Cap. IV

Admito que la voz de Eloise-sempai siempre me ha excitado, cuando me habla así, tan de cerca. Disfruto mucho de su compañía, sobre todo de su, ejem, increíble habilidad para sorprenderme. No dude un solo minuto en ir con ella, pero debía acompañar a Hikari, me preocupa un poco, con lo insegura que es. Aunque parece que hoy no está de humor.

Suspiro mientras la sigo, me separo con mucho esfuerzo de mi sempai favorita y alcanzo a Hikari pero su actitud es casi huraña y aunque sempai propone a un grupo fiable en lo posible para acompañarla no sé si Hikari querrá ir con ellas pero tampoco tengo oportunidad de saberlo pues ella se retira casi deprisa. Quiero alcanzarla pero mi chica rubia me toma por el brazo y que se me pegue me basta para dejarlo todo. Supongo que la pequeña angelita podrá sobrevivir, me aseguraré de compensarla luego.

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Si lo pienso la llegada de Hikari es solo una cosa más al manual de rarezas que ocurren en mi vida. Desde que puedo recordar he salido con todo tipo de chicas, no me gusta tener un modelo de preferencia porque me parece que me perderé de mucha diversión. Lo extraño es que he pasado ya mucho tiempo con Eloise-sempai. Usualmente la tercera cita es solo un sueño que no se cumplirá, suelo ser clara, hablar con la verdad desde el principio. Los besos y el sexo no me disgustan, pienso que son necesarios para la sana convivencia de una adolescente en pleno desarrollo, pero el amor y los apegos causan problemas, es decir, que tan raro resultaría que a mi corta edad ya esté planeando vivir por el resto de mi vida con alguien, el solo imaginarlo me causa escalofríos.

-¿Qué te parece?

Hemos caminado en silencio hasta detenernos, a las afueras de Astraea. Este lugar está "casi" prohibido, jaja, es por eso que esta chica me encanta tanto.

-Sempai, este lugar es…

-Es un antiguo campamento exclusivo de Spica, conseguí las llaves de una de las cabañas y la condicioné para ti y para mí. Mi habitación y la tuya nos limitan mucho, pensé que si teníamos un lugar más… privado, podríamos hacer muchas cosas tú y yo. Te gustará, ven.

Admito que esto me ha sorprendido, Sempai es el tipo de chica alocada capaz de conseguir cualquier cosa que le apetezca pero aun así, esto ha sido demasiado. La verdad es que no pensé que me viera de ese modo, ella misma solía decirme que esto era solo una aventura. Ahora casi me parece tierna.

-La verdad… - ella comienza a hablar – es que quería estar contigo esta tarde.

¿Está triste?, no.

-Mañana estaré ocupada con los preparativos para el siguiente torneo de equitación. Como parte del equipo de Amane-sempai, me iré por un mes al menos… como cada año.

Ahora lo recuerdo, con qué era eso. Que mala suerte tiene Hikari-chan.

-Yaya-chan… - dice con la mirada baja, pero pronto me mira, está tan guapa….- ¡quiero que me hagas el amor toda la tarde!

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No sé con exactitud cuándo fue la primera vez que estuve con una chica, ni siquiera sé cómo supe que me gustaban. No es como que pudieras elegir en este lugar de todos modos, pero yo admito que disfruto demasiado estar con una.

Tras una pelea campal en la espléndida cama del lugar, sempai y yo hemos quedado exhaustas. Siempre he dicho que esta chica es fuego puro. El sol está por ocultarse y yo no he vuelto a clases, me olvidé de Hikari por completo, ahh… me quedaría aquí eternamente pero es la propia sempai quien prepara nuestra huida. Ni siquiera sé que le diré a mis profesoras para justificar mi ausencia. Bueno, ha valido la pena cada segundo. Puedo enfrentar mil castigos.

Salimos de aquel lugar y nos separamos justo al cruzar la reja de los dormitorios, a nada del toque de queda. La promesa de encontrarnos a su regreso, le deja un mejor semblante, quizá también la extrañe, deberé buscar quien me acompañe para no morir de soledad. Rio ante mi pensamiento y corro a mi dormitorio, me pregunto que estará haciendo mi ángel.

-¿Hikari?

No parece que ella esté en la habitación, me digo eso antes de escuchar un sonido en el baño y me pregunto si de nuevo saldrá desnuda y caerá sobre mí, pero antes de reír con algo de fuerza, la puerta se abre y una Hikari ya en pijama sale del cuarto de baño.

-Hikari. ¿Te fue bien en la comida? – ella me está ignorando. – Ah, tuve que hacer… algunas cosas con Sempai, por eso no volví, espero que hayas hecho muchas amistades.

Le hablo natural, pero ella no me responde. Pensaba que éramos amigas ahora pero algo va mal, al parecer.

-¿Hikari? – Aun nada. – Venga ya, Hikari, no vas a…

Esta chica suele lucir como un tierno angelito, me parece eso cada vez que la miro, sin embargo tiene una habilidad extraordinaria para sufrir una metamorfosis porque de un momento a otro sus ojos son fieros y me miran casi con agresión. Vale, no tengo idea de qué decir.

-Tienes maquillaje en el cuello… y marcas… ¡marcas de mordidas!

Llevo mi mano por instinto al cuello para cubrirlo y giro al espejo. Es tan cierto, la camisa está manchada con el maquillaje de sempai y mi cuello se ha inflamado un poco, también tomó un color violeta por las mordidas que me dio la rubia. Dios, si es que le he dicho que me meterá en problemas pero está obsesionada con marcarme.

Salgo de la habitación con la intención de charlar con Hikari pero ella está encogida sobre su cama, en un rincón. Sentada y con las rodillas sobre su pecho, su rostro oculto entre estas.

Eh… ¿está haciendo berrinche?, ¿está molesta?.

Un suspiro sale sin esfuerzo y llevo mis manos a la frente, no tengo idea de cómo actuar frente a esta chica.

-¿Sabes Hikari?, Spica es la número uno cuando se trata de Deportes.

He comenzado a hablar sin pensarlo.

-Tenemos a deportistas con fama internacional. Mañana se llevarán a cabo los preparativos para un concurso muy importante de equitación y Amane-sempai es la líder del grupo.

Camino hacia mi cama y me siento en la orilla. Solo he pensado que si escuchaba de su príncipe, se alegría un poco o al menos me hablaría. No sé muy bien cómo debería tratarla. Estoy a nada de rendirme pero ella reacciona, me mira desde su postura, parece un polluelo ocultándose y sonrío sin remedio.

-Deberías ir a despedirte. Mañana es el último día que esté acá, luego se irá por al menos un mes. ¿Sabe tu nombre?

Pienso que la charla será al menos tranquila pero no termino de cambiar mi postura cuando Hikari se ha levantado y casi saltado hacia mí. Me le quedo mirando pues no sé ni siquiera como llegó tan rápido, la tengo justo enfrente y mi mirada no puede ocultar la sorpresa.

-Hi…

-¿Qué has dicho?, ¿se irá?, ¿a dónde?

Ella es…

-Hikari, no me has prestado atención. Se irá por un mes, ya lo dije, tienen un torneo en la ciudad. Spica tiene un establo de gran renombre allá y las chicas suelen acampar como entrenamiento, la competencia es en otro lugar, no sé aún donde. Durará tres o cuatro días, y el grupo podrá volver. En realidad se toman tanto tiempo para preparar a las competidoras, Spica es así, tan minuciosa.

He tenido que separarme. La sentía invadirme, y no soy precisamente el tipo de chica que le incomode la cercanía de otra chica, menos si es tan guapa.

-Parece que mañana estarán ocupadas, pero quizá, si te reconoce, te pueda dedicar un poco de tiempo. ¿Quieres que te acompañe?

Ella no responde. Tiene una mirada tan extraña… de verdad que es un tanto peculiar.

-Ahora.

No le he entendido muy bien.

-¿Qué?

-Ahora. Yaya-chan, si no la veo ahora, ella se irá. He visto como la acosan todas esas chicas, de seguro que ni oportunidad tendré de verla. Por favor… - ella me mira por primera vez – por favor, ¡tienes que ayudarme a encontrarla!

Recapitulemos. La primera impresión que tuve sobre esta chica, fue la de un ángel al que podría mirar eternamente, la segunda, lo admito, la del tipo de chica a la que me gustaría coger todas las noches, o días, no soy exigente. Esto segundo fue más instintivo, obligado, digo, ella me cayó encima sin una sola prenda encima.

A pesar de aquel desbalance de sensaciones, dejé de lado mi instinto de depredadora y opté por ser una especie de guardián para Hikari, quizá me hace falta una amiga en este lugar tan loco. Sin embargo justo ahora, cuando Hikari me tiene contra la cabecera de la cama, con el rostro apenas a centímetros del mío, me siento… extraña. También me está pidiendo que le ayude a acercarse a la chica más popular de la Colina, esta niña tiene agallas, en serio quiere a Amane-sempai. Al final de cuentas era inevitable que se enamorara, ¿no? Trago saliva y uso la mano izquierda para hacerle girar el rostro y que se aleja un poco de mi para poder respirar de nuevo normalmente.

-Vale, ¿qué propones?, ir a su habitación y decirle algo como: Sempai, supe que te prepararás mañana para irte por todo un mes así que se me ocurrió que podríamos pasar la noche juntas, así tendrás un recuerdo mío para tu viaje.

He sido tan sarcástica como he podido, quizá sería mejor dormir, estoy agotada. Le daré puntos extras a sempai por lograr algo así en mí.

-Justo eso.

Pero esta niña no deja de sorprenderme. A veces parece tan tímida y otras…

Me está mirando, como si lo que dije anteriormente no hubiera sido una broma en un 100%.

-Hikari, eso no es posible. Amane-Sempai ni siquiera nos va a recibir.

-Eso no importa, debe saber que al menos lo intenté, yo debo intentarlo al menos.

Ah… la situación es algo… extraña. ¿Sabe esta chica que…? Ahg, como sea.

-¿Qué harás?

-Yaya-chan, ¡iremos a su habitación!

… ¿Qué?