doloroso y sorprendentemente placentero hasta el punto de preguntarse por cuánto tiempo sería capaz de soportar tal unión.

Ni siquiera podría reconocer los niveles que aquella primera vez con él causó en un orgasmo que fue capaz de derrumbarlo, como si de una simple doncella se tratase. Naruto lo ahuecó entre sus brazos, besó su cuerpo una y otra vez. Ni siquiera tuvo reparos en meterse su miembro en la boca aún incluso después de eyacular.

—No necesita describírmelo —concedió la mujer al notar su silencio más como incomodidad que otra cosa—. Pero parece que fue realmente intenso. ¿Eso marcó totalmente la determinación de su deseo hacia él?

—Sí.

—¿Y del Hokage?

—Naruto no es de los que dice que te ama si no es sinceramente. Aprendió, como yo, que abrir tu corazón puede resultar doloroso. Sólo lo expone cuando realmente es capaz de entregarlo.

—Entiendo. Supongo que hablaron de ello.

No. En realidad, no. Después del sexo él se marchó para hablar con Sakura y Naruto y él no volvieron a reunirse hasta la siguiente semana. Un día donde, de nuevo, sus cuerpos se desearon más que las palabras.

—Es complicado.

—Claro. He de suponerlo. Hay un matrimonio y dos hijos, en este caso.

—Es Hinata —recalcó—. Naruto es consciente de cuánto lo ha amado y cuánto ha sufrido por él. Ella sabe, si bien no por las palabras de Naruto, que entre nosotros hay algo que no puede frenar. Y le da miedo enfrentarlo.

—Al Hokage también, al parecer.

—Sí.

—¿Le parece bien que le haga esperar? Porque imagino que ahora mismo usted ha quedado relegado al puesto de amante.

—No —negó encogiéndose de hombros—. Sigo con Sakura, ocupo su cama.

—¿Imagina a Naruto cuando está con ella? —preguntó sin tapujos la mujer.

—No —negó frunciendo el ceño por tal pregunta. Le parecía estúpida—. Naruto es como es y Sakura es como Sakura. Ambos son diferentes.

—¿Sakura sabe lo suyo con Naruto?

—Sí.

—¿Y cómo se llevan entre ellos?

Lo sopesó.

—Nada ha cambiado. Siguen igual. Son amigos.

Los mejores, seguramente.

—Interesante. Que ellos, que están enlazados contigo, no se odien, es un gran punto a favor. Sakura y Naruto te quieren muchísimo, Sasuke. Por lo que puedo apreciar de tus respuestas.

Asintió sin dudarlo.

—Por eso me sorprende que él decidiera casarse con ella.

—Hinata Hyûga —puntualizó la mujer—. ¿Has sopesado que Naruto se cansó de esperarte? Y que, quizás, el hecho de saber que entre tú y Sakura las cosas iban bien, decidido apartarse. Las personas no pueden comprender lo que sienten otras si no hablan. Es como cuando las mujeres esperamos que los hombres nos entiendan con una simple mirada malhumorada, cuando podrían existir mil razones para enfadarnos.

—Sí —confesó rascándose el mentón—. Sin embargo, no tuvo reparos en besarse en la luna. Ni en casarse poco después. Yo estuve allí ese día. Le vi. Nos vimos. Sakura ni siquiera estaba presente. Esperaba que le felicitara, igual que el día de su boda.

—¿No lo hiciste?

—No en persona —respondió encogiéndose de hombros. Fue Sakura la que recibió el águila y la que entregó el mensaje—. La amabilidad de Naruto hacia esa mujer no la comprendo.

—¿Los celos podrían estar nublando tu mente? Es una posibilidad.

—No —negó concienzudo—. Simplemente no comprendo cómo puede estar tan ciego. Seguir atado a lo que no desea.

—Ama a sus hijos.

—No a su esposa —recalcó—. Yo no amo a Sakura como ella espera. Ni la amo tan profundo como a él. Nos hemos separado. Tenemos una hija en común. Él sólo tiene una más.

—Las personas necesitan dar sus pasos con su debido tiempo —reflexionó la mujer—. Naruto quizás necesita mucho más del que crees. No puedes olvidar que es un hombre importante. Es el Hokage ni más ni menos.

Sasuke rechinó los dientes.

Sakura le había contado el oscuro secreto tras la presentación como Hokage. Realmente no tenía nada contra los hijos de Naruto, eran una parte de él y los amaba. Especialmente, a Boruto. Sin embargo, Naruto sufrió mucho en su vida para perdérselo.

—¿Por qué no meditas sobre esto? Podremos vernos en la siguiente sesión.

Sesión 2

—Ha pasado más tiempo del que esperaba para volver a vernos. ¿No querías venir?

—Sí, quería. Tengo misiones —recalcó mientras intentaba encontrar la postura en el sillón—. He pensando en ello —dijo antes de que ella lo preguntara.

La vio subirse las gafas.

—Cuéntame.

—Investigué —empezó—. No hay ninguna ley que prohíba al Hokage divorciarse. Sin embargo, sí hay efectos colaterales de tener un amante. Se lo dije.

—¿De verdad? —cuestionó sorprendida—. ¿Qué te dijo Naruto?

Se frotó el vientre con cierta molestia. Todavía le dolía el puñetazo.

—Que Hinata necesita de él.

—¿En qué sentido?

—Eso pregunté —gruñó—. En realidad, no me importa que se acueste con ella por necesidad, como sucede conmigo y con Sakura. La diferencia es que yo sí me siento satisfecho cuando estoy con Sakura. Él no cuando está con Hinata.

—Espera. —La mujer se dio golpecitos con el bolígrafo en los labios—. ¿Quedarte satisfecho no evita que estes al cien por cien con él?

—No. Para mí no —indicó con suma tranquilidad—. Nunca he tenido problemas, como ya le dije, de erección. Ni con Sakura ni con Naruto.

Ella silbó sorprendida.

—Ya veo por qué tu clan era tan… poblado —murmuró. Luego respiró entre dientes y le miró—. Entonces. ¿Cómo llega a la conclusión de que Naruto no queda satisfecho?

—Él mismo lo dijo. Luego se enfadó y me golpeó por obligarle a hablar así de la madre de sus hijos.

Se frotó el ceño, frustrado, antes de continuar.

—¿Por qué cree Naruto que Hinata necesita de él?

—Por la importancia del clan. Si se separaran, todo lo que pensaban de ella caería de nuevo sobre sus hombros.

—¿Lo que pensaban de ella? Es una mujer fuerte, que marcó su camino y tomó sus decisiones. No le importó arriesgar su vida por su hermana. ¿Acaso no valoran eso?

—¿Quién sabe cómo piensan? Igual es una mentira para atarlo. No lo sé.

—¿Y si fuera ella la que decidiera separarse?

—¿Ella? —La miró como si acabara de salirle un besugo por cabeza—. ¿Acaso no ha escuchado mi conversación inicial?

—Sí, perdón —se disculpó algo azorada—. Lo recuerdo. ¿Qué planeas hacer? Porque pareces el tipo de hombre que expondría un ultimátum.

Se encogió de hombros. En realidad, lo había pensado. Sakura le recomendó no presionar a Naruto y se ofreció a hablar con él. Sasuke todavía no se lo había afirmado.

—La que molesta en todo esto es Hinata —reflexionó—. Ella es a la que debería de exponerle el ultimátum.

—¿Sabe lo vuestro?

—Lo extraño es que no tuviera conocimiento de ello —respondió poniéndose tranquilamente en pie—. Está enamorada, no ciega.

—¿Te marchas?

Sin responder, cerró la puerta tras él.

Sesión 3

—Me ha echado.

La mujer dejó su taza de café sobre la mesa entre ellos. Sasuke la tomó y dio un sorbo. Se sentía algo más cómodo, aunque odiaba ese sillón.

—¿Naruto?

—Hinata.

—¿Por qué exactamente y de dónde?

—De su casa —respondió hastiado—. Fui de visita inesperada. Ellos estaban en casa. Ambos. Boruto también. Es mi alumno. Lo tomé como tal. Me recuerda bastante a su padre cuando niños.

—Pero no fuiste allí por él.

—No, claro que no —confirmó antes de dar un sorbo. Arrugó el ceño. Tenía demasiado azúcar—. Le dije que dejara a Naruto.

—¿Sin más? —exclamó la mujer dando un respingo en el sillón, que crujió bajo su peso—. ¿Cómo se te ocurre?

Él elevó una ceja.

—La sutileza no es una de mis virtudes. Naruto lo sabe. Por eso estaba pálido cuando me vio. Reconoció mis intenciones. Tampoco hizo nada por detenerme. Tampoco la detuvo a ella cuando me expulsó. Es contradictorio.

—O inteligente.

Esa vez, tenía su completa atención.

—¿Por qué?

—Bueno. Usted acababa de allanarle el terreno. Necesitaba hablar con su esposa y ver a donde llevaba todo eso. Mejor que ella descubriera de raíz por otro el tema y no por él.

—Porque yo ya he sido el malvado de la historia antes.

—No me refería a…

—Es cierto, no hay que enterrarlo bajo arena.

La mujer suspiró y él dio otro sorbo de café.

—¿Qué piensa de esto Sakura?

—Me regañó —reconoció algo irritado—. Porque eso afectó a Sarada. Mi hija es compañera del hijo de Naruto. Creo que algo más. Así que, si Boruto está alterado, Sarada sale afectada de alguna forma.

Se encogió de hombros.

—También lo hizo por mi impaciencia. Quería hablar ella con Naruto. Incluso con Hinata. Dijo que tiene más sutileza que yo.

—¿Y no tiene razón?

—La tiene —reconoció—. Ha madurado mucho de cuando éramos niños. Ve el mundo que yo desconozco por estar siempre fuera y solo. Me conoce bien. Sabía que no tendría paciencia para Hinata.

—¿Cómo puedes no tenerla? —preguntó ella encogiéndose de hombros—. Así como respetas a Sakura, por qué no puedes hacerlo con ella. Ama a Naruto y quiere lo mejor para él.

—Si fuera así, lo dejaría para estar conmigo. Porque sabe que la mentira de estar con ella no le hace bien. Sin embargo, es egoísta.

—Simplemente no quiere que su casa se convierta en el desastre que has dejado al ser expulsado.

—¿Soy el malo? —preguntó ladeando la cabeza—. Sí, es mi papel siempre. Como ya hemos dicho. No puede esperar otra cosa de mí. Siempre he sido educado con ella, por Naruto. La he tolerado que fuera colgando de su brazo y les he visto besarse muchas veces pese a que me molestaba.

—¿Y a Naruto no le molesta ver lo mismo contigo y Sakura?

—Nunca lo ha dicho —sopesó—. No, al menos, después de aceptar que ya no la amaba.

—Creo que Naruto es consciente del tipo de relación extraña que tenéis tú y Sakura y lo acepta. ¿Se te ha ocurrido pensar que esperaba lo mismo de ti?

—No puede esperarlo. Sabe cómo soy y me ama así.

—¿Te lo ha dicho?

—Sí. Ya se lo dije.

Empezaba a cuestionar la fiabilidad de esa psicóloga.

—¿Tienes una expectativa de cómo va a evolucionar esto?

—Naruto será libre para estar conmigo. No puede existir otro camino.

Sesión 4

—¿Qué tal ha resultado todo? No le veo feliz.

—No lo estoy.

—¿Quieres hablar de ello?

—Para eso vengo —respondió tomando uno de los caramelos del nuevo cuenco y apretándolo entre sus dedos.

Lo aplastó como si fuera simple papel.

—Ese idiota es el más idiota del mundo —dijo—, su esposa terminó rogándole que no se separaran y ha accedido. Dijo que tendría que haberle visto la cara, estaba destrozada.

—¿Y no notó lo destrozado que estaba usted?

—No.

—Porque no se lo mostró o porque él no quiso ver.

—Lo último, no lo sé —explicó algo desconcertado. ¿Realmente había mostrado cuán de doloroso era que Naruto continuara aferrándose a eso? —No hay más ciego que el que no quiere ver.

—Eso es verdad. ¿Qué le parece si le ofrece usar mis servicios? —ofreció.

Sasuke lo encontró interesante.

Sesión 5

—No sé por qué te tienes que negar tanto a esto —protestó dándole codazo para que se echara más hacia el otro lado. No era fácil acomodarse con su trasero casi encima de sus caderas.

—Porque tengo mucho trabajo y no necesito esto, teme —protestó Naruto ignorando su toque y cruzando las piernas, acomodando más su trasero contra él—. ¿No tiene sillones más amplios?

—¿Para que no note que eres gay? Ella ya lo sabe. Por eso estás aquí.

Naruto dio un respingo para ponerse en pie.

—¡Maldita sea, Teme! ¿Cómo se te ocurre esto? ¡Me has engañado! Y no soy Gay.

—¿Qué ocurre?

La mujer se asomó, asustada. Ambos se separaron. Naruto volvió a sentarse a su lado, refunfuñando.

—Le he mentido —comenzó antes de que ella se sentara y empezara a llenar de halagos a Naruto, como solían hacer todos frente al Hokage—. Le dije que esto era por Boruto.

—Sasuke —aseveró la psicóloga frunciendo el ceño—. La idea de la verdad es algo que has mantenido hasta ahora. No la cambies.

—¿El camino de la sinceridad? —cuestionó Naruto frunciendo el ceño—. ¿Así es como se llama que destruyera mi matrimonio?

Esa vez, ella se volvió hacia el Hokage.

—Perdone, señor, si voy a ser descarada, sin embargo, permítame hacerle una observación. En el momento en que usted compartió algo más que palabras con mi paciente, fue usted mismo quien rompió su matrimonio.

Naruto le miró con la boca abierta.

—¿Le has contado eso?

—Todo.

—Idiota —blasfemó Uzumaki pasándose las manos por la cabeza—. Eres un idiota.

—Señor Hokage, no tiene que preocuparse. Esto no saldrá de aquí nunca. Es mi trabajo —puntualizó la mujer—. Y sinceramente, considero que usted necesita ayuda también en esto.

Naruto clavó la mirada en ella por un momento.

—Es su culpa.

—¿Realmente quiere escudarse de esa forma? ¿Sus sentimientos le hacen sentir culpable? Pero hace tiempo que los posee. ¿Verdad?

—No me diga usted también que lo de perseguirle era una excusa —protestó irritado—. Mire, es mi amigo. Lo haría por cualquiera. Por Shikamaru, por ejemplo.

—Es su mejor amigo —indicó Sasuke encogiéndose de hombros. —Hasta él se ha dado cuenta de lo que hay entre nosotros y no ha creado ningún terrorífico problema. Le da demasiadas vueltas al asunto.

—¡No se lo doy! ¡Tengo familia!

—Sasuke también.

—¡Mi esposa podría sufrir desprecio por su familia!

—La de Sasuke también.

—¡Mis hijos no lo pasarían bien! Tengo una hija demasiado pequeña para comprender todo esto.

—No subestime los problemas que podrían ocasionar también a una joven adolescente que pasaría de tener a sus dos padres juntos a no tenerlos y, encima, aceptar que su padre está interesado en el hombre que admira, señor Uzumaki. Y si mal no recuerdo, sus hijos están juntos. Afectaría mucho más a esa niña de lo que cree.

Naruto se puso en pie.

—¡Soy el Hokage, tengo que dar ejemplo!

La mujer se inclinó hacia delante.

—No hay ninguna ley que le prohíba divorciarse, señor, además, aunque sea una minoría, ¿las personas que se han divorciado no tienen voz ni voto en esta ciudad que usted mismo protege o es censurable para usted su existencia por haberse separado de un matrimonio que, claramente, no les hacía feliz?

Naruto cerró la boca con tanta fuerza que sus dientes crujieron.

—No sabe lo mal que lo pasaría Hinata. Ella me ha amado durante muchos años.

—Usted amó a Sakura durante mucho tiempo, pero ella continuó enamorada del mismo hombre porque el usted está sintiendo ahora mismo cosas —rememoró la psicóloga—. Señor, ser amado no significa tener que corresponder por ello. Hay personas a las que le rompen el corazón diariamente y diferentes formas de superarlas. Y sí, desgraciadamente, la muerte es una de ellas. No obstante, culpabilizarse por ello no debería de ser correcto y mucho menos; anteponer su felicidad. Un Hokage infeliz comete errores, señor. Y usted deber de ser más que consciente de eso. Pues tenemos un Kazekage que estuvo profundamente herido y, cuyo hijo, es su amigo.

Naruto frunció el ceño.

—¿Es que va a refutarme todo cuanto diga?

—Es mi trabajo esclarecer caminos cuando usted los quiere tapar por el deber y la honradez, como si necesitase castigarse, y no es un proceso adecuado ni para usted, para Sasuke y mucho menos, Hinata o Sakura —recalcó a esta última mirándole a él directamente—, porque usted, señor Uchiha, también debe de dejar de frecuentar ese lugar que le hace sentirse seguro ante la idea de una posibilidad de rechazo que, claramente, no veo factible en este caso. Puesto que ambos tienen las puertas abiertas.

—Hinata no me concederá el divorcio.

Ambos apartaron la mirada del uno al otro para posarla sobre el Hokage.

—¿Qué? —preguntó Sasuke sin comprender.

—Me dijo que no lo haría. Creo que fue en el momento del calor y que más tarde lo pensará. Ella es una buena chica, lo sé mejor que nadie, pero está herida y puedo comprenderla.

—Claro, cada persona necesita pasar su tiempo de luto y aceptar la realidad —concedió ella inclinando la cabeza afirmativamente—, sin embargo, el paso está dado. Si has puesto en claro tus sentimientos y decisión, pero ella no cede, es su problema. Tú ya has iniciado el sendero y has de salir de ese lugar, sin dejar que te arrastre. Educadamente, has de demostrar al resto del mundo que ya no quieres estar con ella.

—La expondría.

—Es su problema —enfatizó Sasuke—. ¿Vas a dejar que te tenga cogido por los huevos por más tiempo? Te lo he dicho: no soy el amante.

—Es que ella…

—Señor Hokage —interrumpió la mujer—. Dígame una cosa. Si estuviera frente a un enemigo, aunque le conociera, pero este quisiera matar algo que ama, su hija, su hijo, por ejemplo, porque desea imponer su fe, su poder, sobre los demás. ¿Lo aceptaría?

—No. Lógicamente no.

—Bien. En este caso ha de ver esto de ese modo. El amor que siente por este hombre aquí presente es algo que ha nacido entre ustedes desde mucho antes incluso que estuviera con Hinata Hyûga. O Sasuke con Sakura —añadió—. Creo que usted lleva aplazando esta batalla mucho tiempo. ¿No está cansado ya de permitir que el enemigo le arrincone?

Naruto caminó en silencio hacia la puerta. Inclinó un momento la cabeza como salutación y se marchó.

La mujer suspiró, mirándole.

—Odio cuando dejan las conversaciones a medias.

Sesión 6

—Veo que vienen juntos. ¿Es por algún motivo en especial?

—Sí —respondió Naruto antes que él. Levantó su mano, donde la falta de anillo era evidente con una sombra más clara de su tono de piel.

—¿Le ha concedido al final el divorcio?

—Ha costado, pero sí —respondió Sasuke entre dientes—. Le costaba despegarse.

—No lo llames así —protestó Naruto—. Amé a Hinata. Llegué a quererla mucho. Y la quiero y respeto.

—Ella a ti no.

—No es cierto. Me quiere muchísimo.

La mujer asintió.

—Sasuke, hay amores que son como una droga. Una vez te enganchas no puedes soltarlo. Te prometes a ti mismo que lo haces por la felicidad de la otra persona, pero es tu propia felicidad la que antepones. Ella descubrirá que estaba en ese punto tarde o temprano y podrán hablar con más calma en adelante.

Sasuke se cruzó de brazos, irritado.

—Dile por qué te lo ha concedido —ordenó dándole un codazo a Naruto. Cuando este no abrió la boca, lo hizo él—. Tuvimos que acudir a su padre. Hiashi Hyûga ha cambiado mucho de como era y no es ciego. Se percató de que las cosas no iban bien entre ellos. Demonios, todo el mundo se daba cuenta.

—Menos el que no quiere ver —recordó la psicóloga—. ¿Ha intercedido entre ustedes?

—Sí —reconoció Naruto encogiéndose de hombros—. Hablaron durante horas hasta que finalmente ella accedió a darme el divorcio. Se quedará con ambos niños y la casa.

—¿Lo considera justo?

—Sí. Casi vivo en la oficina y podré ver igualmente a mis hijos. Boruto no va a odiarme más de lo que ya hace y Himawari es tan buena que seguramente no llegará a ese punto. Como dije, Hinata es una madre maravillosa y no voy a quitarle un lugar donde vivir.

La sicóloga y él se estudiaron durante un momento. Finalmente, la mujer no pareció soportarlo más.

—Hyûga. Un clan enorme. La casa principal. Heredera. Sí, pobre de ella —soltó sarcástica.

A Sasuke ya le caía mejor esa mujer. Naruto elevó una ceja y ella carraspeó.

—¿Qué hay de Sakura?

—Le parece bien que ocupemos parte de la casa —respondió él—. Ocuparemos la habitación de invitados. Por supuesto, nuestra relación ha terminado y sólo tendremos la de padres. Y amigos.

—Ella también pasa mucho tiempo en el hospital. Casi no nos veríamos —añadió Naruto encogiéndose de hombros—. Y Boruto y Sarada pueden continuar como hasta ahora. No hay problema con ello tampoco.

—Menos que tu hijo la cague —advirtió.

—Claro que no —defendió Uzumaki firme—. Mi hijo es responsable.

—Más le vale.

La mujer carraspeó antes de que empezara una nueva discusión —esa mujer realmente tenía el don del carraspeo—.

—¿Van a casarse?

—Por ahora no —respondió—. Poco a poco.

—¿Tiene miedo de hacerlo?

—No es eso —refutó moviendo una mano—. Es que alguien va atrasado con los informes de aceptar el matrimonio igualitario.

Esa vez, fue Naruto quien empezó a toser.

—Vale, me daré prisa con eso —protestó avergonzado.

La mujer suspiró, aliviada.

—Bueno. Bien esta lo que bien acaba —dijo dando una palmada—. Usted, señor Uchiha —dijo— ¿Es feliz? En este instante, por ejemplo.

Sasuke miró a su alrededor hasta detenerse en Naruto, quien le miraba ansioso. Cuando extendió su mano hasta apretar la suya, se percató de que estaba helado y sudado.

—Sí —dijo al fin—. Y también sé que no odio a Hinata Hyûga —añadió—. Ella lo cuidó mientras yo no estuve y, además, le ha amado tanto como yo. Y eso, lo respeto.

Naruto sonrió, orgulloso.

—Además, él la quiere a su forma, como yo quiero a Sakura a mi forma.

—Bueno, es que yo también quiero a Sakura —interrumpió Naruto—. Puede que suene complicado eso, porque no sé cómo explicar que la quiero.

—Amistad —indicó la sicóloga—, admiración y respeto, seguramente. Porque esa mujer realmente es capaz de aguantaros y va a tener que soportaros mucho más —pronosticó levantándose y extendiéndoles su tarjeta—, también llevo temas matrimoniales. Por si lo necesitan.

Ambos hombres salieron de la consulta y la mujer respiró, aliviada y más tranquila.

¿Quién iba pensar que la vida del Hokage y el Hokage en las sombras eran tan interesante? Se acercó a la ventana para verles salir, tomados de la mano hasta que se alejaron en saltos por los tejados.

Esperaba, ansiosa, que el chisme no tardara en llegar.

Y, en eso estaba, cuando alguien llamó a su puerta.

—Adelante.

Para su sorpresa, Hinata Hyûga entraba, tímida y dolida. Esbozó una sonrisa, esperaba, de aliento.

—Por favor, siéntese.

Sí, por eso amaba su profesión.

Fin

27 de marzo del 2022